martes, 29 de diciembre de 2020

Las hormigas de mi jardín (4). Aphaenogaster iberica.

¿Una hormiga cortadora de hojas en el jardín de casa? No, pero lo parecen por su aprovechamiento de los pétalos de flores caídos. Más adelante lo explico.

Habitan dos especies de Aphaenogaster, género perteneciente a la subfamilia Myrmicinae, en mi jardín, A. gibbosa y A. iberica. Son hormigas esbeltas, de color negro mate y fáciles de reconocer a simple vista, aunque distinguir las especies es más complicado. Como casi siempre, lo he conseguido gracias a los amigos de la Asociación Ibérica de Mirmecología.

Obrera de Aphaenogater iberica transportando una hoja.

Empezaré con Aphaenogaster iberica. La diferenciamos por sus pelos largos y relativamente abundantes, lo que le da un aspecto más mate que su congénere, y por tener las espinas del propodeo más largas. Las obreras son de tamaño muy similar entre sí, entre 4 y 5 mm. No se diferencian mayor ni soldados.

Respecto a su comportamiento, lo que más me ha llamado la atención en esta especie es el acarreo de pétalos de flores, su individualidad en el momento de buscar el alimento y su agresividad con los miembros de su misma especie. 

Flores de Halimium atriplicifolium en el jardín. Pueden verse los pétalos caídos en el suelo, que son aprovechados por las hormigas.
 
En el jardín tenemos varias plantas de una especie emparentada con las jaras: Halimium atriplicifolium, que se pasan la primavera y el verano ofreciéndonos sus bonitas flores amarillas. Poco duran, cuando hace calor se abren a primera hora de la mañana y son visitadas por numerosas especies polinizadoras, pero hacia el medio día los pétalos comienzan a caer creando en su entorno un pequeño manto amarillo.
Transporte de pétalo de Halimium.
Pues bien, al inicio de la tarde, cuando eso ocurre, las A. iberica salen de su hormiguero a recogerlos. En sus caminos de vuelta a la colonia, aunque sean más o menos coincidentes, no forman una fila como vemos en las Messor, cada una va por su lado. Y tampoco se ayudan en el trasporte, cada cual lleva su pétalo y si otra intenta cogerlo por el otro extremo, pronto desiste. 
Introducción del pétalo en el hormiguero. Parece ser el único momento en que colaboran varias obreras.

El buche de las obreras es pequeño, con poca capacidad para el almacenamiento de alimento y por lo tanto tienen que alimentar a las larvas directamente con la comida acarreada.

Esta especie es bastante carnívora, pero los pétalos son el alimento de las larvas. Cuando los pétalos se secan son desechados y bien arrugados los sacan para dejarlos alrededor de las salidas del hormiguero, junto con un variado muestrario de trozos de invertebrados de todo tipo: chinches, escarabajos, hormigas de otras especies, cochinillas…

Dos zonas del entorno del hormiguero mostrando la abundancia de pétalos secos y también insectos y otro tipo de restos. Las pequeñas hormigas rojizas muertas son Pheidole pallidula procedentes de un hormiguero cercano.

En varias ocasiones las he visto acarrear en solitario, o al menos intentarlo, insectos mucho más grandes que ellas mismas, como por ejemplo abejas. Pero también lombrices de las que al amanecer quedan expuestas al sol y comienzan a deshidratarse. 

Solitaria obrera de  Aphaenogater iberica intentando arrastrar una abeja muerta. Impresiona su fuerza.

Aunque si encuentran el insecto ya fragmentado no tienen inconveniente en llevárselo a trozos.
Fragmento de lo que parece ser una porción de antena de algún insecto, quizás una avispa.
Igualmente las he visto merodear y entrar en los nidos de las abejas Osmia del refugio de insectos antes de que estas lleguen a cerrarlos. No sé, pues en las fotos no se distingue bien, si atacan a las puestas, creo que no, que más bien se llevan parte del polen y néctar que tienen almacenado. 
Obrera saliendo de un nido aún abierto de abeja Osmia en el refugio de insectos.
Varias veces he visto peleas cerca de uno de los hormigueros, uno que tiene muy pocos ejemplares. Supongo que eran de diferentes hormigueros, pero realmente no me atrevería a asegurarlo, creo que es algo a estudiar. En cambio, en otra zona del jardín, hay un hormiguero muy próximo a uno de la otra especie y nunca las he visto luchar entre ellas, más bien se evitan. Es curioso, porque más cerca aún está el hormiguero de Messor bouvieri y tampoco he visto que tengan problemas con ellas. Pero a juzgar por los ejemplares muertos de Pheidole pallidula, que sacan del hormiguero junto a otros restos, parece que sí que atacan a  esa otra especie.

