martes, 23 de agosto de 2016

Mariposas en el cardo corredor.

A medida que avanza la primavera y el verano se va sucediendo la floración de diferentes especies de plantas y con ellas la concentración de insectos polinizadores que quieren aprovechar su néctar. No todas las plantas atraen de igual manera a los insectos y especialmente a las mariposas, que es de las que voy a tratar hoy. En nuestra Sierra de Guadarrama las mariposas se sienten especialmente atraídas según avanza la primavera y el verano, primero por los rosales y varias especies de grandes cardos, luego por las zanahorias silvestres y después por las zarzamoras Ahora mismo por las flores de la hierba de Santiago, únicas supervivientes al pastoreo en algunas zonas y, por fin, por los protagonistas vegetales de esta entrada: los cardos corredores.
Hay mariposas con periodos de vuelo cortos y otras que, por ser más específicas, se mueven en un espectro de plantas reducidas, pero las que tienen periodos de vuelo largos o más de una generación por temporada pueden verse indistintamente en diversas flores.
En esta entrada me voy a centrar en el cardo corredor, del que ya he hablado en otras ocasiones en este blog (ver AQUÍ), aunque para otros temas. Parece mentira lo que una “humilde planta” que crece en las cunetas de los caminos y carreteras puede dar de sí.
Misma foto anterior con los insectos marcados. Con anillos rojos las mariposas, en azul otros insectos. 13 mariposas y 17 en total. Pinchando en la foto se puede abrir la foto en una pestaña nueva y ampliarla para verla en detalle. 

Me animó a hacer esta entrada un día de agosto, cuando a unos 1.500 metros de altitud los cardos empezaron a florecer y ofrecer su néctar. Al pasar junto a los cardos en el borde del camino se armó un verdadero alborto, así que caí en la tentación de intentar fotografiar todas la especies que pudiese. Desde luego, las flores compuestas de este cardo no tienen la típica floración de vivos colores ni olor, que dicen atraer a los insectos, pero sin duda tienen otra técnica o aroma que a nosotros se nos escapa.
A continuación pongo las especies que fotografié en tan solo media hora:

Argynnis paphia hembra

Argynnis paphia macho. Las líneas oscuras gruesas que siguen la venación de las alas son las llamadas "androcorias" características de los machos
Hyponephele lycaon
Hyponephele lycaon

Pyronia tithonus, anverso
Melanargia lachesis

Pyronia tithonus, reverso
Aricia cramera, anverso

Aricia cramera, reverso
Lycaena alciphron

Lycaena phlaeas, reverso

Lycaena phlaeas, anverso

Lycaena virgaureae, hembra

Lycaena virgaureae, macho
Mientras hacía las fotos, otros insectos se posaron y volvieron a volar, como diversas moscas y abejas, pero al estar más concentrado en las mariposas, perdí la oportunidad de retratarlos. Sí pude hacerlo con estas dos especies más tranquilas, el pequeño y colorido cerambícido y la no menos llamativa chinche rayada.
Chlorophorus trifasciatus
Graphosoma lineatum
Sin duda, hay muchas más especies en la zona, un poco más allá, sobre hierba de Santiago y sobre las flores ya marchitas de rosal, vi y fotografié Pieris rapae y P. napi, Argynnis pandora, Issoria lathonia y Celastrina argiolus y en otro cardo una preciosa Euplagia cudripunctaria, pero esas serán protagonistas en otro momento, pues hoy he querido ser fiel únicamente a ese momento y lugar.
En esta otra entrada (AQUÍ) del blog de El Ventorrillo, muestro otras mariposas comunes en la Sierra de Guadarrama.

viernes, 12 de agosto de 2016

LA CADENA DE LA VIDA (y 4)

