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miércoles, 27 de julio de 2022

Hierba de Santiago, su mariposa cinabrio y algunas especies más.

Este año los campos se han secado antes de tiempo, tenemos exceso de calor y una pertinaz sequía que ha cambiado mucho los ciclos de la naturaleza. A inicios de este mes de julio los campos ya están casi como a mediados o incluso a finales de agosto de otros años más normales, aunque esto ya empieza a no ser excepcional, lamentablemente.
Mariposa cinabrio, Tyria jacobaeae, principal protagonista de esta entrada

Oruga de Tyria jacobaeae mostrando sus contrastes amarillo-negro indicadores de su toxicidad
En mi entorno, y supongo que en muchos otros lugares de clima semejante, entre las secas gramíneas que tiñen de amarillo los campos, destacan muy pocas plantas verdes, algunos cardos y, especialmente la hierba se Santiago o hierba cana, ahora llamada Jacobaea vulgaris, antes denominada Senecio jacobaea.
Hierba de Santiago, Jacobaea vulgaris (= Senecio jacobaeae)
Además de en los prados y claros de bosque, donde pueden llegar a agruparse cientos de ellas en muy poco espacio, son frecuentes en las cunetas y bordes de caminos, pues el viento, natural o producido por los vehículos, favorece la expansión de sus voladoras semillas portadoras de vilano y la acumulación de humedad en esos espacios también les viene bien. 
Prado entre pinares en Navacerrada, a finales de agosto de 2018, invadido por la hierba de Santiago.
Son bastante inconfundibles por sus flores amarillas y sus hojas finamente lobuladas. No suelen alcanzar los 80 cm de altura, pero son muy variables, las hay con un solo tallo sin ramificar, otras ramificadas y también con varios tallos desde su base. Son plantas anuales, se secan al llegar el invierno y vuelven a brotar de semilla a la siguiente primavera.
Semillas de hierba de Santiago a punto de maduración con sus vilanos para ser arrastradas por el viento.
Hay una razón importante para que las plantas que he citado anteriormente sigan permaneciendo en los campos incluso en aquellos que tienen una importante carga ganadera: Los cardos por su naturaleza espinosa y la hierba de Santiago por sus venenos.
En efecto, como explica Javier Barbadillo en una entrada de su blog [1], la hierba de Santiago es venenosa, acumula en sus tejidos alcaloides tóxicos. Supongo que además de tóxica debe tener mal sabor, porque si todos los herbívoros que la muerden muriesen ninguno aprendería la lección. En cierta ocasión escuché a un botánico decir que las cabras enseñaban a sus hijos que una planta no era comestible dándoles una patada en la cabeza cada vez que intentaban comerla. No sé si será cierto, aunque me gustaría que fuese así pues es una bonita historia, pero me inclino más por la teoría del mal sabor. 
Esos alcaloides no parecen importar a algunos insectos que sí se alimentan de ella, entre ellos la más famosa es, sin duda, la mariposa cinabrio, Tyria jacobaeae, cuyas orugas comen esta especie y otras de su mismo género. 
No es muy frecuente que las plantas atacadas por orugas de Tyria jacobaeae queden tan drásticamente consumidas y perjudicadas, pero a veces sí se da el caso. 
Bueno, digamos más bien que casi exclusivamente, pues en el Jardín de Mariposas Marcos Portolés Ajenjo de Miraflores de la Sierra descubrimos que también se pueden alimentar de otra especie, Jacobaea maritima (= Senecio cineraria). En efecto, parece ser que puede verse en otros senecios.
Es fascinante, que una planta tóxica sea sin embargo el refugio y lugar de alimentación de numerosas especies de insectos y otros pequeños invertebrados en un momento en que otras plantas tienen muy poco que ofrecer. Algunos de ellos consiguen sortear los venenos con su impresionante metabolismo y otros se dedican a partes de la planta donde no están presentes los venenos, como ocurre en las flores.
Oruga sobre Jacobaea maritima cultivada en jardín.
Las orugas de la mariposa cinabrio tienen un brillante diseño amarillo y negro que ya sabemos que suele indicar toxicidad, igual que en las salamandras, aunque yo creo que también les vale en cierto modo de camuflaje. Me explico: las barras negras y amarillas pueden pasar desapercibidas en el juego de luces que se crea a pleno sol entre las hojas de la hierba de Santiago, sobre todo si ante nuestra vista se combina con los pétalos amarillos de sus flores. Puede sonar raro, pero estoy muy acostumbrado a buscarlas entre las ramas de la planta y muchas veces, cuando me quiero dar cuenta, las tengo delante de mis narices. Algo que también me ocurre con las larvas de Papilio machaon en el hinojo, por cierto.
Orugas muy jóvenes sobre los capullos y flores de la hierba de Santiago.
Las orugas se suelen encontrar en la zona más próxima a las flores, incluso entre ellas o los capullos, alimentándose de las que aún no se han abierto. En una misma planta podemos observar diversos ejemplares y de distintos tamaños. Suele darse el caso de que amplias zonas cubiertas de hierba de Santiago no tengan ninguna larva y que cerca haya unas cuantas plantas dispersas cargadas de ellas. Como en otras orugas, he visto algunas de muy pequeño tamaño colgando de un hilo de seda casi invisible (de hecho en las fotos no se ve) y trepando por él. 
Pequeñas orugas volviendo a la planta, recuperando el hilo de seda, después de haberse dejado caer.
Suele ser una estrategia de huida, ante un posible enemigo, se dejan caer, pero agarradas a ese hilo de seguridad, como la cuerda de un escalador, para poder volver a su planta original y no perderse entre otras que no sean su planta nutricia. Otra estrategia de defensa, posiblemente ante posibles parásitos, como algunas moscas y avispillas, es sacudir el cuerpo espasmódicamente, como puede verse en el vídeo.

