Mostrando entradas con la etiqueta Arbustos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Arbustos. Mostrar todas las entradas

martes, 31 de agosto de 2021

La mariposa Lampides boeticus y su planta nutricia (2). Comensales, caníbales y parásitos.

Continuo con la Historia Natural de esta bella mariposa.
En la entrada anterior dejamos a las orugas atracándose de las semillas en crecimiento dentro de las legumbres de Colutea, aparentemente bien protegidas del exterior. 
Vainas maduras de Colutea. La flecha muestra, en una de ellas, los excrementos dejados por la oruga que ha crecido en su interior.
Las vainas ocupadas por orugas son fácilmente identificables sin necesidad de abrirlas porque en la parte inferior se ven por transparencia los excrementos con forma de granitos negros y, en cambio, no se distingue la fila de semillas.
Vaina abierta sana, con las semillas desarrolladas y maduras, no atacadas por orugas.

Vaina abierta mostrando las semillas abortadas al haber sido comidas por una oruga. El círculo rojo indica el agujero por donde salió la oruga ya crecida.
Sin embargo, alguna vez me he encontrado las vainas completamente desgarradas, supongo que por obra de algún pájaro, que ha intentado acceder a su interior. No sé si lo que buscaba eran las semillas o las orugas. La que muestro en la foto con la hormiga es una buena muestra de ello y la más exagerada que he visto, otras lo han sido en menor medida. Esa fue la primera vez que vi una oruga, nunca antes había mirado en el interior de una de esas legumbres, aunque sabía que deberían estar dentro.
Hormiga Lasius tanteando sobre la oruga.
Ya que ha salido el tema de la hormiga, hablaré de ellas. La mariposa se cita con frecuencia como mariposa mirmecófila. La mirmecofilia es la afinidad que algunos organismos tienen con las hormigas, sea de comensalismo o incluso de parasitismo dentro del hormiguero. Las de la fotografía son hormigas del género Lasius (hablé de ellas en ESTA ENTRADA), que suelen pastorear chinches Cacopsylla en otras plantas del jardín, así como pulgones, incluso en la propia Colutea. Parece ser que en este caso la mirmecofilia no es obligada, y las hormigas se limitan a lamer de las orugas sus posibles jugos azucarados y, posiblemente defenderlas del ataque de otros insectos. Pero, como ya he comentado, las orugas permanecen dentro de las legumbres y las hormigas tienen muy pocas posibilidades de acceder a ellas en los espantalobos, quizás en otras leguminosas no ocurra así.
Agujero abierto en la legumbre. Se ven también los excrementos dentro y, por fuera, unos pulgones.
Las vainas maduras que han sido ocupadas por las orugas se identifican fácilmente sin necesidad de abrirlas porque por transparencia se aprecian bien los excrementos caídos en la parte más baja. Si la oruga ya salió, se verá en agujero que ha abierto para hacerlo. Pero cuando la vaina está aún verde y tiene una oruga en su interior es más difícil de ver. La oruga, recién salida del huevo, entra en la flor, por lo que la legumbre en crecimiento no tiene ninguna herida que la delate o es tan pequeña que es difícil de localizar.
Oruga andando en el exterior de una legumbre. No creo que tenga el tamaño suficiente como para pupar y puede que esté buscando entrar en otra vaina.
Sólo en una ocasión he visto una oruga, no totalmente desarrollada, andando sobre una legumbre. Es posible que hubiese terminado con las semillas de su vaina y buscase otra donde entrar para seguir comiendo. De hecho, he visto vainas ya consumidas con dos agujeros, uno de ellos sellado con una especie de tapa de seda y el otro abierto. Tengo la teoría, por confirmar, de que cuando entra en una nueva legumbre la oruga tapa la entrada para impedir el acceso de parásitos y para conservar el ambiente húmedo interior. El agujero abierto, como ya dije es el de salida.
Vista exterior del orificio tapado con tejido de seda.

