viernes, 28 de agosto de 2020

Chinches escudo (1)

Hay dos grupos principales  de chinches con su dorso muy coloreado y dibujos llamativos que podríamos llamar chinches escudo por sus diseños y colores. Unas son las Pentatomidae, de formas anchas y que recuerdan a los estandartes medievales y otras, las protagonistas de esta entrada, de formas más estrechas y alargadas, generalmente con fondo de color rojo y dibujos en negro, que recuerdan más bien a los escudos de algunas tribus africanas.

A pesar de ser muy parecidas entre sí, las especies ibéricas de ese segundo grupo, pueden pertenecer a familias distintas. A casi todos ellos se les suele confundir con la especie más conocida, el zapatero o chinche de las malvas, Pyrrhocoris apterus pero, como veremos, aunque tengan también un ciclo vital semejante, pueden pertenecer a otras familias. 

Pyrrocoris apterus 

Pyrrocoris apterus pertenece a la familia a la que da nombre, Pyrrhocoridae, que tiene dos especies muy parecidas en la Península Ibérica. Su nombre específico "apterus", es debido a que sus alas membranosas pueden ser reducidas y no funcionales (aunque hay ejemplares que sí las tienen desarrolladas), asemejándose a ninfas a las que aún no les han crecido. La otra especie, de la que no tengo fotografía, es Scantius aegyptius, que es casi igual pero que sí tiene alas funcionales en estado adulto. Esta familia se diferencia de las demás en que no tienen ocelos (ojos simples) al lado de los ojos compuestos. En las siguientes especies se pueden apreciar esos ocelos, aunque a veces sean difíciles de ver por la pigmentación negra de la cabeza.

El nombre de chinche de las malvas es muy adecuado porque las semillas de esas plantas suele ser su más frecuente fuente de alimentación. De hecho el ejemplar de la foto estaba sobre una malva real del jardín, aunque tampoco hacen ascos a otros vegetales e incluso alimentos de origen animal, como carroña o huevos de otros insectos. A veces se encuentran agrupados decenas de ejemplares. Sobre todo en condiciones meteorológicas adversas, escondidos bajo piedras, cortezas o entre los huecos de ladrillos de edificios y escombros. Se ven más a menudo en el suelo que las especies que voy a mostrar a continuación, que encontramos frecuentemente en las plantas y sobre todo en las flores.

Lygaeus equestris

Otra familia con especies parecidas es Lygaeidae. En nuestro jardín he encontrado Lygaeus equestris, que es difícil de diferenciar de Lygaeus simulans. Su planta nutricia más común es el diente de león, Taraxacum, pero también se encuentra en otras plantas y los adultos se pueden ver en gran variedad de flores como el de la foto, sobre cardo corredor, que también es una compuesta.

Melanocoryphus albomaculatus

De la misma familia es Melanocoryphus albomaculatus. Su distribución se restringe a zonas con temperaturas más altas que la especie anterior, que está mejor distribuida por el norte de Europa, pero en Iberia se encuentra casi en cualquier parte, desde el nivel del mar a la montaña, prefiriendo zonas secas y rocosas. No tienen exclusividad por una planta concreta. Es frecuente verla en la hierba de Santiago Senecio o Jacobaea y en Digitalis, ambas en mi jardín y su entorno.

Spilostethus pandurus

Spilostethus saxatilis

Y otra más, Spilostethus pandurus, de tamaño algo mayor que las anteriores y muy común en esta parte de la Sierra de Guadarrama. Se alimenta en muchos tipos de plantas e incluso llega a ser dañino en algunos cultivos, tanto de árboles frutales como herbáceas. También la he podido ver sobre la hierba de Santiago del jardín. Es curioso que esta planta, que es tóxica, alimenta a muchas chinches, y coincide que ellas, como todas las que estoy mostrando hoy, acumulan los tóxicos de las plantas en sus organismos haciéndose tóxicas a su vez. De hecho, esta especie puede alimentarse de adelfas y de estramonio. Por esa razón tienen colores llamativos, para advertir de su veneno a posibles depredadores. Tiene dos congéneres: Spilostethus furcula, (no tengo foto) y Spilostethus saxatilis.

Corizus hyoscyami

Otra familia con especies de similar aspecto es Rhopalidae, de la que he podido fotografiar, a Corizus hyoscyami. Es de tamaño sensiblemente inferior a las otras especies. La llaman chinche de la canela y su nombre científico proviene de su típica planta nutricia, el beleño negro, Hyoscyamus niger, pero parece ser que también habita y se alimenta sobre otras plantas con tallos u hojas pilosas. En mi jardín así ha sucedido y la he fotografiado sobre jaguarzo blanco, Halimium atriplicifolium

Ninfa de Corizus hyoscyami
Ejemplar adulto recién mudado de Corizus hyoscyami con la cutícula aún no endurecida y coloreada.

Ciertamente las ninfas pasan desapercibidas entre los tallos de las flores ya secas de esa planta. Tiene una sola generación anual y pasa el invierno como adulto enterrado entre la hojarasca del suelo. En las fotos se pueden ver una ninfa y fases del adulto según se va endureciendo y coloreando su cutícula.

                                                                 Rhyparochromus vulgaris

La última familia que voy a mostrar es Rhyparochromidae, que no tienen los colores rojos que las anteriores chinches, pero que tiene también un diseño dorsal muy parecido a las anteriores. Al menos un par de especies: Rhyparochromus sanguineus R. pini, pueden tener colores anaranjados o rojizos. La  que yo he fotografiado en el jardín, Rhyparochromus vulgaris, es más bien negruzca, pero se distinguen esos dos puntos negros tan típicos de las chinches que hemos estado viendo.

Hay otra familia, cuyas especies suelen ser de mayor tamaño y que pueden tener parecidos diseños rojos y negros, pero su aspecto en bastante diferente e inconfundible. Son las chinches cazadoras, mal llamadas chinches asesinas por la traducción del inglés, Reduviidae. Algunas especies son ectoparásitas y chupan la sangre a vertebrados, incluido el hombre.

viernes, 19 de junio de 2020

Mirmecofilia: Vivir con hormigas.


A aquellos que les gusta levantar piedras para buscar algún animal de vida subterránea, como anfibios, reptiles e insectos, se encuentran con frecuencia un montón de hormigas, lo que, a no ser que sea ese su objetivo, suele suponer una decepción, porque eso significa que no van a encontrar otros animales.
En esos casos, seguro que los más observadores habrán visto que entre las hormigas destacan unos animalillos parecidos a los pececillos de plata que se ven en los cuartos de baño de las casas. Se trata, en efecto, de lepismas, ahora incluidos en el grupo Zygentoma y antes llamados tisanuros.
La especie más común propia de nuestra Península Ibérica se llama Proatelurina pseudolepisma y vive en hormigueros de diversas especies.

Son muy rápidos y se esconden de la luz en cuanto se levanta la piedra. En mi caso, tuve la suerte de poderlo fotografiar en un hormiguero de Tetramorium forte, donde también puede verse un ácaro entre las larvas. Esas larvas tan grandes, por cierto, serán futuras reinas. Dicho sea de paso, en esta especie varias reinas pueden vivir en el mismo hormiguero, es lo que los mirmecólogos llaman poliginia.

Hay bastantes especies de insectos que viven a costa de las hormigas, bien como huéspedes a los que las hormigas alimentan como si fuesen sus larvas o directamente alimentándose de ellas. Ente ellos llaman la atención las pequeñas mariposas de la familia Licenidae. Algunas de estas mariposas son mirmecófilas obligadas, que necesitan a las hormigas para cumplir su ciclo biológico, pero otras simplemente serán defendidas por las hormigas por segregar un líquido azucarado que a ellas les encanta, como hacen con los pulgones. Para esta especie de hormiga se ha citado a la especie Tomares ballus, cardenillo, y a Leptotes pirithous, gris estriada, que muestro en la siguiente fotografía.

Como la mayoría de las veces, debo la identificación de las especies que muestro a los expertos de la plataforma Biodiversidad Virtual.



martes, 9 de junio de 2020

El "Alien" de las mariquitas.


Iba a empezar esta entrada como tantas otras y como en el enlace que pongo al final del texto, hablando sobre las sorpresas que uno se lleva observando con ojo atento las cosas que pasan en el jardín... ¡Vaya, lo he vuelto a hacer! Pero es que es cierto, los que tenemos inquietudes naturalistas tenemos la gran ventaja de disfrutar al hacer descubrimientos sencillos como el que voy a mostrar. Realmente somos felices con muy poca cosa. Compartirlo es también un disfrute, así que me pongo a ello.
A finales del mes de mayo me encontré con que una de las mariquitas, Coccinella setempunctata, que estaban instaladas en el hinojo del jardín estaba en lo más alto de una de las ramas y tenía un aspecto extraño. En efecto, bajo ella había un pequeño capullo de seda, que parecía sujetar entre las patas.
El animal estaba muerto, o al menos paralizado, como suelen hacer algunos de los parásitos internos de insectos, igual que había visto anteriormente en algunos pulgones.
Varias veces al día, durante otros tres, me acerqué a mirar para ver qué ocurría, hasta que tuve la suerte de encontrarme el capullo abierto y una avispilla andando alrededor. 
Justamente, poco antes, buscando información sobre Hippodamia variegata en el tomo de Fauna Ibérica nº 40, cuyo autor es Santos Eizaguirre, había leído algo sobre un parásito específico de los coccinélidos, la avispilla Dinocampus coccinellae. Con lo que allí leí, y teniendo el nombre, la búsqueda en internet es sencilla.

Y con la información, más sorpresas, esta avispa pone su huevo en las mariquitas con algo de veneno paralizante, pero el huevo va cargado con un virus de ARN que, una vez en el interior de la mariquita, se multiplica y es el verdadero causante de su parálisis, al afectarle al sistema nervioso.
He leído que la mariquita se comporta como un zombi al proteger al parásito bajo sus patas. Quizás lo haga mientras está haciendo el capullo, no lo sé porque yo me lo encontré ya hecho. Pero, al menos en este caso, no es una defensa activa, porque el escarabajo está totalmente paralizado. Quizás la coloración aposemática de la mariquita, avisando de sus propios tóxicos, ayude a que no lo ataquen, como digo, es una protección pasiva, por mucho que puedan gustar las historias de zombis, que no es mi caso, por cierto. Bastante tenemos con tener ante nuestros ojos una historia real como la de la película Alien.
Otra de las curiosidades que presenta este parásito es que la mayoría de los ejemplares son hembras partenogenéticas y al poco de salir del capullo ya están capacitados para empezar a poner huevos. La de mi jardín, no se lo pensó mucho. No sé si llegó a poner alguno, pero la posición del abdomen es bastante elocuente. Tampoco sé si un huevo en una mariquita que ya ha sido parasitada y quizás muerta, tiene futuro. Ya lo veré.
Sin embargo, puede que solo fuese una prueba, pues en algunos sitios he leído que el huevo lo ponen entre los élitros y el abdomen y en otros que lo coloca en posición ventral, pero nunca que lo pongan en la zona de la cabeza.
También ocurre, a veces, que la avispa pone su huevo en una larva de mariquita y que completa su desarrollo cuando esta hace la metamorfosis.
En cualquier caso, según algunos autores, lo más apasionante, es que la mariquita, a pesar de que la larva se ha desarrollado en su interior, alimentándose de sus entrañas, puede que no llegue a morir (en un 25% de los casos) y que una vez que la avispa ya ha salido del capullo, recupera su vida normal e incluso llega a reproducirse. 
La larva de la avispa nada más nacer y entrar en su hospedador, lo primero que hace es buscar, matar y comerse a otros posibles huevos de su especie y para ello tiene unas mandíbulas diferentes a las de otras dos etapas de su desarrollo por las que pasará.
Por el momento mi historia termina aquí, en el momento en Dinocampus coccinellae emprendió el vuelo en busca de otras mariquitas que parasitar.


En la entrada que puede verse en este enlace mostraba gran parte del ciclo biológico de Coccinella setempunctata en la hiedra del jardín, el año 2017 en que fueron especialmente abundantes los pulgones y las mariquitas en esa enredadera.

lunes, 18 de mayo de 2020

Noche de emergencia... de la libélula azul

La noche del 7 y del 8 de este lluvioso mes de mayo emergieron del agua del estanque en el jardín unas cuantas libélulas Anax imperator. Esta especie, y no es la única, suele salir del agua durante la noche, con lo que está más o menos a salvo de los depredadores diurnos, especialmente las aves. También suelen coincidir que en unas pocas noches salen muchos ejemplares, no sé cómo se coordinarán, supongo que influirá el cambio de temperatura de un día soleado tras varios de lluvia y fresco, y no sé si será casualidad que coincidiese también con una noche de luna llena, habrá que comprobarlo.
El día anterior había visto una exuvia en una de las hojas de las plantas acuáticas sobre la superficie del agua, por lo que estuve atento saliendo cada 15 minutos tras anochecer, primero para ver si veía alguna salir y luego, una vez comprobado, para hacer el seguimiento.
Algún éxito y algún fracaso ha habido, con alguna poco colaboradora, pero por fin pude reunir unas cuantas fotos del proceso. Las pongo a continuación y después os cuento una curiosa historia.
Ninfa (náyade) saliendo del agua

Náyade trepando por la hoja.


Tras rasgar el dorso la nueva libélula va saliendo del la exuvia.
La libélula se agarra a la exuvia y cambia de posición



Empieza a extender las alas

Así es como queda la exuvia y la encontramos a la mañana siguiente

Y aquí está el ejemplar a primera hora de la mañana, tomando el sol para secar su alas. Apenas me acerqué salió volando y no pude hacer mejor foto. No necesariamente es el mismo, ya que fueron varias las que salieron.
La anécdota a la que hacía referencia es que tras pasarme más de dos horas entrando y saliendo para hacer las fotos anteriores, a la mañana siguiente, mi mujer me llamó para que fuese corriendo al salón... ¡En las cortinas había una preciosa libélula! 
La saqué inmediatamente, pues estaba chocándose contra la ventana... Pero además, cual fue mi sorpresa cuando vi que ¡en el suelo había una exuvia!
¡Después de haber estado entrando y saliendo al jardín durante tres horas nocturnas, resulta que había tenido el mismo fenómeno a la vista y en el salón de mi casa!
Hay dos posibilidades, no sé cual es más rara de las dos:
La primera, que una ninfa saliese del estanque y recorriese unos 15 metros, incluyendo subir unas escaleras, entrase en la casa por la terraza, si es que me había dejado la puerta abierta en algún momento.
Y la segunda, que creo que es la cierta, que mientras estaba tumbado en la orilla del estanque fotografiando a la libélula emergente, otra se me hubiese subido encima y, sin darme cuenta, la trasladase hasta el salón de casa.

A continuación pongo dos enlaces a otras entradas donde hablé de esta especie. En la primera hablo de generalidades de estas grandes libélulas y se me ve, con más pelo que ahora, haciendo fotos en la misma postura y lugar en la que se me pudo subir la polizón.
https://notasdecampoyjardin.blogspot.com/2009/06/la-gran-libelula.html

En esta otra hablo de las mal llamadas larvas, en realidad ninfas acuáticas y su capacidad depredadora:
https://notasdecampoyjardin.blogspot.com/2011/07/la-muerte-en-las-profundidades-del.html


jueves, 30 de abril de 2020

El pajarero del visillo 2: Otras especies


La anterior entrada la dediqué en exclusiva a los gorriones por su abundancia en ejemplares y observaciones, pero hay otras especies que se he podido cotillear y fotografiar desde detrás de la ventana en estos días de confinamiento, a la espera de poder salir a mi entorno y disfrutar de esta primavera que, por todos los indicios, debe ser impresionante.
Comenzaré con los esquivos mirlos, Turdus merula, que se dejan ver a diario pero rara vez con tranquilidad. Ellos no dependen de las golosinas de los comederos, sino de las lombrices y demás bichillos que pululan por el suelo del jardín. Haciendo eso, son responsables de algunos pequeños destrozos entre las plantas de pequeño porte. Así, arrancan el sedum y las siemprevivas de la rocalla en su exploración buscando el alimento. Se ven en varios sitios del jardín y estoy seguro de que tienen nido, seguramente entre la hiedra, lo que me retiene un poco a la hora de podarla. Como me parece muy interesante y hasta sorprendente, me referiré a unos estudios de hace unos años en los que se descubrió que los mirlos descubren a las lombrices bajo el suelo gracias al oído. En efecto, cuando se observa a un mirlo buscando lombrices se ve cómo tuerce la cabeza para escuchar los sonidos bajo el suelo.
Un buen momento para verlos y hacerles fotos es el del baño, del que disfrutan como casi todo emplumado hijo de vecino. Siempre van solos, o como mucho en pareja, pues son muy territoriales y pendencieros.
Sobre ellos ya escribí hace unos años, cuando descubrí cómo un par de madres se dedicaban a alimentar a sus hijos con los frutos del serbal de los cazadores, cosa que por cierto, a un experto investigador le sorprendió mucho ya que lo normal es que les den de comer proteína animal. Las observaciones de un simple jardín pueden tener más importancia de lo que se piensa. También es curioso que dos hembras se dediquen a alimentar a un solo pollo tras haber perdido una de ellas al suyo. AQUÍ está el ENLACE.
Tras los gorriones y tórtolas, los más fieles al jardín son los carboneros comunes, Parus major, que vienen a todas horas al comedero. Son varios, aunque raramente coinciden, lo sé porque los puedo diferenciar: entre los machos uno es más colorido, otro más pequeño y despeluchado, uno está anillado, además de las hembras. Intento hacer fotos "carnet" de cada uno, pero mucho me temo que me llevará demasiado tiempo.
En la foto anterior una pareja en plena bronca. En la ristra de cacahuetes quedaban pocos con semilla y el macho los tiene acaparados a pesar de la insistente queja de la hembra. Cuando la ristra está repleta no existen esos problemas conyugales.
Otro alimento que les he puesto recientemente, a modo de experimento, y que comen de vez en cuando, es un trozo de tocino. Debo decir que cuando los insectos son abundantes en el entorno, los carboneros dejan de venir al comedero. De hecho en pleno verano los cacahuetes duran semanas, mientras que en invierno tengo que renovarlos cada pocos días. Ahora estamos en una época de transición y empieza a haber insectos, pronto dejarán de venir.
Especial ilusión me hace ver a las currucas capitoradas, Sylvia atricapilla, "rara avis" en el jardín. Se ven con más frecuencia en otoño, a las diversas bayas y frutos que tengo en arboles y arbustos y, muy especialmente cuando el olivo tiene aceitunas, pero ahora en primavera a lo que vienen es a tomar el néctar de las flores. Las descubrí el año pasado en el almendro de mis vecinos, que tiene muchas ramas sobre mi jardín, y estos días pasados las he visto en el árbol del amor, Cercis siliquastrum, como se ve a la hembra en las siguientes fotos.

También, como no, visitan el baño, que siempre tienen a su disposición. En la anterior entrada mostré cómo un macho tenía que esperar su turno hasta que terminase de bañarse un gorrión. Aquí está el mismo, en plena faena.
Es un placer conseguir ver a los verdecillos, Carduelis carduelis, inquietos como ellos solos y difíciles de fotografiar. Como otros años, creo que tienen nido en el jardín. Aquí un precioso macho bebiendo en el estanque.
También bajan a los frutos del olivo, desde los tejados y cables eléctricos donde se suelen posar, los estorninos negros, Sturnus unicolor, pero casi nunca lo hacen a los comederos, aunque varios años han criado en el jardín. Así, estos días me tengo que conformar con verlos de lejos, como este día nublado de hace un par de semanas, cantando al amanecer.
En los tejados también veo a menudo a las urracas, Pica pica y últimamente tienen vigilada la colonia de gorriones de los paneles solares. Continuamente sorprenden con su inteligencia. Me temo que cuando salgan los volantones van a hacer alguna trastada. Visitan el comedero, al menos, dos parejas que se turnan esperando pacientemente a que las anteriores se vayan. Son muy desconfiadas, cuando ellas bajan los gorriones huyen, pero no se atreven a acudir cuando en el comedero hay alguna tórtola, como ya conté en esta otra entrada (AQUÍ).
En la foto, el último día de nieve, en el comedero:
Y hablando de tórtolas, Streptopelia decaocto, las segundas más fieles al comedero, como dije antes. Una pareja viene directa desde un gran cedro del vecindario, donde supongo que tienen el nido. En cuanto salgo al jardín y ven que vuelvo a entrar en casa, deben suponer que les he puesto comida y bajan rápidamente. La mayoría de las veces se llevan un buen chasco, pero no parecen perder la esperanza.
Comparten comida perfectamente con los gorriones y carboneros, pero son intransigentes con otras tórtolas. Sólo baja esa pareja y es siempre la misma, reconozco a una de ellas porque tiene una pluma cobertora descolocada en una de las alas. Como se les ocurra venir a otras, que hay bastantes en el vecindario, la que les montan es de órdago.
A veces las veo también comiendo sedum en otras partes del jardín y también recogiendo ramitas para el nido a primera hora de la mañana, pero no son necesariamente la misma pareja, porque llegan y se van con su carga desde diferentes lugares. El comedero está en el otro lado de la casa.
La última especie que he podido fotografiar desde las ventanas, es la paloma torcaz, Columba palumbus. Son desconfiadas, acuden raramente al comedero, pero sí a beber agua, más en el estanque que en el bebedero que les pongo. También recogen ramitas para su nido. A algunas las veo llegar volando desde más lejos, desde el norte, pero tengo una pareja criando a escasos metros, en un pino de la parcela vecina, al sur.
Y hasta aquí las especies cotilleadas desde las ventanas. Otra cosa son las que pasan volando y veo estando en el jardín. En estos días de confinamiento han sido, que recuerde: buitre leonado y negro, águila imperial, águila calzada, milano real y negro, cigüeña y golondrina. Tengo algunas fotos que no merecen mucho la pena, pero por su importancia, añado a este damero de águila imperial, Aquila adalberti, que es la menos habitual y que más ilusión me hace.


viernes, 24 de abril de 2020

El pajarero del visillo: Espiando a los gorriones




Que me perdone José Mota por tomarle prestado el título, no es "la vieja" sino yo mismo el que se esconde tras los visillos de mis ventanas para espiar a mis vecinos... alados.
En estos días es todo un clásico en las redes sociales de los medios naturalistas mostrar las fotos, fundamentalmente de aves, vistas desde balcones y ventanas. Yo mismo en mi Facebook no he podido resistir la tentación de publicar durante el confinamiento, empezando con el título "Desde el Hide Ventana de la cocina". Si bien llevo años haciendo fotos desde ese lugar y muchas veces mostrándolas en este blog.

No todas las especies que veo consigo fotografiarlas, algunas porque no acuden a los comederos o baños y otras por ser muy desconfiadas y asustarse en el mismo momento en que me asomo, aunque sea a través de dos ventanas con dobles vidrios y, como no, medio escondido detrás del visillo.
Pero hasta los más humildes gorriones son dignos de admirar y apreciar su belleza, aparte de que nos hacen testigos de primera línea de interesantes comportamientos.
Así, comenzando por los gorriones, puedo disfrutar al verlos despeluchados a primera hora de la mañana, al salir de sus nidos y comenzar a atusarse convertidos en una graciosa bola de plumas, aunque la falta de luz y sus movimientos no colaboren para hacer una buena foto.
Poco después vuelan a buscar su desayuno pero no tardan en volver, muchas veces cargados de palitos, plumas y demás materiales para arreglar el nido. Al menos, en los primeros días de nidificación, supongo que pronto estarán más atareados consiguiendo comida para los pedigüeños polluelos.
Este año un gran grupo de gorriones han decidido formar una colonia bajo los paneles solares que mi vecino colocó en su tejado para calentar la piscina. Supongo que ahora que hace fresco les vendrá bien el calorcillo, cuando sale el sol. No se que pasará cuando apriete el calor de verdad, bajo esa superficie negra pensada para absorberlo. Supongo que tendrán que hacer mudanza antes de ponerse con las siguientes nidadas. Las fotos del día de la nevada, hace casi un mes, me recuerdan a cuando yo mismo tenía que palear la nieve para salir al trabajo.


Para recoger el material rebuscan en el suelo y entre los restos que hay en el propio tejado, de los que hayan podido arrastrar unos u otros al salir de sus nidos, pero también arrancan hierbas y ramitas de los árboles cercanos. En casa les gustan especialmente las más finas del taray. 
Hace ya años que desapareció una bonita planta que tenía mi esposa en su zona de jardín, Cineraria maritima (antes llamada Senecio cineraria) que, con sus suaves hojas vellosas les debían encantar para mullir los nidos, y no dejaban una. A este respecto recuerdo que esa planta, igual que su pariente la hierba de Santiago, Jacobaea vulgaris (antes llamada Senecio jacobaea), es tóxica. Se ha afirmado que las aves utilizan plantas tóxicas y aromáticas para mantener sus nidos libres de parásitos. En casa, más adelante porque ahora aún no han crecido, también arrancan ramitas de menta, es posible que con esa función, pero no está nada clara la intencionalidad consciente por parte de los pájaros. En el caso de la cineraria estoy casi seguro de que les gusta por ser un buen y suave aislante. De hecho, también tengo hierba de santiago en el jardín y no la tocan.
En su libro "Un leopardo en el jardín", Álvaro Luna, comenta el caso de los gorriones urbanos que utilizan las colillas de cigarrillo, con su filtro impregnado de nicotina, como material del nido. Está comprobado que esos nidos tienen menos parásitos, sí, pero también se ha analizado a padres y polluelos y presentan anomalías sanguíneas, luego la nicotina no les beneficia para nada. En cualquier caso, más que intención por parte de las aves habría que buscar una ventaja adaptativa y es demasiado pronto para sacar esa conclusión.
Antes de continuar, diré que si bien la primera hora de la mañana es la preferida para recoger material para el nido, se les puede ver haciéndolo a otras horas, pero no tan a menudo. Es posible que el rocío de la madrugada haga que los materiales humedecidos sean más maleables para colocarlos y darles forma en el nido.
En casa tenemos diversos tipos de comederos para atraer a las aves, normalmente no les doy tanto de comer y si lo hago es más bien en invierno, que es cuando más lo necesitan. Esta primavera, de manera quizás un poco egoísta, les pongo algo más y más variado para tener más oportunidades de observarlos y hacerles fotos. 
Algo de pan, muy poco porque poco comemos estos días, y comida para pájaros domésticos es lo que les pongo. De vez en cuando algún resto de fruta, les encanta la manzana, y los cacahuetes que les roban a los carboneros. Ellos son los encargados de extraerlos de las cáscaras... cleptoparasitismo se llama eso, pero esa es de otra historia que conté en otras entradas (AQUÍ la explicación  y  AQUÍ los vídeos).
En pleno verano, más importante que los alimentos, que de sobra encuentran en el campo, es la disponibilidad de agua. En mi jardín tienen los estanques, pero les gusta más su propio baño, con poca profundidad. He visto que no dudan en bañarse con temperaturas de 6ºC. ¡Frioleros no son! Aunque hay que reconocer que no se mojan el cuerpo, el agua no les llega a la piel, solo les vale para peinar las plumas y aislarse mejor.
A veces otros "vecinos" tienen que esperar cola para usar el baño. También se dan sus baños de arena, aunque en la siguiente foto más bien es de gravilla. Creo que lo que hacían era secarse al frotarse contra el suelo.

Hay otras especies, no demasiadas, que he podido ver y fotografiar estos días, pero lo dejo para una próxima entrada.