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martes, 31 de agosto de 2021

La mariposa Lampides boeticus y su planta nutricia (2). Comensales, caníbales y parásitos.

Continuo con la Historia Natural de esta bella mariposa.
En la entrada anterior dejamos a las orugas atracándose de las semillas en crecimiento dentro de las legumbres de Colutea, aparentemente bien protegidas del exterior. 
Vainas maduras de Colutea. La flecha muestra, en una de ellas, los excrementos dejados por la oruga que ha crecido en su interior.
Las vainas ocupadas por orugas son fácilmente identificables sin necesidad de abrirlas porque en la parte inferior se ven por transparencia los excrementos con forma de granitos negros y, en cambio, no se distingue la fila de semillas.
Vaina abierta sana, con las semillas desarrolladas y maduras, no atacadas por orugas.

Vaina abierta mostrando las semillas abortadas al haber sido comidas por una oruga. El círculo rojo indica el agujero por donde salió la oruga ya crecida.
Sin embargo, alguna vez me he encontrado las vainas completamente desgarradas, supongo que por obra de algún pájaro, que ha intentado acceder a su interior. No sé si lo que buscaba eran las semillas o las orugas. La que muestro en la foto con la hormiga es una buena muestra de ello y la más exagerada que he visto, otras lo han sido en menor medida. Esa fue la primera vez que vi una oruga, nunca antes había mirado en el interior de una de esas legumbres, aunque sabía que deberían estar dentro.
Hormiga Lasius tanteando sobre la oruga.
Ya que ha salido el tema de la hormiga, hablaré de ellas. La mariposa se cita con frecuencia como mariposa mirmecófila. La mirmecofilia es la afinidad que algunos organismos tienen con las hormigas, sea de comensalismo o incluso de parasitismo dentro del hormiguero. Las de la fotografía son hormigas del género Lasius (hablé de ellas en ESTA ENTRADA), que suelen pastorear chinches Cacopsylla en otras plantas del jardín, así como pulgones, incluso en la propia Colutea. Parece ser que en este caso la mirmecofilia no es obligada, y las hormigas se limitan a lamer de las orugas sus posibles jugos azucarados y, posiblemente defenderlas del ataque de otros insectos. Pero, como ya he comentado, las orugas permanecen dentro de las legumbres y las hormigas tienen muy pocas posibilidades de acceder a ellas en los espantalobos, quizás en otras leguminosas no ocurra así.
Agujero abierto en la legumbre. Se ven también los excrementos dentro y, por fuera, unos pulgones.
Las vainas maduras que han sido ocupadas por las orugas se identifican fácilmente sin necesidad de abrirlas porque por transparencia se aprecian bien los excrementos caídos en la parte más baja. Si la oruga ya salió, se verá en agujero que ha abierto para hacerlo. Pero cuando la vaina está aún verde y tiene una oruga en su interior es más difícil de ver. La oruga, recién salida del huevo, entra en la flor, por lo que la legumbre en crecimiento no tiene ninguna herida que la delate o es tan pequeña que es difícil de localizar.
Oruga andando en el exterior de una legumbre. No creo que tenga el tamaño suficiente como para pupar y puede que esté buscando entrar en otra vaina.
Sólo en una ocasión he visto una oruga, no totalmente desarrollada, andando sobre una legumbre. Es posible que hubiese terminado con las semillas de su vaina y buscase otra donde entrar para seguir comiendo. De hecho, he visto vainas ya consumidas con dos agujeros, uno de ellos sellado con una especie de tapa de seda y el otro abierto. Tengo la teoría, por confirmar, de que cuando entra en una nueva legumbre la oruga tapa la entrada para impedir el acceso de parásitos y para conservar el ambiente húmedo interior. El agujero abierto, como ya dije es el de salida.
Vista exterior del orificio tapado con tejido de seda.

Tapón de seda visto desde el interior de la legumbre, cerrado y abierto por mí para mostrar la estructura de seda.
Sin embargo, esas precauciones son en vano, porque alrededor del espantalobos merodean unas avispillas parásitas esperando su oportunidad. Apenas tienen un par de milímetros de longitud y son muy inquietas y difíciles de fotografiar en vivo, pero a base de paciencia, por la mañana bien temprano y tiempo más fresco, lo he conseguido. Y también he visto el resultado en alguna vaina que he abierto. En ella la oruga estaba consumida y a su lado había unos cuantos capullitos blancos de donde saldrán las nuevas avispas, supongo que el próximo año.
Avispilla parasitoide (quizás Eurytominae) merodeando sobre el exterior de las legumbres.