Tapón de seda visto desde el interior de la legumbre, cerrado y abierto por mí para mostrar la estructura de seda.
Sin embargo, esas precauciones son en vano, porque alrededor del espantalobos merodean unas avispillas parásitas esperando su oportunidad. Apenas tienen un par de milímetros de longitud y son muy inquietas y difíciles de fotografiar en vivo, pero a base de paciencia, por la mañana bien temprano y tiempo más fresco, lo he conseguido. Y también he visto el resultado en alguna vaina que he abierto. En ella la oruga estaba consumida y a su lado había unos cuantos capullitos blancos de donde saldrán las nuevas avispas, supongo que el próximo año.
Avispilla parasitoide (quizás Eurytominae) merodeando sobre el exterior de las legumbres.

Capullos apilados de la avispa parásita y, a la izquierda, carcasa vacía de la oruga, apenas reconocible.
No sé de qué manera las avispas llegan a parasitar a las orugas que están dentro de las vainas. Si hacen un pequeño agujero y entran en la legumbre para poner los huevos sobre la oruga o si simplemente introducen el ovopositor a través de la cáscara del vegetal y las larvas se las apañan para llegar hasta ella. No lo he podido ver.
En la tesis doctoral de Rafael Obregón sobre interacciones ecológicas de lepidópteros en Andalucía, se muestra que las orugas de L. boeticus son capaces de alimentarse de las pupas que se encuentran en los capullos de su parasitoide cuando los encuentran. En su estudio, el parasitoide es Cotesia specularis. Es una curiosa interrelación en la que parasitoide y parasitado se controlan mutuamente. 
También en ese trabajo describe el canibalismo de las orugas de canela estriada, así como la depredación interespecífica entre orugas de L. boeticus y Leptotes pirithous. Eso explica la presencia de una única oruga en el interior de las legumbres que yo he observado.
Imago de gris estriada Leptotes pirithous, fotografiada en una gramínea justo debajo de las pantas de espantalobos.

En el jardín, junto a la Colutea he visto y fotografiado también a la mariposa Leptotes pirithous, es otro licénido de aspecto y biología muy similar a la protagonista de estas entradas, pero mucho menos abundante. Sospecho que quizás haya visto más de las que creo, cuando varias mariposas estaban revoloteando entre las ramas del espantalobos, pero me han pasado desapercibidas.
Por último vuelvo a poner una foto de canela estriada, Lampides boeticus adulta para que se pueda comparar con la gris estriada, Leptotes pirithous, de la foto anterior. Aparte de otras particularidades de su diseño, la ancha banda de color claro de las alas traseras las diferencia sin posibilidad de error.
Imago de canela estriada, Lampides boeticus.

jueves, 12 de agosto de 2021

Las chinches del jaguarzo blanco en el jardín (2): Corizus hyoscyami.

Lsegunda especie que habita de manera habitual sobre el jaguarzo blanco del jardín, Halimium atriplicifolium, es una chinche más grande que la mostrada en la entrada anterior, pero no tanto como otras chinches parecidas. Se trata de la llamada comúnmente chinche de la canela, en científico: Corizus hyoscyami.
Se parece mucho a los heterópteros de la familia Lygaeidae y Pyrrhocoridae, entre las que se encuentran los conocidos zapateros, ya que por su diseño y color nos recuerda a los escudos africanos, como ya vimos en otra entrada, pero pertenece a la Rhopalidae. Este fenómeno, que varias especies no demasiado emparentadas tengan una coloración llamativa y semejante, se denomina mimetismo mulleriano. Generalmente se da cuando todas ellas tienen, en mayor o menor medida, mal sabor o cierto grado de toxicidad. Son muchas las chinches que toman sustancias tóxicas de las plantas de las que se nutren, acumulándolas en su cuerpo y utilizándolas en su propia defensa. Ocurre a menudo que entre las tóxicas hay algunas inocuas, como pasa con las moscas que imitan a las avispas, un ser no venenoso imita a otro que sí lo es para protegerse, entonces hablaríamos de mimetismo batesiano. De ello traté en ESTA OTRA ENTRADA.
Cópula de Corizus hyoscyami sobre las cápsulas de semillas de Halimium. 
Cópula de Corizus hyoscyami sobre una hoja de Halimium.

