lunes, 26 de noviembre de 2012

Las jirafas, temas evolutivos de altura.(2ª parte)

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Parece ser que las jirafas son una buena fuente de inspiración para los científicos y no tan científicos de manera que creacionistas y evolucionistas se han dedicado a tirarse las jirafas a la cabeza desde siempre. En la entrada anterior hablábamos de un carácter de los llamados "erróneos", el nervio faríngeo, un precioso ejemplo sobre el origen común de los vertebrados. En esta entrada seguimos con otros interesantes temas.

Tema 3 de evolución de la jirafa: 
Estira el cuello, para que tus hijos sean más altos. 
Ahora nos podemos tomar esa afirmación a risa, pero durante mucho tiempo la teoría de la heredabilidad de los caracteres adquiridos estuvo sometida a debate. Como buen inglés, para el gran público Darwin se ha llevado todo el mérito de haber planteado la teoría de la evolución, pero el hecho de que las especies hayan variado a lo largo de la historia de la Tierra, ya se trató con anterioridad por diversos autores y el primero de ellos fue Lamarck, francés nacido en 1744. 
Lamarck fue un gran científico, entre otras muchas cosas fue el que llamó Biología a la ciencia que estudia los seres vivos. Pero lo que hoy le trae a esta entrada sobre jirafas es su planteamiento de la teoría de la evolución biológica por la que las especies han variando su anatomía de generación en generación, según las necesidades que les imponía el medio ambiente. Eso, aplicado al caso de las jirafas significaría que a base de esforzarse por alcanzar las ramas altas de los árboles las sucesivas generaciones de jirafas serían cada vez más altas.
Aunque la consecuencia final sea así, la base de dicha teoría, el por qué ocurre eso, es errónea. Sin embargo, para su tiempo fue un gran logro el plantear que las especies actuales no son tal cual fueron creadas.
Hoy en día sabemos que, de acuerdo con la teoría de la Selección Natural, esta sí que debida a Darwin, los antepasados de las jirafas más altas tuvieron mejores tasas de supervivencia y por lo tanto pudieron transmitir sus genes a las generaciones futuras y así fue como la jirafa consiguió sus largas patas y cuello.


Aún hoy en día hay veces que nuestra manera de hablar nos traiciona y decimos algunas frases que son totalmente lamarckistas. No es raro escuchar o leer, incluso en documentos y documentales de divulgación científica, la frase: "las jirafas han evolucionado para alcanzar las altas ramas de las acacias africanas". Así, parece que la evolución obedece a una voluntad o que tenga un destino prefijado, cuando eso es rotundamente falso. Lo que deberíamos decir es: "las jirafas de cuello más largo consiguieron llegar a las más altas ramas de las acacias africanas y por eso pudieron sobrevivir". Ser tan altas las ha beneficiado, pero no han evolucionado para ello.

Tema 4 de evolucion de la jirafa:
Demasiada sangre en la cabeza.
Es lo que les pasaría a las jirafas al inclinarse a beber agua. El corazón y las arterias que llevan la sangre a unos cinco metros de altura tienen que tener una gran potencia de latido. Con esa fuerza, bajar la cabeza hasta el nivel del suelo, sería someterla a una gran presión, parecida a las que sufrirían los pilotos de aviones caza al hacer una caída en picado si no llevasen trajes presurizados. La solución anatómica de estos animales es la posesión de unas válvulas en las arterias que controlan ese flujo de sangre e impiden que cuando la cabeza está abajo le llegue demasiada sangre. 
Para algunos creacionistas, o defensores del diseño inteligente que le llaman ahora, no se ha explicado cómo es posible que el cuello largo y ese sistema vascular hayan podido evolucionar por separado para conseguir ese efecto. Ellos tienen más fácil dar explicaciones, con atribuirlo todo a una "chispa divina" lo tienen solucionado.
En realidad ninguna mutación es afectada por la selección natural aisladamente, todas forman parte de un conjunto y se selecciona un todo. Además, ese cambio ha ocurrido a lo largo de millones de años de evolución, otra cosa que niegan los creyentes, que no aceptan las evidencias geológicas y atribuyen a la Tierra sólo unos cuantos miles de años. Es curiosa la obsesión de los creacionistas por buscar fenómenos evolutivos inexplicados, mientras que ellos lo solucionan todo de un plumazo por medio de la fe, sin demostrar nada.
Okapi hembra en el Zoológico de Amberest, Bélgica.

