miércoles, 5 de junio de 2019

Dos historias de pájaros en el jardín.

Comedias, dramas y pequeñas tragedias ocurren cada día en nuestro entorno sin que apenas nos demos cuenta. Varias veces me he encontrado un pajarillo muerto en el jardín: volantón ahogado en el estanque, decapitado por quien sabe que depredador, junto a la casa, quizás chocado contra una ventana. Algunas veces he podido saber a ciencia cierta lo que había ocurrido, como la vez que mi vecina pudo observar que una rana cazó y ahogó a un gorrión que se estaba bañando en la orilla y luego tuvo que dejarlo, al no poderlo tragar. Otras veces son situaciones más alegres, como ver cómo sacan adelante los polluelos, los cortejos, las discusiones entre machos y la competencia incruenta por el alimento o los baños en agua y en arena.
Hoy en un rápido apunte voy a contar dos historias cuyos protagonistas han sido un petirrojo (Erithacus rubecula) y un herrerillo común (Cyanistes coeruleus). La mala del cuento, aunque de manera involuntaria, será la urraca (Pica pica).

En el jardín, este año, hay un petirrojo. No es muy frecuente en primavera y verano, aunque sí en otoño e invierno que es cuando acuden a los comederos y andan por el suelo. Este es difícil de ver, se mueve entre las bases de los arbustos y pasa muy desapercibido. Pero cuando mi mujer se pone a regar su pequeño huerto no tarda en aparecer y seguirla. Y es fiel a su cita a la caída de la tarde.
Estoy seguro de que se aprovecha de los pequeños insectos y lombrices que se descubren al recibir el chorro de agua pero, como puede verse en las fotos, también es el momento para darse un baño en los charcos. Es curioso: tiene a su disposición varios cacharros de poco fondo con agua limpia y renovada casi a diario y es donde se bañan otros pájaros, pero él, como hacen a menudo los perros y los niños, prefiere chapotear en los charcos.
Espero que siga haciéndolo y que me dé más oportunidades de fotografiarlo.


La historia del pequeño herrerillo podía haber terminado muy mal, pero afortunadamente esta vez fui testigo de la escena y pude intervenir.
Estaba viendo toda una familia de herrerillos, los padres y al menos cinco pollos volantones, entre las ramas del olivo, los tarayes y uno de los estanques, bañándose y bebiendo junto a algunos gorriones. 
Me llamó la atención que uno de ellos en lugar de usar el platillo que habitualmente utilizan, prefirió posarse en una hoja de nenúfar y aprovechar el hundimiento de esta para sumergirse parcialmente y hacer su abluciones. Me pareció un deporte de riesgo, pero no tuvo ningún problema en salir volando.
Sin embargo, entre ellos había uno que parecía estar despistado del resto...
Estaba observando y fotografiando a este pequeño que se había mojado en las rocas de la orilla cuando llegó volando una urraca y provocó la desbandada general de toda la familia, que desapareció como por encanto.

Todos menos, justamente, el que estaba fotografiando en ese momento, que se quedó literalmente petrificado. La urraca no le vio, miró el comedero, que estaba vacío y volvió a irse, pero el herrerillo, cuando minutos después consiguió volver a moverse, lo que hizo fue caerse al agua.

Todo esto lo estaba observando desde la ventana de la cocina, así que salí a tiempo para rescatarle y ponerle al sol en las ramas del olivo donde puede seguir vigilando por lo que pudiera pasar. 

La familia no volvió a por él, dicen que los pájaros no saben contar y quizás no le echaron de menos, pero poco a poco él se fue atusando las plumas para secarse, ...

 ... fue capaz de salir de su estado de pánico y dar un corto vuelo a una rama más alta para finalmente irse por el mismo camino que tomaron sus padres y hermanos. No los he vuelto a ver, espero que los encontrase o, por lo menos, que haya sido capaz de alimentarse y buscarse la vida. Creo que sí, que era bastante grande para alimentarse solo... o eso me gusta pensar.




lunes, 22 de abril de 2019

La primavera, a las fochas altera.

