martes, 17 de mayo de 2016

LA CADENA DE LA VIDA (3)

Dejamos en la última entrada a toda una legión de hormigas sobre los brotes de cardo. Hoy empiezo con otro cardo, en esta ocasión un cardo borriquero, Onopordum acanthium, que salió espontáneamente en el jardín y dejé crecer precisamente para poder observar su fauna asociada, que sabía que podía ser interesante y variada.
A este cardo no tardaron en llegar los pulgones y tras ellos, las hormigas pastoras.

El pastoreo es una actividad que realizan varias especies de hormigas y sobre muy diversas especies de áfidos, que es la familia a la que pertenecen los pulgones. Aunque, como he podido comprobar en mi propio jardín, no todas las especies de pulgones son útiles para ese propósito, de la misma manera que no todas las razas de rumiantes domésticos son válidos para el ordeño.
Hormigas pastoreando pulgones, Brachicaudus cardui. El ejemplar de la derecha está en el momento de recoger una gota de jugo azucarado excretado por el pulgón.
Los pulgones clavan su pico en los tejidos de las plantas (tallos, hojas, flores o frutos) para sorber la savia que por ellos circula, pero ese alimento es muy poco nutritivo porque está muy disuelto en agua para poder circular por la planta. Por esa razón, los pulgones necesitan sorber mucha cantidad de savia, casi continuamente. Si los pulgones no excretasen el exceso de líquido reventarían. Por eso, si nos fijamos muy de cerca en los grupos de pulgones que cubren las plantas veremos minúsculas gotitas sobre ellos. Esas gotitas no son simple agua, sino que también tienen jugos azucarados de la planta, que es lo que van buscando las hormigas. Por cierto, a veces, cuando aparcamos el coche debajo de los árboles, lo recogemos cubierto de una sustancia pringosa, son las gotas que excretan los pulgones (y también algún otro insecto). Igual puede ocurrir en las sillas de jardín que se dejan bajo algunos árboles o parterres de hiedra con pulgones.
Momento del "parto" de un pulgón.
Además, los pulgones necesitan alimentarse abundantemente, porque crecen muy deprisa y cuando llegan a adultos, más bien adultas, porque la mayoría son generaciones solo de hembras, empiezan a generar nuevos pulgones, que “paren” ya convertidos en una miniatura de sus madres.
En la foto, pastoreado por hormigas Lasius, la especie de pulgón Brachycaudus (Prunaphis) cardui. Las madres son de color oscuro, los verdes son fases juveniles.
Hay pulgones que pueden atacar a diversas especies de plantas, pero la mayoría de ellos son muy específicos y solo pueden vivir en su planta nutricia. Las plantas nutricias, en un ecosistema natural, no se encuentran todas tan juntas como en un cultivo y por eso, como ocurre con los parásitos, necesitan tener muchos hijos, porque la mayoría de ellos morirá sin encontrar un lugar donde alimentarse.
El hecho de que existan “malas hierbas” en el entorno de los cultivos, con sus correspondientes pulgones específicos, favorece la existencia de parásitos y depredadores de pulgones, que serán aliados naturales del agricultor en su lucha contra los que sí atacan a las plantas cultivadas.
Las tijeretas son voraces depredadoras de pulgones, aunque también, cuando no tienen ese recurso y son muy abundantes, pueden dañar a las plantas cultivadas.
Son muchos los parásitos y depredadores de los pulgones, como corresponde a todo ser que en la naturaleza se reproduce exponencialmente, resultando un abundante recurso alimenticio a disposición de otras especies, que no van a dejar de aprovechar la oportunidad.
Así es como han evolucionado tanto parásitos, especialmente pequeñas avispas, como depredadores que, a la escala del tamaño de un pulgón, son verdaderamente criaturas feroces. Sé que suena extraño llamar feroz a una mariquita de siete puntos o a sus larvas, pero su forma de dar caza y comerse a los indefensos pulgones que están fijados a la planta con sus picos hundidos en los tejidos vegetales, tiene muy poco de misericordioso. 
Dos momentos del ataque de las hormigas a una mariquita, Coccinella septempunctata, que amenaza a sus pulgones.

