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jueves, 21 de octubre de 2021

Corythucha ciliata. La chinche de los plátanos de sombra, otra plaga invasora

Hace unos 60 años que se descubrió esta especie en Europa y poco después en España. Procedente de Norteamérica se ha instalado en nuestro país en su principal planta nutricia, el plátano de sombra, que tan extendido está en calles, parques, jardines y cunetas de carreteras. El género de esos árboles, Platanus, que nada tiene que ver con los sabrosos plátanos de Canarias, procede tanto de América como de Eurasia y parece ser que nuestros árboles, Platanus x hispanica, pueden ser un híbrido de dos especies procedentes respectivamente de esos continentes, P. occidentalis y P. orientalis, aunque los botánicos no se han puesto de acuerdo en ese tema y ahora es mejor que lo deje así y dedicarme a esta pequeña chinche.
Corythucha ciliata pertenece, a la familia Tingidae dentro del suborden Heteroptera y se le ha dado el curioso nombre común de tigre del plátano. Los miembros de esa familia son de pequeño tamaño, de hecho puede verse en una de las fotos que los adultos apenas llegan a los 4mm de longitud, pero hay especies aún menores. En las cortezas de los árboles, con pequeño tamaño y el perfil recortado y medio transparente, se camuflan a la perfección.
Pasan por varias generaciones anuales, de 
3 a 5 según lo que se prolongue el periodo cálido en cada lugar y año. En otoño, los adultos se refugian bajo las escamas caedizas del tronco de los plátanos. Es curioso que esa facilidad que tienen los árboles para desprenderse de las cortezas externas y así protegerse de los hongos y otras plagas, sea lo que da cobijo a la chinche que los ataca.

Las "tigres" se reúnen en las cortezas para protegerse del frío invernal y de pájaros como los agateadores y trepadores azules que revisan los troncos en busca de insectos que llevarse al pico. Es posible que para agruparse sean atraídos por feromonas propias de la especie y al juntarse varios ejemplares, sentirse seguros y emitir dicha feromona, produzcan un efecto llamada, cuantos más mejor, como se sabe que hacen otras chinches. También pueden refugiarse en lugares próximos donde haya resquicios adecuados, pero es más fácil encontrarlos en las cortezas de los árboles atacados.

Cuando las temperaturas se suavizan en primavera y las hojas empiezan a brotar, las hembras ponen sus huevos en su envés, junto a la nerviación principal, hundiéndolos entre los tejidos de la planta para protegerlos. Cuando nacen las ninfas se mantienen un tiempo en esa misma hoja, pero luego se van extendiendo por todas las ramas.
Junto a la escala de un centímetro puede verse en pequeño tamaño de un ejemplar adulto.
Como ocurre con otros heterópteros, estas chinches se alimentan succionando la savia de las plantas con sus picos y no mordiendo como hacen las orugas. En las hojas atacadas se forman manchas grisáceas en aquellas zonas donde no les llega la savia, se arrugan, secan y pueden terminar por caer prematuramente, lo que no debe confundirnos con otra caída de hojas que a veces ocurre en pleno verano, debido al estrés hídrico, es decir, la falta de agua y especialmente la falta de humedad ambiental típica del estío.

Todas las fotos de esta entrada están realizadas en los plátanos de sombra que hay en Mataelpino, Madrid, concretamente en  la Avenida de los Linares, a la entrada del núcleo urbano. Esos árboles llevan ya varios años presentando el grisáceo aspecto de sus hojas, bastante lamentable. A poca sensibilidad que se tenga, encoje un poco el corazón verlos así, aunque sobrevivan a los ataques.
Haz de la hoja, donde debería predominar el color verde intenso.
Existen productos naturales no perjudiciales para la salud humana, adecuados y autorizados para su uso en áreas urbanas y jardines. También 
en agricultura biológica se utiliza otra chinche, depredadora y autóctona, que se alimenta de pequeñas chinches perjudiciales para los cultivos. Se trata de Anthocoris nemoralis, llamada chinche pirata. No tengo foto de ella, pero se puede encontrar en la carpeta correspondiente de la plataforma Biodiversidad Virtual pinchando AQUÍ.

Envés de la misma hoja de la fotografía anterior.

