martes, 30 de agosto de 2011

El pájaro ratón africano, Colius striatus.


Solo tengo unas pocas entradas sobre animales africanos, pero se llevan una buena proporción de las visitas al blog, así que después de una nueva y rápida visita a Mozambique y Sudáfrica irán apareciendo algunos de los animales que he podido ver y fotografiar estos días.
Entre los que más me han llamado la atención se encuentra el pájaro ratón. Pertenece a una pequeña familia endémica de África, llamada Coliidae, que solo cuenta con dos géneros y seis especies, aunque de esta especie, Colius striatus, hay nada menos que diecisete subespecies descritas, repartidas por el África Subsahariana, especialmente en el Este y Sur.
Son de pequeño tamaño, apenas 35 cm contando su larga cola, es decir, que de cuerpo resultan menores que un mirlo. Son ruidosos y se mueven por las ramas en pequeños grupos, llamándose entre sí y trepando por ellas de manera parecida a los loros y periquitos. De hecho, los dedos exteriores de sus patas los pueden colocar hacia delante, como la mayoría de las aves o hacia atrás, como las psitácidas (loros). Su forma de trepar y moverse, tanto hacia arriba como cabeza abajo, y el color pardo y grisáceo, es lo que le da el aspecto de roedor arborícola y lo que le ha valido el nombre de pájaro ratón. Tienen las alas cortas y redondeadas. Una pequeña cresta de plumas les termina de dar su gracioso aspecto.
Se alimentan de todo tipo de productos vegetales, especialmente blandos, como frutas, hojas y néctar. En algunos lugares puede constituir una plaga para los árboles frutales, jardines y otros cultivos. Una lástima en un ave tan bonita.
Al amanecer me sorprendió un grupito que se debía haber tomado un baño y exponía su pecho y vientre empapados a los primeros rayos del sol en lo alto de un frondoso árbol.
Su aspecto era de lo más desaliñado, pero poco a poco fue mejorando. En esa postura, además, me mostró su capacidad acrobática con una postura de patas de lo más curioso.
Pueden verse otras entradas dedicadas a aves del Sur de África pinchando en los siguientes enlaces:





Las fotografías 1, 2, 4 y 5 están tomadas junto a la playa de Bilene, cerca de Xai-Xai, Mozambique. La 3 en el Parque Kruger, Sudáfrica.

miércoles, 17 de agosto de 2011

La hormiga que no lo es y el escarabajo que se le quiere parecer


Los mutílidos y sus escarabajos miméticos.

No son frecuentes ni fáciles de encontrar. Tienen el aspecto de hormigas un poco peludas y caminan solas por el suelo, por esta razón se les ha llamado "hormigas solitarias", también por su aspecto, "hormigas aterciopeladas". Ni son formícidos, que es la familia de las hormigas, ni tienen vida colonial, pues llevan vida solitaria desde el momento de su nacimiento.
Pero ¿qué son?

Pues son himenópteros como las hormigas, pero de la familia Mutillidae, parientes cercanos de las avispas y, como ellas, no solo pueden picar sino que además al hacerlo no pierden el aguijón y por lo tanto no mueren al clavarlo y pueden picar más de una vez. Su picadura, por cierto, es muy dolorosa y no se corresponde con lo esperado de un animalito de apenas un centímetro de longitud. Solo las hembras tienen aguijón.
Cuando se sienten amenazadas se encogen entre los granos de arena escondiendo la cabeza, como si estuviesen muertas, y si se mueven lo harán para salir corriendo. Y otra característica de esta familia es el chirrido que emiten cuando son capturadas entre los dedos (quien se atreva), con unas pinzas o en un cazamariposas. Lo hacen al frotar dos segmentos del abdomen entre sí, que son muy duros.
Los mutílidos son escasos en Europa, pero bastante numerosos en el continente americano, especialmente en áreas tropicales donde hay gran variedad de tamaños y colores.

En casi todas las especies europeas solo las hembras carecen de alas (son ápteras). Los machos sí que las tienen y, cosa rara entre los himenópteros, suelen ser más grandes que las hembras. En alguna especie son alados los dos sexos.
Por esta vez, en esta ligera entrada de verano, no voy a dar nombres científicos, esta familia es muy complicada de trabajar. De muchas especies se conoce solo la hembra o solo el macho y no se sabe si no se estará considerando especies distintas machos y hembras de la misma. Y es que el macho es completamente diferente. No solo por el tamaño y la posesión de alas, sino también por tener otro diseño y colorido. Los machos, además, no son tan "peludos" como las hembras.