Tema 4 de evolucion de la jirafa:
Un amplio registro fósil.
Hay muchos fósiles de jiráfidos en yacimientos de Eurasia y en África, donde evolucionaron junto a otros mamíferos, los Afroteria. En el pasado hubo bastantes más especies que las actuales. En España, y concretamente en yacimientos madrileños, se han encontrado varias especies de jirafas fósiles. En contra de lo que dicen los creacionistas, sí hay jirafas fósiles con un cuello relativamente largo. Lo que ocurre es que no se ha establecido aún una línea evolutiva tan clara como con los caballos, cuyo registro es mucho más abundante.


Tema 5 de evolucion de la jirafa:
Una peculiar cornamenta.
Precisamente entre los fósiles de jirafa se puede observar que la presencia de cuernos en esta familia fue de lo más variado. Había especies con cuernos ramificados, parecidos a los de los ciervos y hasta casi discoidales y enormes. También las hubo con más de un par.
Los cuernos característicos de esta familia de artiodáctilos se llaman osiconos, tienen un núcleo oseo y están recubiertos por piel. Las jirafas actuales tiene un par de ellos y según las subespecies y la edad del ejemplar tienen más o menos desarrollado un bulto central en la cabeza que casi podría interpretarse como un tercer cuerno, más desarrollado en los machos. Además, en algunos ejemplares viejos pueden crecer unas nuevas puntas dirigidas hacia delante, saliendo de la base de los cuernos principales. Eso es muy coherente con lo que vemos en algunas especies fósiles con más desarrollo de osiconos que las jirafas y okapis actuales. 

Como ya vimos en otra entrada (puedes verla pinchando AQUÍ) los bóvidos tienen verdaderos cuernos con hueso por dentro pero queratina por fuera, los cérvidos tienen astas de hueso que cambian cada año,  los berrendos (únicos antilocápridos actuales) una parte ósea perenne y otra córnea que sí se muda, y los rinocerontes cuernos solo de quitina sin esqueleto interno.

En las jirafas tanto el macho como la hembra tienen cuernos, pero en los okapis solo los tienen los machos como puede verse en los ejemplares del Museo Nacional de Ciencia Naturales, donde se expone el esqueleto de una hembra y un macho taxidermizado. También puede observarse que el cuello de las jirafas y los okapis solo tiene siete vértebras, igual que otros artiodáctilos. Los cuellos largos se deben al alargamiento de las vértebras no a que haya aumentado su número.
Okapis en la exposición Biodiversidad del Museo Nacional de Ciencias Naturales, de Madrid.
Pero sin duda las jirafas son unos animales dignos de ser contemplados, sin calentarse demasiado la cabeza. Como decía en la entrada anterior, parecen venidas de otra época, cuando los grandes animales habitaban la Tierra y no se tenían que preocupar del primate que se autodenominó sapiens
Cría de okapi en el Zoológico de Amberest, Bélgica, uno de los pocos zoos donde se  reproduce  esta especie procedente de los antiguos territorios del Congo Belga.


Esta entrada es la segunda parte de:

martes, 6 de noviembre de 2012

Las jirafas, temas evolutivos de altura.(1ª parte)

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Una joven jirafa se cruzó por delante del todo terreno en el que viajábamos por el Parque Kruger de Sudáfrica, con cierta prisa se metió entre los matorrales a nuestra izquierda y se volvió aparentemente a mirarnos mientras nos deteníamos. No era así, por detrás del vehículo apareció la madre, a la que no habíamos visto hasta el momento en que parsimoniosamente salió al asfalto. Pasó a muy pocos metros de nosotros con un andar carente de preocupación, no parecía angustiada por la separación de su retoño ni por nuestra presencia.

Todos los compañeros de viaje estábamos acostumbrados a ver las jirafas en los parques zoológicos, no eran ninguna novedad, pero verlas pasar tan cerca, en libertad y tan tranquilas, fue una experiencia extraordinaria. 
Cuando las veo no puedo evitar que me parezcan animales prehistóricos, casi fuera de lugar en nuestros tiempos. La verdad es que sin los parques nacionales las jirafas tienen muy difícil su supervivencia. Es mucha carne para alimentar a un continente hambriento y mucha piel y pelos de la cola para pagar caprichos de turistas, por muy protegidas que estén sobre el papel.

Jirafa sudafricana, Giraffa camelopardalis giraffa, en el Parque Kruger

En Sudáfrica es muy evidente que muchos de los animales que allí hay no son autóctonos. Fueron introducidos para establecer granjas cinegéticas,  actividad que aún se sigue desarrollando. Es el caso de los rinocerontes, algunas cebras y los ñus por poner un ejemplo. Pero la mayor parte del área se considera reserva y es un lugar donde muchas especies se están salvando de la extinción.  
Diseño característico de la subespecie sudafricana, Giraffa camelopardalis giraffa.
La variedad de diseños en el pelaje de las jirafas nos sirven muy bien para mostrar ese aspecto, ya que hay más diversidad de la que les corresponde por su localización geográfica. La subespecie propia de Sudáfrica es Giraffa camelopardalis giraffa, pero también se encentra en abundancia G.c.angolensis, que por cierto, también es la que más vemos en los parques zoológicos españoles.