Detalle del envés de la misma hoja.
Además, en el envés se suelen ver puntos negros generados por el látex que producen las chinches, que son vía de contagio de hongos. A esas manchas negras producidas por hongos sobre las hojas se les denomina fumaginas.
Puntos negros en el envés de la hoja producidos por la acción de la chinche Corythucha ciliata.
Aunque sea bastante específica, la chinche Corythucha ciliata también puede atacar a otras especies de árboles caducifolios, incluidos nuestros autóctonos fresnos, tilos y arces, por lo que no está de más hacer una cuidadosa vigilancia de su evolución en nuestros ecosistemas y, si es posible, tratar a los árboles afectados para que no se siga extendiendo más de la cuenta.
Hay muchas webs que tratan y dan valiosa información sobre esta especie invasora, valga esta escueta entrada del blog para dar pistas y así poder interpretar lo que les ocurre a nuestros marchitos plátanos de sombra.
Ejemplar de Corythucha ciliata sobre un papel milimetrado para que se aprecien mejor sus detalles anatómicos y tamaño.

Añado un par de fotos tomadas a primeros de septiembre, también en Mataelpino, de ejemplares que aún se encontraban en las hojas. En cuento vengan los fríos se refugiarán sobre las escamas de las cortezas.



martes, 31 de agosto de 2021

La mariposa Lampides boeticus y su planta nutricia (2). Comensales, caníbales y parásitos.

Continuo con la Historia Natural de esta bella mariposa.
En la entrada anterior dejamos a las orugas atracándose de las semillas en crecimiento dentro de las legumbres de Colutea, aparentemente bien protegidas del exterior. 
Vainas maduras de Colutea. La flecha muestra, en una de ellas, los excrementos dejados por la oruga que ha crecido en su interior.
Las vainas ocupadas por orugas son fácilmente identificables sin necesidad de abrirlas porque en la parte inferior se ven por transparencia los excrementos con forma de granitos negros y, en cambio, no se distingue la fila de semillas.
Vaina abierta sana, con las semillas desarrolladas y maduras, no atacadas por orugas.

Vaina abierta mostrando las semillas abortadas al haber sido comidas por una oruga. El círculo rojo indica el agujero por donde salió la oruga ya crecida.
Sin embargo, alguna vez me he encontrado las vainas completamente desgarradas, supongo que por obra de algún pájaro, que ha intentado acceder a su interior. No sé si lo que buscaba eran las semillas o las orugas. La que muestro en la foto con la hormiga es una buena muestra de ello y la más exagerada que he visto, otras lo han sido en menor medida. Esa fue la primera vez que vi una oruga, nunca antes había mirado en el interior de una de esas legumbres, aunque sabía que deberían estar dentro.
Hormiga Lasius tanteando sobre la oruga.
Ya que ha salido el tema de la hormiga, hablaré de ellas. La mariposa se cita con frecuencia como mariposa mirmecófila. La mirmecofilia es la afinidad que algunos organismos tienen con las hormigas, sea de comensalismo o incluso de parasitismo dentro del hormiguero. Las de la fotografía son hormigas del género Lasius (hablé de ellas en ESTA ENTRADA), que suelen pastorear chinches Cacopsylla en otras plantas del jardín, así como pulgones, incluso en la propia Colutea. Parece ser que en este caso la mirmecofilia no es obligada, y las hormigas se limitan a lamer de las orugas sus posibles jugos azucarados y, posiblemente defenderlas del ataque de otros insectos. Pero, como ya he comentado, las orugas permanecen dentro de las legumbres y las hormigas tienen muy pocas posibilidades de acceder a ellas en los espantalobos, quizás en otras leguminosas no ocurra así.
Agujero abierto en la legumbre. Se ven también los excrementos dentro y, por fuera, unos pulgones.
Las vainas maduras que han sido ocupadas por las orugas se identifican fácilmente sin necesidad de abrirlas porque por transparencia se aprecian bien los excrementos caídos en la parte más baja. Si la oruga ya salió, se verá en agujero que ha abierto para hacerlo. Pero cuando la vaina está aún verde y tiene una oruga en su interior es más difícil de ver. La oruga, recién salida del huevo, entra en la flor, por lo que la legumbre en crecimiento no tiene ninguna herida que la delate o es tan pequeña que es difícil de localizar.
Oruga andando en el exterior de una legumbre. No creo que tenga el tamaño suficiente como para pupar y puede que esté buscando entrar en otra vaina.
Sólo en una ocasión he visto una oruga, no totalmente desarrollada, andando sobre una legumbre. Es posible que hubiese terminado con las semillas de su vaina y buscase otra donde entrar para seguir comiendo. De hecho, he visto vainas ya consumidas con dos agujeros, uno de ellos sellado con una especie de tapa de seda y el otro abierto. Tengo la teoría, por confirmar, de que cuando entra en una nueva legumbre la oruga tapa la entrada para impedir el acceso de parásitos y para conservar el ambiente húmedo interior. El agujero abierto, como ya dije es el de salida.
Vista exterior del orificio tapado con tejido de seda.