Peleas intraespecíficas de Aphaenogaster iberica. Pueden pasarse horas así, sujetando a su presa por el cuello o del peciolo, sin apenas moverse.

Aún no he visto aladas de esta especie en el jardín. Supongo que porque no es un fenómeno llamativo ya que no hay un verdadero vuelo nupcial, la hembra es fecundada en los alrededores del nido y vuelve al hormiguero de donde saldrá acompañada de un grupo de obreras para formar una nueva colonia. Las colonias son monoginas, no pueden convivir varias reinas en un mismo hormiguero.

Una aclaración antes de terminar: Las verdaderas hormigas cortadoras de hojas, que son sudamericanas, no se alimentan de las propias hojas, sino de los hongos que crecen sobre una masa que hacen con ellas en verdaderas cámaras de cultivo. 

En la próxima entrada sí mostraré aladas de la otra especie: Aphaenogaster gibbosa.


jueves, 24 de diciembre de 2020

Las hormigas de mi jardín (3). Camponotus lateralis.

Esta especie, pertenece a la subfamilia Formicinae. Según los compañeros del Facebook de la Asociación Ibérica de Mirmecología (AIM), parece que hay algunas discrepancias en cuanto a la taxonomía de este grupo, pero aplicaré este nombre que es bastante aceptado, tanto por su morfología como por su distribución. No es el objetivo de este blog entrar en discusiones de nomenclatura, sino animar a observar y respetar.

Obrera de Camponotus lateralis sobre el vidrio de una ventana.

Es bastante escasa en mi jardín. Según la guía de hormigas de C. Lebas et al. editada por Omega, en mi zona se encuentra en su límite altitudinal (algo más de 1000 m) aunque, no me sorprendería que en España se encuentre a más altitud de la que se indica según bajamos en latitud.

Obrera de Camponotus lateralis. Sobre blanco no se aprecia bien el contraste de los colores negro y rojo

Es una especie asombrosamente parecida a la que vimos en la anterior entrada, Creamatogaster scutellaris. Aunque algunas de las obreras de Camponotus puede tener tamaño bastante más grande, la mayoría son casi de la misma talla que las Crematogaster, en torno a los 4 mm de longitud. Por esa razón he puesto una foto con las dos especies juntas para mostrar sus diferencias. 

Diferencias entre una obrera de Camponotus lateralis y Crematogaster scutellaris de similar tamaño (4mm de longitul total): 
1. Gaster redondeado en Camponotus y con forma de corazón, terminado en punta aguda en Crematogaster.
2. Peciolos con formas muy diferentes y unidos al gáster en zonas distintas.
3. Espinas en el propodeo ausentes en Camponotus y muy evidentes de Crematogaster.

Así, a gran aumento, parece más sencillo pero a mí me han confundido en más de una ocasión, máxime cuando se mueven por los mismos lugares e incluso se ven siguiendo los mismos caminos, especialmente en el muro de casa. Precisamente, algunas de las fotos de esta entrada están hechas en lugares donde conviven las dos, sobre los marcos blancos de las ventanas, por lo que no se distingue del todo bien el contraste del rojo y negro de sus cuerpos.

Dos obreras de Camponotus lateralis con tamaños muy distintos.

Debido a sus semejanzas, tanto de aspecto como biológicas, pues las dos son bastante arborícolas y de similar dieta, es muy posible que esta especie, que es menos numerosa, se aproveche de esos parecidos en su propia defensa, ya que no es tan agresiva como las Crematogaster, ni tiene un sistema de defensa tan eficiente como ellas, como explicaba en la entrada anterior. Sería entonces un caso de mimetismo batesiano. Hablo de esa forma de mimetismo en esta entrada.

Obreras y machos en una salida del hormiguero que abrieron en el interior de casa.