Diseño característico de la subespecie Giraffa camelopardalis angolensis.
Tema 1 de evolución de la jirafa: 
Cuando se forman nuevas especies

Hoy en día están reconocidas nueve subespecies distintas de jirafas que se diferencian perfectamente entre sí por el color y diseño de las manchas. Así se relaciona en el Handbook of the Mammals of the World, de Wilson y Mittermeier. Las indico en el siguiente mapa con su distribución:

Como se puede ver, la mayoría de esas subespecies tienen áreas de distribución muy cercanas, incluso adyacentes, sin que por ello existan zonas de transición o de hibridación con caracteres intermedios. Además, en origen seguro que ese área era aún mayor. Para colmo, entre unas y otras no hay barreras geográficas insalvables para un animal del tamaño y la capacidad de movimientos de una jirafa. Similar distribución en otros grandes ungulados, como el búfalo, dan lugar a una gradación en los caracteres o una homogeneidad. O en otro caso, como en las cebras, a varias especies diferentes. Estos son algunos de los argumentos que dan Brown y colaboradores en el trabajo cuya referencia pongo al final de esta entrada. Ellos, con datos genéticos, concluyen que las subespecies de jirafa deberían considerarse especies distintas. Sí, es cierto que en cautividad y a falta de ejemplares de su subespecie, llegan a hibridar, pero no en condiciones naturales.
Ejemplar de jirafa de Angola, Giraffa camelopardalis angolensis en el Parque Kruger. Posiblemente sea un ejemplar viejo, pues se oscurecen con la edad.
 
Parece ser que en el aislamiento influye el comportamiento, épocas de reproducción de las poblaciones del norte y el sur y la preferencia de los ejemplares por los diseños similares al suyo por la impronta con el diseño de la madre. Reconozco que yo tenía mis dudas, pero si en lugar de hablar de jirafas viésemos esas diferencias entre patos o fringílidos ¿dudaríamos que son especies diferentes solo por el diseño y colorido?¿Aunque hibriden en cautividad?

Ejemplar en el Parque Kruger cuyo diseño no se corresponde con las subespecies de la zona y se asemeja algo a la subespecie G.c.reticulata.

Los autores del estudio recomiendan mantener el aislamiento de las distintas especies (subespecies) de jirafa para evitar los cruces tanto en su medio original (in situ), como las que se críen fuera del medio (ex situ), sean parques zoológicos o parques naturales más o menos abiertos, como el propio Parque Kruger con el que empecé el relato y donde, claramente, no se está haciendo.


Ejemplar de jirafa masai, Giraffa camelopardalis tippelskirchi, del sur de Kenia y norte de Tanzania, fotografiada en el  Parque Masai Mara. En Kenia coinciden la subespecie tippelskirchi y  reticulata (ver foto anterior), que son las más radicalmente diferentes.
La conclusión es que las jirafas está en un proceso evidente de especiación. Aunque hoy por hoy, en toda su área de distribución, actúe ecológicamente como una sola especie, eso podría cambiar con unos cuantos miles de años de aislamiento reproductivo y transformación del medio. Hay que dejar que la naturaleza actúe.


Tema 2 de evolución de la jirafa: 
El nervio vago tiene que trabajar dos veces


El nervio vago en todos los vertebrados tiene muchas ramificaciones, pero lo que interesa destacar en este caso es que pasa por detrás del conducto arterioso, que une la aorta con la vena pulmonar, para de nuevo subir hacia la laringe formando el nervio laríngeo anterior. Eso en una persona adulta , por ejemplo, supone un recorrido de cerca de medio metro, pero en una jirafa, entre ida y vuelta, son unos cinco metros. No se puede decir, precisamente, que eso sea un diseño inteligente, pero sí es una muestra de que la evolución trabaja con las herramientas disponibles, no tiene capacidad de invención y nos muestra que todos los vertebrados tienen un antepasado común.
Tengo que añadir que el conducto arterioso es funcional en el feto, pero se cierra en los adultos, lo que no impide que el nervio vago tenga que hacer su largo recorrido, pues se formó durante el desarrollo embrionario.



