viernes, 4 de enero de 2019

El hinojo y sus insectos (y 3): Miscelánea

Cierro con esta entrada las dedicadas a la fauna de las plantas de hinojo durante en año 2018. Espero tener la suerte de verme obligado a una nueva etapa este año, bien porque nuevas especies lleguen a esa parte del jardín o porque pueda hacer nuevas e interesantes observaciones que merezcan la pena ser contadas. Vamos a ello:

Sin duda, aparte de las mariposas machaon y la superpoblación de chinches rayadas que mostré en las anteriores entradas, los insectos que más visitaron las flores de hinojo fueron los himenópteros. Pero digo visitaron, con toda propiedad, ya que acudieron a libar el néctar, pero no a desarrollar su ciclo biológico en la planta.
Entre mis favoritas fueron habituales unas avispas cuco, de la familia Chrysididae. Esta familia se caracteriza por parasitar los nidos de otras abejas y avispas. Tengo dudas, pero creo que la de mi jardín es Chrysis ignita, que es depredadora y cleptoparásita, pues se come la larva o el huevo y el alimento almacenado por la madre de su parasitada. La avispa cuco dispuesta a hacer la puesta espera en los alrededores del nido de una abeja solitaria, generalmente Osmia (que cría habitualmente en mi refugio de insectos) u otras Megalichilidae, de las que hacen sus nidos en agujeros de la madera y más raramente a las que anidan en el suelo. Cuando éstas salen de sus nidos, es cuando aprovecha para entrar a poner su propio huevo.
Preciosa avispa cuco Chrysis ignita en el momento de libar de las flores del hinojo.
Entre las fascinantes adaptaciones anatómicas de estas preciosas avispas se encuentran el haber adaptado su aguijón en una herramienta capaz de perforar las paredes de los nidos ya cerrados de sus hospedadoras, para introducir su huevo. También un cuerpo duro capaz de resistir los aguijonazos y mordiscos de otras especies de abejas y avispas que las puedan encontrar en su nido. Esto, ayudado de su capacidad para replegarse haciéndose una bola y protegiendo sus patas y antenas, las convierte en invulnerables a los ataques cuando las encuentran en plena faena. Pero es que además, pueden segregar olores muy parecidos a las de sus víctimas que les permiten salir airosas de sus lances.
Con esas armas hay especies en la familia que son capaces de entrar en nidos de avispas sociales. Toda una proeza si consideramos, además, que tiene un tamaño tres o cuatro veces menor que ellas.

Otra, para mi muy elegante, es la avispa cazadora de arañas, Sceliphron destillatoriumEs un tipo de solitaria avispa alfarera, aunque esa "profesión" no es exclusiva de su familia, Sphecidae, estas se diferencian porque sus presas son exclusivamente arañas.
Con barro recogido de orillas de charcas o arroyos, o tras el riego en el jardín, como es este caso, estas trabajadoras avispas construyen una especie de ánfora donde se dedican a introducir las arañas a las que previamente han dormido de un aguijonazo. Una vez bien repleto el nido ponen un huevo en él y cierran la tapa con un último pegote. En un solo día son capaces de hacer ese trabajo y al siguiente hacen otro nuevo en el que repetirán el proceso. Y así hasta quince pequeñas ánforas adosadas unas a las otras o, al menos, muy cercanas.
Avispa cazadora de arañas, Sceliphron destillatorium, recuperando fuerzas a base de néctar para seguir con su actividad de captura para llenar las despensas para sus futuras larvas. 
Para tener "combustible" para tanta actividad, las avispas visitan variadas flores para libar su nutritivo néctar, especialmente las umbelíferas que con profusión florecen a principios de verano, como zanahorias silvestres y cardos corredores. No puedo asegurar si fue la responsable de la desaparición de una araña napoleón que vivía en el hinojo, a la que veremos más adelante.

