martes, 1 de diciembre de 2015

El fuerte carácter de las tórtolas turcas

Una de las aves más fieles al comedero que tengo puesto en el jardín es la tórtola turca.  De hecho, podría decir que es la que más veo después de los gorriones. Sin embargo solamente una pareja, que es como si tuviesen monopolizado el territorio de mi jardín, con el comedero incluido, aunque creo que crían en un cedro del vecindario. 

En el resto de la calle puedo ver otros ejemplares, pero por el momento aquí solo llega uno o dos ejemplares al mismo tiempo, claramente una pareja, que a veces están esperándome en el cableado para bajar en cuanto me ven entrar en casa por si les saco ya la comida. Pero antes de hablar de las tórtolas de mi jardín, no puedo menos que dar un repaso a algunas curiosidades de esta especie. 

Las primeras noticias que tuve de ellas, aparte de verlas en las guías de campo sin hacerles mucho caso, datan de hace unos 30 años, en un viaje de estudios por Cantabria integrado en las prácticas de Zoología de Vertebrados, cuando estaba estudiando la carrera. Entonces, en un determinado momento del viaje, el profesor, Manolo Fernández Cruz para más señas, hizo parar el autobús para mostrarnos un ejemplar posado en un cable de teléfono al borde de la carretera.

En ese momento me enteré que era una especie que antes no estaba en la Península Ibérica, que había entrado desde Francia y que estaba extendiéndose por la costa hacia el oeste. Posiblemente ese era uno de los primeros ejemplares que se veían en Cantabria.

Tórtola turca comiendo sedum en una roca del jardín en 2008. Cuando la nieve cubría esa gran roca las tórtolas escarbaban buscando la planta que se escondía debajo.

Como no soy "fervoroso pajarero" no me volvió a preocupar mucho la tórtola en cuestión. Supongo que alguna que otra vez la volví a ver en alguna de mis excursiones, pero no lo recuerdo especialmente. 

Ya fui plenamente consciente de ellas cuando me vine a vivir a la Sierra de Guadarrama, hace 16 años, pues escuché su canto y vi algunos ejemplares en los pinos de un jardín vecino.

Desde entonces, me acostumbré a verlas acudir al estanque de casa a beber, a las rocas a comer el sedum (lo comenté en ESTA ENTRADA de diciembre del 2008) y tímidamente, al principio, a alguno de los comederos.

Gorriones y la pareja de tórtolas en el comedero del jardín, soportando la nevada en febrero del año pasado.
Desde entonces en los alrededores, su número no ha hecho más que aumentar, igual que en el resto de España. 

Es curiosa esta expansión, que coincide con la disminución de las tórtolas comunes. Posiblemente la razón sea que al instalarse en parques, jardines y cercanías de casas rurales y urbanas, se libra de la presión de la caza. Me parece que es el mismo caso que el de las palomas torcaces que habitan los pueblos y ciudades, en franco aumento, frente a las que realizan migraciones y son abatidas a su paso por los valles de montaña. Pura y dura selección natural frente a la depredación humana.

Para seguir con las curiosidades no puedo aguantar la tentación de comentar el origen de su curioso nombre científico: Streptopelia decaocto

Streptopelia viene del griego. Streptos quiere decir collar y Pelia quiere decir paloma, es decir: Paloma de collar.
Y decaocto, quiere decir dieciocho y parece ser que viene del nombre de una sirvienta de la mitología griega que fue convertida en tórtola por negarse a pagar un impuesto anual de 18 monedas. Sin embargo, hay otras explicaciones, como que es una onomatopeya de su canto, o que viene de otra deuda sin pagar relacionada con la crucifixión de Cristo.