Tapón de seda visto desde el interior de la legumbre, cerrado y abierto por mí para mostrar la estructura de seda.
Sin embargo, esas precauciones son en vano, porque alrededor del espantalobos merodean unas avispillas parásitas esperando su oportunidad. Apenas tienen un par de milímetros de longitud y son muy inquietas y difíciles de fotografiar en vivo, pero a base de paciencia, por la mañana bien temprano y tiempo más fresco, lo he conseguido. Y también he visto el resultado en alguna vaina que he abierto. En ella la oruga estaba consumida y a su lado había unos cuantos capullitos blancos de donde saldrán las nuevas avispas, supongo que el próximo año.
Avispilla parasitoide (quizás Eurytominae) merodeando sobre el exterior de las legumbres.

Capullos apilados de la avispa parásita y, a la izquierda, carcasa vacía de la oruga, apenas reconocible.
No sé de qué manera las avispas llegan a parasitar a las orugas que están dentro de las vainas. Si hacen un pequeño agujero y entran en la legumbre para poner los huevos sobre la oruga o si simplemente introducen el ovopositor a través de la cáscara del vegetal y las larvas se las apañan para llegar hasta ella. No lo he podido ver.
En la tesis doctoral de Rafael Obregón sobre interacciones ecológicas de lepidópteros en Andalucía, se muestra que las orugas de L. boeticus son capaces de alimentarse de las pupas que se encuentran en los capullos de su parasitoide cuando los encuentran. En su estudio, el parasitoide es Cotesia specularis. Es una curiosa interrelación en la que parasitoide y parasitado se controlan mutuamente. 
También en ese trabajo describe el canibalismo de las orugas de canela estriada, así como la depredación interespecífica entre orugas de L. boeticus y Leptotes pirithous. Eso explica la presencia de una única oruga en el interior de las legumbres que yo he observado.
Imago de gris estriada Leptotes pirithous, fotografiada en una gramínea justo debajo de las pantas de espantalobos.

En el jardín, junto a la Colutea he visto y fotografiado también a la mariposa Leptotes pirithous, es otro licénido de aspecto y biología muy similar a la protagonista de estas entradas, pero mucho menos abundante. Sospecho que quizás haya visto más de las que creo, cuando varias mariposas estaban revoloteando entre las ramas del espantalobos, pero me han pasado desapercibidas.
Por último vuelvo a poner una foto de canela estriada, Lampides boeticus adulta para que se pueda comparar con la gris estriada, Leptotes pirithous, de la foto anterior. Aparte de otras particularidades de su diseño, la ancha banda de color claro de las alas traseras las diferencia sin posibilidad de error.
Imago de canela estriada, Lampides boeticus.

sábado, 18 de julio de 2015

Historias de mirlos en el jardín. Mírenlos.

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No hace mucho un compañero científico del Museo, y seguidor de este blog, me aconsejó que no me preocupase tanto de hacer sesudas entradas llenas de datos y textos, que a él le gustaban más ligeras y con la frescura de un cuaderno de campo.
Con todo mi aprecio como persona y admiración como científico, que además sabe divulgar, le voy a hacer caso y espero que me salga una entrada refrescante, que falta nos hace.


Ya he comentado en otras ocasiones que en el jardín intento facilitar la vida a la fauna que pueda acercarse poniendo a su disposición plantas, a ser posible autóctonas, que les ofrezcan alimento y refugio. Árboles y arbustos que produzcan bayas en distintas épocas del año son fundamentales. Para los insectos, además, intento dejar algunas "malas hierbas", que suelen ser fuente de interesantes observaciones.