En la anterior entrada dejamos a los pulgones de la colza que eran parasitados por pequeñas avispas y que las larvas de esas avispas, que viven dentro de los pulgones, son a la vez parasitadas por otra especie de avispa. Pero no se terminan allí los depredadores de los pulgones, hay otros aún más voraces, que se comen a los pulgones uno tras otro. Como puede verse no se anda con muchos remilgos en la mesa esta larva de mosca, al pulgón solo le queda patalear mientras es comido vivo. Las he observado trabajar y no tardan ni medio minuto en comerse a un pulgón y al poco ya van a por el siguiente. 
Se trata de la larva de un tipo de mosca, un sírfido. Entre las moscas de esta familia las hay con muy variados aspectos y ciclos de vida, teniendo en común, cuando adultos, su semejanza con avispas y abejas y su costumbre de libar en las flores. Hoy me detendré, como era de esperar, en los que son depredadores de pulgones. Son unas esbeltas moscas de cuerpo rayado en negro y amarillo parecidas a las avispas lo que les vale ser temidas y evitan ser atacadas... casi siempre. En mi jardín es muy abundante la especie Sphaerophoria scripta y por eso supongo que las larvas que fotografío también corresponden a esa especie.

Las moscas madre deben poner sus huevos en la parte alta de la planta, porque siempre he visto a las larvas avanzar hacia abajo, entre los pulgones apelotonados en los tallos, dejando atrás la devastación más completa. No dejan uno vivo y a veces son varias las larvas las que juntas van avanzando, dejando limpia la planta. Todo un aliado para el jardinero o el agricultor.
Pero las moscas tampoco pueden despistarse demasiado, en esta ocasión no le ha valido de mucho el mimetismo batesiano ya que el caballito del diablo lo ha cazado sin contemplaciones. 

Los caballitos del diablo son Odonatos, el mismo orden que las libélulas, y su primera etapa de vida la pasan dentro el agua, donde también son voraces depredadoras. Normalmente los caballitos del diablo, como este Ceriagrion tenellum no capturan presas tan grandes, aunque tampoco es excepcional. Lo habitual es que cacen mosquitos, efémeras y otros pequeños insectos que revolotean alrededor de la lámina de agua o entre las plantas acuáticas. A veces también se abaten sobre los pequeños insectos que se encuentran posados. 
Pareja de Ceriagrion tenellum en el momento inmediatamente anterior o posterior a la cópula. El macho sujeta a la hembra por el cuello y cuando esta está dispuesta acerca su extremo a los anillos con los genitales masculinos. Después, durante la puesta de huevos, los machos siguen sujetándola. De esta manera, sin duda, se aseguran de que los hijos serán suyos.

