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viernes, 9 de octubre de 2020

Cinches escudo (3): La chinche mediterránea, Carpocoris mediterraneus

Continúo con esta serie dedicada a los hemípteros heterópteros, es decir, a las chinches que he llamado escudo por su forma y colorido.
La chinche mediterránea, Carpocoris mediterraneus, es una de las más abundantes y fáciles de ver en nuestra zona de campeo. Se puede encontrar en muy diversas plantas, pero yo tengo la impresión de que es más abundante en los cardos, tanto en los cardos marianos, borriqueros y otros de su familia, que están en su apogeo más bien en primavera y a principios de verano, como en los falsos cardos corredores más entrado el estío.


Así es como esta especie ha llegado a mi jardín, tanto como en el entorno de prados de mi casa, y las he fotografiado y mostrado en este blog en diversas ocasiones, como puede verse AQUÍ.

Carpocoris en cópula sobre la inflorescencia de un cardo borriquero, Onopordum acanthium, en mi jardín. 30 de junio 2020

Como ya he contado otras veces, todos los años suelo dejar que algún cardo crezca en algún rincón del jardín donde no molesten al paso, porque me dan la oportunidad de observar la numerosa fauna de insectos que atraen. Y no solo insectos, también aves como jilgueros, verderones y verdecillos que me lo agradecen y, a veces, hasta se dejan fotografiar... bueno, solo a veces. 
Pero no me voy a distraer, hoy va de chinches. Así, en la foto anterior muestro una pareja de Carpocoris mediterraeus en cópula, en un cardo de mi jardín.

Puesta de Carpocoris entre las espinas del cardo.

Unos días después de esa cópula, con los adultos aún pululando por el cardo encontré esta puesta y no me cupo duda de que se trataba del fruto de esa unión, ya que era casi idéntica a la que vi hace ya unos años sobre las acículas de un pino en la playa de La Marina, en Alicante, con la protagonista en plena faena. No parece que sea una coincidencia la forma de acícula de los dos lugares de puesta, bien diferente a la puesta, más numerosa y en una hoja plana, de Nezara viridula que mostré en la anterior entrada.
Momento
Momento de la puesta en las acículas de pino. Alicante.

Pensaba que iba a tener la oportunidad de hacer un seguimiento del desarrollo de estas chinches como el que mostré en mi anterior entrada, pero no fue así, el tiempo transcurrió y nada nacía. Y no solo eso, sino que empezó a crecer moho sobre los huevos, lo que indicaba que posiblemente estaba muertos. 
Sin embargo, en algo en equivoqué, no todos estaban muertos, al menos de uno de ellos nació una avispilla parásita, como puede verse en las siguientes fotos.


Me quedé sin poder fotografiar las ninfas en ese momento y han tenido que transcurrir más de 3 meses, desde el 30 de junio hasta el 6 de octubre, para que encuentre una ninfa de la especie, de los últimos estadios, en otra zona del jardín. Ha merecido la pena, es toda una belleza, con los brillos dorados que la adornan.

Carpocoris mediterraneus. Ninfa en los últimos estadios (creo que el 5º) sobre la  lavanda del jardín.

Taxonomía de Carpocoris mediterraneus.

La historia de la clasificación taxonómica de esta especie es bastante compleja y me ha costado dar con la conclusión final que he optado por seguir. 

IBERFAUNA, la base de datos del proyecto FAUNA IBÉRICA del MNCN, no la considera especie válida entre las cuatro existentes en la Península. Sin embargo, cita un artículo que sí lo hace. Es un trabajo del 2013 que puede consultarse en ESTE ENLACE. En él se concluye, con evidencias moleculares, que Carpocoris mediterraneus es una especie válida, muy común en España y diferente que Carpocoris fuscispinus con la que se había sinonimizado. Las dos especies coinciden en muchos lugares del continente europeo, también en varios sistemas montañosos de Península Ibérica. Incluso se han encontrado ejemplares de las dos especies en la misma planta, lo que refuerza la teoría de que son dos especies distintas que no hibridan. Las montañas parecen ser refugios fríos que datan desde las glaciaciones, algo que en el trabajo comparan con la distribución de algunas plantas y a mi me recuerda a las lagartijas serranas. No figuran en el trabajo hallazgos de C. fuscispinus en Guadarrama, así que habrá que fijarse en las zonas más altas. Este trabajo nos muestra fotos muy elocuentes de la forma de diferenciarlas.