Momentos de la danza de cortejo de una pareja de tórtolas turcas.
Y volviendo al vecindario y a mi jardín, he observado el comportamiento de las tórtolas en muchas ocasiones y no me cabe ni la menor duda de que aparte de la proximidad a las viviendas urbanas y el refugio que eso le supone contra cazadores y depredadores naturales, tiene mucho que ver su agresividad. Pero ¿agresiva una pequeña paloma? Pues sí, cuando se pelean por hembras o en defensa de un espacio el ruido que emiten es insospechado para un ave tan inofensiva, pero es que, además, las he visto varias veces lanzándose en picado contra las urracas que estaban en el comedero de casa y tengo comprobado que éstos córvidos las respetan. Si una urraca está en el comedero huye ante la llegada de una tórtola y, si es la tórtola la que está en él, entonces no se atreven a acercarse y se conforman con merodear por el suelo a esperar que caiga alguna migaja. Lo mismo ocurre con los rabilargos, que esperan impacientes en los árboles cercanos o rebuscan en el suelo y la rocalla al pie del comedero.

Rabilargo rebuscando la comida que cae al suelo. Las tórtolas desperdician mucha comida y otros pájaros la aprovechan.



Hace unos días pude ver como durante más de 5 minutos una sola tórtola mantuvo a raya a media docena de rabilargos. En el vídeo se ven en plena acción.


Cuando por fin la tórtola parecía saciada, fue cuando se retiró y los rabilargos entraron en tropel. Curiosamente, con los gorriones no tienen el menor problema en compartir la comida y ellos no se asustan.
Después de haber visto  a los rabilargos en documentales como se ensañan con los buitres negros en su nido e incluso con águilas y milanos en pleno vuelo, me resulta graciosísimo verlos achantarse ante una inerme tórtola.

miércoles, 14 de octubre de 2015

Flores de hiedra y sus comensales (2)

El avispón europeo, sospechoso pero inocente... ¿o no tanto?

Hace justamente un par de años publiqué una entrada (1) en la que pasaba revista a las especies de dípteros (moscas) e himenópteros (abejas y avispas) que acudían a libar el néctar de las flores de hiedra. Es una de las pocas plantas floridas en esta época del año, lo que hace que cualquier día soleado sea un punto de atracción muy importante.
Hoy 14 de octubre la historia se repite con muy pequeñas variaciones.

Entonces no venían los abejorros, que esta vez sí que están, posiblemente porque este año se han marchitado antes las flores de la pasionaria que es su preferida cuando están disponibles, así como las flores del madroño, según conté en otra de las entradas (2).



Pero esta vez, en lugar de distraerme con la variedad de especies, me he concentrado en observar al avispón europeo, Vespa crabro.
Los avispones liban en las flores como cualquier otro himenóptero pues necesitan la energía que el néctar les aporta, para tan impresionantes vuelos y técnicas de caza.

Pero lo más impresionante es ver esta gran avispa sobrevolando los racimos de flores en busca de sus presas para caer sobre ellas como un ave rapaz. Sus presas serán el alimento de las larvas, que están en los nidos globosos, que seguramente se encuentren en algún árbol cercano, aunque no en mi jardín.
A veces, los avispones persiguen a las moscas y abejas cuando se asustan a su paso, pero en lo que más éxito tienen es en el ataque fulminante cuando sus presas están distraídas con la cabeza metida entre las flores. Incluso los he visto atacar a los abejorros que las superan en tamaño, aunque no en agresividad.
Una vez que capturan a su presa la muerden con fiereza y hasta llegan a cortarles la cabeza.

Los dípteros tienen el vuelo más rápido y acrobático, son más asustadizos y, por lo tanto, más difíciles de cazar. Las abejas de la miel son las más abundantes y son presa muy frecuente, pero posiblemente las que más sufren su acoso sean las avispas del género Polistes y Vespula, quizás por ser de vuelo más torpe o porque son menos asustadizas. El caso es que, aun siendo pocas, las que se acercan a la hiedra, caen con suma facilidad.

Como muestra, aquí la imagen del avispón sobre su presa, donde podemos apreciar también la diferencia de tamaño que hay entre ellos.

Y por último, el macabro resto del episodio anterior, la cabeza y patas anteriores de la avispa mordiendo la hoja de la hiedra, mientras que el resto se lo llevó volando.