El estanque es uno de los mejores puntos de atracción de fauna, tanto invertebrados como anfibios, reptiles y aves. En el caso de los odonatos, he podido determinar la presencia e incluso la reproducción de cinco especies de libélulas y otras tantas de caballitos del diablo, aunque posiblemente exista alguna más que no haya podido fotografiar.
Náyade de la libélula Anax imperator, que cría en el estanque del jardín, vista desde abajo para mostrar la "máscara"
Ninfa (náyade) de Anax imperator.
Los odonatos son eficientes depredadores tanto en su fase adulta, voladora, como en su fase de ninfa, llamada náyade. En el agua, las mal llamadas larvas de libélula cazan invertebrados y hasta renacuajos y pequeños peces si se ponen al alcance de sus tremendas mandíbulas extensibles como si fuesen un brazo, llamadas "máscara" porque en posición de reposo les tapan la parte inferior de la cabeza.
Las náyades de las grandes libélulas, como las de Anax imperator que hay en mi jardín, también depredan sobre las de caballito del diablo, que son de tamaño mucho menor y más delicadas.
Las hembras de Anax imperator ponen sus huevos sin estar sujetas al macho. 
Aunque en el mundo de los insectos las libélulas puedan ser consideradas como un superdepredador, son también alimento de aves, como el abejaruco, y de anfibios cuando tienen oportunidad. Este fue el caso de la siguiente fotografía. Estaba yo haciendo fotos y vídeos de las peleas entre machos de rana, cuando la libélula tuvo la mala idea de posarse para hacer la puesta casi delante de una de ellas. El ataque fue fulminante y, aunque de primeras la sujetó de mala manera de un ala, no tardó en engullirla, hundiéndola previamente.
Pero las ranas también tienen sus depredadores, incluso en el estanque de jardín. Varias veces he tenido la visita de culebras de agua, tanto Natrix maura como Natrix natrix. Las he dejado tranquilas durante una temporada, que he aprovechado para hacer algunas fotos. Es una buena técnica para controlar el exceso de ranas, que llega un momento en que durante la noche son atronadoras y tengo apuro por si llegan a molestar a los vecinos. Sin embargo, pasado un tiempo las cojo y las llevo a unas charcas próximas, porque los estanques son pequeños y no hay "producción" suficiente para mantener depredadores tan eficientes. 
Preciosa Natrix natrix, culebra de collar adulta, que aún conserva las manchas de su cuello características de los juveniles. Toma el sol en su lugar habitual, un lateral del estanque donde está descubierta la lona de caucho, que al ser negra posiblemente le proporciona más calor.
El último eslabón de la cadena, evidentemente, no ocurre en mi jardín, pero sí muy cerca. Espero que no se hayan encontrado con ella las culebras que tan bien se han alimentado en mi estaque. Se trata del águila culebrera, la especialista en la caza de ofidios que, a pesar de su tamaño, no duda en pararse en el aire como si se tratase de un pequeño cernícalo, dándome así la oportunidad de fotografiarla.
Águila culebrera, Circaetus gallicus, cerniéndose en busca de sus presas.

Y aquí dejo esta serie de encadenados que se comen los unos a los otros, la CADENA DE LA VIDA, de la que tanto nos hablaba el gran Félix Rodrígez de la Fuente.

Agradezco a los expertos de Biodiversidad Virtual por estar ahí, determinando las especies. Sin ellos dudo mucho que hubiese podido acercarme siquiera a identificar ni una décima parte de las especies que habitan en mi entorno.

martes, 17 de mayo de 2016

LA CADENA DE LA VIDA (3)

Dejamos en la última entrada a toda una legión de hormigas sobre los brotes de cardo. Hoy empiezo con otro cardo, en esta ocasión un cardo borriquero, Onopordum acanthium, que salió espontáneamente en el jardín y dejé crecer precisamente para poder observar su fauna asociada, que sabía que podía ser interesante y variada.
A este cardo no tardaron en llegar los pulgones y tras ellos, las hormigas pastoras.