En las fotos se pueden ver obreras de tamaños bien diferentes, machos y una hembra. Las colonias sólo tienen una reina, es decir, son monogínicas, pero pueden llegar a ser muy grandes.
Hembra alada muerta de Camponotus lateralis. Aunque las obreras mayores tengan el abdomen bastante grande, se diferencian bien de las reinas que han perdido las alas, porque estas tienen el tórax mucho más desarrollado para albergar los músculos alares.

Como decía más arriba, esta especie me había pasado desapercibida hasta que un buen día de la pasada primavera (finales de marzo), descubrí que estaban saliendo aladas de una grieta entre el marco de un ventanal y el suelo ¡de dentro de casa! Mal final tuvieron las pobres, pero no es cuestión de que me invadan la casa. De puertas afuera lo que quieran, pero dentro no.

Entonces fue cuando me las identificaron en el grupo de Facebook de AIM. La guía antes citada dice que enjambran a partir de julio, posiblemente sea así más al norte, dependiendo de las temperaturas.

Obrera de Camponotus lateralis sobre flores de Sedum.
Obrera de Camponotus lateralis sobre flores de hinojo.

Son omnívoras y es la especie que más he podido ver libando de flores. También, aunque sólo en una ocasión, las he visto, sobre un cardo, aprovechando el mielato de los pulgones, en un territorio habitualmente ocupado por otra especie, del género Lassius.

Camponotus lateralis pastoreando pulgones sobre una rama de cardo.

jueves, 17 de diciembre de 2020

Las hormigas de mi jardín (2). Crematogaster scutellaris.

Empiezo, ahora sí, con las observaciones sobre hormigas realizadas íntegramente en mi jardín. La primera va a ser una que me resulta particularmente atractiva: Crematogaster scutellaris.

Obrera de Crematogaster scutellaris en la que se pueden observar bien los caracteres más distintivos: el abdomen terminado en punta dando forma de corazón al gáster, las espinas del propodeo (en el tórax) y el color rojizo de la mitad anterior. 

Dentro de la gran familia Formicidae, esta especie pertenece a la subfamilia Myrmicinae y es una de las más fáciles de reconocer, porque tienen el gastro (la parte gruesa final del abdomen) con forma de corazón y el extremo especialmente terminado en punta, lo que las distingue de otras especies parecidas. La cabeza y generalmente la parte anterior del mesosoma (tórax) es de color rojizo.

Vista dorsal de una obrera de la especie.

Es una especie que puede ser muy molesta, sobre todo en las explotaciones de corcho, pues tiende a anidar entre la corteza de los árboles y los alcornoques son un excelente hábitat para ellas, pudiendo alterar su producción. Cuando los trabajadores retiran los corchos de los árboles, estas hormigas, que pueden formar colonias de muchos miles de individuos, levantan el abdomen y emiten una feromona de alarma que pone en alerta a todo el hormiguero y atacan con ferocidad, mordiendo y soltando ácido fórmico.

Por el contrario, en los pinares son aliadas en la lucha contra la procesionaria del pino, pues consumen sus puestas. En otros cultivos pueden ayudar en el control de diversas plagas de insectos.

Nido descubierto en el suelo, bajo un tablón medio descompuesto. Se ven larvas en diversas fases de desarrollo.

En mi jardín anidan en varios lugares, la colonia más numerosa se encuentra en el muro de entrada, junto a la puerta y otras las puedo ver en distintos sitios de los muros de la casa. También se ven en árboles, sobre todo con grietas o desgarros, como corresponde a su biología y, sobre todo, en las hiedras. En el suelo es frecuente verlas bajo troncos putrefactos o tablones. En mi jardín tengo alguna tabla dejada en el suelo, pues diversos insectos, anfibios y reptiles agradecen el refugio que suponen, especialmente en verano, porque conservan la humedad debajo. No se conforman con aprovechar orificios, contribuyen a fabricar las paredes de su nido con madera masticada y tierra.

En primavera y verano se extienden por lugares adyacentes al hormiguero principal para formar pequeñas colonias satélite donde desarrollar sus crías. Sin embargo, dependen de la principal, pues sólo cuentan con una reina, es decir, son monoginas. Así, es frecuente verlas formando filas yendo del nido principal a los periféricos, incluso trasladando larvas. En invierno se repliegan al hormiguero central, donde vive la reina. Según he podido ver, no siempre vuelven a los nidos anteriores a la primavera siguiente.