Es muy importante también tener algún lugar donde las aves puedan beber agua, tanto en invierno como en verano. Parece mentira, pero en invierno, cuando hay varios días seguidos de temperaturas bajo cero, el agua líquida es también necesaria y un agujero en el hielo del estanque es un punto de atracción.


Hay en el jardín un arbolillo desangelado como él solo, que cuando no tiene ni flores ni frutos pasa totalmente desapercibido, pero cuando florece es una auténtica maravilla para la vista y el olfato, se trata del serbal de los cazadores, Sorbus aucuparia. 

La floración es primaveral y relativamente temprana, con lo que es todo un regalo para los abejorros, abejas, avispillas y dípteros de todo tipo que acuden a libar pagando el peaje de transportar su polen.
Y bien entrado el verano, sus abundantes frutos son un punto de atracción para muy diversas aves, entre las que en mi jardín destacan los mirlos, que alternan su búsqueda de lombrices, arrancándome alguna que otra planta de rocalla, con la dieta frugívora. 

En estos días dos hembras de mirlo han alimentado ante la ventana de mi cocina a sus pollos, tanto con lombrices como con los frutos del serbal. Y me han permitido fotografiarlos.
Me hace mucha gracia que cuando el pollo está solo y sobre todo si mi perra o alguno de nosotros nos acercamos, queda quieto como una estatua.
También cómo la madre se deja ver en las cercanías durante un buen rato, aunque en silencio, sin acercarse a la cría.
Y cuando llega, la alimentación es rápida, alejándose inmediatamente.
A una de las dos madres la podía diferenciar por el "despeinado" del las plumas de la nuca.

Un día después de hacer estas fotos, vi que las dos hembras estaban mirando con mucha atención en el estanque. Perdonadme la humanización al interpretar su comportamiento, pero casi puede ver su preocupación y enseguida me di cuenta de lo que podía estar pasando. Corrí hacia el jardín, pero el pollo ya estaba ahogado.

Curiosamente las dos hembras de mirlo han seguido alimentando al único pollo superviviente. Y no solo eso, también defendiéndolo, porque durante toda una mañana un par de urracas han debido estar intentando cazarlo y esa parte del jardín fue todo un jaleo entre las dos mirlas y las dos urracas.

No puedo saber si las dos hembras de mirlo son dos madres con sus correspondientes hijos únicos o solo una de ellas es madre de los dos y la otra está contribuyendo a su cuidado. Lo que sí puedo asegurar es que al afortunado pollo superviviente no le ha faltado comida ¡qué manera de tragar!

En los estanques y variados recipientes de agua que tengo repartidos por el jardín, hay superficies escalonadas, abundantes nenúfares o malla de plástico en la orilla, como la que se ve en el lado izquierdo de esta última foto, para ofrecer superficies irregulares por las que trepar y evitar los ahogamientos, pero se ve que ese pollo no fue capaz de encontrar la manera de salir. Por cierto, el pájaro de la foto es un ruiseñor, muchas veces escuchado pero pocas veces visto. 