El pastoreo es una actividad que realizan varias especies de hormigas y sobre muy diversas especies de áfidos, que es la familia a la que pertenecen los pulgones. Aunque, como he podido comprobar en mi propio jardín, no todas las especies de pulgones son útiles para ese propósito, de la misma manera que no todas las razas de rumiantes domésticos son válidos para el ordeño.
Hormigas pastoreando pulgones, Brachicaudus cardui. El ejemplar de la derecha está en el momento de recoger una gota de jugo azucarado excretado por el pulgón.
Los pulgones clavan su pico en los tejidos de las plantas (tallos, hojas, flores o frutos) para sorber la sabia que por ellos circula, pero ese alimento es muy poco nutritivo porque está muy disuelto en agua para poder circular por la planta. Por esa razón, los pulgones necesitan sorber mucha cantidad de sabia, casi continuamente. Si los pulgones no excretasen el exceso de líquido reventarían. Por eso, si nos fijamos muy de cerca en los grupos de pulgones que cubren las plantas veremos minúsculas gotitas sobre ellos. Esas gotitas no son simple agua, sino que también tienen jugos azucarados de la planta, que es lo que van buscando las hormigas. Por cierto, a veces, cuando aparcamos el coche debajo de los árboles, lo recogemos cubierto de una sustancia pringosa, son las gotas que excretan los pulgones (y también algún otro insecto). Igual puede ocurrir en las sillas de jardín que se dejan bajo algunos árboles o parterres de hiedra con pulgones.
Momento del "parto" de un pulgón.
Además, los pulgones necesitan alimentarse abundantemente, porque crecen muy deprisa y cuando llegan a adultos, más bien adultas, porque la mayoría son generaciones solo de hembras, empiezan a generar nuevos pulgones, que “paren” ya convertidos en una miniatura de sus madres.
En la foto, pastoreado por hormigas Camponotus, la especie de pulgón Brachycaudus (Prunaphis) cardui. Las madres son de color oscuro, los verdes son fases juveniles.
Hay pulgones que pueden atacar a diversas especies de plantas, pero la mayoría de ellos son muy específicos y solo pueden vivir en su planta nutricia. Las plantas nutricias, en un ecosistema natural, no se encuentran todas tan juntas como en un cultivo y por eso, como ocurre con los parásitos, necesitan tener muchos hijos, porque la mayoría de ellos morirá sin encontrar un lugar donde alimentarse.
El hecho de que existan “malas hierbas” en el entorno de los cultivos, con sus correspondientes pulgones específicos, favorece la existencia de parásitos y depredadores de pulgones, que serán aliados naturales del agricultor en su lucha contra los que sí atacan a las plantas cultivadas.
Las tijeretas son voraces depredadoras de pulgones, aunque también, cuando no tienen ese recurso y son muy abundantes, pueden dañar a las plantas cultivadas.
Son muchos los parásitos y depredadores de los pulgones, como corresponde a todo ser que en la naturaleza se reproduce exponencialmente, resultando un abundante recurso alimenticio a disposición de otras especies, que no van a dejar de aprovechar la oportunidad.
Así es como han evolucionado tanto parásitos, especialmente pequeñas avispas, como depredadores que, a la escala del tamaño de un pulgón, son verdaderamente criaturas feroces. Sé que suena extraño llamar feroz a una mariquita de siete puntos o a sus larvas, pero su forma de dar caza y comerse a los indefensos pulgones que están fijados a la planta con sus picos hundidos en los tejidos vegetales, tiene muy poco de misericordioso. 
Dos momentos del ataque de las hormigas a una mariquita, Coccinella septempunctata, que amenaza a sus pulgones.

Las hormigas defienden como pueden a los pulgones que pastorean, pero tienen muy poco que hacer con las avispillas que llegan volando y ponen sus huevos bajo los pasivos pulgones. Las siguientes fotos no están hechas en el cardo, sino en una planta de colza, también del jardín, cuya evolución pude seguir con todo lujo de detalles y ya fue protagonista de otra entrada del blog.
Avispa parásita, Diaeretiella rapae, poniendo su huevo en el interior de un pulgón para comérselo desde dentro mientras en pulgón sigue alimentándose de la planta.
Sus larvas se los comerán desde dentro y del pulgón apenas quedará una cáscara vacía a la que los científicos llaman “momia”. A su vez en una ramificación de esta cadena de la vida, que en realidad más que cadena es una red de eslabones, como una cota de malla, hay otras avispas que ponen sus huevos en los pulgones ya parasitados y, una dentro de otra como una muñeca rusa, parasitan a las larvas de la avispa parásita.
Avispa Braconidae, poniendo su huevo sobre el pulgón convertido en momia por la avispa anterior, para parasitar a su vez a la larva parásita que hay en su interior.
Y por esta vez aquí lo dejamos, en una futura cuarta y última entrada continuaré esta cadena ramificada, que he podido seguir si apenas salir del jardín.

lunes, 9 de mayo de 2016

LA CADENA DE LA VIDA (2)

