jueves, 29 de julio de 2021

Las chinches del jaguarzo blanco en el jardín (1): Gampsocoris punctipes

Hace un par de años que renové mi jardín añadiendo un buen número de plantas autóctonas. Fuimos al vivero forestal provistos de un listado de especies con algunas que desde hace mucho quería tener, pero que no encontraba en viveros normales o que ellos me entraban dudas sobre si no serían variedades no autóctonas. La lista principal era de especies particularmente interesantes como nutricias para las mariposas.


Conseguimos muchas de ellas y me atendieron y aconsejaron estupendamente. La joven que nos recibió nos recomendó una especie de jara, el jaguarzo blanco, Halimium atriplicifolium, que no teníamos prevista, pero que según ella era un maravilla para formar setos llenos de flores en primavera y gran parte del verano, ideal para jardín y para polinizadores. Y así fue, crece densa y pasa mucho tiempo repleta de flores. Sus pétalos caen cada tarde, como ocurre con muchas jaras cuando hace calor, pero al día siguiente está de nuevo cuajada de sus preciosas flores amarillas.
El año pasado conté EN ESTE ENLACE, como aprovechan esos pétalos las hormigas Aphaenogaster.
Que yo sepa, no hay mariposas que la tengan por nutricia, pero aparte de otros insectos que ocasionalmente la visitan, hay dos curiosas especies de chinches que se han instalado en ellas de manera permanente y me han permitido seguir sus ciclos biológicos. Hoy hablaré de una de ellas y en la próxima entrada de la otra.
Las flores atraen numerosas abejas y abejorros, pero deben tener poco néctar porque paran poco tiempo en ellas, aunque sí se cargan bien de polen. Las dos chinches protagonistas de esta entrada, tienen su máximo esplendor bien entrado el verano, cuando hay pocas flores ya y sí muchísimas ramas repletas de cápsulas donde se están formando las semillas.

Estas ramas, a diferencia de las ramas provistas de hojas que son lisas, tienen los tallos cubiertos de pelillos con una secreción pringosa que me recuerda a algunas plantas carnívoras, aunque no lo sean (supongo). En ella se quedan pegados y mueren los insectos de pequeño tamaño que tienen la mala pata (y nunca mejor dicho) de posarse en ella. Así, se ven pulgones, mosquitas, avispillas y miniescarbajos, muertos en diferentes estados de descomposición e irreconocibles.

Sin embargo, las pequeñísimas chinches protagonista de esta entrada, Gampsocoris punctipes, tanto adultos como ninfas, se pasean sobre los pelos y gotas pringosas como si estuviesen, y de hecho están, en su propia casa. Para ello se ayudan de sus larguísimas patas.
Esta chinche pertenece a la familia Berytidae, a las que llaman agujas de tierra (ver "Els heteròpters de Cataluya" de Marta Goula et al.), y se caracterizan por sus formas estrechas y alargadas. Se alimentan de jugos vegetales, como muchas otras chinches, pero también de jugos de insectos que encuentran muertos o no se defienden de manera activa, como les pasa a los pulgones. Los tallos florales del jaguarzo, con sus pelos y gotitas, son la trampa perfecta donde conseguir el alimento. De hecho, estas chinches son huéspedes de ese tipo de plantas con tallos vellosos, no en exclusividad del jaguarzo blanco. 



A simple vista, más que chinches parecen mosquitos, apenas miden un centímetro de longitud y su estrecho cuerpo, largas patas y alas transparentes nos pueden confundir pero, ante la lupa y las fotos macro, se revela su verdadera identidad. Un carácter muy curioso de las chinches de este género, imposible de distinguir a simple vista, es el gancho dirigido hacia atrás que tienen en el escutelo. 


Entre los capullos resecos y cápsulas de semillas las chinches son relativamente abundantes, aunque se mimetizan muy bien y pasan muy desapercibidas.

Las hembras adultas se diferencian por su abdomen muy engrosado, algo que también podemos ver en algunas ninfas, supongo que bien alimentadas. En las ninfas más grandes podemos apreciar también los esbozos alares.

