miércoles, 30 de diciembre de 2009

Rampas en pilones. Las buenas maneras

Para terminar el año voy a mostrar una agradable sorpresa que el domingo 27 me llevé paseando por los montes de Moralzarzal. Subimos de nuevo al vértice geodésico de Cabeza Mediana, del que ya hablé en otra entrada en la que traté sobre la torre del telégrafo. Pero en esta ocasión hicimos la ascensión por el lado contrario, es decir, desde Moralzarzal pueblo. Se trata de un pinar cultivado en hileras, sin apenas sotobosque y atravesado por varios caminos y cortafuegos. Nada especial aunque la naturaleza se va imponiendo, se ven algunas incipientes encinas, jaras, retamas y enebros que intentan ocupar el terreno que el roturado les robó. Hay buenas vistas de la sierra y apenas algún pajarillo. Eso sí, cuatro corzos nos sorprendieron en veloz carrera y, en lo negativo, las detonaciones de algunos cazadores como música de fondo.
Pero lo que hoy quería reseñar, la agradable sorpresa, fue lo bien cuidados que estaban los pilones que encontramos en el camino y, lo más importante, las rampas que han instalado en ellos. Algo tan sencillo como un par de tablas sujetas por tres medios troncos de pino son suficientes para salvar la vida a toda clase de pequeños animales, desde mamíferos, como ratones y erizos, hasta los invertebrados que caen al agua. Las rampas también permiten que las aves se acerquen a beber en un campo en el que cada vez hay menos arroyos y zonas encharcadas. Los reptiles que tienen cierta querencia por el agua, como algunas culebras, pueden remojarse, especialmente en época de mudar la piel. Incluso que alguna torpe lagartija no se ahogará, pues estos bichos tienen no sé yo qué manía por caer al agua. Ya vi en la cercana Pedriza de Manzanares que los nuevos pilones tienen rampas fabricadas con piedra y cemento. Estas son particularmente importantes cuando el nivel del agua es bajo, como es el caso de este pilón doble.
También son muy importantes para algunos anfibios a los que no se les da bien trepar por paredes verticales, como pueden ser los sapos. Estamos en zona de distribución del sapo partero ibérico Alytes cisternasii, pero ha desaparecido de muchos lugares vecinos y aquí no lo he podido encontrar. Tritones y salamandras también se pueden beneficiar, aunque estas últimas no llegan, que yo sepa, hasta este pinar.Para terminar de rematar la faena, es muy beneficioso que en alguno de los laterales del pilón, como ocurre también en este caso, quede a nivel del suelo, para que los animales no solo puedan salir, sino también entrar. Sería mejor si la rampa estuviese precisamente en la zona a nivel, pero no quiero hacer una crítica de algo que tanto me ha alegrado.
También sería de agradecer que las limpiezas se hagan entre finales de verano y estas fechas, cuando menos larvas de anfibios e insectos hay en esta zona, ya que aquí no suele haber puestas otoñales, sino solo primaverales. Y puestos a pedir, que no sean limpiezas completas, eliminando todas las algas, sino que se deje una cierta cantidad de sustrato; que nunca se vacíen por completo de agua y que se dejen grupos de grandes piedras para refugio de fauna en el fondo. Todo eso no tiene por qué afectar a la salubridad del agua y puede seguir siendo utilizada como abrevadero del ganado. Las rampas, al evitar los cadáveres de pequeños animales ahogados, benefician su calidad.
No sé de quien ha partido esta iniciativa, si de alguna entidad de las que tienen responsabilidad en este monte, de agentes forestales o de algún particular, pero gracias y enhorabuena sea. Me encanta terminar el año con una buena noticia. ¡Qué cunda el ejemplo!
¡Feliz año nuevo a todos!

sábado, 26 de diciembre de 2009

Especies invasoras y nuestra responsabilidad

¡Qué difícil es resistirse a la mirada de un cachorrillo en la jaula de la tienda o a la encantadora presencia de algunos animales exóticos que se ponen a nuestra disposición en los comercios de animales!
Mapache americano, Procyon lotor.
En el sureste de Madrid ya se han encontrado
más de 30 ejemplares.

No hace tantos años que adquirir uno de estos animales era un lujo, solo al alcance de unos pocos, o su compra era tal sacrificio económico que conllevaba un ejercicio de responsabilidad y solo las personas que se tomaban muy en serio su tenencia, se planteaban tener uno de estos animales, tras una cuidadosa información sobre su mantenimiento.

Sin embargo, por suerte o por desgracia, nuestro nivel económico ha subido y también es más fácil tener acceso a animales y plantas con las que antes ni siquiera soñábamos.
Cotorra argentina, Myopsitta monachus.
Cada vez más frecuentes en parques y jardines
urbanos y también ya en la naturaleza.

Estamos acostumbrados a escuchar y leer información sobre especies introducidas pero la mayoría de las veces esas noticias parece que no van con nosotros, que no son nuestra responsabilidad. Sin embargo, hay especies que si están aquí, haciendo daño en los ecosistemas naturales, es precisamente por culpa de algunos que se dicen amantes de los animales, que los han soltado o los han dejado escapar.
Hay especies introducidas por una errónea gestión de los responsables de cuidar el medio ambiente, pero también las hay procedentes de particulares. Ahora que estamos en tiempo de regalos, por favor, pensadlo mucho antes de decidiros a regalar un animal.

