martes, 27 de octubre de 2020

Curiosa vida de las luciérnagas

Encontrar una luciérnaga en el jardín siempre es motivo de alegría e interés, pero ir poco a poco desentrañando detalles de su biología es una gran satisfacción.

La especie que hay en mi zona es la luciérnaga mediterránea, de nombre científico Nyctophila reichii. Hace ya tiempo que descubrí algunas hembras gracias a su luz, aunque hacerles una fotografía que le haga justicia es complicado. Durante la noche, cuando buscan pareja, dan la vuelta a los últimos segmentos del abdomen para mostrar sus órganos luminiscentes. Generalmente se suelen subir a alguna roca, muro o, más raramente, alguna planta de poca altura. Cuando llega una pareja y copula, al poco tiempo sus luces se apagan, pues ya no son necesarias y pueden atraer la atención de los depredadores.

Luciérnaga mediterránea, Nyctophila reichii. Hembra mostrando los órganos luminiscentes.

Las hembras adultas son de color amarillento, tienen las alas atrofiadas que no les permiten volar y el abdomen es bastante grande, por lo que se parecen mucho a las típicas larvas de coleóptero. En esta especie se aprecian muy bien las alas atrofiadas, en otras especies no es así.

Luciérnaga mediterránea, Nyctophila reichii. Hembra. La luz del flash oculta la luz natural de sus órganos luminiscentes, pero nos deja ver otros detalles de su anatomía.

Los machos adultos son completamente distintos. Tienen el típico aspecto de escarabajo, son más pequeños, tienen élitros y alas membranosas adecuadas para el vuelo. 


Luciérnaga mediterránea, Nyctophila reichii. Macho
Luciérnaga mediterránea, Nyctophila reichii. Macho. Detalle de los ojos, que prácticamente ocupan toda la cabeza.

Un carácter que llama mucho la atención es el gran tamaño de sus ojos. Los necesitan para encontrar a las hembras en la oscuridad de la noche. También tienen órganos luminosos, pero casi nunca los podremos ver en acción, parece ser que se iluminan cuando están estresados. Yo nunca los he visto brillar, ni a ellos ni a las larvas, que también los poseen.

Las larvas que he visto en mi jardín, eran ya casi tan grandes como las hembras adultas. Su aspecto es muy parecido a ellas, pero no tienen alas ni siquiera vestigiales, como corresponde a su etapa de desarrollo. Son de color oscuro, casi negro aterciopelado, en el dorso y en la parte ventral tienen zonas de color rosado intenso. 

Luciérnaga mediterránea, Nyctophyla reichii. Larva en vista dorsal.

Luciérnaga mediterránea, Nyctophyla reichii. Larva en vista lateral, lo que nos permite ver la coloración rosada de su vientre.

Mucha gente me ha comentado que cada vez se ven menos luciérnagas y me preguntan qué podían hacer para tenerlas en su jardín. Es cierto, yo mismo he podido observar su desaparición desde hace unos 45 años, cuando las descubrí en Miraflores de la Sierra por primera vez. En respuesta sólo puedo decir dos cosas: No usar pesticidas en el jardín y, en nuestra Sierra de Guadarrama y su entorno, donde los suelos son ácidos y los caracoles no se desarrollan bien por falta de calcio, poner alguna rocalla caliza para facilitarles la vida. Tengo una compostera donde echamos los restos de frutas y verduras y allí crían las babosas en abundancia. No está de más señalar que no tenemos ningún problema con las plantas del jardín, la mayoría autóctonas, ni mi mujer en su pequeña huerta, salvo alguna hoja mordisqueada, sin más consecuencias.

No intentéis trasladar ejemplares de un lugar a otro, posiblemente esté abocado al fracaso si en ese lugar no existían antes o han desaparecido por alguna razón. Y además es ilegal. Conformémonos con facilitar la vida, no sólo a las luciérnagas sino a toda la fauna del jardín, con las menores intervenciones posibles. Puedo asegurar que merece la pena. 

Hay muchas razones para la desaparición de las luciérnagas pero, en mi opinión, dos fundamentales: El uso de pesticidas y la contaminación lumínica.