Aun siendo una de las especies más comunes de nuestras zonas húmedas, me agrada encontrar a las fochas en mis excursiones naturalistas y sé que en el embalse de Santillana, donde estuve este pasado domingo, ellas nunca fallan. Son activas, ruidosas, pendencieras y... también cariñosas, como puede verse en las siguientes fotos.
Después de unos días de benditas lluvias, aunque los que se tomaron vacaciones de semana santa no opinarán lo mismo, este domingo parecía que amanecía con algún claro de sol. No fue así, pero al no llover me animé a acercarme al embalse, pues hacía tiempo que no iba y ya tenía ganas. 
Santillana no suele defraudar, cuando no es una especie rara aquí, como la espátula que vi hace unos meses, es un grupo de grullas que decide descansar en su viaje o, como en este caso, es un comportamiento curioso. Estamos en tiempo primaveral, empiezan los celos y hasta los cambios de color en algunas especies. Las gaviotas reidoras empiezan a mostrar sus caperuzas negras, no todas, aún hay algunas que están con el proceso a medias. Esto nos indica que ya no van a quedarse mucho tiempo, pronto viajarán al norte, a sus lugares de reproducción
Por otra parte aquí ya han llegado los milanos negros y volando rasante sobre el agua, rizada por el viento, en un momento pude ver golondrinas comunes y dáuricas, aviones comunes y un solitario avión roquero (que nunca había visto aquí). Más habituales son las garcetas comunes que parecen haberse vestido de novia con su brillante blanco y las plumas de la cabeza y cobertoras alares. 
Pero las protagonistas de esta entrada del blog son las fochas. Me sorprendí al verlas, no en una pelea, que suele ser lo habitual, sino en una cópula y, no muy lejos del lugar del encuentro, su nido a medio construir. Uno de los ejemplares, de dedicaba a llevar trozos de vegetación acuática que arrancaba tras un corto buceo. También pescaban pero en aguas más someras y sin necesidad de bucear para ello. Pude observar que algunas de sus presas eran de la nueva especie invasora de pez, Pseudorasbora parva, abundantísima en el embalse, como publiqué hace poco en BV News y que puede verse en este enlace. A ver si tengo tiempo y puedo dedicarle una entrada explicativa.
En aguas someras, mientras se acicalaban las plumas, también se dedicaban a hacerse cariños. Esta actitud es más propia y frecuente en animales pendencieros, que necesitan calmar su agresividad con comportamientos de apaciguamiento mutuo.
Mientras estaban distraídas de esa guisa me di cuenta de que la garceta, sin mucho disimulo, se acercaba a inspeccionar en nido. Gaviotas y garzas son uno de los principales enemigos de los pollos de las aves acuáticas y no dudarían en depredarlos si ya hubiesen estado allí, aunque posiblemente entonces la madre no se habría alejado tanto. 
No tardo mucho una de las fochas en alejar enfurecida a la garceta, lo que nos permitió ver los pies amarillos característicos de esta especie de ardeida.
Y ya puesta a la tarea de defensa, también perseguir hasta hacer volar, a una pareja de ánades frisos que con nadie se habían metido y estaban bastante alejados.
Siguieron después con su tareas de construcción del nido flotante, a pesar de que el día de viento complicaba la tarea. Es esencial que el nido sea flotante en el lugar, característico de la especie, donde lo han hecho, pues las fluctuaciones de nivel son realmente importantes. Hace poco menos de un mes allí apenas había un regato de agua y ahora es parte del embalse y tiene una generosa corriente agitada, además, con el viento en contra.
Espero ansioso el momento de ver los pollos, si la distancia y el crecimiento aún tímido de las plantas emergentes me lo permiten, como pude hacer en Daimiel y mostré en esta otra entrada. Si no conocéis tan graciosos polluelos, no dejéis de visitar esa entrada donde pude observarlos a placer pidiendo comida a su madre.

viernes, 4 de enero de 2019

El hinojo y sus insectos (y 3): Miscelánea

Cierro con esta entrada las dedicadas a la fauna de las plantas de hinojo durante en año 2018. Espero tener la suerte de verme obligado a una nueva etapa este año, bien porque nuevas especies lleguen a esa parte del jardín o porque pueda hacer nuevas e interesantes observaciones que merezcan la pena ser contadas. Vamos a ello:

Sin duda, aparte de las mariposas machaon y la superpoblación de chinches rayadas que mostré en las anteriores entradas, los insectos que más visitaron las flores de hinojo fueron los himenópteros. Pero digo visitaron, con toda propiedad, ya que acudieron a libar el néctar, pero no a desarrollar su ciclo biológico en la planta.
Entre mis favoritas fueron habituales unas avispas cuco, de la familia Chrysididae. Esta familia se caracteriza por parasitar los nidos de otras abejas y avispas. Tengo dudas, pero creo que la de mi jardín es Chrysis ignita, que es depredadora y cleptoparásita, pues se come la larva o el huevo y el alimento almacenado por la madre de su parasitada. La avispa cuco dispuesta a hacer la puesta espera en los alrededores del nido de una abeja solitaria, generalmente Osmia (que cría habitualmente en mi refugio de insectos) u otras Megalichilidae, de las que hacen sus nidos en agujeros de la madera y más raramente a las que anidan en el suelo. Cuando éstas salen de sus nidos, es cuando aprovecha para entrar a poner su propio huevo.
Preciosa avispa cuco Chrysis ignita en el momento de libar de las flores del hinojo.
Entre las fascinantes adaptaciones anatómicas de estas preciosas avispas se encuentran el haber adaptado su aguijón en una herramienta capaz de perforar las paredes de los nidos ya cerrados de sus hospedadoras, para introducir su huevo. También un cuerpo duro capaz de resistir los aguijonazos y mordiscos de otras especies de abejas y avispas que las puedan encontrar en su nido. Esto, ayudado de su capacidad para replegarse haciéndose una bola y protegiendo sus patas y antenas, las convierte en invulnerables a los ataques cuando las encuentran en plena faena. Pero es que además, pueden segregar olores muy parecidos a las de sus víctimas que les permiten salir airosas de sus lances.
Con esas armas hay especies en la familia que son capaces de entrar en nidos de avispas sociales. Toda una proeza si consideramos, además, que tiene un tamaño tres o cuatro veces menor que ellas.

Otra, para mi muy elegante, es la avispa cazadora de arañas, Sceliphron destillatoriumEs un tipo de solitaria avispa alfarera, aunque esa "profesión" no es exclusiva de su familia, Sphecidae, estas se diferencian porque sus presas son exclusivamente arañas.
Con barro recogido de orillas de charcas o arroyos, o tras el riego en el jardín, como es este caso, estas trabajadoras avispas construyen una especie de ánfora donde se dedican a introducir las arañas a las que previamente han dormido de un aguijonazo. Una vez bien repleto el nido ponen un huevo en él y cierran la tapa con un último pegote. En un solo día son capaces de hacer ese trabajo y al siguiente hacen otro nuevo en el que repetirán el proceso. Y así hasta quince pequeñas ánforas adosadas unas a las otras o, al menos, muy cercanas.
Avispa cazadora de arañas, Sceliphron destillatorium, recuperando fuerzas a base de néctar para seguir con su actividad de captura para llenar las despensas para sus futuras larvas. 
Para tener "combustible" para tanta actividad, las avispas visitan variadas flores para libar su nutritivo néctar, especialmente las umbelíferas que con profusión florecen a principios de verano, como zanahorias silvestres y cardos corredores. No puedo asegurar si fue la responsable de la desaparición de una araña napoleón que vivía en el hinojo, a la que veremos más adelante.

Otra avispa alfarera, Delta unguiculatum, esta vez de la familia Vespidae. En algunos documentos y libros aún se puede encontrar incluida en el género Eumenes.
A diferencia de las cazadoras de arañas, las Delta capturan orugas, a las que llevan también a un nido de barro. Las orugas pueden tener un tamaño considerable. Sin embargo los nidos los hace separados unos de otros. Además, el barro, como yo mismo he podido comprobar, lo fabrican a partir de material seco, en caminos y zonas libres de vegetación, y amasándolo con su propia saliva.
Los nidos tienen un curioso remate hacia afuera, como un jarroncito. El huevo lo depositan colgando encima de sus adormecidas presas y al nacer la larva cae sobre ellas.
Avispa alfarera, Delta unguiculatum. No conseguí hacer la foto sobre el hinojo, sin embargo, también se posaba con frecuencia sobre el cercano tejo, que en esos días estaba cubierto por melaza caída de los pulgones que estaban atacando al roble americano, Muchos otros himenópetros y dípteros aprovecharon también esa oportunidad y algunos parecían preferir su melaza al polen de las flores del entorno.
Otra parásita de los nidos y larvas de abejas solitarias es la avispilla del género Gasteruption (no he podido llegar a especie a partir de las fotos). Posiblemente se haya beneficiado también del refugio de insectos donde estas crían. 
Ejemplar hembra de Gasteruption. Puede apreciarse el largo ovopositor.
Es fácil diferenciar los machos de las hembras, ya que estas tienen un largo ovopositor, como se aprecia en la primera foto, que utilizan para llegar al interior de los nidos y depositar en ellos sus huevos. No había vez que me acercase a echar un vistazo al hinojo que no hubiese uno o varios ejemplares de esta especie. Incluso los machos persiguiendo a las hembras.
Ejemplar macho de Gasteruption.
 Al hinojo llegaron unas cuantas especies más de abejas y avispas, aunque no a todas las he podido fotografiar, por no llevar la cámara en ese momento o porque se asustaron y no eran tan abundantes como las especies anteriores. Entre ellas, por supuesto, abejas de la miel, también abejorros, especialmente Bombus, aunque estos parecen preferir otras flores del jardín. También avispas del género Polistes que alternan sus viajes al estanque en busca de agua para hacer su pasta de papel con su alimentación a base del néctar de las flores. Y alguna abeja, como la de la foto siguiente, que aún no he identificado.
Abeja sin identificar.
Curiosamente, cuando las semillas de hinojo estaban maduras, las hormigas del género Messor, se dedicaron a subir a los penachos del hinojo y cortar los tallos que sujetaban las semillas para llevárselas o para dejarlas caer, pues en la parte de abajo había muchas más dispuestas a recogerlas. No creo, sin embargo, que sea un comportamiento cooperativo, sino fruto de la casualidad.

