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lunes, 14 de marzo de 2022

Nuestro nuevo libro: ANDANZAS DEL GUADARRAMA. 100 años de cambios en la Sierra

T
ras una espera larga debida a las circunstancias que hemos padecido estos dos últimos años, por fin ha salido a la luz el libro que Javier Barbadillo y yo hemos publicado en Ediciones La Librería. El mercado editorial, como tantos otros, ha sufrido con la pandemia, así que es de agradecer el trabajo que esa empresa y veterana librería ha conseguido realizar en este periodo. Estamos especialmente agradecidos por la calidad final del libro a pesar de su ajustado precio, con sus 286 páginas y más de 125 fotografías a color.

Este libro surge después de tiempo de buscar un enfoque novedoso ante las muchas publicaciones nacidas tras la declaración del Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama. Cuando conocimos la edición facsímil de “Andanzas castellanas”, libro que fue publicado originalmente en 1917 y su autor es Juan A. Meliá, nos resultó muy impactante ver que nuestra forma de acercarnos a la naturaleza y el campo en general, y no sólo la Sierra de Guadarrama, era muy similar a la que Meliá mostraba en su libro y, por extensión, a la de los pioneros del guadarramismo. Aquel libro se presentó en abril del 2017 en el Museo Nacional de Ciencias Naturales, dentro del ciclo de charlas organizadas por la Sociedad de Amigos del Museo.

Nuestra idea inicial fue repetir los recorridos que Meliá describía en sus capítulos, pero nos dimos cuenta de que los cambios acaecidos desde entonces eran tan radicales que apenas si podíamos hacerlos de igual modo. De hecho, donde entonces Meliá recorría caminos rodeados de campo, encontramos ahora carreteras e incluso una autovía. Así, de forma natural quedó en evidencia que en lo que más nos debíamos centrar era en los cambios, y a su vez, restringir a la Sierra de Guadarrama el espacio tratado.

No me voy a extender en la descripción del libro de Meliá, pues en el momento de su presentación hice una completa reseña en mi otro blog “Observatorio de El Ventorrillo”, que puede verse en este enlace:

https://blogventorrillo.blogspot.com/2017/05/andanzas-castellanas-por-nuestra-sierra.html

Juntos o por separado, Javier y yo hemos recorrido nuestra Sierra desde hace mucho tiempo, cada uno con nuestros propios intereses, yo más zoológico y él más botánico y paisajístico, además de haber estado más implicado en la reivindicación ecologista. Y nos dimos cuenta de que también resultaban 100 años si sumábamos los aproximadamente 50 que llevamos cada uno recorriendo sus senderos.

El resultado es una mezcla de contenidos que hemos agrupado en ocho temas principales: Paisaje, forestal, Usos, Fauna serrana, Fauna alterada, Fauna invasora, Flora/vegetación y Deterioro. Además de una presentación de nosotros mismos y nuestra relación con la Sierra de Guadarrama, que hemos llamado “Andanzas vitales”.

Tenemos también la fortuna de que dos grandes de la protección y conocimiento de la Sierra, Eduardo Martínez de Pisón y Julio Vías, nos hayan querido regalar unas líneas de prólogo aportando un valor añadido a nuestras experiencias.

En lo que a mi corresponde, tenía especial interés en destacar la fecunda investigación realizada por investigadores del Museo Nacional de Ciencias Naturales en ese tiempo, donde yo he desarrollado la mayor parte de mi vida laboral, desde Graells hasta las más recientes investigaciones sobre zoología y conservación. Destacan las descripciones de nuevas especies y subespecies para la ciencia, como Graellsia isabelae, la subespecie Parnassius apollo dedicada a Escalera, los escarabajos pipa del género Iberodorcadion, la subespecie Canis lupus signatus y Capra pyrenaica victoriae descritas por el mastozoólogo Ángel Cabrera. De más actualidad son los trabajos para salvar de la extinción a algunos de nuestros más emblemáticos anfibios serranos, modelo para el resto del mundo. Yo mismo he podido observar en las últimas décadas cómo la distribución de las lagartijas ha ascendido ocupando unas el espacio que antes tenían otras debido al cambio climático, que se evidencia también por la ausencia de nieve.

Sapo partero, Alytes obstetricans, macho cargando con la puesta.

También se muestra nuestra preocupación por las especies invasoras e introducidas, como es el caso de los peces, cangrejos y almejas que invaden nuestros ríos y lagunas.

Dentro del apartado “usos” me interesaba tratar la importancia de las razas autóctonas de ganado, pues tengo la opinión de que en los parques nacionales se deberían fomentar las razas que proceden de las regiones donde están situados y, de esa manera, apoyar a los ganaderos que están manteniendo esas variedades que en ocasiones se encuentran en peligro de extinción. El primer paso para que sean valoradas por los visitantes de la Sierra y consumidores de sus productos, es conocerlas como patrimonio cultural.