Si tenemos la oportunidad de encontrar un ejemplar recién mudado, como en la foto siguiente, que está junto a su vieja piel o exuvia, veremos que aún no tienen color y parecen aquejados de alguna especie de albinismo. No es así, en muy poco tiempo secan sus tegumentos y adquieren la coloración definitiva.
Pasan el invierno en fase adulta escondidos entre los restos de vegetación y se dice que tienen una sola generación anual, pero yo tengo mis dudas, ya que he visto ninfas y adultos desde la primavera hasta pleno verano. Me temo que esa información es para regiones menos cálidas y no para los largos veranos peninsulares, incluso en la Sierra de Guadarrama a más de 1.000 metros sobre el nivel del mar, como es en mi jardín.

Para los interesados, el vivero especializado en plantas autóctonas donde tan estupendamente me trataron es VIVEROS FORESTALES ALBORADA situado en Fuentidueña de Tajo, Madrid. Pinchando sobre su nombre se llega a su página web. Debo decir que está enfocado para grandes plantaciones, pero también venden a particulares aunque, naturalmente, los precios no son los mismos que si compras cientos o miles de plantas. Aún así, es muy económico.

lunes, 26 de julio de 2021

Efémeras. El misterio de los "bichos" pegados a la pared de casa.

Una de las preguntas que, como biólogo y naturalista, me suele hacer la gente que me conoce personalmente o a través de las redes sociales es: ¿Qué es este bicho que me he encontrado en la pared de casa?

Afortunadamente la respuesta es sencilla. No se trata de un "bicho" o insecto propiamente dicho, sino una exuvia, es decir, la piel de un insecto, que ha mudado. 
En este caso se trata de la exuvia de una efémera, pequeño insecto con un cierto parecido a los mosquitos, por el tamaño y  forma de vida, pero muy alejado de estos en el árbol de la evolución.
Las efémeras, del orden de los efemerópteros, son unos de los más primitivos insectos alados, seguramente incluso más que las libélulas que siempre se ponen como ejemplo de insectos que volaron en el periodo geológico del Carbonífero, mucho antes de que los dinosaurios aparecieran en la Tierra y cuando los primeros anfibios empezaban a colonizarla. Como las libélulas, en ese mundo en el que al parecer había más proporción de oxígeno en el aire y los insectos podían crecer más que los actuales, la efémera fósil más grande que se ha encontrado tenía nada menos que 45 cm de envergadura, frente a los apenas 2-3 cm de las actuales. 




Su primera etapa en la vida, como los anfibios y las propias libélulas, transcurre en el agua. De hecho, pueden pasar meses en el líquido elemento hasta que alcanzan el desarrollo completo y salen al aire. Presentan, además, un curioso fenómeno único entre los insectos: el que como animal alado tengan dos procesos de muda. Todos los demás insectos, sean de metamorfosis completa (como los escarabajos y mariposas) o simple (como saltamontes y chinches), una vez que alcanzan la fase alada ya no crecen ni mudan más y son ejemplares reproductores. Sin embargo, los efemerópteros salen del agua mudando la piel como forma alada, pero no siendo ejemplares reproductores (a  los que entomólogos llaman imago). Entonces, dan un corto vuelo, se posan en una planta, roca o en la pared de una vivienda si llegan atraídos por la luz, y en uno o dos días o incluso en apenas unas horas, vuelven a mudar. Esta vez sí, como imagos capaces de reproducirse. Ese es el proceso que se ve en las fotografías de esta entrada.
Atrás queda esa vieja piel o exuvia que tanto llama la atención a la gente cuando los ven en las paredes o techos de sus casas.