No quiero dejar de señalar claramente la distinción entre el avispón europeo y el asiático. Últimamente en las redes sociales han aparecido decenas de fotos de avispones europeos cuyos autores preguntan si se trata del avispón asiático o, como han escrito algunos periodistas, el avispón asesino. Es evidente que usar ese nombre tiene éxito y sembrar alarmas también. Pero no, la mayoría de las veces no lo son. Para diferenciarlos, los avispones asiáticos no tienen colores castaños rojizos, sino negros, especialmente en la cabeza y tórax.
Avispón asiático, Vespa velutina, fotografiado por Teresa Ajenjo en Cantabria.
Por el momento es importante decir que sólo se han visto en el norte de la Península Ibérica, pero es posible que se extiendan hacia el sur y conviene estar atentos. Pero que no cunda el pánico y sobre todo que no se destruyan nidos sin estar completamente seguros de que se trata de la especie invasora.
Para recordar: Los avispones morenos son asiáticos y los rubios europeos.
Muchas gracias Teresa por la foto,

Entradas citadas:
(1) Las flores de hiedra y sus comensales, Biodiversidad en acción.
(2) El misterioso caso de las flores de madroño perforadas

sábado, 18 de julio de 2015

Historias de mirlos en el jardín. Mírenlos.

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No hace mucho un compañero científico del Museo, y seguidor de este blog, me aconsejó que no me preocupase tanto de hacer sesudas entradas llenas de datos y textos, que a él le gustaban más ligeras y con la frescura de un cuaderno de campo.
Con todo mi aprecio como persona y admiración como científico, que además sabe divulgar, le voy a hacer caso y espero que me salga una entrada refrescante, que falta nos hace.


Ya he comentado en otras ocasiones que en el jardín intento facilitar la vida a la fauna que pueda acercarse poniendo a su disposición plantas, a ser posible autóctonas, que les ofrezcan alimento y refugio. Árboles y arbustos que produzcan bayas en distintas épocas del año son fundamentales. Para los insectos, además, intento dejar algunas "malas hierbas", que suelen ser fuente de interesantes observaciones.

Es muy importante también tener algún lugar donde las aves puedan beber agua, tanto en invierno como en verano. Parece mentira, pero en invierno, cuando hay varios días seguidos de temperaturas bajo cero, el agua líquida es también necesaria y un agujero en el hielo del estanque es un punto de atracción.


Hay en el jardín un arbolillo desangelado como él solo, que cuando no tiene ni flores ni frutos pasa totalmente desapercibido, pero cuando florece es una auténtica maravilla para la vista y el olfato, se trata del serbal de los cazadores, Sorbus aucuparia

La floración es primaveral y relativamente temprana, con lo que es todo un regalo para los abejorros, abejas, avispillas y dípteros de todo tipo que acuden a libar pagando el peaje de transportar su polen.
Y bien entrado el verano, sus abundantes frutos son un punto de atracción para muy diversas aves, entre las que en mi jardín destacan los mirlos, que alternan su búsqueda de lombrices, arrancándome alguna que otra planta de rocalla, con la dieta frugívora. 

En estos días dos hembras de mirlo han alimentado ante la ventana de mi cocina a sus pollos, tanto con lombrices como con los frutos del serbal. Y me han permitido fotografiarlos.
Me hace mucha gracia que cuando el pollo está solo y sobre todo si mi perra o alguno de nosotros nos acercamos, queda quieto como una estatua.
También cómo la madre se deja ver en las cercanías durante un buen rato, aunque en silencio, sin acercarse a la cría.
Y cuando llega, la alimentación es rápida, alejándose inmediatamente.
A una de las dos madres la podía diferenciar por el "despeinado" del las plumas de la nuca.

Un día después de hacer estas fotos, vi que las dos hembras estaban mirando con mucha atención en el estanque. Perdonadme la humanización al interpretar su comportamiento, pero casi puede ver su preocupación y enseguida me di cuenta de lo que podía estar pasando. Corrí hacia el jardín, pero el pollo ya estaba ahogado.

Curiosamente las dos hembras de mirlo han seguido alimentando al único pollo superviviente. Y no solo eso, también defendiéndolo, porque durante toda una mañana un par de urracas han debido estar intentando cazarlo y esa parte del jardín fue todo un jaleo entre las dos mirlas y las dos urracas.