En la primera imagen, semental de raza avileña negra enfrentada a otro de raza limusin, introducida para un mayor aprovechamiento cárnico. A continuación cabra del Guadarrama y abajo pareja de colmenareñas y oveja de El Molar.

Un vestigio de la historia de la Sierra, y de España en general, interesante y aún muy desconocido, son las torres de telegrafía óptica, que fueron objeto de un ambicioso proyecto lamentablemente abortado, pero que nos ha dejado unas restauraciones dignas de ser admiradas. Igualmente, los restos de pequeñas canteras para la extracción de granito, de las que algunos municipios y particulares atesoran imágenes, herramientas y materiales que bien podían formar parte de un museo de referencia pero, en cambio, las propias canteras se encuentran en un lamentable estado de abandono llenas de escombros y son objeto de vandalismo con pintadas, así como pobladas con especies de peces invasoras, que impiden el desarrollo de poblaciones estables de anfibios, grupo zoológico en franco retroceso, también amenazado por los tóxicos y la sal vertida en las cunetas.

Torre del Telégrafo en Cabeza Mediana.

Aunque haya referencias antiguas de su presencia puntual, poco nos podíamos imaginar que al pie de la Sierra iban a invernar miles de gaviotas, además de que podríamos ver en sus embalses patos, gansos exóticos, cisnes y otras aves acuáticas no propias de nuestra región.

Gaviotas reidoras invernantes en el embalse de Santillana.

Por supuesto, incluyo entre los acontecimientos por los que ha pasado la Sierra, lo que hoy conocemos como Estación Biológica El Ventorrillo, donde he tenido el placer de trabajar.

Puede complementarse la información sobre el libro en el siguiente enlace al artículo del blog de Javier Barbadillo:

https://enelultimorincon.blogspot.com/2022/03/

El martes 26 de abril a las 7 de la tarde está prevista una presentación y firma del libro en el Salón de Actos del Museo Nacional de Ciencias Naturales y el libro puede adquirirse en la editorial y muchas otras librerías y, por supuesto, en la tienda del Museo. Hay que reservar plaza por haber aforo reducido.

https://www.mncn.csic.es/es/sociedad-de-amigos-del-museo/presentacion-del-libro-andanzas-del-guadarrama-100-anos-de-cambio-en

 A continuación incluyo el sumario completo, para dar una idea más exacta de sus contenidos: 

SUMARIO

Prólogo 1. Un siglo de la Sierra. Por Eduardo Martínez de Pisón

Prólogo 2. Por Julio Vías Alonso

El cómo y los porqués de este libro

ANDANZAS VITALES

1. ¿Por qué vivo en la Sierra?

2. La primera vez

3. Qué nos da y qué nos quita la Sierra

4. Mi vinculación con la Sierra

5. Escapar a vivir a la Sierra

PAISAJE

6. El complejo alpino del Guadarrama

7. La Sierra urbanizada

8. Viejas canteras, nuevas lagunas

9. Hitos de cumbre: los vértices geodésicos

10. La Sierra crucificada: cruz de Cuelgamuros o del Valle de los Caídos

11. Una bola con antenas

12. Naturalidad-artificialidad en los paisajes serranos

13. Tan cerca, tan lejos, del Guadarrama

14. Sobre el derecho a disfrutar de la Sierra

FORESTAL

15. La Sierra y sus circunstancias forestales

16. De la aflicción a la complacencia leñosa

17. Pinares naturales y plantados

18. Melojares arrasados y recuperados

19. La gran reforestación

20. Efectos negativos de las repoblaciones

21. Vuelo casero sobre laderas aterrazadas

22. Nuevos enfoques forestales

USOS

23. El ganado serrano, razas autóctonas

24. Telegrafía óptica

25. El Ventorrillo, rincón histórico y centro de investigación

26. Muros del agua

27. Guarramillas, la montaña domesticada

28. ¿Esto es Hollywood?

29. La Sierra ajardinada

FAUNA SERRANA

30. Graellsia, emblema de la Sierra de Guadarrama

31. Apolo, la mariposa de las cumbres

32. Iberodorcadion. Los curiosos escarabajos pipa

33. Mariquitas alpinistas

34. Anfibios de Peñalara, luchando contra su extinción

35. Lagartijas de roca, cuando ya no hay montaña a la que subir

FAUNA ALTERADA

36. Las gaviotas que descubrieron Madrid para invernar

37. El regreso de la cabra montés

38. ¡Que viene el lobo!