Especies introducidas son las que ocupan una nueva área de distribución a causa de actividades humanas, haya sido de manera voluntaria o accidental.
Algunas especies introducidas llegan a sobrevivir con éxito, y sin ayuda humana, en sus nuevas localidades, son las llamadas especies naturalizadas. Entre ellas, hay especies invasoras que consiguen controlar el funcionamiento de los ecosistemas amenazando a las especies autóctonas.
Las especies invasoras acaparan recursos, definen nuevas relaciones de depredación y competencia para las que no están preparadas las especies autóctonas, modifican el hábitat e importan patógenos y parásitos, pudiendo propagar enfermedades nuevas o agravar algunas ya presentes en el ecosistema.

Los últimos atlas y libros rojos de vertebrados en España publican los siguientes datos sobre especies introducidas:
- 6 especies de mamíferos ya instalados y criando.
- 274 especies de aves exóticas vistas volando en libertad, de las cuales 50 están reproduciéndose.
- 28 especies de anfibios y reptiles.
- 25 especies de peces continentales.

Existe un "top 20" de las especies invasoras real o potencialmente más perjudiciales:
Plantas

1] Caulerpa taxifolia- Caulerpa o alga asesina
2] Acacia dealbata – Mimosa plateada
3] Ailanthus altissima - Alianto
4] Azolla filiculoides – Helecho de agua, Azolla.
5] Baccharis halimifolia – Bácaris, chilca.
6] Carpobrotus sp. – Hierba del cuchillo, Uña de gato
7] Cortaderia selloana – Hierba de las Pampas, Plumero
8] Eichhornia crassipes – Jacinto de Agua, Camalote
9] Opuntia ficus-indica – Chumbera, Nopal
10] Robinia pseudoacacia – Falsa acacia, Robinia.


Animales

Moluscos
11] Dreissena polymorpha – Mejillón cebra
12] Corbicula fluminea – Almeja asiática

Crustáceos
13] Procambarus clarkii – Cangrejo rojo americano
14] Eriocheir sinensis – Cangrejo chino de mitones

Insectos
15] Rhynchophorus ferrugineus – Picudo rojo de las palmeras

Peces
16] Gambusia holbrooki - Gambusia

Reptiles
17] Trachemys scripta elegans – Galápago de Florida

Aves
18] Oxyura jamaicensis – Malvasía canela

Mamíferos
19] Mustela vison – Visón americano
20] Myocastor coypus – Coipú

De estos temas y de muchos más relacionados con la Biodiversidad, tratamos en la exposición "Biodiversidad, en la variedad está el Mediterráneo", realizada por la empresa Chacena y financiada por la Caja de Ahorros del Mediterráneo. Los guionistas fuimos Javier Barbadillo, Ángel Baltanás y yo mismo.

En este enlace podéis ver fotografías de esta exposición, que durante más de un año ha itinerado por las principales ciudades de la costa mediterránea española, con una pequeña explicación.

Y si preferís dejar que las imágenes pasen por sí solas y sin textos pinchad aquí .

domingo, 20 de diciembre de 2009

Adiós, mastines, adiós.

El pasado viernes murió mi tercera y última mastín, una perra a la que llamamos Bola en honor a la Bola del Mundo. Esta es una de las más conocidas montañas del Sistema Central que forma parte del horizonte de nuestro entorno. La de abajo es una foto reciente, con sus casi diez años de edad, bastante para ser un mastín, pero nunca suficiente para nosotros.Con ella ponemos fin a la saga de mastines que han marcado nuestras vidas desde que nos vinimos a vivir al campo. Al primero, que llamamos Bolo porque nació en Toledo y también quisimos ligarle al mismo monte, lo tuvimos que sacrificar con solo un año de edad. Padecía una enfermedad congénita que hacía que las articulaciones de sus patas no soportasen su peso. De nada sirvieron los variados (y caros) tratamientos, no era capaz de dar dos pasos sin caer estrepitosamente al suelo, apenas comía y su vida era una agonía.