Otra avispa alfarera, Delta unguiculatum, esta vez de la familia Vespidae. En algunos documentos y libros aún se puede encontrar incluida en el género Eumenes.
A diferencia de las cazadoras de arañas, las Delta capturan orugas, a las que llevan también a un nido de barro. Las orugas pueden tener un tamaño considerable. Sin embargo los nidos los hace separados unos de otros. Además, el barro, como yo mismo he podido comprobar, lo fabrican a partir de material seco, en caminos y zonas libres de vegetación, y amasándolo con su propia saliva.
Los nidos tienen un curioso remate hacia afuera, como un jarroncito. El huevo lo depositan colgando encima de sus adormecidas presas y al nacer la larva cae sobre ellas.
Avispa alfarera, Delta unguiculatum. No conseguí hacer la foto sobre el hinojo, sin embargo, también se posaba con frecuencia sobre el cercano tejo, que en esos días estaba cubierto por melaza caída de los pulgones que estaban atacando al roble americano, Muchos otros himenópetros y dípteros aprovecharon también esa oportunidad y algunos parecían preferir su melaza al polen de las flores del entorno.
Otra parásita de los nidos y larvas de abejas solitarias es la avispilla del género Gasteruption (no he podido llegar a especie a partir de las fotos). Posiblemente se haya beneficiado también del refugio de insectos donde estas crían. 
Ejemplar hembra de Gasteruption. Puede apreciarse el largo ovopositor.
Es fácil diferenciar los machos de las hembras, ya que estas tienen un largo ovopositor, como se aprecia en la primera foto, que utilizan para llegar al interior de los nidos y depositar en ellos sus huevos. No había vez que me acercase a echar un vistazo al hinojo que no hubiese uno o varios ejemplares de esta especie. Incluso los machos persiguiendo a las hembras.
Ejemplar macho de Gasteruption.
 Al hinojo llegaron unas cuantas especies más de abejas y avispas, aunque no a todas las he podido fotografiar, por no llevar la cámara en ese momento o porque se asustaron y no eran tan abundantes como las especies anteriores. Entre ellas, por supuesto, abejas de la miel, también abejorros, especialmente Bombus, aunque estos parecen preferir otras flores del jardín. También avispas del género Polistes que alternan sus viajes al estanque en busca de agua para hacer su pasta de papel con su alimentación a base del néctar de las flores. Y alguna abeja, como la de la foto siguiente, que aún no he identificado.
Abeja sin identificar.
Curiosamente, cuando las semillas de hinojo estaban maduras, las hormigas del género Messor, se dedicaron a subir a los penachos del hinojo y cortar los tallos que sujetaban las semillas para llevárselas o para dejarlas caer, pues en la parte de abajo había muchas más dispuestas a recogerlas. No creo, sin embargo, que sea un comportamiento cooperativo, sino fruto de la casualidad.

Y cambiando de orden de insectos nos encontramos con los abundantes coleópteros. Solo en una ocasión pude ver sobre el hinojo al cerambícido Agapanthia asphodeli, que cría en los gamones (Asphodelus) que son abundantes en los prados del entorno de mi urbanización. Son escarabajos que se encuentran muy a menudo en flores de umbelíferas y otras plantas con ramilletes de pequeñas flores.
Atractivo y fotogénico Agapanthia asphodeli.
Esta otra especie de coleóptero aún no me la han identificado en Biodiversidad Virtual, que es donde me suelen determinar la mayoría de las especies que encuentro en mis paseos fotográficos.
Coleóptero de la familia Mordellidae sin identificar
No podían faltar, como en cualquier otro rincón del jardín las llamativas mariquitas, bien de la especie más común, la de siete puntos, Coccinella setempunctata, o como la de la foto, Adonia variegata (= Hippodamia variegata). No buscan polen ni néctar, sino lugares donde sean abundantes los pulgones para comerlos y para hacer la puesta y que de ellos se alimenten sus voraces larvas.
Adonia variegata (= Hippodamia variegata).
Pero los pulgones no han sido muy abundantes en el hinojo. He visto dos especies en él. Esta primera Cavariella sp. ...
Pulgón, Cavariella sp.

... y esta otra, que es la ubicua Aphis fabae, muy abundante en mi jardín en gran variedad de plantas.

Madre alada y ninfas muy jóvenes de  Aphis fabae.
Pero claro, además de las mariquitas, en el hinojo crió uno de sus más terribles depredadores, la mosca de la familia de los sírfidos, Sphaerophoria scripta. Las larvas de estos dípteros tienen el aspecto de un gusano verdoso y recorren los tallos de las plantas con pulgones, generalmente desde arriba hacia abajo, pero a veces al revés, comiéndoselos sin que se les escape ninguno (se pueden ver en acción en otra planta en esta otra entrada). 
Larva de Sphaerophoria scripta a la caza del pulgón.
Los adultos (imagos) no son carnívoros como sus hijos, sino que liban el néctar de las flores, pues con su potente vuelo gastan mucha energía,
Sphaerophoria scripta adulta libando néctar de la flor del hinojo.
Otros dípteros muy variados acuden también a las flores, aunque no tengo fotos de todos ellos.
Moscarda verde del género Lucilia, las larvas son carroñeras y detritívoras, pero los adultos chupan el néctar y son muy eficientes polinizadores.
Otro depredador casual, que me hizo particular ilusión encontrar en el hinojo, pero que rápidamente voló a otra planta donde puede fotografiarla, fue esta pequeña mantis de la especie  Ameles spalanzania. Muchas veces he visto hembras en el jardín (imagen de hembra), que no tienen alas desarrolladas (ápteras) pero nunca había encontrado machos, que son mucho más activos y de menor tamaño.
Macho de Ameles spalanzania
Aparte de las chinches rayadas de la especie Graphosoma italicum que desarrollaron todo su ciclo biológico en el hinojo y que ahí sigue algún ejemplar adulto pasando el invierno en él, otros himenópteros pasaron por aquí, como el también colorido de rojo y negro Lygaeus equestris...
Lygaeus equestris
... y este otro,  más modesto de coloración y parecido a los Graphosoma en su diseño, Tholagmus strigatus, identificado  por Marcos Roca-Cusachs en el grupo de facebook sobre hemípteros.
Tholagmus strigatus.
Y para finalizar, saliendo del grupo de los insectos, entre las flores del hinojo han vivido varios ejemplares de araña Napoleón, Synema globosum. Es un depredador que caza al acecho a los insectos voladores que acuden a las flores. La gruesa hembra de la siguiente fotografía la pude seguir durante muchos días. A veces, mientras la observaba o fotografiaba se cambiaba de rama o se dejaba caer donde no la podía seguir entre la maraña de ramas y hojas, pero si me alejaba un poco, en menos de cinco minutos, había subido de nuevo a su lugar de caza habitual a través de un hilo de seda, a modo de la cuerda de seguridad de un escalador.
Araña Napoleón, Synema globosum hembra.
También observé un ejemplar macho, mucho más difícil de ver por su pequeño tamaño. Unos y otras puede ser de variados colores, especialmente blancos y rojos, nada tienen que ver con sean de uno u otro sexo, pero el tamaño sí.
Araña Napoleón, Synema globosum macho.