Un vistazo a la misma anatomía de un tiburón nos muestra que en origen ese nervio es mucho más corto, porque el cerebro, los arcos branquiales, el corazón y el nervio faríngeo recurrente están muy cerca unos de otros. El nervio vago pasa por detrás de los arcos branquiales y así lo sigue haciendo en el resto de los vertebrados, aunque los arcos branquiales, que son el origen de ese conducto arterioso, se atrofien en la vida embrionaria.


Bibliografía:

Como no quiero que esta entrada sea tan larga como las jrafas, dejo para una segunda parte otros interesante temas. 
Próximamente en sus pantallas:
- Las jirafas y el lamarckismo, o por mucho que estires el cuello tus hijos no serán más altos.
- Las jirafas y el exceso de sangre en el cerebro, de los creacionistas.
... y mucho más.
Se puede ver AQUÍ

domingo, 21 de octubre de 2012

Otra especie invasora en la Comunidad de Madrid:

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La almeja china del cieno, 
Sinanodonta woodiana.

La sequía de este verano ha hecho bajar el nivel del embalse de Santillana, en Manzanares el Real, bastante más de lo habitual y entre los lodos y arenas ha quedado al descubierto una sorpresa: almejas de agua dulce asoman en las orillas, cerca y no tan cerca del agua.
Cola del embalse de Santillana en Manzanares el Real.
La zona de la izquierda de la fotografía debería estar completamente cubierta por el agua.
Un amigo me envió una foto del "bicho" que me hizo pensar en lo peor y cuando fui a consultarlo con Rafael Araujo, compañero del Museo experto en bivalvos de agua dulce, las sospechas quedaron confirmadas: se trataba de una nueva especie invasora para la Comunidad de Madrid y la cuenca del Tajo. Además, casualidades de la vida, los propios agentes forestales que hicieron el hallazgo habían llevado al Museo un par de ejemplares el día anterior.
Almeja china del cieno, en seco pero viva, a varias decenas de metros de la orilla del agua.
La semana pasada recorrí las orillas del embalse en su búsqueda, pero no las encontré. La intuición me llevó justamente hacia los lugares donde no estaban o donde ya habían sido recogidas por los forestales, pues preocupados por esta nueva invasión, se están dedicando a retirar cuanta almeja viva encuentran. Y ya van varias decenas.



Este fin de semana he hecho un recorrido con ellos, y hemos recogido unas cuantas más. En las fotos anteriores se ve como se encuentran los animales entre el cieno y la arena, fuera del agua. La sequedad no parece matarlas, y con la poca humedad que les ha aportado el agua de lluvia de estos días, parecen tener suficiente para respirar, porque algunas se encuentran con las valvas abiertas, que rápidamente cierran en cuanto las tocas. Si algo caracteriza a estas especies invasoras es su capacidad para sobrevivir en las condiciones más adversas. Así se integran en los ciclos biológicos y llegan a superar a las especies próximas. 



También sirven de alimento a depredadores. Pudimos observar varios ejemplares claramente mordidos por un carnívoro, pues en casi todos los casos se veían los agujeros dejados por sus pequeños colmillos. La especie alcanza los 30 cm de longitud máxima y su concha no es de las más duras entre los moluscos de agua dulce. Quizás haya sido un zorro o algún perro de los muchos que se llevan a pasear por este paraje, pero me inclino más a pensar en el señor raposo, aunque, torpe de mi, no verifiqué las huellas. Todos los ejemplares así depredados eran jóvenes de menos de 10 cm, que son más frágiles. Se sabe que las nutrias depredan sobre estos animales y aquí también los visones americanos pueden hacer esa labor, tenemos una buena mezcla de especies invasoras, que no termina.
Ejemplar de mejillón chino de laguna, Sinanodonta woodiana, conservado en las colecciones de Malacología del Museo Nacional de Ciencias Naturales.
El tamaño de hasta casi 20 cm de los ejemplares más grandes encontrados por los agentes forestales, nos induce a pensar que la especie lleva bastantes años instalada en el embalse, pero no se habían visto hasta ahora porque estaban dentro del agua. 
Procede del Este de Asia y desde que en 1979 se encontró por primera vez en Rumanía, no ha dejado de extenderse por todo el resto de Europa. En España los primeros datos se publicaron en 2009, en el artículo que enlazo al final de esta entrada, en los ríos Fluvià, Ter y Daró, al norte del Ebro.

Pinza azulada característica del cangrejo señal, Pacifastacus leniusculus, encontrada  en la orilla del embalse.
Otra novedad, aunque esta vez sin sorpresa porque se encuentra en los ríos del entorno, ha sido el encontrar restos de cangrejo señal, Pacifastacus leniusculus, especie procedente de Norteamérica que también está colonizando los ríos españoles, aunque en esta ocasión con plena (in)consciencia por parte de pescadores y "autoridades" en estas cuestiones del medio ambiente. Lo mismo puede decirse del cangrejo rojo americano, Procambarus clarkii, que ya es un viejo conocido en la zona.