Por otra parte, en la Península Ibérica la subespecie aceptada es Carpocoris mediterraneus atlanticus. Pero en el mencionado trabajo parece ser que las diferencias con la otra subespecie Carpocoris mediterraneus mediterraneus no están tan claras.

domingo, 3 de agosto de 2014

Montañas, islas para animales y plantas.

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Picos de la Sierra de Guadarrama, islas en un mar de niebla.
Estoy seguro de que si Darwin en lugar de viajar por el mar, como lo hizo a bordo del Beagle, hubiese recorrido las cordilleras del mundo colectando animales, habría llegado a la misma conclusión sobre la evolución de las especies. Las montañas no dejan de ser islas separadas por llanuras entre las que el intercambio genético es muy escaso.
Y es que al observar las especies de alta montaña, sus semejanzas y sus diferencias, habría llegado al convencimiento de que muchas de ellas están emparentadas aún viviendo separadas por centenares de kilómetros y, cuanto más alejadas sean las montañas más diferentes serán las especies, aunque todas ellas estén adaptadas a las duras condiciones que impone la altitud y el clima.
Iberolacerta cyreni de la Sierra de Guadarrama
Desde luego, las islas Galápagos son el ejemplo perfecto de un laboratorio donde actúa la evolución, pero sabiendo observar también lo son las cumbres de las montañas.
No dudo que las iguanas son más fascinantes que las lagartijas serranas y las tortugas gigantes impresionantes comparadas con los escarabajos, pero las mariposas quizás no tengan nada que envidiar a los pinzones y, además, ir a verlos es mucho más económico, no sufriremos los mareos que padeció el bueno de Charles y haremos un ejercicio más sano.
Podarcis muralis en la Sierra de Guadarrama 
Respecto a las lagartijas, en los últimos años hemos visto como los taxónomos estudiosos de las lagartijas serranas ibéricas las han separado en siete especies diferentes a la vez que se retiraban del género Lacerta y se incluían en el género, Iberolacerta, que fuera de la península solo incluye otra especie más, relicta en los Alpes.
Pero no solo es interesante ver las diferencias entre las lagartijas serranas de diferentes macizos montañosos, sino observar su relación con las otras especies que habitan en las mismas montañas. Así, aunque la competencia entre especies sea muy controvertida para algunos ecólogos, el hecho es que donde Iberolacerta y Podarcis coinciden, son las Iberolacerta las que ocupan los pisos más altos, Podarcis muralis el piso intermedio y Podarcis hispanica la menor altitud. Pero en Sierra Nevada, donde no hay otras especies, es P. hispanica la que sube hasta muy por encima de los 3.000 metros, más arriba que cualquiera de las anteriores en el Sistema Central, cuyas montañas no son tan altas.
Podarcis hispanica en Sierra Nevada, por encima de los 2.500 metros de altitud
También son sumamente interesantes un grupo de escarabajos, con un nombre parecido a las lagartijas serranas: Iberodorcadion. Son cerambícidos de tamaño medio que se alimentan de raíces de plantas, muy concretas para cada especie. Las especies de montaña, que se alimentan de los piornos, tienen pequeñas variaciones según su origen y han dado lugar a un gran número de especies y subespecies de distribución muy restringida e interesante de seguir por las cuerdas serranas.  
Iberodorcadion perezi endemismo del Sistema Central
Iberodorcadion lorquinii endémico de Sierra Nevada
Igualmente, la mariposa ibérica montana por excelencia, Parnassius apollo, presenta diferencias en cada macizo montañoso y en base a ellos se han descrito muchas y discutidas subespecies. Las del norte peninsular tienen las manchas rojizas, pero las de Sierra Nevada son amarillas.
Parnassius apollo de la Sierra de Guadarrma, con manchas menos rojas que en Pirineos.
Parnassius apollo nevadensis, endémica de Sierra Nevada
Las cabras monteses son un ejemplo muy emblemático, en la Península Ibérica, de las cuatro subespecies descritas solo dos han sobrevivido, Capra pyrenaica victoriae en el centro de la Península y C. p. hispanica en las sierras mediterráneas y Sierra Nevada. 
Capra pyrenaica victoriae en la Sierra de Guadarrama.
Capra pyrenaica hispanica en Sierra Nevada, en pleno verano, cambiando el pelo y provista de un collar con un número. 
Se diferencian por la distribución de las manchas oscuras en los machos y en el grosor y sección de los cuernos. Además, su pariente más próximo, el íbice de los Alpes, Capra ibex, es más robusto, tiene los cuernos con los abultamientos muy marcados y en una sola curva espiral, a diferencia de las cabras monteses ibéricas, que los tienen más lisos y con dos curvaturas tomando la forma de una lira en los ejemplares más grandes. Una vez más nos damos cuenta de que en montañas próximas las poblaciones tienen un mayor grado de parentesco, son subespecies, mientras que en las más lejanas pueden considerarse especies diferentes. Eso, ahora y a nosotros, nos parece muy obvio, pero en tiempos de Darwin solo pensarlo era un pecado al contradecir a la biblia y aún hoy día, en alguna universidad americana lo atribuirían a un capricho divino y no a un efecto de la evolución.