Las luciérnagas en fase larvaria se alimentan de otros invertebrados. Las ibéricas, y esta especie en concreto, son depredadoras de caracoles y babosas. Los pesticidas, utilizados contra esos moluscos, sin duda afectan a las luciérnagas por envenenamiento directo o por mermar las poblaciones de sus presas. Un lugar muy frecuentado por los caracoles y babosas, debido a que allí se acumula y permanece la humedad, son las cunetas de las carreteras y caminos. Y allí, aparte de en las huertas no ecológicas, es posiblemente donde más veneno se vierte para luchar contra las llamadas "malas hierbas". Por otra parte, la iluminación artificial nocturna, además de otras consecuencias que no vienen al caso, tiene el problema de despistar a numerosas especies de insectos, tanto nocturnos como diurnos. Para las luciérnagas el exceso de luz dificulta que los machos encuentren las tenues luces de las hembras.

A continuación incluyo un vídeo donde se muestra el proceso de ataque y consumo de una babosa de la especie Lehmania valentiana, por parte de una larva de luciérnaga mediterránea que descubrí en mi jardín a primera hora de la mañana, cuando caía una fina llovizna, entre sol y nubes. Tanto las babosas como las luciérnagas son animales nocturnos, pero en estos días húmedos otoñales pueden alargar su ciclo vital diario debido a que la mañana es más cálida que la noche y aún conserva la humedad sin demasiada insolación.



Algunas fotos de detalle para completar lo que se puede ver en el vídeo:

En los primeros momentos vi como la larva mordía a la babosa en cualquier parte del cuerpo. No sale en el vídeo, aún no había empezado a grabar porque me pilló desprevenido. 
Luego ya se dedicó a morder sólo en la boca y parece ser que inyecta una sustancia paralizante que quizás sea el inicio de la digestión interna de la babosa, pues ésta deja de moverse e intentar huir. Cuando ya la tiene inmovilizada, es cuando empieza la verdadera ingestión.


Detalles de la fase de limpieza con las expansiones caudales a modo de cepillo.


Una vez seca la babosa, mordiendo en un lateral para acceder al interior, donde se encuentran las vísceras.

Es de suponer que con los caracoles hará algo similar, siendo más importante que estos se relajen para poder acceder a su interior.

En las entradas del blog procuro usar la menor cantidad posible de palabras científicas y evito detalles excesivamente técnicos. Sólo pretendo llamar la atención sobre determinados hechos. Hay muchos lugares donde buscar más información. Si esta entrada te ha picado la curiosidad, estoy seguro de que el mejor sitio para buscarla es la web "Gusanos de luz", que además colabora con Biodiversidad Virtual.

Si tienes problemas para ver el vídeo en el teléfono, este es el enlace directo a YouTube: https://youtu.be/xwvovdwVwic


miércoles, 14 de octubre de 2020

Chinches escudo (4). La rayada y las chinches de la col

En esta nueva entrada sobre las chinches, la última por el momento, voy a mostrar tres especies que podemos considerar sin ningún género de dudas como las más llamativas y, como decía en el primer capítulo, dignas de figurar en los escudos de los caballeros medievales. Se trata de las especies del género Graphosoma y Eurydema más abundantes en mi zona, la Sierra del Guadarrama.

Sobre la chinche rayada, Graphosoma italicum ya escribí en otra entrada en el 2018, cuando pasé revista a los insectos que acudían al hinojo que tengo plantado en el jardín. Entonces mostraba cómo eran las ninfas que, a diferencia de los adultos, tienen un color bastante discreto y mimético con las ramas y semillas secas de la planta. Puede verse en ESTA ENTRADA. Pero desde entonces he podido ver y fotografiar algunos detalles más de su ciclo biológico y por eso la incluyo aquí.

Cópula de Graphosoma italicum sobre el hinojo donde crían en el jardín todos los años.

A primeros de julio del año pasado, después de haber buscado mucho las puestas entre el hinojo, dada la abundancia de ejemplares que había en esas plantas, encontré a una hembra dedicada a poner, no en la planta, sino en la tela mosquitera de una puerta que da al jardín. Los animales, a veces, hacen cosas que nos resultan bastante incomprensibles. También pude ver que la puesta es relativamente pequeña comparada con la que hizo la Nezara y equivalente en número a la de Carpocoris, que mostré en las anteriores entradas. No sé si será la norma o es circunstancial.

Puesta de Graphosoma italicum sobre tela mosquitera.