La mariposa cinabrio es de color gris muy oscuro, casi negro, con llamativas manchas rojas. Su abdomen y las alas posteriores, que normalmente están ocultas, se dejan ver cuando echa a volar o se siente amenazada, ofreciendo un acusado contraste que sin duda advierte a los pájaros que quieran cazarla al vuelo. 
Imago (adulto) de Tyria jacobaea en una postura muy típica de las mariposas de su familia, Erebidae, mostrando las alas posteriores y parte del abdomen con su acusado contraste negro-rojo.
Gitanilla atigrada, Atlantarctia tigrina, típico representante de la familia Erebidae, en su postura de defensa. Con las alas cerradas solo se ven las anteriores y pasa más desapercibida.
Esta mariposa 
nos recuerda mucho a otras de parecido aspecto, las gitanillas de género Zygaena, pero no pertenecen a su misma familia. La cinabrio es una Erebidae, como otras mariposas también de llamativos diseños que igualmente señalan su toxicidad. Las Zygaena, en cambio, son de otra familia, Zygaenidae, pero a unas y otras les han dado el nombre común de gitanillas, por casos como este prefiero utilizar los nombres científicos.
Gitanilla real, Zygaena sarpedon, que como otras especies de Zygaenidae, aunque en otras plantas nutricias, puede compartir hábitat con las mariposas cinabrio y tienen los mismos colores y parecidos diseños para advertir de su toxicidad. Un caso claro de mimetismo mulleriano.
Antes de seguir señalaré que todas ellas son del grupo de las mariposas nocturnas, heteróceras, aunque las veamos volar o posadas durante el día, porque son especialmente visibles por sus colores y diseños, mientras que la mayoría de las mariposas nocturnas se camuflan en el entorno a la perfección. 
Son muchas las mariposas cuyas orugas se alimentan de una sola o de muy pocas especies de plantas, mientras que otras muestran una variedad muy amplia. La mariposa cinabrio es de ese primer grupo. Voy a mostrar a continuación otros insectos que también se alimentan y he fotografiado sobre hierba de Santiago, pueden ser comensales habituales pero hay otros cuya visita es más casual.
También hay que distinguir entre las especies de insectos que acuden a alimentarse de la planta de una u otra forma y los que además contribuyen a la polinización. Es como si la planta tuviese un pacto con los polinizadores: aquí no hay veneno y podéis comer a cambio del trasporte de polen. La realidad es que si las flores, su néctar o polen fuesen venenosas no podrían fecundarse y la planta no habría sobrevivido a las siguientes generaciones, así funciona la evolución, no por deseos sino por ensayo y error: lo que funciona se trasmite, lo que falla se extingue.
Spilostethus saxatilis, una especie que he encontrado abundantemente sobre la hierba de Santiago, pero también puede verse en otras plantas que se encuentran ahora en plena floración, como cardos corredores, gordolobos y otras.
Entre las habituales, al menos en mi entorno de Becerril de la Sierra, están las chinches de diversas especies y en especial Spilostethus saxatilis, sin duda la que he encontrado con mayor abundancia. Aunque también sobre gordolobo y cardo corredor. Su presencia en los senecios es abrumadora.
Pariente del anterior pero de tamaño mucho mayor es Spilostethus pandurus.
Spilostethus pandurus, especie anterior mucho menos abundante en la hierba de Santiago.