La lista de plantas y animales, sobre todo insectos, sería larga y posiblemente muy interrelacionada, pero para no ser tan exhaustivo como el propio Darwin, voy a dejarlo aquí. Seguro que más adelante encuentro otros motivos para mostrar más interesantes endemismos montanos de los que he podido observar este verano. 



miércoles, 4 de julio de 2012

Bañarse con golondrinas

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Entre la publicidad de viajes de vacaciones empiezan a aparecer con relativa frecuencia anuncios que ofrecen bañarse con delfines, tiburones ballena, tortugas o mantas raya, pero no he visto ninguno que de la posibilidad de bañarse con golondrinas. Y eso es lo que he hecho, aunque no estuviese en el programa, la semana pasada en una casa rural de la Serranía de Ronda.


En una piscina, casi literalmente colgada en la ladera de una montaña, cuando por las tardes nos refrescábamos del agobiante calor sufrido durante el paseo diario, las golondrinas venían a bañarse con nosotros con todo el descaro del mundo.
Como decía el gran Félix, dejo hablar a las imágenes
Son las de las fotos anteriores golondrinas comunes, Hirundo rustica, pero también las dáuricas, Hirundo daurica, nos regalaron la vista con sus baños y tomas de agua en pleno vuelo.

Igualmente aviones comunes y roqueros nos sobrevolaron, además de abejarucos y vencejos, pero no se atrevían a bajar estando nosotros cerca.
La que tampoco se quiso perder nuestro baño fue la lavandera blanca, Motacilla alba, bastante despeluchada ella...

... y numerosos verdecillos, Serinus serinus, que se alimentaban en las espigas del entorno y acudían tímidamente a beber agua en algún charquito que encontrasen.

martes, 17 de abril de 2012

Cleptoparasitismo de gorrión sobre carbonero. Los vídeos

En una entrada anterior comenté que los gorriones de mi jardín "cleptoparasitan", curiosa palabreja, a los carboneros comunes. No repito más explicaciones porque puede verse pinchando AQUÍ.
Ahora puedo mostrar el vídeo donde se ve cómo el carbonero se molesta en abrir el agujero en la cáscara del cacahuete para que luego venga el gorrión a llevarse la semilla.

La ristra de cacahuetes está colgada justo delante de la ventana de mi cocina, con lo que no tengo más que ponerme con el trípode frente al fregadero, cómodamente sentado en una silla. Un curioso "hide" adecuado para los días fríos de viento y lluvia, como este pasado sábado.