Seis días después ya estaban saliendo de los huevos las pequeñas ninfas, que se dispersaron antes de que me diese cuenta y pudiese trasladarlas, espero que llegasen a algún lugar donde alimentarse.

Nacimiento de las ninfas de Graphosoma italicum.

Otra imagen que me quedaba por conseguir es la de la muda que las transforma de ninfa en el quinto estadio a ejemplar adulto. Parece que estos primeros días de octubre tienen prisa por hacerse mayores y encontrar un lugar donde pasar el invierno. Algunos ejemplares buscan refugio en una pared cubierta de hiedra que hay tras los hinojos, aunque el año pasado las llegué a ver en pleno invierno sobre el hinojo incluso en días que caían copos de nieve.

Muda desde el quinto estadio al adulto de Graphosoma italicum en el hinojo ya seco.

En el libro Els heteròpters de Catalunya que tanto me ha ayudado a encontrar información sobre este grupo, llaman chinche grande de la col a la especie Eurydema ornata. Yo no la he encontrado sobre esas plantas, pero sí que he visto en mi jardín a otra especie muy parecida: Eurydema ventralis. Se encontraba sobre una planta muy emparentada con las coles, una brasicácea muy parecida a Brassica napi que creció espontáneamente en el jardín y no he logrado identificar con seguridad.

Eurydema ventralis se reprodujo sobre esa planta, pero para cuando la descubrí las ninfas ya eran de un tamaño considerable, posiblemente del tercer estadio y aparecían mezcladas con ejemplares adultos.

Eurydema ventralis. Cópula sobre planta Brassica sp. en el jardín de casa.

Ninfas y adultos de Eurydema ventralis.

Ninfa de Eurydema ventralis.

Como decía más arriba, Eurydema ornata no la he encontrado en el jardín, pero sí en los prados del entorno. En esta foto podemos ver que parte del diseño que la especie anterior tienen en rojo esta lo tiene en blanco, pero no nos debemos fiar de ese detalle a la hora de diferenciarlas, pues también hay ejemplares rojos en esta especie, como puede verse en la foto del que encontré en Chapinería.

Cópula de Eurydema ornata en el Jardín de Mariposas de Miraflores de la Sierra.

Eurydema ornata con color rojo en Chapinería.

La manera definitiva de distinguir las dos especies entre sí es fijándonos en la forma de las manchas negras de los bordes externos de cada hemiélitro, según sean cortas o alargadas tal y como nos indican en ESTA PÁGINA

Advertiré también que los tonos anaranjados o de rojo más intenso son independientes de la especie, pues así en ocurre en estas y otras especies de chinches.

viernes, 9 de octubre de 2020

Cinches escudo (3): La chinche mediterránea, Carpocoris mediterraneus

Continuo con esta serie dedicada a los hemípteros heterópteros, es decir, a las chinches que he llamado escudo por su forma y colorido.
La chinche mediterránea, Carpocoris mediterraneus, es una de las más abundantes y fáciles de ver en nuestra zona de campeo. Se puede encontrar en muy diversas plantas, pero yo tengo la impresión de que es más abundante en los cardos, tanto en los cardos marianos, borriqueros y otros de su familia, que están en su apogeo más bien en primavera y a principios de verano, como en los falsos cardos corredores más entrado el estío.


Así es como esta especie ha llegado a mi jardín, tanto como en el entorno de prados de mi casa, y las he fotografiado y mostrado en este blog en diversas ocasiones, como puede verse AQUÍ.

Carpocoris en cópula sobre la inflorescencia de un cardo borriquero, Onopordum acanthium, en mi jardín. 30 de junio 2020

Como ya he contado otras veces, todos los años suelo dejar que algún cardo crezca en algún rincón del jardín donde no molesten al paso, porque me dan la oportunidad de observar la numerosa fauna de insectos que atraen. Y no solo insectos, también aves como jilgueros, verderones y verdecillos que me lo agradecen y, a veces, hasta se dejan fotografiar... bueno, solo a veces. 
Pero no me voy a distraer, hoy va de chinches. Así, en la foto anterior muestro una pareja de Carpocoris mediterraeus en cópula, en un cardo de mi jardín.

Puesta de Carpocoris entre las espinas del cardo.