Las hormigas defienden como pueden a los pulgones que pastorean, pero tienen muy poco que hacer con las avispillas que llegan volando y ponen sus huevos bajo los pasivos pulgones. Las siguientes fotos no están hechas en el cardo, sino en una planta de colza, también del jardín, cuya evolución pude seguir con todo lujo de detalles y ya fue protagonista de otra entrada del blog.
Avispa parásita, Diaeretiella rapae, poniendo su huevo en el interior de un pulgón para comérselo desde dentro mientras en pulgón sigue alimentándose de la planta.
Sus larvas se los comerán desde dentro y del pulgón apenas quedará una cáscara vacía a la que los científicos llaman “momia”. A su vez en una ramificación de esta cadena de la vida, que en realidad más que cadena es una red de eslabones, como una cota de malla, hay otras avispas que ponen sus huevos en los pulgones ya parasitados y, una dentro de otra como una muñeca rusa, parasitan a las larvas de la avispa parásita.
Avispa Braconidae, poniendo su huevo sobre el pulgón convertido en momia por la avispa anterior, para parasitar a su vez a la larva parásita que hay en su interior.
Y por esta vez aquí lo dejamos, en una futura cuarta y última entrada continuaré esta cadena ramificada, que he podido seguir si apenas salir del jardín.

lunes, 9 de mayo de 2016

LA CADENA DE LA VIDA (2)

En la anterior entrada dejamos a la mariposa Vanessa revoloteando sobre las flores de los cardos, en realidad sobre los capítulos florales, pues estas plantas son de la familia de las compuestas y por lo tanto sus aparentes flores son un apretado conjunto de diminutas florecillas. En ellas son muchas las mariposas de muy variadas especies, que acuden a libar metiendo su larga trompa para extraer el néctar y así se entretienen un buen rato. Esto nos da la oportunidad a los naturalistas de tomarnos tiempo para hacer fotos e incluso a esperar tranquilamente junto al cardo a que otra mariposa llegue a alimentarse. Así, tener algún rincón con cardos en el jardín, no es tan mala idea si queremos ver y fotografiar mariposas tranquilamente.
Lo que comúnmente conocemos por cardos pueden ser plantas de muy distintas familias, que han evolucionado independientemente a esas formas duras y pinchudas. Pero como soy zoólogo, no me voy a entretener con las plantas (mejor visitar el último rincón de Barbadillo) sino que voy a fijar mi atención en otro pequeño inquilino de los cardos, la mosquita Tephritis postica.

Pareja de Tephritis postica, la hembra, abajo, posee un ovopositor para introducir los huevos en el cardo.
A las moscas de esta familia, Tephritidae, se las conoce como moscas de la fruta, aunque no tienen nada que ver con las Drosophila que se usan en los laboratorios de genética, que así llaman también así porque algunas especies atacan a los árboles frutales. Sin embargo, la protagonista de este eslabón de la cadena de la vida no hace daño a la fruta, sus larvas, en este caso, se encuentran en los capullos aún cerrados de los Carduus que hay en los prados al lado de mi casa.

En su interior, bien protegidas de los depredadores por una tremenda barrera de espinas y pelillos, las larvas de estas moscas se alimentan de los tiernos tejidos en formación. 

Para poder introducir sus huevos en el interior del capullo, las moscas de esta familia tienen un fuerte y largo ovopositor. En la fotografía anterior se puede ver a la hembra, la que está debajo, justo antes de iniciar la cópula.
Después del cortejo, el macho se sube a la hembra por detrás y ésta, si le acepta, abre sus alas para permitirle la cópula.

El cortejo de las Tephritis es muy curioso, los machos andan alrededor de las hembras abriendo y cerrando las alas en unas posturas y danzas casi cómicas, aumentándose el efecto por las manchas de sus alas.

No puedo estar seguro de lo que ocurre en el interior de los capullos de los cardos con Tephritis postica, pero supongo que es algo parecido a  lo que sí he visto en otra especie del mismo género, Tephritis formosa, cuyas larvas viven en el interior de las cabezuelas florales de otra planta compuesta que se ve con frecuencia en las cunetas de caminos y carreteras y dejé crecer en mi jardín: Sonchus oleraceus. Esta sí la pude fotografiar, tanto las moscas adultas posadas en las hojas como las pupas en el interior de los capullos. 
Pequeña mosca Tephritis formosa sobre el tallo de Sonchus oleraceus


Pupas (negras) de Tephritis formosa en el interior del capítulo floral de Sonchus oleraceus. Y larvas (blancas) de la avispa parásita del género Eyrytoma.

