sábado, 12 de agosto de 2017

¡Por allí resopla! Cetáceos en Azores

La frase que da título a esta entrada nos transporta, especialmente a los que ya tenemos una edad, no solo a la novela y película Moby–Dick, sino a un sinfín de historias, aventuras y juegos que marcaron nuestra infancia. Y es curioso que aunque la gigantesca ballena blanca, cachalote en realidad, fuese en la novela un animal maligno, no lo era menos el obsesivo capitán Ahab, con lo que era más fácil identificarse con el cetáceo que con su cazador.
Así, está cantado que ver un cachalote, una vez en la vida, sea una de las ilusiones infantiles de casi cualquier amante de la naturaleza, al menos en mi caso, así era. Y dado que no he tenido otro medio a mi alcance para hacerlo por libre, no tuvimos más remedio que embarcamos con una empresa que se dedica a ello, con la ilusión de poder observar cetáceos varios y, con suerte, incluso cachalotes, que son abundantes en las Azores.
Sí, sigo hablando de mis cortas vacaciones en Terceira. Antes de nada, debo decir que la empresa con la que hice la excursión marítima, Oceanemotion, trabajó de maravilla. Aparte de sus explicaciones y esfuerzos por que viésemos el mayor número posible de animales, seguían un estricto código ético: no acercarse a más de 150 metros y nunca por delante de ellos para no cortarles la huída, a no ser que fuesen ellos los que se acercasen (algo que los delfines sí suelen hacer). Eso nos dio mucha tranquilidad respecto al impacto que este tipo de actividades puedan tener y, al menos por el momento, creo que el impacto es bajo. 
Además, superaron con creces el tiempo que teníamos contratado. En cualquier caso, que las gentes de Terceira se ganen así la vida y no, como hace años, cazando ballenas, es un buen motivo para ver estas actividades con satisfacción, incluso por los que no somos muy partidarios de los viajes organizados.
El primer grupo de cetáceos que pudimos ver fueron los calderones de aleta cortaGlobicephala macrorhynchus. Disfrutamos un buen rato de sus evoluciones, aunque apenas si pudimos ver algo más que sus aletas dorsales y algo de la parte superior de su globosa cabeza, de ahí su nombre, por cierto: Cabeza grande morro grande, por si fuera poco. Estaban tranquilos, no parecían verse afectados por los tres barcos que había en su entorno, incluso se acercaban a uno y otro en algunos momentos.
Era un grupo numeroso y entre las fotos que pude hacer, unas mejores y otras peores, he podido distinguir estos individuos diferentes, que se pueden reconocer por las marcas de su aleta dorsal. 
Después de un buen rato nos alejamos y no tardamos mucho en encontrar otra especie, el llamado calderón gris, Grampus griseus. Es un cetáceo de tamaño relativamente reducido, más parecido a un delfín que a los grandes calderones, pero también tiene la cabeza globosa como éstos.
Los ejemplares jóvenes son de color oscuro, pero a medida que crecen van teniendo líneas y manchas claras que van cubriendo su cuerpo, Se ha especulado con la posibilidad de que sean cicatrices donde no vuelve a desarrollarse la melanina, pero se han visto recién nacidos con las mismas marcas. Simplemente, debe ser que la producción de melanina disminuye en los ejemplares adultos hasta desaparecer. De algo parecido traté en una entrada sobre cebrascitando el caso de los caballos blancos, particularmente los de raza española, que nacen negros y se van aclarando al crecer y madurar. 

Estos animales nos entretuvieron también un buen rato, pasando por delante de nosotros muy confiados, incluso las madres con sus crías, y hasta tumbados panza arriba, nadando del revés. Pero no tuvimos suerte y no nos regalaron con algún salto para poder apreciar su curiosa y desconocida belleza. Igualmente, en la siguiente composición de fotos incluyo la relación de ejemplares que se pueden reconocer por las marcas de sus aletas dorsales.