39. No hay paz para palomas y tórtolas

40. Luciérnagas, ilusiones que se apagan

41. Ardillas funambulistas

FAUNA INVASORA

42. Peces, perdiendo biodiversidad

43. Salvelino, la “trucha” de Peñalara

44. Visón americano y nutria, dos casos contrapuestos

45. Marisco serrano: cangrejos y almejas

46. Patos exóticos en la Sierra

47. La chinche de los piñones, el enemigo americano

FLORA / VEGETACIÓN

48. Los fresnos

49. Descubriendo la flora serrana

50. Insólito avance del muérdago del pino

51. Náufragos, supervivientes, resucitados, advenedizos y fantasmas

DETERIORO

52. En defensa de la Sierra. La historia jamás contada.

53. Estaciones de esquí alpino: islas urbanas

54. Lo que queda de Valcotos

55. Humedales urbanizados: lagunas de Pryconsa y El Carrizal

56. Vida y muerte en la cuneta

57. Arde Guadarrama

58. Contaminación lumínica

59. Cambio climático y sus evidencias

60. Demasiadas huellas

ACONTECIMIENTOS

ESPECIES CITADAS

BIBLIOGRAFÍA CITADA

BIBLIOGRAFÍA NO CITADA

 


lunes, 9 de diciembre de 2013

Nuestras razas ganaderas, un tesoro de Biodiversidad.

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Vaca negra avileña ibérica en el Puerto de la Morcuera, Madrid.
Este fin de semana se ha hablado mucho en los círculos conservacionistas de la cacería que se ha celebrado en el Parque Nacional de Monfragüe y no he podido evitar recordar los inicios de la declaración de ese espacio, entonces aún Parque Natural.
La casualidad quiso que yo colaborase en un estudio sobre ranas en aquellos tiempos posteriores a la dura lucha contra el establecimiento de plantaciones de eucaliptos. Por eso, lo visité con mucha frecuencia durante dos años y conocí la que creo que fue su etapa más bonita, a cargo de Jesús Garzón.
Una de las acertadas ideas de Suso era recuperar algunos de los usos ganaderos de esa tierra y entre ellos incluía no solo la trashumancia y las cañadas y veredas como pasillos biológicos, cuando casi nadie se acordaba ya de ellos, y menos desde el punto de vista conservacionista, sino también las razas autóctonas como reservorio de biodiversidad cuando ese término aún no se había inventado.
Ahora llamamos biodiversidad genética a la que existe dentro de una especie y las razas ganaderas son un precioso ejemplo.
Una de las primeras vacas blancas cacereñas que llegaron al entonces Parque Natural de Monfragüe, finca Las Cansinas.
Diapositiva de la época digitalizada.
Siempre me han gustado tanto los animales silvestres como los domésticos y aquellas palabras suyas eran música para mis oídos. Y así fui testigo de los primeros intentos de volver a dotar a los ganaderos de mastines españoles y observé, en primera fila, la llegada al Parque del grupo inicial de vacas de raza blanca cacereña, que se encontraba (y sigue) en serio peligro de extinción. 
Con emoción nos contaba Suso que esas vacas, según decía la tradición, habían llegado a Extremadura de la mano de los romanos, que admirados de su belleza y blancura la utilizaban en sacrificios rituales a sus dioses. Después se habían conservado gracias a su rusticidad, pero en tiempos recientes se habían ido perdiendo por cruces con otras razas bovinas más seleccionadas pero menos resistentes, pues su fortaleza ósea las hacía idóneas para conseguir una buena producción de carne a la vez que resistencia y tamaño.
Entonces, todos pensábamos que aquello de los romanos seguramente se trataba de una bonita leyenda, pero años después, cuando los análisis de ADN relacionaron las blancas cacereñas, no con otras razas autóctonas ibéricas, sino ni más ni menos que con las vacas de la India, nos dimos cuenta de que quizás algo de verdad había en ella y que la tradición oral, generación tras generación de pastores, podía tener su razón.
Vaca avileña negra ibérica en prados de la Sierra de Guadarrama.
Ese problema de pérdida de variabilidad genética por hibridación con razas más productivas pero menos rústicas, es una constante en las razas españolas y lo vemos en el día a día en nuestro campos, donde a las vacas autóctonas les colocan sementales de otras razas para conseguir terneros más productivos. Afortunadamente, existe un pequeño número de ganaderos apasionados que se encargan de mantener ciertas razas y hay organismos oficiales que velan por su conservación.