Curiosamente, también en su interior, encuentro otras larvas blancas, que no son de la mosca, sino posiblemente de una avispa parásita del género Eurytoma, que pude fotografiar en el momento de introducir el ovopositor en la flor para poner sus huevos.

Pero esta es otra ramificación de la cadena de la vida con la que no me quiero entretener demasiado, volvamos a los cardos...
En los mismos cardos sobre los que descubrí a estas moscas había una curiosa secreción con aspecto de melaza que brota entre sus escamas.

 
Estoy casi convencido de que esas melazas son debidas a la acción de las larvas que viven en su interior, pues coinciden la presencias de unas y otras. 
Esa secreción atrae a otros insectos y he visto diversas especies de escarabajos que se quedan extasiados mientras se dedican a lamerla con fruición. Sí, la he probado y no sabe a nada, pero supongo que los insectos no opinan lo mismo y seguro que tiene muchos nutrientes.
Entre los que acuden a ese alimento está el siguiente protagonista de la cadena, el escarabajo florícola, Oxythyrea funesta, llamado comúnmente escarabajo del sudario (no me preguntéis el por qué). Lo de funesta lo entiendo por su color oscuro, ya que otros miembros de su familia, los cetónidos, son de colores brillantes, sobre todo verdes metálicos.


Estos escarabajos, como otros de su familia, tienen mala fama entre los agricultores, pues se alimentan de flores y pueden estropear las cosechas, sin embargo rara vez son verdaderas plagas. En el blog de un agricultor he leído que atacan a las flores de los frutales especialmente cuando la sequía ha perjudicado a las plantas herbáceas del entorno, cuyas flores prefieren, entre ellas los cardos. Seguro que también cuando se las ha pegado fuego o roturado olvidando que las plantas de los lindes de los cultivos pueden tener efectos beneficiosos, como por ejemplo servir de refugio a insectívoros, ya sean estos aves, mamíferos, reptiles, anfibios o insectos depredadores. Las larvas de Oxythyrea se alimentan de raíces, pero he visto en otro blog de horticultor que también se encuentran entre vegetales en descomposición, como las balas de paja que quedan en la parte de abajo de los almacenes, donde se pudren por la humedad. Quizás tengan una infundada mala prensa y se alimenten más de humus que de raíces vivas.

En la foto, una pareja en cópula junto a su fuente de alimentación ¿tendrán tranquilidad para su amores? No, los escarabajos no tuvieron un día tranquilo cuando los fotografié sobre el cardo. La razón es que sobre la misma “melaza” toda una legión de hormigas les disputaron el botín y no les dejaron muy tranquilos. De hecho, me costó trabajo fotografiar a los escarabajos solos sin ninguna hormiga encima y si lo conseguí fue gracias a que había unos cuantos escarabajos en diferentes cardos. Lo más común, sin embargo era que los Oxythyrea estuviesen recubiertos por las hormigas.


A pesar de todo, debo advertir que tampoco la actitud de las hormigas era muy agresiva, las he visto mucho más alteradas en otras ocasiones atacando a otros insectos. En los lugares donde solo había hormigas, supongo que de donde brotaba la “melaza”, las hormigas estaban apelotonadas, como la clientela en la puerta de los grandes almacenes el día que empiezan las rebajas. Apenas se movían, como si estuviesen drogadas, con la cabeza hundida, invisible, en apretadísimos racimos.  En la foto, el montón de hormigas se aprecia en el ápice de la rama, justo en el brote.

Las hormigas son un grupo que se me resiste, pero creo que en este caso se trata ejemplares del género Lasius.