Capullos apilados de la avispa parásita y, a la izquierda, carcasa vacía de la oruga, apenas reconocible.
No sé de qué manera las avispas llegan a parasitar a las orugas que están dentro de las vainas. Si hacen un pequeño agujero y entran en la legumbre para poner los huevos sobre la oruga o si simplemente introducen el ovopositor a través de la cáscara del vegetal y las larvas se las apañan para llegar hasta ella. No lo he podido ver.
En la tesis doctoral de Rafael Obregón sobre interacciones ecológicas de lepidópteros en Andalucía, se muestra que las orugas de L. boeticus son capaces de alimentarse de las pupas que se encuentran en los capullos de su parasitoide cuando los encuentran. En su estudio, el parasitoide es Cotesia specularis. Es una curiosa interrelación en la que parasitoide y parasitado se controlan mutuamente. 
También en ese trabajo describe el canibalismo de las orugas de canela estriada, así como la depredación interespecífica entre orugas de L. boeticus y Leptotes pirithous. Eso explica la presencia de una única oruga en el interior de las legumbres que yo he observado.
Imago de gris estriada Leptotes pirithous, fotografiada en una gramínea justo debajo de las pantas de espantalobos.

En el jardín, junto a la Colutea he visto y fotografiado también a la mariposa Leptotes pirithous, es otro licénido de aspecto y biología muy similar a la protagonista de estas entradas, pero mucho menos abundante. Sospecho que quizás haya visto más de las que creo, cuando varias mariposas estaban revoloteando entre las ramas del espantalobos, pero me han pasado desapercibidas.
Por último vuelvo a poner una foto de canela estriada, Lampides boeticus adulta para que se pueda comparar con la gris estriada, Leptotes pirithous, de la foto anterior. Aparte de otras particularidades de su diseño, la ancha banda de color claro de las alas traseras las diferencia sin posibilidad de error.
Imago de canela estriada, Lampides boeticus.

martes, 2 de febrero de 2021

Las hormigas de mi jardín (y 10).Tetramorium sp. Y otras, que me quedan por estudiar.

Llego a las últimas hormigas que en estos pasados años he podido ver en el jardín, completando un total de once especies distintas. En esta entrada agrupo a tres de ellas debido a la escasez de material tengo, tanto de fotos como de acontecimientos observados. Me queda pues una buena tarea para esta próxima primavera y verano: intentar localizar sus nidos y fijarme en sus comportamientos.

Obreras de Tetramorium sp.

Comienzo con unas hormigas del género Tetramorium, que pertenece a la subfamilia Myrmicinae. Solamente una vez las he visto el jardín, a finales del pasado mes de junio, coincidiendo con el vuelo de los machos y “princesas”. La loseta de pizarra de donde salían fue invadida unos días después por las Tapinoma que mostré en la anterior entrada en plena mudanza. Poco más puedo contar, excepto datos bibliográficos.

Macho de Tetramorium sp. a punto de iniciar el vuelo nupcial.

Hembra alada de Tetramorium sp.

Son hormigas pequeñas, apenas un poco más de los 2 mm de longitud tienen las obreras. En este género hay tanto monoginias como poliginias y los hormigueros suelen ser bastante superficiales. Son omnívoras.

 

La segunda especie es del género Plagiolepis, con diferencia la más pequeña de las que habitan en el jardín y una de las más pequeñas de nuestra fauna y, en especial de la subfamilia Formicinae que suelen ser hormigas bastante más grandes. Estas obreras apenas si sobrepasan el milímetro de longitud. A su lado hasta las pequeñas Pheidole, que a veces no superan los 2 mm, parecen grandes. No digamos ya al lado de las Crematogaster, como la de la foto, que tienen unos 4 mm y que a su lado parecen gigantes. ¡Son más pequeñas que los pulgones! A los que también lamen el mielato.

Dos imágenes de obreras de Plagiolepis sp.

No tengo localizado su hormiguero, generalmente las veo cuando estoy observando o fotografiando otras especies. Tampoco he visto sus vuelos nupciales, que ocurren a finales de primavera o inicios del verano. Son omnívoras y poliginias y sus colonias se pueden disgregar en otras satélites que en invierno se vuelven a juntar. Una característica interesante es que algunas obreras se pueden especializar en acumular alimento para ofrecerlo a las demás, dilatando el abdomen, ese fenómeno se llama fisogastria. En algún documental habréis visto las hormigas odre o de la miel, superespecializadas en ello, que son buscadas y consumidas por las personas que habitan en sus zonas de origen. No es este un caso tan espectacular.

Comparación de una obrera de Crematogaster scutellaris, de unos 4 mm de longitud con una de Plagiolepis, junto a pulgones del nogal de los que están lamiendo el mielato.

