lunes, 30 de septiembre de 2013

El vuelo de la libélula azul

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Una nueva entrada sobre insectos, no lo puedo evitar, el tiempo cálido es su momento y hay que aprovecharlo, que el otoño no solo astronómico, sino también climático ya está aquí. Este domingo apenas salió el sol salí un rato al jardín y, dando vueltas al estanque, había un precioso macho de libélula de la especie Aeshna mixta. Me faltó poco para correr a por la cámara provista de objetivo zoom para poderla captar en vuelo. Nunca antes había visto esta especie en el jardín, Generalmente el estanque está dominado por una especie parecida pero que es aún de mayor tamaño: Anax imperator, de la que he hablado varias veces en este blog (1 y 2). Además, han visitado y criado en mi jardín algunas otras libélulas (Anisopteros) de menor tamaño (Sympetrum striolatum y Libellula depressa), que yo haya podido identificar, y al menos cuatro especies de caballitos del diablo (Zigópteros) (3), a los que este año tengo que sumar otra del género Lestes, que lamentablemente no he podido fotografiar ni determinar la especie.
Libélula Aeshna mixta, posición alas delanteras abajo, alas traseras arriba. 

A pesar de que la luz del sol iba y venía a capricho y que la libélula no paraba quieta, en alguno de los momentos en que se cernía sobre el agua del estanque conseguí hacerle algunas fotos que se vieran medianamente bien. Para poderle "parar" las alas y que saliesen enfocadas, la velocidad ha tenido que ser 1/1.600 segundos, con lo que el diafragma se queda tan abierto como un 5,6 y es fácil cometer errores. Porque forzosamente el enfoque tiene que ser manual, el automático se va a enfocar el fondo y no al bicho que no para de moverse. 

Libélula Aeshna mixta, posición alas delanteras arriba, alas traseras abajo. 
Así, viendo las fotos mejores o peores, algunas de las cuales no he puesto aquí, he podido darme cuenta de la forma de volar de este maravilloso insecto. Lo más llamativo es que el par de alas delanteras y traseras no se mueven a la vez, sino que se alternan, cuando suben unas bajan las otras. O al menos, eso es lo que hacen cuando están paradas en vuelo estacionario.  
Libélula Aeshna mixta, posición alas delanteras arriba, alas traseras abajo. 
También me llama la atención que en el momento de cruzarse, los dos pares de alas están en posición vertical, minimizando las posibilidades de que se tropiecen y, supongo, en una posición que ofrezca poca resistencia al aire cuando de lo que se trata es de mantenerse suspendida en el aire. Quizás cuando estén en movimiento eso no ocurra de la misma manera.
Libélula Aeshna mixta, posición  de cruce de las alas. Los dos pares en vertical. 
Podríamos deducir que existen dos posiciones extremas de las alas, una con el par delantero arriba y el par trasero abajo y otra a la inversa. Además hay dos posiciones intermedias cuando se cruzan, una cuando las alas delanteras están bajando y las traseras subiendo y otra justo al revés.
Considerando solo la punta de cada una de las alas podemos ver que hacen una especie de 8 (88 si contamos los dos pares) en su recorrido y según quiera la libélula volar hacia delante o hacia atrás, subir o bajar, esos ochos serán más alargados o más chatos, o con más desarrollo en la parte inferior o superior. Además el 8 formado por la trayectoria de las puntas de las alas anteriores no tiene porqué coincidir en forma con el de las posteriores, ya que seguramente cada par tenga una función distinta en el vuelo y por eso las alas traseras son, en su base, más anchas que las delanteras.
Y como no solo vuelan en línea recta, sino que hacen curvas y zigzag continuamente, las alas izquierdas y derechas tienen que hacer también diferentes recorridos.
Si un piloto humano a bordo de un avión o helicóptero tuviese que tener en cuenta todas esas variables, el accidente sería seguro. Afortunadamente las libélulas nacen con todo eso aprendido e instintivo y son capaces de pasar de funcionar como un submarino en su fase de ninfa a un avión caza de despegue vertical en su fase adulta. 