Semental de avileña negra ibérica. Estos toros tienen una increíble potencia y agilidad y su sangre late por muchas de las ganaderías de toros de lidia.
Sé que me quedo muy corto, pero no tengo ni tantas fotos como me gustaría, ni este es el lugar adecuado para hacer una relación exhaustiva de todas nuestras razas. Valgan las que muestro a modo de ejemplo.
Veo a diario los rebaños de avileñas negras en las laderas de la Sierra de Guadarrama y me admira como soportan tanto la nieve y la escarcha invernal como los tórridos días de verano. No entiendo cómo pueden soportar con ese intenso color negro la radiación solar del mes de agosto.
Entre las avileñas, de cuando en cuando, se encuentran otras vacas de un bonito color grisáceo, llamado cárdeno. Se trata sin duda de moruchas cárdenas, aunque sean cruzadas, una raza de origen ibérico, propio de las dehesas salmantinas no muy abundante por esta zona madrileña. Sin embargo, el año pasado disfruté del espectáculo de un rebaño de ellas, posiblemente de pura raza, entre los pinares y prados de Cercedilla. Hay una variedad de cárdena andaluza, muy parecida y con igual color, aunque a veces es más manchada. En Andalucía tienen también sus correspondientes negra ibérica y retinta, todas son descendientes del tronco ibérico ancestral.
Vaca morucha en Cercedilla.
Las vacas retintas son de su mismo origen y, junto a las razas anteriores, son ancestros de muchas ganaderías bravas o de lidia, que al contrario de lo que suele creerse, no es una raza definida, sino una selección y cría de diferentes orígenes teniendo en cuenta su bravura y utilidad para la lamentablemente llamada "fiesta nacional". Teniendo esto en cuenta, no me preocuparía la pérdida de ese ganado, pues no considero que haga un gran aporte a la riqueza genética de nuestro patrimonio. Y tampoco me vale otro viejo argumento en defensa de la conservación del toreo, el hecho de ser valedora de las dehesas andaluzas, extremeñas o salmantinas, pues hay muchas otras razas que son rentables en ese ecosistema y, posiblemente, menos problemáticas. Aunque, naturalmente, es una opinión muy personal y, advierto, no lo voy a someter a discusión en los comentarios.

Vacada de lidia en Salamanca con claros orígenes de la raza retinta.
Otras de las vacas que pueden verse, aunque la mayoría de las veces cruzada con otras razas, son las berrendas. Son unos animales muy grandes y de cuerpo largo. Son conocidas y se han conservado posiblemente por su uso como mansos o cabestros para guiar al ganado bravo, incluso en los encierros. También es una excepcional raza de trabajo por su tamaño y fuerza, pero con la mecanización del campo no son tan necesarios y sus efectivos han disminuido mucho.
Semental de berrenda en colorado mostrado en la feria de ganado de Cercedilla en 2013.
En las dehesas de Guadarrama, Alpedrete y algunas más del entorno, se pueden ver vacas que se ajustan bastante a la tipología y color de la raza, aunque muy posiblemente estén cruzadas. Junto a la Carretera de Colmenar Viejo (N-607), cerca de la salida a Guadalix de la Sierra, hay un prado donde suele haber buenas vacas de estas razas.
Vacas y terneros con tipología de berrenda, aunque los cuernos no sean los típicos de la raza, al menos en el ejemplar más cercano, aunque quizás sea aún joven. Dehesa de Guadarrama.
Y, aquí la curiosidad: las berrendas en negro y las berrendas en colorado, no tienen el mismo origen a pesar de que su aspecto sea muy similar y que casi solo se diferencien en el color. La tradición ha querido que los ganaderos hayan mantenido a estas dos variedades separadas y así han llegado hasta nuestros días, aunque corren serio peligro, como siempre, al ser sustituidas por razas con mayor producción cárnica, aún siendo más delicadas. 
Vaca y ternero con forma y color propio de berrenda en negro. Dehesa de Guadarrama.
A veces puede confundirse una berrenda en negro con las típicas vacas lecheras holandesas de raza frisona. Son buenas pistas para diferenciarlas la irregularidad del borde de las manchas y las manchas de pequeño tamaño típicas de las berrendas, frente a los cuernos más pequeños y, desde luego, el gran desarrollo de las ubres en las frisonas.
Vaca frisona lamiendo a su ternero recién nacido en pleno campo. No es una imagen habitual porque estas vacas son más delicadas y suelen mantenerse estabuladas, especialmente cuando se acercan momentos como el parto. Además, cada día deben ser ordeñadas, con el consiguiente trasiego.
Otras joyas de nuestro panorama de razas autóctonas son los caballos de las retuertas, de los que recientemente se ha descubierto que es la raza más antigua de Europa y las vacas marismeñas de Doñana. Gracias a su sistema explotación estas vacas y caballos se han mantenido semisalvajes y forman parte del ecosistema del Parque, como tantas especies silvestres que allí habitan. Es una suerte que su primer director, José Antonio Valverde, tuviese a bien mantenerlos para así integrar la cultura y la economía con la conservación, que es la mejor manera de que perduren las condiciones que han dado valor a los ecosistemas ibéricos.
Vaca marismeña en el Parque Nacional de Doñana.
Las vacas marismeñas me traen el recuerdo de una anécdota que he oído aplicar a esta y a otras razas ganaderas manchadas ibéricas: El ganado que se mantiene en plena libertad en territorios amplios con poco control por parte de los ganaderos excepto para la extracción de algún ejemplar, marcar los terneros, algún cuidado y poco más, era importante que se pudiese distinguir el perteneciente a uno u otro propietario. Para eso, las manchas, las pintas, características de cada animal servían como si fuesen las huellas dactilares para diferenciarlos. Según dicen, ese es el origen de la expresión "conocerle por las pintas" o "qué pintas traes" aplicado a las personas cuando se les reconoce desde lejos por el aspecto.
Evidentemente, en el caso de las berrendas las pintas valen no solo para eso, sino para diferenciarlas del otro ganado al que estaban ayudando a manejar, que generalmente es de color más uniforme. Antaño había más mastines españoles de capa manchada para diferenciarlos de las ovejas, igual que los actuales mastines del Pirineo, pero precisamente cuando se fijó el estándar de esa segunda raza, se procuró eliminar de la cría (oficial) a los mastines españoles pintos, con un criterio más  estético que funcional, bastante absurdo.
Semental de asturiana de la montaña o casina, mostrado en la feria de ganado de Cercedilla este año.
También en la Sierra de Guadarrama  se pueden observar razas autóctonas de regiones más lejanas, como las casinas o asturianas de la montaña, que pude ver en la feria de ganado de Cercedilla. Igual que la asturiana de los valles, se crían para su aprovechamiento cárnico y se utilizan los sementales para cubrir vacas de las razas que hemos visto más arriba.
Vaca de asturiana de la montaña o casina, mostrada en la feria de ganado de Cercedilla este año.
Como dije al principio sería muy largo hablar de todas las razas por mucho que me gustaría. Sobre todo porque algunas son un verdadero icono representativo de la región de procedencia. Me gustan especialmente las razas gallegas como la rubia y la cachena, de las que lamentablemente no tengo fotos. También es una preciosidad la tudanca, tan representativa de los prados cántabros.

