Siempre me han gustado las plantas rupícolas. Son seres adaptados a condiciones límite, tanto en la alta montaña como en latitudes bajas. Se conforman con un mínimo de tierra de la que extraer los nutrientes y aguantan los fríos, la insolación, la nieve y la sequía. Es más, contribuyen a la formación de suelo entre sus raíces y bajo sus hojas, facilitando que otras especies puedan colonizar esos espacios. Ya he tratado en otras entradas sobre los Sedum, que son de la misma familia y parecidos hábitats, pero hoy les toca la vez a las siemprevivas.
Igual viven en un cortado rocoso que en un muro o incluso en los tejados. Este último lugar, por cierto, se ha favorecido por la creencia de que bajo sus aleros, protegen las casas de los rayos durante las tormentas.
Pertenecen al género Sempervivum, incluido en la familia Crassulaceae.
Pertenecen al género Sempervivum, incluido en la familia Crassulaceae.
Dos especies mantengo en las rocallas de mi jardín, son especies ibéricas, pero yo las he comprado en el vivero. Sí es verdad que alguna vez las he visto en la naturaleza, pero no me he decidido a recogerlas.
Sempervivum tectorum


Sempervivum arachnoideum
En la naturaleza suele ocupar sustratos ácidos pero en jardín, las fotos que pongo a continuación demuestran que sobre roca caliza viven sin problemas. Es más montana que la especie anterior, aunque artificialmente puede colonizar muchos otros sustratos.
Las flores de esta especie son más grandes que las de tectorum, pero su ramillete floral es más compacto.
Como en la anterior, la roseta madre termina por morir, aunque eso no nos debe preocupar porque entonces aprovecharán para crecer los hijuelos que hay alrededor de su base.
Creo que la única manera de matar a las siemprevivas es encharcando su base. Parece ser que son bastante propensas a ser atacadas por hongos. Por eso, entre rocas y con un buen drenaje, aunque se mojen a diario, se desarrollarán sin problemas.

Como siempre digo, este no es un blog de jardinería, hay muchos otros lugares en la red donde encontrar información sobre las mejores condiciones de cultivo y las muchas variedades de terraza y jardín.
Aparte de las variedades cultivadas hay cinco especies ibéricas, las ya mencionadas, S. montanum, S. vicentei y S. minutum, más varios híbridos naturales, aparte de otra especie, S. calcareum, que puede que se encuentre en la Cordillera Cantábrica o en Pirineos. Es muy parecida a S. tectorum pero con flores de color blanco-amarillento. Sus poblaciones más próximas están en el Sur de Francia.
Pues comparto contigo Jesús, ese gusto por las especies rupícolas y las que no lo son tanto. Esas que no les ha quedado otra alternativa que prosperar como miniaturas entre las fisuras, huecos y cualquier resquicio que les permitiera enraizar: me refiero a sabinas rastreras, higueras, lentiscos, cornicabras etc. Cuyo tallo retorcido y grueso, soporta con el paso del tiempo y la escasez de nutrientes en sus raíces, el heroico acontecimiento diario de sobrevivir sujetándose a la complicada vida que le dispensa la roca.
ResponderEliminarSaludos
Si además te gusta y practicas un poco la jardinería las rupícolas son una bofetada a tu orgullo jardinero.
ResponderEliminarCuando ves lo que te cuesta sacar según que especies, dandoles tierra "gloria bendita", humedad "amor del cielo", agua "calidad feten" .... y luego sales al monte y las ves metida en una grieta de la roca, al sol, sin agua y con una edad que duplica la tuya propia!!
El mundo es injusto ... :)
Gracias por vuestros comentarios Javier y Trebol.
ResponderEliminarYo soy un negado para la jardinería, lo que mejor se me da es lo que menos hay que cuidar, por eso me identifico con las rupícolas.
Siempre resultan fascinantes las rúpicolas. Aunque las siemprevivas, además de interés ecológico y fisiológico, aportan una notable estética que las hace tan populares en jardinería como frustrantes cuando no se tiene en cuenta su peculiar ecología.
ResponderEliminarAfortunadamente, Jesús, en tu jardín reúnes todo un catálogo de ambientes y sabes sacarles partido.
Saludos.
Casualmente el otro día nos mostraban a la siempreviva en la casa de un pueblo donde terminábamos la ruta. La verdad que estaba preciosa, y era el orgullo de sus vecinos. Cubría todo un poyete rocoso. Nunca me había parado a mirarla, y me resultó muy curiosa, incluso su nombre.
ResponderEliminarMás ahora que leo tu entrada!!
Perdonad, Javier y Mamen, el retraso en contestaros. He estado unos pocos días fuera y sin conexión.
ResponderEliminarSupongo, Javier, que el buen jardinero es que sabe identificar las verdaderas necesidades de las plantas, no solo el que se dedica a regar y abonar. Nuestro entorno es duro, muy frío en invierno y demasiado caluroso y seco en verano, pero eso es lo que favorece la existencia de estas maravillas.
Mamen, hay bastantes pueblos que tienen afición por las siemprevivas, hasta colgando de un alambre en la viga del porche hay lugares donde las pueden mantener. Pero no hay que confundirlas con epífitas exóticas que se mantienen solo en climas húmedos y suaves.