El nombre científico de la protagonista de hoy proviene de su típica planta nutricia, el beleño negro, Hyoscyamus niger, pero Corizus hyoscyami es lo que los entomólogos llaman una especie polífaga, es decir, que se alimenta de diferentes plantas, aunque como ocurría con Gnapsocoris, tiene preferencia por las que tienen tallos pilosos. En mi jardín así ha sucedido y la he fotografiado sobre jaguarzo y, en menor medida y solamente los adultos, sobre las cápsulas de semillas de las malvas reales,
Alcea rosea, que también tienen mucha pilosidad y las tengo justo al lado de los jaguarzos. Más raramente las veo en otras plantas del entorno a las que llegan volando, pero no parecen ser sus plantas nutricias. De hecho, sólo he visto ninfas sobre el jaguarzo y preferentemente en los capullos y cápsulas de semillas. Son muchos los insectos que se alimentan picando sobre las plantas y atacan con preferencia los capullos de las flores o los frutos donde se están formando las semillas, ya que la planta lleva hasta allí savia cargada de sus más preciados nutrientes.
Corizus hyoscyami en capullo de malva real.
En las fotos se pueden ver ninfas y fases del adulto desde que emerge de la exuvia hasta que se va endureciendo y coloreando su cutícula. Los adultos de tonos amarillentos son inmaduros ya que cuando he observado cópulas siempre era entre ejemplares de colores intensos. He podido hacer seguimiento de ejemplares de color claro que estaban siempre en el mismo lugar de la misma planta y pasan más de dos semanas con el color pardo amarillento. Son capaces de volar, pero realmente no se mueven mucho hasta que no llega el momento de la reproducción y tienen color rojo.
Ninfa de Corizus hyoscyami posiblemente en su última fase.
Corizus hyoscyami, ejemplar adulto recién emergido de su última exuvia ninfal.

Corizus tiene una sola generación anual, lo que se llama especie univoltina, y pasan el invierno como adultos enterrados entre la hojarasca del suelo, para activarse en primavera listas las hembras para hacer las puestas, ya que las cópulas se realizan en pleno verano.  

Edito para añadir la foto de una puesta el 23 de julio del 2025.

Por último incluyo imagen de una de las numerosas abejas que acuden a las flores del Halimium, bien cargada de polen y un detalle de la flor para mostrar su belleza.

Todas las entradas sobre las chinches del jaguarzo blanco  AQUÍ

viernes, 4 de enero de 2019

El hinojo y sus insectos (y 3): Miscelánea

Cierro con esta entrada las dedicadas a la fauna de las plantas de hinojo durante en año 2018. Espero tener la suerte de verme obligado a una nueva etapa este año, bien porque nuevas especies lleguen a esa parte del jardín o porque pueda hacer nuevas e interesantes observaciones que merezcan la pena ser contadas. Vamos a ello:

Sin duda, aparte de las mariposas machaon y la superpoblación de chinches rayadas que mostré en las anteriores entradas, los insectos que más visitaron las flores de hinojo fueron los himenópteros. Pero digo visitaron, con toda propiedad, ya que acudieron a libar el néctar, pero no a desarrollar su ciclo biológico en la planta.
Entre mis favoritas fueron habituales unas avispas cuco, de la familia Chrysididae. Esta familia se caracteriza por parasitar los nidos de otras abejas y avispas. Tengo dudas, pero creo que la de mi jardín es Chrysis ignita, que es depredadora y cleptoparásita, pues se come la larva o el huevo y el alimento almacenado por la madre de su parasitada. La avispa cuco dispuesta a hacer la puesta espera en los alrededores del nido de una abeja solitaria, generalmente Osmia (que cría habitualmente en mi refugio de insectos) u otras Megalichilidae, de las que hacen sus nidos en agujeros de la madera y más raramente a las que anidan en el suelo. Cuando éstas salen de sus nidos, es cuando aprovecha para entrar a poner su propio huevo.
Preciosa avispa cuco Chrysis ignita en el momento de libar de las flores del hinojo.
Entre las fascinantes adaptaciones anatómicas de estas preciosas avispas se encuentran el haber adaptado su aguijón en una herramienta capaz de perforar las paredes de los nidos ya cerrados de sus hospedadoras, para introducir su huevo. También un cuerpo duro capaz de resistir los aguijonazos y mordiscos de otras especies de abejas y avispas que las puedan encontrar en su nido. Esto, ayudado de su capacidad para replegarse haciéndose una bola y protegiendo sus patas y antenas, las convierte en invulnerables a los ataques cuando las encuentran en plena faena. Pero es que además, pueden segregar olores muy parecidos a las de sus víctimas que les permiten salir airosas de sus lances.
Con esas armas hay especies en la familia que son capaces de entrar en nidos de avispas sociales. Toda una proeza si consideramos, además, que tiene un tamaño tres o cuatro veces menor que ellas.