Algo más alejado en la clasificación taxonómica encontramos otra chinche, Melanocoryphus albomaculatus.
Melanocoryphus albomaculatus.
En todas ellas están presentes los colores rojos o anaranjados y negros, de advertencia por su toxicidad o sabor desagradable. Es el mimetismo mulleriano del que he tratado en numerosas ocasiones en este blog.
Y también he encontrado alguna chinche más, que no tienen tan llamativos colores: Carpocoris mediterraneus, Liorhyssus hyalinus, Thiomiris sulphureus,  Corizus hyosciami y Enoplops scapa, entre otras que no he fotografiado.

Carpocoris mediterraneus.

Liorhyssus hyalinus.

Thiomiris sulphureus.

Enoplops scapa.
La presencia de ninfas de algunas de esas especies sobre la hierba se Santiago nos indica que realmente es su planta nutricia, ya que las ninfas no vuelan y tienen una capacidad de desplazamiento limitado, es decir, la puesta se hizo sobre esa misma planta.
Ninfa de Corizus hyosciami que habitualmente veo en otras plantas de mi jardín, en esta ocasión sobre hierba e Santiago. 

Ninfa de Spilostethus saxatilis.
También se encuentran sobre sus flores escarabajos como Mylabris, los mascaflores, con los mismos colores rojizos y negros, un típico meloideo también tóxico por su cantaridina. Y otros pequeños escarabajos florícolas, no tan llamativos y posiblemente nada tóxicos.
Mylabris.
Aún siendo venenosa para el ganado y otros mamíferos, vemos que no lo es para muchos insectos. La hierba de Santiago no se libra de los pulgones y tras ellos las hormigas que los pastorean y las mariquitas que los depredan. Este pequeño ecosistema tiene muchas interrelaciones.
Hormigas del grupo Lassius pastoreando pulgones del género Aphis.

Mariquitas de la especie Hippodamia variegata, depredadoras de pulgones y otros pequeños insectos.

Como decía más arriba, un capítulo aparte lo forman los variados polinizadores. La planta no pone tóxicos en las flores y abejas, dípteros y mariposas no dejan de aprovechar esa abundancia de flores. 
Abeja de la miel, Apis mellifera, con las cestillas de polen (escopas) de sus patas bien cargadas.

Abeja del género Lasioglossum.
Hesperia comma.


Lycaena virguareae macho.

Lycaena virgaureae hembra

Lycaena bleusi.
Pieris rapae.

Pyronia cecilia.
Y por supuesto, donde hay posibles presas no faltan los depredadores, en estos días he podido ver las llamativas arañas Napoleón, Synema globosum, que intentan camuflarse vistiéndose del mismo color que las flores donde habitan y otra especie de la misma familia, Thomisidae, 
Heriaeus sp., que se camufla gracias a su color verde y extremidades y cuerpo pilosos.
Araña Napoleón, Synema globossum de color amarillo para camuflarse mientras está al acecho.