Además, añado otro vídeo donde se muestran las interacciones entre las dos especies, según sean machos y hembras.
El macho de carbonero común se diferencia de la hembra porque tiene la línea negra ventral mucho más ancha y el color amarillo del cuerpo más fuerte. En su comportamiento se aprecia que hay una dominancia clara de los gorriones sobre la hembra de carbonero, la del principio del vídeo. Pero el macho de carbonero, especialmente ahora que empieza a estar encelado, discute la posesión de los cacahuetes a la hembra de gorrión. El macho de gorrión domina a todos los demás.
Es curioso, los carboneros tienen el pico más afilado que los gorriones y posiblemente serían más capaces de hacer daño que ellos, como bien saben los que anillan a estas aves y como demuestran al abrir los cacahuetes, sin embargo no se enfrentan verdaderamente y es todo muy ritualizado.


domingo, 1 de abril de 2012

Salamanquesas, o el subirse por las paredes

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A pesar de que el año meteorológico se está presentando de lo más extraño, las señales de vida que indican la llegada de la primavera no se están haciendo esperar. La semana pasada ya vi las primeras golondrinas y en la presa del embalse de Navacerrada tanto los aviones comunes como los roqueros están rehaciendo sus nidos recogiendo barro al mismo pie del muro. Las ranas comunes cantan ya con todas sus fuerzas en el estanque, gorriones y estorninos hurgan entre las tejas de casa y los milanos negros vuelan en los alrededores.

Los reptiles de menor tamaño, como las lagartijas, se activan en cuanto sale el sol. También están activas las salamanquesas, que en pleno verano son nocturnas pero que ahora, cuando las noches son aún frías, se dejan ver a pleno sol buscando calor y algún insecto que llevarse a la boca.

Entre los muros de casa y el jardín hay una pequeña población de salamanquesas comunes, Tarentola mauritanica, que sobreviven como pueden a los ataques de los gatos del vecindario, sus principales enemigos en áreas urbanizadas.

En este ejemplar, una vez más, vemos ácaros parásitos tanto entre los dedos y patas como en el borde inferior del ojo. También son frecuentes en los bordes del tímpano, aunque esta se ha librado, por el momento.

Aunque en el campo las he visto solapándose en sus microhábitats, en casa mantienen la distancia con las lagartijas, Podarcis guadarramae (antes hispanica), y frecuentan rincones diferentes. Desde luego, las salamanquesas aprovechan mejor la verticalidad de los muros. No en vano poseen las peculiares laminillas dactilares que les permiten trepar por superficies muy lisas.
Durante la noche las salamanquesas son de color más bien pálido, pero por el día, sobre todo si están tomando el sol, se oscurecen y se mimetizan perfectamente con su entorno, como es el caso de los roquedos de granito de mi zona.

En la costa mediterránea convive con la otra especie ibérica, la salamanquesa rosada, Hemidactylus turcicus, que es aún más urbana y más nocturna. El carácter que las guías utilizan para diferenciar a las dos especies es las laminillas de la parte inferior de sus dedos que en la salamanquesa rosada están divididas dos filas (de ahí el nombre científico del género: hemi=mitad y dactylus=dedo), mientras que en la común, como se ve en la primera foto, tiene las laminillas enteras, en una sola fila. Sin embargo, creo que las fotos son bastante esclarecedoras sobre su diferente aspecto. La salamanquesa común tiene la piel con escamas y verrugas mucho más patentes y el aspecto general es más robusto. También alcanza mayor tamaño.

Las salamanquesas viajan con frecuencia en cargamentos de madera, palets, cajas de frutas, etc. Y así han colonizado medio mundo en los medios de transporte de los humanos. De hecho, en otros países se consideran especies invasoras.

martes, 17 de enero de 2012

Unos carroñeros de altura

Cuando subíamos a La Najarra para ver y fotografiar los grupos de cabra montés que aparecieron en la anterior entrada, nos sorprendió el paso de varias parejas de buitres que venían siguiendo la ladera norte de la Cuerda Larga, volando bastante bajo. Sobrepasaron suavemente la montaña y bajaron, como si fuesen hacia Miraflores de la Sierra, por la ladera que no podíamos ver desde nuestra posición.
Era medio día y suponíamos que en el otro lado había alguna carroña. Daban tentaciones de dejar de subir para seguirlos, pero habíamos ido "a cabras", como tales tiramos "pal" monte, y no nos arrepentimos.Todos siguieron más o menos el mismo recorrido, algunos venían de más abajo que nosotros y no nos dimos cuenta de su presencia hasta que no les teníamos encima haciendo un círculo para aprovechar la térmica y ganar la altura necesaria para sobrevolar la montaña. Los primeros que vimos fueron buitres leonados (Gyps fulvus) y quizás ya habían pasado algunos cuando empezamos a subir. Creo que no vimos más de seis ejemplares de esta especie. Sin embargo, la sorpresa fue ver pasar nada menos que cuatro parejas de buitres negros (Aegypius monachus). Nunca había visto tantos ejemplares en tan poco tiempo, apenas 15 minutos.

