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martes, 31 de agosto de 2021

La mariposa Lampides boeticus y su planta nutricia (2). Comensales, caníbales y parásitos.

Continuo con la Historia Natural de esta bella mariposa.
En la entrada anterior dejamos a las orugas atracándose de las semillas en crecimiento dentro de las legumbres de Colutea, aparentemente bien protegidas del exterior. 
Vainas maduras de Colutea. La flecha muestra, en una de ellas, los excrementos dejados por la oruga que ha crecido en su interior.
Las vainas ocupadas por orugas son fácilmente identificables sin necesidad de abrirlas porque en la parte inferior se ven por transparencia los excrementos con forma de granitos negros y, en cambio, no se distingue la fila de semillas.
Vaina abierta sana, con las semillas desarrolladas y maduras, no atacadas por orugas.

Vaina abierta mostrando las semillas abortadas al haber sido comidas por una oruga. El círculo rojo indica el agujero por donde salió la oruga ya crecida.
Sin embargo, alguna vez me he encontrado las vainas completamente desgarradas, supongo que por obra de algún pájaro, que ha intentado acceder a su interior. No sé si lo que buscaba eran las semillas o las orugas. La que muestro en la foto con la hormiga es una buena muestra de ello y la más exagerada que he visto, otras lo han sido en menor medida. Esa fue la primera vez que vi una oruga, nunca antes había mirado en el interior de una de esas legumbres, aunque sabía que deberían estar dentro.
Hormiga Lasius tanteando sobre la oruga.
Ya que ha salido el tema de la hormiga, hablaré de ellas. La mariposa se cita con frecuencia como mariposa mirmecófila. La mirmecofilia es la afinidad que algunos organismos tienen con las hormigas, sea de comensalismo o incluso de parasitismo dentro del hormiguero. Las de la fotografía son hormigas del género Lasius (hablé de ellas en ESTA ENTRADA), que suelen pastorear chinches Cacopsylla en otras plantas del jardín, así como pulgones, incluso en la propia Colutea. Parece ser que en este caso la mirmecofilia no es obligada, y las hormigas se limitan a lamer de las orugas sus posibles jugos azucarados y, posiblemente defenderlas del ataque de otros insectos. Pero, como ya he comentado, las orugas permanecen dentro de las legumbres y las hormigas tienen muy pocas posibilidades de acceder a ellas en los espantalobos, quizás en otras leguminosas no ocurra así.
Agujero abierto en la legumbre. Se ven también los excrementos dentro y, por fuera, unos pulgones.
Las vainas maduras que han sido ocupadas por las orugas se identifican fácilmente sin necesidad de abrirlas porque por transparencia se aprecian bien los excrementos caídos en la parte más baja. Si la oruga ya salió, se verá en agujero que ha abierto para hacerlo. Pero cuando la vaina está aún verde y tiene una oruga en su interior es más difícil de ver. La oruga, recién salida del huevo, entra en la flor, por lo que la legumbre en crecimiento no tiene ninguna herida que la delate o es tan pequeña que es difícil de localizar.
Oruga andando en el exterior de una legumbre. No creo que tenga el tamaño suficiente como para pupar y puede que esté buscando entrar en otra vaina.
Sólo en una ocasión he visto una oruga, no totalmente desarrollada, andando sobre una legumbre. Es posible que hubiese terminado con las semillas de su vaina y buscase otra donde entrar para seguir comiendo. De hecho, he visto vainas ya consumidas con dos agujeros, uno de ellos sellado con una especie de tapa de seda y el otro abierto. Tengo la teoría, por confirmar, de que cuando entra en una nueva legumbre la oruga tapa la entrada para impedir el acceso de parásitos y para conservar el ambiente húmedo interior. El agujero abierto, como ya dije es el de salida.
Vista exterior del orificio tapado con tejido de seda.