Son de alimentación omnívora y pueden verse en plantas, incluidas las flores, libando el néctar, pero se ven más frecuentemente chupando los jugos azucarados que producen los pulgones. Debido a sus costumbres arborícolas es una de las especies más frecuentes “pastoreando” los pulgones de los árboles. Así, las he podido ver sobre los pulgones que había en las bellotas y agallas en formación de los robles melojos (Quercus pyrenaica), en los pulgones (Panaphis juglandis) de nogal (Juglans regia) y en los de las flores y frutos del granado (Punica granatum).

En las dos fotos, hormigas "pastoreando" pulgones en la caperuza de bellotas de roble en formación. Los pulgones apenas se distinguen entre las rugosidades. 

Crematogaster sobre los pulgones que atacan a las flores y frutos del granado. Es esta fase un buen chorro de agua a presión con la manguera, sobre las granadas en crecimiento, termina con el problema sin necesidad de usar insecticidas.

También es una de las primeras especies que localizan los insectos muertos del jardín y lo comunican a sus hermanas, por lo que rápidamente el insecto muerto se ve rodeado de hormigas dispuestas a despedazarlo y llevarlo al hormiguero. Como curiosidad, pude  calcular el tiempo que tardaron en despedazar totalmente una tijereta: desde que la vi hasta que se llevaron los últimos trozos pasaron cinco horas.

Desmembramiento y traslado de una tijereta muerta.


miércoles, 9 de diciembre de 2020

Las hormigas de mi jardín (1)

Teniendo en cuenta su importancia y diversidad, he tratado relativamente pocas veces sobre las hormigas del jardín. Por eso en esta y sucesivas entradas intentaré ponerme al día haciendo un repaso a las especies que he podido identificar, fotografiar y extraer información interesante.

En esta primera entrada haré un repaso general, teniendo en cuenta también otras especies y más adelante ya daré detalles sobre las que habitan en mi jardín.

Hormigas Lasius gr. niger pastoreando pulgones en un cardo.

Las veces que más han aparecido las hormigas en el blog han sido por su relación con los pulgones. En efecto, las hormigas cuidan, defienden y “pastorean” a los pulgones para aprovechar el jugo azucarado que estos excretan. Sin embargo, alguno que otro cae en sus fauces cuando necesitan más proteína o, según se ha comprobado, cuando la planta empieza a marchitarse y los pulgones dejan de ser productivos. Algo así como “a todo pulgón le llega su San Martín”.

Obrera Lasius con una pequeña ninfa de pulgón, posiblemente recién parida, entre las mandíbulas.

Tres especies de hormigas, Lasius (grupo niger), Crematogaster scutellaris y Camponotus lateralis, se han dedicado a pastorear a diversas especies de pulgón en el jardín. No tienen ninguna exclusividad, las he visto atendiendo a varias especies de pulgón distintas y en diferentes plantas. Aunque hay alguna especie de pulgón con la que no he visto hormigas nunca, lo que no quiere decir que no puedan ser visitadas, simplemente que yo no las he visto.

Crematogastter scutellaris con el pulgón del nogal, Panaphis juglandis.

Las más “ganaderas” son, sin duda, las Lasius que además de verlas pastoreando pulgones las he visto con ninfas de las chinches del género Cacopsylla en una rama de espino albar (Crataegus monogyna) y también con cochinillas. Esos tres grupos de insectos tienen en común el que permanecen agrupados numerosos individuos (a modo de rebaño) y que se dedican a succionar con sus picos la savia de las plantas. 

Lasius gr. niger pastoreando ninfas de chinche Cacopsylla, sobre espino albar.

Los nutrientes de la savia están poco concentrados, por lo que estos parásitos de los vegetales se ven obligados a beber gran cantidad de líquido para extraer su alimento y no tienen más remedio que expulsar el exceso. Ese exceso, que es azucarado, es lo que buscan las hormigas. Generalmente las Crematogaster se encuentran con los pulgones de los árboles a bastante altura, pues son hormigas propias de la madera, aunque se puedan ver también en el suelo y en los muros. Las Lasius puede decirse que se encuentran en cualquier sitio.

Ninfas de chinche Cacopsylla en Crataegus monogyna expulsando gotas azucaradas que aprovechan las hormigas.