Otra, para mi muy elegante, es la avispa cazadora de arañas, Sceliphron destillatoriumEs un tipo de solitaria avispa alfarera, aunque esa "profesión" no es exclusiva de su familia, Sphecidae, estas se diferencian porque sus presas son exclusivamente arañas.
Con barro recogido de orillas de charcas o arroyos, o tras el riego en el jardín, como es este caso, estas trabajadoras avispas construyen una especie de ánfora donde se dedican a introducir las arañas a las que previamente han dormido de un aguijonazo. Una vez bien repleto el nido ponen un huevo en él y cierran la tapa con un último pegote. En un solo día son capaces de hacer ese trabajo y al siguiente hacen otro nuevo en el que repetirán el proceso. Y así hasta quince pequeñas ánforas adosadas unas a las otras o, al menos, muy cercanas.
Avispa cazadora de arañas, Sceliphron destillatorium, recuperando fuerzas a base de néctar para seguir con su actividad de captura para llenar las despensas para sus futuras larvas. 
Para tener "combustible" para tanta actividad, las avispas visitan variadas flores para libar su nutritivo néctar, especialmente las umbelíferas que con profusión florecen a principios de verano, como zanahorias silvestres y cardos corredores. No puedo asegurar si fue la responsable de la desaparición de una araña napoleón que vivía en el hinojo, a la que veremos más adelante.

Otra avispa alfarera, Delta unguiculatum, esta vez de la familia Vespidae. En algunos documentos y libros aún se puede encontrar incluida en el género Eumenes.
A diferencia de las cazadoras de arañas, las Delta capturan orugas, a las que llevan también a un nido de barro. Las orugas pueden tener un tamaño considerable. Sin embargo los nidos los hace separados unos de otros. Además, el barro, como yo mismo he podido comprobar, lo fabrican a partir de material seco, en caminos y zonas libres de vegetación, y amasándolo con su propia saliva.
Los nidos tienen un curioso remate hacia afuera, como un jarroncito. El huevo lo depositan colgando encima de sus adormecidas presas y al nacer la larva cae sobre ellas.
Avispa alfarera, Delta unguiculatum. No conseguí hacer la foto sobre el hinojo, sin embargo, también se posaba con frecuencia sobre el cercano tejo, que en esos días estaba cubierto por melaza caída de los pulgones que estaban atacando al roble americano, Muchos otros himenópetros y dípteros aprovecharon también esa oportunidad y algunos parecían preferir su melaza al polen de las flores del entorno.
Otra parásita de los nidos y larvas de abejas solitarias es la avispilla del género Gasteruption (no he podido llegar a especie a partir de las fotos). Posiblemente se haya beneficiado también del refugio de insectos donde estas crían. 
Ejemplar hembra de Gasteruption. Puede apreciarse el largo ovopositor.
Es fácil diferenciar los machos de las hembras, ya que estas tienen un largo ovopositor, como se aprecia en la primera foto, que utilizan para llegar al interior de los nidos y depositar en ellos sus huevos. No había vez que me acercase a echar un vistazo al hinojo que no hubiese uno o varios ejemplares de esta especie. Incluso los machos persiguiendo a las hembras.
Ejemplar macho de Gasteruption.
 Al hinojo llegaron unas cuantas especies más de abejas y avispas, aunque no a todas las he podido fotografiar, por no llevar la cámara en ese momento o porque se asustaron y no eran tan abundantes como las especies anteriores. Entre ellas, por supuesto, abejas de la miel, también abejorros, especialmente Bombus, aunque estos parecen preferir otras flores del jardín. También avispas del género Polistes que alternan sus viajes al estanque en busca de agua para hacer su pasta de papel con su alimentación a base del néctar de las flores. Y alguna abeja, como la de la foto siguiente, que aún no he identificado.
Abeja sin identificar.
Curiosamente, cuando las semillas de hinojo estaban maduras, las hormigas del género Messor, se dedicaron a subir a los penachos del hinojo y cortar los tallos que sujetaban las semillas para llevárselas o para dejarlas caer, pues en la parte de abajo había muchas más dispuestas a recogerlas. No creo, sin embargo, que sea un comportamiento cooperativo, sino fruto de la casualidad.