Tapón de seda visto desde el interior de la legumbre, cerrado y abierto por mí para mostrar la estructura de seda.
Sin embargo, esas precauciones son en vano, porque alrededor del espantalobos merodean unas avispillas parásitas esperando su oportunidad. Apenas tienen un par de milímetros de longitud y son muy inquietas y difíciles de fotografiar en vivo, pero a base de paciencia, por la mañana bien temprano y tiempo más fresco, lo he conseguido. Y también he visto el resultado en alguna vaina que he abierto. En ella la oruga estaba consumida y a su lado había unos cuantos capullitos blancos de donde saldrán las nuevas avispas, supongo que el próximo año.
Avispilla parasitoide (quizás Eurytominae) merodeando sobre el exterior de las legumbres.

Capullos apilados de la avispa parásita y, a la izquierda, carcasa vacía de la oruga, apenas reconocible.
No sé de qué manera las avispas llegan a parasitar a las orugas que están dentro de las vainas. Si hacen un pequeño agujero y entran en la legumbre para poner los huevos sobre la oruga o si simplemente introducen el ovopositor a través de la cáscara del vegetal y las larvas se las apañan para llegar hasta ella. No lo he podido ver.
En la tesis doctoral de Rafael Obregón sobre interacciones ecológicas de lepidópteros en Andalucía, se muestra que las orugas de L. boeticus son capaces de alimentarse de las pupas que se encuentran en los capullos de su parasitoide cuando los encuentran. En su estudio, el parasitoide es Cotesia specularis. Es una curiosa interrelación en la que parasitoide y parasitado se controlan mutuamente. 
También en ese trabajo describe el canibalismo de las orugas de canela estriada, así como la depredación interespecífica entre orugas de L. boeticus y Leptotes pirithous. Eso explica la presencia de una única oruga en el interior de las legumbres que yo he observado.
Imago de gris estriada Leptotes pirithous, fotografiada en una gramínea justo debajo de las pantas de espantalobos.

En el jardín, junto a la Colutea he visto y fotografiado también a la mariposa Leptotes pirithous, es otro licénido de aspecto y biología muy similar a la protagonista de estas entradas, pero mucho menos abundante. Sospecho que quizás haya visto más de las que creo, cuando varias mariposas estaban revoloteando entre las ramas del espantalobos, pero me han pasado desapercibidas.
Por último vuelvo a poner una foto de canela estriada, Lampides boeticus adulta para que se pueda comparar con la gris estriada, Leptotes pirithous, de la foto anterior. Aparte de otras particularidades de su diseño, la ancha banda de color claro de las alas traseras las diferencia sin posibilidad de error.
Imago de canela estriada, Lampides boeticus.

viernes, 4 de enero de 2019

El hinojo y sus insectos (y 3): Miscelánea

Cierro con esta entrada las dedicadas a la fauna de las plantas de hinojo durante en año 2018. Espero tener la suerte de verme obligado a una nueva etapa este año, bien porque nuevas especies lleguen a esa parte del jardín o porque pueda hacer nuevas e interesantes observaciones que merezcan la pena ser contadas. Vamos a ello:

Sin duda, aparte de las mariposas machaon y la superpoblación de chinches rayadas que mostré en las anteriores entradas, los insectos que más visitaron las flores de hinojo fueron los himenópteros. Pero digo visitaron, con toda propiedad, ya que acudieron a libar el néctar, pero no a desarrollar su ciclo biológico en la planta.
Entre mis favoritas fueron habituales unas avispas cuco, de la familia Chrysididae. Esta familia se caracteriza por parasitar los nidos de otras abejas y avispas. Tengo dudas, pero creo que la de mi jardín es Chrysis ignita, que es depredadora y cleptoparásita, pues se come la larva o el huevo y el alimento almacenado por la madre de su parasitada. La avispa cuco dispuesta a hacer la puesta espera en los alrededores del nido de una abeja solitaria, generalmente Osmia (que cría habitualmente en mi refugio de insectos) u otras Megalichilidae, de las que hacen sus nidos en agujeros de la madera y más raramente a las que anidan en el suelo. Cuando éstas salen de sus nidos, es cuando aprovecha para entrar a poner su propio huevo.
Preciosa avispa cuco Chrysis ignita en el momento de libar de las flores del hinojo.
Entre las fascinantes adaptaciones anatómicas de estas preciosas avispas se encuentran el haber adaptado su aguijón en una herramienta capaz de perforar las paredes de los nidos ya cerrados de sus hospedadoras, para introducir su huevo. También un cuerpo duro capaz de resistir los aguijonazos y mordiscos de otras especies de abejas y avispas que las puedan encontrar en su nido. Esto, ayudado de su capacidad para replegarse haciéndose una bola y protegiendo sus patas y antenas, las convierte en invulnerables a los ataques cuando las encuentran en plena faena. Pero es que además, pueden segregar olores muy parecidos a las de sus víctimas que les permiten salir airosas de sus lances.
Con esas armas hay especies en la familia que son capaces de entrar en nidos de avispas sociales. Toda una proeza si consideramos, además, que tiene un tamaño tres o cuatro veces menor que ellas.