Muchas especies de hormiga son carroñeras y comen cualquier tipo de animales muertos, aunque lo más frecuente es verlas alimentarse de insectos. También pueden ser cazadoras y atacar sin piedad animales vivos, aunque en mi jardín no he visto las más feroces de la zona, que es la especie Camponotus cruentatus. En el siguiente vídeo se las ve atacando a una oruga.


Sin embargo, sí he visto a hormigas del género Aphaenogaster atacar a lombrices y, por supuesto, a otras congéneres.

Crematogaster scutellaris alimentándose de una avispa muerta.

Por último, me referiré a las hormigas más o menos especializadas en alimentarse de semillas. Las más conocidas son las Messor, que muchas veces habréis visto siguiendo caminos establecidos entre su fuente de alimento y el hormiguero, hasta el punto de que erosionan y limpian el terreno a su paso dejando un surco bien patente que parece mentira que se haya hecho por animales tan pequeños. 

Camino hecho por Messor barbarus.

Messor barbarus es la más llamativa, sobre todo por sus grandes “soldados” (los especialistas prefieren llamarlas obreras mayores) con la cabeza grandota de color rojizo. Sin embargo, no las tengo en mi jardín, creo que prefieren terrenos más áridos, en su lugar vive la especie Messor bouvieri, más pequeña y menos llamativa, pero igual de interesante, como veremos en su correspondiente entrada. La alimentación granívora puede parecer perjudicial para las plantas, pero hay especies de plantas que se aprovechan de las hormigas y las utilizan para dispersar sus semillas. Zoocoria es el transporte de semillas por animales y si son las hormigas las que lo realizan se llama mirmecocoria. En la entrada que dedicaré a esa especie veremos por qué curiosos mecanismos lo hacen.

Messor bouvieri transportando semillas.

Otra de las especies que podemos ver transportando semillas es Pheidole pallidula, de muy pequeño tamaño y a veces viviendo en nuestras casas. Y también tiene castas de obreras mayores y menores.

Dos obreras de Pheidole pallidula transportando una semilla de alpiste en colaboración.

Aunque no tan especializadas como abejas y avispas, algunas hormigas pueden ser polinizadoras y se encuentran en las flores alimentándose de néctar o polen, aunque es más bien una polinización accidental.

Aparte de la alimentación, un fenómeno que llama mucho la atención de la biología de las hormigas es la emergencia de las hembras y machos alados. Sorprende porque hay días que se ven por todas partes. Cada especie tiene su época del año o, al menos, preferencia por una estación. La “invasión” es debida a que en todos los hormigueros próximos, de una misma especie, salen volando los reproductores a la vez. Esto ocurre para que se puedan encontrar y copular machos y hembras procedentes de distintos hormigueros y así evitar la endogamia. El cambio de tiempo, especialmente un día de lluvia tras un periodo seco, suele ser uno de los principales detonantes. Aunque a veces deben percibir el cambio de presión atmosférica y llegan a adelantarse a la lluvia. Así, en tiempo seco la emergencia de hormigas puede anunciar lluvias inminentes.

Los machos son mucho más pequeños que las hembras y la cópula suele realizarse en vuelo. Luego caen al suelo donde los machos mueren, una vez cumplida su función, y las “reinas”, hembras ya fecundadas, pierden o se arrancan las alas y buscan un lugar donde refugiarse y formar su nueva colonia. Bueno, hay especies en que algunas reinas pueden volver a su hormiguero, pero son las menos. También lo comentaré en otra entrada.

Emergencia de machos y hembras en  un hormiguero de Aphaenogaster. 

Esos días de vuelo suelen ser aprovechados por muchos insectívoros para darse un buen atracón, tanto en tierra como en vuelo, lagartijas, ranas y sapos, pájaros, libélulas e incluso murciélagos, si coinciden con la caída de la tarde. Las que caen al agua son alimento de insectos acuáticos y peces, como saben muy bien los pescadores que las utilizan como cebo. No faltan las hormigas depredadoras que también capturan a esos ejemplares reproductores, vivos o muertos.


Gorriones consumiendo hormigas aladas.

Hormiga alada caída en el estanque y siendo depredada por una notonecta, que se aprecia debajo de la superficie del agua.