miércoles, 14 de noviembre de 2018

El hinojo y sus insectos (2): La chinche rayada, Graphosoma italicum.

Continuando con la fauna que se vio atraída por los hinojos del jardín, la especie sin duda que más abundante este año ha sido la chinche rayada Graphosoma italicum. Es uno de los insectos, no mariposas, más llamativos con sus contrastados colores rojo y negro. Igual que otras coloridas chinches de la familia Pentatomidae y otras cercanas, me recuerdan a los escudos de los caballeros medievales prestos al torneo. 
Esta pareja dedicada a la reproducción no la fotografié en el hinojo, sino sobre la planta Thapsia villosa que parece ser también muy de su agrado. Me decidí a poner esta foto porque se puede ver el diseño ventral punteado.
Quizás antes de continuar debo aclarar un poco el nombre científico, ya que la mayoría de las personas con algunos conocimientos de entomología ibérica me podrá decir que las protagonistas de hoy son Graphosoma lineatum de toda la vida. Pues sí, eran de toda la vida hasta hace poco. Antes se consideraba que la especie G. lineatum comprendía dos subespecies: G. lineatum lineatum y G. lineatum italicum, pero ahora se han separado en dos especies distintas.
Y estas puestas, perdonadme, no son de Graphosoma, sino de otra chinche que no pude identificar y tampoco está sobre hinojo, sino sobre Andryala integrifolia, también de mi jardín. Pero en mi defensa diré que las puestas de muchas chinches son así, muy parecidas, agrupadas en la planta y con esa especie de tapitas. Empiezan siendo más blancos y, a medida que crece el embrión en su interior se van oscureciendo.
 ¿Y en qué se diferencian las dos especies? Afortunadamente esta vez es fácil para un aficionado como yo, G. italicum tiene las patas negras y, a lo sumo, algunas zonas rojas en ellas. G. lineatum, en cambio, las tiene rojas por completo. Lo que me parece más interesante es que aún no se conoce la distribución de las dos especias al completo y, aunque la mayoría de los ejemplares ibéricos son G. italicum, es posible que también se encuentren G. lineatum, así que en nuestros paseos naturalistas no debemos despreciar a estas bonitas chinches aunque sean comunes y abundantes, habrá que mirarles las patas y, si nos dejan, fotografiarlas.
Ninfa muy joven, posiblemente de fase dos. Tiene apenas un par de milímetros.
Y tras esta larga presentación veamos un poco de su ciclo biológico. Las chiches son del orden de los hemípteros y, como les corresponde, no tienen metamorfosis completa, es decir, no pasan por una fase larvaria. No es que pueda decirse que las crías nacen igual que sus padres, la verdad es que son bastante diferentes, tanto en forma como en color, pero no sufren las drásticas transformaciones por las que pasan las mariposas, escarabajos y moscas. Además, adultos y jóvenes se alimentan de la misma forma y sustancias. Así, los juveniles de los hemípteros no se llaman larvas, sino ninfas, como ocurre en los saltamontes y mantis, por ejemplo. 
Ninfa aún sin rastro de alas poco después de mudar la piel como delata el color claro de su cutícula. Poco a poco se irá oscureciendo como la de la foto siguiente.
Pero el no hacer una metamorfosis completa con estado pupal no les libra de tener que mudar su piel para poder crecer. Las chinches rayadas lo hacen cinco veces. A medida que van pasando por las diferentes fases van cambiando de la forma más redondeada, según salen del huevo, a otra más alargada y, a la vez, les van creciendo las alas, en cada muda un poco más.