Otra, para mi muy elegante, es la avispa cazadora de arañas, Sceliphron destillatoriumEs un tipo de solitaria avispa alfarera, aunque esa "profesión" no es exclusiva de su familia, Sphecidae, estas se diferencian porque sus presas son exclusivamente arañas.
Con barro recogido de orillas de charcas o arroyos, o tras el riego en el jardín, como es este caso, estas trabajadoras avispas construyen una especie de ánfora donde se dedican a introducir las arañas a las que previamente han dormido de un aguijonazo. Una vez bien repleto el nido ponen un huevo en él y cierran la tapa con un último pegote. En un solo día son capaces de hacer ese trabajo y al siguiente hacen otro nuevo en el que repetirán el proceso. Y así hasta quince pequeñas ánforas adosadas unas a las otras o, al menos, muy cercanas.
Avispa cazadora de arañas, Sceliphron destillatorium, recuperando fuerzas a base de néctar para seguir con su actividad de captura para llenar las despensas para sus futuras larvas. 
Para tener "combustible" para tanta actividad, las avispas visitan variadas flores para libar su nutritivo néctar, especialmente las umbelíferas que con profusión florecen a principios de verano, como zanahorias silvestres y cardos corredores. No puedo asegurar si fue la responsable de la desaparición de una araña napoleón que vivía en el hinojo, a la que veremos más adelante.

Otra avispa alfarera, Delta unguiculatum, esta vez de la familia Vespidae. En algunos documentos y libros aún se puede encontrar incluida en el género Eumenes.
A diferencia de las cazadoras de arañas, las Delta capturan orugas, a las que llevan también a un nido de barro. Las orugas pueden tener un tamaño considerable. Sin embargo los nidos los hace separados unos de otros. Además, el barro, como yo mismo he podido comprobar, lo fabrican a partir de material seco, en caminos y zonas libres de vegetación, y amasándolo con su propia saliva.
Los nidos tienen un curioso remate hacia afuera, como un jarroncito. El huevo lo depositan colgando encima de sus adormecidas presas y al nacer la larva cae sobre ellas.
Avispa alfarera, Delta unguiculatum. No conseguí hacer la foto sobre el hinojo, sin embargo, también se posaba con frecuencia sobre el cercano tejo, que en esos días estaba cubierto por melaza caída de los pulgones que estaban atacando al roble americano, Muchos otros himenópetros y dípteros aprovecharon también esa oportunidad y algunos parecían preferir su melaza al polen de las flores del entorno.
Otra parásita de los nidos y larvas de abejas solitarias es la avispilla del género Gasteruption (no he podido llegar a especie a partir de las fotos). Posiblemente se haya beneficiado también del refugio de insectos donde estas crían. 
Ejemplar hembra de Gasteruption. Puede apreciarse el largo ovopositor.
Es fácil diferenciar los machos de las hembras, ya que estas tienen un largo ovopositor, como se aprecia en la primera foto, que utilizan para llegar al interior de los nidos y depositar en ellos sus huevos. No había vez que me acercase a echar un vistazo al hinojo que no hubiese uno o varios ejemplares de esta especie. Incluso los machos persiguiendo a las hembras.
Ejemplar macho de Gasteruption.
 Al hinojo llegaron unas cuantas especies más de abejas y avispas, aunque no a todas las he podido fotografiar, por no llevar la cámara en ese momento o porque se asustaron y no eran tan abundantes como las especies anteriores. Entre ellas, por supuesto, abejas de la miel, también abejorros, especialmente Bombus, aunque estos parecen preferir otras flores del jardín. También avispas del género Polistes que alternan sus viajes al estanque en busca de agua para hacer su pasta de papel con su alimentación a base del néctar de las flores. Y alguna abeja, como la de la foto siguiente, que aún no he identificado.
Abeja sin identificar.
Curiosamente, cuando las semillas de hinojo estaban maduras, las hormigas del género Messor, se dedicaron a subir a los penachos del hinojo y cortar los tallos que sujetaban las semillas para llevárselas o para dejarlas caer, pues en la parte de abajo había muchas más dispuestas a recogerlas. No creo, sin embargo, que sea un comportamiento cooperativo, sino fruto de la casualidad.