Solamente se sabe a ciencia cierta que son parejas de la misma especie cuando se han encontrado copulando o, alguna vez, cuando se han utilizado hembras en pequeñas jaulas para atraer a los machos de su especie.
Los machos, por si fuera poco, se encuentran en microambientes completamente distintos. Así, se les puede buscar entre flores, alimentándose de polen y néctar o entre las ramas de diversos árboles.
Supongo que en cuanto los entomólogos especialistas empiecen a aplicar análisis de ADN con estos animales asistiremos a una verdadera revolución en su clasificación y denominación de las especies. Así se podrá, por fin, emparejar a machos y hembras que quizás ahora estén considerados especies diferentes.
Decíamos que los mutílidos son solitarios desde el momento de nacer. En efecto, como especies parásitas de otras avispas, no conocen a su familia. Meterse en un nido de avispas o de abejorros del género Bombus para poner los huevos en las celdillas de las larvas y parasitarlas no debe ser tarea sencilla para una hembra de mutílido y se dice que para eso le ayuda su cubierta peluda, ya que los aguijones de sus huéspedes resbalan sobre su muy endurecido cuerpo.
Quien haya leído mi anterior entrada sobre mimetismo ya no se sorprenderá de que estos animales, con su dolorosa picadura, tengan sus propios imitadores entre la fauna inofensiva, así ocurre con alguna especie de escarabajos Trichodes (especialistas en mimetismos), arañas saltícidas (especialistas en imitar a las hormigas) y el escarabajo cerambícido, Chlorophorus trifasciatus, que encontré no muy lejos del mutílido de la primera fotografía.


El dibujo que aparece en esta entrada está tomado del libro "Himenópteros de España Fams. Apterogynidae y Mutillidae" de J. Giner Marí, publicado en 1944 por el Instituto Español de Entomología en Madrid.

jueves, 4 de agosto de 2011

La mosca de la lluvia y el mascaflor mesetario

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Anthomyia pluvialis & Mylabris hieracii

Era a principios del pasado junio cuando estaba buscando a los mascaflores y Trichodes que formaron parte de mi anterior entrada sobre mimetismo, me encontré con este escarabajo completamente acosado por más de media docena de pequeñas moscas.
Se trataba de un mascaflor mesetario, Mylabris hieracii, que, como ya vimos es un insecto venenoso. Pero no venenoso porque tenga una picadura dañina, sino porque su cuerpo está impregnado de cantaridina, una sustancia tóxica e irritante, que hace que sea incomestible para las aves y pequeños reptiles. Es más, si uno de estos insectos se nos posa en la piel y lo aplastamos como si fuese un moscardón, podemos tener la desagradable sorpresa de que nos produzca un fuerte irritación de piel en la zona del "impacto".

Sin embargo, estas pequeñas moscas parece que no temían a la cantaridina, sino que más bien la buscaban. En un primer momento pensé que como la cantaridina es también un potente afrodisíaco, la versión cutre y descontrolada de la Viagra en la antigüedad, quizás esta mosca aprovechase su secreción como sé que lo hacen otros insectos.

Pero no era este el caso, la búsqueda de información me llevó a conocer que las moscas de la lluvia y otras especies de la familia Anthomyidae son chupadoras de la "sangre" de otros insectos y a ello se dedican las hembras, mientras que los machos se ocupan de los jugos vegetales.
Las larvas de estas moscas se alimentan de plantas marchitas, hongos y también se han encontrado en nidos de aves, posiblemente llevadas con el material que compone el nido, o quizás las hembras pusieron allí los huevos sobre la materia vegetal.