Los alados sexuados vuelan entonces en busca de pareja, para ello los machos suelen tener los ojos más grandes. Al juntarse en determinadas zonas llegan a formar grandes enjambres, habitualmente cerca de los ríos o lagunas, siendo muchas veces confundidos con nubes de mosquitos. Nada debemos temer de ellas, pues por no tener no tienen ni órganos para comer, mucho menos picar, ya que en muy poco tiempo, a veces horas desde que salieron del agua, mueren. Esa es la razón de su nombre, efémeras, que viene de efímera, por lo corto de su vida alada, aunque en la fase acuática hayan podido vivir más de un año. Pero eso los antiguos científicos que le dieron nombre no lo sabían.
Las efémeras son imitadas por los pescadores para hacer sus "moscas", que fabrican con hilos de colores y plumas atadas al anzuelo. Son típicas para la pesca de la trucha, una de las formas de pescar que más pericia, paciencia y conocimientos necesita. Se trata de hacer creer a los peces que el anzuelo es una hembra de efémera en el momento de acercarse al agua para hacer la puesta.
Las hembras fecundadas de efémera vuelan a ras de agua, introducen su abdomen para poner los huevos en ella y, la mayoría de las veces mueren de agotamiento cayendo al río. Los peces están por tanto muy acostumbrados a cazarlas y son así engañados por los pescadores.

Las ninfas o náyades, es decir las fases juveniles acuáticas, tienen el cuerpo y la cabeza muy parecido a los adultos, pero su abdomen está festoneado por pares de penachos branquiales que pueden agitar para hacer circular el agua a su alrededor.
Hay especies de aguas rápidas, aplanadas y adaptadas a soportar las fuertes corrientes sobre o debajo de las piedras de los ríos. Pero otras, como la de la foto, habitan en aguas quietas y tienen más libertad de movimientos y natación.
Las ninfas suelen alimentarse de detritos y vegetales, aunque no faltan especies que incluyen pequeños animales en su dieta. A su vez, ellas son presa habitual de náyades de libélula, larvas de escarabajos, ninfas de chinches acuáticas y plecópteros, de peces y de anfibios. Los adultos, igualmente, son alimento de numerosísimos animales insectívoros: peces, como ya hemos visto, aves como los vencejos, golondrinas, aviones y limícolos, así como anfibios en fase terrestre, lagartijas, arañas y otros pequeños animales depredadores.

El misterio de esos raros "bichos" pegados a las paredes, queda así desvelado y nos ha llevado al conocimiento de un fascinante grupo de insectos. 

miércoles, 7 de julio de 2021

Una cuadrícula para Biodiversidad Virtual: Villarta de San Juan, Ciudad Real.

Este año el proyecto estrella de Biodiversidad Virtual es rellenar cuantas cuadrículas podamos del mapa entre las que aún quedan sin citas. Me di cuenta de que el pueblo de la familia de mi mujer está justo en una de esas cuadrículas y, aunque en ella tengo subidas fotos de unas cuantas aves acuáticas, no hay imágenes de invertebrados, que es lo que usan de referencia. 
Así, aprovechando que íbamos a pasar por allí una vez que todos estamos vacunados y después de haber pasado más de año y medio sin ver a la familia por culpa de la pandemia, he tenido la ocasión para hacer algunas fotos de bichos y rellenar la cuadrícula en cuestión.
Voy poniendo las fotos y los comentarios. No tengo todas identificadas, así que iré editando y añadiendo datos a medida que lo consiga, gracias a los expertos de Biodiversidad Virtual y grupos especializados en Facebook.
Trichodes flavocinctus. Esta especie no la había visto antes. Aunque se distribuye también por Madrid, no la tenía fotografiada.

Las cuadrículas vacías y la explicación del proyecto se pueden ver en ESTE ENLACE AL MAPA

La localidad en concreto es Villarta de San Juan, en Ciudad Real, atravesada por la autopista A-4 y el río Gigüela o Cigüela, que de cualquiera de las dos formas se puede encontrar en los mapas, y señalizaciones. Lo que no es con seguridad es el Guadiana, que es como figura erróneamente en el mapa base de BV. Pero independientemente de esos detalles, ese río lleva varios años seco, pues sus aguas son retenidas río arriba o desviadas, según convenga, haciendo de él un canal de conveniencia. 
Oxythyrea funesta es una especie muy abundante en esta época. Se suele ver en todo tipo de flores, pero especialmente en los cardos y el las zanahorias silvestres, como en este caso.