Unos días después de esa cópula, con los adultos aún pululando por el cardo encontré esta puesta y no me cupo duda de que se trataba del fruto de esa unión, ya que era casi idéntica a la que vi hace ya unos años sobre las acículas de un pino en la playa de La Marina, en Alicante, con la protagonista en plena faena. No parece que sea una coincidencia la forma de acícula de los dos lugares de puesta, bien diferente a la puesta, más numerosa y en una hoja plana, de Nezara viridula que mostré en la anterior entrada.
Momento
Momento de la puesta en las acículas de pino. Alicante.

Pensaba que iba a tener la oportunidad de hacer un seguimiento del desarrollo de estas chinches como el que mostré en mi anterior entrada, pero no fue así, el tiempo transcurrió y nada nacía. Y no solo eso, sino que empezó a crecer moho sobre los huevos, lo que indicaba que posiblemente estaba muertos. 
Sin embargo, en algo en equivoqué, no todos estaban muertos, al menos de uno de ellos nació una avispilla parásita, como puede verse en las siguientes fotos.


Me quedé sin poder fotografiar las ninfas en ese momento y han tenido que transcurrir más de 3 meses, desde el 30 de junio hasta el 6 de octubre, para que encuentre una ninfa de la especie, de los últimos estadios, en otra zona del jardín. Ha merecido la pena, es toda una belleza, con los brillos dorados que la adornan.

Carpocoris mediterraneus. Ninfa en los últimos estadios (creo que el 5º) sobre la  lavanda del jardín.

Taxonomía de Carpocoris mediterraneus.

La historia de la clasificación taxonómica de esta especie es bastante compleja y me ha costado dar con la conclusión final que he optado por seguir. 

IBERFAUNA, la base de datos del proyecto FAUNA IBÉRICA del MNCN, no la considera especie válida entre las cuatro existentes en la Península. Sin embargo, cita un artículo que sí lo hace. Es un trabajo del 2013 que puede consultarse en ESTE ENLACE. En él se concluye, con evidencias moleculares, que Carpocoris mediterraneus es una especie válida, muy común en España y diferente que Carpocoris fuscispinus con la que se había sinonimizado. Las dos especies coinciden en muchos lugares del continente europeo, también en varios sistemas montañosos de Península Ibérica. Incluso se han encontrado ejemplares de las dos especies en la misma planta, lo que refuerza la teoría de que son dos especies distintas que no hibridan. Las montañas parecen ser refugios fríos que datan desde las glaciaciones, algo que en el trabajo comparan con la distribución de algunas plantas y a mi me recuerda a las lagartijas serranas. No figuran en el trabajo hallazgos de C. fuscispinus en Guadarrama, así que habrá que fijarse en las zonas más altas. Este trabajo nos muestra fotos muy elocuentes de la forma de diferenciarlas.

Por otra parte, en la Península Ibérica la subespecie aceptada es Carpocoris mediterraneus atlanticus. Pero en el mencionado trabajo parece ser que las diferencias con la otra subespecie Carpocoris mediterraneus mediterraneus no están tan claras.

domingo, 4 de octubre de 2020

Chinches escudo (2). La chinche apestosa: Nezara viridula

Seguimos con las chinches del suborden Heteroptera, con la serie de especies que he llamado chinches de escudo por sus vistosos colores. Comienzo con varias especies de la familia Pentatomidae, que iré mostrando en sucesivas entradas.

En esta ocasión voy a mostrar el ciclo biológico transcurrido en mi jardín, de la chinche verde, también llamada chinche apestosa, de nombre científico Nezara viridula

No lo puedo evitar, cada vez que veo un ejemplar de esta especie me acuerdo del capítulo de los dibujos animados de la abeja Maya donde aparecía un individuo que cuando se asustaba amenazaba con expulsar sus gases malolientes. Mis sobrinos y mi hija se partían de risa con él y, además, aprendían un detalle de la biología de la especie que nunca han olvidado. En efecto, como muchas otras chinches, al verse atacadas o depredadas expulsan un líquido maloliente a modo de defensa y de ahí el nombre común de la especie, aunque igual puede decirse de muchas otras.

Adulto de Nezara viridula. La especie se identifica bien gracias a los tres puntitos blancos que tiene en el escudo, la pieza triangular, justo en la unión con el pronoto.