Ninfa de la misma fase de la de la foto anterior pero con la cutícula del exoesquelto más endurecido y pigmentado. La mancha central oscura que aparece en el dorso del abdomen es la abertura de la glándula odorífera.
Otra característica típica de este grupo de hemípteros es la posesión de glándulas odoríferas, también llamadas repugnatorias por su mal olor. Esa pestilencia la desprenden cuando se sienten amenazadas y, como los colores llamativos, anuncia que no son un buen alimento. En las ninfas esas glándulas se abren en el dorso del abdomen, que no está cubierto por las alas, pero en los adultos se sitúan en la parte ventral del tórax.

Ninfa en una fase más desarrollada mostrando un inicio de alas. También al poco de mudar.
Hay chinches depredadoras, que cazan a otros insectos, y parásitas, que pican a vertebrados para chuparles la sangre, pero las de este grupo a lo que pican es a las plantas para sorber la savia. Para ello tienen un pico largo, que en reposo se pliega a lo largo de la región ventral, que contiene los estiletes maxilares, para la perforación, un canal de alimentación, por el que succionan el alimento y un canal salival por el que inyectan la saliva para facilitar la succión y digestión del alimento. Debo añadir que no son una plaga importante para la agricultura, pues es raro que alcancen gran número y el daño sufrido por la planta es mínimo.

Y una vez más, la misma fase pero con la cubierta más endurecida y pigmentada. Sin embargo, aún no muestra ni rastro del color rojo de los adultos.
En las plantas de hinojo de mi jardín ha llegado a haber no menos de cincuenta ejemplares de distintas edades, desde recién eclosionados hasta adultos y no por ello el hinojo se ha marchitado. Así, en una sola sesión fotográfica podía retratarlos a todos, pero es imposible hacer un seguimiento de un mismo ejemplar a lo largo de su vida y así poder asegurarme de las distintas fases de su desarrollo, sin privarle de la libertad, cosa que no voy a hacer.

Ejemplar adulto. Se aprecia que el pigmento negro aún no se ha manifestado, irá apareciendo a medida que se endurezca la cutícula.

Es una especie que se encuentra especialmente en umbelíferas y similares, como la mencionada Thapsia villosa, los cardos corredores y las zanahorias silvestres. El momento de mayor abundancia en mi zona, es bien entrado el verano, justo cuando la mayoría de esas plantas están en su apogeo.

Ejemplar adulto en la plenitud de su coloración. Aunque la antena más cercana al observador, que está desenfocada, obstaculiza un poco la visión, se aprecia el pico que está clavado en el pequeño capullo floral.

Así ha sido en mi jardín sobre el hinojo, en pleno verano, aunque la planta ya llevaba semanas floreciendo. Y ahora, bien entrado el otoño, ahí siguen sobre las ramas medio secas, sobre todo ejemplares adultos. Hay días que se agrupan especialmente, como ocurrió uno de los primeros días de viento y lluvia y decidieron juntarse todos, como hacen las mariquitas bajo las piedras. Pero al salir el sol se volvieron a separar y ya no he visto ese comportamiento tan acusado, aunque ha habido días igualmente fríos y lluviosos. Tendré que observar si aguantan el invierno así. Y si lo hacen en las ramas de las plantas o, como espero, busquen un refugio más abrigado, que es muy típico de las chinches.

Grupo de ejemplares adultos que habían pasado la tormenta agrupados y fueron separándose cunado empezó a darles el sol. A la izquierda se ven algunas ninfas en un estado bastante desarrollado, muy camufladas entre las semillas de hinojo. 

Edito esta entrada para añadir una foto más, que me parece interesante. Durante el invierno he visto algunos ejemplares escondidos entre las enredaderas de un muro que se encuentran junto a los hinojos, pero a uno de enero hay un individuo que aún se mantiene en las flores marchitas del hinojo. Lo muestro a continuación.


Hay otra especie muy parecida en la Península Ibérica que tiene punteada la zona del pronoto. En Biodiversidad virtual hay una clave gráfica para diferenciar las chinches rayadas G. lineatum de esa otra especie cercana, la punteada, G. semipunctatum. Aunque en esa ficha aún tiene el nombre desfasado, para ese propósito vale igual. Este es el enlace:

jueves, 18 de octubre de 2018

El hinojo y sus insectos (1). La mariposa Papilio machaon


En mi particular cruzada por fomentar la diversidad de los insectos y otros animales que acuden a mi jardín, el año pasado planté dos matas de hinojo, Foeniculum vulgare, en un rincón soleado. Fundamentalmente, todo hay que decirlo, porque sabiendo que es una de las plantas nutricias de la preciosa mariposa Papilio machaon, tenía la nada secreta intención de favorecer que esa especie llegase y criase en ellas... y que yo pudiese observar su ciclo vital. Igualmente, se puede disfrutar del aroma del hinojo, lo que unido a las otras aromáticas hace que la experiencia de pasear por el jardín sea más “multisensorial”, que está de moda.