Tras Bolo, y no sin bastantes dudas, decidimos lanzarnos a tener una pareja e incluso plantearnos la posibilidad de criar. Previamente yo había colaborado en los proyectos que Jesús Garzón inició en Montfragüe intentando que la cultura del mastín, igual que la trashumancia, volviese a las tierras extremeñas. Entonces yo no podía tener perros, pero me sentí feliz de compartir aquellas ideas con Suso, su hermana Paloma y su cuñado, Nacho Doadrio, ligando conservación, cultura y amor a los perros. Algún día lo comentaré en otra entrada.
En mi coche viajaron mastines con destino a exposiciones, para ser cruzados con ejemplares leoneses o para ser repartidos por nuestra geografía. Ahora, por fin, tenía la oportunidad de participar con mis propios perros. Oportunidad que pronto se truncó y a la que la muerte de Bola pone su punto final.
Así llegaron a casa primero Mali y después Bola, con un par de meses de diferencia. Mi hija creció a la vez que estos inmensos peluches vivos. Cariñosos y pacientes con sus juegos hasta el infinito. Si no fuese porque ella también ha sido de lo más contenida, habría tenido que cuidar para que no fuese la niña la que hiciese daño a los cachorrotes. Igual soportaban que se montase encima o que les fuese llenando la boca de palitos. Ellos se dejaban hacer y eran felices de compartir los juegos de la pequeña de la casa, no por edad, pero sí por tamaño, ya que en poco tiempo ellos fueron más grandes que ninguno de nosotros.
Le llamamos Mali por la Maliciosa, la montaña en cuyas faldas vivimos. Mali fue un perro bastante impresionante. Cuando nos hicieron la foto que muestro abajo tenía un año de edad recién cumplido y pesaba unos 80 Kg. Con tres años, que es la edad a la que esta raza alcanza el máximo desarrollo, pesaba más de 100 y no puede decirse que fuera un perro obeso. Era fuerte y ágil, se movía muy bien en el campo y de un largo paseo volvía tan fresco como cuando habíamos salido. Esa es una de las características que debe tener un mastín para hacer los muchos kilómetros que supone la trashumancia: andar durante el día y, por la noche, tener fuerzas para defender a las ovejas del ataque de los lobos.Con motivo de una exposición le tuve que fotografiar con una antigua carlanca, esos collares de pinchos que evitaban que los lobos y otros perros mordiesen al mastín en el cuello. Le quedaba pequeña por más de 15 centímetros. Los viejos mastines, los mastines de campo, ni en sueños alcanzaban esos tamaños. Y eso, si no se le pone algún tipo de freno, puede ser la perdición de la raza o la escisión en dos tipos de perros completamente diferentes: por un lado los perros de lujo con su pedigree, quizás guardianes en fincas pero nunca para marchar por el campo, y por otro los perros de trabajo con el ganado, más ligeros y ágiles, necesarios también hoy en día para hacer posible la convivencia de la ganadería extensiva y el lobo, los verdaderos mastines. Mali era un prototipo del carácter de la raza, tranquilo pero alerta con los extraños, nunca hacía ni siquiera intención de morder, pero imponía con su tamaño y la potencia de su grave ladrido, las pocas veces que ladraba. Excepto con Bola, ignoraba a los demás perros cuando nos cruzábamos con ellos en nuestros paseos, no tanto si alguno se acercaba a la puerta de casa.

Era muy obediente, tuve que trabajar con él desde muy pequeño para que lo fuese. Sabía que si no lo controlaba en ese momento no iba a poder contenerlo más adelante. Pero en su relación conmigo no era el típico servilismo que suele caracterizar la relación perro-amo. Los mastines, como Konrad Lorenz explicaba en sus libros hablando sobre los perros nórdicos, son animales mansos, pero independientes. Su relación, no se parece a la típica parternofilial que tienen otras razas, sino de compañerismo y mutuo respeto. A mi entender, la manera más noble de relacionarse con un animal. Esa característica les hace también ser excelentes perros de guarda, pues no sufren, como otras razas, el alejamiento del amo durante periodos largos de tiempo. Si además se tienen al menos dos, el problema deja de existir.

Mali murió en mis brazos unos meses después de cumplir los tres años, se lo llevó una torsión de estómago. La tendencia a este percance es otro defecto hereditario característico de las razas de gran tamaño y pechos profundos, que se ha trasmitido en el pedigree de muchos de nuestros molosos. En apenas un cuarto de hora desde que descubrí los síntomas al llegar a casa, se desplomó, cinco minutos antes de que llegase la veterinaria preparada para entubarle. Pocos poseedores de perros saben lo que es esto, pero los amos de mastines lo conocen sobradamente. Si tenéis perros, por favor, enteraros buscando en la red lo que es, como evitarlo y como reconocer los síntomas para llevarlos inmediatamente a urgencias.

Es muy posible que también eso matase a Bola, ya que previamente había vomitado gran cantidad de babas y tenía el vientre hinchado, aunque no se dieron ninguno de los elementos de riesgo, no había comido justo antes, ni hecho ejercicio, quizás bebió agua fría del estanque, pero dudo que en grandes cantidades, pues había comido hacía muchas horas.
La foto superior muestra a Bola cuando tenía un año de edad. Fue cuando quedó tercera en su primera presentación a una exposición canina, monográfica de mastines y nacional. En la segunda ocasión, en una dedicada a razas españolas quedó cuarta. El experto juez, que tenía la costumbre de emitir sus juicios por los altavoces para ser más didáctico, dijo que tenía la nariz levantada, pero la puso como ejemplo de buen andar. Magnífico ojo clínico, porque un par de meses después, cuando fui a hacerle la radiografía obligatoria para poderla usar en programas de cría, le diagnosticaron displasia grave de cadera. Allí terminaron mis ilusiones de criar, pues sería una irresponsabilidad traer al mundo más mastines con defectos congénitos. Por esta razón decidimos esterilizarla, lo que todos los propietarios de perras que no deseen criar deberían hacer para ahorrarse problemas, para ellos y para los animales. Tres años convivieron Mali y Bola y yo siempre he dicho que si bien Mali era mi perro, Bola pertenecía a Mali, pues a él le había entregado su corazón. Bola también era obediente y además extraordinariamente sensible, tanto que una regañina la dejaba verdaderamente triste. Mientras Mali me seguía a mi y me provocaba para jugar, Bola lo hacía con Mali. Por esa razón, cuando Mali murió ella cayó en una verdadera depresión, algo que nunca hubiera pensado en un perro, pero que es absolutamente cierto. Dejó de comer, de jugar y de correr. Malvivió durante unos nueve meses, hasta que decidimos poner otro perro en nuestras vidas, Pizca, la teckel, siete kilos de alegría, capaz como nadie se sacar a cualquiera una sonrisa y la mejor terapeuta del mundo para la felicidad de Bola.Otra enfermedad, también de origen genético y propia de razas de gran tamaño, una deficiencia de hormona tiroidea, vino a deteriorar aún más su ya problemática vida por los dolores de la displasia. Afortunadamente, nuestra veterinaria, Elena Iglesias de la Clínica Veterinaria Del Valle, identificó los síntomas rápidamente (somnolencia continua, pérdida de pelo en el dorso y permanencia excesiva en el sol, incluso en pleno verano) y pudo ponerla en tratamiento. Pronto conseguimos su recuperación, aunque quedó condenada a tomar de por vida hormonas sintéticas, aparte del medicamento protector para las articulaciones.Por su propia fisiología y problemas al andar, Bola fue una perra muy tranquila, nada juguetona, pero cariñosa al máximo. Su cielo era ponerte la cabeza sobre las rodillas y que te pasases el tiempo masajeando sus abundantes pliegues de piel. Si parabas te daba con su pataza para que lo siguieses haciendo.