En honor a la verdad debo advertir que no estoy seguro de que la determinación de la mosca sea correcta al cien por cien, ya que hay otra especie muy parecida, A. procellaris, que solo se puede diferenciar con seguridad estudiando la genitalia. Sin embargo, no me he podido resistir a utilizar el bonito nombre de "mosca de la lluvia" porque ese día mi excursión entomológica se vió interrumpida por un pequeño chubasco. Bueno, puesto a hacer confesiones, también por el inquietante comportamiento de un "pedazo de toro" de raza avileña al que no parecía hacer mucha gracia que yo anduviese por los alrededores de sus vacas.
En efecto el nombre de pluvialis le viene de que estas moscas se observan principalmente en primavera, aunque a veces se encuentren en pleno verano, pero generalmente durante el tiempo lluvioso.
Y ya metidos con la etimología, el nombre del género, Anthomyia, quiere decir mosca de las flores.

Todas las moscas que rodeaban al escarabajo eran hembras ¿Qué cómo lo distingo en un insecto tan pequeño? pues porque los machos tienen un buen par de "ojones", quiero decir que sus ojos son mucho más grandes, de manera que casi se juntan en la zona de arriba de la cabeza. En cambio las hembras, como se puede ver en las fotos, los tienen claramente separados... Por cierto, los que hayan pensado mal están castigados media hora de cara a la pared. Y los que se hayan reído, además, con los brazos en cruz. Esto es un blog casi serio, no se crean ustedes.


Más información: El comentario de Pedro L. Méndez y mi respuesta me da pie a añadir una información sobre lo que observé, que se me había olvidado decirlo pero que es patente en las fotos que he puesto. Las moscas, al subirse al escarabajo, buscaban las zonas de articulación, tanto entre las patas como entre el tórax y los élitros. Es lógico ya que atravesar las placas de quitina del Mylabris debe ser poco menos que imposible para el díptero.

miércoles, 20 de julio de 2011

El rebaño de las hormigas

RELACIÓN DE MUTUALISMO ENTRE HORMIGAS Y PULGONES

Lo bueno de dejar que en algún rincón del jardín crezcan plantas de las denominadas "malas hierbas", es decir, de las que crecen solas y sin cuidados, es que uno no sufre cuando son atacadas por las plagas. Este es el caso de un pequeño matojo de Rubia, que cada primavera aparece en diversos rincones de mi jardín, enganchándose en nuestros pantalones o en el pelo de mi perra cuando pasamos cerca. Pero esos pequeños inconvenientes aparte, la rubia plagada de pulgones me permite observar el interesante comportamiento de pastoreo de las hormigas.

En efecto, las hormigas no solo se aprovechan de la secreción azucarada que producen los pulgones, sino que los defienden de otros insectos y, según algunos autores, incluso los trasladan de planta cuando es necesario. Aunque, Jose Luis en su blog (*) nos cuenta que las suyas no tuvieron ningún inconveniente en comérselos cuando dejaron de producir jugos azucarados porque las ramas de hiedra sobre las que estaban habían marchitado.
También hay otras plantas de jardín que tienen pulgones frecuentemente, como la hiedra, que puede soportar perfectamente la "plaga" de pulgones sin ver mermado su extraordinario vigor.
Como decíamos, los pulgones, cual vacas lecheras, pagan los cuidados de las hormigas segregando un jugo azucarado, que posiblemente no sea producida con ese exclusivo fin, sino que es la manera que tiene el pulgón de deshacerse del exceso de líquido extraído de la planta. Me explico: el pulgón clava el estilete de sus piezas bucales en la planta y succiona savia continuamente, pero de ella solo extrae una proporción de sus sustancias nutritivas. El resto lo expulsa en forma de dulces gotas que son aprovechadas por las hormigas.
En la foto siguiente podemos observar dos pulgones con una gota rojiza, de jugo azucarado, lista para ser servida.

Esas gotas, si no viene una hormiga a recogerlas, caerán y formarán superficies pringosas bajo las plantas donde habitan los pulgones. Como cualquiera que haya aparcado el coche bajo un árbol plagado de pulgones recordará, aunque no supiese a qué era debido.
Si el pulgón no tiene la gota de jugo preparada, la hormiga puede estimular su secreción con unos toques de sus antenas. Esta foto y la anterior corresponden a otra especie de pulgones y a otra planta. En la de arriba se puede observar el pulgón de la derecha con una gota preparada para la hormiga, sin necesidad de ser "ordeñado".
Hay una gran variedad de hormigas que se ocupan de pastorear pulgones y posiblemente existan diferentes grados de ayuda mutua o no tan mutua, igual que existen muchas especies de pulgones distintas, que pueden estar o no preparadas para la relación con las hormigas.
El ciclo biológico de los pulgones es muy complejo y también varía según la especie. Los hay que traen al mundo a sus crías ya crecidas, que ponen huevos, y las dos cosas según sea el ciclo de verano o de invierno. Los hay que solo viven en una especie de planta, en plantas distintas y los que pasan una parte del ciclo en una especie y otra en una planta diferente. Hay pulgones que nunca tienen alas, en otros solo la tienen los machos y en otros tanto machos como hembras. Pero lo más interesante, a mi modo de ver, es la alternancia de generaciones. De los muchos posibles, un ciclo típico podría ser el siguiente:

En primavera nacen hembras aladas de huevos de invierno y vuelan hasta una nueva planta donde se reproducen sin necesidad de ser fecundadas (partenogénesis). De ellas nacen pequeños pulgones que no han pasado por la fase de huevo (viviparismo), que son todos hembras y que pueden reproducirse de nuevo sin necesidad de machos. Así pasan el verano formando una plaga que se multiplica exponencialmente. Llegado el otoño aparece una generación diferente, con alas y con machos, que volarán y copularán. Las hembras así fecundadas pondrán huevos sobre una planta distinta, que no desaparezca en invierno y será su forma pasar la estación más fría. Por el contrario, las plantas atacadas en primavera suelen ser de crecimiento rápido y muchas veces anuales, como la rubia con que comenzamos el relato, amapolas y otras herbáceas.

Según lo anterior lo correcto no sería llamarles pulgones sino pulgonas, pues la mayor parte de su ciclo son todas hembras.

(*) Dedico esta entrada a Jose Luis y a su blog Hormigas Amarillas, que nos muestra interesantísimos detalles sobre estos insectos y sus colonias.

domingo, 10 de julio de 2011

La muerte en las profundidades... del estanque

LAS NINFAS DE LIBÉLULA, Anax imperator



Hace dos años, que puse una entrada sobre las grandes libélulas que volaban y hacían sus puestas en mi estanque de jardín. Puede verse pinchando AQUÍ.

Hace dos meses, me tocó vaciar y limpiar el estanque porque las raíces de las plantas emergentes y capas sucesivas de plantas acuáticas, amenazaban por colmatarlo completamente. Hasta 60 cm era la capa de restos vegetales entrecruzados como si fuese una turbera formada en tan solo diez años. Tuve que trabajar duro, con el agua por las rodillas, retirando bloques irregulares de lodo y materia vegetal, con una gran cuchilla y con azadón. Naturalmente, tanto en el agua como entre los restos vegetales, iban apareciendo algunos de los numerosos habitantes del estanque: pececillos, renacuajos y larvas de los más variados insectos acuáticos. Instalé una piscina hinchable para ir pasando toda esa fauna y una parte de la flora que quería conservar.

Entre ellos habia una gran cantidad de ninfas de nuestra protagonista de hoy: la gran libélula azul, Anax imperator.

La oportunidad, una vez más, de tener que manejar a los habitantes del estanque, me permite observarlos de cerca, e incluso ponerlos en el acuario que suelo utilizar para este tipo de fotografías.

Las ninfas de libélula no tienen la belleza de los animales adultos, pero tampoco están exentas de un gran poder de fascinación. Su aspecto es realmente inquietante y sus costumbres depredadoras aún más. Las piezas inferiores de su mandíbula forman lo que se ha llamado "máscara" que puede ser proyectada hacia delante con la rapidez de la lengua del camaleón, para atenazar a sus víctimas y atraerlas hacia su boca.

Pequeños peces, otros insectos, y especialmente los renacuajos, son presa habitual de estos monstruos prehistóricos.

Cuando la ninfa ha pasado al menos un año en el agua, alimentándose de sus compañeros de estanque, aproximadamente por estas fechas, busca un tallo de planta que salga del agua y trepa por ella saliendo a la superficie. En esta especie eso ocurre durante la noche, y encontrarlo al amanecer aún con la libélula sin salir del todo de su vieja piel, es un hecho excepcional como en este caso, en el que debió tener algún problema y murió en el intento sin llegar a extender las alas.

Hace dos semanas, por lo menos, que ya vuelan las libélulas adultas, pelean por su territorio sobre el estanque y se dedican a hacer sus puestas. Una nueva generación de terribles depredadores acuáticos inicia el ciclo de la vida.




miércoles, 29 de junio de 2011

El traje de las mariquitas ¿Diseño de moda?