En la anterior entrada dejamos a la mariposa Vanessa revoloteando sobre las flores de los cardos, en realidad sobre los capítulos florales, pues estas plantas son de la familia de las compuestas y por lo tanto sus aparentes flores son un apretado conjunto de diminutas florecillas. En ellas son muchas las mariposas de muy variadas especies, que acuden a libar metiendo su larga trompa para extraer el néctar y así se entretienen un buen rato. Esto nos da la oportunidad a los naturalistas de tomarnos tiempo para hacer fotos e incluso a esperar tranquilamente junto al cardo a que otra mariposa llegue a alimentarse. Así, tener algún rincón con cardos en el jardín, no es tan mala idea si queremos ver y fotografiar mariposas tranquilamente.
Lo que comúnmente conocemos por cardos pueden ser plantas de muy distintas familias, que han evolucionado independientemente a esas formas duras y pinchudas. Pero como soy zoólogo, no me voy a entretener con las plantas (mejor visitar el último rincón de Barbadillo) sino que voy a fijar mi atención en otro pequeño inquilino de los cardos, la mosquita Tephritis postica.

Pareja de Tephritis postica, la hembra, abajo, posee un ovopositor para introducir los huevos en el cardo.
A las moscas de esta familia, Tephritidae, se las conoce como moscas de la fruta, aunque no tienen nada que ver con las Drosophila que se usan en los laboratorios de genética, que así llaman también así porque algunas especies atacan a los árboles frutales. Sin embargo, la protagonista de este eslabón de la cadena de la vida no hace daño a la fruta, sus larvas, en este caso, se encuentran en los capullos aún cerrados de los Carduus que hay en los prados al lado de mi casa.

En su interior, bien protegidas de los depredadores por una tremenda barrera de espinas y pelillos, las larvas de estas moscas se alimentan de los tiernos tejidos en formación. 

Para poder introducir sus huevos en el interior del capullo, las moscas de esta familia tienen un fuerte y largo ovopositor. En la fotografía anterior se puede ver a la hembra, la que está debajo, justo antes de iniciar la cópula.
Después del cortejo, el macho se sube a la hembra por detrás y ésta, si le acepta, abre sus alas para permitirle la cópula.

El cortejo de las Tephritis es muy curioso, los machos andan alrededor de las hembras abriendo y cerrando las alas en unas posturas y danzas casi cómicas, aumentándose el efecto por las manchas de sus alas.

No puedo estar seguro de lo que ocurre en el interior de los capullos de los cardos con Tephritis postica, pero supongo que es algo parecido a  lo que sí he visto en otra especie del mismo género, Tephritis formosa, cuyas larvas viven en el interior de las cabezuelas florales de otra planta compuesta que se ve con frecuencia en las cunetas de caminos y carreteras y dejé crecer en mi jardín: Sonchus oleraceus. Esta sí la pude fotografiar, tanto las moscas adultas posadas en las hojas como las pupas en el interior de los capullos. 
Pequeña mosca Tephritis formosa sobre el tallo de Sonchus oleraceus


Pupas (negras) de Tephritis formosa en el interior del capítulo floral de Sonchus oleraceus. Y larvas (blancas) de la avispa parásita del género Eyrytoma.

Curiosamente, también en su interior, encuentro otras larvas blancas, que no son de la mosca, sino posiblemente de una avispa parásita del género Eurytoma, que pude fotografiar en el momento de introducir el ovopositor en la flor para poner sus huevos.

Pero esta es otra ramificación de la cadena de la vida con la que no me quiero entretener demasiado, volvamos a los cardos...
En los mismos cardos sobre los que descubrí a estas moscas había una curiosa secreción con aspecto de melaza que brota entre sus escamas.