Enlaces a otras entradas sobre libélulas y caballitos del diablo:

(1) La gran libélula, Anax imperator.
(2) Las ninfas de libélula Anax imperator
(3) Mi cuadra de caballitos del diablo.

lunes, 16 de septiembre de 2013

Una "mala hierba", sus pulgones y su vida interior

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EL JARDÍN DE LOS DESTINOS CRUZADOS (2)
Lo complejo de la vida de los insectos nos espera en cualquier rincón del campo o del jardín a poco interés que mostremos, si somos capaces de acercarnos lo suficiente. En esta ocasión son los pulgones de una de las llamadas "malas hierbas" que creció en el jardín, los que me abrieron una minúscula ventana a su mundo, incluso a su mundo interior, y nunca mejor dicho.
Dos ejemplares, hembras adultas de pulgón, Uroleucon sonchi. La de la izquierda tiene detrás un buen número de crías que posiblemente hace poco que fueron "paridas" por ella, pues estos insectos traen al mundo a sus hijos totalmente desarrollados. Además, durante una fase de su ciclo solo nacen hembras que se reproducen sin necesidad de fecundación.

Esta entrada podía llevar el mismo título que la anterior, el jardín de los destinos cruzados, porque también muestra las interrelaciones entre diversas especies que viven en el jardín, pero esta vez el nivel de complejidad es mucho mayor y también, debo admitir, mi grado de desconocimiento de lo que allí se fragua. 

Empecemos por el principio, la planta sobre la que todo esto ocurre es una cerraja, de nombre científico Sonchus oleraceus, que creció espontáneamente en mi jardín y como era en un lugar donde no molestaba a nadie, allí la dejé. Es una compuesta, de escaso porte y puede ser considerada una mala hierba en un jardín, pero los agricultores con verdaderos conocimientos sobre los ciclos vitales, la tienen por aliada y la dejan crecer incluso dentro de los invernaderos. ¿Por qué? alucinad, porque esta planta con mucha frecuencia es atacada por una plaga de pulgones. Más adelante explico como una "mala hierba" es buena porque tiene una plaga...

Pulgones Uroleucon sonchi en plena fase de invasión de la planta de cerraja, Sonchus oleraceus. El ejemplar del centro del tallo acaba de alumbrar a una cría, reconocible por el color más claro. 


El pulgón en cuestión es Uroleucon sonchi. Su nombre bien claro lo dice, es bastante específico de las plantas del género Sonchus, solo de vez en cuando puede verse sobre otras plantas compuestas (Asteraceae) emparentadas, como las lechugas, aunque en ellas apenas si producen daño. Por lo que yo he visto, a las cerrajas tampoco les impide crecer y multiplicarse. 
Este pulgón, como casi todos ellos, tiene un ciclo biológico complejo y pasa una fase de reproducción asexual en el que las hembras se reproducen sin necesidad de ser fecundadas y, además, no ponen huevos, sino que paren a sus hijas ya desarrolladas. Lo podemos ver en el ejemplar situado en el centro del tallo en la fotografía anterior, que tiene a una de las hijas recién parida y distinguible por su diferente color. De esta manera se reproducen con gran rapidez y aprovechan al máximo las posibilidades que ofrece el corto tiempo de vida primaveral de la planta, antes de que se seque con el estío.
¿Pero por qué son buenas estas plantas y los pulgones en un cultivo? Pues porque, como he comentado, estos pulgones son muy específicos y apenas hacen daño a las plantas cultivadas, pero sin embargo, atraen a numerosos parásitos que también atacan a otros pulgones que sí dañan los cultivos. De esa manera las cerrajas con sus pulgones son el lugar donde crían gran número de parásitos que van a atacar también a los pulgones enemigos de las plantas cultivadas.
En la foto siguiente se aprecian dos pulgones de la misma especie atacados por dos de esos enemigos. El de la derecha está hinchado porque en su interior tiene las larvas de una avispilla parásita que se la están comiendo viva, y viva la mantienen hasta el último momento, como si se tratasen de unos alien de película. Los entomólogos llaman a estos pulgones momias, aunque a mí más bien me parecen verdaderos zombis, muertos en vida que siguen alimentándose de la planta para, a su vez, ofrecer parte de su cuerpo a los parásitos. Debajo del pulgón de la izquierda vemos una especie de gusanillo, es una larva de díptero que se alimenta de pulgones. Más adelante volveremos con ella.


Dos pulgones de la misma especie, Uroleucon sonchi, atacados por diferentes enemigos, a la derecha por un parásito interno, posiblemente una avispa parasítica Braconidae y el otro siendo depredado por una larva de díptero, posiblemente un sírfido.

Como más adelante iré mostrando es complicado saber quien es responsable de cada una de las cosas que ocurren dentro y fuera de los pulgones y de la planta en cuestión. Una de las avispas parásitas que suele atacar a los pulgones Uroleucon es de la familia Braconidae, que es muy parecido a la que se ve en la hoja de la parte inferior de la foto siguiente, aunque no estoy seguro de que lo sea.