Y cambiando de orden de insectos nos encontramos con los abundantes coleópteros. Solo en una ocasión pude ver sobre el hinojo al cerambícido Agapanthia asphodeli, que cría en los gamones (Asphodelus) que son abundantes en los prados del entorno de mi urbanización. Son escarabajos que se encuentran muy a menudo en flores de umbelíferas y otras plantas con ramilletes de pequeñas flores.
Atractivo y fotogénico Agapanthia asphodeli.
Esta otra especie de coleóptero aún no me la han identificado en Biodiversidad Virtual, que es donde me suelen determinar la mayoría de las especies que encuentro en mis paseos fotográficos.
Coleóptero de la familia Mordellidae sin identificar
No podían faltar, como en cualquier otro rincón del jardín las llamativas mariquitas, bien de la especie más común, la de siete puntos, Coccinella setempunctata, o como la de la foto, Adonia variegata (= Hippodamia variegata). No buscan polen ni néctar, sino lugares donde sean abundantes los pulgones para comerlos y para hacer la puesta y que de ellos se alimenten sus voraces larvas.
Adonia variegata (= Hippodamia variegata).
Pero los pulgones no han sido muy abundantes en el hinojo. He visto dos especies en él. Esta primera Cavariella sp. ...
Pulgón, Cavariella sp.

... y esta otra, que es la ubicua Aphis fabae, muy abundante en mi jardín en gran variedad de plantas.

Madre alada y ninfas muy jóvenes de  Aphis fabae.
Pero claro, además de las mariquitas, en el hinojo crió uno de sus más terribles depredadores, la mosca de la familia de los sírfidos, Sphaerophoria scripta. Las larvas de estos dípteros tienen el aspecto de un gusano verdoso y recorren los tallos de las plantas con pulgones, generalmente desde arriba hacia abajo, pero a veces al revés, comiéndoselos sin que se les escape ninguno (se pueden ver en acción en otra planta en esta otra entrada). 
Larva de Sphaerophoria scripta a la caza del pulgón.
Los adultos (imagos) no son carnívoros como sus hijos, sino que liban el néctar de las flores, pues con su potente vuelo gastan mucha energía,
Sphaerophoria scripta adulta libando néctar de la flor del hinojo.
Otros dípteros muy variados acuden también a las flores, aunque no tengo fotos de todos ellos.
Moscarda verde del género Lucilia, las larvas son carroñeras y detritívoras, pero los adultos chupan el néctar y son muy eficientes polinizadores.
Otro depredador casual, que me hizo particular ilusión encontrar en el hinojo, pero que rápidamente voló a otra planta donde puede fotografiarla, fue esta pequeña mantis de la especie  Ameles spalanzania. Muchas veces he visto hembras en el jardín (imagen de hembra), que no tienen alas desarrolladas (ápteras) pero nunca había encontrado machos, que son mucho más activos y de menor tamaño.
Macho de Ameles spalanzania
Aparte de las chinches rayadas de la especie Graphosoma italicum que desarrollaron todo su ciclo biológico en el hinojo y que ahí sigue algún ejemplar adulto pasando el invierno en él, otros himenópteros pasaron por aquí, como el también colorido de rojo y negro Lygaeus equestris...
Lygaeus equestris
... y este otro,  más modesto de coloración y parecido a los Graphosoma en su diseño, Tholagmus strigatus, identificado  por Marcos Roca-Cusachs en el grupo de facebook sobre hemípteros.
Tholagmus strigatus.
Y para finalizar, saliendo del grupo de los insectos, entre las flores del hinojo han vivido varios ejemplares de araña Napoleón, Synema globosum. Es un depredador que caza al acecho a los insectos voladores que acuden a las flores. La gruesa hembra de la siguiente fotografía la pude seguir durante muchos días. A veces, mientras la observaba o fotografiaba se cambiaba de rama o se dejaba caer donde no la podía seguir entre la maraña de ramas y hojas, pero si me alejaba un poco, en menos de cinco minutos, había subido de nuevo a su lugar de caza habitual a través de un hilo de seda, a modo de la cuerda de seguridad de un escalador.
Araña Napoleón, Synema globosum hembra.
También observé un ejemplar macho, mucho más difícil de ver por su pequeño tamaño. Unos y otras puede ser de variados colores, especialmente blancos y rojos, nada tienen que ver con sean de uno u otro sexo, pero el tamaño sí.
Araña Napoleón, Synema globosum macho.