Las arañas del género Heriaeus sp., esta es posiblemente Heriaeus oblongus, se camuflan mejor entre las ramas y hojas, sobre todo si tienen una cierta pilosidad.
Pero las interrelaciones van más allá de la típica depredador-presa, algunas son algo más complicadas. Encontrar cuatro ejemplares de Spilostethus saxatilis en el tallo ensanchado y aplanado de un pie de hierba de Santiago afectado por fasciación, me hizo pensar sin no podría ser uno de los vectores de contagio. He visto los tallos ensanchados que produce la fasciación en cardos, gordolobos, hierba viborera, retama, un tallo de taray en mi jardín  y, este año por primera vez, sobre la hierba de Santiago.
Hierba de Santiago con fasciación. Es muy frecuente que las ramas plantas afectadas por fasciación se inclinen más de lo normal en la especie, ya que el ensanchamiento del tallo les da más peso. En ocasiones se evita esa inclinación porque el tallo se retuerce y la forma helicoidal que adquiere es más resistente. Toda una lección de arquitectura vegetal.  
He observado la planta afectada, su crecimiento y cómo es habitada por algunos de los insectos que comento. Siempre había algunas de esas chinches posadas en la zona más ensanchada del tallo, hasta cuatro ejemplares a la vez.
Spilostethus saxatilis picando el tronco aplanado por fasciación.
Como describe Javier Barbadillo en otra de las magníficas entradas de su blog, sobre las hierbas viboreras [2], se atribuye la fasciación a fitoplasmas, un grupo de bacterias que no tienen pared celular y viven en el interior los tejidos vegetales produciendo esa deformación. Se sabe que unos pequeños insectos del mismo orden que las chinches, las llamadas chicharrillas, del mismo grupo que las cigarras pero de muy pequeño tamaño, son transmisoras de los fitoplasmas. Los fitoplasmas llegan incluso a reproducirse en el tubo digestivo de esos pequeños insectos. Sin embargo, tengo la impresión de que otros hemípteros, como las chinches que he ido mostrando en esta entrada, pueden ser también responsables del paso de los fitoplasmas de una a otra planta y de un año para el siguiente. 
Esas chinches pasan el invierno como adultos enterrados entre cortezas y hojarasca del suelo y, apenas llega el tiempo soleado, salen de su refugio para reproducirse, se alimentan de las plantas que empiezan a brotar y así pueden trasmitir los fitoplasmas adquiridos durante el verano anterior en plantas afectadas, inoculándolos a los tejidos de la nueva generación de plantas de la misma o de otra especie, si se trata de una chinche polífaga (que se alimenta de diferentes especies de plantas) como es el caso de las que se han visto en esta entrada.

Enlaces al blog de Javier Barbadillo citados:

viernes, 24 de septiembre de 2021

Los vuelos nupciales de las hormigas

Se ha despedido el verano con lluvias, en algunos lugares torrenciales, tras una larga racha de calor. Ese cambio de tiempo, y en especial las tormentas, dan la señal a varias especies de hormigas para hacer sus vuelos nupciales.
Hembra alada de Messor bouvieri, Becerril de la Sierra, 15 de septiembre.

Macho de Messor bouvieri, Becerril de la Sierra, 15 de septiembre del 2019.

A nosotros, la semana pasada, nos pillaron de viaje unos impresionantes vuelos de Messor que nos recordaron los viejos tiempos en que el parabrisas y el frontal de los coches quedaban manchados por numerosos insectos que atropellábamos en su vuelo. Al llegar a nuestro destino, Ciudad Rodrigo, el suelo, los vehículos y las paredes de las casas, estaban literalmente plagadas de hormigas aladas, algunas medio ahogadas por las recientes lluvias, pues todo estaba empapado.

En primer plano, machos de Messor sp. en la muralla de Ciudad Rodrigo, 15 de septiembre del 2021.

Este evento sirvió a los aviones comunes, que ya se estaban reuniendo en los cables del tendido eléctrico, junto a las murallas de tan bella ciudad, para tener un alimento extra antes de iniciar su migración. 

Aviones comunes a la caída de la tarde en Ciudad Rodrigo, 18 de septiembre del 2021.

En las mismas murallas, las salamanquesas, olvidando su habitual nocturnidad, podríamos decir que con “diurnidad” y alevosía, aprovechaban los rayos de sol y el alimento que les llegaba prácticamente a la puerta de su casa. También vimos en nuestras excursiones, aunque en esta ocasión no los fotografiamos, algunos papamoscas que ya han iniciado su paso por la Península Ibérica y que, sin duda, también disfrutaron de ese alimento extra fácil de conseguir. 

Papamoscas, Becerril de la Sierra, 16 de septiembre del 2020.

Y, aunque no los viésemos, seguro que muchas más especies de aves y lagartijas hacían lo mismo. En casa, cuando veo a los gorriones volando en vertical de manera un poco extraña, que yo llamo “hacer el papamoscas”, sé que hay hormigas aladas aunque no las vea, sea primavera u otoño.

Hembra de gorrión alimentándose de hormigas aladas.

Es importante que los hormigueros de la misma especie se coordinen para que los “novios” vuelen al mismo tiempo y que así se encuentren hembras y machos que no sean parientes. Vamos, lo que viene a ser, en versión hormiga, las fiestas de los pueblos con sus bailes.

Salida de alados en un hormiguero de Lasius en Becerril de la Sierra, 19 de junio del 2020.