Uroleucon sobre Sonchus. En la parte inferior a la derecha una avispa parásita.

Intentando que la veáis mejor he puesto un recorte de otra imagen. No se aprecia muy bien, pero debajo de la avispa hay un pequeño pulgón y esta tiene el abdomen hacia delante con el ovopositor (esa especie de estilete con el que pinchan a su presa y ponen los huevos dentro) hacia delante, como es característico en ellas.

Detalle en la que se aprecia la avispa parásita en el momento de poner un huevo dentro de un pulgón que apenas si se aprecia en la fotografía. Si se ve que tiene el abdomen hacia delante como es característico de algunas de estas avispas al hacer la puesta.

La mayor parte de las momias de pulgón, ya muertas, que aparecieron en la cerraja, tienen una especie de masa algodonosa bajo ellos. Es el sitio donde se colocan las pupas de las avispas cuando han completado el desarrollo larvario, una de las características típicas de los bracónidos, como el género Praon, aunque ya digo que puede ser otro.
Otros pulgones parasitados del jardín, que muestro en la fotografía siguiente, no tienen esas masas algodonosas, sino que las pupas de avispa quedan en el interior y al salir hacen un orificio en su dorso. Pero ocurre que los parásitos primarios cuando salen, suelen hacer un agujero circular y con los bordes limpios. Sin embargo, algunos de estos tienen los bordes muy irregulares. Así es como los dejan otras avispas que parasitan a su vez a los parásitos primarios. Pues sí, por si no era suficientemente complicado, dentro el minúsculo pulgón no solo pueden vivir las larvas de un parásito, sino los parásitos de estas. 
Cuando yo hice las fotos que ilustran esta entrada, a principios de julio, sin embargo, las avispillas mas abundantes sobre la planta fueron estas otras de brillante tono verde metálico y apenas un par de milímetros de longitud. Me dicen que son de la familia Torymidae y que son parásitas de diversos insectos que forman agallas en las plantas, que quizás en la cerraja haya agallas que yo no he visto porque están en el interior, y que estas avispas con su largo ovopositor lleguen hasta ellas.
Avispa Torymidae, tal vez Torymoides, parasitoide de insectos de las agallas.

Hace tiempo que expliqué lo que son las agallas y mostré el interior de una agalla del peciolo de las hojas de los chopos que tenían otro tipo de pulgones en su interior, por lo que no voy a extenderme aquí. Puede verse en este enlace.

Igual ocurre con esta otra avispa, un poco más grande, unos tres milímetros, que es también de la familia Braconidae y que fotografié en el momento de introducir su ovopositor en el capítulo floral aún cerrado de la cerraja. Se llama capítulo a las agrupaciones de flores de las compuestas, que a nosotros nos parece que es una sola flor (como la margarita) pero es una agrupación de muchísimas florecillas. 
Avispa Braconidae. En la foto inferior está poniendo huevos en el interior del capítulo floral de Sonchus.
Estas avispas son también parásitas de los productores de agallas o, volviendo a rizar el rizo, de los parásitos que parasitan a los formadores de agallas. Tras abrir uno de los capullos de la cerraja pude descubrir que en su interior había unas pupas de díptero Tephritidae, posiblemente Tephritis formosa, que está citada en las flores de Sonchus. Son esas cápsulas negras.
Interior del capítulo floral de Sonchos oleraceus con pupas de una mosca, posiblemente Tephritis formosa, y un parasitoide, una larva de Eurytoma.


Mosca Tephritis formosa sobre la misma planta.

Pero entre las pupas se ve otra larva que puede ser de otra avispa diferente, más grande que las anteriores, tal vez Eurytoma (Chalcoidea, Eurytomidae). El bracónido de la foto puede estar parasitando a los dípteros o a sus parásitos, igual que ocurría en el interior de los pulgones. Una vez más unos parásitos dentro de otros como en un macabro juego de muñecas rusas. ¿Cómo se las apaña la madre avispa para saber que dentro de la flor se encuentra la especie objetivo? No tengo respuesta a eso.
Larva depredadora de pulgones, posiblemente de la mosca imitadora de avispas Sphaerophoria scripta.