La primera parte de esta "cadena de la vida" se puede ver AQUÍ.

domingo, 14 de febrero de 2016

LA CADENA DE LA VIDA (1)

En facebook mi amigo Antonio Guillén me nominó para que siguiese una cadena que suponía publicar siete fotos en siete días y nominar a otros siete amigos para que hiciesen lo mismo. Tras pensarlo durante unos días decidí no nominar a nadie, porque no me gustan ese tipo de cadenas, pero aprovechando la ocasión me planteé un pequeño reto personal: ser capaz de encadenar al menos siete especies que de alguna manera se relacionen y aparezcan en alguna de mis fotos.
Dicho y hecho, conseguí hasta nueve fotos encadenadas y hasta eché de menos no hacer ramificaciones que iban surgiendo por el camino. Además, como tengo por costumbre me alargué más de la cuenta con las explicaciones y me di cuenta que con ese material un poco más ampliado podía hacer hasta tres entradas del blog. Aquí está la primera con las tres especies.

Comienzo con la foto de un avispón común, Vespa crabro, depredando sobre una avispa, creo que del género Polistes. Fueron protagonistas, hace poco, de una de las entradas de este blog. Los avispones son temibles depredadores y atacan a abejas, avispas y dípteros cuando están libando el néctar en las flores. Ellos también necesitan libar para mantener su elevado metabolismo, sus presas son en realidad el alimento de las larvas, que esperan en las celdillas de su nido. La foto está hecha entre las flores de hiedra en el jardín de casa.

La cadena de la vida de unos es necesariamente la cadena de la muerte de otros.
Las avispas, del género Polistes y Vespula, de las que hemos visto a un ejemplar presa del avispón, son también carnívoras en su fase larvaria y las obreras se ven en la necesidad de colectar carne de todo tipo para alimentarlas, desde el jamón o el chorizo del bocadillo de los excursionistas hasta los insectos que puedan cazar. Son más carroñeras que depredadoras y los insectos reventados contra el frontal de los coches son una de sus presas habituales.

La foto está hecha en la parrilla de mi propio coche, lo siento mariposa, en casa. Pero donde más he podido observar ese comportamiento ha sido en el aparcamiento del Museo. En verano, las avispas parecen estar esperando la llegada de los vehículos para rebuscar en sus radiadores. Me parece impresionante con que certeza van directas hacia la parte delantera de los coches, independientemente de su posición. Supongo que lo que les atrae es el olor de los insectos aplastados.
Estas avispas hacen nidos de papel y para ello recogen fibras vegetales que mascan y transforman en pasta. Como ocurre con las fábricas papeleras, en ese trabajo las avispas utilizan mucha agua y por eso es tan frecuente verlas zonas húmedas y particularmente en las piscinas en pleno verano. La verdad es que no tiene nada que ver la agresividad de las avispas en las cercanías de su nido con la relativa indiferencia que manifiestan cuando están recogiendo agua, comida para sus larvas o libando néctar.
La mariposa es un ejemplar de Vanessa cardui, mariposa de los cardos, y en tres viajes de la avispa no quedó nada de ella. La naturaleza todo lo aprovecha.
El paso siguiente es saber la vida y milagros de la mariposa. Es un ninfálido y, como su nombre específico indica, sus larvas se alimentan de varias especies de cardo, aunque igual se puedan encontrar en malvas, ortigas y otras de las llamadas "malas hierbas". Lamentablemente como cardos que son, también pueden atacar los cultivos de alcachofas.
Para defenderse o permanecer ocultas de sus posibles depredadores, sus orugas se esconden entre las hojas de las plantas, que mantienen entrecerradas con los hilos de seda que ellas mismas producen y mantienen.

Estas mariposas pueden pasar el invierno como crisálida o como adulto invernante y por eso, a veces, pueden volar un poco "fuera de época" cuando el invierno es cálido, como éste. En esos casos se las suele ver bastante deterioradas, no tienen nada que ver con los preciosos ejemplares recién emergidos en primavera, sobre las flores de rosales y cardos tempranos.

El siguiente paso en esta cadena de la vida está precisamente en los cardos y será el objeto de la próxima entrada.

martes, 1 de diciembre de 2015

El fuerte carácter de las tórtolas turcas

Una de las aves más fieles al comedero que tengo puesto en el jardín es la tórtola turca.  De hecho, podría decir que es la que más veo después de los gorriones. Sin embargo solamente una pareja, que es como si tuviesen monopolizado el territorio de mi jardín, con el comedero incluido, aunque creo que crían en un cedro del vecindario. 