No todos los hormigueros tienen una única reina, algunas especies tienen varias de ellas y llegan a formar colonias de tamaño enorme.

Hay otras peculiaridades de las hormigas como la trofalaxis que es el intercambio de alimento boca a boca, desde el buche de la primera. Esto permite que haya especializaciones y reparto del trabajo. Algunas hormigas permanecen una parte o toda su vida dentro del hormiguero mientras que otras salen a buscar la comida.  Otro tema es la colaboración en el desmembramiento y acarreo de las presas. Algunas especies son muy eficientes avisando a sus compañeras para que acudan a ayudar en esa tarea, mientras que otras parece que van por su cuenta e incluso más que colaboración, cada una tira para un lado.

No se libran las sociedades de hormigas de otras características casi humanas, la guerra contra sus congéneres y la esclavitud en muy diversos grados, desde especies que no trabajan sino que dependen de sus esclavizadas, hasta las que ese fenómeno es opcional.

También hay varias especies de insectos que viven en los hormigueros. Algunos simplemente se aprovechan del espacio y condiciones del hormiguero, otros roban sus alimentos y algunos llegan a comerse a las larvas de las hormigas sin ser atacadas, gracias a que camuflan su olor con el propio de las hormigas o emiten feromonas que las confunden de algún modo. Ese fenómeno se llama mirmecofilia, y es muy conocida en lepismas y larvas de mariposa, especialmente licénidos. Sobre ello ya traté en otra entrada que puede verse AQUÍ.

Quiero agradecer la ayuda en la identificación prestada por los expertos del grupo de Facebook de la Asociación Ibérica de Mirmecología y, de Biodiversidad Virtual

martes, 27 de octubre de 2020

Curiosa vida de las luciérnagas

Encontrar una luciérnaga en el jardín siempre es motivo de alegría e interés, pero ir poco a poco desentrañando detalles de su biología es una gran satisfacción.

La especie que hay en mi zona es la luciérnaga mediterránea, de nombre científico Nyctophila reichii. Hace ya tiempo que descubrí algunas hembras gracias a su luz, aunque hacerles una fotografía que le haga justicia es complicado. Durante la noche, cuando buscan pareja, dan la vuelta a los últimos segmentos del abdomen para mostrar sus órganos luminiscentes. Generalmente se suelen subir a alguna roca, muro o, más raramente, alguna planta de poca altura. Cuando llega una pareja y copula, al poco tiempo sus luces se apagan, pues ya no son necesarias y pueden atraer la atención de los depredadores.

Luciérnaga mediterránea, Nyctophila reichii. Hembra mostrando los órganos luminiscentes.

Las hembras adultas son de color amarillento, tienen las alas atrofiadas que no les permiten volar y el abdomen es bastante grande, por lo que se parecen mucho a las típicas larvas de coleóptero. En esta especie se aprecian muy bien las alas atrofiadas, en otras especies no es así.

Luciérnaga mediterránea, Nyctophila reichii. Hembra. La luz del flash oculta la luz natural de sus órganos luminiscentes, pero nos deja ver otros detalles de su anatomía.

Los machos adultos son completamente distintos. Tienen el típico aspecto de escarabajo, son más pequeños, tienen élitros y alas membranosas adecuadas para el vuelo. 


Luciérnaga mediterránea, Nyctophila reichii. Macho
Luciérnaga mediterránea, Nyctophila reichii. Macho. Detalle de los ojos, que prácticamente ocupan toda la cabeza.

Un carácter que llama mucho la atención es el gran tamaño de sus ojos. Los necesitan para encontrar a las hembras en la oscuridad de la noche. También tienen órganos luminosos, pero casi nunca los podremos ver en acción, parece ser que se iluminan cuando están estresados. Yo nunca los he visto brillar, ni a ellos ni a las larvas, que también los poseen.

Las larvas que he visto en mi jardín, eran ya casi tan grandes como las hembras adultas. Su aspecto es muy parecido a ellas, pero no tienen alas ni siquiera vestigiales, como corresponde a su etapa de desarrollo. Son de color oscuro, casi negro aterciopelado, en el dorso y en la parte ventral tienen zonas de color rosado intenso. 

Luciérnaga mediterránea, Nyctophyla reichii. Larva en vista dorsal.