Y cambiando de orden de insectos nos encontramos con los abundantes coleópteros. Solo en una ocasión pude ver sobre el hinojo al cerambícido Agapanthia asphodeli, que cría en los gamones (Asphodelus) que son abundantes en los prados del entorno de mi urbanización. Son escarabajos que se encuentran muy a menudo en flores de umbelíferas y otras plantas con ramilletes de pequeñas flores.
Atractivo y fotogénico Agapanthia asphodeli.
Esta otra especie de coleóptero aún no me la han identificado en Biodiversidad Virtual, que es donde me suelen determinar la mayoría de las especies que encuentro en mis paseos fotográficos.
Coleóptero de la familia Mordellidae sin identificar
No podían faltar, como en cualquier otro rincón del jardín las llamativas mariquitas, bien de la especie más común, la de siete puntos, Coccinella setempunctata, o como la de la foto, Adonia variegata (= Hippodamia variegata). No buscan polen ni néctar, sino lugares donde sean abundantes los pulgones para comerlos y para hacer la puesta y que de ellos se alimenten sus voraces larvas.
Adonia variegata (= Hippodamia variegata).
Pero los pulgones no han sido muy abundantes en el hinojo. He visto dos especies en él. Esta primera Cavariella sp. ...
Pulgón, Cavariella sp.

... y esta otra, que es la ubicua Aphis fabae, muy abundante en mi jardín en gran variedad de plantas.

Madre alada y ninfas muy jóvenes de  Aphis fabae.
Pero claro, además de las mariquitas, en el hinojo crió uno de sus más terribles depredadores, la mosca de la familia de los sírfidos, Sphaerophoria scripta. Las larvas de estos dípteros tienen el aspecto de un gusano verdoso y recorren los tallos de las plantas con pulgones, generalmente desde arriba hacia abajo, pero a veces al revés, comiéndoselos sin que se les escape ninguno (se pueden ver en acción en otra planta en esta otra entrada). 
Larva de Sphaerophoria scripta a la caza del pulgón.
Los adultos (imagos) no son carnívoros como sus hijos, sino que liban el néctar de las flores, pues con su potente vuelo gastan mucha energía,
Sphaerophoria scripta adulta libando néctar de la flor del hinojo.
Otros dípteros muy variados acuden también a las flores, aunque no tengo fotos de todos ellos.
Moscarda verde del género Lucilia, las larvas son carroñeras y detritívoras, pero los adultos chupan el néctar y son muy eficientes polinizadores.
Otro depredador casual, que me hizo particular ilusión encontrar en el hinojo, pero que rápidamente voló a otra planta donde puede fotografiarla, fue esta pequeña mantis de la especie  Ameles spalanzania. Muchas veces he visto hembras en el jardín (imagen de hembra), que no tienen alas desarrolladas (ápteras) pero nunca había encontrado machos, que son mucho más activos y de menor tamaño.
Macho de Ameles spalanzania
Aparte de las chinches rayadas de la especie Graphosoma italicum que desarrollaron todo su ciclo biológico en el hinojo y que ahí sigue algún ejemplar adulto pasando el invierno en él, otros himenópteros pasaron por aquí, como el también colorido de rojo y negro Lygaeus equestris...
Lygaeus equestris
... y este otro,  más modesto de coloración y parecido a los Graphosoma en su diseño, Tholagmus strigatus, identificado  por Marcos Roca-Cusachs en el grupo de facebook sobre hemípteros.
Tholagmus strigatus.
Y para finalizar, saliendo del grupo de los insectos, entre las flores del hinojo han vivido varios ejemplares de araña Napoleón, Synema globosum. Es un depredador que caza al acecho a los insectos voladores que acuden a las flores. La gruesa hembra de la siguiente fotografía la pude seguir durante muchos días. A veces, mientras la observaba o fotografiaba se cambiaba de rama o se dejaba caer donde no la podía seguir entre la maraña de ramas y hojas, pero si me alejaba un poco, en menos de cinco minutos, había subido de nuevo a su lugar de caza habitual a través de un hilo de seda, a modo de la cuerda de seguridad de un escalador.
Araña Napoleón, Synema globosum hembra.
También observé un ejemplar macho, mucho más difícil de ver por su pequeño tamaño. Unos y otras puede ser de variados colores, especialmente blancos y rojos, nada tienen que ver con sean de uno u otro sexo, pero el tamaño sí.
Araña Napoleón, Synema globosum macho.

