martes, 31 de agosto de 2010

Día de orgía para las chicharras montañeras

 

Termino con los apuntes de un día de campo muy productivo, a mediados de agosto, entre La Najarra y el pico de los Bailanderos. Además de las arañas y mariposas, de nuevo me encontré con unas viejas conocidas, Lluciapomaresius stalii (antes llamada Steropleurus stalii), que ya vimos el año pasado y ya mostré en esta entrada "La chicharra montañera". Entonces era el momento de hacer la puesta, en pleno mes de octubre, en Siete Picos. Ahora encontré una nutrida reunión de ejemplares subidos en los piornos. Y aunque no me miraban con buenos ojos, las fotografié sin reparo.
Hembras y machos cantando, se dedicaban al cortejo y cópula. Aunque no pillé a ninguna pareja en el momento de más intimidad, por su abundancia puede fotografiar sin molestar a ejemplares de ambos sexos y las dos coloraciones principales, desde el verde hasta el pardo, casi negro.
Las hembras, como ya vimos en la otra entrada, tienen esa especie de estilete, ovopositor, para hacer un agujero en el suelo y poner en él los huevos. Los machos, en cambio, como podemos ver a continuación, carecen de él.
Ejemplar macho

Hembra verde

Hembra oscura.

Pero ¿que es lo que tiene esa hembra al final del abdomen? A primera vista nos puede parecer que son huevos, pero estando el animal en las ramas del piorno no tiene lógica, porque los ponen enterrados en el suelo. Esa extraña masa gelatinosa es un espermatóforo, es decir un paquete repleto de espermatozoides acompañado de sustancias nutritivas. La hembra irá absorbiendo su contenido para fecundar los huevos. Una vez cumplida su función, parece ser, que no es raro que la hembra consuma los restos de espermatóforo. Igualmente, muchos animales mueren tras las agotadoras sesiones reproductivas y las hembras supervivientes no desaprovechan la ocasión de consumirlos, pues son depredadores y, si se tercia, caníbales.
Unos días después, con ganas de estrenar un nuevo flash, volví a recorrer los piornales en busca de las hembras fecundadas, por si ya estaban poniendo los huevos, y ... ¡absoluto fracaso! Tras dos horas dedicadas únicamente a la búsqueda en los mismos piornos donde había visto la fiesta, renuncié al intento y volví cabizbajo al coche, para encontrarme un solitario macho justamente en el borde del aparcamiento, encaramado a un senecio, y rodeado de basura. Quizás a mediados de octubre, igual que el año pasado, sea cuando vuelvan a salir. No os quepa duda de que lo voy a intentar de nuevo.
Por último, una advertencia: Hay muchas especies muy parecidas, como Ephippiger diurnus, que es también bastante abundante en la Penínsua Ibérica, pero no es tan propia de alta montaña como la protagonista de hoy. Además, Lluciapomaresius stalii es muy abundante en el Sistema Central y, casi con seguridad, las chicharras que veamos en montaña en esta zona serán de esta especie.
Para los que tengan dudas os invito a buscar las dos especies en la web de biodiversidad virtual, para intentar apreciar las diferencias de la mano de un verdadero experto.

domingo, 22 de agosto de 2010

La mariposa de montaña y el viento

Siguiendo con los bichos observados en la zona del Puerto de la Morcuera el domingo pasado, hubo un acontecimiento que me llamó la atención y me parece interesante anotar en este cuaderno de campo compartido.

Si bien el ascenso al Pico de los Bailanderos fue agradablemente fresco, sin apenas una leve brisa, de la bajada no pudimos decir lo mismo. El momento de pasar por las laderas de La Najarra, que es cuando pensaba entretenerme con la cámara, comenzó un incómodo viento que no me dejaba hacer fotos de insectos con tranquilidad. A pesar de todo me armé de paciencia e intenté hacer las que pude. No puedo decir que los resultados fuesen muy destacables, pero, como de costumbre, me excuso en su valor documental y no artístico, que es lo que se pretende.

Una de las mariposas que volaban este día en lo alto de la Sierra, era el ninfálido Melanargia russiae, conocido como medioluto montañera. Así posada en el suelo tomaba el sol, justo cuando empezó el viento y la mariposa fue arrastrada ladera arriba.Para localizarla cada vez que emprendía el vuelo me ayudaba mi hija que en un determinado momento, con gran sorpresa, exclamó: ¡ha caído muerta!

En efecto, esa es la sensación que producía y así lo repitió otras tres veces más. Cada vez que el viento arreciaba se dejaba caer al suelo de golpe y se tumbaba. Eso me permitió hacer la foto del reverso de las alas para asegurar su identificación. No se si será una estrategia doble, protegerse del viento y hacerse la muerta camuflada en el suelo, que era de color muy parecido, o solo por una de las razones, pero evidentemente se trata de un comportamiento de la especie que repitió varias veces.
Se ve que el ejemplar tiene las alas desflecadas y bastante descoloridas, mediados de agosto es el final de su ciclo de vida y estas serán las últimas que veamos este año. Las orugas pasarán el invierno escondidas entre las gramíneas de montaña que son sus plantas nutricias, bajo la nieve y el hielo. Esta es la medioluto ibérica más típica de las montañas. A medida que bajamos la veremos coincidiendo con otras especies más cosmopolitas, pero en lo más alto, solo queda ella.
Otro ninfálido de alta montaña es Satyrus actaea, al que dan el gracioso nombre común de sátiro negro.
Gracias a que había una buena cantidad de ejemplares en un lugar resguardado del viento, pude hacer alguna foto más decente. Esta especie, de biología muy parecida a la anterior, está también al final de su periodo de vuelo que se inició en el mes de julio. A las especies de montaña solo les da tiempo para una generación.
En la foto de arriba, en segundo plano, se asoma un ejemplar hembra que es de colores más claros y contrastados que el macho, que puede verse en la foto inferior.

El verano pasado ya hice un par de entradas con las mariposas de montaña como principales protagonistas, pero no sobre estas dos especies:

lunes, 16 de agosto de 2010

Eresus, una araña con vida familiar

Estamos acostumbrados a leer y escuchar las terribles historias de "viudas negras" que se han comido a sus maridos en el mundo de las arañas. No seré yo quien asegure que esto no pueda terminar ocurriendo en la especie que ayer encontré en uno de nuestros paseos por la Sierra de Madrid, pero la literatura especializada dice que en esta especie macho y hembra viven juntos compartiendo nido durante una buena temporada.
Esta bonita araña con algo más de un centímetro de longitud es un macho de la especie Eresus kollari, hasta hace poco denominada Eresus cinnaberinus, y que en libros y artículos con algunos años se encontrará con el nombre de Eresus niger.
Las hembras de esta especie son casi el doble de grandes pero no tienen el abdomen tan coloreado, son de color negro o gris muy oscuro, aunque algunas tienen los quelíceros rojizos.
Para los que nos gustan las arañas pero no hemos profundizado en el conocimiento e identificación de las numerosas especies existentes, esta es de las más agradecidas ya que se distingue a primera vista y por mucho que sean raras, con esos colores se ven fácilmente en los paseos camperos.
Esta se me cruzó en el camino en las faldas del pico de La Najarra, cerca del Puerto de la Morcuera. La mayor parte de las citas que he encontrado en España se refieren a encuentros en zonas de montaña. Yo la he visto alguna vez en mi jardín, que está a algo más de 1.000 m sobre en nivel del mar y el resto de las veces siempre a mayor altitud.Como puede observarse es algo así como una versión miniatura de las grandes y peludas arañas tropicales, destacando unos quelíceros muy desarrollados, lo que nos indica que la inmovilización de sus presas no depende de la tela de araña sino de hacer un buen agarre e inyectarle suficiente cantidad de veneno. Las Eresus viven en túneles forrados de seda de unos 10 cm de profundidad, que se esconden entre piedras y raíces de plantas. El cono de entrada está muy poco desarrollado, no es tanto una tela de captura como de aviso de que una presa pasa por allí. Las presas suelen ser animales de vida terrestre como pequeños escarabajos, otras arañas y miriápodos.
A finales de verano los machos deambulan buscando el nido de una hembra y es cuando más fácilmente pueden encontrarse. No tienen que temer tanto como otras arañas a sus grandes parejas porque de hecho, se quedan a vivir con ellas y comparten su comida. Parece que una vez cumplida su obligación reproductora pueden llegar a ser comidos, aunque no está claro que no sea después de morir, ya que tras la reproducción, en cualquier caso, suelen morir.
La hembra pone los huevos en un paquete forrado de seda y los mete o los saca del túnel según la meteorología para que siempre tengan las mejores condiciones de temperatura y humedad. Cuando las crías nacen, viven junto a su madre y así pasan el otoño e invierno compartiendo todas el mismo nido. Es posible que la madre muera de vieja en este periodo (a la edad de cuatro años) y entonces sus crías la aprovechan como comida disponible de la misma manera que ella hizo con su marido.
Según (en el 2010) el banco de datos de la fauna ibérica y la web de arácnidos ibéricos en la Península hay dos especies más del mismo género: E. solitarius y E. sedilloti. También hay referencias de una especie que procede del norte de África: Eresus albopictus.
Una especie más de un género de la misma familia, aunque no tan coloreada, se encuentra en la mitad sur peninsular: Stegodyphus lineatus. La familia de los Erésidos, cuenta con unas 100 especies de distribución africana y euroasiática.
Edito para añadir una cita que había leído pero no había podido comprobar:
En su libro "El jardín de los dioses", el tercero de la trilogía de Corfú, Gerald Durrel dedica unas deliciosas páginas a la especie Eresus niger, aunque mucho me temo que en las islas griegas no sea esta la especie presente según la nomenclatura actual.

sábado, 24 de julio de 2010

Una existencia al límite: Las siemprevivas

Siempre me han gustado las plantas rupícolas. Son seres adaptados a condiciones límite, tanto en la alta montaña como en latitudes bajas. Se conforman con un mínimo de tierra de la que extraer los nutrientes y aguantan los fríos, la insolación, la nieve y la sequía. Es más, contribuyen a la formación de suelo entre sus raíces y bajo sus hojas, facilitando que otras especies puedan colonizar esos espacios. Ya he tratado en otras entradas sobre los Sedum, que son de la misma familia y parecidos hábitats, pero hoy les toca la vez a las siemprevivas.
Igual viven en un cortado rocoso que en un muro o incluso en los tejados. Este último lugar, por cierto, se ha favorecido por la creencia de que bajo sus aleros, protegen las casas de los rayos durante las tormentas.
Pertenecen al género Sempervivum, incluido en la familia Crassulaceae.
Dos especies mantengo en las rocallas de mi jardín, son especies ibéricas, pero yo las he comprado en el vivero. Sí es verdad que alguna vez las he visto en la naturaleza, pero no me he decidido a recogerlas.
Sempervivum tectorum
La más abundante y fácil de mantener. Se caracteriza por presentar rosetas bastante grandes, comparadas con otras especies, y por tener ápices de las hojas de color rojizo, la mayoría de las veces.Todas las siemprevivas producen abundantes hijuelos en su base mediante estolones y tienden así a cubrir las rocas sobre las que viven. Algunas de estas pequeñas rosetas se sueltan de la planta madre y pueden rodar y colonizar nuevos rincones. Sin embargo, también les llega el momento de la reproducción sexual y entonces se empieza a alargar el tallo... ... hasta formar un ramillete de flores. Aunque el desgaste que sufre la planta hace que la roseta de la base termine muriendo.
Esta especie es quizás la que más abundantes flores produce y la que más abre su ramillete.
Sempervivum arachnoideum

Su nombre proviene de los pelillos que cubren las hojas, que dan la impresión de que una araña ha tejido sobre ella su tela. Si bien en la naturaleza apenas supera los dos centímetros el diámetro de su roseta, en los ejemplares de jardinería, posiblemente híbridos, superan al doble y triple ese tamaño.
En la naturaleza suele ocupar sustratos ácidos pero en jardín, las fotos que pongo a continuación demuestran que sobre roca caliza viven sin problemas. Es más montana que la especie anterior, aunque artificialmente puede colonizar muchos otros sustratos.Las flores de esta especie son más grandes que las de tectorum, pero su ramillete floral es más compacto.
Como en la anterior, la roseta madre termina por morir, aunque eso no nos debe preocupar porque entonces aprovecharán para crecer los hijuelos que hay alrededor de su base.
Creo que la única manera de matar a las siemprevivas es encharcando su base. Parece ser que son bastante propensas a ser atacadas por hongos. Por eso, entre rocas y con un buen drenaje, aunque se mojen a diario, se desarrollarán sin problemas.
Como siempre digo, este no es un blog de jardinería, hay muchos otros lugares en la red donde encontrar información sobre las mejores condiciones de cultivo y las muchas variedades de terraza y jardín.
Aparte de las variedades cultivadas hay cinco especies ibéricas, las ya mencionadas, S. montanum, S. vicentei y S. minutum, más varios híbridos naturales, aparte de otra especie, S. calcareum, que puede que se encuentre en la Cordillera Cantábrica o en Pirineos. Es muy parecida a S. tectorum pero con flores de color blanco-amarillento. Sus poblaciones más próximas están en el Sur de Francia.

domingo, 4 de julio de 2010

Nenúfares, ninfas de estanque en el jardín

Sin duda los nenúfares son unas de las flores más bellas que se pueden tener en un estanque de jardín. Los antiguos naturalistas que le dieron nombre, seguramente antes que Linneo, en un arrebato de romanticismo asociaron esta belleza con las mitológicas ninfas. Estas se relacionan con los medios acuáticos, siendo protectoras y con capacidad de despertar los acontecimientos naturales, como la floración, fructificación y germinación de las semillas.

El nombre científico es Nymhaea alba, pues blancas son las flores de la especie silvestre en Europa y norte de África. Sin embargo, en jardinería, por selección e hibridación con especies exóticas, se han conseguido gran variedad de colores y tamaños de flores y hojas. Sus flores se suelen autofecundar, pues aunque también puede haber insectos que lo polinicen, yo nunca los he visto hacerlo. Igualmente tampoco puedo decir que hayan producido semillas en mi estanque, pues si bien la literatura dice que madura en el agua y que las semillas germinan sumergidas, la información que tengo de algún experto en estanques es casi contraria. Es decir, que fructifican, maduran y luego germinan solo cuando el nenúfar queda en seco. Esa teoría me gusta más, pues encaja muy bien con una forma lógica de supervivencia: reproducirse asexualmente cuando las condiciones son buenas, es decir cuando permanece sumergida la planta y sexualmente cuando hay sequía, siendo la semilla una forma de resistencia. Pero no puedo decir que sea más cierta una que la otra.
Además de nenúfares blancos, amigos "estanqueros" me regalaron plantas de flores amarillas y rosas que no me canso de admirar cada primavera hasta prácticamente entrado el otoño.
Flores de ida y vuelta

Los nenúfares tienen la curiosa costumbre de cerrarse a la caída de la tarde. Precisamente, uno de los mejores recuerdos que tengo de esta planta es cuando lo vi por primera vez en unos largos estanques que antes había en el parque de El Retiro de Madrid. A medida que avanzaba la sombra sobre decenas de flores, éstas se iban cerrando para pasar la noche a buen recaudo.

Ahora he podido disfrutar de ese espectáculo en numerosas ocasiones en otros lugares y en casa, pero no deja de encantarme. Es curioso que los días nublados las flores se abren como todos los días, pero no sienten de igual manera la caída de las sombras y se cierran mucho más tarde. Posiblemente sus "detectores de luz", que ponen en marcha el cierre de las flores, no funcionen por la propia intensidad lumínica ni por el tiempo transcurrido, sino por contraste sol/sombra. O quizás es que la ninfa se distrae. Las flores duran hasta una semana abriéndose y cerrándose cada día.

Otra anécdota relacionada con esto es que cuando viajé al Amazonas pude observar las enormes hojas y flores de la hermana mayor de nuestros nenúfares, la impresionante Victoria regia. Esta especie es de floración nocturna y tiene la curiosidad de que las flores al cerrarse atrapan a unos escarabajos que tienen que quedarse todo el día dentro. Así se cargan de polen, para que la noche siguiente fecunden las primeras flores donde se posen.

Cualquiera que haya cultivado nenúfares en su jardín y los haya sacado para limpiarlos o dividirlos, habrá podido observar sus rizomas, gruesos, carnosos y retorcidos, que resultan algo denterosos. De ellos salen numerosas raíces también bastante gruesas que tienen una impresionante capacidad de agarrarse a los cantos rodados del fondo. De esa manera supongo que los nenúfares silvestres se lastran para no ser arrastrados cuando hay riadas. Sacar un nenúfar que lleva varios años en un estanque es toda una aventura, pues se apoderan de todas las macetas y piedras formando un entramado casi imposible de dividir, si no es atancándolo con cuchillos bien afilados.
No he leído nada sobre esta manera de atrapar las piedras ni en libros ni en páginas web, en cambio, si repiten muchas otras cosas. Una de ellas, es que "los tallos subterráneos son usados a veces como alimento en el norte de Europa". También suele decirse que en los conventos se utilizaba como antiafrodisíaco, para aplacar los ardores sexuales de los monjes y mantenerlos lejos de "las otras ninfas". Al parecer para ello se usaban las flores en infusión. También se dice que las semillas tostadas pueden ser un sustituto del café.

Los conventos, en efecto, tenían estanques con nenúfares. En ellos cultivaban principalmente carpas y tencas, para poder comer pescado fresco y propio en tiempos de cuaresma, en los lugares donde no había mar cerca.
También en nuestra geografía hay un nenúfar de flores amarillas, aunque más discretas, que no he conseguido adaptar a mis estanques, que es Nuphar lutea.

Como puede verse en la última foto, el mayor destroza-nenúfares es una buena tormenta de granizo. Por lo demás los nenúfares son el posadero preferido para las ranas, libélulas y muchos otros insectos acuáticos, son un salvavidas para los animalillos que puedan caer al agua y sombrean en estanque evitando el excesivo desarrollo de las algas. Son un punto de atracción en el jardín y, como las ninfas mitológicas, anuncian la primavera.

domingo, 13 de junio de 2010

Las víboras hocicudas y yo en Telemadrid

Como os anuncié hace unas semanas, el domingo 23 de mayo se emitió un programa de la serie "Instinto Animal", en Telemadrid en el que participé hablando de las víboras madrileñas. El programa trataba sobre animales venenosos en general y llevaba por título "Dáme veneno".

El programa completo tiene una media hora de duración y mi participación unos diez minutos. El resto del programa trata de serpientes exóticas, escorpiones y arañas principalmente, más bien dentro del campo de la terrariofilia, que no es tema de este blog. Dado que Telemadrid no tiene una videoteca consultable on line para poderos remitir a ella, que creo que sería lo adecuado y legal, me limito a poneros mi colaboración.

Para lo que es ese programa, con continuos movimientos y cambios de plano, que me dejaran permanecer tanto tiempo hablando de lo mismo es muy de agradecer. La verdad es que me lo pasé bien con los técnicos (cámara y sonido) y con la presentadora, Carolina Rueda, a pesar de que el tiempo no acompañó y, como era de esperar, no vimos ninguna víbora.

El 30 de abril, que fue el día de la grabación, amaneció nevando en la parte alta de la Sierra de Guadarrama y tuvimos que optar por refugiarnos en algún valle de la vertiente sur donde sabía que se habían visto víboras. Fue imposible, un viento muy fuerte, lluvia intermitente e incluso granizo no es lo más adecuado para que las serpientes salgan a pasear. Y eso que la época es la propicia para haber visto peleas entre machos, cortejos y cópulas. Salir a ver serpientes es una utopía, pero ir a ver víboras y grabarlas en solo tres horas es de ilusos.
Me grabaron contando muchas cosas que no han sido emitidas. Entiendo que para el público general no tienen tanta importancia y se ha seleccionado lo más representativo. Además, me habría comido el programa entero, que tampoco es plan. Por eso hago esta entrada, fundamentalmente para completar las cosas que allí no aparecen.
En la Península ibérica hay tres especies de víboras:
- Vipera seoanei que se distribuye por la cordillera cantábrica, que fue muchos años confundida con la especie del resto de Europa, Vipera berus. Es la más grande, pero quizás la menos venenosa.
- Vipera aspis, de distribución pirenaica, la más agresiva y pequeña, y
- Vipera latasti, la víbora hocicuda, la que tenemos Madrid y por eso la protagonista del programa, que se distribuye por todo el resto de la Península.

En realidad, decir que se distribuye por toda la península es una ilusión, pues sus poblaciones son escasísimas, aisladas y en muchos lugares en peligro de extinción. Por cierto, ese mapa procede del Atlas y Libro Rojo de los Anfibios y Reptiles de España que la Asociación Herpetológica Española hizo para el Ministerio de Medio Ambiente y se publicó en el 2002.
Centrándonos en Madrid, el mapa que muestro más abajo procede de un atlas del que fui autor en el año 1988. Dudo mucho que sea representativo de las poblaciones actuales. Las víboras hocicudas se van quedado el poblaciones aisladas en las montañas (Peñalara, Cuerda Larga, Siete Picos, Peguerinos), quizás baje por el límite con la provincia de Ávila y en la Sierra Norte, junto a Guadalajara, donde posiblemente estén las poblaciones más estables.

Uno de los temas que para mí son más interesantes de la biología de las víboras, y que no aparece en el programa, es su ovoviviparismo. Esto quiere decir que los huevos se incuban en el interior de la hembra. Las especies ovovivíparas suelen tener menos crías que las que ponen huevos, la eclosión está más asegurada, pero la madre dedica más esfuerzo a su cuidado. La hembras cargadas de huevos son más torpes y tienen que pasar más tiempo tomando el sol. Eso, como comento en el vídeo, las lleva a permanecer en carreteras y caminos despejados más de lo recomendable para su seguridad.
El ovoviviparismo ha permitido que algunas especies ocupen distribuciones geográficas más frías que el resto de los reptiles, tanto en latitud como en altitud. En España tenemos el caso de las víboras, además de la lagartija vivípara, Zootoca (=Lacerta) vivipara, y del lución, Anguis fragilis. Igualmente esas especies, aunque cambiando nuestra víbora por V. berus, son las que en Europa suben más al Norte, incluso hasta el Círculo Polar. Y lo mismo ocurre con las salamandras, pero eso será tema de otra entrada.

¿Cómo es posible esto? Pues casi con seguridad porque al ser la madre la que traslada los huevos en su interior, los pone a salvo de posibles heladas e inundaciones y con su búsqueda activa de los lugares soleados, hace posible que se incuben en un tiempo prudencial. Quizás esa adaptación al medio frío sea una de las causas de su futura extinción, debido al cambio climático, como hace unas semanas se nos dijo en un estudio científico realizado con lagartos de todo el mundo.
No voy a repetir más cosas de las que se dicen en el vídeo, pero para diferenciar a las víboras de las culebras, dejo un dibujo que hice para otro de mis trabajos, el libro "Los Anfibios y Reptiles de
Madrid(1989).A la izquierda se ve a la culebra viperina, Natrix maura, distinguiéndose las grandes escamas de la cabeza, y a la derecha la víbora, con la pupila vertical y las escamas cefálicas pequeñas.

También saco del mismo libro una foto de hocicuda que hice en Cabezas de Hierro. Estaba en medio del camino de Cuerda Larga y Javier Barbadillo, que iba delante de mí, pasó sobre ella sin enterarse y sin que ella se asustara. Puede verse otro carácter distintivo: en una parte del cuerpo, cerca de la cabeza, la línea negra es en zig-zag, pero hacia medio cuerpo esa línea se convierte en una sucesión de círculos u óvalos, como un rosario. El zig-zag, además, es un carácter compartido por otras especies inofensivas.
Hay muchas víboras melánicas, luego si vemos una serpiente completamente negra es muy posible que se trate de una víbora.

Por último, la recomendación: Cuando veas una serpiente en el campo, no te acerques para apreciar esos detalles, déjala tranquila y observa desde prudente distancia. Todas tienden a huir, quizás las víboras sean las de respuesta más lenta, pero una vez superada una distancia mínima estamos expuestos al ataque.

martes, 8 de junio de 2010

El estornino de cola blanca

En una de mis primeras entradas, hace más de un año, mostré un gorrión con plumas blancas en un ala y comenté que tenía controlado a un estornino con la cola blanca que no había podido fotografiar decentemente. Hoy os lo puedo enseñar.
No es que estas fotos sean buenas, pero valen para documentar la presencia de tan curioso animal. Aparco casi a diario frente a la casa donde está la entrada del nido, entre una viga y el muro de la fachada. La casa quedó a medio construir y las aves tienen relativa tranquilidad. A una distancia prudencial, impuesta por la propia parcela, puedo observar el trajín de idas y venidas del pájaro trayendo comida a sus hijos. Si no salgo a dar un paseo, como allí espero a que mi hija salga del colegio, durante unos 20 a 25 minutos, puedo dedicarme a controlar la frecuencia de entradas.Descubrí tan singular ave en el año 2007 y luego en el 2008 volví a verla anidando en el mismo lugar. En cambio, en 2009 el nido fue ocupado por una pareja de estorninos de coloración normal y, por cierto, fui testigo de como fue depredado por una urraca.

Este año ha vuelto a ocuparlo la "estornina" de cola blanca. ¿Pero por qué digo estornina? Pues supongo que es una hembra porque en el 2008, que fue el año que mejor pude verla, controlé el número de cebas que hacían los dos miembros de la pareja y mientras que el de cola blanca entraba en el nido cada cuatro minutos por término medio, el ejemplar ¿macho? de coloración normal, lo hacía cada 15-20 minutos al menos. Sin embargo, mala suerte, fue el único que conseguí fotografiar decentemente, es éste de la foto siguiente.

Ahora anda de nuevo criando la estornina de cola blanca, pero aún no he visto a su pareja. Ignoro si hace caso omiso de sus hijos, si ha muerto o si no he estado observando el nido el tiempo suficiente.

A veces es impresionante lo poco que tarda en volver después de una ceba, apenas dos minutos. Supongo es que cuando encuentra una fuente abundante y cercana de alimento. Como es tan fácil de identificar, la he reconocido al verla en el césped de un jardín a apenas 200 metros, buscando lombrices, y también en un rincón de otro jardín de la misma urbanización donde ponen comida para los gatos callejeros en lo alto del muro. Gran número de pájaros se aprovechan de la situación, especialmente urracas, mirlos y, como no, los estorninos.

El nombre científico de los estorninos negros es Sturnus unicolor, pero ésta no hace honor a su nombre, más bien sería un "Sturnus bicolor".

Más información sobre este estornino en la siguiente entrada del 2011
http://notasdecampoyjardin.blogspot.com.es/2011/05/otra-vez-el-estornino-de-cola-blanca.html