También son interesantes otras especies de este género, que son parásitas de sus parientes. Las reinas de esas especies conviven en el hormiguero de sus huéspedes, aprovechándose del trabajo de las obreras ajenas, para que les traigan el alimento y cuiden de sus huevos y larvas. Algunas ni siquiera producen obreras, solamente machos y hembras sexuados.

 

Y por último muestro una hembra alada (futura reina, si tiene suerte) de una de mis hormigas favoritas: Cataglyphis, también de la subfamilia Formicinae. Solamente la he visto en el jardín en una ocasión, ese único ejemplar, llegó volando a mediados de junio y se movía tan rápido, como corresponde a su grupo, que apenas si pude hacerle esa foto desenfocada. Realmente mi jardín, con mucha sombra y pocas zonas despejadas, no es el lugar adecuado para esas hormigas, que son propias de espacios abiertos e incluso desérticos. Para que las reconozcáis, son esas hormigas patilargas que corren como condenadas con el gastro (final del abdomen) levantado.

Hembra alada de Cataglyphis sp. buscando afanosamente un lugar donde fundar su nueva colonia.

Pongo también una foto de una obrera de ese género que fotografié en un barbecho cercano a Daimiel. Son carnívoras, consumen insectos muertos e incluso los cazan. Están activas cuando hace tanto calor que otras especies tienen que permanecer escondidas.

Obrera de Cataglyphis velox en el momento de salir del hormiguero, aún con el gastro bajado, antes de elevarlo y empezar a andar a toda velocidad. Fotografiada en Daimiel, Ciudad Real.

Por último, volver a agradecer a los expertos de Biodiversidad Virtual y muy especialmente a los del grupo de Facebook de la Asociación Ibérica de Mirmecología (AIM), su ayuda en la determinación de las especies de hormigas. Sin ellos no habría sido capaz de identificarlas todas y por lo tanto de escribir estas entradas.

viernes, 9 de octubre de 2020

Cinches escudo (3): La chinche mediterránea, Carpocoris mediterraneus

Continúo con esta serie dedicada a los hemípteros heterópteros, es decir, a las chinches que he llamado escudo por su forma y colorido.
La chinche mediterránea, Carpocoris mediterraneus, es una de las más abundantes y fáciles de ver en nuestra zona de campeo. Se puede encontrar en muy diversas plantas, pero yo tengo la impresión de que es más abundante en los cardos, tanto en los cardos marianos, borriqueros y otros de su familia, que están en su apogeo más bien en primavera y a principios de verano, como en los falsos cardos corredores más entrado el estío.


Así es como esta especie ha llegado a mi jardín, tanto como en el entorno de prados de mi casa, y las he fotografiado y mostrado en este blog en diversas ocasiones, como puede verse AQUÍ.

Carpocoris en cópula sobre la inflorescencia de un cardo borriquero, Onopordum acanthium, en mi jardín. 30 de junio 2020

Como ya he contado otras veces, todos los años suelo dejar que algún cardo crezca en algún rincón del jardín donde no molesten al paso, porque me dan la oportunidad de observar la numerosa fauna de insectos que atraen. Y no solo insectos, también aves como jilgueros, verderones y verdecillos que me lo agradecen y, a veces, hasta se dejan fotografiar... bueno, solo a veces. 
Pero no me voy a distraer, hoy va de chinches. Así, en la foto anterior muestro una pareja de Carpocoris mediterraeus en cópula, en un cardo de mi jardín.

Puesta de Carpocoris entre las espinas del cardo.

Unos días después de esa cópula, con los adultos aún pululando por el cardo encontré esta puesta y no me cupo duda de que se trataba del fruto de esa unión, ya que era casi idéntica a la que vi hace ya unos años sobre las acículas de un pino en la playa de La Marina, en Alicante, con la protagonista en plena faena. No parece que sea una coincidencia la forma de acícula de los dos lugares de puesta, bien diferente a la puesta, más numerosa y en una hoja plana, de Nezara viridula que mostré en la anterior entrada.
Momento
Momento de la puesta en las acículas de pino. Alicante.

Pensaba que iba a tener la oportunidad de hacer un seguimiento del desarrollo de estas chinches como el que mostré en mi anterior entrada, pero no fue así, el tiempo transcurrió y nada nacía. Y no solo eso, sino que empezó a crecer moho sobre los huevos, lo que indicaba que posiblemente estaba muertos. 
Sin embargo, en algo en equivoqué, no todos estaban muertos, al menos de uno de ellos nació una avispilla parásita, como puede verse en las siguientes fotos.