Una lástima, porque los años de lluvias abundantes, al paso por Villarta, se convertía en lugar de invernada y de cría de numerosas aves acuáticas, como puede verse en ESTA ENTRADA que hice en su momento. Curiosamente, algunos vecinos echan la culpa de su sequía a las Tablas de Daimiel, que dicen que se lleva sus aguas, y no a los abusivos regadíos de esta zona de secano. 
Hippodamia variegata, coccinélido tan abundante o más que las conocidas mariquitas de siete puntos 

Las fotos que muestro están hechas justamente al lado del cauce seco del río o en una carreterilla que circula entre barbechos, viñedos y otros cultivos. Es  muy triste ver como chopos y sauces de muchos años se están secando, algunos ya totalmente muertos y otros en un proceso que me temo es irrecuperable.
Tenebriónido del género Akis, puede ser A. genei o A. lusitanica, propios de esa zona, pero no se puede saber si no es mirando con lupa la microescultura de los élitros. Se encontraba en caminos y carreteras, incluso en las calles del pueblo. Es un auténtico barrendero del campo, pues se alimenta de materia orgánica en descomposición, especialmente pequeños animales muertos, incluyendo insectos.

Otro tenebriónido sin identificar, ni siquiera a nivel de género, encontrado en los mismo lugares que el anterior.

Stenopterus ater. Esta pequeña especie pertenece a la familia Cerambicidae, caracterizada por sus largas antenas arrosariadas. Puede verse estos días de verano en variadas flores, sobre todo en umbelíferas y similares, con conjuntos formados por muchas florecillas pequeñas. En este caso sobre cardo corredor, pero también abundante sobre las flores de zanahoria silvestre.
Las larvas se alimentan de la madera ya perjudicada de árboles, generalmente de hoja caduca, no coníferas. Para esta especie se suele dar como nutricias a Pistacia, Acacia, Carpinus, olmos, Prunus... Desde luego, madera muerta aquí no le falta. El ciclo vital puede durar uno o dos años según el clima presente en su amplia zona de distribución, que ocupa desde África hasta gran parte de la Europa mediterránea.

Dos especies diferentes de coleópteros de la familia Mordelidae, que parece ser complicada de determinar. Las larvas también se alimentan de madera muerta, pero los adultos son visitantes asiduos de las flores. Son de tamaño muy pequeño, pero sobre las flores blancas de zanahoria se descubren fácilmente. A veces varios de ellos agrupados.
Graphosoma semipunctatum, otra especie que tenía ganas de encontrar, que se diferencia de la más habitual Graphosoma italicum por los puntos en el pronoto, en lugar de la continuación de las rayas negras.

Carpocoris mediterraneus.
Pyrrhocoris apterus, chinche muy común, llamada a veces zapatero, que se caracteriza porque en su fase adulta no tienen desarrolladas las alas totalmente.
Scantius aegyptius, especie muy parecida a la anterior, algo menos abundante y cuyos adultos sí tienen alas desarrolladas. Hay que fijarse mucho para no confundirlas.
Prostemma guttula, curiosa chinche de la familia Navidae, que tampoco llega a desarrollar las alas en su fase adulta y que se alimenta de otras chinches.

Anacridium aegyptium, langosta egipcia que encontramos muerta al borde de la carretera, posiblemente atropellada.

Abeja de la familia Megalichidae Son abejas solitarias que se caracterizan porque transportan el polen al nido entre los pelillos de debajo del abdomen y no en los cestillos de las patas como otras abejas más conocidas. 

Abeja de la familia Halictidae, también por identificar.

Moscardón del género Sarcophaga, grupo que se alimenta especialmente de carne en putrefacción. Una de las especies más frecuentes es Sarcophaga carnaria, pero no puedo asegurar que lo sea. Estas moscas suelen ser de las primeras en localizar los cadáveres y ponen sobre ellos las larvas ya eclosionadas (ovoviviparismo), especialmente en zonas donde tienen fácil la entrada, como boca, fosas nasales y ojos.

Y dejo los insectos para poner otros grupos. 

Araña de la familia Thomisidae aún por identificar.  Se les llama arañas cangrejo por la disposición de las patas y forma de andar. Se sitúan en las flores esperando a sus presas, que generalmente son polinizadoras. Posiblemente sea Xysticus o Bassaniodes, según me indican en el grupo de Arañas de Facebook.

Caracol terrestre Theba pisana.

Y pasamos a los vertebrados.