 
Estoy casi convencido de que esas melazas son debidas a la acción de las larvas que viven en su interior, pues coinciden la presencias de unas y otras. 
Esa secreción atrae a otros insectos y he visto diversas especies de escarabajos que se quedan extasiados mientras se dedican a lamerla con fruición. Sí, la he probado y no sabe a nada, pero supongo que los insectos no opinan lo mismo y seguro que tiene muchos nutrientes.
Entre los que acuden a ese alimento está el siguiente protagonista de la cadena, el escarabajo florícola, Oxythyrea funesta, llamado comúnmente escarabajo del sudario (no me preguntéis el por qué). Lo de funesta lo entiendo por su color oscuro, ya que otros miembros de su familia, los cetónidos, son de colores brillantes, sobre todo verdes metálicos.


Estos escarabajos, como otros de su familia, tienen mala fama entre los agricultores, pues se alimentan de flores y pueden estropear las cosechas, sin embargo rara vez son verdaderas plagas. En el blog de un agricultor he leído que atacan a las flores de los frutales especialmente cuando la sequía ha perjudicado a las plantas herbáceas del entorno, cuyas flores prefieren, entre ellas los cardos. Seguro que también cuando se las ha pegado fuego o roturado olvidando que las plantas de los lindes de los cultivos pueden tener efectos beneficiosos, como por ejemplo servir de refugio a insectívoros, ya sean estos aves, mamíferos, reptiles, anfibios o insectos depredadores. Las larvas de Oxythyrea se alimentan de raíces, pero he visto en otro blog de horticultor que también se encuentran entre vegetales en descomposición, como las balas de paja que quedan en la parte de abajo de los almacenes, donde se pudren por la humedad. Quizás tengan una infundada mala prensa y se alimenten más de humus que de raíces vivas.

En la foto, una pareja en cópula junto a su fuente de alimentación ¿tendrán tranquilidad para su amores? No, los escarabajos no tuvieron un día tranquilo cuando los fotografié sobre el cardo. La razón es que sobre la misma “melaza” toda una legión de hormigas les disputaron el botín y no les dejaron muy tranquilos. De hecho, me costó trabajo fotografiar a los escarabajos solos sin ninguna hormiga encima y si lo conseguí fue gracias a que había unos cuantos escarabajos en diferentes cardos. Lo más común, sin embargo era que los Oxythyrea estuviesen recubiertos por las hormigas.


A pesar de todo, debo advertir que tampoco la actitud de las hormigas era muy agresiva, las he visto mucho más alteradas en otras ocasiones atacando a otros insectos. En los lugares donde solo había hormigas, supongo que de donde brotaba la “melaza”, las hormigas estaban apelotonadas, como la clientela en la puerta de los grandes almacenes el día que empiezan las rebajas. Apenas se movían, como si estuviesen drogadas, con la cabeza hundida, invisible, en apretadísimos racimos.  En la foto, el montón de hormigas se aprecia en el ápice de la rama, justo en el brote.

Las hormigas son un grupo que se me resiste, pero creo que en este caso se trata ejemplares del género Camponotus, si me equivoco, espero que alguien con más conocimientos que yo me corrija y, si es posible, que me indique la especie concreta.


Este género es muy variado, numeroso y de compleja clasificación, tiene  más de 1.000 especies en todo el mundo y más de 120 en la región mediterránea. Muchas de ellas son carnívoras, sobre todo las de mayor tamaño, parecidas a las hormigas rojas, son feroces depredadoras de otros insectos, especialmente de orugas, por lo que son aliados en la lucha contra algunas plagas, como por ejemplo la procesionaria del pino. Otras, en cambio, son de menor tamaño y se dedican a pastorear a los pulgones, para aprovechar la secreción azucarada que ellos excretan. Pero ese será motivo del siguiente eslabón de la cadena y de la próxima entrada del blog.