Las plantas de hinojo en mi jardín.
El año pasado no lo conseguí. Fue un año muy raro para los insectos y lo achaco a eso. También puede que influyese que las plantas aún eran algo pequeñas. Los hinojos forman una gruesa roseta basal enterrada, que parece un bulbo, aunque no lo es hablando en propiedad, y aunque la parte aérea se seque a finales de verano o congele en invierno, ese falso bulbo crecerá durante el buen tiempo y hará que la planta sea más robusta al siguiente año. Esa especie de bulbos, por cierto, se venden en las fruterías, pero creo que al tener cortada la raíz no crecen si las plantamos, así que es mejor comprar plantas de maceta o intentarlo con semillas.
A pesar de todo, aun sin las mariposas criando, me consolé con que los ramilletes de pequeñas y amarillas flores fueran punto de alimentación y cortejo de otras numerosas especies de insectos y arañas.

Las flores de hinojo con diversas especies de insectos que se sienten atraídos por su aroma y néctar.
Por el contrario, otras dos plantitas que pusimos en el Jardín de Mariposas de Miraflores de la Sierra, se desarrollaron mucho más y sí que sirvieron para que allí criasen las papilios. Quizás llegasen más fácilmente allí las hembras ponedoras al estar aquello en un entorno más natural que mi jardín, que está entre urbanizaciones.
Pero este año sí que han venido y criado varias generaciones de bellas mariposas y en esta serie dedicada al hinojo empiezo con esa emblemática especie.

Adulto, o imago como dicen los entomólogos, de Papilio machaon.
Antes de seguir, debo advertir que Papilio machaon también cría sobre otras plantas, umbelíferas y rutáceas, como Ruta montana, entre otras, pero esa planta no la he encontrado aún en los viveros.
Varias veces, a principios de primavera, vi volar las mariposas alrededor de los hinojos del jardín, pero siempre estaba atareado con otras cuestiones y sin tener la cámara a mano. Y, como suele ocurrir, cuando salía con la cámara las mariposas no aparecían. De hecho, la foto anterior está hecha en otro lugar. No me han dado opción de retratarlas en casa.

En estas fotos, que me ha cedido amablemente Teresa Ajenjo (gracias), puede verse en el hinojo de Miraflores un huevo de Papilio y una larva que ha realizado su primera muda.
Después de mucho mirar y remirar no descubrí los huevos, cosa que sí hice en Miraflores. Sin embargo, al poco encontré las pequeñas orugas también en mi jardín.

Oruga al poco de eclosionar, en una foto a muy gran aumento.
La luz del flash le da un tono marrón, pero a simple vista parecen casi negras.
Las orugas de papilio nacen con una coloración y aspecto diferente a la que tienen cuando están más crecidas, empiezan siendo casi negras con una mancha más clara en el centro del cuerpo y teniendo pelillos dorsales y laterales en sus segmentos. Recuerdan, en cierto modo, a los excrementos de lagartijas y salamanquesas que quedan sobre las paredes, pero son demasiado pequeñas para confundirlas con los de pájaro. Lo primero que hacen nada más nacer es comerse la cáscara y restos del huevo. No mucho después mudan la piel por primera vez.


Al crecer pronto se aclaran y adquieren el bonito diseño de las orugas grandes. Parece que ese diseño y colorido tan llamativo debería hacerlas muy visibles, pero no es así, de alguna manera logran camuflarse entre el juego de luces, sombras, hojas divididas y tallos y, aun sabiendo que ahí están, hay días que no lograba verlas y al día siguiente las descubría delante de mis narices. 

Larva pequeña, ya con su coloración definitiva pero con los pelillos que desaparecerán más adelante.

He visto que en primavera y principios de verano, cuando la planta está más verde, ellas también son de tono más verdoso, pero al irse secando los tallos que ya han dado semillas, también empiezan a tomar un color más blanquecino y amarillento.

Larva ya muy grande.

Las orugas durante el día suelen estar bastante quietas, a veces medio escondidas en las axilas de las hojas del hinojo, que tienen un hueco bastante grande. Por la noche las he visto más activas y comiendo. Es un recurso para defenderse no sólo de los pájaros, sino también de las avispas parásitas, que son diurnas y pueden acudir a poner sus huevos en ellas. E igualmente las avispas cazadoras de orugas.

Como puede verse, las larvas grandes ya no tienen los pelillos de las más pequeñas.