En el resto de la calle puedo ver otros ejemplares, pero por el momento aquí solo llega uno o dos ejemplares al mismo tiempo, claramente una pareja, que a veces están esperándome en el cableado para bajar en cuanto me ven entrar en casa por si les saco ya la comida. Pero antes de hablar de las tórtolas de mi jardín, no puedo menos que dar un repaso a algunas curiosidades de esta especie. 

Las primeras noticias que tuve de ellas, aparte de verlas en las guías de campo sin hacerles mucho caso, datan de hace unos 30 años, en un viaje de estudios por Cantabria integrado en las prácticas de Zoología de Vertebrados, cuando estaba estudiando la carrera. Entonces, en un determinado momento del viaje, el profesor, Manolo Fernández Cruz para más señas, hizo parar el autobús para mostrarnos un ejemplar posado en un cable de teléfono al borde de la carretera.

En ese momento me enteré de que era una especie que antes no estaba en la Península Ibérica, que había entrado desde Francia y estaba extendiéndose por la costa hacia el oeste. Posiblemente ese era uno de los primeros ejemplares que se veían en Cantabria.

Tórtola turca comiendo sedum en una roca del jardín en 2008. Cuando la nieve cubría esa gran roca las tórtolas escarbaban buscando la planta que se escondía debajo.

Como no soy "fervoroso pajarero" no me volvió a preocupar mucho la tórtola en cuestión. Supongo que alguna que otra vez la volví a ver en alguna de mis excursiones, pero no lo recuerdo especialmente. 

Ya fui plenamente consciente de ellas cuando me vine a vivir a la Sierra de Guadarrama, hace 16 años, pues escuché su canto y vi algunos ejemplares en los pinos de un jardín vecino.

Desde entonces, me acostumbré a verlas acudir al estanque de casa a beber, a las rocas a comer el sedum (lo comenté en ESTA ENTRADA de diciembre del 2008) y tímidamente, al principio, a alguno de los comederos.

Gorriones y la pareja de tórtolas en el comedero del jardín, soportando la nevada en febrero del año pasado.
A partir de ahí, en los alrededores su número no ha hecho más que aumentar, igual que en el resto de España. 

Es curiosa esta expansión coincide con la disminución de las tórtolas comunes. Posiblemente la razón sea que al instalarse en parques, jardines y cercanías de casas rurales y urbanas, se libra de la presión de la caza que es lo que está extinguiendo a nuestra tórtola común. Me parece que es el mismo caso que el de las palomas torcaces que habitan los pueblos y ciudades, en franco aumento, frente a las que realizan migraciones y son abatidas a su paso por los valles de montaña. Pura y dura selección natural frente a la depredación humana.

Para seguir con las curiosidades no puedo aguantar la tentación de comentar el origen de su curioso nombre científico: Streptopelia decaocto

Streptopelia viene del griego. Streptos quiere decir collar y Pelia quiere decir paloma, es decir: Paloma de collar.
Y decaocto, quiere decir dieciocho y parece ser que viene del nombre de una sirvienta de la mitología griega que fue convertida en tórtola por negarse a pagar un impuesto anual de 18 monedas. Sin embargo, hay otras explicaciones, como que es una onomatopeya de su canto, o que viene de otra deuda sin pagar relacionada con la crucifixión de Cristo.

Momentos de la danza de cortejo de una pareja de tórtolas turcas.
Y volviendo al vecindario y a mi jardín, he observado el comportamiento de las tórtolas en muchas ocasiones y no me cabe ni la menor duda de que aparte de la proximidad a las viviendas urbanas y el refugio que eso le supone contra cazadores y depredadores naturales, tiene mucho que ver su agresividad. Pero ¿agresiva una pequeña paloma? Pues sí, cuando se pelean por hembras o en defensa de un espacio el ruido que emiten es insospechado para un ave tan inofensiva, pero es que, además, las he visto varias veces lanzándose en picado contra las urracas que estaban en el comedero de casa y tengo comprobado que éstos córvidos las respetan. Si una urraca está en el comedero huye ante la llegada de una tórtola y, si es la tórtola la que está en él, entonces no se atreven a acercarse y se conforman con merodear por el suelo a esperar que caiga alguna migaja. Lo mismo ocurre con los rabilargos, que esperan impacientes en los árboles cercanos o rebuscan en el suelo y la rocalla al pie del comedero.