¿Cómo puede una almeja llegar a saltar miles de kilómetros e invadir ríos y embalses?

Evidentemente no lo puede hacer por sí misma, necesita ser ayudada. En este caso por dos personajes diferentes, por una parte los peces y por otra los humanos que transportan a los peces. Alguna vez se ha dicho, y es cierto, que las aves acuáticas en sus migraciones pueden transportar, en el barro de sus patas y entre las plumas de su vientre, huevos y quistes de invertebrados que luego se disuelven en las lagunas de destino, pero en este caso hay pocas dudas al respecto de las responsabilidades.
Para entender de qué manera los peces actúan como transportistas de las almejas de agua dulce hay que conocer su ciclo biológico.
Aunque otros bivalvos, especialmente los marinos, sueltan sus huevos en el agua y las larvas nadan libres, en estos animales los huevos se incuban entre las branquias de la madre. Además las larvas son un de un tipo especial llamado gloquidio, dotado de un par de ganchos y un filamento adhesivo que les permite fijarse en las branquias o aletas de los peces. 
Cuando un pez pasa por encima de la almeja, esta suelta su carga de larvas como un surtidor. Lo más fácil es que el pez se trague las larvas al tomar el agua por la boca y así llegan a las branquias. Las larvas fijadas provocan en el pez la formación de una especie de tumor, donde se desarrolla y metamorfosea la larva hasta que alcanza el grado de desarrollo necesario para hacer vida libre. En ese momento se suelta del quiste y cae al suelo para desarrollarse como un bivalvo adulto.
Para el pez este parasitismo es una molestia, pero no tanto como para perjudicar su supervivencia.

La paradoja de la especie invasora y la especie en peligro de extinción.
El ciclo en Sinanodonta se puede desarrollar en peces de diferentes especies, entre ellas las abundantes carpas, carpines y otros ciprínidos, por eso es fácil que las almejas chinas encuentren el huésped adecuado para alimentar a sus crías en cualquier río, laguna o embalse donde se han introducido las más variadas especies de peces, las mayoría de las veces descontroladamente.
En el extremo opuesto se encuentra un bivalvo ibérico, la margaritona, Margaritifera auricularia, que para el desarrollo de sus larvas necesita especies muy concretas. En este caso parece ser que el esturión, Acipenser sturio, o el pez fraile, Salaria fluviatilis. El problema es que en el Ebro, de donde es autóctona la margaritona, hace más de cuarenta años que no suben los esturiones por culpa de las presas y la pesca, y los peces fraile han quedado reducidos a unos pocos rincones, a salvo de sus numerosos depredadores introducidos, como siluros, peces gato, black bass, lucios, etc.
Así, hasta que no se han tomado medidas para poner en contacto a las margaritonas con sus hospedadores, llevaban cuarenta años sin poder criar a sus larvas, aunque fielmente hiciesen sus puestas anuales. Los bivalvos son animales de crecimiento lento y muy larga vida.
Y ahí está la diferencia entre una especie invasora y una en peligro de extinción: la especialización excesiva.
Ejemplar de madreperla de río o margaritona, Margaritifera auricularia, 
conservado en las colecciones de Malacología del Museo Nacional de Ciencias Naturales.

Sobre el nombre común.

(editado el 8 de enero del 2013)
Esta entrada se hizo con el nombre común de la especie Mejillón chino de laguna, pero he recibido un comentario del Secretario de la Sociedad Española de Malacología comunicandome que el nombre  que se va a utilizar en el futuro será Almeja china del cieno, que es más adecuado que la traducción literal del inglés que yo utilicé (chinese pond mussel). Con el nombre de almeja muy posiblemente aparecerá en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras. según la ficha que puede verse pinchando AQUÍ.
Agradecimientos
Antes de terminar tengo que agradecer a los forestales de la comarca de la Cuenca Alta del Manzanares su celo al descubrir y llevar los animales al Museo y su ayuda al permitirme acompañarles para poder hacer las fotos que incluyo en este artículo, especialmente a Esther Ruiz Berges. También a Rafa Araujo y Lola Bragado de la Colección de Malacología del MNCN, entrañables compañeros, por identificar la especie y facilitarme el acceso a los ejemplares de la colección y a Ramón Manuel Álvarez, de la SEM, por la información sobre el nombre común.