Ha dejado en el jardín y en nosotros un vacío tan grande y tan negro como ella.

domingo, 13 de diciembre de 2009

Embalse de Manzanares, aves y encinas secas.

Nueva visita al embalse de Santillana, en Manzanares el Real, esta vez por el lado sur. El nivel está muy bajo. Aunque terminó el verano con más agua que otros años, la paradoja es que a finales de noviembre, con esta sequía otoñal, está mucho peor que otras veces. Días de niebla en los que a la lluvia le cuesta descargar. Días grises y tristes, pues no termina de caer el agua necesaria, pero tampoco tenemos la alegría del sol. Las fotos son monocromáticas y con poca profundidad, como nuestros ánimos en este corto paseo.
Un par de machos de ánade real se alejan parsimoniosamente de la orilla atravesando un largo camino de cieno seco.
En las escasas aguas de la entrada del río al embalse, las gaviotas disputan la comida a las fochas y zampullines chicos.
Hace algo más de 30 años, cuando vivía en Madrid a orillas del Manzanares, empecé a ver esas gaviotas hasta entonces desconocidas en la capital. Primero fueron las reidoras, luego empezaron a llegar las sombrías (en vuelo en la foto de arriba), igualmente con costumbres fluviales y no raras en el interior peninsular, pero también vienen ahora las patiamarillas, típicamente marinas, acompañado a unas y otras. Aquí pasan el invierno, comiendo en basureros y durmiendo en las aguas de nuestros embalses, en lo que será nuestra agua potable.
Aquí se ve un jóven de reidora que aún conserva algunas manchas marrones en su plumaje. Cuando llegue a adulto será mucho más blanca y al entrar en celo su cabeza tornará a negra. Entonces estará lista para viajar al norte de Europa, pero también es posible que decida quedarse aquí, porque este verano algunas lo hicieron. No sé si también criaron, pero es algo a investigar.

Los zampullines chicos bucean sin importarles el frío, solos o por parejas.

Nos colamos para observar a las aves sin asustarlas, pero no comprendemos esta prohibición firmada no por una autoridad, como pudiera ser la Confederación Hidrográfica o la Comunidad de Madrid, sino una asociación de Pescadores.
No contribuyó la prohibición a nuestro estado de ánimo, pero lo peor nos llegó cuando descubrimos algunas encinas completamente secas y otras con el inicio de la enfermedad que tiene todas las características de tratarse de la seca de la encina.

Se dice que el stress hídrico de estos años de sequía favorecen a la enfermedad, pero aquí, en las cercanías del embalse, el suelo conserva una cierta humedad. Es como para preocuparse viendo las noticias de su expansión por Extremadura y otros lugares donde las encinas son ecosistema y paisaje característico.

sábado, 5 de diciembre de 2009

El lirio despistado. Cumpleaños del blog.

Ya se puede decir que ha entrado plenamente el otoño. En la sierra han caído las primeras nieves y el monte que domina el horizonte de mi casa, la Maliciosa, ya tiene sus faldas festoneadas de blanco, aunque las nieblas mañaneras y el sol de mediodía hacen que no dure mucho ese manto blanco en la ladera sur.
¿QUÉ HACE UNA FLOR COMO TÚ EN UNA FECHA COMO ESTA?
Tanto se ha hecho esperar el agua que las primeras lluvias, con temperaturas relativamente altas, han sabido a primavera a este lirio situado en la Residencia de Estudiantes del CSIC, entre la calle de Serrano y el paseo de la Castellana y le ha dado por florecer. Comenzó con la primera flor a mediados de noviembre en unos días soleados después de unas tímidas lluvias y ha continuado con una segunda ya entrado el mes de diciembre.
Un caso muy singular pues los iris no son flores de otoño sino típicas de primavera. Si es cierto que son de la primeras en florecer, pero esta se ha adelantado o retrasado seis meses.
¡CUMPLEAÑOS FELIZ!
Sin darme apenas cuenta este blog ha cumplido un año de existencia. Más de 80 entradas me han tenido entretenido muchas tardes y fines de semana compartiendo imágenes y experiencias. Quiero agradeceros vuestra fidelidad tanto a los viejos amigos que me han seguido en esta locura como a los que he conocido virtualmente a través de esta experiencia. Espero que sigamos caminando juntos observando y aprendiendo de lo que nos rodea. Por mucho tiempo ¡Y Vd. que lo vea!