La primera parte de esta "cadena de la vida" se puede ver AQUÍ.

domingo, 14 de febrero de 2016

LA CADENA DE LA VIDA (1)

En facebook mi amigo Antonio Guillén me nominó para que siguiese una cadena que suponía publicar siete fotos en siete días y nominar a otros siete amigos para que hiciesen lo mismo. Tras pensarlo durante unos días decidí no nominar a nadie, porque no me gustan ese tipo de cadenas, pero aprovechando la ocasión me planteé un pequeño reto personal: ser capaz de encadenar al menos siete especies que de alguna manera se relacionen y aparezcan en alguna de mis fotos.
Dicho y hecho, conseguí hasta nueve fotos encadenadas y hasta eché de menos no hacer ramificaciones que iban surgiendo por el camino. Además, como tengo por costumbre me alargué más de la cuenta con las explicaciones y me di cuenta que con ese material un poco más ampliado podía hacer hasta tres entradas del blog. Aquí está la primera con las tres especies.

Comienzo con la foto de un avispón común, Vespa crabro, depredando sobre una avispa, creo que del género Polistes. Fueron protagonistas, hace poco, de una de las entradas de este blog. Los avispones son temibles depredadores y atacan a abejas, avispas y dípteros cuando están libando el néctar en las flores. Ellos también necesitan libar para mantener su elevado metabolismo, sus presas son en realidad el alimento de las larvas, que esperan en las celdillas de su nido. La foto está hecha entre las flores de hiedra en el jardín de casa.

La cadena de la vida de unos es necesariamente la cadena de la muerte de otros.
Las avispas, del género Polistes y Vespula, de las que hemos visto a un ejemplar presa del avispón, son también carnívoras en su fase larvaria y las obreras se ven en la necesidad de colectar carne de todo tipo para alimentarlas, desde el jamón o el chorizo del bocadillo de los excursionistas hasta los insectos que puedan cazar. Son más carroñeras que depredadoras y los insectos reventados contra el frontal de los coches son una de sus presas habituales.

La foto está hecha en la parrilla de mi propio coche, lo siento mariposa, en casa. Pero donde más he podido observar ese comportamiento ha sido en el aparcamiento del Museo. En verano, las avispas parecen estar esperando la llegada de los vehículos para rebuscar en sus radiadores. Me parece impresionante con que certeza van directas hacia la parte delantera de los coches, independientemente de su posición. Supongo que lo que les atrae es el olor de los insectos aplastados.
Estas avispas hacen nidos de papel y para ello recogen fibras vegetales que mascan y transforman en pasta. Como ocurre con las fábricas papeleras, en ese trabajo las avispas utilizan mucha agua y por eso es tan frecuente verlas zonas húmedas y particularmente en las piscinas en pleno verano. La verdad es que no tiene nada que ver la agresividad de las avispas en las cercanías de su nido con la relativa indiferencia que manifiestan cuando están recogiendo agua, comida para sus larvas o libando néctar.
La mariposa es un ejemplar de Vanessa cardui, mariposa de los cardos, y en tres viajes de la avispa no quedó nada de ella. La naturaleza todo lo aprovecha.
El paso siguiente es saber la vida y milagros de la mariposa. Es un ninfálido y, como su nombre específico indica, sus larvas se alimentan de varias especies de cardo, aunque igual se puedan encontrar en malvas, ortigas y otras de las llamadas "malas hierbas". Lamentablemente como cardos que son, también pueden atacar los cultivos de alcachofas.
Para defenderse o permanecer ocultas de sus posibles depredadores, sus orugas se esconden entre las hojas de las plantas, que mantienen entrecerradas con los hilos de seda que ellas mismas producen y mantienen.

Estas mariposas pueden pasar el invierno como crisálida o como adulto invernante y por eso, a veces, pueden volar un poco "fuera de época" cuando el invierno es cálido, como éste. En esos casos se las suele ver bastante deterioradas, no tienen nada que ver con los preciosos ejemplares recién emergidos en primavera, sobre las flores de rosales y cardos tempranos.

El siguiente paso en esta cadena de la vida está precisamente en los cardos y será el objeto de la próxima entrada.