Tudanca pastando en Picos de Europa.
Terminando con las vacas solo por un momento me voy a detener en las cabras para mostrar una raza muy olvidada: la del Guadarrama, característica con su largo pelo especialmente concentrado en la parte posterior del cuerpo. Recuerdo, de niño, haber visto estas cabras en la Casa de Campo de Madrid, cuando mis padres me llevaban a pasar la tarde los fines de semana y en muchas excursiones veraniegas. Ahora me dan una alegría las raras veces que me topo con uno de sus rebaños en mis paseos campestres.

Cabra del Guadarrama, en Santa María de la Alameda.
No puedo olvidarme tampoco de los maltratados asnos y sus diferentes razas, la mayoría en peligro.
Asno maniatado, de raza andaluza en las cercanías de Grazalema.
Igualmente hay caballos españoles únicos y sus genes se encuentran en razas de todo el mundo. La conservación de las variedades autóctonas es una obligación que debemos a nuestros descendientes. Tengo especial debilidad por las especies pequeñas y rústicas del norte peninsular, sobre todo las que viven en estado semisalvaje como los asturcones. El pasado verano tuve el gusto de ver una raza que era desconocida para mi, la monchina de Cantabria, que también está catalogada como en peligro de extinción.
Caballos monchinos en los Picos de Europa.
Ovejas, cerdos y gallinas son otro patrimonio genético a tener en cuenta para su conservación.
Pero no solo son importantes las razas y su diversidad genética, sino las formas de explotación respetuosas con el medio ambiente e integradas en los ecosistemas tradicionales. En la Península Ibérica tenemos un inigualable patrimonio natural en los prados de montaña, dehesas y, sobre todo, en las vías pecuarias, que atraviesan nuestro territorio como autopistas naturales para la fauna y la flora, hoy lamentablemente interrumpidos por tan gran número de carreteras y vías férreas, cuando no invadidos por las más variadas infraestructuras y ocupaciones ilegales, que son casi imposibles de seguir. 

Si hay un proyecto que se eche de menos a nivel nacional es la supresión de las barreras para la dispersión de la fauna y la recuperación de las vías trashumantes con pasos subterráneos o elevados anchos y cubiertos por vegetación. 
Termino, como no, hablando de la persona que más me abrió los ojos a este mundo rural tan interrelacionado con la conservación, Suso Garzón, y su defensa de las cañadas y la trashumancia, que cada año se reivindica a su paso por Madrid, gracias a su iniciativa y tesón. 
Y gracias a los ganaderos y pastores que han contribuido con su trabajo a que estas razas y estos campos hayan llegado hasta nuestros días a pesar de las dificultades.
Fiesta de la Trashumancia en Madrid, momento del paso por la calle Alcalá, por donde discurre una cañada real.