jueves, 18 de octubre de 2018

El hinojo y sus insectos (1). La mariposa Papilio machaon


En mi particular cruzada por fomentar la diversidad de los insectos y otros animales que acuden a mi jardín, el año pasado planté dos matas de hinojo, Foeniculum vulgare, en un rincón soleado. Fundamentalmente, todo hay que decirlo, porque sabiendo que es una de las plantas nutricias de la preciosa mariposa Papilio machaon, tenía la nada secreta intención de favorecer que esa especie llegase y criase en ellas... y que yo pudiese observar su ciclo vital. Igualmente, se puede disfrutar del aroma del hinojo, lo que unido a las otras aromáticas hace que la experiencia de pasear por el jardín sea más “multisensorial”, que está de moda.

Las plantas de hinojo en mi jardín.
El año pasado no lo conseguí. Fue un año muy raro para los insectos y lo achaco a eso. También puede que influyese que las plantas aún eran algo pequeñas. Los hinojos forman una gruesa roseta basal enterrada, que parece un bulbo, aunque no lo es hablando en propiedad, y aunque la parte aérea se seque a finales de verano o congele en invierno, ese falso bulbo crecerá durante el buen tiempo y hará que la planta sea más robusta al siguiente año. Esa especie de bulbos, por cierto, se venden en las fruterías, pero creo que al tener cortada la raíz no crecen si las plantamos, así que es mejor comprar plantas de maceta o intentarlo con semillas.
A pesar de todo, aun sin las mariposas criando, me consolé con que los ramilletes de pequeñas y amarillas flores fueran punto de alimentación y cortejo de otras numerosas especies de insectos y arañas.

Las flores de hinojo con diversas especies de insectos que se sienten atraídos por su aroma y néctar.
Por el contrario, otras dos plantitas que pusimos en el Jardín de Mariposas de Miraflores de la Sierra, se desarrollaron mucho más y sí que sirvieron para que allí criasen las papilios. Quizás llegasen más fácilmente allí las hembras ponedoras al estar aquello en un entorno más natural que mi jardín, que está entre urbanizaciones.
Pero este año sí que han venido y criado varias generaciones de bellas mariposas y en esta serie dedicada al hinojo empiezo con esa emblemática especie.

Adulto, o imago como dicen los entomólogos, de Papilio machaon.
Antes de seguir, debo advertir que Papilio machaon también cría sobre otras plantas, umbelíferas y rutáceas, como Ruta montana, entre otras, pero esa planta no la he encontrado aún en los viveros.
Varias veces, a principios de primavera, vi volar las mariposas alrededor de los hinojos del jardín, pero siempre estaba atareado con otras cuestiones y sin tener la cámara a mano. Y, como suele ocurrir, cuando salía con la cámara las mariposas no aparecían. De hecho, la foto anterior está hecha en otro lugar. No me han dado opción de retratarlas en casa.

En estas fotos, que me ha cedido amablemente Teresa Ajenjo (gracias), puede verse en el hinojo de Miraflores un huevo de Papilio y una larva que ha realizado su primera muda.
Después de mucho mirar y remirar no descubrí los huevos, cosa que sí hice en Miraflores. Sin embargo, al poco encontré las pequeñas orugas también en mi jardín.