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CASOS DE MIMETISMO EN INSECTOS IBÉRICOS
Hace un par de semanas tuve la oportunidad de fotografiar cuatro especies de escarabajos pertenecientes a cuatro familias muy distintas. A las cuatro las encontré en un espacio de no más de 500 metros cuadrados, el mismo día y a la misma hora, entre las flores de jara en la ladera sur de la Sierra de Guadarrama. Sin embargo, su aspecto externo no puede ser más parecido: Cabeza y tórax negro y los élitros de color anaranjado con puntos negros. Es el color que rápidamente reconocemos como el de las mariquitas. Pero ¿Son las mariquitas las que imponen esa moda? ¿Han evolucionado cada especie por su cuenta con ese diseño? ¿Es fruto de la casualidad que todos tengan los mismos colores o están interrelacionados?
LAS CUATRO ESPECIES
Mariquita de siete puntos, Coccinella setempunctata. Familia Coccinellidae. Se alimenta de pulgones tanto en su fase larvaria como adulta. Cuando se le molesta segrega un líquido algo irritante y de sabor desagradable.Mascaflor mesetario, Mylabris hieracii. Familia Meloidae, como corresponde a los miembros de su familia, es un animal venenoso y por lo tanto las aves insectívoras y las lagartijas tienen que aprender a evitarlos. Curiosamente los mascaflores adultos son inofensivos para otros insectos, pues se alimentan de plantas, especialmente de flores. Sin embargo, las larvas se alimentan de las puestas de saltamontes.Trichodes octopunctatus. Familia Cleridae, teniendo un aspecto casi idéntico a los mascaflores, es comestible. Sin embargo, sus enemigos lo evitan si previamente han tenido un encuentro desagradable con un mascaflor o con una mariquita o, quizás, con la siguiente especie. Son feroces carnívoros y si se ven en las flores es porque se están comiendo a los insectos que acuden a ellas.
Lachnaia sp. Perdonad que no os sepa decir la especie, pero creo ni siquiera la foto es lo bastante buena como para determinarla. Pertenece a la familia Chrysomelidae. Muchos miembros de esta familia emiten líquidos desagradables cuando son molestados, pero son más de advertencia que con verdadera toxicidad. Son comedores de hojas de plantas.
LOS CIENTÍFICOS Y EL MIMETISMO

A mediados del siglo XIX el naturalista inglés Henry W. Bates, descubrió que ciertas mariposas que había colectado en la selva amazónica y que inicialmente había considerado como de una misma familia, no estaban realmente emparentadas entre sí, aunque en su diseño, colorido e incluso en la forma de volar eran casi idénticas.

Tanto era así, que tras la publicación de su trabajo, muchos museos y coleccionistas tuvieron que revisar sus cajas entomológicas al advertir que tenían mal clasificadas muchas de sus mariposas.

No es casualidad que especies de mariposas con idéntico color, dibujos y comportamiento, fuesen una de ellas tóxica o de desagradable sabor y la otra comestible. Los diseños de las especies tóxicas no son, además, para pasar desapercibidas, sino que tienen colores llamativos y fáciles de distinguir y recordar. De esa manera, si un pájaro se come una de esas mariposas y pasa literalmente un mal trago, recordará la amarga experiencia y procurará no repetirla. Así, la especie comestible se aprovecha de esa circunstancia, sobreviven más individuos y dejan más descendencia.


Los trabajos de Bates con diversas especies mostraron lo que más adelante se llamó mimetismo batesiano y supusieron un gran respaldo a la teoría de Darwin de la evolución por la selección natural. Naturalmente, ese apoyo a las teorías darwinistas provocó una pequeña revolución más allá del ámbito científico, granjeando a Bates encarnizados enemigos entre los religiosos creacionistas.

Entre todas las especies vistas anteriormente existe un evidente caso de mimetismo batesiano. Una especie inofensiva, Trichodes, se beneficia de la toxicidad de las demás, aunque especialmente de Mylabris que es la que más se le parece.