Pero para defenderse las orugas de esta familia, y en particular esta especie, tienen otro sistema: El osmaterio. Este es un órgano bulboso y bifurcado que saca entre los pliegues de la cabeza. Por sus extremos expulsa una sustancia maloliente, con el objeto de disuadir a sus enemigos de atacarla. 

Oruga con el osmaterio evaginado y un goterón regurgitado de parte de su último alimento.

Como la molesté más de lo recomendable, para poder ver y mostrar este asunto (perdón oruguilla), no se conformó con eso, sino que también regurgitó parte de su comida… que no tuvo inconveniente en volver a tragar, dicho sea de paso, en cuanto la dejé tranquila.

En esta foto no solamente puede verse el osmaterio, también se ven los ocelos, es decir, los ojos simples de las orugas, en la parte izquierda de la foto. Cuando sea mariposa tendrá unos grandes ojos compuestos.
En las fotos puede verse el aspecto del osmaterio y en el vídeo cómo lo proyecta al exterior. Os aseguro que mi dedo quedó bastante apestado, me costó varios lavados de manos y la sensación de que todavía estaba presente el tufillo una hora después.




Cuando la oruga ya es bastante grande aprecio que comienza a estar más inmóvil de lo normal y que la parte anterior de su cuerpo, lo que se corresponde con el tórax e inicio del abdomen, se empieza a ensanchar. En varios casos he intentado seguir su evolución para encontrar la pupa, pero no lo he conseguido. Puedo asegurar que no se ha quedado en la propia planta de hinojo. Creo por la noche se han trasladado a unas ramas de hiedra cercana, donde hay mucha densidad de hojas. No he podido, por tanto, fotografiarla, mucho menos la mariposa en el momento de emerger. Sí he visto a las jóvenes mariposas revoloteando en el jardín… cuando estaba ocupado haciendo otras cosas como me ocurrió con sus madres. Podía haberlas metido en un terrario o simple caja hasta que formasen la crisálida ante mi vista, pero eso no va con mi forma de hacer las cosas.
Papilio machaon puede tener varias generaciones al año, en número variable según el clima. Pero no son claramente diferenciables como ocurre con otras especies, las sucesivas generaciones se solapan en el tiempo y así, en una misma planta encontraremos orugas de varias edades y tamaños. En casa es posible que hayan sido tres o cuatro. Finalmente, la última generación del verano pasará el otoño e invierno en forma de pupa para emerger a la siguiente primavera como mariposas, así que allí estarán, escondidas, sujetas en un tallo en algún rincón del jardín, esperando al año que viene a ver qué nuevas plantas les voy a proporcionar... Espero no defraudarlas.

domingo, 3 de junio de 2018

Neurópteros. Delicadas bellezas y unos infantes terribles.

Desde que era un crío me gusta especialmente este orden de insectos. En el entorno del piso de mis padres, a orillas del Manzanares, aún quedaba mucho campo cuando nos fuimos a vivir allí y entre otros "bichos" no era raro que entrase en casa alguna que otra crisopa. Las crisopas, que son neurópteros, me parecían fascinantes, con ese color verde intenso, sus ojos dorados y las grandes alas de encaje. Entonces, con apenas 6 ó 7 años, las llamaba "mosquitos verdes"  De una manera curiosa, se quedaron en mi memoria para siempre: Una noche, antes de acostarme, me encontré una crisopa tranquilamente posada  haciendo su puesta en mi cepillo de dientes. Nunca se me olvidará la fila de huevecillos en el extremo de finas sedas... ni el asco que le dio a toda la familia... ja, ja, ja. Es el tipo de cosas que encantan a los niños.
Crisopa sp. Es complicado llegar al nivel de especie con una fotografía.
Más adelante fui aprendiendo más cosas de ellas, como que eran grandes depredadoras de pulgones y, por lo tanto, aliados de los agricultores y jardineros.
Personalmente los neurópteros que nos resultan más conocidos en la Península Ibérica me recuerdan mucho a los odonatos, otros de mis favoritos. Entre los diversos grupos hay unos que se asemejan extraordinariamente a las libélulas y otros que se parecen a los caballitos del diablo. Sin embargo, en absoluto están emparentados el orden Neuroptera con el Odonata. Es como si fuese un orden de insectos empeñado en mostrar evolución convergente con otros grupos que nada tienen que ver con ellos. Más adelante hablaré de otra familia aún más sorprendente.
Los odonatos no tienen metamorfosis completa, como ocurre con los saltamontes y cucarachas, por ejemplo, aunque nos despiste el paso de su vida acuática a vida terrestre, no pasan por una fase de pupa. Sin embargo, los neurópteros sí que sufren esa metamorfosis, como las mariposas y los escarabajos, de los cuales, a pesar de sus extremas diferencias, son grupo hermano.
Libelloides hispanicus. Sus semejanza es tal que su autor, Schäffer, al describir el género en 1763, no pudo menos que llamarlo así: Libelloides, que quiere decir "parecido a la libelula".