¡Por allí resoplan!
¡Por fin pudimos ver cachalotes! 
Como en las mejores películas de balleneros, su chorro de agua pulverizada se vio en la distancia en ángulo oblicuo, facilitando su identificación. Al acercarnos, el lomo con su aleta apenas insinuada, no dejó lugar a dudas. Nos advirtió la guía al acercarnos: “si asoman la cola es que se van a sumergir y lo pueden hacer a miles de metros y por mucho tiempo, así que les vamos a perderemos de vista". Cachalote, Physeter macroceohalus.

Dicho y hecho, un par de fotos del movimiento similar al que los buceadores llamamos “golpe de riñón” y para el fondo. A falta de dorsal, las muescas de la cola son las que permiten a los científicos que los estudian reconocerlos individualmente. Por eso incluyo las dos fotos aunque parezcan algo repetitivas, para que se vean bien.
También vimos delfines mulares, Tursiops truncatus o, como dicen los anglosajones, de nariz de botella, aunque esa denominación se da también a otra especie y puede llevar a confusión. De lejos los vimos saltar, pero tras acercarnos, tampoco tuvimos suerte. Eso sí, se dedicaron a pasar por debajo del barco dejándose ver, aunque no fotografiar. La visión más cercana fue a contraluz y muy mala para hacerles fotos. 

Ya íbamos de vuelta, se nos había pasado la hora, pero el barco dio la vuelta, en la lejanía se distinguía apenas unos bultos oscuros y un chorro de vapor. Se trataba de zifios (familia Ziphiidae), aunque nos advirtieron que eran animales muy asustadizos. En efecto, aunque se paró el barco para acercarnos muy lentamente, se asustaron antes de poder distinguir la especie. La foto, a gran distancia y un buen recorte, es meramente testimonial.

En varias ocasiones el barco pasó cerca de tortugas que tomaban el sol flotando, pero como la prioridad (y el contrato) era la visión de cetáceos, pasamos de largo. Sin embargo, a la vuelta y una vez la misión cumplida, nos acercamos a una de ellas y pude fotografiarla. Se trataba de tortuga boba, Caretta caretta. 

Para que los cetáceos puedan vivir en esta zona del Atlántico, tienen que tener alimento y pudimos también comprobar que así era en nuestros paseos por el puerto de Angra do Heroísmo, la capital de Terceira. Durante todo el día, pero especialmente por la noche, el puerto estaba repleto de personas pescando calamares con caña y las capturas eran numerosas y continuas. Los calamares son la principal fuente de alimento de estos cetáceos, especialmente de los cachalotes y calderones.

Y no está de más añadir que la mayoría de los restaurantes de Terceira los preparan de maravilla, como el resto de comidas, auténticas y tradicionales, no como algunos lugares turísticos en España, que han sucumbido a lo que llaman comida internacional, es decir pizza, hamburguesas y poco más.

sábado, 29 de julio de 2017

Isla Terceira, Azores y sus herpetos introducidos.


En las páginas de este blog pocas veces he salido de la Sierra de Guadarrama o de mi propio jardín, pero hay ocasiones que lo merecen y esta vez el motivo es mi reciente y corto viaje a la Isla Terceira en las Azores.

Como isla volcánica, alejada de la costa y posiblemente alejada de alguna corriente que le haya podido traer náufragos naturales en masas de troncos y ramas, que es una de las formas de colonización para pequeños animales terrestres, Terceira y el resto de las Azores no poseen ningún anfibio o reptil autóctono. Ahora mismo, que yo sepa y haya comprobado, en Terceira solo hay una especie de anfibio introducido, la rana común, Pelophylax perezi, y un reptil, la lagartija de Madeira, Teira dugesii. 


Lagartija polizón e invasora.
Parece ser que la lagartija de Madeira llegó a Terceira el siglo pasado a bordo de los barcos de intercambio comercial con otras islas y así ha llegado también al Portugal peninsular y a Las Palmas de Gran Canaria. Tal y como he visto, ocupa casi cualquier hábitat rocoso, tanto alejado de las áreas urbanas como en zonas humanizadas, con una especial preferencia por las grandes rocas cercanas a la orilla del mar y por los muros de separación de fincas. Creo que en Canarias puede ser un peligro para las especies de lagartos autóctonos del género Gallotia.
Típico ejemplar macho.