La observé en el mes de junio en una de las "malas hierbas" que dejo crecer en el jardín, al menos hasta que llegan a ser invasoras. Así ocurrió en este caso con la especie Conyza canadensis, que fue un poco excesiva y tuve que retirar muchas de ellas, pero dejando alguna, lo que me permitió seguir el ciclo biológico de esta chinche.
Puesta de Nezara viridula sobre la planta Conyza canadensis. 

Ya en agosto descubrí en una hoja de esa planta una abundante puesta. En ese momento no sabía de que era, tuve que esperar a su desarrollo para averiguarlo, pues muchas puestas de pentatómidos son parecidas. Sorprende la precisión matemática de la colocación de los huevos.
Día de eclosión. Las ninfas recién nacidas, primer estadio de desarrollo, tienen ese color rojizo. Permanecieron sin moverse de la hoja casi una semana y, se supone, que sin comer, porque estaban casi todas sobre los propios huevos vacíos.

Llama la atención la forma de los huevos, que parecen latas de cerveza, ¡hasta con su anilla para abrirlos! como se puede ver en la foto. 
Huevos vacíos de Nezara viridula.

Las ninfas del segundo estadio son de color negro con unas manchas rojas. Poco a poco se fueron dispersando. Primero se mudaron al envés de la hoja sin separarse mucho, pero luego muchas de ellas subieron hasta el extremo superior, sobre las flores.
Ninfas de segundo estadio, de color negro. Entre ellas una que aún no ha mudado.

Los pentatómidos pasan por cinco estadios ninfales y esta especie varía mucho en su coloración a medida que se van sucediendo las mudas. 
Tercer estadio ninfal, en el que aparecen las hileras de manchas blancas sobre los segmentos abdominales. Aún no se aprecian los esbozos de las futuras alas.

En el tercer estadio todas las ninfas desaparecieron de la planta de la puesta y empecé a ver ejemplares aislados en otros lugares del jardín, especialmente sobre las flores de la hierba de Santiago, Jacobaea vulgaris, que se encontraba a poca distancia. No puedo asegurar que se tratase de los mismos ejemplares de la puesta, pero las probabilidades son muy altas. 
Ninfa de cuarto estadio, ha cambiado de color, pasando al verde propio del adulto y empiezan a verse, poco aún, los esbozos alares. También se distinguen mejor las glándulas odoríferas o repugnatorias, en las manchas rojizas de la línea media.

Al pasar al cuarto estadio las manchas bancas de los bordes desaparecen y se hacen más visibles las alas que están creciendo. También se alarga el cuerpo y van perdiendo la forma redondeada.
Ninfa de quinto estadio, previo al adulto. Se aprecian bien los esbozos alares.

A partir de esa fase, en la quinta y definitiva muda emerge el adulto, con las alas totalmente desarrolladas y preparadas para volar. Además, las glándulas odoríferas pasan de la zona dorsal a abrirse en la ventral. Este ciclo puede repetirse hasta cuatro veces en las zonas de clima más cálido. Es decir, cuatro generaciones anuales.

En fase adulta esta especie puede tener algunas variaciones de color, más o menos verdes y con un borde amarillento en la parte anterior del pronoto, pero no tiene significado taxonómico.

Nezara viridula de la llamada variedad torquata, con los márgenes del cuerpo blanco amarillento.

Además, hay varias especies muy parecidas a Nezara viridula con coincidencias en la distribución geográfica y parecida biología. En el jardín yo he visto también la especie Palomena prasina, que pongo en la siguiente foto, pero igualmente hay especies de los géneros Acrosternum, Brahynema y Chlorochroa. 

Palomena prasina, de aspecto muy parecido a la chinche verde.

sábado, 26 de septiembre de 2020

La langosta egipcia que creció en el jardín


A finales de julio descubrí en las plantas del jardín una bonita ninfa de langosta egipcia, Anacridium aegyptium. En otras ocasiones la he vuelto a ver, cada vez más crecida, incluso he encontrado la delicada exuvia señal de una reciente muda.

Ninfa fotografiada el 28 de julio.


En las fotos se puede apreciar cómo a medida que se desarrolla le van creciendo las alas, hasta que llega a adulto y son funcionales para el vuelo. 