No puedo saber si las dos hembras de mirlo son dos madres con sus correspondientes hijos únicos o solo una de ellas es madre de los dos y la otra está contribuyendo a su cuidado. Lo que sí puedo asegurar es que al afortunado pollo superviviente no le ha faltado comida ¡qué manera de tragar!

En los estanques y variados recipientes de agua que tengo repartidos por el jardín, hay superficies escalonadas, abundantes nenúfares o malla de plástico en la orilla, como la que se ve en el lado izquierdo de esta última foto, para ofrecer superficies irregulares por las que trepar y evitar los ahogamientos, pero se ve que ese pollo no fue capaz de encontrar la manera de salir. Por cierto, el pájaro de la foto es un ruiseñor, muchas veces escuchado pero pocas veces visto. 







domingo, 17 de mayo de 2015

La colza del jardín y todo un mundo en su entorno.

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EL JARDÍN DE LOS DESTINOS CRUZADOS (3)

Ya en otras ocasiones he comentado los buenos momentos que me han reportado las "malas hierbas" que crecen en mi jardín y que, en determinados lugares, las dejo crecer libremente. Es cierto que posiblemente podría ver los mismos acontecimientos en el campo, pero resulta mucho más difícil coincidir con ellos en el momento preciso.
Esta vez se trata de observaciones en torno a una planta de colza, Brassica napi, que el año pasado apareció en el jardín y que este año ha vuelto a crecer.
Flor de colza, Brassica napi.
Me gusta esta planta, es bonita y sus flores atraen a las mariposas. El año pasado creció muchísimo y dio flores durante bastante tiempo, pero este año su desarrollo se paró debido al ataque de unas hermosas orugas de una de las plagas típicas de estas plantas, la mariposa de la col, Pieris brassicae
Larva de Pieris brassicae sobre la planta de colza de mi jardín.
Los nombres comunes y científicos de algunas mariposas de la col dejan pocas dudas respecto a sobre qué plantas de desarrollan sus larvas. Por ejemplo, la de las larvas de mi planta: Pieris brassicae.
Mariposa adulta Pieris brassicae.
O la llamada blanca verdinervada, Pieris napi.
Mariposa adulta, Pieris napi.
Un buen día todas las larvas desaparecieron de la planta, no sé si será porque se fueron a pupar a otro lugar, aunque no las encontré por mucho que las he buscado, o porque algún pájaro de los que pululan por el jardín las ha descubierto y se ha dado un banquete. Parece que estas larvas tienen pelos urticantes y mal olor y sabor, pero hay depredadores capaces de todo.
La verdad es que ya se habían comido casi todas las hojas excepto algunas más viejas de la roseta basal. También se comieron la mayoría de las flores y solo algunos capullos quedaron, cuando una nueva plaga vino a sumarse a la anterior: los pulgones, concretamente una especie muy específica de estas crucíferas, colza, coles, repollos, nabos y similares: Brevicorine brassicae. Nuevamente su nombre científico nos da pistas sobre sus plantas nutricias. 
Los pulgones cubrieron por completo en pocos días los restos de la planta y con sus picos bien hundidos en el tallo, sorbían la sabia que aún producía.

Pulgones, Brevicoryne brassicaesobre los tallos de colza.
Estos pulgones se caracterizan porque en la fase áptera (sin alas) son verdosos y con esa especie de polvillo blanco que se ve en las fotos. Las hembras ápteras pasan el invierno protegidas en los resquicios de las plantas y en primavera comienzan a "parir" hijas sin necesidad de macho que las fecunde (partenogénesis) y sin poner huevos. Entre estas crías aparecen también ejemplares alados que vuelan en busca de nuevas plantas donde desarrollaran sus nuevas hijas. Y se ponen a ello con gran éxito, ocasionando daños a los cultivos de los huertos. En otoño otros individuos alados vuelven a volar en busca de otras plantas donde volver a criar y pasar el invierno.
Puede que a los seguidores de este blog ya les suene el aspecto de los pulgones hinchados y amarillentos de la siguiente fotografía. es lo que los especialistas llaman "momias", pues ya los vimos en una entrada cuyo enlace pongo al final del artìculo.
 Momias de pulgón, Brevicoryne brassicae, junto algunos ejemplares alados. los restos blanquecinos a su alrededor son las pieles de la muda, llamadas exuvias.
Bien, pues esas momias son pulgones que han sido parasitados por una minúscula avispilla que también pude ver entre ellos. Posiblemente una especie muy concreta que los ataca: Diaeretiella rapae.   