Y cambiando de orden de insectos nos encontramos con los abundantes coleópteros. Solo en una ocasión pude ver sobre el hinojo al cerambícido Agapanthia asphodeli, que cría en los gamones (Asphodelus) que son abundantes en los prados del entorno de mi urbanización. Son escarabajos que se encuentran muy a menudo en flores de umbelíferas y otras plantas con ramilletes de pequeñas flores.
Atractivo y fotogénico Agapanthia asphodeli.
Esta otra especie de coleóptero aún no me la han identificado en Biodiversidad Virtual, que es donde me suelen determinar la mayoría de las especies que encuentro en mis paseos fotográficos.
Coleóptero de la familia Mordellidae sin identificar
No podían faltar, como en cualquier otro rincón del jardín las llamativas mariquitas, bien de la especie más común, la de siete puntos, Coccinella setempunctata, o como la de la foto, Adonia variegata (= Hippodamia variegata). No buscan polen ni néctar, sino lugares donde sean abundantes los pulgones para comerlos y para hacer la puesta y que de ellos se alimenten sus voraces larvas.
Adonia variegata (= Hippodamia variegata).
Pero los pulgones no han sido muy abundantes en el hinojo. He visto dos especies en él. Esta primera Cavariella sp. ...
Pulgón, Cavariella sp.

... y esta otra, que es la ubicua Aphis fabae, muy abundante en mi jardín en gran variedad de plantas.

Madre alada y ninfas muy jóvenes de  Aphis fabae.
Pero claro, además de las mariquitas, en el hinojo crió uno de sus más terribles depredadores, la mosca de la familia de los sírfidos, Sphaerophoria scripta. Las larvas de estos dípteros tienen el aspecto de un gusano verdoso y recorren los tallos de las plantas con pulgones, generalmente desde arriba hacia abajo, pero a veces al revés, comiéndoselos sin que se les escape ninguno (se pueden ver en acción en otra planta en esta otra entrada). 
Larva de Sphaerophoria scripta a la caza del pulgón.
Los adultos (imagos) no son carnívoros como sus hijos, sino que liban el néctar de las flores, pues con su potente vuelo gastan mucha energía,
Sphaerophoria scripta adulta libando néctar de la flor del hinojo.
Otros dípteros muy variados acuden también a las flores, aunque no tengo fotos de todos ellos.
Moscarda verde del género Lucilia, las larvas son carroñeras y detritívoras, pero los adultos chupan el néctar y son muy eficientes polinizadores.
Otro depredador casual, que me hizo particular ilusión encontrar en el hinojo, pero que rápidamente voló a otra planta donde puede fotografiarla, fue esta pequeña mantis de la especie  Ameles spalanzania. Muchas veces he visto hembras en el jardín (imagen de hembra), que no tienen alas desarrolladas (ápteras) pero nunca había encontrado machos, que son mucho más activos y de menor tamaño.
Macho de Ameles spalanzania
Aparte de las chinches rayadas de la especie Graphosoma italicum que desarrollaron todo su ciclo biológico en el hinojo y que ahí sigue algún ejemplar adulto pasando el invierno en él, otros himenópteros pasaron por aquí, como el también colorido de rojo y negro Lygaeus equestris...
Lygaeus equestris
... y este otro,  más modesto de coloración y parecido a los Graphosoma en su diseño, Tholagmus strigatus, identificado  por Marcos Roca-Cusachs en el grupo de facebook sobre hemípteros.
Tholagmus strigatus.
Y para finalizar, saliendo del grupo de los insectos, entre las flores del hinojo han vivido varios ejemplares de araña Napoleón, Synema globosum. Es un depredador que caza al acecho a los insectos voladores que acuden a las flores. La gruesa hembra de la siguiente fotografía la pude seguir durante muchos días. A veces, mientras la observaba o fotografiaba se cambiaba de rama o se dejaba caer donde no la podía seguir entre la maraña de ramas y hojas, pero si me alejaba un poco, en menos de cinco minutos, había subido de nuevo a su lugar de caza habitual a través de un hilo de seda, a modo de la cuerda de seguridad de un escalador.
Araña Napoleón, Synema globosum hembra.
También observé un ejemplar macho, mucho más difícil de ver por su pequeño tamaño. Unos y otras puede ser de variados colores, especialmente blancos y rojos, nada tienen que ver con sean de uno u otro sexo, pero el tamaño sí.
Araña Napoleón, Synema globosum macho.