Los vuelos nupciales también son llamados enjambrazón, aunque ese nombre se aplica más frecuentemente a las abejas de la miel. En ellas las jóvenes reinas salen de la colmena acompañadas de varios cientos de obreras para formar una nueva colonia. Si no lo hiciesen, su madre las mataría. Muy pocas especies de hormigas hacen eso mismo, pero las hay, aunque evidentemente lo hacen andando porque sólo las reinas y los machos son alados.

Machos de avispón europeo, Vespa crabro, preparados para salir en vuelo nupcial desde la boca de su nido en el tronco seco de un olmo. El Boalo, agosto del 2018.

Otros himenópteros coloniales, como las avispas papeleras y los abejorros, siguen un proceso muy similar al de la mayoría de las hormigas, las hembras son fecundadas en un vuelo nupcial y vuelan solas, generalmente en otoño, para formar un nido por sí mismas. Suelen pasar el invierno refugiadas en solitario, ponen los primeros huevos y ayudan a desarrollarse las primeras obreras con sus reservas alimenticias.

Aunque evolutivamente estén muy alejadas de los himenópteros (hormigas, abejas y hormigas), las termitas que son isópteros del orden Blattodea (emparentadas con las cucarachas), tienen vuelos nupciales muy parecidos a los de las hormigas. Hay dos géneros peninsulares y uno (Reticulitermes) hace vuelo nupcial en primavera y el otro (Kalotermes) en otoño.

Termita alada vista en mi jardín, Becerril de la Sierra, a finales de octubre. Posiblemente Kalotermes flavicollis.

En otoño vemos más frecuentemente los vuelos nupciales de hormigas, quizás por ser más abundantes o de especies más grandes y también, en el caso del género Messor, como las de las primeras fotos de esta entrada, porque pueden verse cerca de las casas, tanto en el campo como en las ciudades. Pero hay especies que vuelan en primavera e incluso a lo largo de todo el verano iniciándose en primavera y terminando ya entrado el otoño. De hecho, de todas las mostradas en las fotos solamente las Messor son otoñales. Evidentemente, depende del clima del lugar y las condiciones meteorológicas del momento, tanto como de la especie. Lo más habitual es que los vuelos nupciales ocurran tras los días de lluvia después de un periodo caluroso, que suele desembocar en tormenta. Los cambios fuertes de presión atmosférica tienen mucho que ver en el asunto y son importantes en la coordinación del evento. A veces salen a volar incluso antes de haber llovido, lo que la gente de campo sabe interpretar perfectamente como un aviso de que la lluvia está al caer.

Macho de Tetramorium preparado para el vuelo nupcial, Becerril de la Sierra, 28 de junio del 2020. 

Hembra de Tetramorium preparada para el vuelo nupcial, Becerril de la Sierra, 28 de junio del 2020. Se aprecia muy bien la diferencia en el tamaño de la cabeza con el macho de la foto anterior.

Las de vuelo primaveral tienen menos problemas porque el suelo es más esponjoso pero, para las otoñales el suelo ablandado por el agua tras el apelmazamiento de la sequía estival es un momento ideal para que las nuevas reinas puedan enterrarse.

Además, a lo largo del verano las larvas han podido ser bien alimentadas. Hay que recordar que, como en las abejas, los huevos no fecundados dan lugar a machos, pero los fecundados pueden producir tanto obreras, que no dejan de ser hembras (generalmente) estériles, como reinas, dependiendo de la alimentación que reciban.

Reina de Aphaenogaster gibbosa saliendo del hormiguero, aún retenida por las obreras. Becerril de la Sierra, 7 de julio del 2020.

Describiré el caso más común, el de las reinas solitarias, y citaré de pasada alguna excepción. Hay tantas variaciones que dar normas generales es un ejercicio arriesgado, pero lo intentaré.

En el vuelo nupcial machos y reinas se encuentran en el aire y comienzan la cópula, pueden caer juntos al suelo o separarse aún en vuelo. En algunos casos una hembra es fecundada por varios machos. Ya en el suelo definitivamente, la nueva reina pierde o se arranca las alas y busca un lugar donde esconderse y empezar su hormiguero. En general nunca más precisará machos, durante toda su vida fecundará los huevos con los espermatozoides que recibió en ese momento, que permanecen vivos en el interior de su tracto genital, en un receptáculo llamado espermateca.