Aunque Bates también había encontrado entre sus colecciones especies no emparentadas, que tenían sustancias tóxicas y que coincidían en forma y color, no llegó a dar una explicación a ese fenómeno. Fue Fritz Müller, un científico alemán, en 1878 y también estudiando las mariposas de Brasil, quien llegó a la conclusión de que dos especies tóxicas que tienen el mismo aspecto, se benefician mutuamente. La explicación es que para que los depredadores aprendan que una determinada forma y color está relacionada con sabor desagradable, tienen que probar a qué saben algunos de ellos y así, cuantas más especies tengan el mismo diseño menos chivos expiatorios serán necesarios de cada una de ellas. En honor a su descubridor esa forma de mimetismo se llamó mulleriano.

Entre las tres especies con algo de sabor desagradable Coccinella y Lachnaia y la venenosa Mylabris, tenemos un caso de mimetismo mulleriano, pues las tres se benefician de las experiencias negativas que puedan tener depredadores con cualquiera de ellas.

La palabra mimetismo crea a veces confusión, porque estamos acostumbrados a utilizarla cuando nos referimos a coloraciones de camuflaje, como las de mariposas que imitan las cortezas de árboles, los insectos hoja y palo, etc. Sin embargo, mimetismo se refiere a cualquier coloración y forma que imita a otro animal, planta o al entorno. Y no solo en el aspecto, sino en los movimientos, los sonidos y, posiblemente, en los olores, aunque nosotros no seamos capaces de percibirlos. El mimetismo es un precioso ejemplo de adaptación al medio y de evolución paralela, lo que se ha llamado coevolución.

Por otro lado, no son demostrativos de mimetismo ni de Müller ni de Bates, como forma de coevolución, los casos en que se parecen entre sí especies muy emparentadas, ya que eso es debido a que tienen un antepasado común, como les ocurre a las avispas, Polistes, y a los avispones, Vespa. En cambio, sí sería mimetismo batesiano las moscas inofensivas que imitan a esos animales provistos de aguijón.

En el caso que nos ocupa quizás no sean las mariquitas las principales protagonistas y responsables de que otras especies las imiten, sino los mascaflores con sus sustancias más venenosas. Sin embargo, no podemos negar que esta especie es la más popular y uno de los insectos más respetados. Puede que sea sólo por ser inofensiva y atractiva, pero ahora sabemos que además es un gran aliado en la agricultura biológica porque consume pulgones, plaga de nuestras plantas, de manera compulsiva.

Me habría encantado usar, como aquellos grandes científicos, ejemplos procedentes de exóticas selvas, sobre todo porque habría ido a esas selvas a hacer las fotografías. Pero también me produce un cierto placer encontrar estos ejemplos casi a la puerta de casa. Y no solo aquí, sino en cualquier lugar de España.


Por cierto ¿qué hacen todas estas mariquitas juntas? ¿andarán de fiesta? Quizás la respuesta esté en el último rincón, de Javier Barbadillo. No te lo pierdas.

Y no puedo menos que agradecer a Mario García París su colaboración en la identificación de estas y otras especies que aparecen en el blog.


domingo, 19 de junio de 2011

Las ranas del jardín. Puestas a poner huevos.

Un ejemplo del desarrollo embrionario de los anfibios.



Desde el mes de abril llevan cantando sin parar las ranas verdes, Pelophylax perezi, de mi estanque. Sin parar de cantar y de hacer puestas. Es quizás una de las especies con el periodo de puesta más largo. En eso se parece a la estrategia del sapo corredor, Epidalea calamita, del que hace poco hablamos de las puestas y del desarrollo larvario. Seguro que no es casualidad, ya que las dos especies son típicamente mediterráneas y están adaptadas a primaveras muy cambiantes. Podríamos decir que no les interesa poner todos los huevos en la misma cesta, prefieren repartirlos en distintos momentos, no sea que el clima les traicione y pierdan toda posibilidad de reproducción durante un año entero.
Asomadas entre las plantas emergentes o sobre las hojas de los nenúfares, emiten su llamada día y noche. Son la única especie de anfibio ibérico que canta durante el día de forma habitual. Su canto, además, va mucho más allá de la mera época de reproducción y posiblemente tenga tanto una función territorial para los machos, como un efecto de llamada para las ranas de los alrededores, cuando las lagunas y arroyos temporales donde se repartieron en primavera se van secando. Así, en pleno verano, las masas de agua permanente tienen una concentración de ranas mucho mayor que en otras épocas del año.
Los machos se lanzan sobre cualquier rana, e incluso cualquier otro animal de su tamaño, que se acerque a su territorio. La primera intención es la reproducción, y en su ardor se abrazan a cualquier otra especie. Hace unas semanas vimos un amplexus con un gallipato, Pleurodeles waltl, en una piscina abandonada de Manzanares el Real, parecía un jinete sobre una prehistórica montura. Pero también tienen la intención de alejar a los intrusos de su área de campeo. Otras ranas, al verse avasalladas por el dueño del territorio, no tienen más opción que una digna huida.