Avispilla Diaeretiella rapae sobre el tallo de colza.
No tuve que esperar mucho para ver a la avispa parásita en plena acción de poner su huevo por debajo de un pulgón estirando su abdomen hacia delante.
Avispilla Diaeretiella rapae en el momento de poner el huevo bajo el pulgón.
Aquí se puede ver en un corto vídeo:


Pero a base de fijarme en ellas también descubrí otras avispas con el abdomen más redondeado. A diferencia de las anteriores, estas avispas no pululaban entre los pulgones vivos, sino sobre las momias.
Avispilla hiperparásita, posiblemente del género Pachyneuron sobre una momia de pulgón, dispuesta a poner su huevo. 
En efecto, lo que estaban haciendo era poner su huevo en ellas, pues esta especie no parasita al pulgón, sino a la larva de Diaeretiella que se está desarrollando en su interior. Es el fenómeno conocido como hiperparasitismo. Quizás esta nueva avispa pertenezca al género Pachyneuron, pero es muy difícil de determinar, sobre todo a partir de una foto de tan mediana calidad. Para que el desarrollo de la hiperparásita sea posible es importante que la larva que se está desarrollando dentro de la momia siga viva y que no tenga ya otra larva alimentándose de ella, posiblemente por eso es por lo que la avispa madre se toma su tiempo y va revisando las momias a su alcance ante de decidirse a poner el huevo en una de ellas.
Avispilla hiperparásita, posiblemente del género Pachyneuron sobre una momia de pulgón, dispuesta a poner su huevo. 
Pero en la planta de colza aún hay otros habitantes, uno de ellos es una joven araña Napoleón, Synema globossum, que está ejerciendo de superdepredador en este miniecosistema. Para interpretar y recordar el por qué de ese nombre común no hay más que echarle algo de imaginación al mirar la mancha de su abdomen, aunque si el nombre no fuese tan antiguo estoy seguro que la habrían llamado araña Darth Vader. Estas arañas son típicas de las flores y tienen un veneno que paraliza con gran rapidez a las abejas, avispas, moscas e incluso mariposas que acuden a libar en ellas. Sin duda el lado oscuro de la fuerza les acompaña, pero éste ejemplar es tan pequeño que, por el momento, parece que se conforma con llevarse a la boca los numerosos pulgones que hay a su alcance.
Joven araña Napoleón. Synema globossum.
También en la planta aparecieron unos gusanos verdosos que se encontraban justo en el límite superior de las colonias de pulgones. Tienen todo el aspecto de larvas de moscas (dípteros)...

Larva de díptero sírfido en el borde de la colonia de pulgones Brevicoryne brassicae.

Estos gusanos son larvas de sírfidos, esas moscas que suelen visitar las flores para libar el néctar y que tienen un diseño amarillo y negro imitando a las avispas. Enseguida comprendí por qué estaban en el borde de la colonia, porque por donde ellas pasaban no quedaba un pulgón vivo. Si la historia de las avispas parásitas e hiperparásitas parece de ciencia ficción tipo Alien y la araña nos recuerda a la Guerra de las Galaxias, estos gusanos son como una película de terror a la antigua usanza, de aquellas en blanco y negro, con bichos que se van comiendo todo lo que encuentran a su paso y nunca dejan de tener hambre. Os aseguro que al patalear de los pulgones mientras se los están comiendo vivos solo les faltaban los gritos de pánico... o quizás griten y yo no los pueda oír.
Larva de sírfido en el momento de depredar sobre un pulgón, Brevicoryne brassicae. Estaría por asegurar que lo que tiene abajo el pulgón es un huevo de avispa parásita.
De toda esta entrada se deduce que me gusta la fantasía y la ciencia ficción, pero también que hay numerosos animales que contribuyen al equilibrio biológico y que antes de proceder a rociar con insecticidas los huertos y los jardines deberíamos estudiar otras opciones e incluso dejar a la naturaleza actuar. Y, por supuesto, un rincón salvaje en un jardín o en una terraza es una excelente oportunidad de descubrir cosas interesantes, no te las pierdas.