Los negros fueron los que venían de la parte baja, posiblemente de los pinares colindantes al Monasterio de El Paular, que es visible desde esa ladera de la Najarra. O quizás de la zona de Rascafría.
Por un instante pensé que no podía ser, que alguna de las parejas debía haber dado la vuelta completa a la montaña y habíamos visto a los mismos buitres dos veces. Pero no fue así, porque después de haber comido arriba (nosotros, no los buitres) y hecho las fotos de las cabras, cuando estábamos bajando hacia el puerto de La Morcuera, volvimos a ver a los mismos realizando el recorrido contrario. Supongo que ellos también habían comido ya.Estos días también he visto buitres negros en la zona baja más a menudo y me han comentado que en la zona de Colmenar Viejo se los ha visto igualmente más de lo acostumbrado. No sé si alegrarme o temer que alguna alteración en otro lugar los haya asustado hacia aquí. Estamos tan acostumbrados a las malas noticias en los temas de conservación que nos cuesta creer lo bueno.


He dicho varias veces que eran parejas porque así era. Tanto los leonados como los negros pasaron de dos en dos. Además, en la vuelta, una de las parejas de buitre negro voló en paralelo, uno sobre otro, durante un rato, que es el típico comportamiento de cortejo.
Creo que es pronto para que empiecen con el celo, pues tengo entendido que hasta finales de febrero no deberían cortejarse, pero con este tiempo tan extraño que estamos teniendo ya no me sorprende nada. A modo de anotación de cuaderno de campo tengo que dejar constancia de que a estas alturas apenas hay unas manchas de nieve en la zona más alta y en la ladera Sur de la Sierra de Guadarrama. Por debajo de los 1.500 metros aún no hemos visto ni un copo.
No son buitres, aunque sean también carroñeros, los oportunistas cuervos (Corvus corax), que curiosean las zonas donde los excursionistas han parado a descansar esperando encontrar algún resto de comida aprovechable. Estos forman parejas estables durante todo el año y verlos jugar con las corrientes de aire al nivel de las peñas de las cumbres en una verdadera delicia.

jueves, 4 de agosto de 2011

La mosca de la lluvia y el mascaflor mesetario

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Anthomyia pluvialis & Mylabris hieracii

Era a principios del pasado junio cuando estaba buscando a los mascaflores y Trichodes que formaron parte de mi anterior entrada sobre mimetismo, me encontré con este escarabajo completamente acosado por más de media docena de pequeñas moscas.
Se trataba de un mascaflor mesetario, Mylabris hieracii, que, como ya vimos es un insecto venenoso. Pero no venenoso porque tenga una picadura dañina, sino porque su cuerpo está impregnado de cantaridina, una sustancia tóxica e irritante, que hace que sea incomestible para las aves y pequeños reptiles. Es más, si uno de estos insectos se nos posa en la piel y lo aplastamos como si fuese un moscardón, podemos tener la desagradable sorpresa de que nos produzca un fuerte irritación de piel en la zona del "impacto".

Sin embargo, estas pequeñas moscas parece que no temían a la cantaridina, sino que más bien la buscaban. En un primer momento pensé que como la cantaridina es también un potente afrodisíaco, la versión cutre y descontrolada de la Viagra en la antigüedad, quizás esta mosca aprovechase su secreción como sé que lo hacen otros insectos.

Pero no era este el caso, la búsqueda de información me llevó a conocer que las moscas de la lluvia y otras especies de la familia Anthomyidae son chupadoras de la "sangre" de otros insectos y a ello se dedican las hembras, mientras que los machos se ocupan de los jugos vegetales.
Las larvas de estas moscas se alimentan de plantas marchitas, hongos y también se han encontrado en nidos de aves, posiblemente llevadas con el material que compone el nido, o quizás las hembras pusieron allí los huevos sobre la materia vegetal.