Ninfa fotografiada el 20 de agosto.
Realmente no puedo asegurar que se trate siempre del mismo ejemplar, aunque todas las veces la veía en la misma zona del jardín. Cuando son ninfas, es decir, las fases juveniles, tienen ese hermoso color verde, aunque también pueden ser amarillas o más parduzcas. Pero yo no las he visto de esos tonos. Las adultas, esas sí, son de color gris parduzco.  Uno de los detalles que más llaman la atención, en todas las fases, son las líneas verticales que adornan sus ojos.

Mismo día y ejemplar que en la foto anterior. Vista frontal para mostrar los ojos.

Con esos colores juveniles, sus movimientos relativamente lentos y escondiéndose en la parte de detrás de las ramas o de las hojas, son difíciles de descubrir. Además, se suben a árboles y arbustos alejados de la vista. En mi casa la mayoría de las veces la vi sobre el tallo de las malvas reales. a poco más de un metro del suelo.

Exuvia, donde se pueden apreciar perfectamente todos los detalles de su anatomía externa.
Encontrada el 5 de septiembre.

Ahora en otoño, se pueden ver con más facilidad los ejemplares adultos, porque al asustarse vuelan en su huida y debido a su tamaño llaman la atención. Si no es así, también tienen la costumbre, como muchos otros saltamontes e insectos que viven en las ramas, de esconderse detrás de los tallos, girándose, para desesperación del fotógrafo naturalista.

Ejemplar adulto el 26 de septiembre

En esta fase es cuando se dispersan y pueden encontrarse en lugares aparentemente muy poco apropiados, incluso en el centro de las ciudades, donde las ha llevado su vuelo y el viento. Pasarán el invierno como adultos escondidos entre la vegetación y no es raro que se vean cualquier día soleado, cuando se activan y aprovechan para comer. 

Debo advertir que estas langostas no son tan voraces ni se agrupan perjudicando gravemente los cultivos como sí pueden llegar a hacer las langostas migratorias, Locusta migratoria, más propia de herbazales, ni mucho menos como su pariente del desierto Schistocerca gregaria.

Tiene una amplia distribución geográfica en el Paleártico templado, Europa, Africa y Oriente Próximo, prefiriendo zonas relativamente cálidas.

Se aparean a finales de verano o principio de otoño, antes de la hibernación, y hacen la puesta cuando llega la primavera, enterrando los huevos en el suelo.

Es uno de los saltamontes, familia Acrididae, más grande de nuestra fauna y presa codiciada por reptiles, mamíferos insectívoros y aves, incluyendo pequeñas rapaces.

 

viernes, 28 de agosto de 2020

Chinches escudo (1)

Hay dos grupos principales  de chinches con su dorso muy coloreado y dibujos llamativos que podríamos llamar chinches escudo por sus diseños y colores. Unas son las Pentatomidae, de formas anchas y que recuerdan a los estandartes medievales y otras, las protagonistas de esta entrada, de formas más estrechas y alargadas, generalmente con fondo de color rojo y dibujos en negro, que recuerdan más bien a los escudos de algunas tribus africanas.

A pesar de ser muy parecidas entre sí, las especies ibéricas de ese segundo grupo, pueden pertenecer a familias distintas. A casi todos ellos se les suele confundir con la especie más conocida, el zapatero o chinche de las malvas, Pyrrhocoris apterus pero, como veremos, aunque tengan también un ciclo vital semejante, pueden pertenecer a otras familias. 

Pyrrocoris apterus 

Pyrrocoris apterus pertenece a la familia a la que da nombre, Pyrrhocoridae, que tiene dos especies muy parecidas en la Península Ibérica. Su nombre específico "apterus", es debido a que sus alas membranosas pueden ser reducidas y no funcionales (aunque hay ejemplares que sí las tienen desarrolladas), asemejándose a ninfas a las que aún no les han crecido. La otra especie, de la que no tengo fotografía, es Scantius aegyptius, que es casi igual pero que sí tiene alas funcionales en estado adulto. Esta familia se diferencia de las demás en que no tienen ocelos (ojos simples) al lado de los ojos compuestos. En las siguientes especies se pueden apreciar esos ocelos, aunque a veces sean difíciles de ver por la pigmentación negra de la cabeza.