Al principio de la entrada, en la foto de los dos pulgones, también mostré que uno de ellos estaba siendo atacado por una larva. En esta otra también se puede ver uno de esos "gusanos" en la misma planta, entre pulgones de otra especie que también estaban allí y que no he conseguido saber a qué especie pertenecen, aunque duraron poco. No puedo estar seguro, por la dificultad de determinar la especie a partir de tan mala foto, pero se trata de una larva de sírfido, esas moscas que imitan por su diseño a las avispas mientras liban en las flores. Sobre la cerraja y en otros lugares del jardín, he podido fotografiar Sphaerophoria scripta, de esa familia, una especie de mosca bien conocida por los agricultores bio-lógicos, porque en su fase larvaria se alimenta de pulgones. 
Adulto de la mosca Sphaerophoria scripta, fotografiada sobre la misma planta que las larvas anteriores.

De hecho, en este tipo de agricultura se recomienda situar junto a los cultivos plantas con flores que atraigan a los sírfidos. Os aseguro que en mi jardín el macizo de mentas está plagado de ellos, así como el seto de jazmin de leche (Trachelospermum jasminoides) y las diminutas y abundantes flores de los tarays (Tamarix sp.). Y no solo eso, sobre las mentas son abundantes también otros interesantes insectos, feroces depredadores, de pulgones, emparentados con las mariquitas y cuyas larvas son así de curiosas.


Larva del escarabajo coccinelido Scymus que acaba de depredar a un pulgón.

Al principio me asusté porque se parecen mucho a un tipo de áfidos llamados comúnmente cochinillas acanaladas, pero en Biodiversidad Virtual me sacaron de dudas, se trata de un coccinelido, posiblemente Scymus, cuyos adultos también se dejan ver por el jardín. El año pasado mostré una especie casi igual como uno de los pocos depredadores que se atrevían con los pulgones de los cardos celosamente protegidos por las hormigas (ver AQUÍ). Dicen que los "pelos" de las larvas les sirven para esquivar las mandíbulas de las hormigas, y yo he visto a los adultos pegarse con tal fuerza a la hoja y sin dejar resquicio que las hormigas desisten de morderlos.
Adulto de coccinélido Scymus fotografiado en otra planta del jardín.

Muchos "posiblemente", muchos "quizás" y muchas dudas con la determinación a nivel específico de los insectos que muestro en esta entrada. Es el precio que tengo que pagar por no matar ni uno solo de los animales, que solamente fotografío. Para que los especialistas pudieran determinarlos sin lugar a dudas, tendrían que ponerlos bajo una lupa o microscopio, pero no es esa mi intención, por el momento, a no ser que me lo pidan por ser especialmente importante para algún estudio serio. 
Bueno, no tendremos a los protagonistas con nombres y apellidos, pero vamos dilucidando de qué va la película. A pesar de todo, la mayor parte de los datos, hasta donde han podido llegar con el material que yo les facilito, se lo debo a los expertos colaboradores de Biodiversidad Virtual y a mi compañero y amigo del Museo José Luis Nieves, especialista en insectos formadores de agallas. Sin ellos seguro que esta entrada no habría sido posible.

sábado, 31 de agosto de 2013

El jardín de los destinos cruzados

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Los que nos dedicamos a mirar e intentar entender lo que ocurre en la naturaleza debemos ser conscientes de que nuestras observaciones son como el fotograma de una película, que apenas permite identificar a algunos de los actores y, como mucho, una pequeña idea de la acción que está ocurriendo. Más exacta aún es esta comparación en el caso de los que usamos la fotografía como medio de documentar lo que vemos. A menudo se habla de la cadena de la vida o de la red trófica y de otras formas de interpretar las interrelaciones entre especies de animales, plantas y su medio, el tercer nivel de la biodiversidad. Creo que esta entrada del blog es una buena muestra de lo que digo, de cómo las vidas se entrecruzan y que, cómo suelo decir a menudo, no hace falta irse la sabana africana para ver, como en un documental, las maravillas que ocurren en la naturaleza, en un jardín, en un sencillo ramillete de flores...
Abeja de la miel, Apis melifera, muerta colgando de la planta por hilo de seda tras ser capturada por la araña Synema globosum.