martes, 1 de diciembre de 2009

La cultura de los animales

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La segunda definición que la Real Academia de la Lengua da para la palabra cultura es: “Conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etc.”
Coloquialmente entendemos que la cultura nos la transmiten nuestros progenitores, educadores y otras personas de nuestro entorno o la adquirimos gracias a medios de comunicación y por nosotros mismos.
En primates, como los chimpancés, se ha llamado cultura a la serie de habilidades que una población tiene para conseguir alimentos, agua o defenderse de los depredadores. Como en las poblaciones humanas, determinados grupos tienen unas habilidades que otros desconocen, pero estos otros dominan otras técnicas. Por ejemplo: los chimpancés que estudiaba Jane Van Goodal, utilizaban palitos o briznas de hierba para extraer termitas de los termiteros y para ello los preparaban arrancándolos de las ramas, quitándoles las hojas y otros estorbos. También utilizaban bolas hechas de hojas arrugadas como esponjas para extraer agua de los huecos de los árboles y usaban hojas anchas para limpiarse el trasero si lo necesitan. Otros investigadores, Albrechet y Dunnet, en otro lugar, señalaron, que los chimpancés que ellos estudiaban no sabían cazar termitas. Es muy conocido el caso que estudiaron Struhsaker y Hunkeler que describieron por primera vez cómo los chimpancés de Costa de Marfil sabían abrir nueces con palos y piedras, lo que no hace ningún otro grupo.

Cambiando de especie, los macacos japoneses de la isla de Koshima, que fueron muy intensamente estudiados, aprendieron por sí solos a lavar los boniatos en el río para quitarles la arena y ese descubrimiento se transmitió en toda la población y después de madres a hijos. Más tarde se dieron cuenta de que les gustaba más el sabor si los lavaban en agua de mar. Igualmente, un día descubrieron que los granos de trigo que los científicos les dejaban en la playa, se podían coger a puñados y luego echarlos al agua para que flotasen y así separarlos de la arena con facilidad en lugar de tener que tomarlos uno a uno para poderlos comer.
En fin, que hay muchos ejemplos, especialmente en primates, de las enseñanzas que se transmiten de generación en generación y que caracterizan el comportamiento de un grupo y los diferencian de otro, de manera similar, aunque mucho más sencilla, que las culturas humanas.

Como me gusta decir en este blog, cuando no podemos viajar a la selva tenemos que conformarnos con otras observaciones mucho más sencillas, pero también interesantes.

Ya he comentado sobre los pájaros que vienen a comer al jardín y sus usos y costumbres. Las nueces desaparecen del nogal antes de madurar mientras que no osan tocar las almendras que en otros sitios son rápidamente robadas por las urracas. Los carboneros no hicieron ningún caso de las ristras de cacahuetes sin pelar que colgaba de un árbol, aunque muchos libros dicen que les encanta ese alimento. Hasta que les abrí pequeños agujeros para que viesen su interior, pronto lo aprendieron y los abrían ellos solos, hasta el punto que en un par de días tenía que renovar la despensa. Los frutos del granado no duran nada, mientras que los del madroño apenas si los picotean. Tengo también una zarzamora sin espinas y esas son las primeras en caer. Supongo que para los pájaros de la zona, acostumbrados a comer moras, pero con la incomodidad de los zarzales silvestres, esto es como una mesa puesta.


Los palitos de semillas con miel, que venden en las pajarerías, no interesaron en absoluto a los gorriones de mi jardín durante un par de meses de verano. Sin embargo, cuando llegaron los carboneros invernantes y empezaron a picotearlos, los gorriones no tardaron en darse cuenta de que aquello se podía comer.

Es muy gracioso y pude ver todo el proceso: Primero empezaron a comer del suelo las semillas que se le caían al carbonero cuando picoteaba. Luego hubo una hembra que poniéndose en una rama próxima intentaba hacer equilibrios para alcanzar las semillas, hasta que, no sé si la misma u otra, días después, se posaba sobre el propio palito.
La de la foto (perdón, es muy mala) de abajo es nueva de este año, creo que hija de otra gorriona con manchas blancas que ya apareció por aquí.