Pero también sus largas antenas son un elemento diferenciador y, por supuesto, no tienen la capacidad del magnífico vuelo de las libélulas.
No tengo ninguna buena foto de una especie del género Myrmeleon, pero esta especie, Macronemurus appendiculatus (gracias Jan Tomàs por la identificación), que es de la misma familia, es suficiente para mostrar su parecido con los caballitos del diablo. Como en el género anterior, sus largas antenas los delatan como neurópteros.

Hay algún grupo de neurópteros que tienen larvas acuáticas, pero son los menos, en general sus larvas son terrestres, aunque también sean terribles depredadores. Se caracterizan por tener muy desarrolladas las mandíbulas, que utilizan para atrapar a sus presas, luego se valen de un pico, que clavan en el cuerpo de la víctima, inyectándole jugos gástricos, para succionar su contenido semidigerido a continuación.

Nemoptera bipennis alimentándose de néctar, olvidado su carnívoro pasado.

Sin duda la especie más bonita de nuestra fauna es Nemoptera bipennis, cuyo nombre específico hace referencia a las alas posteriores alargadas y curvadas parecidas a plumas. Con su vuelo pausado llaman poderosamente la atención en los cortos periodos de tiempo primaveral en que pueden encontrarse, entre prados soleados y claros de bosque. Pero hay veces que al posarse entre la vegetación cerca del suelo parecen desaparecer, pues cuesta verlas por su coloración diruptiva. Sus larvas, según se descubrió recientemente, viven en el interior de hormigueros alimentándose de las larvas de sus hospedadoras. Sus huevos tienen cáscara dura y parecen semillas por lo que las hormigas las confunden y las llevan a sus despensas. Parece ser que incluso tienen algo en su cubierta que es como una golosina para las hormigas. Igual ocurre con algunas semillas, que poseen una parte llamada eleosoma o cuerpo graso, que es lo que interesa a las hormigas, siendo el resto de la semilla abandonada ya preparada para germinar. Una vez en el hormiguero nace la larva de Nemoptera y allí parece que adquieren el olor de la colonia y no son atacadas, aunque estén causando estragos en sus cámaras de cría.
Larva de hormiga león que suele pasar su vida enterrada en el fondo de conos de arena donde atrapa a sus presas favoritas: las hormigas.
Como decía anteriormente las larvas de neurópteros son depredadoras y de ellas se puede decir cualquier cosa menos que sean guapas. Ya he descrito la infancia de las Nemoptera, pero las de las Myrmeleon y otras hormigas león no se quedan atrás. Ellas se construyen una especie de cráter cónico en terreno arenoso y se las apañan para quitar todas las piedrecitas más gruesas, dejando sólo la más fina arena, prácticamente un polvillo al que resulta imposible agarrarse para salir de allí. En el fondo de ese cono, enterrada, espera pacientemente nuestra protagonista, vigila, pero no con los ojillos minúsculos que tiene, sino con toda una serie de pelos sensitivos que cubren su dorso y le avisan de cualquier vibración.
Trampas de un grupo de hormigas león, situadas en las cercanías de un hormiguero de Camponotus en un terreno arenoso, al borde de un camino.
Pero además, las larvas no hacen sus trampas en solitario, tienen tendencia a agruparse por lo que las infelices hormigas que pasen por allí tienen muchas probabilidades de caer en una o en otra, máxime cuando se sitúan, para más inri, en las cercanías de algún hormiguero. Por cierto, debido a su hábito de cazar hormigas, a estos neurópteros es por lo que se les llama hormigas león.
Según mis observaciones en el "campo de trampas" que aparece en la foto anterior, cuando las hormigas león han terminado de sacar a las hormigas todo el jugo que pueden, las dejan abandonadas y a veces se encuentran en el borde superior del cráter. Quizás las empujan a la superficie como deshechos que son o como si fuesen granos gruesos de arena que pueden servir para que otras se agarren y se puedan escapar. Curiosamente, las hormigas Camponotus, que son carnívoras, recogen los cadáveres y los llevan a su hormiguero, corriendo serio peligro de caer ellas también.
Hormiga Camponotus atrapada por una larva de hormiga león. ¿Eres capaz de ver su cabeza entre los granos de arena? 
Aquí señalo donde está.
Pero volvamos al momento de la caza. Habíamos dejado a la larva en el fondo de su trampa y a una infeliz hormiga cayendo en ella, los pelillos le transmiten la señal de alarma: ha llegado el momento de actuar. La hormiga se debate intentado subir por las resbaladizas paredes del cráter, a veces hasta lo consiguen, pero rápidamente la hormiga león empieza a echarle encima montones de arena para hacerle caer. Cuando la hormiga llega al fondo está sentenciada, las mandíbulas, como se ve en la foto, hacen presa en ella y entonces empieza a sacudirla para inmovilizarla y enterrarla. Así, lejos de miradas indiscretas como la mía, calma su hambre.