El fragmento de historia que hoy traigo aquí es sólo eso, unos fotogramas de la película de la vida de unos pequeños seres que en un momento habitaron o se pasaron por mi jardín y yo tuve la suerte de ser testigo de sus designios, de su vida y de su muerte. No es un artículo completo porque quedan muchas incógnitas, ni siquiera conozco la especie de todos y cada uno de sus protagonistas y su verdadera función en este miniecosistema.
Para mi todo comenzó el dos de agosto, cuando quise hacer pruebas de fotografía con el duplicador, que ya comenté en mi anterior entrada (1) y unos anillos de extensión aplicados al objetivo macro. Pero esa es otra historia, la mía, que no es trascendente ahora.
El caso es que salí al jardín, pertrechado con la cámara y diversos artilugios, con intención de mirar las flores que habían salido en un aligustre, por si podía hacer fotos de algún insecto polinizador. Allí me encontré con que colgando de un ramillete había una abeja muerta. Este primer fotograma de la película, que entonces ignoraba dónde me iba a llevar, me recordó a otro, cuando descubrí por primera vez una araña cangrejo en las flores de las jaras del jardín de casa (2). En aquella ocasión, lo primero que vi fue esto mismo: una abeja colgando de un hilo de seda.
Araña Synema globosum de la familia Thomisidae.
Ya tenia pues información previa sobre lo que me podía encontrar tras el hallazgo de la abeja y no tarde en descubrir sobre ella una pequeña araña. La araña era un tomísido (famila Thomisidae), igual que las arañas cangrejo, la especie: Synema globosum, como la de la anterior fotografía.
La historia que cuento transcurre en menos de una hora, pero podría remontarla a mucho tiempo atrás, porque el que allí haya un aligustre, que este año ha dado flores por primera vez, no es debido a mi afición a la jardinería, sino posiblemente a que encima de donde creció tengo puesto un comedero de pájaros y a ese comedero, aparte de algunas otras especies de aves, acuden los mirlos, que además de buscar lombrices en el suelo y bayas de diversos arbustos, se deleitan con el pan y otras golosinas que yo les pongo.
Mirlo macho, Turdus merula, alimentando con miga de pan a un pollo volantón bajo uno de los comederos para pájaros del jardín.
Y bien pudo ser que uno de esos mirlos (o algún otro pájaro) viniese de haber comido los pequeños frutos del aligustre de un jardín vecino y que, además de comerse el pan, vaciase su intestino lastrado por la semilla ingerida dentro de la baya. Y así, como procuro no arrancar las plantas que crecen espontáneamente, al menos hasta no saber lo que es, creció un aligustre entre las rocas  y las ramas de hiedra, bajo uno de los comederos de pájaros.
Abeja de la miel, Apis melifera, cazada por la araña Synema globosum a la que han acudido moscas parásitas del género Desmometopa.
Y el aligustre floreció, ocasión que aprovechó la araña para instalarse, camuflada entre sus flores, a esperar a sus presas. Como estaba previsto, una confiada abeja se acercó a libar en las minúsculas florecillas y se encontró con una fulminante y venenosa picadura que la paralizó y le impidió volver a volar por siempre jamás. A la araña solo que quedó asegurarla con un hilo de seda para evitar que su presa cayese al vacío, como la cuerda de seguridad con la que se amarran los montañeros, y comenzar a succionar su sangre de insecto (que se llama hemolinfa).
Abeja de la miel, Apis melifera, cazada por la araña Synema globosum a la que han acudido moscas parásitas del género Desmometopa.
Pero los estertores de la muerte de la abeja y quizás el olor de sus heridas, no pasaron desapercibidas. Apenas miré por el objetivo de la cámara para hacer la primera foto de cerca, me di cuenta que sobre la abeja había otros comensales, unas moscas que, como los carroñeros de la sabana africana, habían acudido para intentar arrebatar lo que pudiesen de las fauces de la araña. Las moscas estaban ya sobre la presa capturada, reclamando su derecho a obtener alimento. Por tamaño, la abeja es para la araña como el búfalo para el león y las moscas, como las hienas que rodean al solitario felino intentando arrebatarle su presa.
Gracias a Ana Cobo en el portal de Biodiversidad Virtual he sabido que estas moscas son posiblemente del género Desmometopa, de la familia Milichiidae, y buscando por internet (7) he visto que es frecuente que aprovechen las presas inmovilizadas por arañas cangrejo (y también chinches cazadoras, mantis y otros depredadores que acechan entre las flores), para chuparles la sangre. Es un caso claro de cleptoparasitismo, fenómeno sobre el que ya he hablado en otras ocasiones (3).
Pude contar hasta seis pequeñas moscas que recorrían el cuerpo de la abeja sin aparentar importarles la presencia de la araña. Recordé que hace un tiempo observé algo parecido, cuando las llamadas moscas de la lluvia, Anthomyidae, atacaban a un escarabajo (4), pero en aquella ocasión la presa estaba viva.
Rápidamente pasé a casa para poder ver el resultado de mis fotos con la ampliación que permite la pantalla del ordenador. Si quien lee esto es naturalista y fotógrafo seguro que conoce la tensión que te produce pensar que puedes tener una foto interesante, pero que no sabes cómo habrá salido. Bien, las fotos no son especialmente buenas, pero allí estaba el documento: las moscas, como la manada de hienas reclamando su bocado. Pero ¿qué es eso? las moscas también tienen sus parásitos, ¡eso es! ¡al menos una de ellas tiene ácaros sobre su cuerpo! y de tamaño nada desdeñable comparado su hospedador (5).
Moscas del genero Desmometopa sobre las que se observan ácaros. 
Nueva y nerviosa salida al jardín, cámara a punto, para intentar inmortalizar a los minivampiros que chupan la sangre a los vampiros, que roban la sangre de la presa de un vampiro mayor.
Para entonces, la araña había abandonado a la abeja colgada y estaba bien oculta un poco más arriba. Me apresuré a hacer algunas fotos más, procurando sacar el detalle de los ácaros de la mosca, aunque el grado de detalle necesario, mi torpeza y el viento que empezaba a agitar las ramas, no me permitieron conseguir gran cosa. Sin embargo, sí pude ver que otra pequeña araña, del género Heliophanus, familia Salticidae (determinada también gracias a Biodiversidad Virtual), que antes había descubierto en un ramillete próximo, subía por la rama principal donde estaba colgando la mortaja de la abeja.
Araña Salticidae del género Heliophanus.
Pensaba que algo más tenía que suceder, una pequeña araña que se acerca al territorio de otra mayor, no puede quedar así. Pero el sol, la parsimonia que solo una araña puede tener para moverse, acercarse y retroceder, añadidos a mis deseos por ver de nuevo los ácaros que acababa de fotografiar pudieron con mi paciencia, le tiré un par de fotos y corrí a descargar las imágenes en el ordenador. Las vi, mala calidad, aunque creo que el equipo no se puede estrujar más o, al menos, yo no soy capaz de hacerlo. Vuelvo a salir, no me quiero perder la historia de la otra araña. No, no ha habido ningún percance con la araña grande, pero la pequeña araña, el saltícido, ha entrado en la escena y ha cazado a una de las moscas-hiena. Y allí está, comiéndosela tranquilamente en una ramita un poco más abajo, mientras se aleja. A todo esto, el resto de las moscas, parásitas o carroñeras, han desaparecido, no sé si porque se han asustado del ataque de la araña o porque ya no queda más hemolinfa que sacar de la abeja muerta.
Araña Salticidae del género Heliophanus, alimentándose de una mosca Desmometopa.
Y por ese día, aunque salí varias veces a mirar, antes de que anocheciese, nada más ocurrió, al menos que yo haya visto. La pequeña araña saltícida volvió a su anterior ramita y la tomísida se quedó camuflada más arriba, como siempre hace, escondida muy cerca de las flores A la tarde del día siguiente otra abeja colgaba muerta de las mandíbulas de la Synema, esta vez una abeja Andrena de las que anidan en el suelo del jardín y hablé mucho en las primeras entradas de este blog (6), pero no vi más moscas parásitas ni ácaros, ni se acercó la pequeña saltícida, que seguía en su rama lateral sin acercarse a la Synema, que le triplica en tamaño.
Araña Salticidae del género Heliophanus, alejándose de la zona de caza.