jueves, 19 de febrero de 2015

¿No hay nada en enero?

-->


El frío y las nieves de febrero nos han hecho olvidar muy rápidamente que hemos tenido un mes de enero casi primaveral. Con el título de esta entrada en Biodiversidad Virtual han retado a sus colaboradores a conseguir fotografiar, entre todos, al menos 2015 especies diferentes durante ese primer mes del año. Es una típica queja de los naturalistas que en pleno invierno hay poco que ver y hay que reconocer que en ciertas zonas es complicado ver insectos o flores. Sin embargo, este mes de enero se ha portado como para ayudarnos a lograr ese reto con tiempo cálido e incluso seco.
Issoria lathonia.

La zona donde vivo no es la más adecuada porque el clima es bastante extremo, así que no puedo presumir de haber contribuido mucho a conseguir el reto de BV, pues no he llegado a las 60 especies y la mayoría son repetidas con las que han visto otros compañeros. Si embargo sí he hecho el esfuerzo de fijarme más y darle uso a la cámara del teléfono que siempre llevo encima, aunque solo fuese en mis paseos mañaneros de fin de semana para ir a comprar el pan o rebuscando en el jardín, y hasta me he llevado alguna que otra sorpresa y desde luego, he aprendido algunas cosas.
Lycaena phlaeas.

Ver mariposas en enero no es lo más normal, sin embargo, en varios paseos he podido encontrarme con estas dos especies Issoria lathonia y Lycaena phlaeas. Me he dado cuenta que los ejemplares de I. lathonia son mucho más pequeños que los que he fotografiado en otras ocasiones, en primavera o en pleno verano. Volaban incluso a bastante altitud, las he visto a casi 1.400 metros en la madrileña Sierra de los Porrones, la continuación de la Pedriza hacia la Maliciosa. Pero más impresionante que ver mariposas ha sido encontrarme en ese mismo lugar con una jara pringosa, Cystus ladanifer, florecida, nada más y nada menos que el 8 de enero, muchos meses antes de lo que le corresponde.
Jara pringosa, Cystus ladanifer.
Y muy cerca de ella, también en plena montaña, una caléndula.
Calendula arvensis

Una de las flores en las que libaban las mariposas era el romero, que igualmente estaba florecido en la cañada que discurre entre Cerceda y Colmenar Viejo. Allí también estaban buscando su comida las abejas de la miel.
Romero, Rosmarinus officinalis.


He encontrado otras flores, pero me han extrañado menos porque sé que son más oportunistas, que aprovechan el momento para reproducirse y por ello las encontramos en las cunetas de las carreteras, en cualquier rincón con tierra de pueblos y ciudades y claro, en mi propio jardín. A este grupo pertenecen los dientes de león, los geranios silvestres y las malvas, entre otras.
Erodium cicutarium.

Malva sylvestris.

Diente de león, Taraxacum sp.

Veronica sp.
Y volando entre ellas, como no, alguna es esas moscas que tan bien saben imitar a las avispas.
Sírfido o mosca de las flores, Eupeodes sp.