Un galápago, Mauremys leprosa, encontrado muerto y recogido por un vecino. A saber la de ellos que habrán muerto por falta de agua. Triste dato para la galería de reptiles.

Donde antes había río, ahora hay conejos. 

Conejo común. Oryctolagus cuniculus. Foto muy mala, pero lo que llevaba era el objetivo macro. Vale para dejar constancia de su presencia y rellenar cuadrícula en la galería de mamíferos.

Por último, os animo a mirar el mapa de cuadrículas vacías y comprobar si alguna queda cerca de algún lugar que visitéis o tengáis pensado visitar. ¡Vamos a intentar rellenarlas! Aunque sea con especies que os parezcan muy comunes, como he mostrado, siempre puede haber sorpresas. 

jueves, 24 de junio de 2021

Insectos en rojo y negro. Algunos de los primeros insectos en el jardín.

A modo de cuaderno de campo muestro algunos de los insectos que se han dejado ver. Este año las plantas que más animación tienen, por el momento, son el inevitable hinojo (Foeniculum vulgare) y el espantalobos (Colutea arborescens). Ni siquiera las jaras, siempre tan agradecidas, han atraído apenas fauna durante su floración.
Excepto las hormigas, alguna mariposa, las abejas del refugio de insectos y los eternos pulgones, apenas se han empezado a ver insectos en el jardín aunque ya estemos en verano. Parecía que se animaban los días de sol, pero las lluvias y la bajada de temperaturas los volvió a retraer.
En esta entrada mostraré una selección de especies vestidas de rojo y negro.

En el hinojo llevan ya un tiempo las mariquitas de siete puntos y las chinches rayadas, pero el llamativo, aunque de pequeño tamaño, Trichodes leucopsideus, lo vi por primera vez el día 20 de junio. Es depredador pero también come polen de las flores. Como otros de su mismo género, en su fase larvaria es parásito de las abejas silvestres, no me sorprendería que hubiese crecido en un nido del refugio de insectos, pues a algún congénere le he sorprendido por allí.
Trichodes leucopsideus.
Como he comentado, las mariquitas llevan ya un tiempo dejándose ver, tanto las de siete puntos Coccinella setempunctata, como Hippodamia (Adonia) variegata. Ya hace semanas que han empezado a reproducirse y se ven sus larvas en diversas plantas atracándose de pulgones.
Cópula de Hippodamia (Adonia) variegata.
Hippodamia (Adonia) variegata en el hinojo.

Coccinella setempunctata sobre la espantalobos. Para diferenciarla de la especie anterior hay que fijarse en las machas blancas del tórax o pronoto.
Y si un traje a medida en rojo y negro es notable, ese es el de la chinche rayada, Graphosoma italicum, que casi en cualquier época del año puedo encontrar en el hinojo, aunque este invierno desaparecieron tras las nevadas.
Chinche rayada, Graphosoma italicum.
Tampoco se queda atrás, aunque sea de menor tamaño, la chinche de la canela, Corizus hyoscyami. Se encuentra especialmente las plantas de jaguarzo blanco, Halimium atripicifolium, donde ya vi el año pasado cómo desarrollaban en él todo su ciclo biológico, desde las primeras ninfas hasta los ejemplares adultos. Al intentar fotografiar a un par de ejemplares en esa planta se han dejado caer, pero he podido pillar a este otro sobre las hojas del espantalobos.

Corizus hyoscyami, chinche de la canela

De todas estas especies ya he tratado en otras entradas. Como decía al inicio, la excusa es situarlas en el tiempo y lugar en este raro año, en el que veo algo alterada la fenología de algunas especies debido a los cambios de tiempo.
Las entradas donde más detalles doy sobre sus ciclos biológicos y fases larvarias se pueden consultar en los siguientes enlaces:



martes, 22 de junio de 2021

Orugas de Papilio machaon, nueva vida sobre el hinojo.

 Por fin empieza a haber vida en las plantas de hinojo (Foeniculum vulgare) del jardín. Hasta ahora apenas se veía algún insecto en ellas. Alguna mariposa Papilio machaon ha debido poner sus huevos sin que yo me dé cuenta, suele ocurrir porque si las veo es haciendo unos vuelos rápidos de prospección.