Una semana más tarde las flores del aligustre terminaron su ciclo y se marchitaron y las dos arañas desaparecieron del escenario. En cambio, a unos 12 metros de allí comenzó la floración de un parterre de mentas y en una de sus flores tomó posiciones un ejemplar de Synema. No puedo saber si es la misma o no, pero nunca deja de sorprenderme cómo consiguen encontrar las plantas floridas. Sin duda, su vista es excepcional.
A decir verdad me he dejado llevar por la historia. En realidad desconozco si los ácaros parasitan realmente a las moscas o son su medio de transporte, pues un buen amigo me comentó que algunas especies de ácaros se dejan transportar por insectos sin picarles, a la espera de encontrar su huésped objetivo. ¿Pueden ser los ácaros parásitos desplazados desde la abeja complicando así la historia? O quizás, teniendo en cuenta que las larvas de estas moscas se alimentan de materia vegetal en descomposición, incluidos los nidos de pájaros, puede que sean trasportados desde un nido de ave a otro, desde el nido en que nació la mosca hasta aquel en que decida hacer la puesta. Cualquiera de las opciones es más fascinante que la anterior.
Y las historias de estos pequeños seres, que transcurren en mi jardín o simplemente pasan por allí en un momento de su ciclo biológico, se seguirán entrecruzando sin que yo me dé cuenta. Como mucho, podré conseguir algún que otro fotograma de la película, que espero que poco a poco me ayude a entender este entramado... y lo pueda compartir con vosotros en otra entrada del blog.