lunes, 3 de febrero de 2014

Aves invitadas a comer en el jardín

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Gorriones y tórtolas compartiendo comida mientras nieva en el jardín.
El invierno es duro para las aves.  A pesar del magnífico aislante térmico que suponen las plumas, estos animales tienen un metabolismo muy activo y necesitan consumir mucho alimento en relación a su tamaño. Por eso, particularmente los que nos hemos ido a vivir al campo y, en cierto modo, hemos invadido con nuestras casas y jardines sus hábitats, casi tenemos la obligación de facilitarles la vida en la medida de lo posible.
Tórtola turca comiendo Sedum, no en vano llamado panpajarito. El sedum crecía espontáneamente en una roca del jardín, pero con el tiempo lo he ido poniendo en otros lugares.
La primera medida es, sin duda, diseñar un jardín "amigable" para las aves y para el resto de la fauna, con lugares donde esconderse, anidar, buscar refugio y alimentarse. Para ello nada mejor que usar árboles y arbustos autóctonos y propios de la zona donde tengamos la casa. Por ejemplo, en mi jardín, como ya he mostrado otras veces, tengo varias especies que en otoño e invierno producen bayas que pueden alimentar a los pájaros, como madroño, durillo, serbal de los cazadores, hiedras, acebos y escaramujos y también algunos frutos de verano. Además, como puse en una reciente entrada, un olivo que a pesar del frío se ha adaptado bastante bien, ofrece las aceitunas a la mayor variedad de aves que he visto juntas en mi jardín. 
Bayas de acebo, un inmejorable alimento para las aves en invierno. Sin embargo, he notado que les cuesta trabajo entrar a ellos si no están totalmente maduros, quizás por lo espinoso de sus hojas. Sin embargo, en cuanto maduran desaparecen rápidamente.
Todo ese conjunto de árboles, arbustos y otras plantas no solo ofrecen alimento directo, sino que proporcionan escondrijos y un entorno familiar y seguro para las aves. Así, algunos pájaros tienen especial predilección por las plantas aromáticas para hacer su nido. Se ha demostrado que las planrtas aromáticas tienen efectos antiparasitarios en el nido y a primera hora de la mañana se les puede ver arrancando y llevando ramitas de menta. 
Frutos de serbal de los cazadores en plena maduración. El serbal da unas flores con un olor maravilloso que atrae a los polinizadores en primavera y sus frutos otoñales son una delicia para los pájaros.
Pero los frutos no suelen durar mucho tiempo, sobre todo los del serbal y los acebos, desaparecen pronto y si queremos que ayudar a las aves y que sigan viniendo asiduamente, les tenemos que proporcionar otro tipo de alimentos y, especialmente en invierno, a ser posible más energéticos.
Hace unos días puse en Facebook unas fotos de aves en un comedero en El Ventorrillo y a raíz de ellas me han hecho varias preguntas, así que creo que la mejor manera de responder es con esta entrada.
Tórtola turca mirando con curiosidad una nueva cámara espía que coloqué en el comedero. Es curioso ver la rapidez con que algunas especies se adaptan a los cambios y nuevas ofertas alimenticias y cómo otras son muy desconfiadas. No es el caso de estas tórtolas, que están muy adaptadas a la presencia humana, de ahí su éxito en la dispersión de la especie.

En casa el comedero que podríamos llamar principal, es una bandeja hecha con maderas recicladas puesta a unos 160 cm de altura en un poste. En él pongo, casi a diario todos los restos de pan que quedan en la mesa y también alpiste y diversas semillas, así como otro tipo de restos de la cocina, como puede ser el arroz. En él comen numerosos gorriones, alguna que otra urraca, mirlos y un valiente petirrojo invernante. Este año se han añadido una pareja de tórtolas turcas que intentan dominarlo poniéndose en medio, pero poco pueden hacer ante el acoso de los gorriones.
Carbonero común defendiéndose del intento de robarle la comida ante un gorrión.

Otros comederos que siempre tengo disponibles son un par de ristras de cacahuetes con cáscara y sin sal, que cuelgo en un árbol y en la ventana de la cocina. A ella acuden los carboneros comunes que tienen sus más y sus menos con los gorriones gorrones que les arrebatan la comida como conté en otra entrada.
De cuando en cuando he puesto un coco cortado y colgado, que ha sido el mejor método para atraer a los carboneros garrapinos, que no se suelen ver mucho por aquí. Cuando se gasta la carne del coco se puede rellenar con algunas de las pastas para aves que recomiendan numerosas webs y libros, pero debo confesar que yo no soy cocinillas ni para eso y alguna que otra me ha salido bastante mal.

Carbonero garrapinos comiendo coco.

Tanto los cocos como los cacahuetes, son un buen sistema para proporcionar alimento a páridos sin interferencias de aves de gran tamaño, urracas, rabilargos y las propias tórtolas, ya que estas aves no son tan buenos acróbatas como los pequeños páridos. 

Gorriones en un comedero comercial con semillas para canarios.

Alguna vez he colgado un comedero de semillas de los que venden para las pajareras en las tiendas de animales, porque lo encontré en unas rebajas, pero no me gusta mucho porque los gorriones tiran muchas semillas al suelo y, además, en cada uno de los agujeros solo puede comer un ave y se organizan bastantes peleas entre ellos. Para eso sería más práctico hacer un comedero casero con una botella de plástico agujereada y atravesada por palos para hacer de posadero.
Carbonero común comiendo las semillas de un "palito de miel" que se suele dar a los pájaros de jaula.
De cuando en cuando, si me pillan a mano cuando voy a supermercado, compro y coloco los típicos palitos de semillas con miel que también venden en pajarerías. Les encanta a los páridos y a los gorriones, que toman posturas muy graciosas para alcanzarlas.
Urraca en el momento de pescar el pienso de los peces que flota en el estanque.