Algunas larvas diminutas, apenas dos o tres milímetros, ya se pueden descubrir entre las divididas hojas de esa aromática planta que tanto gusta a la fauna menuda. Las orugas recién nacidas parecen un excremento de pájaro o de reptil con su color negro y la mancha blanca central, aunque con la ampliación del macro esa sensación de pierde. Pero cuando van mudando la piel al crecer van adquiriendo los maravillosos tonos verdes de las orugas más grandes.

Oruga de Papilio machaon en una de sus primeras etapas de vida.

En las fotos muestro al mismo ejemplar con un día de diferencia. En la segunda foto está recién mudada, dejando la vieja piel atrás.
Misma oruga de Papilio machaon de la fotografía anterior recién mudada la piel, mostrando el cambio de color típico de fases más adelantadas.

A continuación muestro una oruga ya grande en otra planta, la ruda (Ruda graveolens), que también tengo en el jardín y es otra de sus habituales plantas nutricias. La fotografié a mediados de octubre del pasado año y en ese estado ya se encontraba cercano a la pupación. Posiblemente pasó el invierno en forma de pupa, que es lo propio de su especie y, si sobrevivió, habrá volado esta primavera.

Oruga de Papilio machaon en su última fase de desarrollo, ya cerca a la pupación.

Por último, qué menos que poner, aunque sea repetida de otra entrada, la preciosa mariposa adulta.

Adulto (imago) de mariposa Papilio machaon.



lunes, 21 de junio de 2021

Nepa cinerea, el escorpión de agua.

Escorpión de agua, Nepa cinerea. 

No es un escorpión, a pesar de su aspecto y nombre común, se trata de una chinche acuática inofensiva. Pertenece a una familia, Nepidae y la subfamilia Nepinae, siendo su único representante europeo. En el trópico otras especies muy parecidas alcanzan gran tamaño e resultan bastante impresionantes, tres o cuatro veces más grande que el protagonista de hoy, que sin contar el apéndice caudal apenas sobrepasa los dos centímetros.

Escorpión de agua, Nepa cinerea.
Fotografiado en el arroyo Matalibrillo en Becerril de la Sierra, Madrid.

Hay otra especie de esta familia, Ranatra linearis, que se incluye en una subfamilia aparte llamada Ranatrinae, Anatómicamente es muy parecida pero con el cuerpo muy alargado, lo que le ha valido el nombre de insecto palo acuático. Lamentablemente llevo mucho tiempo sin ver uno quizás por no haberlo buscado lo suficiente entre las plantas acuáticas donde vive, o porque sus poblaciones hayan disminuido debido a la contaminación del agua, ya que es más propio de aguas limpias y con corriente. 

Volviendo al escorpión de agua es, como decía, una chinche y su alimentación es carnívora depredando sobre otros insectos acuáticos, pequeños renacuajos y alevines aún con poca capacidad de movimiento. Habita aguas someras, en zonas arenosas o con algo de cieno, donde no hay corriente, como en las charcas o en las zonas más lentas de los cursos de agua. Si hay corriente se refugian entre piedras para no ser arrastrados, ya que no son buenos nadadores. Las patas delanteras, con ese aspecto de pinzas les valen para capturar a sus presas, y llevarlas hasta el rostro que clavarán en sus tejidos inyectando sus jugos gástricos para realizar una primera digestión externa. Es un proceso igual al que realizan las chinches depredadoras terrestres.

El extremo caudal no es un aguijón, sino un tubo respiratorio que le permite tomar aire de la superficie sin salir del agua, por eso prefiere situarse a escasa profundidad, donde pueda alcanzar la superficie con él sin necesidad de soltarse del suelo. Las alas son funcionales y pueden volar en busca de nuevas charcas o arroyos para colonizar nuevos hábitats o si donde viven se secan o son alteradas. 

Si se secan las charcas o durante el invierno, se pueden refugiar entre restos de vegetación acuática o bajo piedras. La puesta la hacen entre las plantas emergentes y las ninfas no tienen tan desarrollado ese tubo respiratorio ni, por supuesto, las alas.



lunes, 22 de febrero de 2021

Osmia cornuta, la abeja albañila.