Enlaces a las entradas citadas. Pinchando en los títulos se accede a ellos:

(1) Cisnes en el embalse de Santillana.
(2) La muerte entre las flores tiene veneno de araña.
(3) Cleptoparasitismo de gorrión sobre carbonero.
(4) La mosca de la lluvia y el mascaflor mesetario.
(5) Planeta de ácaros.
(6) Entradas sobre las abejas del género Andrena.

Enlaces a páginas externas:

(7) Enlace a página web wiki sobre moscas Milichiidae 

domingo, 25 de agosto de 2013

Lagartijas ibéricas en el jardín: amores, crías y diseños.


A mediados de junio pude observar en la puerta de casa la cópula de estas lagartijas ibéricas, Podarcis hispanica. Tuve el tiempo justo para correr a por la cámara y hacer alguna foto, porque rápidamente se soltaron y fueron cada una por su lado. 

Pareja en cópula de lagartija ibérica, Podarcis hispanica. El macho sujeta a la hembra con un mordisco en el flanco.

Puede apreciarse que el ejemplar macho sujeta a la hembra con un mordisco en el flanco mientras pone la cola por debajo para introducir uno de los hemipenes en su cloaca. De hecho, tras la época de celo las hembras suelen mostrar las cicatrices de los mordiscos que los machos les han producido, siendo especialmente evidentes en la región ventral.


Pareja en cópula de lagartija ibérica, Podarcis hispanica. El macho introduce uno de sus hemipenes en la cloaca de la hembra
Pero de esta pareja, independientemente del importante momento de su biología, me llamó la atención y quise inmortalizar la librea de los dos componentes de la pareja.
En efecto, ambos ejemplares tienen la misma coloración y diseño, lo que sin ser una cosa excepcional, tampoco es de lo más frecuente. La cuestión es que esta hembra tiene un diseño más propio de los machos de la especie que el rayado, más común en las hembras.
En la siguiente fotografía se muestra el típico diseño de un ejemplar macho, en el que las diferentes líneas longitudinales que recorren sus laterales hasta llegar a la cola, quedan interrumpidas y desdibujadas como si se tratase de varias series de puntos de los colores básicos, negro, blanco y pardo, superpuestos los unos sobre los otros.

Macho de lagartija ibérica, Podarcis hispanica, con su típico diseño.
En cambio, en la típica coloración de las hembras estas líneas se mantienen claramente delimitadas, como si ese fuese el patrón básico original de la especie, que en los machos se hubiese deformado.

Diseño típico de hembra de lagartija ibérica, Podarcis hispanica. 
Las dos fotos corresponden a un mismo ejemplar, una hembra bastante joven, pero posiblemente ya adulta. 

Lagartija ibérica, Podarcis hispanica. Hembra joven.
No solo en el diseño se diferencian los dos sexos. En la primera fotografía se ve muy bien que el macho tiene la cabeza proporcionalmente más ancha, es más robusto y la base de la cola es más gruesa. En la zona ventral se apreciaría que en los muslos tienen los poros femorales más marcados, pero para eso hay que cogerlo con la mano y recomiendo encarecidamente no hacerlo. Dejemos a los animales en paz, con hacerles las fotos y observarlos a una prudente distancia es suficiente, su comportamiento será alterado lo menos posible y, lo más importante, minimizamos las posibilidades de que pierdan la cola como medio de defensa.

Por otra parte, llevamos ya unas semanas que en el jardín se están viendo numerosas crías. La lagartija de la siguiente fotografía es un ejemplar muy joven, casi seguro que nacido este año, de las primeras de la temporada.