Otras entradas de la serie "El jardín de los destinos cruzados" con otros protagonistas en:

http://notasdecampoyjardin.blogspot.com.es/2013/09/una-mala-hierba-sus-pulgones-y-su-vida.html

http://notasdecampoyjardin.blogspot.com.es/2013/08/el-jardin-de-los-destinos-cruzados.html

Y todo esto, no os quepa duda, no lo habría podido interpretar sin la ayuda de los amigos especialistas de BIODIVERSIDAD VIRTUAL. Muchas gracias.

jueves, 19 de febrero de 2015

¿No hay nada en enero?

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El frío y las nieves de febrero nos han hecho olvidar muy rápidamente que hemos tenido un mes de enero casi primaveral. Con el título de esta entrada en Biodiversidad Virtual han retado a sus colaboradores a conseguir fotografiar, entre todos, al menos 2015 especies diferentes durante ese primer mes del año. Es una típica queja de los naturalistas que en pleno invierno hay poco que ver y hay que reconocer que en ciertas zonas es complicado ver insectos o flores. Sin embargo, este mes de enero se ha portado como para ayudarnos a lograr ese reto con tiempo cálido e incluso seco.
Issoria lathonia.

La zona donde vivo no es la más adecuada porque el clima es bastante extremo, así que no puedo presumir de haber contribuido mucho a conseguir el reto de BV, pues no he llegado a las 60 especies y la mayoría son repetidas con las que han visto otros compañeros. Si embargo sí he hecho el esfuerzo de fijarme más y darle uso a la cámara del teléfono que siempre llevo encima, aunque solo fuese en mis paseos mañaneros de fin de semana para ir a comprar el pan o rebuscando en el jardín, y hasta me he llevado alguna que otra sorpresa y desde luego, he aprendido algunas cosas.
Lycaena phlaeas.

Ver mariposas en enero no es lo más normal, sin embargo, en varios paseos he podido encontrarme con estas dos especies Issoria lathonia y Lycaena phlaeas. Me he dado cuenta que los ejemplares de I. lathonia son mucho más pequeños que los que he fotografiado en otras ocasiones, en primavera o en pleno verano. Volaban incluso a bastante altitud, las he visto a casi 1.400 metros en la madrileña Sierra de los Porrones, la continuación de la Pedriza hacia la Maliciosa. Pero más impresionante que ver mariposas ha sido encontrarme en ese mismo lugar con una jara pringosa, Cystus ladanifer, florecida, nada más y nada menos que el 8 de enero, muchos meses antes de lo que le corresponde.
Jara pringosa, Cystus ladanifer.
Y muy cerca de ella, también en plena montaña, una caléndula.
Calendula arvensis

Una de las flores en las que libaban las mariposas era el romero, que igualmente estaba florecido en la cañada que discurre entre Cerceda y Colmenar Viejo. Allí también estaban buscando su comida las abejas de la miel.
Romero, Rosmarinus officinalis.


He encontrado otras flores, pero me han extrañado menos porque sé que son más oportunistas, que aprovechan el momento para reproducirse y por ello las encontramos en las cunetas de las carreteras, en cualquier rincón con tierra de pueblos y ciudades y claro, en mi propio jardín. A este grupo pertenecen los dientes de león, los geranios silvestres y las malvas, entre otras.
Erodium cicutarium.

Malva sylvestris.

Diente de león, Taraxacum sp.

Veronica sp.
Y volando entre ellas, como no, alguna es esas moscas que tan bien saben imitar a las avispas.
Sírfido o mosca de las flores, Eupeodes sp.