Me quedé sin poder fotografiar las ninfas en ese momento y han tenido que transcurrir más de 3 meses, desde el 30 de junio hasta el 6 de octubre, para que encuentre una ninfa de la especie, de los últimos estadios, en otra zona del jardín. Ha merecido la pena, es toda una belleza, con los brillos dorados que la adornan.

Carpocoris mediterraneus. Ninfa en los últimos estadios (creo que el 5º) sobre la  lavanda del jardín.

Taxonomía de Carpocoris mediterraneus.

La historia de la clasificación taxonómica de esta especie es bastante compleja y me ha costado dar con la conclusión final que he optado por seguir. 

IBERFAUNA, la base de datos del proyecto FAUNA IBÉRICA del MNCN, no la considera especie válida entre las cuatro existentes en la Península. Sin embargo, cita un artículo que sí lo hace. Es un trabajo del 2013 que puede consultarse en ESTE ENLACE. En él se concluye, con evidencias moleculares, que Carpocoris mediterraneus es una especie válida, muy común en España y diferente que Carpocoris fuscispinus con la que se había sinonimizado. Las dos especies coinciden en muchos lugares del continente europeo, también en varios sistemas montañosos de Península Ibérica. Incluso se han encontrado ejemplares de las dos especies en la misma planta, lo que refuerza la teoría de que son dos especies distintas que no hibridan. Las montañas parecen ser refugios fríos que datan desde las glaciaciones, algo que en el trabajo comparan con la distribución de algunas plantas y a mi me recuerda a las lagartijas serranas. No figuran en el trabajo hallazgos de C. fuscispinus en Guadarrama, así que habrá que fijarse en las zonas más altas. Este trabajo nos muestra fotos muy elocuentes de la forma de diferenciarlas.

Por otra parte, en la Península Ibérica la subespecie aceptada es Carpocoris mediterraneus atlanticus. Pero en el mencionado trabajo parece ser que las diferencias con la otra subespecie Carpocoris mediterraneus mediterraneus no están tan claras.

martes, 9 de junio de 2020

El "Alien" de las mariquitas.


Iba a empezar esta entrada como tantas otras y como en el enlace que pongo al final del texto, hablando sobre las sorpresas que uno se lleva observando con ojo atento las cosas que pasan en el jardín... ¡Vaya, lo he vuelto a hacer! Pero es que es cierto, los que tenemos inquietudes naturalistas tenemos la gran ventaja de disfrutar al hacer descubrimientos sencillos como el que voy a mostrar. Realmente somos felices con muy poca cosa. Compartirlo es también un disfrute, así que me pongo a ello.
A finales del mes de mayo me encontré con que una de las mariquitas, Coccinella septempunctata, que estaban instaladas en el hinojo del jardín estaba en lo más alto de una de las ramas y tenía un aspecto extraño. En efecto, bajo ella había un pequeño capullo de seda, que parecía sujetar entre las patas.
El animal estaba muerto, o al menos paralizado, como suelen hacer algunos de los parásitos internos de insectos, igual que había visto anteriormente en algunos pulgones.
Varias veces al día, durante otros tres, me acerqué a mirar para ver qué ocurría, hasta que tuve la suerte de encontrarme el capullo abierto y una avispilla andando alrededor. 
Justamente, poco antes, buscando información sobre Hippodamia variegata en el tomo de Fauna Ibérica nº 40, cuyo autor es Santos Eizaguirre, había leído algo sobre un parásito específico de los coccinélidos, la avispilla Dinocampus coccinellae. Con lo que allí leí, y teniendo el nombre, la búsqueda en internet es sencilla.