Luciérnaga mediterránea, Nyctophyla reichii. Larva en vista lateral, lo que nos permite ver la coloración rosada de su vientre.

Mucha gente me ha comentado que cada vez se ven menos luciérnagas y me preguntan qué podían hacer para tenerlas en su jardín. Es cierto, yo mismo he podido observar su desaparición desde hace unos 45 años, cuando las descubrí en Miraflores de la Sierra por primera vez. En respuesta sólo puedo decir dos cosas: No usar pesticidas en el jardín y, en nuestra Sierra de Guadarrama y su entorno, donde los suelos son ácidos y los caracoles no se desarrollan bien por falta de calcio, poner alguna rocalla caliza para facilitarles la vida. Tengo una compostera donde echamos los restos de frutas y verduras y allí crían las babosas en abundancia. No está de más señalar que no tenemos ningún problema con las plantas del jardín, la mayoría autóctonas, ni mi mujer en su pequeña huerta, salvo alguna hoja mordisqueada, sin más consecuencias.

No intentéis trasladar ejemplares de un lugar a otro, posiblemente esté abocado al fracaso si en ese lugar no existían antes o han desaparecido por alguna razón. Y además es ilegal. Conformémonos con facilitar la vida, no sólo a las luciérnagas sino a toda la fauna del jardín, con las menores intervenciones posibles. Puedo asegurar que merece la pena. 

Hay muchas razones para la desaparición de las luciérnagas pero, en mi opinión, dos fundamentales: El uso de pesticidas y la contaminación lumínica.

Las luciérnagas en fase larvaria se alimentan de otros invertebrados. Las ibéricas, y esta especie en concreto, son depredadoras de caracoles y babosas. Los pesticidas, utilizados contra esos moluscos, sin duda afectan a las luciérnagas por envenenamiento directo o por mermar las poblaciones de sus presas. Un lugar muy frecuentado por los caracoles y babosas, debido a que allí se acumula y permanece la humedad, son las cunetas de las carreteras y caminos. Y allí, aparte de en las huertas no ecológicas, es posiblemente donde más veneno se vierte para luchar contra las llamadas "malas hierbas". Por otra parte, la iluminación artificial nocturna, además de otras consecuencias que no vienen al caso, tiene el problema de despistar a numerosas especies de insectos, tanto nocturnos como diurnos. Para las luciérnagas el exceso de luz dificulta que los machos encuentren las tenues luces de las hembras.

A continuación incluyo un vídeo donde se muestra el proceso de ataque y consumo de una babosa de la especie Lehmania valentiana, por parte de una larva de luciérnaga mediterránea que descubrí en mi jardín a primera hora de la mañana, cuando caía una fina llovizna, entre sol y nubes. Tanto las babosas como las luciérnagas son animales nocturnos, pero en estos días húmedos otoñales pueden alargar su ciclo vital diario debido a que la mañana es más cálida que la noche y aún conserva la humedad sin demasiada insolación.



Algunas fotos de detalle para completar lo que se puede ver en el vídeo:

En los primeros momentos vi como la larva mordía a la babosa en cualquier parte del cuerpo. No sale en el vídeo, aún no había empezado a grabar porque me pilló desprevenido. 
Luego ya se dedicó a morder sólo en la boca y parece ser que inyecta una sustancia paralizante que quizás sea el inicio de la digestión interna de la babosa, pues ésta deja de moverse e intentar huir. Cuando ya la tiene inmovilizada, es cuando empieza la verdadera ingestión.


Detalles de la fase de limpieza con las expansiones caudales a modo de cepillo.


Una vez seca la babosa, mordiendo en un lateral para acceder al interior, donde se encuentran las vísceras.

Es de suponer que con los caracoles hará algo similar, siendo más importante que estos se relajen para poder acceder a su interior.

En las entradas del blog procuro usar la menor cantidad posible de palabras científicas y evito detalles excesivamente técnicos. Sólo pretendo llamar la atención sobre determinados hechos. Hay muchos lugares donde buscar más información. Si esta entrada te ha picado la curiosidad, estoy seguro de que el mejor sitio para buscarla es la web "Gusanos de luz", que además colabora con Biodiversidad Virtual.

Si tienes problemas para ver el vídeo en el teléfono, este es el enlace directo a YouTube: https://youtu.be/xwvovdwVwic