Típico de los días soleados de invierno es encontrar pequeños reptiles que habitan en los roquedos. Las rocas y los muros de las casas se calientan mucho más que el aire y suelo circundante y eso les permite activar su metabolismo y espabilarse lo suficiente como para salir a cazar los insectos que se encuentran en sus mismas circunstancias. Así, en los muros de mi casa he podido ver a las lagartijas ibéricas, que ahora me tengo que acostumbrar a llamar Podarcis guadarramae (antes P. hispanica).

Y bajo las piedras del campo, un ejemplar activo de culebrilla ciega, Blanus cinereus.
... A la que acompañan lombrices, litobios, escarabajos, arañas, hormigas y otros invertebrados que en lugar de profundizar su enterramiento en el suelo para alejarse del frío, se acercan a la superficie bajo las soleadas piedras para calentarse.
Tenebriónido Scaurus puncatatus, que tiene la costumbre de agruparse en sus refugios bajo troncos y rocas.
Y también las buenas madres de las tijeretas, a las que encontré en sus nidos bajo piedras con sus puestas y con las ninfas ya bastante crecidas.
Hembra de tijereta, Forficula auricularia, en su nido con dos tamaños de ninfas, posiblemente fruto de dos puestas, a los que cuida.

Pero las que nunca fallan son las moscas, cuyos ciclos no tienen tanto que ver con periodos del año concretos sino con la disponibilidad de alimento. Por muy malas que sean las condiciones, siempre saben encontrar el rincón adecuado, dentro o fuera de nuestras casas.
Calliphora vicina, una de las especies necrófagas más utilizadas por los entomólogos forenses para determinar el tiempo de la muerte de un cadáver.  


También se me antoja que he visto muy temprano a las cigüeñas preparando sus nidos, pues estaban crotoreando ya las parejas y acarreando palos a su gran construcción en los pueblos de El Boalo y Cerceda.
Cigüeñas blancas, Ciconia ciconia, crotoreando en el nido mientras otro ejemplar las estaba sobrevolando. Al hacerlo muestran las manchas negras de la parte inferior de su pico. Tejados del pueblo de El Boalo, 8 de enero.

Otras plantas y animales cumplen sus ciclos con más normalidad, como por ejemplo los enebros que estaban dispersando su polen...
Enebro de la miera, Juniperus oxycedrus, en el momento de dispersar polen por una racha de viento.

 ... mientras que en las ramas de los ejemplares hembra los frutos del año anterior maduran ...
Frutos maduros de enebro de la miera, Juniperus oxycedrus.

... tanto el enebro de la miera como el común...
Enebro común, Juniperus communis.

... y ofrecen alimento invernal a aves y mamíferos, entre ellos al señor raposo, que deja así sus restos.
Mientras, en un rincón soleado, junto a una charca creada en una cantera abandonada, se abren los frutos del problemático estramonio, que hace unos años provocó unas cuantas intoxicaciones a los que jugaba a aprendices de bruja.
Cápsula de semillas de estramonio, Datura stramonium.

Las chinches, como otros insectos voladores, se esconden en grietas de los troncos de los árboles y maderas de construcciones, así como bajo tejas y entre ladrillos pero se dejan ver los días soleados. 
Rhaphigaster nebulosa.
Y así encontré a la chinche de los piñones, Leptoglossus occidentalis, en una doble ventana de El Ventorrillo, como el año pasado, cuando lo conté en el blog AQUÍ. Igual que esta otra especie que tiene la misma costumbre de acercarse al calor de las casas metiéndose en la zona de las persianas o en las grietas de los marcos de las puertas.
Rhyparochromus pini.

En cuanto a las aves, en el jardín llegan los carboneros, que en cuanto hace frío se acuerdan de que aquí hay comida, y un solitario petirrojo, menudos son ellos como para compartir espacio con sus congéneres, acompañando a los habituales gorriones, tórtolas y urracas.
Petirrojo, Erithacus rubecula, siempre alerta, sobre uno de los comederos del jardín.
Por último, como siempre, agradecer a los expertos de Biodiversidad Virtual su ayuda en la determinación de las especies de plantas e invertebrados a las que no llegaban mis conocimientos.