Y con la información, más sorpresas, esta avispa pone su huevo en las mariquitas con algo de veneno paralizante, pero el huevo va cargado con un virus de ARN que, una vez en el interior de la mariquita, se multiplica y es el verdadero causante de su parálisis, al afectarle al sistema nervioso.
He leído que la mariquita se comporta como un zombi al proteger al parásito bajo sus patas. Quizás lo haga mientras está haciendo el capullo, no lo sé porque yo me lo encontré ya hecho. Pero, al menos en este caso, no es una defensa activa, porque el escarabajo está totalmente paralizado. Quizás la coloración aposemática de la mariquita, avisando de sus propios tóxicos, ayude a que no lo ataquen, como digo, es una protección pasiva, por mucho que puedan gustar las historias de zombis, que no es mi caso, por cierto. Bastante tenemos con tener ante nuestros ojos una historia real como la de la película Alien.
Otra de las curiosidades que presenta este parásito es que la mayoría de los ejemplares son hembras partenogenéticas y al poco de salir del capullo ya están capacitados para empezar a poner huevos. La de mi jardín, no se lo pensó mucho. No sé si llegó a poner alguno, pero la posición del abdomen es bastante elocuente. Tampoco sé si un huevo en una mariquita que ya ha sido parasitada y quizás muerta, tiene futuro. Ya lo veré.
Sin embargo, puede que solo fuese una prueba, pues en algunos sitios he leído que el huevo lo ponen entre los élitros y el abdomen y en otros que lo coloca en posición ventral, pero nunca que lo pongan en la zona de la cabeza.
También ocurre, a veces, que la avispa pone su huevo en una larva de mariquita y que completa su desarrollo cuando esta hace la metamorfosis.
En cualquier caso, según algunos autores, lo más apasionante, es que la mariquita, a pesar de que la larva se ha desarrollado en su interior, alimentándose de sus entrañas, puede que no llegue a morir (en un 25% de los casos) y que una vez que la avispa ya ha salido del capullo, recupera su vida normal e incluso llega a reproducirse. 
La larva de la avispa nada más nacer y entrar en su hospedador, lo primero que hace es buscar, matar y comerse a otros posibles huevos de su especie y para ello tiene unas mandíbulas diferentes a las de otras dos etapas de su desarrollo por las que pasará.
Por el momento mi historia termina aquí, en el momento en que Dinocampus coccinellae emprendió el vuelo en busca de otras mariquitas que parasitar.


En la entrada que puede verse en este enlace mostraba gran parte del ciclo biológico de Coccinella septempunctata en la hiedra del jardín, el año 2017 en que fueron especialmente abundantes los pulgones y las mariquitas en esa enredadera.

viernes, 24 de abril de 2020

El pajarero del visillo: Espiando a los gorriones




Que me perdone José Mota por tomarle prestado el título, no es "la vieja" sino yo mismo el que se esconde tras los visillos de mis ventanas para espiar a mis vecinos... alados.
En estos días es todo un clásico en las redes sociales de los medios naturalistas mostrar las fotos, fundamentalmente de aves, vistas desde balcones y ventanas. Yo mismo en mi Facebook no he podido resistir la tentación de publicar durante el confinamiento, empezando con el título "Desde el Hide Ventana de la cocina". Si bien llevo años haciendo fotos desde ese lugar y muchas veces mostrándolas en este blog.

No todas las especies que veo consigo fotografiarlas, algunas porque no acuden a los comederos o baños y otras por ser muy desconfiadas y asustarse en el mismo momento en que me asomo, aunque sea a través de dos ventanas con dobles vidrios y, como no, medio escondido detrás del visillo.
Pero hasta los más humildes gorriones son dignos de admirar y apreciar su belleza, aparte de que nos hacen testigos de primera línea de interesantes comportamientos.
Así, comenzando por los gorriones, puedo disfrutar al verlos despeluchados a primera hora de la mañana, al salir de sus nidos y comenzar a atusarse convertidos en una graciosa bola de plumas, aunque la falta de luz y sus movimientos no colaboren para hacer una buena foto.
Poco después vuelan a buscar su desayuno pero no tardan en volver, muchas veces cargados de palitos, plumas y demás materiales para arreglar el nido. Al menos, en los primeros días de nidificación, supongo que pronto estarán más atareados consiguiendo comida para los pedigüeños polluelos.
Este año un gran grupo de gorriones han decidido formar una colonia bajo los paneles solares que mi vecino colocó en su tejado para calentar la piscina. Supongo que ahora que hace fresco les vendrá bien el calorcillo, cuando sale el sol. No se que pasará cuando apriete el calor de verdad, bajo esa superficie negra pensada para absorberlo. Supongo que tendrán que hacer mudanza antes de ponerse con las siguientes nidadas. Las fotos del día de la nevada, hace casi un mes, me recuerdan a cuando yo mismo tenía que palear la nieve para salir al trabajo.