Ignoro si es que les daba miedo el palo o no lo hacían porque no están acostumbrados a comer en esa postura. Sin embargo, ahora veo a los gorriones incluso colgados boca abajo para comer, tal cual hacen los carboneros. Y además lo hacen también los machos, que parecían más reacios a aprender y experimentar.
Es evidente que ha habido un proceso de aprendizaje y perfeccionamiento. Lo que me parece más interesante de todo esto es que los gorriones han sido capaces de imitar lo que hacía otra especie en su propio beneficio.
Vistos los resultados con los palitos de semillas que hice el año pasado, este año se ha repetido la historia con un girasol. Este verano, en uno de mis viajes conseguí una buena torta llena de pipas y la coloqué en la horquilla de la rama del olivo. Allí ha permanecido desde finales de agosto hasta ahora. Da la casualidad de que a finales de agosto ya no había carboneros de ninguna de las dos especies, aunque críen aquí mismo. Posiblemente se habían dispersado ya. Sin embargo, este pasado fin de semana han llegado los invernantes y han atacado al girasol con saña.
Bien, pues en el mismo día que descubrí a los carboneros también he visto comer pipas a los gorriones… y han terminado con las existencias. En la foto, un gorrión macho se come una pipa que previamente ha sacado del girasol.

En definitiva: ¿podemos llamar cultura animal al conjunto de costumbres alimenticias de los pajaritos del vecindario? Yo creo que sí. Incluso gastronomía ornitológica.

Por cierto, ya puestos con el tema de los pájaros y sus alimentos prohibidos, hace unas semanas os comentaba que no se comían los frutos del acebo. Pues bien, los que arranqué, puse en el suelo bajo el matorral o dispersé por los alrededores, sí que los consumen. Primero tardaron unos días, pero la última vez han desaparecido en solo 24 horas. Aún no os puedo decir quién es el culpable, si aves o roedores, pero está claro que lo que les echa para atrás a los comensales son las hojas espinosas.

jueves, 19 de noviembre de 2009

En el Amazonas peruano

Como vengo anunciando en la columna derecha del escritorio del blog, el programa de radio "FUTURO VERDE" vuelve a emitirse. Hace un par de semanas que hablé en él sobre los homenajes a Valverde y Hoffmann. Además tuve el placer de hacerlo estando presente en la emisora, junto a mi buen amigo y maestro Miguel del Pino. Al salir de la grabación y charlar tomando un café, tocamos el tema de los peces de acuario y mi estudio sobre la situación de los pescadores en el Amazonas peruano. Así es como quedamos que este próximo sábado hablaríamos de ello en el programa.
En el año 2000 tuve ocasión de participar en un proyecto de la Agencia Española de Cooperación Internacional para estudiar la situación de la pesca de peces de acuario en los alrededores de Iquitos, región de Loreto, en Perú. Lamentablemente después de realizar las propuestas para la colaboración en la mejora y sostenibilidad de los sistemas de pesca, transporte y exportación de estos peces el proyecto quedó bloqueado, en gran parte por los acontecimientos políticos que sucedieron poco después y en parte porque acuicultura y pesca de peces de consumo en alimentación se llevaron el resto del presupuesto.
La cuestión es que a mi amigo Angel Garvía y yo, junto con otro personal de la AECI y la ONG Pronaturaleza, que trabajaba en la región, tuvimos la oportunidad de vivir unos días en la selva junto con los pescadores, conociendo su forma de vida y sus problemas.
Laguna, aquí denominada "cocha" de El Dorado donde pasamos unos
días inmersos en la selva amazónica
.
No voy a extenderme en esta entrada porque un relato mucho más completo puede leerse en el siguiente enlace: http://www.acuarioprofesional.com/articulos/Reportajes.htm
El palafito donde se alojan los pescadores en los días pesca que fue nuestro hogar.
La gran pregunta que nos hacemos los que nos preocupamos por el medio ambiente y a la vez nos gusta mantener peces en acuario es: ¿Son los sistemas de pesca actuales sostenibles? La respuesta es sí, por el momento, pero existen determinados aspectos a mejorar y esa era nuestra intención a abordar el proyecto. Pero, como ocurre cuando se conocen las cosas en su lugar de origen, lo que vimos fue unas grandes necesidades de las personas que en última instancia se dedican a la pesca por pura supervivencia. Facilitar la vida de estas personas y además controlar la extracción de peces y promocionar la cría de las especies en su propio hábitat es factible y económico.

Interior de la cabaña sobre la laguna


El sábado hablaré de ello en el programa, por si me queréis escuchar. El punto del dial es el 94.8 y el enlace de internet: http://gestionaradio.com/radio.php
Si consigo grabar la entrevista la pondré aquí, pero tengo algunos problemas para captar la señal, no prometo nada. También me gustaría poneros más fotos, pero las tengo en diapositiva y tardaré en digitalizarlas, me temo.

Edito para añadir este vídeo que en realidad incluye el audio de la entrevista con algunas de las fotos anteriores.

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domingo, 15 de noviembre de 2009

Póquer de frutos en el jardín

Como en una baraja francesa los palos del jardín fructifican de negro y rojo en otoño.
Por fin unos días de lluvia vienen a calmar el suelo reseco. La primera semana de noviembre unas tímidas nieves cubrieron las cumbres de Guadarrama pero casi pareció un espejismo pues los alternos días de sol y temperaturas suaves la hicieron desaparecer en pocos días.
Mínimos son los frutos de la madreselva, pero aprovechados por los pájaros, como lo muestra el excremento que quedó en la hoja.