Enlaces externos:



El caballo losino, un ejemplo de esfuerzo personal y privado para la conservación de una raza autóctona en peligro. Y dentro de estas páginas no te puedes perder el capítulo dedicado a la encebra.

Otras entradas sobre los temas aquí tratados:





jueves, 24 de octubre de 2013

Volviendo a las vías pecuarias: los fresnos, la ganadería y las flores.

EN ALAMEDA DEL VALLE CON LOS AMIGOS DE BIODIVERSIDAD VIRTUAL

Ya está aquí el otoño, llegaron las lluvias y los árboles empiezan a perder sus hojas. Pero el pasado sábado el tiempo respetó las ganas que teníamos los amigos de Biodiversidad Virtual por volver al maravilloso valle del Lozoya, al norte de la Sierra de Guadarrama, en Madrid. Tuvimos una mañana espléndida, veíamos llegar y retirarse las nubes por encima de las montañas y nuestras cabezas pero sin descargar. Esperaron a la tarde, cuando estábamos en el interior del restaurante viendo las fotos y recibiendo las enseñanzas de los expertos.
El paseo previsto transcurría por uno de esos espacios que debemos conservar a toda costa, una vía pecuaria, el Cordel de las Navazuelas, donde se combina la naturaleza salvaje con los usos tradicionales y la extracción de productos de primera calidad. 
El amarillo teñía ya las hojas de los fresnos, aparentemente empezando por los de menor talla.

Apenas comenzamos el recorrido disfruté de un espectáculo que llevaba mucho tiempo queriendo observar y fotografiar: el momento de la poda de los fresnos cuando aún tienen hojas y son aprovechados por el ganado. 

Ya he hablado otras veces sobre los fresnos, sus usos y aprovechamientos tradicionales. Puede verse en ESTE ENLACE, por lo que no voy a entretenerme más en ello. Solamente mostrar cómo el ganado recibe con glotonería el regalo que suponen las hojas aún cargadas de nutrientes. Quizás habría sido mejor podar una parte en pleno verano, cuando la hierba era más escasa y a los árboles les venía bien descargarse un poco de hojas por las que evaporan gran cantidad de agua, pero supongo que la organización de los trabajos obliga a hacerlo así y mejor ahora que en pleno invierno, cuando no hay nada que aprovechar.

Muchos de los usos que antes se hacían a las varas y ramas más gruesas ya no se hacen, pero está bien conservar la fisionomía tradicional de los árboles. Estas dehesas abiertas en las vías pecuarias para el uso del ganado, son un regalo para los paseantes que queremos disfrutar de la naturaleza y para la fauna y la flora que las utilizan para sus desplazamientos y expansión natural. Un tesoro que los pueblos deben conservar y no permitir que se interrumpan e invadan por proyectos urbanísticos e infraestructuras de muy dudosa rentabilidad a largo plazo.

Siguiendo nuestra ruta por el cordel nos encontramos con dos diferentes grupos de vacas. Primero nos cruzamos con un grupo de raza avileña negra ibérica a la vera del camino. Y luego, mientras intentábamos agrupar al conjunto de fotógrafos cual rebaño disperso, nos alcanzó otro compuesto por una variopinta mezcla de razas bovinas. En el momento de cruzarse, hubo todo un concierto de mugidos que no sabíamos muy bien a qué venían, hasta que descubrimos que entre las vacas cruzadas venía un semental y entre los fresnos se encontraba otro gran toro. Las vacas debieron barruntar que algo podía pasar y los toros no tardaron en comenzar sus bramidos. Siempre me he preguntado por qué se dice que la vaca muge y el toro brama, el sábado lo entendí perfectamente.

Los dos toros eran uno negro de raza avileña y el otro rojo, posiblemente limousin o cruzado con esa raza, que es lo que se hace para obtener mejor producción de terneros con vacas de razas más rústicas y adaptadas a la vida al aire libre.
Lo primero que hicieron fue observarse en paralelo como midiéndose el uno al otro. Luego se pusieron de frente, se tantearon brevemente con la testuz y comenzaron la lucha.
La verdad es que ver estos magníficos animales desarrollando toda su fuerza, oír el ruido de sus topetazos y el retumbar del suelo es bastante impresionante. Nadie diría que son animales mansos, su comportamiento es igual al que pueden desarrollar los bóvidos salvajes, como búfalos o bisontes. Entre los dos fácilmente pasaba de tonelada y media el peso de huesos y músculos implicados en el duelo, todo tensión y empuje capaz de levantarse de manos el uno al otro.