Oruga al poco de eclosionar, en una foto a muy gran aumento.
La luz del flash le da un tono marrón, pero a simple vista parecen casi negras.
Las orugas de papilio nacen con una coloración y aspecto diferente a la que tienen cuando están más crecidas, empiezan siendo casi negras con una mancha más clara en el centro del cuerpo y teniendo pelillos dorsales y laterales en sus segmentos. Recuerdan, en cierto modo, a los excrementos de lagartijas y salamanquesas que quedan sobre las paredes, pero son demasiado pequeñas para confundirlas con los de pájaro. Lo primero que hacen nada más nacer es comerse la cáscara y restos del huevo. No mucho después mudan la piel por primera vez.


Al crecer pronto se aclaran y adquieren el bonito diseño de las orugas grandes. Parece que ese diseño y colorido tan llamativo debería hacerlas muy visibles, pero no es así, de alguna manera logran camuflarse entre el juego de luces, sombras, hojas divididas y tallos y, aun sabiendo que ahí están, hay días que no lograba verlas y al día siguiente las descubría delante de mis narices. 

Larva pequeña, ya con su coloración definitiva pero con los pelillos que desaparecerán más adelante.

He visto que en primavera y principios de verano, cuando la planta está más verde, ellas también son de tono más verdoso, pero al irse secando los tallos que ya han dado semillas, también empiezan a tomar un color más blanquecino y amarillento.

Larva ya muy grande.

Las orugas durante el día suelen estar bastante quietas, a veces medio escondidas en las axilas de las hojas del hinojo, que tienen un hueco bastante grande. Por la noche las he visto más activas y comiendo. Es un recurso para defenderse no sólo de los pájaros, sino también de las avispas parásitas, que son diurnas y pueden acudir a poner sus huevos en ellas. E igualmente las avispas cazadoras de orugas.

Como puede verse, las larvas grandes ya no tienen los pelillos de las más pequeñas.

Pero para defenderse las orugas de esta familia, y en particular esta especie, tienen otro sistema: El osmaterio. Este es un órgano bulboso y bifurcado que saca entre los pliegues de la cabeza. Por sus extremos expulsa una sustancia maloliente, con el objeto de disuadir a sus enemigos de atacarla. 

Oruga con el osmaterio evaginado y un goterón regurgitado de parte de su último alimento.

Como la molesté más de lo recomendable, para poder ver y mostrar este asunto (perdón oruguilla), no se conformó con eso, sino que también regurgitó parte de su comida… que no tuvo inconveniente en volver a tragar, dicho sea de paso, en cuanto la dejé tranquila.

En esta foto no solamente puede verse el osmaterio, también se ven los ocelos, es decir, los ojos simples de las orugas, en la parte izquierda de la foto. Cuando sea mariposa tendrá unos grandes ojos compuestos.
En las fotos puede verse el aspecto del osmaterio y en el vídeo cómo lo proyecta al exterior. Os aseguro que mi dedo quedó bastante apestado, me costó varios lavados de manos y la sensación de que todavía estaba presente el tufillo una hora después.




Cuando la oruga ya es bastante grande aprecio que comienza a estar más inmóvil de lo normal y que la parte anterior de su cuerpo, lo que se corresponde con el tórax e inicio del abdomen, se empieza a ensanchar. En varios casos he intentado seguir su evolución para encontrar la pupa, pero no lo he conseguido. Puedo asegurar que no se ha quedado en la propia planta de hinojo. Creo por la noche se han trasladado a unas ramas de hiedra cercana, donde hay mucha densidad de hojas. No he podido, por tanto, fotografiarla, mucho menos la mariposa en el momento de emerger. Sí he visto a las jóvenes mariposas revoloteando en el jardín… cuando estaba ocupado haciendo otras cosas como me ocurrió con sus madres. Podía haberlas metido en un terrario o simple caja hasta que formasen la crisálida ante mi vista, pero eso no va con mi forma de hacer las cosas.
Papilio machaon puede tener varias generaciones al año, en número variable según el clima. Pero no son claramente diferenciables como ocurre con otras especies, las sucesivas generaciones se solapan en el tiempo y así, en una misma planta encontraremos orugas de varias edades y tamaños. En casa es posible que hayan sido tres o cuatro. Finalmente, la última generación del verano pasará el otoño e invierno en forma de pupa para emerger a la siguiente primavera como mariposas, así que allí estarán, escondidas, sujetas en un tallo en algún rincón del jardín, esperando al año que viene a ver qué nuevas plantas les voy a proporcionar... Espero no defraudarlas.

martes, 23 de agosto de 2016

Mariposas en el cardo corredor.