Me resulta difícil observar y fotografiar los amplexus de rana, porque son mucho más desconfiadas que los sapos, pero por las mañanas me encuentro abundantes puestas en cualquier lugar del estanque y, en particular, entre los peciolos de las hojas de nenúfar.

La ventaja de tener en casa las puestas es que puedo sacarlas a un acuarito para hacerles fotos de detalle. Así que manos a la obra:



Las puestas de las ranas forman una masa gelatinosa irregular, muy diferente a los cordones de huevos de los sapos. Como en todos los anfibios en la parte superior tienen una zona gris más oscura, que aunque se intente cambiar intencionadamente de postura, siempre volverá a la parte de arriba. Les da un curioso aspecto de planetas o satélites en cuarto creciente.

Aunque el huevo se vaya dividiendo a lo largo de los meridianos y paralelos, lo que se llama segmentación total radial, esta división no se aprecia a simple vista. Nos tenemos que creer lo que dicen los libros y aceptar que solo 24 horas tras la puesta y fecundación, el huevo ya está compuesto, en la fase mórula, por más de 5.000 células. Además no se divide de manera homogénea, sino que la zona gris se multiplica con mayor rapidez. Pronto, las células de la parte superior dominan sobre la zona blanca y terminan por cubrirlas. Es la fase que se llama gastrulación. En esa fase las células del huevo ya se han colocado en diferentes capas y tendrán predestinado su desarrollo hacia las células de los diferentes tejidos y órganos del futuro renacuajo y rana.

Y antes de que nos demos cuenta, apenas 48 horas después, ya empiezan algunos huevos a mostrar un surco, que es el lugar donde se formará el cordón nervioso y la columna vertebral. Por eso, a esa fase se la denomina neurulación.
Enseguida, la forma del huevo cambia y empieza tomar el aspecto de un embrión.
Así se alarga el cuerpo en la zona de lo que será la cola del renacuajo y también se empieza a diferenciar la zona de la cabeza. Ahora ya empiezan a moverse los embriones dentro de su cubierta gelatinosa.

Más adelante se distingue perfectamente lo que será la cola con su aleta y también empiezan a notarse las branquias, que al principio son externas y luego se cubren con un opérculo de piel dejando abierto al exterior solo un orificio llamado espiráculo. Cuando el renacuajo crezca, para respirar tomará el agua por la boca y la expulsará por el espiráculo. En cambio, en los tritones y salamandras las branquias son externas en toda la fase larvaria.

En este momento también se empiezan a diferenciar a simple vista los segmentos musculares.

Además, entre la cabeza y el vientre se desarrolla una especie de ventosa u órgano de fijación, con el que el embrión se adherirá a las plantas acuáticas cuando abandone la gelatina que lo cubre tras la eclosión. Es la verdadera salida del huevo, aunque el renacuajo no esté desarrollado del todo.

La zona más blanca del huevo, con todos los cambios en la velocidad de crecimiento de los tejidos, ha quedado en el interior de lo que será el tubo digestivo. Es el vitelo, y es muy rico en sustancias nutritivas que se irá digiriendo desde esta fase hasta que el renacuajo empiece a nadar.

Enseguida se observará que los ojos se han desarrollado y el opérculo, que cubre las branquias, también. Por transparencia vemos los últimos restos de vitelo en lo que ya es intestino. En cuanto se termine ese último alimento, los renacuajos tendrán que empezar a nadar y buscarse su propia comida. La boca, entonces, habrá desarrollado unos duros dentículos córneos que le permitirán roer la superficie de plantas y piedras consumiendo algas y todo tipo de organismos acuáticos, empezando por las gelatinas que cubrían los huevos y las numerosas algas que habían empezado a crecer sobre ellas.