Pero mejor que contarlo, es verlo en acción:


La pelea duró al menos media hora. No vi el final, pero me dijo uno de los compañeros que terminó con la victoria del toro negro, que en seguida se puso a pastar tranquilamente. El rojo no debió sufrir una gran decepción, porque poco después nos le volvimos a encontrar al principio del camino comiendo las nutritivas ramas de fresno, supongo que para reponerse, rodeado por sus vacas. Los animales son así, no pierden el tiempo y la energía con rencores y lamentos, van a lo práctico. 
Viendo la lucha no pude menos que recordar el viejo dicho de que mientras dos toros pelean la que más sufre es la hierba. Ellos no se hacen ninguna herida, se empujan con nobleza, como dos luchadores de sumo, pero no se cornean. Eso sí, bajo las pezuñas de ese par de colosos, la hierba y las flores no corrían la misma suerte.
Minutos antes yo mismo había estado observando y fotografiando con gran cuidado esas flores para no pisarlas o aplastarlas cuando me tumbaba en el suelo. Ellas fueron otro de los temas estrella del paseo: la preciosa floración otoñal de las quitameriendas y crocos. Además, disfrutamos de las explicaciones que nuestro particular experto en vida microscópica y también botánico, Antonio Guillén, nos ofreció en vivo y en directo.
Las más numerosas eran Crocus serotinus, como nos decía Antonio, los parientes salvajes del apreciado azafrán. Los había de gran variedad de tonos, desde casi blancos hasta un violeta bastante oscuro. Para diferenciarlos de las quitameriendas, vemos que sus pétalos son más anchos, el tubo floral largo que se levanta del suelo y los sobresalientes estigmas (parte femenina de la flor), más altos que los estambres (parte masculina) y con una ramificación característica.
No era raro ver algunas agrupaciones de apretadas flores, aunque la mayoría se encuentran separadas o por parejas.

Las quitameriendas, Merendera montana, por el contrario, apenas se levantan del suelo, tienen los pétalos más estrechos, de manera que vista desde arriba tienen el aspecto de estrellas, los estambres son largos, de un amarillo claro y llaman mucho más la atención que el estilo, que es más corto y menos coloreado.
Las quitameriendas crecen más bien a final de verano e inicios del otoño y por eso ahora son mucho menos abundantes que los crocos, mucho más otoñales.

Las quitameriendas son una especie muy ligada a las vías pecuarias y al ganado, para saber más de ellas, de manera amena e instructiva, nada mejor que leer esta entrada que en su momento publicó Javier Barbadillo en su blog "el último rincón".

Cada cual, según sus intereses se fijó en otras plantas, en los pájaros y en los ya escasos insectos, sin olvidarnos de los musgos, líquenes y algún que otro adelantado hongo. Quizás esta vez las cámaras fotográficas descansaron un poco y se disfrutó más de los encuentros, las conversaciones y la mutua compañía. Además, estábamos de celebración, probando y resolviendo dudas sobre el uso de la app-móvil (la Pepemóvil de Biodiversidad Virtual) que permite subir a la plataforma BV las fotos directamente geolocalizadas. En Android funciona a la perfección, doy fe, y en Apple se están puliendo algunos detalles. 

Gracias a todos, los amigos que viajaron, los organizadores y los expertos que nos ilustraron. ¡Hasta la proxima! ¿Te la vas a perder?

domingo, 7 de abril de 2013

Las cabras que miraban fijamente... Y un paseo por la Dehesa Boyal

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Me gusta especialmente el comportamiento de algunos animales que manifiestan una cierta curiosidad sobre nosotros. No se asustan y huyen a la primera de cambio, sino que nos observan, nos vigilan por si hacemos algo que les pueda suponer una amenaza o por si pueden sacar algo de provecho.

El sábado de la semana santa, por fin un día de sol, me sentí observado por las cabras montesas. Estoy seguro de que ellas se dieron cuenta de nuestra presencia apenas entramos en la dehesa, gracias a su privilegiada posición en las primeras peñas de La Pedriza. Sin embargo, no se asustaron, permanecieron pastando donde los roquedos se encuentran con los prados y la hierba crece jugosa en esta húmeda primavera. Pero, eso sí, teniendo las verticales masas graníticas al alcance de sus potentes pezuñas, que les permiten poner distancia entre ellas y los intrusos en apenas un par de saltos. Y así fue, dejaron que me acercase hasta apenas unos diez metros hasta que el sonoro silbido de una de las hembras las hizo alejarse... otros diez metros más, a lo alto de una roca.

En invierno las cabras bajan a los valles donde la nieve y el hielo no cubren el suelo o lo hacen con menos profundidad y donde es más fácil encontrar alimento. Solo la presencia humana, la sequedad y el calor bien entrado el verano, hace que prefieran los pisos montanos. Las rocas les dan seguridad porque nadie como ellas pueden trepar por las escurridizas peñas. Mis observadoras (y observadas) se encontraban al fondo de la Dehesa Boyal, en Manzanares el Real, con unas magníficas vistas al embalse de Santillana sobre cuyas aves traté en las anteriores entradas.