Macho de Pheidole pallidula junto a obreras minor y major (soldado). Becerril de la Sierra, 28 de junio del 2020.

En el momento del vuelo muchas de ellas serán presa de aves, murciélagos, libélulas y otros insectos cazadores. Pero en tierra no ha terminado el peligro ya que los depredadores del suelo tienen su oportunidad: mamíferos insectívoros, lagartijas, salamanquesas, mantis (que también están en su periodo reproductivo y por lo tanto hambrientas), avispas y muchos otros insectos, incluidas otras especies de hormigas. Otras caen en ríos o lagunas y son presa de peces y otros animales acuáticos, como bien saben los pescadores que las usan de cebo.

En algunas especies del género Aphaenogaster, las reinas fecundadas pueden volver a su hormiguero donde reclutan a unas cuantas obreras y salen a formar la nueva colonia como comentaba que ocurre en las abejas de la miel, ya que en cada nido sólo hay una reina. Otras ni siquiera hacen vuelo nupcial, incluso pueden tener las alas atrofiadas, y son los machos los que tienen que llegar a ellas. Como comenté en otra entrada, en mi jardín eran los machos procedentes de otros hormigueros los que tenían las alas cortadas o totalmente arrancadas en una enjambrazón de la que fui testigo.

Emergencia de Aphaenogaster. Pueden verse varios machos y una hembra rodeados de obreras. Becerril de la Sierra, 7 de julio del 2020.

Vuelvo a las reinas solitarias. Un pequeño porcentaje de ellas han conseguido refugiarse y se crean una pequeña cámara en el suelo, tronco o muro, según la especie. Allí ponen los primeros huevos de los que salen pequeñas obreras que se dedican a su cuidado. Esas obreras llamadas nurses por los criadores de hormigas, se dedican a cuidar de la reina y las siguientes obreras. Pueden ser alimentadas por huevos no fecundos que pone la reina o por el alimento que ella guardó en su buche antes de volar. Esas nurses no suelen salir del hormiguero a buscar comida, eso lo harán las siguientes obreras, ya más grandes, que nacerán más adelante. Las reinas aprovechan para sí mismas los músculos alares, que son reabsorbidos por su metabolismo, ya que nunca los van a volver a necesitar.

Camponotus lateralis aladas saliendo del hormiguero en el interior de casa el 20 de abril, es una especie que más temprano se activan en primavera. Becerril de la Sierra.

Por cierto, en la mayoría de las especies la reina es sensiblemente más grande que las obreras y que los machos, pero si no es así, se distinguen muy bien precisamente porque la zona de tórax (mejor dicho, mesosma) es más abultada, debido a lo que ocupan dichos músculos. Y ya puestos, añadir que los machos se diferencian también, aparte de por tener el abdomen (mejor dicho, el gastro) menos abultado, porque tienen la cabeza bastante más pequeña. Lo más seguro es que no coman nunca en su corta vida y por lo tanto no tienen desarrolladas las mandíbulas como las hembras.

En esa fase fundacional también muchos hormigueros se pierden por inundación, depredación, heladas, etc. Se calcula que solamente un 5% de las reinas que volaron llegan a hacer un buen hormiguero.

Hay hormigas que parasitan a otras especies y sus jóvenes reinas entran en hormigueros ajenos y llegan a matar a su reina legítima ocupando su lugar. Es decir, que las obreras parasitadas trabajarán para la especie parásita, lo que le facilita mucho las cosas.

Las jóvenes reinas aladas pueden haber salido de la pupa varias semanas antes de que llegue el momento del vuelo nupcial, pero no suelen salir del hormiguero. A veces se pueden ver cuando se levanta una roca o tronco, rodeadas de obreras, larvas y pupas. Se pueden mostrar ansiosas por salir y alguna vez llegan a asomarse a la boca del hormiguero pero de nuevo regresan o son sujetadas por las obreras.

Hormiguero de Tapinoma sp. donde se aprecian varias reinas, obreras, huevos y larvas. Miraflores de la Sierra, 17 de abril del 2016.
En las diversas subfamilias de Formicidae hay especies con varias reinas en un mismo hormiguero, pero esa es otra historia.

Como todo lo que rodea al mundo de las hormigas, la biología de la reproducción es tan variada y fascinante que apenas se pueden dar unas pocas explicaciones en un corto artículo como este, pero espero que el líneas generales pueda servir para resolver las dudas más frecuentes, ya que algunas me han llegado estos días.