Rabilargo rebuscando la comida que cae al suelo. Las tórtolas desperdician mucha comida y otros pájaros la aprovechan.



Hace unos días pude ver como durante más de 5 minutos una sola tórtola mantuvo a raya a media docena de rabilargos. En el vídeo se ven en plena acción.


Cuando por fin la tórtola parecía saciada, fue cuando se retiró y los rabilargos entraron en tropel. Curiosamente, con los gorriones no tienen el menor problema en compartir la comida y ellos no se asustan.
Después de haber visto  a los rabilargos en documentales como se ensañan con los buitres negros en su nido e incluso con águilas y milanos en pleno vuelo, me resulta graciosísimo verlos achantarse ante una inerme tórtola.

miércoles, 14 de octubre de 2015

Flores de hiedra y sus comensales (2)

El avispón europeo, sospechoso pero inocente... ¿o no tanto?

Hace justamente un par de años publiqué una entrada (1) en la que pasaba revista a las especies de dípteros (moscas) e himenópteros (abejas y avispas) que acudían a libar el néctar de las flores de hiedra. Es una de las pocas plantas floridas en esta época del año, lo que hace que cualquier día soleado sea un punto de atracción muy importante.
Hoy 14 de octubre la historia se repite con muy pequeñas variaciones.

Entonces no venían los abejorros, que esta vez sí que están, posiblemente porque este año se han marchitado antes las flores de la pasionaria que es su preferida cuando están disponibles, así como las flores del madroño, según conté en otra de las entradas (2).



Pero esta vez, en lugar de distraerme con la variedad de especies, me he concentrado en observar al avispón europeo, Vespa crabro.
Los avispones liban en las flores como cualquier otro himenóptero pues necesitan la energía que el néctar les aporta, para tan impresionantes vuelos y técnicas de caza.

Pero lo más impresionante es ver esta gran avispa sobrevolando los racimos de flores en busca de sus presas para caer sobre ellas como un ave rapaz. Sus presas serán el alimento de las larvas, que están en los nidos globosos, que seguramente se encuentren en algún árbol cercano, aunque no en mi jardín.
A veces, los avispones persiguen a las moscas y abejas cuando se asustan a su paso, pero en lo que más éxito tienen es en el ataque fulminante cuando sus presas están distraídas con la cabeza metida entre las flores. Incluso los he visto atacar a los abejorros que las superan en tamaño, aunque no en agresividad.
Una vez que capturan a su presa la muerden con fiereza y hasta llegan a cortarles la cabeza.

Los dípteros tienen el vuelo más rápido y acrobático, son más asustadizos y, por lo tanto, más difíciles de cazar. Las abejas de la miel son las más abundantes y son presa muy frecuente, pero posiblemente las que más sufren su acoso sean las avispas del género Polistes y Vespula, quizás por ser de vuelo más torpe o porque son menos asustadizas. El caso es que, aun siendo pocas, las que se acercan a la hiedra, caen con suma facilidad.

Como muestra, aquí la imagen del avispón sobre su presa, donde podemos apreciar también la diferencia de tamaño que hay entre ellos.

Y por último, el macabro resto del episodio anterior, la cabeza y patas anteriores de la avispa mordiendo la hoja de la hiedra, mientras que el resto se lo llevó volando.

No quiero dejar de señalar claramente la distinción entre el avispón europeo y el asiático. Últimamente en las redes sociales han aparecido decenas de fotos de avispones europeos cuyos autores preguntan si se trata del avispón asiático o, como han escrito algunos periodistas, el avispón asesino. Es evidente que usar ese nombre tiene éxito y sembrar alarmas también. Pero no, la mayoría de las veces no lo son. Para diferenciarlos, los avispones asiáticos no tienen colores castaños rojizos, sino negros, especialmente en la cabeza y tórax.
Avispón asiático, Vespa velutina, fotografiado por Teresa Ajenjo en Cantabria.
Por el momento es importante decir que sólo se han visto en el norte de la Península Ibérica, pero es posible que se extiendan hacia el sur y conviene estar atentos. Pero que no cunda el pánico y sobre todo que no se destruyan nidos sin estar completamente seguros de que se trata de la especie invasora.
Para recordar: Los avispones morenos son asiáticos y los rubios europeos.
Muchas gracias Teresa por la foto,

Entradas citadas:
(1) Las flores de hiedra y sus comensales, Biodiversidad en acción.
(2) El misterioso caso de las flores de madroño perforadas

sábado, 18 de julio de 2015

Historias de mirlos en el jardín. Mírenlos.