Los árboles dominantes en la dehesa son los fresnos en la parte más baja y las encinas en la más alta. Este año, gracias a las generosas lluvias, el suelo está empapado y encharcado, como les corresponde a los fresnos. En el año 2009 ya les dediqué una entrada a los árboles y a las cigüeñas de esta zona, por lo que procuraré no repetirme. Quien quiera puede visitarla pinchando AQUÍ.



Este invierno me ha llamado la atención que se están podando muchos fresnos al estilo "cabeza de gato". No se está haciendo, me temo, por las razones que se hacía tradicionalmente y para mi gusto se está realizando de manera un tanto abusiva. No me disgusta que se pode tan radicalmente, lo que me preocupa es que se haga en todos los árboles a la vez. Pienso que, fundamentalmente para las aves, insectos y pequeños mamíferos, sería mejor que se podaran en dos o tres fases en distintos años, dejando algunos ejemplares frondosos donde puedan encontrar refugio. Ahí, en la Dehesa Boyal, veo un poco absurdo que queden las cajas nido para las aves colgando de árboles solitarios rodeados de fresnos mochos, cuando podrían estar en un entorno más discreto hasta que hayan crecido las ramas de los árboles del entorno para podar el resto.

Veo que no se poda por las mismas razones que antaño, porque entonces se cortaban las ramas al final del verano, para que los ganados aprovechasen las hojas verdes en el momento en que la hierba era escasa y cuando al árbol le venía bien librarse de algunas hojas para soportar el stress hídrico. Ahora, en cambio, se poda en pleno invierno cuando no hay hojas que aprovechar y, además, las ramas finas no se usan sino que se queman, como puede verse en los rescoldos de las hogueras que quedan en el suelo.
Tal y como estoy viendo, la madera gruesa tampoco se está utilizando para los nobles usos tradicionales. En cambio, se apilan en trozos cortos con destino a la chimenea. La madera de fresno no es valiosa para la construcción porque es atacada por diversos insectos y al aire libre puede pudrirse, pero sí es resistente para mangos de herramientas, piezas de carruajes, bastones, trineos, esquíes  y otros ornamentos y usos en los que es importante una cierta flexibilidad para soportar presión sin partirse. Además, al humedecerla se puede curvar y dar forma que luego se endurece con el fuego como,  por ejemplo, se hace con el mango de las cachavas. Se decía que la flexibilidad de un mango de mazo, pico o azada hechos con madera de fresno evitaba la reverberación en las manos cuando se golpeaba algo duro. Su docilidad para ser trabajada hacía que fuese una de las maderas favoritas de los pastores. Las cebillas, esa especie de collar de madera que aún se usa en el norte peninsular para sujetar al ganado en las cuadras, es una buena muestra de ello. En fin, que usarla para ser quemada me parece un desperdicio.

Hay que advertir, sin embargo, que los fresnos de esta zona son Fraxinus angustifolia mientras que los del norte son F. excelsior. Pero aparte de todas estas reflexiones sobre los podados fresnos, también disfruté de este lento pero implacable avance de primavera. Los pinzones, los mirlos y algunas especies más, cantan por todas partes, el suelo está empezando a llenarse de flores, narcisos amarillos y moradas romuleas y las zonas encharcadas se están cubriendo de las blancas flores de los ranúnculos. Las flores y lo poco que calienta el sol es suficiente para que los polinizadores se hayan puesto en marcha, mariposas (como la Lycaena phlaeas de la foto) y unos cuantos abejorros, Bombus, Xilocopa y alguna otra especie no tan fácil de identificar para mi, iban en busca de su alimento.

Y también disfrutamos de las evoluciones de un águila culebrera, Circaetus gallicus, cerniéndose a gran altura. Nos parecía imposible que desde esa distancia pudiesen distinguir a sus presas. Quizás no sea tanto la búsqueda de presas como las ganas de exhibirse defendiendo el territorio o cortejando a la pareja. De hecho la foto está muy recortada porque ni con el 400 mm pude hacer algo mejor.
En un camino, marcado con las huellas de los camiones que vienen a por la madera, se les ha ocurrido hacer su puesta a los sapos corredores, Bufo calamita. Un lástima, pues tienen muchas posibilidades de ser atropellados cuando vuelvan los trabajadores y, en cambio, el lugar está lleno de otras zonas encharcadas más seguras. No tenía con qué trasladarlas, así que por esta vez actuará la selección natural u ocurrirá lo que tenga que pasar.
Fue un paseo corto pero muy agradable, nos quedamos con las ganas de haber hecho más recorrido. Volveremos, sin duda.