De todas maneras, haciendo ofertas alimenticias variadas, es muy curioso y divertido ver como se las apañan los distintos pájaros para conseguir la comida. Por ejemplo: las urracas eran capaces de "pescar" el pienso que yo ponía a las carpas koi del estanque , aún haciendo equilibrios. Por cierto era pienso para gato, que sale más barato que el de peces y tiene la misma composición, sobre todo el de salmón.

Urraca con el fruto de su pesca, un granulo de pienso.
Pero es más, aprendieron que en el agua el pienso se ablanda y se puede comer mejor y fueron capaces de robar el pienso que les ponía a los mastines, de gránulos muy grandes y duros, para dejarlo flotando en el estanque hasta que lo pudiesen comer. Así resolví el misterio de cómo llegaba el pienso de los perros al estanque, que estaba en el otro lado de la casa, donde los perros no podían pasar.

Ventana de la cocina de casa donde se ve la ristra de cacahuetes (hecha con un alambre de pincho moruno) y un gorrión mirando a ver si el carbonero se dejó alguna semilla al alcance de su pico. Los gorriones no son capaces de romper las cáscaras de los cacahuetes, por eso acosan a los carboneros.

Otro sistema posible para evitar que las aves grandes, especialmente los córvidos, dejen algo para los pájaros pequeños, es poner la comida en la misma ventana o terraza, porque, al menos en mi casa, no se atreven a acercarse tanto. Por eso y para hacer mejores fotos y observaciones, tengo una ristra de cacachuetes en la reja de la ventana.
Por cierto ya que hablo de rejas, he visto que son la mejor manera de evitar el choque de las aves con las ventanas, aunque en grandes ventanales es complicado y caro ponerlas.
También se me ocurre que para que pájaros grandes no alcancen la comida se podría poner la comida en una especie de jaula de barrotes lo suficientemente separados para que entren los pájaros pequeños, pero no tanto como para que quepan los grandes. En casa, si se ponen muy pesadas las tórtolas, a lo mejor termino haciéndolo.

Zorzal en el momento de beber en el estanque, donde hay mallas de plástico para que puedan posarse y no caer al agua.

En verano más importante que la comida es tener agua disponible. En casa no tengo problema porque hay dos estanques y varios recipientes con peces y plantas acuáticas, pero es importante tener precaución porque si las paredes son muy lisas los pájaros pueden caer y ahogarse, sobre todo en el periodo de los pollos volantones. Para ello, los recipientes donde no hay muchas plantas que les faciliten el acceso y la salida del agua, les pongo mallas de plástico bien sujetas a la orilla. Esto sería muy conveniente en las piscinas, una o varias de estas mallas en las esquinas pueden salvar la vida a pájaros, lagartijas e  incluso insectos. Y si están colocadas cerca de la entrada de superficie de los filtros (skimer) mejor será, pues también valdrán para retener hojas u otros restos que caen al agua y que es mejor que no entren al filtro.
Si no se tiene estanque habría que poner un recipiente con agua de poca profundidad para que puedan beber y bañarse, aunque hay que renovar el agua para que no se críen mosquitos y no se ponga el agua verde de algas.
En invierno, durante las heladas sin nieve, también es importante proporcionarles agua líquida y conviene romper el hielo de los estanques en algún rincón, donde pronto acuden a beber.
También es buena idea dejar alguna zona del jardín con arena, porque los pájaros la usarán para sus baños en seco.
Mirlo bebiendo en los agujeros hechos en el hielo del estanque.

Por supuesto, comederos, bebederos e incluso las cajas nido, se deben poner a salvo de depredadores, especialmente gatos, que rápidamente aprenden donde se reúnen los pájaros para acecharlos. Es mejor que coloquemos los comederos y bebederos en zonas despejadas y a cierta altura desde donde se vea venir a los felinos. Por cierto, es curioso como los pájaros distinguen a los perros de los gatos, mi perra teckel, que tiene más o menos el tamaño de un gato, se pasea entre ellos sin que se asusten, así es ella, tan cazadora como yo. En su momento, a los tranquilos mastines casi se les subían encima y ya lo he comentado, les quitaban el pienso en su misma cara.