Típico de los días soleados de invierno es encontrar pequeños reptiles que habitan en los roquedos. Las rocas y los muros de las casas se calientan mucho más que el aire y suelo circundante y eso les permite activar su metabolismo y espabilarse lo suficiente como para salir a cazar los insectos que se encuentran en sus mismas circunstancias. Así, en los muros de mi casa he podido ver a las lagartijas ibéricas, que ahora me tengo que acostumbrar a llamar Podarcis guadarramae (antes P. hispanica).

Y bajo las piedras del campo, un ejemplar activo de culebrilla ciega, Blanus cinereus.
... A la que acompañan lombrices, litobios, escarabajos, arañas, hormigas y otros invertebrados que en lugar de profundizar su enterramiento en el suelo para alejarse del frío, se acercan a la superficie bajo las soleadas piedras para calentarse.
Tenebriónido Scaurus puncatatus, que tiene la costumbre de agruparse en sus refugios bajo troncos y rocas.
Y también las buenas madres de las tijeretas, a las que encontré en sus nidos bajo piedras con sus puestas y con las ninfas ya bastante crecidas.
Hembra de tijereta, Forficula auricularia, en su nido con dos tamaños de ninfas, posiblemente fruto de dos puestas, a los que cuida.

Pero las que nunca fallan son las moscas, cuyos ciclos no tienen tanto que ver con periodos del año concretos sino con la disponibilidad de alimento. Por muy malas que sean las condiciones, siempre saben encontrar el rincón adecuado, dentro o fuera de nuestras casas.
Calliphora vicina, una de las especies necrófagas más utilizadas por los entomólogos forenses para determinar el tiempo de la muerte de un cadáver.  


También se me antoja que he visto muy temprano a las cigüeñas preparando sus nidos, pues estaban crotoreando ya las parejas y acarreando palos a su gran construcción en los pueblos de El Boalo y Cerceda.
Cigüeñas blancas, Ciconia ciconia, crotoreando en el nido mientras otro ejemplar las estaba sobrevolando. Al hacerlo muestran las manchas negras de la parte inferior de su pico. Tejados del pueblo de El Boalo, 8 de enero.

Otras plantas y animales cumplen sus ciclos con más normalidad, como por ejemplo los enebros que estaban dispersando su polen...
Enebro de la miera, Juniperus oxycedrus, en el momento de dispersar polen por una racha de viento.

 ... mientras que en las ramas de los ejemplares hembra los frutos del año anterior maduran ...
Frutos maduros de enebro de la miera, Juniperus oxycedrus.

... tanto el enebro de la miera como el común...
Enebro común, Juniperus communis.

... y ofrecen alimento invernal a aves y mamíferos, entre ellos al señor raposo, que deja así sus restos.
Mientras, en un rincón soleado, junto a una charca creada en una cantera abandonada, se abren los frutos del problemático estramonio, que hace unos años provocó unas cuantas intoxicaciones a los que jugaba a aprendices de bruja.
Cápsula de semillas de estramonio, Datura stramonium.

Las chinches, como otros insectos voladores, se esconden en grietas de los troncos de los árboles y maderas de construcciones, así como bajo tejas y entre ladrillos pero se dejan ver los días soleados. 
Rhaphigaster nebulosa.
Y así encontré a la chinche de los piñones, Leptoglossus occidentalis, en una doble ventana de El Ventorrillo, como el año pasado, cuando lo conté en el blog AQUÍ. Igual que esta otra especie que tiene la misma costumbre de acercarse al calor de las casas metiéndose en la zona de las persianas o en las grietas de los marcos de las puertas.
Rhyparochromus pini.

En cuanto a las aves, en el jardín llegan los carboneros, que en cuanto hace frío se acuerdan de que aquí hay comida, y un solitario petirrojo, menudos son ellos como para compartir espacio con sus congéneres, acompañando a los habituales gorriones, tórtolas y urracas.
Petirrojo, Erithacus rubecula, siempre alerta, sobre uno de los comederos del jardín.
Por último, como siempre, agradecer a los expertos de Biodiversidad Virtual su ayuda en la determinación de las especies de plantas e invertebrados a las que no llegaban mis conocimientos.