Muy del gusto de los mirlos y estorninos, negros también, son los frutos del laurel. Luego, van dejando las semillas en cualquier rincón, especialmente los mirlos, que se mueven por los lugares más húmedos en busca de lombrices y a la vez dejan sus semillas con abono incluido, casualmente en el sitio más adecuado para su germinación. Luego tengo que ir retirando los plantones porque me invadirían todos los setos.
Ya es un viejo conocido en este blog el acebo que este año está a rebosar de frutos. No entiendo por qué no gusta a los pájaros que pasan por aquí. He hecho un experimento, he dejado frutos esparcidos por el suelo para ver si lo que les retrae son las hojas espinosas o simplemente que no tienen costumbre de comerlos.
Ya me ocurre con otros frutos del jardín, mientras que unos son devorados antes de madurar, como las nueces, otros pueden quedar en el árbol o arbusto sin que nadie les haga caso, como las almendras.
Otro frutillo rojo al que tengo especial simpatía, aunque no se prodiga demasiado en su fructificación, es el rusco (Ruscus aculeatus). Es una planta bastante desconocida en jardinería y me costó mucho encontrarla en un vivero. Lo más destacable de este arbusto es que lo que parecen hojas no lo son. Igual que ocurre en algunas plantas crasas en realidad se trata de tallos aplanados, llamados filoclados, que ejercen su función clorofílica como si fuesen verdaderas hojas. Esa característica se hace patente al ver que las flores crecen aparentemente en medio de la hoja y los frutos, en consecuencia, también. En la foto se pueden ver flores que no han llegado a fructificar y un hermoso fruto de 1,5 cm de diámetro. Esos filoclados están endurecidas y terminan en una punta espinosa. Las ramitas se pueden utilizar para adornos de flor seca en el interior de la casa. La poda de clareado le viene bien porque tiene tendencia a crecer muy espeso.No me puedo resistir a añadir un último fruto negro aunque me salga del póquer, dejadme que sea una especie de comodín en esta baraja. El olivo este año se ha beneficiado del calor y está dejando a las currucas y otras aves un plato de lo más energético para continuar su migración y resistir el invierno, ... cuando llegue.

martes, 10 de noviembre de 2009

El Monte de El Pardo, desde el tren

Todos los días laborables me toca acercarme a Madrid a trabajar y lo hago en tren de Cercanías, tanto por economía como por convencimiento de que es lo mejor que podíamos hacer todos. Es una hora de ida y otra de vuelta que aprovecho para leer, escuchar la radio y, algunas veces, echarme una siesta. ¡Qué diferencia con el stress que percibo cuando tengo que acercarme en coche! Pero además, en el recorrido hay un momento especial que es cuando el tren atraviesa el monte de El Pardo entre las estaciones de El Tejar y Pitis.

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Por lo que pude verse desde el tren, El Pardo es un espacio de bosque mediterráneo donde dominan las encinas y matorrales de retama y jara, algún que otro pino piñonero destaca en el horizonte y en las zonas del río Manzanares un bosque galería con chopos, fresnos y otros árboles de ribera.

Pasar todos los días a la misma horas me hace ser muy consciente de los cambios estacionales y del fotoperiodo, especialmente al ver como los amaneceres rojos tras las siluetas de los edificios madrileños se van adelantando en el otoño, con gran tristeza por mi parte porque termino pasando por él completamente a oscuras y sin posibilidad de ver nada. Esto me ocurre en plena berrea del ciervo, con lo que tengo la sensación de que me pierdo lo más interesante. Luego viene el retraso oficial de hora y me da un poco de cancha otras dos o tres semanas hasta que se impone el invierno y tengo que esperar a la primavera para volver a disfrutar de sus amaneceres y de la fauna. A veces tengo un poco la sensación de que veo siempre el mismo trozo del mismo documental, pero siempre hay gratas sorpresas.
No hay muchos que puedan presumir de haber visto casi a diario un nido de águila imperial, a la pareja y, a veces, al pollo volantón. Pues yo, y los viajeros avispados, lo hemos disfrutado durante siete años al menos. El nido estaba en este poste que pongo en la fotografía inferior, en uno de los travesaños. Ya lleva tres temporadas sin ocuparse y esta última han terminado por caer los últimos palos que lo componían. Espero que hallan encontrado un sitio mejor, aunque yo no lo pueda ver. Es fácil de identificar el poste en concreto, porque coincide con esa especie de tubería absurda que se mantiene sobre el terreno sin ningún motivo aparente. De todas maneras, las águilas se siguen viendo de vez en cuando posadas en este o en los postes de alrededor. Muy rara vez en las encinas. O tal vez es que allí no las consigo ver al paso veloz del tren. Para los que usen el tren diré que está en el lado derecho según se viene de Madrid en dirección Villalba.

La semana pasada no fue una imperial lo que ví sino un despistado buitre leonado posado en la punta de uno de esos postes. También he visto buitre negro, pues es uno de sus lugares de cría, y en una ocasión lo ví enfrentado a las águilas en pleno vuelo.
Muchas más aves se ven desde mi medio de transporte, aunque no tan notables como las anteriormente citadas y no siempre tan fáciles de identificar.

Esa misma zona del poste, donde hay arbolado más denso, es en la que con más frecuencia se ven los ciervos.

En cambio, el lado contrario, en las cercanías del río hay zonas más abiertas, con fresnos y prados donde son más abundantes los gamos.

Los jabalíes pueden verse casi por cualquier parte, pero son más abundantes en la parte de matorral denso, casi al final del recorrido, cuando se llega a la siguiente estación: El Tejar.