miércoles, 14 de noviembre de 2018

El hinojo y sus insectos (2): La chinche rayada, Graphosoma italicum.

Continuando con la fauna que se vio atraída por los hinojos del jardín, la especie sin duda que más abundante este año ha sido la chinche rayada Graphosoma italicum. Es uno de los insectos, no mariposas, más llamativos con sus contrastados colores rojo y negro. Igual que otras coloridas chinches de la familia Pentatomidae y otras cercanas, me recuerdan a los escudos de los caballeros medievales prestos al torneo. 
Esta pareja dedicada a la reproducción no la fotografié en el hinojo, sino sobre la planta Thapsia villosa que parece ser también muy de su agrado. Me decidí a poner esta foto porque se puede ver el diseño ventral punteado.
Quizás antes de continuar debo aclarar un poco el nombre científico, ya que la mayoría de las personas con algunos conocimientos de entomología ibérica me podrá decir que las protagonistas de hoy son Graphosoma lineatum de toda la vida. Pues sí, eran de toda la vida hasta hace poco. Antes se consideraba que la especie G. lineatum comprendía dos subespecies: G. lineatum lineatum y G. lineatum italicum, pero ahora se han separado en dos especies distintas.
Y estas puestas, perdonadme, no son de Graphosoma, sino de otra chinche que no pude identificar y tampoco está sobre hinojo, sino sobre Andryala integrifolia, también de mi jardín. Pero en mi defensa diré que las puestas de muchas chinches son así, muy parecidas, agrupadas en la planta y con esa especie de tapitas. Empiezan siendo más blancos y, a medida que crece el embrión en su interior se van oscureciendo.
 ¿Y en qué se diferencian las dos especies? Afortunadamente esta vez es fácil para un aficionado como yo, G. italicum tiene las patas negras y, a lo sumo, algunas zonas rojas en ellas. G. lineatum, en cambio, las tiene rojas por completo. Lo que me parece más interesante es que aún no se conoce la distribución de las dos especias al completo y, aunque la mayoría de los ejemplares ibéricos son G. italicum, es posible que también se encuentren G. lineatum, así que en nuestros paseos naturalistas no debemos despreciar a estas bonitas chinches aunque sean comunes y abundantes, habrá que mirarles las patas y, si nos dejan, fotografiarlas.
Ninfa muy joven, posiblemente de fase dos. Tiene apenas un par de milímetros.
Y tras esta larga presentación veamos un poco de su ciclo biológico. Las chiches son del orden de los hemípteros y, como les corresponde, no tienen metamorfosis completa, es decir, no pasan por una fase larvaria. No es que pueda decirse que las crías nacen igual que sus padres, la verdad es que son bastante diferentes, tanto en forma como en color, pero no sufren las drásticas transformaciones por las que pasan las mariposas, escarabajos y moscas. Además, adultos y jóvenes se alimentan de la misma forma y sustancias. Así, los juveniles de los hemípteros no se llaman larvas, sino ninfas, como ocurre en los saltamontes y mantis, por ejemplo. 
Ninfa aún sin rastro de alas poco después de mudar la piel como delata el color claro de su cutícula. Poco a poco se irá oscureciendo como la de la foto siguiente.
Pero el no hacer una metamorfosis completa con estado pupal no les libra de tener que mudar su piel para poder crecer. Las chinches rayadas lo hacen cinco veces. A medida que van pasando por las diferentes fases van cambiando de la forma más redondeada, según salen del huevo, a otra más alargada y, a la vez, les van creciendo las alas, en cada muda un poco más.