Diseño y coloración
He observado que los machos son de coloración muy variable, en fondo muy ocuro, casi completamente negro con pequeñas manchitas que van desde el castaño dorado hasta el azul, pasando por el verde, muy brillantes. Al parecer, según la bibliografía, el color del vientre puede ser muy intenso, amarillo o anaranjado, pero no he podido comprobarlo debido a mi habitual costumbre de no manipular los animales que me gusta observar. También dice la literatura que los cambios de color pueden suceder muy rápido en momentos de estrés. Las hembras me recuerdan más a Podarcis e Iberolacerta, con bandas oscuras laterales y color predominantemente castaño, aunque las he visto más grises, igual que los ejemplares jóvenes, creo que siempre de diseño parecido a las hembras, sin haber diferenciado a que sexo pertenecían.. 
Hembra adulta sin apenas punteado en los laterales.
Comportamiento
Veo que hay poca información sobre el comportamiento y por eso me voy a atrever a describir mis propias observaciones, aunque no puedo estar seguro de si será igual en otros lugares de su distribución geográfica o en otras épocas del año, ya que solo puedo dar datos de una semana del mes de julio en la que, evidentemente, en viaje familiar, solo pude dedicarles algunas horas.
Robusta cabeza de un ejemplar macho muy grande.
He leído que en Lisboa son poco asustadizas, no puedo decir lo mismo de Terceira, creo que ha sido una de las lagartijas más complicadas de fotografiar. Para empezar, apenas me dejaban acercarme y cuando huían no hacían como otras lagartijas, que al rato vuelven a aparecer en el mismo lugar, su favorito, para seguir tomando el sol, sino que reaparecían varias rocas más allá y sin dejar de mirarme prestas de nuevo a la huida. Eran sensibles al ruido del obturador de la cámara, que les hacía sobresaltarse como nunca he visto. Y no solo eso, al intentar fotografiarlas con objetivo macro (de 100 mm) y flash, el pequeño destello de medición que emite el TTL las asustaba irremediablemente y solo conseguía sacar una foto movida en plena huida. En consecuencia, casi todas estas fotos están realizadas con un objetivo zoom 100-400 mm y en no pocas ocasiones al máximo de su extensión. Para ponerlas aquí, además, las he recortado.
Ejemplar joven, mucho más grácil y de típica coloración de fondo gris.
Lo primero que me llamó la atención cuando las vi por primera vez fue su manera de moverse entre las rocas, algo diferente a las lagartijas de roca y de suelo peninsulares. Yo diría que utilizan más la cola como soporte y ayuda en sus movimientos entre las piedras que otras lagartijas que simplemente "la llevan detrás"
Macho donde se adivinan los tonos verdes y azulados.
En los muros de roca volcánica con remates de cemento en su cima, la mayoría de los grandes machos los encontraba en huecos situados a ras de suelo, donde supongo que encontrarán más alimento cerca de la vegetación. Los jóvenes, por el contrario los veía la mayor parte de las veces arriba del todo, en la zona de remate de cemento. Eso no quiere decir que unos y otros no puedan aparecer y desaparecer casi por cualquier lugar y resquicio, sobre todo cuando se asustan. Jovenes y hembras podía verlos juntos y con un macho entre ellos, pero machos juntos no vi nunca, deben ser bastante territoriales.
Otro ejemplar joven.
El comportamiento de curiosidad típico de Podarcis, por ejemplo, mirando al observador o a una mano moviéndose lentamente por la pared de piedra, sólo lo he visto en un par de ejemplares macho, algo menos asustadizos.
Hembra bastante gruesa, posiblemente con huevos.

Alimentación y reproducción
Como muchas otras lagartijas insulares son omnívoras con mucho componente vegetal en su dieta, alimentándose tanto de insectos como de plantas (hojas, flores y frutos). En Madeira se consideran serios enemigos en los cultivos de viñas. Por otra parte en el Terceira los insectos son francamente escasos y creo que no justificarían la abundancia de lagartijas que hay. Sólo en una ocasión las puede ver comer, ejemplares jóvenes, varios juntos. Cazaban unas minúsculas hormigas, para lo cual ladeaban la cabeza para cogerlas con los laterales de las mandíbulas.  
No sé si se trata de un macho joven o de una hembra muy coloreada.
En esta época del año había hembras evidentemente grávidas, por lo que deben realizar puestas en este mes, julio, al menos. Dice la bibliografía que hacen una o dos puestas entre mayo y agosto.
Macho con puntos predominantemente verdosos.
Taxonomía
Pueden encontrarse referencias que denominan a la especie dentro del género Lacerta o Podarcis, pero parece que lo más reciente es incluirlas en el género Teira. Realmente las escamas de la zona temporal y timpánica son muy diferentes a las de las especies de esos géneros.
Hembra gruesa y con los laterales muy punteados de color claro.
Se aceptan tres subespecies, las de Terceria corresponden a la subespecie nominal Teira dugesii dugesii (Milne-Edwards, 1829).
Pido disculpas por la calidad de la foto, pero no podía dejar de ponerla por ser el caso más extremo de macho con coloración azulada que pude encontrar. Fue el primer día y pensaba que volvería a ver más ejemplares así, por lo que no insistí. Si llego a saber que no vería más iguales, me quedo más tiempo para hacerle más fotos. Era espectacular.
Hábitat
A continuación pongo tres fotografías del típico hábitat donde encontré las lagartijas, las grandes rocas de lava volcánica en la orilla del mar y los muros del mismo material que separan las fincas que cuadriculan el paisaje rural:



Y no me olvido de la rana común. 
El "Lagoa do Negro", en uno de los lugares más turísticos de la isla, entre la "Gruta do Natal" y los "Mistérios Negros", es una gran charca en cuyas orillas se encuentran miles de ranas, Pelophylax perezi, también introducidas. Otras pequeñas masas de agua, encharcamientos y arroyos por donde pasé, no las pude ver ni escuchar, pero no dudo de que las habrá, dada su capacidad de adaptación y expansión.


Puede obtenerse más información de la lagartija de Madeira en el artículo de Alfredo Salvador en su página Vertebrados Ibéricos.
http://www.vertebradosibericos.org/reptiles/identificacion/teidugid.html 

Y salamanquesas...
Me han informado que también hay salamanquesas comunes, Tarentola mauritanica en varias localidades de la isla. No lo había leído ni yo las encontré, a pesar de haberme fijado en las paredes nocturnas, pero no es ninguna sorpresa, ya que sé que se ha encontrado en otras islas .... ¡y en medio mundo! ya que, debido a sus costumbres, es fácil que vayan de polizón en contenedores, palets, materiales de construcción e incluso frutas y verduras transportadas por barcos. Precisamente muchas veces en el entorno de puertos y estaciones de tren es donde primero se suelen encontrar, tanto esta especie como la salamanquesa rosada.

lunes, 8 de mayo de 2017

La primavera de las mariquitas

Una de las cosas que más me gusta de mantener casi silvestre una gran parte del jardín es que, aunque siempre haya determinadas plantas comunes y hasta invasoras, cada año surgen otras nuevas, que tienen una existencia más o menos efímera y pueden ser sustituidas por otras al año siguiente.
Posiblemente sean las diferentes semillas llegadas por azar, que encuentran un lugar donde germinar, las distintas condiciones climáticas de cada año o las dos cosas a la vez, que hacen que se favorezca a unas u otras especies en una preciosa muestra de lo que es la biodiversidad de los ecosistemas en el espacio y en el tiempo.
A partir de esas plantas surgen especies de insectos más o menos específicos, como por ejemplo pulgones, cochinillas y chinches, que se a su vez son atacados por sus correspondientes depredadores parásitos y, rizando el rizo, sus siguientes parásitos.

Pulgones invadiendo un brote de hiedra.
Lo mismo ocurre sobre plantas que siempre están en el jardín, como árboles, arbustos y enredaderas, que cada año pueden tener unos determinados insectos, sean plagas, beneficiosos o indiferentes, según las condiciones climáticas o el puro azar.
Así es como este año una de las hiedras del jardín, que apenas sobrevive la pobre en un lugar demasiado soleado para su gusto, en cuanto las temperaturas se elevaron, se cargó de numerosos pulgones en las ramas. Y así es como aparecieron decenas de larvas de mariquita, Coccinella septempunctata. 
Ya antes las había visto alguna larva y adulto de mariquitas en las plantas del jardín, pero lo de este año ha sido extraordinario. De hecho, coincidieron a la vez larvas en diferentes fases de desarrollo, pupas y mariquitas adultas.

Larva de unos 3mm.
Las larvas más pequeñas son más oscuras y se mueven con bastante rapidez entre las hojas, lo que hace que a veces sea complicado sacarles una foto sin que se pongan en el envés o, simplemente, se dejen caer al suelo como maniobra de huida.
Para hacer la foto ayuda ponerse a ello a primera hora de la mañana, cuando aún no les ha dado tiempo a calentarse y están más torpes.
Exuvia larvaria
Colgando de las ramas pude también observar alguna de las exuvias, esas pieles que quedan tras la muda, a medida que van creciendo, como quien se cambia de camisa. Antes de mudar la larva se sujeta a la hoja por el extremo de su abdomen con una sustancia pegajosa que ayuda a desprenderse de su vieja piel.

Larva a punto de fijarse para pupar.
Según he observado, las larvas más grandes se van haciendo más torpes hasta que de nuevo se fijan a la planta por el extremo final y comienzan formar la pupa que realizará la metamorfosis al adulto.  

Pupa fijada a la hiedra
Pupa junta a un ejemplar adulto.
Y así quedan, fijadas a las hojas durante varios días, supongo que más o menos tiempo según las temperaturas. Generalmente las he visto en el envés de las hojas, pero también más expuestas e incluso adheridas a la pared por donde trepa la hiedra, donde han recibido la lluvia sin que eso parezca afectarles.

Exuvia pupal
Hasta que un buen día lo que se encuentra en la planta es la exuvia de la pupa y no lejos de allí la mariquita recién emergida, aún con sus cutículas blandas y con las manchas de los élitros aún por aparecer.
Imago recién emergida de la envuelta pupal.
Poco a poco va extendiendo las alas y empiezan a distinguirse los característicos siete puntos.

Cuando las membranosas alas posteriores estén secas podrán plegarse para guardarlas bajo las endurecidas alas anteriores o élitros, que se cierran como una caja. Llegado el caso de que las hormigas defensoras de los pulgones las ataquen, las mariquitas se agarran con fuerza a la planta, metiendo las patas y antenas bien encajadas debajo de su cuerpo no dejando resquicio a las mandíbulas de las hormigas.
Y por fin, las mariquitas adultas, imagos, vuelven a andar por la hiedra y, como no, siguen con su dieta de pulgones, e iniciarán un nuevo ciclo biológico aquí o volando a nuevas plantas en su particular lucha biológica contra las plagas de pulgones.

Momento en que una mariquita adulta se está alimentando de pulgones.
Por cierto, quince días después de hacer estas fotos apenas queda algún pulgón en la hiedra,,, ¡ni mariquitas! Pero seguro que en otro rincón del jardín hay un nuevo episodio de las maravillas de la vida, para quien sepa mirar.

lunes, 30 de enero de 2017

Aves del embalse de Pedrezuela-Guadalix

Las aves invernantes y reproductoras en los embalses a pie de la Sierra son un buen aliciente para los paseos naturalistas en un momento en que, con el frío, la naturaleza parece estar detenida en los montes y dehesas serranos. Asi que, a continuación de las excursiones al embalse de Santillana, también me di, estas vacaciones navideñas, un paseo por el embalse de Pedrezuela, igualmente conocido como embalse de Guadalix y anteriormente como de "El Vellón".


Realmente Guadalix de la Sierra es el pueblo que se ve más cercano desde las aguas del embalse, independientemente de los términos municipales. Guadalix, dicho sea de paso, es el lugar donde se rodó la entrañable película "Bienvenido Mister Marshall" de Berlanga y ese hecho se homenajea en la rotonda de entrada al pueblo con una graciosa escultura. 

Historias aparte, el embalse de Guadalix tiene unas extensas orillas con poco desnivel, lo que hace que en verano parezca que sufre una gran desecación, con extensas superficies embarradas y en otoño e invierno parece que ha subido mucho el nivel.

Ante orillas tan despejadas es difícil ver a las aves de cerca y, por lo tanto, complicadas de fotografiar. Para más lío, a esas horas de la mañana sol se encuentra en un ángulo poco adecuado y por eso las fotos son prácticamente a contraluz.


 Sin embargo, como no estoy dispuesto a perder oportunidades, me dispongo a disparar la cámara, aunque las condiciones no sean las mejores y, a veces, hasta obtengo resultados bastante apetecibles. Tal es el caso de la garceta común, Egretta garzetta, que vino a posarse en la orilla y al poco volvió a salir volando.



Un poco más allá dos parejas de patos cuchara, Anas clypeata, nadaban tranquilamente y hasta se acercaron un poco a mi...
... lo que me permitió hacer "retratos" de la hembra y del macho, a no tanta distancia como al resto de las aves de ese día.

Desde luego, son fáciles de identificar con su superdesarrollado pico.
Más complicado me resultó fotografiar a los ánades silbones, Anas penelope, que creo no los había visto antes aquí, en esta zona de la Sierra. Una lástima no pillarles más de cerca, porque son preciosos.
Lo mismo me ocurrió con los ánades frisos, Anas strepera, que sí había visto más veces, sobre todo en Santillana. Es uno de los patos con menos colorido, pero a mi me encanta la filigrana grisácea de su librea, me parece de lo más elegante. La foto está hecha a demasiada distancia como para apreciarlos en lo que valen, aunque es suficiente para identificar la especie.
Por supuesto, los abundantes ánades reales, Anas platyrhynchos, también estaban presentes y, sobre todo, en las zonas de entrada de desagües, cargados de nutrienntes que no parecen tan del agrado de las otras especies. O tal vez porque los reales tienen menos problemas en acercarse a zonas con mayor presencia humana y de ahí su éxito y abundancia. En la foto el ejemplar más cercano es posiblemente una hembra de ánade silbón, de tamaño mucho menor que los reales, como puede apreciarse.
Otro tanto puede decirse de las fochas, aunque este día preferían mantenerse a distancia e incluso se alejaron ante mi presencia, dibujando bonitas estelas en la rizada superficie del agua.
Son muy desconfiadas las gaviotas sombrías, Larus fuscus y patiamarillasLarus michahelis, y no aguantan mucho en su descanso en las orillas ante el paso de los paseantes y corredores que estaban aprovechando este soleado día invernal. De hecho este pequeño grupo, que había visto desde la carretera, salió volando antes de que yo me pudiese acercar, aunque me temo que poco hubiese conseguido. Este día no he visto reidoras, que también son comunes aquí, quizás están todas en el vertedero de Colmenar Viejo.
Allá se fueron las gaviotas al islote de la lejanía, en compañía de los cormoranes grandes, Phalacrocorax carbo, y las garzas realesArdea cinerea, 
Por último, algunos pajarillos andaban por la vegetación del entorno y las propias orillas, pero sólo conseguí una foto decente de esta hembra de tarabilla europea, Saxicola rubicola, hasta las lavanderas esquivaron mi objetivo.