Para recoger el material rebuscan en el suelo y entre los restos que hay en el propio tejado, de los que hayan podido arrastrar unos u otros al salir de sus nidos, pero también arrancan hierbas y ramitas de los árboles cercanos. En casa les gustan especialmente las más finas del taray. 
Hace ya años que desapareció una bonita planta que tenía mi esposa en su zona de jardín, Cineraria maritima (antes llamada Senecio cineraria) que, con sus suaves hojas vellosas les debían encantar para mullir los nidos, y no dejaban una. A este respecto recuerdo que esa planta, igual que su pariente la hierba de Santiago, Jacobaea vulgaris (antes llamada Senecio jacobaea), es tóxica. Se ha afirmado que las aves utilizan plantas tóxicas y aromáticas para mantener sus nidos libres de parásitos. En casa, más adelante porque ahora aún no han crecido, también arrancan ramitas de menta, es posible que con esa función, pero no está nada clara la intencionalidad consciente por parte de los pájaros. En el caso de la cineraria estoy casi seguro de que les gusta por ser un buen y suave aislante. De hecho, también tengo hierba de santiago en el jardín y no la tocan.
En su libro "Un leopardo en el jardín", Álvaro Luna, comenta el caso de los gorriones urbanos que utilizan las colillas de cigarrillo, con su filtro impregnado de nicotina, como material del nido. Está comprobado que esos nidos tienen menos parásitos, sí, pero también se ha analizado a padres y polluelos y presentan anomalías sanguíneas, luego la nicotina no les beneficia para nada. En cualquier caso, más que intención por parte de las aves habría que buscar una ventaja adaptativa y es demasiado pronto para sacar esa conclusión.
Antes de continuar, diré que si bien la primera hora de la mañana es la preferida para recoger material para el nido, se les puede ver haciéndolo a otras horas, pero no tan a menudo. Es posible que el rocío de la madrugada haga que los materiales humedecidos sean más maleables para colocarlos y darles forma en el nido.
En casa tenemos diversos tipos de comederos para atraer a las aves, normalmente no les doy tanto de comer y si lo hago es más bien en invierno, que es cuando más lo necesitan. Esta primavera, de manera quizás un poco egoísta, les pongo algo más y más variado para tener más oportunidades de observarlos y hacerles fotos. 
Algo de pan, muy poco porque poco comemos estos días, y comida para pájaros domésticos es lo que les pongo. De vez en cuando algún resto de fruta, les encanta la manzana, y los cacahuetes que les roban a los carboneros. Ellos son los encargados de extraerlos de las cáscaras... cleptoparasitismo se llama eso, pero esa es de otra historia que conté en otras entradas (AQUÍ la explicación  y  AQUÍ los vídeos).
En pleno verano, más importante que los alimentos, que de sobra encuentran en el campo, es la disponibilidad de agua. En mi jardín tienen los estanques, pero les gusta más su propio baño, con poca profundidad. He visto que no dudan en bañarse con temperaturas de 6ºC. ¡Frioleros no son! Aunque hay que reconocer que no se mojan el cuerpo, el agua no les llega a la piel, solo les vale para peinar las plumas y aislarse mejor.
A veces otros "vecinos" tienen que esperar cola para usar el baño. También se dan sus baños de arena, aunque en la siguiente foto más bien es de gravilla. Creo que lo que hacían era secarse al frotarse contra el suelo.

Hay otras especies, no demasiadas, que he podido ver y fotografiar estos días, pero lo dejo para una próxima entrada.

viernes, 4 de enero de 2019

El hinojo y sus insectos (y 3): Miscelánea

Cierro con esta entrada las dedicadas a la fauna de las plantas de hinojo durante en año 2018. Espero tener la suerte de verme obligado a una nueva etapa este año, bien porque nuevas especies lleguen a esa parte del jardín o porque pueda hacer nuevas e interesantes observaciones que merezcan la pena ser contadas. Vamos a ello:

Sin duda, aparte de las mariposas machaon y la superpoblación de chinches rayadas que mostré en las anteriores entradas, los insectos que más visitaron las flores de hinojo fueron los himenópteros. Pero digo visitaron, con toda propiedad, ya que acudieron a libar el néctar, pero no a desarrollar su ciclo biológico en la planta.
Entre mis favoritas fueron habituales unas avispas cuco, de la familia Chrysididae. Esta familia se caracteriza por parasitar los nidos de otras abejas y avispas. Tengo dudas, pero creo que la de mi jardín es Chrysis ignita, que es depredadora y cleptoparásita, pues se come la larva o el huevo y el alimento almacenado por la madre de su parasitada. La avispa cuco dispuesta a hacer la puesta espera en los alrededores del nido de una abeja solitaria, generalmente Osmia (que cría habitualmente en mi refugio de insectos) u otras Megalichilidae, de las que hacen sus nidos en agujeros de la madera y más raramente a las que anidan en el suelo. Cuando éstas salen de sus nidos, es cuando aprovecha para entrar a poner su propio huevo.
Preciosa avispa cuco Chrysis ignita en el momento de libar de las flores del hinojo.
Entre las fascinantes adaptaciones anatómicas de estas preciosas avispas se encuentran el haber adaptado su aguijón en una herramienta capaz de perforar las paredes de los nidos ya cerrados de sus hospedadoras, para introducir su huevo. También un cuerpo duro capaz de resistir los aguijonazos y mordiscos de otras especies de abejas y avispas que las puedan encontrar en su nido. Esto, ayudado de su capacidad para replegarse haciéndose una bola y protegiendo sus patas y antenas, las convierte en invulnerables a los ataques cuando las encuentran en plena faena. Pero es que además, pueden segregar olores muy parecidos a las de sus víctimas que les permiten salir airosas de sus lances.
Con esas armas hay especies en la familia que son capaces de entrar en nidos de avispas sociales. Toda una proeza si consideramos, además, que tiene un tamaño tres o cuatro veces menor que ellas.