El nombre de chinche de las malvas es muy adecuado porque las semillas de esas plantas suele ser su más frecuente fuente de alimentación. De hecho el ejemplar de la foto estaba sobre una malva real del jardín, aunque tampoco hacen ascos a otros vegetales e incluso alimentos de origen animal, como carroña o huevos de otros insectos. A veces se encuentran agrupados decenas de ejemplares. Sobre todo en condiciones meteorológicas adversas, escondidos bajo piedras, cortezas o entre los huecos de ladrillos de edificios y escombros. Se ven más a menudo en el suelo que las especies que voy a mostrar a continuación, que encontramos frecuentemente en las plantas y sobre todo en las flores.

Lygaeus equestris

Otra familia con especies parecidas es Lygaeidae. En nuestro jardín he encontrado Lygaeus equestris, que es difícil de diferenciar de Lygaeus simulans. Su planta nutricia más común es el diente de león, Taraxacum, pero también se encuentra en otras plantas y los adultos se pueden ver en gran variedad de flores como el de la foto, sobre cardo corredor, que también es una compuesta.

Melanocoryphus albomaculatus

De la misma familia es Melanocoryphus albomaculatus. Su distribución se restringe a zonas con temperaturas más altas que la especie anterior, que está mejor distribuida por el norte de Europa, pero en Iberia se encuentra casi en cualquier parte, desde el nivel del mar a la montaña, prefiriendo zonas secas y rocosas. No tienen exclusividad por una planta concreta. Es frecuente verla en la hierba de Santiago Senecio o Jacobaea y en Digitalis, ambas en mi jardín y su entorno.

Spilostethus pandurus

Spilostethus saxatilis

Y otra más, Spilostethus pandurus, de tamaño algo mayor que las anteriores y muy común en esta parte de la Sierra de Guadarrama. Se alimenta en muchos tipos de plantas e incluso llega a ser dañino en algunos cultivos, tanto de árboles frutales como herbáceas. También la he podido ver sobre la hierba de Santiago del jardín. Es curioso que esta planta, que es tóxica, alimenta a muchas chinches, y coincide que ellas, como todas las que estoy mostrando hoy, acumulan los tóxicos de las plantas en sus organismos haciéndose tóxicas a su vez. De hecho, esta especie puede alimentarse de adelfas y de estramonio. Por esa razón tienen colores llamativos, para advertir de su veneno a posibles depredadores. Tiene dos congéneres: Spilostethus furcula, (no tengo foto) y Spilostethus saxatilis.

Corizus hyoscyami

Otra familia con especies de similar aspecto es Rhopalidae, de la que he podido fotografiar, a Corizus hyoscyami. Es de tamaño sensiblemente inferior a las otras especies. La llaman chinche de la canela y su nombre científico proviene de su típica planta nutricia, el beleño negro, Hyoscyamus niger, pero parece ser que también habita y se alimenta sobre otras plantas con tallos u hojas pilosas. En mi jardín así ha sucedido y la he fotografiado sobre jaguarzo blanco, Halimium atriplicifolium

Ninfa de Corizus hyoscyami
Ejemplar adulto recién mudado de Corizus hyoscyami con la cutícula aún no endurecida y coloreada.

Ciertamente las ninfas pasan desapercibidas entre los tallos de las flores ya secas de esa planta. Tiene una sola generación anual y pasa el invierno como adulto enterrado entre la hojarasca del suelo. En las fotos se pueden ver una ninfa y fases del adulto según se va endureciendo y coloreando su cutícula.

                                                                 Rhyparochromus vulgaris

La última familia que voy a mostrar es Rhyparochromidae, que no tienen los colores rojos que las anteriores chinches, pero que tiene también un diseño dorsal muy parecido a las anteriores. Al menos un par de especies: Rhyparochromus sanguineus R. pini, pueden tener colores anaranjados o rojizos. La  que yo he fotografiado en el jardín, Rhyparochromus vulgaris, es más bien negruzca, pero se distinguen esos dos puntos negros tan típicos de las chinches que hemos estado viendo.

Hay otra familia, cuyas especies suelen ser de mayor tamaño y que pueden tener parecidos diseños rojos y negros, pero su aspecto en bastante diferente e inconfundible. Son las chinches cazadoras, mal llamadas chinches asesinas por la traducción del inglés, Reduviidae. Algunas especies son ectoparásitas y chupan la sangre a vertebrados, incluido el hombre.