Me estoy acostumbrando a ver águilas calzadas en mis salidas a los campos y montes de las proximidades de casa, cuando antes ver un ejemplar de esta especie lo consideraba algo extraordinario. Seguro que algo tiene que ver el aumento de esta especie con la abundancia de conejos ya que es una verdadera especialista en la caza de lagomorfos.
| Conejo. Oryctolagus cuniculus. |
Ya se sabe que la Península Ibérica era la tierra de conejos, según los romanos, y que la mayoría de los grandes y medianos depredadores ibéricos, sean mamíferos, aves rapaces o grandes reptiles, basaban su dieta en este animal. La devastadora mixomatosis y la neumonía vírica hemorrágica prácticamente dejaron el campo sin conejos y a los depredadores sin comida.
Pero además, al faltar el conejo los depredadores desplazaron su apetencia hacia especies que ofrecían similar oferta proteica, como los lagartos y diversas aves, especialmente de suelo. Es como si a un juego de construcción le hubiésemos quitado la pieza central que sustenta al resto. Si no queremos que se desmorone habrá que hacer la chapuza de colocar otras piezas, aunque no encajen bien.
| Águila calzada fase pálida. Hieraaetus pennatus. |
Afortunadamente la extraordinaria capacidad reproductiva del conejo juega a su favor y entre eso y las repoblaciones con ejemplares vacunados parece que, en algunos lugares, las poblaciones se van recuperando. Tanto que ya se habla de plaga.
En mi zona tengo muy claro que esa recuperación procede de las sueltas que han hecho las sociedades de cazadores de los pueblos, que querían tener conejos en el monte para poderlos cazar. Y que su buen dinero les ha costado tenerlos ahí para poderles disparar.
Y gracias a eso, no lo dudo, los depredadores, especialmente las rapaces, se han beneficiado. Pero también soy testigo de un curioso efecto: Por la presión de los propios cazadores los lugares con mayor abundancia de conejos no son aquellos donde se soltaron sino los cercanos a carreteras y viviendas donde "teóricamente" no se puede cazar. La foto de más arriba es una clara evidencia, a pocos metros del cazador hay una finca de caballos con sus construcciones y algo más allá, a no más de 300, están las primeras viviendas de la urbanización donde yo vivo. La carretera, tampoco dista más de 500 metros en la dirección en que está apuntando con su arma.
| Ratonero común. Buteo buteo. |
Lo mismo me cuentan de la provincia de Ciudad Real, tanto respecto a los conejos, que se asientan incluso en las zonas de rotonda junto a las carreteras, como de las liebres, que se están acostumbrando a campear por el entorno de las autopistas, gracias a la protección que suponen los vallados ante la persecución de los galgos. Y es la misma historia que la de las torcaces que se han hecho urbanas.
| Conejo entre los cardos. |
Y esta costumbre de acercarse a las carreteras entraña un nuevo riesgo para los conejos y un nuevo lugar de alimentación a determinadas rapaces, no exenta de peligro: las cunetas con sus animales atropellados.
En los amaneceres veraniegos, cuando bajo hacia la estación de tren, raro es el día que no veo algún gazapo atropellado en la cuneta. Los milanos, tanto reales como negros, pero especialmente estos últimos, aletean cuando aún no hay térmicas que los mantengan en el vuelo, para patrullar el gris asfalto a la búsqueda de su desayuno. Más de una vez los osados milanos han hecho delante de mi coche o alguno que me precedía, una pirueta para agarrar una presa de la cuneta, como si practicasen un peligroso juego, cruzándose ante el automóvil y alzándose con su carroña en el último momento.
| Milano real, Milvus milvus. |
Los milanos son ante todo oportunistas, beneficiarios de la abundancia de conejos, de su desplazamiento hacia la carretera, del acoso de los cazadores y de los atropellos.
Pero otras especies son cazadores más directos, como las propias águilas calzadas, las perdiceras, las reales y los ratoneros. Supongo que también las rapaces nocturnas que pueda haber en el área, aunque yo no puedo constatar su presencia, por el momento, como las especies que muestro y cito ahora. No he tenido la suerte de ver águilas imperiales aquí, aunque sí en El Pardo y sus alrededores, desde el tren, camino de Madrid, en zonas donde también el número de conejos ha aumentado.
| Águila perdicera. Aquila fasciata. |
| Águila perdicera, Aquila fasciata, y Águila calzada fase pálida, Hieraaetus pennatus. |
Evidentemente las enfermedades de los conejos no han desaparecido, se siguen viendo ejemplares cegados y muertos por mixomatosis o con un hilo de sangre en la nariz característico de la neumonía vírica. Y no solo los milanos se aprovechan de esas carroñas, también el buitre negro, cuyas poblaciones igualmente han aumentado.
| Buitre negro. Aegypius monachus. |
En mi entorno cercano puedo constatar que tejones, comadrejas y zorros, entre los mamíferos, así como culebras bastardas y de escalera aprovechan también esta mesa puesta. Esperemos que si hay crecimiento en las poblaciones de estos pequeños carnívoros se vean como un elemento de equilibrio y no como alimañas.
| Conejo desangrado por un pequeño depredador, posiblemente comadreja. |
Pero también puedo constatar el incremento del número de garrapatas en las zonas donde los conejos se han hecho abundantes. Y no es solo una cuestión de incomodidad, sino de salud pública. Lamentablemente he tenido conocimiento de que al menos un cazador de la zona ha padecido la enfermedad de Lyme o borreliosis que transmiten estos parásitos. En determinadas lugares he tenido que dejar de pasear con mi perra porque es alérgica a las pipetas antiparasitarias y es casi imposible controlarlas. Pararse a hacer una foto macro es como invitarlas a subirse e incluso la mochila dejada en el suelo es un punto de atracción.
| Garrapata en prados habitados por conejos. |
Al llegar a casa nadie me libra de tenerme que desnudar metido en la bañera, para detectar las que caen sobre la loza blanca, y revisar mi cuerpo y mis ropas. Esa fue una de las cosas que tuve que hacer cada vez que salí a hacer fotos a los cardos que mostré unas entradas atrás. Y casi siempre aparece alguna, aunque en el campo ya tenga el tic de mirarme las piernas cada cierto tiempo. Las garrapatas tardan en encontrar el lugar donde fijarse y eso juega a nuestro favor, para retirarlas antes de que nos piquen.