 

A medida que avanza la primavera y el verano, se va sucediendo la floración de diferentes especies de plantas y con ellas la concentración de insectos polinizadores que quieren aprovechar su néctar. No todas las plantas atraen de igual manera a los insectos y especialmente a las mariposas, que es de las que voy a tratar hoy. En nuestra Sierra de Guadarrama las mariposas se sienten especialmente atraídas según avanza la primavera y el verano, primero por los rosales y varias especies de grandes cardos, luego por las zanahorias silvestres y después por las zarzamoras Ahora mismo por las flores de la hierba de Santiago, únicas supervivientes al pastoreo en algunas zonas y, por fin, por los protagonistas vegetales de esta entrada: los cardos corredores.
Hay mariposas con periodos de vuelo cortos y otras que, por ser más específicas, se mueven en un espectro de plantas reducidas, pero las que tienen periodos de vuelo largos o más de una generación por temporada pueden verse indistintamente en diversas flores.
En esta entrada me voy a centrar en el cardo corredor, del que ya he hablado en otras ocasiones en este blog (ver AQUÍ), aunque para otros temas. Parece mentira lo que una “humilde planta” que crece en las cunetas de los caminos y carreteras puede dar de sí.
Misma foto anterior con los insectos marcados. Con anillos rojos las mariposas, en azul otros insectos. 13 mariposas y 17 en total. Pinchando en la foto se puede abrir la foto en una pestaña nueva y ampliarla para verla en detalle. 

Me animó a hacer esta entrada un día de agosto, cuando a unos 1.500 metros de altitud los cardos empezaron a florecer y ofrecer su néctar. Al pasar junto a los cardos en el borde del camino se armó un verdadero alborto, así que caí en la tentación de intentar fotografiar todas la especies que pudiese. Desde luego, las flores compuestas de este cardo no tienen la típica floración de vivos colores ni olor, que dicen atraer a los insectos, pero sin duda tienen otra técnica o aroma que a nosotros se nos escapa.
A continuación pongo las especies que fotografié en tan solo media hora:

Argynnis paphia hembra

Argynnis paphia macho. Las líneas oscuras gruesas que siguen la venación de las alas son las llamadas "androconias" características de los machos
Hyponephele lycaon
Hyponephele lycaon

Pyronia tithonus, anverso
Melanargia lachesis

Pyronia tithonus, reverso
Aricia cramera, anverso

Aricia cramera, reverso
Lycaena alciphron

Lycaena phlaeas, reverso

Lycaena phlaeas, anverso

Lycaena virgaureae, hembra

Lycaena virgaureae, macho
Mientras hacía las fotos, otros insectos se posaron y volvieron a volar, como diversas moscas y abejas, pero al estar más concentrado en las mariposas, perdí la oportunidad de retratarlos. Sí pude hacerlo con estas dos especies más tranquilas, el pequeño y colorido cerambícido y la no menos llamativa chinche rayada.
Chlorophorus trifasciatus
Graphosoma italicum
Sin duda, hay muchas más especies en la zona, un poco más allá, sobre hierba de Santiago y sobre las flores ya marchitas de rosal, vi y fotografié Pieris rapae y P. napi, Argynnis pandora, Issoria lathonia y Celastrina argiolus y en otro cardo una preciosa Euplagia cudripunctaria, pero esas serán protagonistas en otro momento, pues hoy he querido ser fiel únicamente a ese momento y lugar.
En esta otra entrada (AQUÍ) del blog de El Ventorrillo, muestro otras mariposas comunes en la Sierra de Guadarrama.