He visto varios jabalíes albinos e incluso una jabalina con sus crías dos de color blanco, tres castañas y otros dos de coloración normal. Hace tiempo que no se ve ninguno, supongo que habrán sido cazados o retirados del coto.

El coto es un cazadero de la Casa Real y parece estar manejado como un gran cercado con ganadería silvestre. Pero mejor que se mantenga así que partícipe del anillo de urbanizaciones que ahoga Madrid. Las poblaciones de ungulados son evidentemente excesivas para el suelo, que se ve completamente reseco y carente del más mínimo brote de hierba desde mediados de verano. Sin embargo, también sobreviven numerosos conejos, aunque sean más fáciles de ver fuera del Coto que dentro de él, tanto junto a la estación de Pitis como en la de El Tejar y hasta al lado de las vías del tren. Supongo que porque fuera no hay ciervos, gamos ni jabalíes que les hagan la competencia.
También se ven zorros de cuando en cuando, especialmente al amanecer. Durante una temporada, hace un par de años, alguien ponía para los pájaros un montón de migas de pan en el andén de la estación de El Tejar y un raposo acudía a dar buena cuenta de ellas mirando de reojo al tren que se paraba a escasos metros de él.

Otra observación interesante que puedo hacer, gracias al termómetro que lleva el tren (cuando funciona), es el fenómeno de inversión térmica en el valle del Manzanares. Desde la altitud de la Sierra a la que tomo el tren hasta las estaciones cercanas a El Pardo veo como el termómetro sube entre tres y cinco grados, pero al bajar al valle en pleno invierno y con tiempo estable, vemos los campos y encinas escarchados y la temperatura descender bruscamente en unos pocos kilómetros y al lado mismo de la capital. Se da la paradoja de que con 4oo metros menos de altitud, la temperatura sea la misma que en la base de la Sierra del Guadarrama.


Nota: Las fotos de gamos y el jabalí están hechas en Doñana y la de los ciervos en el Parque Faunístico de los Pirineos "Lacuniacha" en Piedrafita de Jaca (Huesca).
¡Ojalá tuviese tan buena visión de los animales desde el tren!

lunes, 2 de noviembre de 2009

La chicharra montañera

Hace unos años, exactamente el 3 de octubre del 2004, en una excursión por la zona denominada La Barranca, en la Sierra de Guadarrama, observamos numerosas chicharras activas.Nos llamó la atención porque ya eran días frescos. Pero más nos sorprendió que algunas hembras estuviesen poniendo huevos ¿Donde? ¡En medio del asfalto! Era impresionante ver a estos ortópteros con su largo ovopositor intentando clavarlo entre las grietas del asfalto de una pista degradada que hay en la zona. No me pude explicar el asunto más que como una torpeza de los animales tanto por la dificultad por perforar tan duro suelo como por pararse en el medio del camino donde podían ser pisados o comidos por pájaros.

El asunto no daba más de sí, pero se me quedó en la memoria...
Ahora, en fechas parecidas, el 20 de septiembre de este año, hicimos una escapada con Barbadillo y esposa hasta los Siete Picos, también en la Sierra del Guadarrama. Un día similar, soleado pero fresco, y de nuevo nos encontramos con las mismas protagonistas.
Algunas chicharras se veían en las rocas cercanas a las cimas entre los siete picos. Y allí estaba de nuevo una de ellas, intentando poner huevos allí donde el suelo es más duro, donde solo una tenue capa de musgo, ahora reseco, cubría la pura roca granítica.
Esta chicharra pertenece a la especie Steropleurus stalii. Es un pariente de los saltamontes y langostas, es decir, un ortóptero, pero más cercano a los grillos, los Tetigónidos . Se diferencia este grupo por las largas antenas, los hay verdes y también pardos y negruzcos. En su alimentación, además de las hierbas, tienen una tendencia a comerse a otros insectos y son especialmente carroñeros.
Volviendo al tema de la puesta, no se trata de una torpeza animal, nunca suele serlo, evidentemente es un carácter de su biología. Al parecer estos animales ponen sus huevos en grietas y zonas muy expuestas sobre material muy duro, como lo era el asfalto y como lo es la superficie rocosa. Así es posible que pasen el invierno, soportando viento, frío y sol, cubiertos por nieves y hielos hasta que eclosionen en primavera..
Aunque hay especies próximas repartidas por toda la península, incluso al nivel del mar, ésta concretamente es propia de montaña, muy interesante desde el punto de vista taxonómico y biogeográfico. Igual que ocurre con otros animales y plantas con distribución restringida a las grandes altitudes. Ese mismo día vimos dos típicas especies montanas: los restos ya resecos de gencianas amarillas (Gentiana lutea) y lagartijas carpetanas (Iberolacerta cyreni) que tomaban el sol, dos especies con los mismos requerimientos ecológicos que acompañan a los montañeros en sus excursiones.

Para los más despistados señalaré que esta lagartija carpetana es la que antes conocíamos como lagartija serrana, Lacerta monticola, que ahora se ha dividido en varias especies distintas, habitantes de diferentes macizos montañosos, y se han agrupado en el género Iberolacerta.

Nota: No solo la lagartija ha cambiado de nombre, también la chicharra de montaña que ahora se denomina actualmente Lluciapomaresius stalli.