Otra, para mi muy elegante, es la avispa cazadora de arañas, Sceliphron destillatorium. Es un tipo de solitaria avispa alfarera, aunque esa "profesión" no es exclusiva de su familia, Sphecidae, estas se diferencian porque sus presas son exclusivamente arañas.
Con barro recogido de orillas de charcas o arroyos, o tras el riego en el jardín, como es este caso, estas trabajadoras avispas construyen una especie de ánfora donde se dedican a introducir las arañas a las que previamente han dormido de un aguijonazo. Una vez bien repleto el nido ponen un huevo en él y cierran la tapa con un último pegote. En un solo día son capaces de hacer ese trabajo y al siguiente hacen otro nuevo en el que repetirán el proceso. Y así hasta quince pequeñas ánforas adosadas unas a las otras o, al menos, muy cercanas.
Avispa cazadora de arañas, Sceliphron destillatorium, recuperando fuerzas a base de néctar para seguir con su actividad de captura para llenar las despensas para sus futuras larvas. 
Para tener "combustible" para tanta actividad, las avispas visitan variadas flores para libar su nutritivo néctar, especialmente las umbelíferas que con profusión florecen a principios de verano, como zanahorias silvestres y cardos corredores. No puedo asegurar si fue la responsable de la desaparición de una araña napoleón que vivía en el hinojo, a la que veremos más adelante.

Otra avispa alfarera, Delta unguiculatum, esta vez de la familia Vespidae. En algunos documentos y libros aún se puede encontrar incluida en el género Eumenes.
A diferencia de las cazadoras de arañas, las Delta capturan orugas, a las que llevan también a un nido de barro. Las orugas pueden tener un tamaño considerable. Sin embargo los nidos los hace separados unos de otros. Además, el barro, como yo mismo he podido comprobar, lo fabrican a partir de material seco, en caminos y zonas libres de vegetación, y amasándolo con su propia saliva.
Los nidos tienen un curioso remate hacia afuera, como un jarroncito. El huevo lo depositan colgando encima de sus adormecidas presas y al nacer la larva cae sobre ellas.
Avispa alfarera, Delta unguiculatum. No conseguí hacer la foto sobre el hinojo, sin embargo, también se posaba con frecuencia sobre el cercano tejo, que en esos días estaba cubierto por melaza caída de los pulgones que estaban atacando al roble americano, Muchos otros himenópetros y dípteros aprovecharon también esa oportunidad y algunos parecían preferir su melaza al polen de las flores del entorno.
Otra parásita de los nidos y larvas de abejas solitarias es la avispilla del género Gasteruption (no he podido llegar a especie a partir de las fotos). Posiblemente se haya beneficiado también del refugio de insectos donde estas crían. 
Ejemplar hembra de Gasteruption. Puede apreciarse el largo ovopositor.
Es fácil diferenciar los machos de las hembras, ya que estas tienen un largo ovopositor, como se aprecia en la primera foto, que utilizan para llegar al interior de los nidos y depositar en ellos sus huevos. No había vez que me acercase a echar un vistazo al hinojo que no hubiese uno o varios ejemplares de esta especie. Incluso los machos persiguiendo a las hembras.
Ejemplar macho de Gasteruption.
 Al hinojo llegaron unas cuantas especies más de abejas y avispas, aunque no a todas las he podido fotografiar, por no llevar la cámara en ese momento o porque se asustaron y no eran tan abundantes como las especies anteriores. Entre ellas, por supuesto, abejas de la miel, también abejorros, especialmente Bombus, aunque estos parecen preferir otras flores del jardín. También avispas del género Polistes que alternan sus viajes al estanque en busca de agua para hacer su pasta de papel con su alimentación a base del néctar de las flores. Y alguna abeja, como la de la foto siguiente, que aún no he identificado.
Abeja sin identificar.
Curiosamente, cuando las semillas de hinojo estaban maduras, las hormigas del género Messor, se dedicaron a subir a los penachos del hinojo y cortar los tallos que sujetaban las semillas para llevárselas o para dejarlas caer, pues en la parte de abajo había muchas más dispuestas a recogerlas. No creo, sin embargo, que sea un comportamiento cooperativo, sino fruto de la casualidad.