Por último, nunca se dirá lo bastante ni lo suficientemente alto: Por mucho que nos creamos que nada malo pueda pasar...

¡No hay que trasladar animales o plantas silvestres de un lado a otro!

Reseña bibliográfica:

Pou-Rovira, Q., R. Araujo, D. Boix, M. Clavero, C. Feo, M. Ordeix & L. Zamora (2009). "Presence of the alien chinese pond mussel Anodonta woodiana (Lea, 1834) (Bivalvia, Unionidae) in the Iberian Peninsula"Graellsia 65 (1): 67-70.



lunes, 1 de octubre de 2012

El conejo de la vida, el conejo de la muerte


Me estoy acostumbrando a ver águilas calzadas en mis salidas a los campos y montes de las proximidades de casa, cuando antes ver un ejemplar de esta especie lo consideraba algo extraordinario. Seguro que algo tiene que ver el aumento de esta especie con la abundancia de conejos ya que es una verdadera especialista en la caza de lagomorfos.
Conejo. Oryctolagus cuniculus.
Ya se sabe que la Península Ibérica era la tierra de conejos, según los romanos, y que la mayoría de los grandes y medianos depredadores ibéricos, sean mamíferos, aves rapaces o grandes reptiles, basaban su dieta en este animal. La devastadora mixomatosis y la neumonía vírica hemorrágica prácticamente dejaron el campo sin conejos y a los depredadores sin comida.
Pero además, al faltar el conejo los depredadores desplazaron su apetencia hacia especies que ofrecían similar oferta proteica, como los lagartos y diversas aves, especialmente de suelo. Es como si a un juego de construcción le hubiésemos quitado la pieza central que sustenta al resto. Si no queremos que se desmorone habrá que hacer la chapuza de colocar otras piezas, aunque no encajen bien.

Águila calzada fase pálida. Hieraaetus pennatus.
Afortunadamente la extraordinaria capacidad reproductiva del conejo juega a su favor y entre eso y las repoblaciones con ejemplares vacunados parece que, en algunos lugares, las poblaciones se van recuperando. Tanto que ya se habla de plaga.
En mi zona tengo muy claro que esa recuperación procede de las sueltas que han hecho las sociedades de cazadores de los pueblos, que querían tener conejos en el monte para poderlos cazar. Y que su buen dinero les ha costado tenerlos ahí para poderles disparar.


Y gracias a eso, no lo dudo, los depredadores, especialmente las rapaces, se han beneficiado. Pero también soy testigo de un curioso efecto: Por la presión de los propios cazadores los lugares con mayor abundancia de conejos no son aquellos donde se soltaron sino los cercanos a carreteras y viviendas donde "teóricamente" no se puede cazar. La foto de más arriba es una clara evidencia, a pocos metros del cazador hay una finca de caballos con sus construcciones y algo más allá, a no más de 300, están las primeras viviendas de la urbanización donde yo vivo. La carretera, tampoco dista más de 500 metros en la dirección en que está apuntando con su arma.

Ratonero común. Buteo buteo.
Lo mismo me cuentan de la provincia de Ciudad Real, tanto respecto a los conejos, que se asientan incluso en las zonas de rotonda junto a las carreteras, como de las liebres, que se están acostumbrando a campear por el entorno de las autopistas, gracias a la protección que suponen los vallados ante la persecución de los galgos. Y es la misma historia que la de las torcaces que se han hecho urbanas.

Conejo entre los cardos.
Y esta costumbre de acercarse a las carreteras entraña un nuevo riesgo para los conejos y un nuevo lugar de alimentación a determinadas rapaces, no exenta de peligro: las cunetas con sus animales atropellados.
En los amaneceres veraniegos, cuando bajo hacia la estación de tren, raro es el día que no veo algún gazapo atropellado en la cuneta. Los milanos, tanto reales como negros, pero especialmente estos últimos, aletean cuando aún no hay térmicas que los mantengan en el vuelo, para patrullar el gris asfalto a la búsqueda de su desayuno. Más de una vez los osados milanos han hecho delante de mi coche o alguno que me precedía, una pirueta para agarrar una presa de la cuneta, como si practicasen un peligroso juego, cruzándose ante el automóvil y alzándose con su carroña en el último momento.


Milano real, Milvus milvus.
Milano negro, Milvus migrans.
Los milanos son ante todo oportunistas, beneficiarios de la abundancia de conejos, de su desplazamiento hacia la carretera, del acoso de los cazadores y de los atropellos. 