En honor a la verdad debo advertir que no estoy seguro de que la determinación de la mosca sea correcta al cien por cien, ya que hay otra especie muy parecida, A. procellaris, que solo se puede diferenciar con seguridad estudiando la genitalia. Sin embargo, no me he podido resistir a utilizar el bonito nombre de "mosca de la lluvia" porque ese día mi excursión entomológica se vió interrumpida por un pequeño chubasco. Bueno, puesto a hacer confesiones, también por el inquietante comportamiento de un "pedazo de toro" de raza avileña al que no parecía hacer mucha gracia que yo anduviese por los alrededores de sus vacas.
En efecto el nombre de pluvialis le viene de que estas moscas se observan principalmente en primavera, aunque a veces se encuentren en pleno verano, pero generalmente durante el tiempo lluvioso.
Y ya metidos con la etimología, el nombre del género, Anthomyia, quiere decir mosca de las flores.

Todas las moscas que rodeaban al escarabajo eran hembras ¿Qué cómo lo distingo en un insecto tan pequeño? pues porque los machos tienen un buen par de "ojones", quiero decir que sus ojos son mucho más grandes, de manera que casi se juntan en la zona de arriba de la cabeza. En cambio las hembras, como se puede ver en las fotos, los tienen claramente separados... Por cierto, los que hayan pensado mal están castigados media hora de cara a la pared. Y los que se hayan reído, además, con los brazos en cruz. Esto es un blog casi serio, no se crean ustedes.


Más información: El comentario de Pedro L. Méndez y mi respuesta me da pie a añadir una información sobre lo que observé, que se me había olvidado decirlo pero que es patente en las fotos que he puesto. Las moscas, al subirse al escarabajo, buscaban las zonas de articulación, tanto entre las patas como entre el tórax y los élitros. Es lógico ya que atravesar las placas de quitina del Mylabris debe ser poco menos que imposible para el díptero.

domingo, 5 de junio de 2011

Las flores diversas en la familia de las jaras

Un ejemplo de diversidad dentro de la especie.



Con esta maravillosamente húmeda primavera, los campos de mi entorno están exuberantes de plantas herbáceas y sus correspondientes flores. Margaritas, ranúnculos, orquídeas, campánulas, dedaleras y muchas otras, son un regalo para la vista en cualquier paseo por los montes y prados.


Entre ellas me llamó particularmente la atención este ramillete de hierba turmera, Tuberaria guttata. Sabía que esta florecilla tenía diversos diseños y tamaños, pero nunca me había fijado en que se presentaban tan juntas las distintas morfologías.
En un corto recorrido pude fotografiar tanta variedad como muestro a continuación:

- Con las máculas de los pétalos pequeño tamaño.
- Con las máculas también pequeñas pero con los pétalos más estrechos y separados.
- Con las máculas pequeñas y un anillo rojizo alrededor.
- Igual pero de mayor tamaño.
-Más grande aún y con los pétalos solapados como en un botón de oro.
- Y lo mismo pero con los pétalos más estrechos, que no se solapan entre sí.


Pero estas variaciones no nos sorprenden demasiado, porque dentro de la misma familia de plantas, las cistáceas, tenemos en el mismo territorio un arbusto bien conocido: la jara pringosa, Cistus ladanifer, que tanto se puede encontrar con manchas en los pétalos...
... como sin ellas.


Sabemos que este tipo de manchas, en la base de los pétalos, sirven para llamar la atención de los insectos polinizadores, a modo de señalizador que les indica donde está el néctar y, de paso, donde se impregnarán de polen. Y es muy curioso que muchas flores sin manchas, para nuestros ojos, vistas con luz ultravioleta sí que las tienen. No es casualidad que la visión de los insectos sea sensible a la luz ultravioleta y, por lo tanto, aprecien las marcas que nosotros no podemos ver.



Esta variabilidad, así como la capacidad de hibridación de estas y muchas otras plantas, es lo que ha permitido tan gran cantidad de variedades de flores de jardín.


Ya hice una entrada dedicada a las jaras, se puede ver AQUÍ



EDITO Y AÑADO: Javier Barbadillo, llegado desde "El último rincón" me advierte del reciente cambio de género de la hierba turmera, que ahora se denomina Xolantha guttata. Gracias.