Ninfa de la misma fase de la de la foto anterior pero con la cutícula del exoesquelto más endurecido y pigmentado. La mancha central oscura que aparece en el dorso del abdomen es la abertura de la glándula odorífera.
Otra característica típica de este grupo de hemípteros es la posesión de glándulas odoríferas, también llamadas repugnatorias por su mal olor. Esa pestilencia la desprenden cuando se sienten amenazadas y, como los colores llamativos, anuncia que no son un buen alimento. En las ninfas esas glándulas se abren en el dorso del abdomen, que no está cubierto por las alas, pero en los adultos se sitúan en la parte ventral del tórax.

Ninfa en una fase más desarrollada mostrando un inicio de alas. También al poco de mudar.
Hay chinches depredadoras, que cazan a otros insectos, y parásitas, que pican a vertebrados para chuparles la sangre, pero las de este grupo a lo que pican es a las plantas para sorber la savia. Para ello tienen un pico largo, que en reposo se pliega a lo largo de la región ventral, que contiene los estiletes maxilares, para la perforación, un canal de alimentación, por el que succionan el alimento y un canal salival por el que inyectan la saliva para facilitar la succión y digestión del alimento. Debo añadir que no son una plaga importante para la agricultura, pues es raro que alcancen gran número y el daño sufrido por la planta es mínimo.

Y una vez más, la misma fase pero con la cubierta más endurecida y pigmentada. Sin embargo, aún no muestra ni rastro del color rojo de los adultos.
En las plantas de hinojo de mi jardín ha llegado a haber no menos de cincuenta ejemplares de distintas edades, desde recién eclosionados hasta adultos y no por ello el hinojo se ha marchitado. Así, en una sola sesión fotográfica podía retratarlos a todos, pero es imposible hacer un seguimiento de un mismo ejemplar a lo largo de su vida y así poder asegurarme de las distintas fases de su desarrollo, sin privarle de la libertad, cosa que no voy a hacer.

Ejemplar adulto. Se aprecia que el pigmento negro aún no se ha manifestado, irá apareciendo a medida que se endurezca la cutícula.

Es una especie que se encuentra especialmente en umbelíferas y similares, como la mencionada Thapsia villosa, los cardos corredores y las zanahorias silvestres. El momento de mayor abundancia en mi zona, es bien entrado el verano, justo cuando la mayoría de esas plantas están en su apogeo.

Ejemplar adulto en la plenitud de su coloración. Aunque la antena más cercana al observador, que está desenfocada, obstaculiza un poco la visión, se aprecia el pico que está clavado en el pequeño capullo floral.

Así ha sido en mi jardín sobre el hinojo, en pleno verano, aunque la planta ya llevaba semanas floreciendo. Y ahora, bien entrado el otoño, ahí siguen sobre las ramas medio secas, sobre todo ejemplares adultos. Hay días que se agrupan especialmente, como ocurrió uno de los primeros días de viento y lluvia y decidieron juntarse todos, como hacen las mariquitas bajo las piedras. Pero al salir el sol se volvieron a separar y ya no he visto ese comportamiento tan acusado, aunque ha habido días igualmente fríos y lluviosos. Tendré que observar si aguantan el invierno así. Y si lo hacen en las ramas de las plantas o, como espero, busquen un refugio más abrigado, que es muy típico de las chinches.

Grupo de ejemplares adultos que habían pasado la tormenta agrupados y fueron separándose cunado empezó a darles el sol. A la izquierda se ven algunas ninfas en un estado bastante desarrollado, muy camufladas entre las semillas de hinojo. 

Edito esta entrada para añadir una foto más, que me parece interesante. Durante el invierno he visto algunos ejemplares escondidos entre las enredaderas de un muro que se encuentran junto a los hinojos, pero a uno de enero hay un individuo que aún se mantiene en las flores marchitas del hinojo. Lo muestro a continuación.


Hay otra especie muy parecida en la Península Ibérica que tiene punteada la zona del pronoto. En Biodiversidad virtual hay una clave gráfica para diferenciar las chinches rayadas G. lineatum de esa otra especie cercana, la punteada, G. semipunctatum. Aunque en esa ficha aún tiene el nombre desfasado, para ese propósito vale igual. Este es el enlace: