sábado, 24 de septiembre de 2011

El verdadero nacimiento de las hijas del fuego

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Canibalismo intrauterino en las salamandras.

Este mes he tenido la grata sorpresa de reencontrarme con uno de mis animales favoritos, las salamandras. Últimamente no es fácil verlas en los arroyos de la Sierra del Guadarrama, su población ha disminuido muchísimo y posiblemente se haya extinguido en algunas localidades donde antes era relativamente frecuente. Contaminación, las enfermedades que han afectado a los sapos parteros, el aumento de las temperaturas, introducción de truchas y otros salmónidos, desvío, canalización y desaparición de arroyos... demasiadas amenazas como para que no disminuyan sus poblaciones.


En su "Historia Natural de los Cuadrúpedos ovíparos y de las Culebras" el Conde de la Cepede, Director del Gabinete de Historia Natural de París a principios del siglo XIX, nos cuenta que a la llamada por los antiguos "hija del fuego con cuerpo de hielo" se le ha atribuido la quimérica cualidad, no solo de resistir al fuego, sino también de apagarlo. Además, se le acusa de "poseer el veneno más mortífero, infectando con la ponzoña todos los vegetales de una basta región, pudiendo causar la muerte a regiones enteras".
Estas y otras absurdas creencias causaron y desgraciadamente siguen causando, no pocas calamidades a tan inocentes anfibios, aunque la transformación del medio ha sido mucho peor.
En efecto, las salamandras tienen veneno, pero no emponzoñan nada de su alrededor, solo lo segregan por la piel y especialmente por las glándulas parotídeas (marcadas en el dibujo), cuando algún enemigo lo ataca, como cualquier otro anfibio.
Quizás su hábitat entre musgos y hojarasca en umbríos y húmedos parajes o en chorreantes arroyos de prados montanos estimule especialmente la imaginación. Puede que alguna desdichada salamandra apareciese saliendo de un tronco medio podrido echado al fuego, dando lugar a esas creencias. Por el contrario, la verdadera historia natural de las salamandras no es menos fascinante que esas supersticiones.
 El pincipal carácter distintivo para identificar una salamandra es la coloración contrastada negro amarillo y las glándulas parotídeas

La mayor parte de los urodelos ponen sus huevos en el agua, y así lo hacen también algunas poblaciones de salamandras del norte de África (Salamandra algira), como tantos otros anfibios. En cambio, la mayoría de las salamandras ibéricas (Salamandra salamandra) son ovovivíparas, es decir, incuban los huevos en su interior "dando a luz" en el agua a larvas bien desarrolladas. Algunas en el momento de nacer aún conservan la envuelta membranosa del huevo. Es decir, la eclosión del huevo ocurre justo en el momento de ser puestos y se realiza en el agua.
Una hembra adulta puede "parir" de esta manera entre 20 y 40 crías con sus cuatro patas y los penachos branquiales que les permiten respirar en el agua.


Caracteres distintivos para identificar a una larva de salamandra. Las manchas amarillas en el principo de las patas y el extremo de la cola redondeada.
Pero las salamandras de algunas poblaciones del norte de la Península Ibérica no se conforman con eso, los huevos eclosionan dentro del útero materno y allí respiran a través de las branquias, creen y se desarrollan. ¿He dicho crecen? ¿Pero qué comen para poder crecer? La respuesta es simple: A sus hermanos. Bueno, no solo a sus hermanos, también otros huevos que la madre va produciendo. ¿Existe mayor ferocidad que comerse a sus hermanos antes incluso de nacer? De esa manera no nacen tantas crías, pero las que nacen son más grandes y preparadas para la supervivencia. Además, en el momento del parto ya tienen las branquias completamente reabsorbidas y pueden respirar con los pulmones por lo que no necesitan ser puestos en el agua. Este tipo de reproducción se denomina científicamente adelfofagia. Es la mayor liberación para un anfibio: nacer en tierra firme.

El canibalismo en las salamandras es cosa de familia (nunca mejor dicho) y no solo se presenta dentro del útero materno. En los arroyos de montaña es fácil que en un pequeño tramo haya unas cuantas larvas que quedan aisladas en remansos y generalmente son hermanas. Allí la vida animal no es muy abundante y ante la falta de alimento no dudan en atacarse las unas a las otras y así, no es raro que a alguna le falte una pata, un penacho branquial o el final de la cola, como le ocurre a la de la anterior fotografía.

El Conde de la Cepede decía que afortunadamente se "esparcieron las luces de la ciencia" y ahora más que nunca. Para ver hasta que punto es esto cierto nada mejor que echar un vistazo al artículo de David Buckley y colaboradores, la mayoría compañeros del Museo Nacional de Ciencias Naturales. Os invito a hacerlo, aunque no os lo leáis, solo por ver la fotos de las pequeñas caníbales, pinchando AQUÍ.

Esta entrada está inspirada en un artículo que escribí para el "Observatorio" de la revista Quercus número 27, en 1987. Las fotos están tomadas en San Rafael, Segovia, y los dibujos de la "Guía de Anfibios y Reptiles de Madrid", de la que soy coautor de los textos y autor de los dibujos.

lunes, 5 de septiembre de 2011

Jerarquía visual en la naturaleza

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Antes del verano un amigo me pidió que le ayudase en la búsqueda de ejemplos para un trabajo sobre lógica visual. Por lo que entendía, los conceptos que le estaban enseñando para su aplicación en diseño de audiovisuales, páginas web y demás medios de comunicación, no eran obra de la humanidad, sino de la propia naturaleza.

En efecto, yo mismo había estudiado esos conceptos e intento aplicarlos en mi trabajo diario en el diseño de exposiciones, pero no se me había ocurrido buscar los ejemplos en la naturaleza de manera sistematizada. Fruto de la colaboración entre mi amigo Ángel y yo, es esta entrada.
En la primera fotografía podemos apreciar unas pancartas verticales situadas junto a la carretera. No hace falta que se lean las letras, sabemos a qué se refiere y que en ese lugar, hay un concesionario de automóviles de una marca concreta. En la misma foto y del mismo color, unas espigas verticales de flores destacan entre el resto de hierbas. Puede que nos pase desapercibido porque no va dirigido a nosotros, pero a los insectos, los receptores del mensaje, seguro que no: aquí hay flores con néctar y el precio que hay que pagar por ese trago de dulce líquido es transportar un poco de polen hasta la siguiente flor.


De la misma manera, en la foto del papión nuestros ojos no vagan aleatoriamente por la imagen buscando información visual aquí y allá, van a un lugar muy concreto, el papión está mandando un mensaje muy claro a sus congéneres y a otras especies: aquí hay un ejemplar macho, dominante, y atento a lo que pueda amenazar a las hembras y crías que tiene a su cuidado.

Evidentemente para buscar los paralelismos en la naturaleza tendremos que fijarnos en los animales que utilizan en sentido de la vista para recibir los mensajes de su entorno. Hay también una lógica olfativa y sonora, y no somos inmunes a ellas. Pero hoy toca lógica visual y conceptos concretos con ejemplos concretos:

1. La jerarquía arriba / abajo.

Estamos acostumbrados a que los mensajes principales, los títulos o lo más importante que queremos transmitir, tienen que estar en lo más alto: los monarcas se colocarán en posiciones elevadas y llevarán tocados para elevarse sobre el resto, los titulares de los artículos siempre se colocan en las cabeceras de los textos, los objetos importantes se ponen en lo más alto de las vitrinas de los museos, ... No es distinto en la naturaleza. El lobo dominante lleva su cola en alto, decimos que está en lo más alto de la jerarquía de la manada. Volviendo al mundo de las flores y sus mensajes para los clientes-insectos, las flores están en lo alto de los tallos, muchas plantas tienen en la parte superior de sus espigas o bien flores estériles con formas más llamativas que las de la parte inferior o pétalos superdesarrollados respecto a los que hay más abajo. Así llaman la atención de los insectos que pasan volando. Tal es el caso del cantueso.

2. Jerarquía grande / pequeño.

Siguiendo con los ejemplos anteriores, los titulares se ponen con letras de mayor tamaño que el resto. Quien quiere destacar se hincha, sea animal o humano. Las flores que deben ser polinizadas por insectos son más grandes que las polinizadas por el viento. Ante un paisaje homogéneo, lo de mayor tamaño nos llama más la atención. Pero no ocurre a la inversa: Ante un universo de cosas grandes es difícil que nos fijemos en las pequeñas. El animal que quiere inhibir los ataques se encoje, intenta pasar desapercibido de esa manera.

3. Jerarquía centrado / periférico

A los objetos situados en posición central les damos mayor importancia que a los de las posiciones periférica. Los textos importantes los ponemos centrados. En las vitrinas, el del medio es el objeto más valioso. Las flores nos vuelven a mostrar que son verdaderas profesionales de la publicidad con sus anuncios de néctar.


4. Jerarquía de lo contrastado.

La utilización conjunta de colores que contrasten entre sí, tampoco es un invento humano y, además, no solo se usa para llamar la atención en el momento de ser visto, sino también para ser más fácilmente recordado. Los contrastes de amarillo, negro y rojo están presentes en plantas y animales venenosos, que producen picaduras o que tienen sabor desagradable. Y también por todo un ejército de imitadores que se aprovechan de esa cualidad para engañar al receptor del mensaje.

En el trasero de muchas especies de ungulados sociales no tanto en los de vida solitaria, se aprecian una marcas contrastadas, como en los impalas, que se hacen más evidentes cuando el animal se alarma y levanta la cola. Es un mensaje para el resto del grupo, que también reconocen otras especies que conviven con ellos, como cebras, ñus y gacelas.
5. Jerarquía de lo separado frente a lo grupal.

Como en el chiste de los indios que atacan al fuerte, ¿cuantos ñus hay en la foto?: Un montón delante y uno detrás. En el interior del grupo se pasa desapercibido, el que se aparta llama la atención. Y eso igual que puede ser beneficioso en determinado tipo de situaciones, es muy perjudicial en otras. En el ejemplo de abajo, el ñu que se separa de la manada tiene más posibilidades de ser atacado por las leonas. Un grupo de estorninos que se vea atacado por un halcón tenderá a agruparse para que el depredador no se pueda centrar en ninguno concreto.
Por separado puede entenderse también al ejemplar distinto, como la cebra que hay camuflada entre los ñus, los depredadores pueden optar por fijar su atención en el ejemplar diferente. Así lo harán con un individuo de color distinto, albino o melánico, por eso en la naturaleza es difícil que sobrevivan esos ejemplares. En cambio, en cautividad, en los animales domésticos, es fácil que se conserven esos ejemplares, precisamente por su singularidad.


Sin embargo, hay un momento en el que conviene llamar la atención: el celo. Cuando llega el momento de la reproducción los machos se separan del grupo y hacen sus exhibiciones particulares, sean ciervos, antílopes o aves. En ese momento es más importante ser un anuncio viviente de sus capacidades, que pasar desapercibido ante los depredadores.

6. Jerarquía de lo brillante.

Entre los insectos y entre las aves es muy común la presencia de ocelos y manchas brillantes. Son maneras de llamar la atención, especialmente entre los ejemplares macho en su lucha por conseguir a las hembras. Esas manchas brillantes pueden permanecer ocultas fuera del comportamiento reproductor o desaparecer por completo en los plumajes de invierno para no destacar en exceso frente a los depredadores.

En definitiva, las aplicaciones de jerarquía visual en diseño gráfico son un reflejo de algo que llevamos en los genes desde hace millones de años formando parte de nuestra propia naturaleza. Por eso son tan eficaces.

martes, 30 de agosto de 2011

El pájaro ratón africano, Colius striatus.


Solo tengo unas pocas entradas sobre animales africanos, pero se llevan una buena proporción de las visitas al blog, así que después de una nueva y rápida visita a Mozambique y Sudáfrica irán apareciendo algunos de los animales que he podido ver y fotografiar estos días.
Entre los que más me han llamado la atención se encuentra el pájaro ratón. Pertenece a una pequeña familia endémica de África, llamada Coliidae, que solo cuenta con dos géneros y seis especies, aunque de esta especie, Colius striatus, hay nada menos que diecisete subespecies descritas, repartidas por el África Subsahariana, especialmente en el Este y Sur.
Son de pequeño tamaño, apenas 35 cm contando su larga cola, es decir, que de cuerpo resultan menores que un mirlo. Son ruidosos y se mueven por las ramas en pequeños grupos, llamándose entre sí y trepando por ellas de manera parecida a los loros y periquitos. De hecho, los dedos exteriores de sus patas los pueden colocar hacia delante, como la mayoría de las aves o hacia atrás, como las psitácidas (loros). Su forma de trepar y moverse, tanto hacia arriba como cabeza abajo, y el color pardo y grisáceo, es lo que le da el aspecto de roedor arborícola y lo que le ha valido el nombre de pájaro ratón. Tienen las alas cortas y redondeadas. Una pequeña cresta de plumas les termina de dar su gracioso aspecto.
Se alimentan de todo tipo de productos vegetales, especialmente blandos, como frutas, hojas y néctar. En algunos lugares puede constituir una plaga para los árboles frutales, jardines y otros cultivos. Una lástima en un ave tan bonita.
Al amanecer me sorprendió un grupito que se debía haber tomado un baño y exponía su pecho y vientre empapados a los primeros rayos del sol en lo alto de un frondoso árbol.
Su aspecto era de lo más desaliñado, pero poco a poco fue mejorando. En esa postura, además, me mostró su capacidad acrobática con una postura de patas de lo más curioso.
Pueden verse otras entradas dedicadas a aves del Sur de África pinchando en los siguientes enlaces:





Las fotografías 1, 2, 4 y 5 están tomadas junto a la playa de Bilene, cerca de Xai-Xai, Mozambique. La 3 en el Parque Kruger, Sudáfrica.

miércoles, 17 de agosto de 2011

La hormiga que no lo es y el escarabajo que se le quiere parecer


Los mutílidos y sus escarabajos miméticos.

No son frecuentes ni fáciles de encontrar. Tienen el aspecto de hormigas un poco peludas y caminan solas por el suelo, por esta razón se les ha llamado "hormigas solitarias", también por su aspecto, "hormigas aterciopeladas". Ni son formícidos, que es la familia de las hormigas, ni tienen vida colonial, pues llevan vida solitaria desde el momento de su nacimiento.
Pero ¿qué son?

Pues son himenópteros como las hormigas, pero de la familia Mutillidae, parientes cercanos de las avispas y, como ellas, no solo pueden picar sino que además al hacerlo no pierden el aguijón y por lo tanto no mueren al clavarlo y pueden picar más de una vez. Su picadura, por cierto, es muy dolorosa y no se corresponde con lo esperado de un animalito de apenas un centímetro de longitud. Solo las hembras tienen aguijón.
Cuando se sienten amenazadas se encogen entre los granos de arena escondiendo la cabeza, como si estuviesen muertas, y si se mueven lo harán para salir corriendo. Y otra característica de esta familia es el chirrido que emiten cuando son capturadas entre los dedos (quien se atreva), con unas pinzas o en un cazamariposas. Lo hacen al frotar dos segmentos del abdomen entre sí, que son muy duros.
Los mutílidos son escasos en Europa, pero bastante numerosos en el continente americano, especialmente en áreas tropicales donde hay gran variedad de tamaños y colores.

En casi todas las especies europeas solo las hembras carecen de alas (son ápteras). Los machos sí que las tienen y, cosa rara entre los himenópteros, suelen ser más grandes que las hembras. En alguna especie son alados los dos sexos.
Por esta vez, en esta ligera entrada de verano, no voy a dar nombres científicos, esta familia es muy complicada de trabajar. De muchas especies se conoce solo la hembra o solo el macho y no se sabe si no se estará considerando especies distintas machos y hembras de la misma. Y es que el macho es completamente diferente. No solo por el tamaño y la posesión de alas, sino también por tener otro diseño y colorido. Los machos, además, no son tan "peludos" como las hembras.

Solamente se sabe a ciencia cierta que son parejas de la misma especie cuando se han encontrado copulando o, alguna vez, cuando se han utilizado hembras en pequeñas jaulas para atraer a los machos de su especie.
Los machos, por si fuera poco, se encuentran en microambientes completamente distintos. Así, se les puede buscar entre flores, alimentándose de polen y néctar o entre las ramas de diversos árboles.
Supongo que en cuanto los entomólogos especialistas empiecen a aplicar análisis de ADN con estos animales asistiremos a una verdadera revolución en su clasificación y denominación de las especies. Así se podrá, por fin, emparejar a machos y hembras que quizás ahora estén considerados especies diferentes.
Decíamos que los mutílidos son solitarios desde el momento de nacer. En efecto, como especies parásitas de otras avispas, no conocen a su familia. Meterse en un nido de avispas o de abejorros del género Bombus para poner los huevos en las celdillas de las larvas y parasitarlas no debe ser tarea sencilla para una hembra de mutílido y se dice que para eso le ayuda su cubierta peluda, ya que los aguijones de sus huéspedes resbalan sobre su muy endurecido cuerpo.
Quien haya leído mi anterior entrada sobre mimetismo ya no se sorprenderá de que estos animales, con su dolorosa picadura, tengan sus propios imitadores entre la fauna inofensiva, así ocurre con alguna especie de escarabajos Trichodes (especialistas en mimetismos), arañas saltícidas (especialistas en imitar a las hormigas) y el escarabajo cerambícido, Chlorophorus trifasciatus, que encontré no muy lejos del mutílido de la primera fotografía.


El dibujo que aparece en esta entrada está tomado del libro "Himenópteros de España Fams. Apterogynidae y Mutillidae" de J. Giner Marí, publicado en 1944 por el Instituto Español de Entomología en Madrid.

jueves, 4 de agosto de 2011

La mosca de la lluvia y el mascaflor mesetario

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Anthomyia pluvialis & Mylabris hieracii

Era a principios del pasado junio cuando estaba buscando a los mascaflores y Trichodes que formaron parte de mi anterior entrada sobre mimetismo, me encontré con este escarabajo completamente acosado por más de media docena de pequeñas moscas.
Se trataba de un mascaflor mesetario, Mylabris hieracii, que, como ya vimos es un insecto venenoso. Pero no venenoso porque tenga una picadura dañina, sino porque su cuerpo está impregnado de cantaridina, una sustancia tóxica e irritante, que hace que sea incomestible para las aves y pequeños reptiles. Es más, si uno de estos insectos se nos posa en la piel y lo aplastamos como si fuese un moscardón, podemos tener la desagradable sorpresa de que nos produzca un fuerte irritación de piel en la zona del "impacto".

Sin embargo, estas pequeñas moscas parece que no temían a la cantaridina, sino que más bien la buscaban. En un primer momento pensé que como la cantaridina es también un potente afrodisíaco, la versión cutre y descontrolada de la Viagra en la antigüedad, quizás esta mosca aprovechase su secreción como sé que lo hacen otros insectos.

Pero no era este el caso, la búsqueda de información me llevó a conocer que las moscas de la lluvia y otras especies de la familia Anthomyidae son chupadoras de la "sangre" de otros insectos y a ello se dedican las hembras, mientras que los machos se ocupan de los jugos vegetales.
Las larvas de estas moscas se alimentan de plantas marchitas, hongos y también se han encontrado en nidos de aves, posiblemente llevadas con el material que compone el nido, o quizás las hembras pusieron allí los huevos sobre la materia vegetal.

En honor a la verdad debo advertir que no estoy seguro de que la determinación de la mosca sea correcta al cien por cien, ya que hay otra especie muy parecida, A. procellaris, que solo se puede diferenciar con seguridad estudiando la genitalia. Sin embargo, no me he podido resistir a utilizar el bonito nombre de "mosca de la lluvia" porque ese día mi excursión entomológica se vió interrumpida por un pequeño chubasco. Bueno, puesto a hacer confesiones, también por el inquietante comportamiento de un "pedazo de toro" de raza avileña al que no parecía hacer mucha gracia que yo anduviese por los alrededores de sus vacas.
En efecto el nombre de pluvialis le viene de que estas moscas se observan principalmente en primavera, aunque a veces se encuentren en pleno verano, pero generalmente durante el tiempo lluvioso.
Y ya metidos con la etimología, el nombre del género, Anthomyia, quiere decir mosca de las flores.

Todas las moscas que rodeaban al escarabajo eran hembras ¿Qué cómo lo distingo en un insecto tan pequeño? pues porque los machos tienen un buen par de "ojones", quiero decir que sus ojos son mucho más grandes, de manera que casi se juntan en la zona de arriba de la cabeza. En cambio las hembras, como se puede ver en las fotos, los tienen claramente separados... Por cierto, los que hayan pensado mal están castigados media hora de cara a la pared. Y los que se hayan reído, además, con los brazos en cruz. Esto es un blog casi serio, no se crean ustedes.


Más información: El comentario de Pedro L. Méndez y mi respuesta me da pie a añadir una información sobre lo que observé, que se me había olvidado decirlo pero que es patente en las fotos que he puesto. Las moscas, al subirse al escarabajo, buscaban las zonas de articulación, tanto entre las patas como entre el tórax y los élitros. Es lógico ya que atravesar las placas de quitina del Mylabris debe ser poco menos que imposible para el díptero.

miércoles, 20 de julio de 2011

El rebaño de las hormigas

RELACIÓN DE MUTUALISMO ENTRE HORMIGAS Y PULGONES

Lo bueno de dejar que en algún rincón del jardín crezcan plantas de las denominadas "malas hierbas", es decir, de las que crecen solas y sin cuidados, es que uno no sufre cuando son atacadas por las plagas. Este es el caso de un pequeño matojo de Rubia, que cada primavera aparece en diversos rincones de mi jardín, enganchándose en nuestros pantalones o en el pelo de mi perra cuando pasamos cerca. Pero esos pequeños inconvenientes aparte, la rubia plagada de pulgones me permite observar el interesante comportamiento de pastoreo de las hormigas.

En efecto, las hormigas no solo se aprovechan de la secreción azucarada que producen los pulgones, sino que los defienden de otros insectos y, según algunos autores, incluso los trasladan de planta cuando es necesario. Aunque, Jose Luis en su blog (*) nos cuenta que las suyas no tuvieron ningún inconveniente en comérselos cuando dejaron de producir jugos azucarados porque las ramas de hiedra sobre las que estaban habían marchitado.
También hay otras plantas de jardín que tienen pulgones frecuentemente, como la hiedra, que puede soportar perfectamente la "plaga" de pulgones sin ver mermado su extraordinario vigor.
Como decíamos, los pulgones, cual vacas lecheras, pagan los cuidados de las hormigas segregando un jugo azucarado, que posiblemente no sea producida con ese exclusivo fin, sino que es la manera que tiene el pulgón de deshacerse del exceso de líquido extraído de la planta. Me explico: el pulgón clava el estilete de sus piezas bucales en la planta y succiona savia continuamente, pero de ella solo extrae una proporción de sus sustancias nutritivas. El resto lo expulsa en forma de dulces gotas que son aprovechadas por las hormigas.
En la foto siguiente podemos observar dos pulgones con una gota rojiza, de jugo azucarado, lista para ser servida.

Esas gotas, si no viene una hormiga a recogerlas, caerán y formarán superficies pringosas bajo las plantas donde habitan los pulgones. Como cualquiera que haya aparcado el coche bajo un árbol plagado de pulgones recordará, aunque no supiese a qué era debido.
Si el pulgón no tiene la gota de jugo preparada, la hormiga puede estimular su secreción con unos toques de sus antenas. Esta foto y la anterior corresponden a otra especie de pulgones y a otra planta. En la de arriba se puede observar el pulgón de la derecha con una gota preparada para la hormiga, sin necesidad de ser "ordeñado".
Hay una gran variedad de hormigas que se ocupan de pastorear pulgones y posiblemente existan diferentes grados de ayuda mutua o no tan mutua, igual que existen muchas especies de pulgones distintas, que pueden estar o no preparadas para la relación con las hormigas.
El ciclo biológico de los pulgones es muy complejo y también varía según la especie. Los hay que traen al mundo a sus crías ya crecidas, que ponen huevos, y las dos cosas según sea el ciclo de verano o de invierno. Los hay que solo viven en una especie de planta, en plantas distintas y los que pasan una parte del ciclo en una especie y otra en una planta diferente. Hay pulgones que nunca tienen alas, en otros solo la tienen los machos y en otros tanto machos como hembras. Pero lo más interesante, a mi modo de ver, es la alternancia de generaciones. De los muchos posibles, un ciclo típico podría ser el siguiente:

En primavera nacen hembras aladas de huevos de invierno y vuelan hasta una nueva planta donde se reproducen sin necesidad de ser fecundadas (partenogénesis). De ellas nacen pequeños pulgones que no han pasado por la fase de huevo (viviparismo), que son todos hembras y que pueden reproducirse de nuevo sin necesidad de machos. Así pasan el verano formando una plaga que se multiplica exponencialmente. Llegado el otoño aparece una generación diferente, con alas y con machos, que volarán y copularán. Las hembras así fecundadas pondrán huevos sobre una planta distinta, que no desaparezca en invierno y será su forma pasar la estación más fría. Por el contrario, las plantas atacadas en primavera suelen ser de crecimiento rápido y muchas veces anuales, como la rubia con que comenzamos el relato, amapolas y otras herbáceas.

Según lo anterior lo correcto no sería llamarles pulgones sino pulgonas, pues la mayor parte de su ciclo son todas hembras.

(*) Dedico esta entrada a Jose Luis y a su blog Hormigas Amarillas, que nos muestra interesantísimos detalles sobre estos insectos y sus colonias.

domingo, 10 de julio de 2011

La muerte en las profundidades... del estanque

LAS NINFAS DE LIBÉLULA, Anax imperator



Hace dos años, que puse una entrada sobre las grandes libélulas que volaban y hacían sus puestas en mi estanque de jardín. Puede verse pinchando AQUÍ.

Hace dos meses, me tocó vaciar y limpiar el estanque porque las raíces de las plantas emergentes y capas sucesivas de plantas acuáticas, amenazaban por colmatarlo completamente. Hasta 60 cm era la capa de restos vegetales entrecruzados como si fuese una turbera formada en tan solo diez años. Tuve que trabajar duro, con el agua por las rodillas, retirando bloques irregulares de lodo y materia vegetal, con una gran cuchilla y con azadón. Naturalmente, tanto en el agua como entre los restos vegetales, iban apareciendo algunos de los numerosos habitantes del estanque: pececillos, renacuajos y larvas de los más variados insectos acuáticos. Instalé una piscina hinchable para ir pasando toda esa fauna y una parte de la flora que quería conservar.

Entre ellos habia una gran cantidad de ninfas de nuestra protagonista de hoy: la gran libélula azul, Anax imperator.

La oportunidad, una vez más, de tener que manejar a los habitantes del estanque, me permite observarlos de cerca, e incluso ponerlos en el acuario que suelo utilizar para este tipo de fotografías.

Las ninfas de libélula no tienen la belleza de los animales adultos, pero tampoco están exentas de un gran poder de fascinación. Su aspecto es realmente inquietante y sus costumbres depredadoras aún más. Las piezas inferiores de su mandíbula forman lo que se ha llamado "máscara" que puede ser proyectada hacia delante con la rapidez de la lengua del camaleón, para atenazar a sus víctimas y atraerlas hacia su boca.

Pequeños peces, otros insectos, y especialmente los renacuajos, son presa habitual de estos monstruos prehistóricos.

Cuando la ninfa ha pasado al menos un año en el agua, alimentándose de sus compañeros de estanque, aproximadamente por estas fechas, busca un tallo de planta que salga del agua y trepa por ella saliendo a la superficie. En esta especie eso ocurre durante la noche, y encontrarlo al amanecer aún con la libélula sin salir del todo de su vieja piel, es un hecho excepcional como en este caso, en el que debió tener algún problema y murió en el intento sin llegar a extender las alas.

Hace dos semanas, por lo menos, que ya vuelan las libélulas adultas, pelean por su territorio sobre el estanque y se dedican a hacer sus puestas. Una nueva generación de terribles depredadores acuáticos inicia el ciclo de la vida.