En el siguiente vídeo se puede observar una escena de caza.

En este otro las sacudidas que le da a la hormiga para ponerla fuera de combate
Y por último cuando ya la tiene casi enterrada.


Ni parecidas a libélulas ni a caballitos del diablo, hay otro llamativo grupo de neurópteros completamente diferente a los anteriores, se trata de la familia Mantispidae, que se parece a las mantis religiosas. Digo llamativo por su aspecto, porque es realmente difícil tener la suerte de encontrarlos y son de pequeño tamaño. Tienen todo el aspecto de una mantis, con sus patas anteriores adaptadas para capturar a sus presas e igualmente su tórax alargado y su cabeza bien diferenciada y las alas plegadas de la misma manera. Por si fuera poco, algunas especies tienen el abdomen anillado de color negro y amarillo, como las avispas. Lamentablemente nunca las he visto en vivo ni, naturalmente, podido fotografiar. Las larvas de la especie más frecuente, Mantispa styriaca son parásitas de arañas, parece que en especial de las grandes Lycosa, es decir, tarántulas, comiéndose las puestas y larvas... ya hace falta valor.
En este enlace se puede ver la carpeta de la especie en Biodiversidad Virtual:
Sorprendente ¿verdad?

Información complementaria:
Taxoficha para identificar las especies de Libelliodes ibéricos con sus mapas de distribición también en BV:
https://www.biodiversidadvirtual.org/taxofoto/sites/default/files/neu.14-1-2016.pdf

viernes, 9 de marzo de 2018

Otros refugios de insectos

Tras haber mostrado las observaciones y experiencias en el refugio de insectos de mi jardín bueno es echar un vistazo a lo que he podido ver en otras de estas instalaciones.
La primera de ellas, en la que también participé, es la del Jardín de Mariposas de Miraflores de la Sierra. Es una actividad que está en sus inicios, con poquísimo presupuesto y mano de obra totalmente voluntaria, con lo que no ha podido desarrollarse mucho a pesar de los esfuerzos de Teresa Ajenjo de Biodiversidad Virtual. El refugio se hizo aprovechando una estantería de nuestro amigo José Pascual, también de BV. Digo era porque primero un cierto vandalismo y después una tormenta lo desmontaron. Ya estamos preparando otro para esta próxima primavera. Espero que en estos próximos años vaya creciendo.
A pesar de todo y de instalarse con la estación bastante avanzada, la verdad es que los insectos lo utilizaron:
En esta primera foto se puede ver que las abejas Osmia han sellado uno de los orificos en los troncos, luego hubo alguno más.

Y en el hueco de uno de los ladrillos una avispa alfarera ha hecho su nido de barro. No sé la especie porque nunca la llegamos a ver.
En otro de los huecos fue una Mantis religiosa la que aprovechó el refugio para depositar la ooteca con sus huevecillos.

Entre la hojarasca, palitos y cortezas también criaron las tijeretas, las vimos salir cuando estábamos  reorganizando su interior. 
En la siguiente foto muestro la estructura del próximo montaje, hecho con maderas recicladas. Le faltan las baldas, la impermeabilización del tejado y, por supuesto, todos los elementos como troncos, cañas, ladrillos, etc. que pretendemos sean aportados por voluntarios, especialmente niños, para que así sean partícipes del proyecto.


Otros refugios, que me gustó mucho ver el verano pasado, fueron los situados en el Parque Natural de las Salinas de Santa Pola. Son instalaciones robustas y muy bien protegidas, con un texto explicativo. Creo que es magnífico este tipo de instalaciones en lugares de acceso a visitantes no solo por los insectos en sí, sino por su labor educativa, aunque por experiencias propias sabemos que tienen sus riesgos.
Tiene variados tamaños de agujeros en troncos y cañas, que en ese entorno son muy abundantes.
Claramente lo han utilizado las abejas, que ya han sellado algunos orificios, También se aprecia que algunos agujeros han sido picados, no sé si por algún otro insecto, ave o incluso roedor en busca de larvas.
Y entre las cañas, bien escondido, había un gran saltamontes, no llego a más con la identificación porque no quise molestarlo y en la foto no creo que se pueda identificar.
Y aunque no tengo foto, también habitaban en el refugio un par de orondas salamanquesas, Tarentola mauritanica.

Otro de los refugios interesantes, bien instalado y grande está, en la Reserva Ornitológica de Azuqueca de Henares. Esta es su página de facebook.
Aquí una foto cedida por Mar Mayoral otra amiga de BV.

Y a continuación otras fotos de Manolo Andrés-Moreno, que se ocupa de tan magnífico lugar y ofrece unas educativas y amenas charlas a los visitantes.