Y cambiando de orden de insectos nos encontramos con los abundantes coleópteros. Solo en una ocasión pude ver sobre el hinojo al cerambícido Agapanthia asphodeli, que cría en los gamones (Asphodelus) que son abundantes en los prados del entorno de mi urbanización. Son escarabajos que se encuentran muy a menudo en flores de umbelíferas y otras plantas con ramilletes de pequeñas flores.
Atractivo y fotogénico Agapanthia asphodeli.
Esta otra especie de coleóptero aún no me la han identificado en Biodiversidad Virtual, que es donde me suelen determinar la mayoría de las especies que encuentro en mis paseos fotográficos.
Coleóptero de la familia Mordellidae sin identificar
No podían faltar, como en cualquier otro rincón del jardín las llamativas mariquitas, bien de la especie más común, la de siete puntos, Coccinella setempunctata, o como la de la foto, Adonia variegata (= Hippodamia variegata). No buscan polen ni néctar, sino lugares donde sean abundantes los pulgones para comerlos y para hacer la puesta y que de ellos se alimenten sus voraces larvas.
Adonia variegata (= Hippodamia variegata).
Pero los pulgones no han sido muy abundantes en el hinojo. He visto dos especies en él. Esta primera Cavariella sp. ...
Pulgón, Cavariella sp.

... y esta otra, que es la ubicua Aphis fabae, muy abundante en mi jardín en gran variedad de plantas.

Madre alada y ninfas muy jóvenes de  Aphis fabae.
Pero claro, además de las mariquitas, en el hinojo crió uno de sus más terribles depredadores, la mosca de la familia de los sírfidos, Sphaerophoria scripta. Las larvas de estos dípteros tienen el aspecto de un gusano verdoso y recorren los tallos de las plantas con pulgones, generalmente desde arriba hacia abajo, pero a veces al revés, comiéndoselos sin que se les escape ninguno (se pueden ver en acción en otra planta en esta otra entrada). 
Larva de Sphaerophoria scripta a la caza del pulgón.
Los adultos (imagos) no son carnívoros como sus hijos, sino que liban el néctar de las flores, pues con su potente vuelo gastan mucha energía,
Sphaerophoria scripta adulta libando néctar de la flor del hinojo.
Otros dípteros muy variados acuden también a las flores, aunque no tengo fotos de todos ellos.
Moscarda verde del género Lucilia, las larvas son carroñeras y detritívoras, pero los adultos chupan el néctar y son muy eficientes polinizadores.
Otro depredador casual, que me hizo particular ilusión encontrar en el hinojo, pero que rápidamente voló a otra planta donde puede fotografiarla, fue esta pequeña mantis de la especie  Ameles spalanzania. Muchas veces he visto hembras en el jardín (imagen de hembra), que no tienen alas desarrolladas (ápteras) pero nunca había encontrado machos, que son mucho más activos y de menor tamaño.
Macho de Ameles spalanzania
Aparte de las chinches rayadas de la especie Graphosoma italicum que desarrollaron todo su ciclo biológico en el hinojo y que ahí sigue algún ejemplar adulto pasando el invierno en él, otros himenópteros pasaron por aquí, como el también colorido de rojo y negro Lygaeus equestris...
Lygaeus equestris
... y este otro,  más modesto de coloración y parecido a los Graphosoma en su diseño, Tholagmus strigatus, identificado  por Marcos Roca-Cusachs en el grupo de facebook sobre hemípteros.
Tholagmus strigatus.
Y para finalizar, saliendo del grupo de los insectos, entre las flores del hinojo han vivido varios ejemplares de araña Napoleón, Synema globosum. Es un depredador que caza al acecho a los insectos voladores que acuden a las flores. La gruesa hembra de la siguiente fotografía la pude seguir durante muchos días. A veces, mientras la observaba o fotografiaba se cambiaba de rama o se dejaba caer donde no la podía seguir entre la maraña de ramas y hojas, pero si me alejaba un poco, en menos de cinco minutos, había subido de nuevo a su lugar de caza habitual a través de un hilo de seda, a modo de la cuerda de seguridad de un escalador.
Araña Napoleón, Synema globosum hembra.
También observé un ejemplar macho, mucho más difícil de ver por su pequeño tamaño. Unos y otras puede ser de variados colores, especialmente blancos y rojos, nada tienen que ver con sean de uno u otro sexo, pero el tamaño sí.
Araña Napoleón, Synema globosum macho.