Es una de las abejas más frecuentes en los agujeros de mis refugios de insectos y la que más temprano aparece en primavera. Ahora mismo, a mediados de febrero, en cuanto hace un poco de sol, pueden verse los machos recién emergidos del nido en que nacieron. Permanecen alrededor de los nidos y se pelean o intentan copular con otros machos, que la cosa no está del todo clara, mientras esperan a que salgan las hembras. Ellas lo harán unos días después, pues los nidos donde se desarrollaron como larvas están más profundos en los agujeros.

Cópula de Osmia cornuta. Pueden verse los cuernecillos de la hembra en la parte baja de la cabeza y los pelos blancos en la cara característicos de los machos.

Como en otras especies de himenópteros, de los huevos no fecundados salen ejemplares macho, haploides (un solo juego de cromosomas), mientras que de los fecundados, que son diploides, salen las hembras. Ellos son de talla bastante menor, tienen unos característicos pelos blancos en la frente y las antenas más largas. El nombre cornuta, se debe a que las hembras tienen un par de cuernecillos frontales, más abajo que las antenas.

Dos machos intentando copular o peleándose, no está claro en asunto.

Fueron unas de las abejas que primero observé en mi jardín, pues anidaron en los canales del policarbonato que había puesto a modo de doble ventana aislante en un balcón y que, a ser transparente, pude observar su comportamiento con comodidad. Hice estas entradas en 2009 donde se ve lo que hoy explico en fotos y vídeos.

Nidos hechos en el policarbonato.

Más tarde lo intenté en el refugio de insectos que hice, con unos surcos en madera y una cubierta de cristal para que se viesen mejor pero, si bien los exploraron y usaron como refugio, no llegaron a criar en ellos. Debo advertir que sobre el cristal había una placa de plástico opaca para evitar el exceso de luz, que solo retiraba para observar y hacer las fotos, aunque en el policarbonato no pareció importarles la luz.

Al empezar su actividad de recogida de polen en fechas muy tempranas, son excelentes polinizadoras de los árboles frutales que florecen en esas mismas fechas, como ciruelos, cerezos, almendros y otros, especialmente rosáceas. Así, lo de facilitar su cría en refugios de insectos no es sólo una buena idea educativa en parques y jardines, sino también económicamente rentable para huertos y grandes cultivos.

Las hembras utilizan agujeros ya existentes en troncos de árbol, madera de construcciones e incluso en muros de ladrillo si encuentran orificios de unos 8 a 10 mm de diámetro.

Celdillas con el "pan de abeja" y los huevos. Abajo en detalle.

La hembra va rellenando el fondo del agujero con polen y néctar que amasa juntos para formar lo que se ha llamado “pan de abeja”. El néctar lo transporta en el buche y el polen en la escopa, cepillo para recolectar que en esta familia (Megalichilidae) está debajo del abdomen y no en las patas traseras como en las abejas de la miel y otros Apidae. Para dejar el polen tiene que salir y volver a entrar en el nido marcha atrás, si el agujero es tan estrecho que no puede darse la vuelta en su interior. En el metacrilato no era necesario. Una vez que ha hecho suficiente acopio de alimento pone un huevo encima y cierra la celdilla con barro, para empezar una nueva. Pude ver que completaba dos al día.

Otras especies del mismo género, Osmia, tienen un comportamiento y biología muy similar, variando apenas el tamaño de los orificios, la preferencia de los materiales donde buscan anidar y lo que utilizan para hacer los tabiques y tapón final del agujero.. 

Osmia tricornis, otra de las especies que anida en el jardín. Más tardía, en el mes de mayo, libando y recogiendo polen en una flor de jaguarzo, Cistus albidus. Se aprecia muy bien el polen en la escopa ventral.

En los refugios de insectos grandes es más probable que acudan también especies parásitas que ataquen los nidos. Eso puede ser interesante de observar y para la biodiversidad, pero quizás sea mejor y más natural si en lugar de un solo refugio grande hacemos varios pequeños en diferentes lugares. Eso lo estoy practicando en la actualidad, jugando también con distintas orientaciones, lo que contaré en otras entradas.