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No hace mucho un compañero científico del Museo, y seguidor de este blog, me aconsejó que no me preocupase tanto de hacer sesudas entradas llenas de datos y textos, que a él le gustaban más ligeras y con la frescura de un cuaderno de campo.
Con todo mi aprecio como persona y admiración como científico, que además sabe divulgar, le voy a hacer caso y espero que me salga una entrada refrescante, que falta nos hace.


Ya he comentado en otras ocasiones que en el jardín intento facilitar la vida a la fauna que pueda acercarse poniendo a su disposición plantas, a ser posible autóctonas, que les ofrezcan alimento y refugio. Árboles y arbustos que produzcan bayas en distintas épocas del año son fundamentales. Para los insectos, además, intento dejar algunas "malas hierbas", que suelen ser fuente de interesantes observaciones.

Es muy importante también tener algún lugar donde las aves puedan beber agua, tanto en invierno como en verano. Parece mentira, pero en invierno, cuando hay varios días seguidos de temperaturas bajo cero, el agua líquida es también necesaria y un agujero en el hielo del estanque es un punto de atracción.


Hay en el jardín un arbolillo desangelado como él solo, que cuando no tiene ni flores ni frutos pasa totalmente desapercibido, pero cuando florece es una auténtica maravilla para la vista y el olfato, se trata del serbal de los cazadores, Sorbus aucuparia

La floración es primaveral y relativamente temprana, con lo que es todo un regalo para los abejorros, abejas, avispillas y dípteros de todo tipo que acuden a libar pagando el peaje de transportar su polen.
Y bien entrado el verano, sus abundantes frutos son un punto de atracción para muy diversas aves, entre las que en mi jardín destacan los mirlos, que alternan su búsqueda de lombrices, arrancándome alguna que otra planta de rocalla, con la dieta frugívora. 

En estos días dos hembras de mirlo han alimentado ante la ventana de mi cocina a sus pollos, tanto con lombrices como con los frutos del serbal. Y me han permitido fotografiarlos.
Me hace mucha gracia que cuando el pollo está solo y sobre todo si mi perra o alguno de nosotros nos acercamos, queda quieto como una estatua.
También cómo la madre se deja ver en las cercanías durante un buen rato, aunque en silencio, sin acercarse a la cría.
Y cuando llega, la alimentación es rápida, alejándose inmediatamente.
A una de las dos madres la podía diferenciar por el "despeinado" del las plumas de la nuca.

Un día después de hacer estas fotos, vi que las dos hembras estaban mirando con mucha atención en el estanque. Perdonadme la humanización al interpretar su comportamiento, pero casi puede ver su preocupación y enseguida me di cuenta de lo que podía estar pasando. Corrí hacia el jardín, pero el pollo ya estaba ahogado.

Curiosamente las dos hembras de mirlo han seguido alimentando al único pollo superviviente. Y no solo eso, también defendiéndolo, porque durante toda una mañana un par de urracas han debido estar intentando cazarlo y esa parte del jardín fue todo un jaleo entre las dos mirlas y las dos urracas.

No puedo saber si las dos hembras de mirlo son dos madres con sus correspondientes hijos únicos o solo una de ellas es madre de los dos y la otra está contribuyendo a su cuidado. Lo que sí puedo asegurar es que al afortunado pollo superviviente no le ha faltado comida ¡qué manera de tragar!

En los estanques y variados recipientes de agua que tengo repartidos por el jardín, hay superficies escalonadas, abundantes nenúfares o malla de plástico en la orilla, como la que se ve en el lado izquierdo de esta última foto, para ofrecer superficies irregulares por las que trepar y evitar los ahogamientos, pero se ve que ese pollo no fue capaz de encontrar la manera de salir. Por cierto, el pájaro de la foto es un ruiseñor, muchas veces escuchado pero pocas veces visto.