Pero otras especies son cazadores más directos, como las propias águilas calzadas, las perdiceras, las reales y los ratoneros. Supongo que también las rapaces nocturnas que pueda haber en el área, aunque yo no puedo constatar su presencia, por el momento, como las especies que muestro y cito ahora. No he tenido la suerte de ver águilas imperiales aquí, aunque sí en El Pardo y sus alrededores, desde el tren, camino de Madrid, en zonas donde también el número de conejos ha aumentado.
Águila perdicera. Aquila fasciata.
Águila perdicera, Aquila fasciata, y Águila calzada fase pálida, Hieraaetus pennatus.
Evidentemente las enfermedades de los conejos no han desaparecido, se siguen viendo ejemplares cegados y muertos por mixomatosis o con un hilo de sangre en la nariz característico de la neumonía vírica. Y no solo los milanos se aprovechan de esas carroñas, también el buitre negro, cuyas poblaciones igualmente han aumentado.


Buitre negro. Aegypius monachus.
En mi entorno cercano puedo constatar que tejones, comadrejas y zorros, entre los mamíferos, así como culebras bastardas y de escalera aprovechan también esta mesa puesta. Esperemos que si hay crecimiento en las poblaciones de estos pequeños carnívoros se vean como un elemento de equilibrio y no como alimañas.

Conejo desangrado por un pequeño depredador, posiblemente comadreja.
Pero también puedo constatar el incremento del número de garrapatas en las zonas donde los conejos se han hecho abundantes. Y no es solo una cuestión de incomodidad, sino de salud pública. Lamentablemente he tenido conocimiento de que al menos un cazador de la zona ha padecido la enfermedad de Lyme o borreliosis que transmiten estos parásitos. En determinadas lugares he tenido que dejar de pasear con mi perra porque es alérgica a las pipetas antiparasitarias y es casi imposible controlarlas. Pararse a hacer una foto macro es como invitarlas a subirse e incluso la mochila dejada en el suelo es un punto de atracción. 
Garrapata en prados habitados por conejos.
Al llegar a casa nadie me libra de tenerme que desnudar metido en la bañera, para detectar las que caen sobre la loza blanca, y revisar mi cuerpo y mis ropas. Esa fue una de las cosas que tuve que hacer cada vez que salí a hacer fotos a los cardos que mostré unas entradas atrás. Y casi siempre aparece alguna, aunque en el campo ya tenga el tic de mirarme las piernas cada cierto tiempo. Las garrapatas tardan en encontrar el lugar donde fijarse y eso juega a nuestro favor, para retirarlas antes de que nos piquen.


lunes, 10 de septiembre de 2012

La importancia de tener un nombre.

--> El caso de la avispa Tropidodynerus flavus y su comportamiento de nidificación.

"- ¿Qué hierba es esa.../...?
- No lo sé.
- La llaman cuatrifolia.
.../...
- ¿Para qué sirve, maestro?
- Para nada que yo sepa.
.../...
Cuando sepas reconocer la cuatrifolia en todas sus sazones, raíz, hoja y flor, por la vista y por el olfato, y la semilla, podrás aprender el verdadero nombre de la planta, 
ya que entonces conocerás su esencia, que es más que su utilidad."

Un mago de Terramar, 1968
Ursula K. Le Guin

En uno de los fantásticos libros de Ursula K. Le Guin, fantásticos por ser de fantasía y ciencia-ficción y porque lo son de verdad, se puede leer esa frase que le dice su maestro al mago protagonista. Además, a lo largo del relato se insiste en que conocer el verdadero nombre de personas, criaturas o cosas, te da poder sobre ellos.
Muchas veces he recordado ese detalle del libro porque en esencia eso es lo que buscan tanto los científicos, que se empeñan en conocer a fondo las especies y ponerles un nombre, como los naturalistas que anotamos en nuestros cuadernos las especies que observamos en nuestras salidas al campo. Es como si al poner o conocer su nombre, de alguna manera, las dominásemos.

Durante un paseo familiar por la Sierra de Grazalema el 26 de junio pasado, sufriendo un adelanto del intenso calor que hemos padecido este verano, nos sorprendió ver a un lado del camino varias decenas de nidos de avispas en el suelo. Habría casi un centenar en poco más de un metro cuadrado. La actividad de los insectos era frenética, mientras unos se afanaban en hacer agujeros otros se dedicaban a taparlos y, lo más curioso, alguna avispa sacaba larvas de su nido y luego las metía y volvía a taparlo.
No podíamos aguantar más tiempo el sol y el calor, llevábamos más de tres horas andando y estábamos deshidratados. Tomé las fotos que pude y grabé vídeos sin saber muy bien lo que estaba observando. El trabajo de identificación e interpretación de lo que habíamos visto me tocaría hacerlo en casa.
Como suelo hacer, recurrí a la web de Biodiversidad virtual, suponiendo que se trataba de una avispa de la familia Vespidae. Son muchas las especies de esta familia y algunas muy parecidas entre sí. Por el aspecto robusto y su tamaño me parecía una avispa emparentada con Polistes Vespa, más por el color rojizo de la parte anterior del abdomen no me parecía una avispa común. Por fin localicé que no pertenecía a las Vespinae, que son avispas sociales, sino a la subfamilia Eumeninae, que son avispas solitarias que suelen tener un aspecto bastante diferente, generalmente más estilizadas. Pinchando aquí puede verse una foto de un ejemplar más típico de esta familia, perteneciente al  género Eumenes
Nuestras observaciones se trataban, posiblemente, de representantes del género Tropidodynerus.

En dicha web leí que las imágenes y la información de estas avispas son poco abundantes y, de hecho, poco encontré buscando por la red. 
Afortunadamente Leopoldo Castro, especialista en esta subfamilia que colabora en Biodiversidad virtual, me confirmó que, como yo había supuesto, se trataba de la especie Tropidodynerus flavus y fue tan amable de facilitarme la referencia que indico al final de esta entrada. Muchas gracias. También me advirtió que, si bien se conocían estos detalles de otra avispa similar, de la especie que se distribuye por la Península Ibérica no había imágenes ni publicaciones sobre su comportamiento.
Por fin tenía su nombre y por fin entendía lo que habíamos visto.


Por las observaciones, fotos y vídeos de esa calurosa mañana y con lo que he podido leer, la Historia Natural de estos insectos transcurre de la siguiente manera:
Las hembras hacen agujeros independientes en el suelo, pero las unas cerca de las otras. Al hacer el túnel, de unos cuatro centímetros de profundidad, agregan el material del suelo formando pequeñas pelotillas que dejan en el entorno del agujero con lo que luego les resulta más cómodo tapar y destapar la salida, cosa que hacen varias veces a lo largo del proceso de nidificación.
Para alimentar a sus larvas, las madres llenan las celdillas con larvas paralizadas de escarabajos, posiblemente curculiónidos (gorgojos). No se pueden identificar esas larvas con las fotos, pero en la especie T. interruptus así es. Los machos sobrevuelan la zona intentando fecundar a las hembras atareadas en la construcción de nidos.


Las hembras van acumulando presas en el nido y cada vez que introducen una presa vuelven a tapar el agujero con las pelotillas de tierra. Así lo hacen, una y otra vez hasta que reunen cerca de una decena de larvas. Entonces ocurre una cosa muy curiosa: sacan todas las presas del nido y limpian con cuidado su interior. Todo este trabajo es para evitar que las avispas cuco pongan sus huevos dentro y se aprovechen de las presas ajenas. Una vez limpio el nido vuelven a meter las presas en el nido, ponen el huevo y lo sellan definitivamente. En él se desarrollará la larva de la avispa a costa del almacén de larvas de escarabajos "adormecidos" por el aguijón de la madre.
En mi opinión estas agregaciones de nidos y el aspecto más parecido a las avispas comunes que a otros eumeninos, hacen que un enemigo piense que está ante una colonia que puede actuar con un ataque conjunto, y no ante avispas independientes e inofensivas.


En las siguientes fotos he rodeado con un círculo a la borrosa imagen de las posibles avispas cuco o cleptoparásitas de los nidos de Tropidodynerus. Fue imposible hacerles una foto decente porque se movían de manera rapidísima. En la última parte del vídeo también se intuyen, como sombras que pasan por encima. En el trabajo de Arens que enlazo más abajo, las avispas cuco son del género Chrysis, que también está presente en la fauna ibérica, pero no puedo confirmar nada porque se movían tan deprisa que me fue imposible verlas y fotografiarlas bien. Aunque por tamaño y aspecto las siluetas que se ven en las fotos, bien podían serlo.



Como se da a entender en la cita de la novela con que comencé esta entrada, el conocimiento es más importante que la utilidad, pero estas avispas no son inútiles para los humanos ya que recordemos que los gorgojos que constituyen sus presas son plagas potenciales de cultivos y estas avispas colaboran a mantenerlos en equilibrio ecológico. Cuando un animal no tiene depredadores específicos, como pasa con la especie de gorgojo introducida llamada picudo rojo, Rhynchophorus ferrugineus,ocurren desastres como el que están padeciendo los palmerales del Levante español.
Y para finalizar, en el vídeo, las avispas en acción.


El trabajo de W. Arens sobre el comportamiento de nidificación de Tropidodynerus interruptus, que me facilitó Leopoldo Castro, puede leerse en el este enlace.