Ejemplar muy joven de lagartija ibérica, Podarcis hispanica, con diseño propio de macho.
Y este otro es un ejemplar prácticamente recién nacido, pequeñísimo, con la cola muy coloreada, que es una de las características de las crías de las lagartijas, y la cabeza proporcionalmente grande y globosa. 
Cría recién nacida de lagartija ibérica, Podarcis hispanica.
Los adultos de las lagartijas de las paredes, como Podarcis hispanica y muralis, tienen la cabeza bastante aplanada para poderse introducir fácilmente entre las grietas de las rocas, mientras que las lagartijas de suelo, aunque sean del mismo género, como Podarcis bocagei, tienen la cabeza de perfil más alto. Pero cuando son tan jóvenes esa diferencia no es tan evidente. 
También pueden encontrarse machos con la coloración característica de las hembras, pero es menos frecuente. Los diseños que podríamos llamar rayados e irregulares, se aprecian desde recién nacidos.
Las lagartijas de esta especie presentan muchas variaciones en sus patrones de diseño y coloración y son objeto de recurrentes revisiones fruto de las cuales es posible que se separen en distintas especies. Pero a veces las diferencias de diseño se aprecian en unos pocos kilómetros de distancia e incluso dentro de las mismas poblaciones. Mi jardín no es una excepción.

NOTA AÑADIDA en julio de 2016: Las lagartijas de este género, como digo en uno de los comentarios, están en proceso de cambio y descripción de nuevas especies. Así, las que llamábamos Podarcis hispanica en la Sierra de Guadarrama, como las de esta entrada, son ahora Podarcis guadarramae.

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lunes, 29 de julio de 2013

Cisnes en el Embalse de Santillana, Manzanares El Real

Este domingo me acerqué al embalse de Santillana para echar un vistazo al nivel del agua, a las aves y, de paso, probar un duplicador para mi teleobjetivo.
No puedo decir que las pruebas del duplicador fuesen bien, porque hacía un viento endemoniado y la cámara temblaba en el trípode impidiéndome enfocar y manejarla a gusto. Sin embargo, pude salvar algunas fotos y disfrutar de un bonito espectáculo, un par de cisnes vulgares, Cygnus olor, nadando y volando tranquilamente.

La noticia ya la dió Santiago Martín Martín el 10 de abril, como puede verse en el enlace al final del texto. Pero yo no los había visto.
Y también los miembros de la Asociación Naturalista Primilla en su blog ANAPRI, el 7 de enero, dan cuenta de ellos, aunque no en este embalse, sino en el de Pedrezuela. Además explican que la aparición de seis ejemplares allí, en Guadalix de la Sierra, coincidió con la desaparición de otros tantos en un parque de Tres Cantos, con lo que es evidente su origen y es casi seguro de que se trate de los mismos, aunque yo solo he visto dos de los seis que había entonces.


Una vez más las anátidas utilizadas como ornamentales escapan y se asilvestran. Ahora solo queda esperar a ver si alguna de las parejas que se hayan formado se llegan a reproducir en nuestro entorno, podría ser un agradable complemento a la fauna de aves de Madrid, pero tampoco está carente de riesgos, como puede leerse en la ficha de la SEO.

Si bien hace mucho tiempo que no hay cisnes silvestres en gran parte de España, no es porque no sean autóctonos, sino porque la caza terminó con ellos tiempo atrás, pues hay datos históricos sobre su presencia. Esperemos que el cambio de mentalidad y la protección de nuestros humedales ayude a establecer una bonita población, aunque del furtivismo es muy difícil defenderse, más aún cuando los animales son tan confiados como estos cisnes, que recordando su origen de parque urbano, no dudaron en acercarse a una zona donde había pescadores en la orilla porque una persona les ofreció pan.

Enlaces relacionados:
- Se puede leer una completa ficha de la SEO, escrita por Jordi Clavell sobre la especie en este ENLACE.
- Noticia de Santiago Martín AQUÍ.
- Cisnes vulgares en Guadalix de la Sierra en el blog ANAPRI, AQUÍ.

lunes, 22 de julio de 2013

De lirios

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Terminé mi anterior entrada con una de las flores que más me gustan, un lirio, fotografiado en un pequeño prado a orillas del río Lozoya, en Madrid. Se trataba de la especie Xiphion vulgare que antes se llamaba Iris xiphium. 
Xiphion vulgare
Otra especie que puede encontrarse en la Península Ibérica, pero en zonas más húmedas aún, es Iris pseudoacorus. Tengo la suerte de poder disfrutar de ella en la zona pantanosa que hay en la orilla del estanque del jardín, aunque no puedo estar seguro de que la variedad sea autóctona, ya que la adquirí en un vivero.

Iris pseudoacorus.


También tenemos variedades de otra especie de lirio, Iris germanica, que es una especie muy común en floricultura. De ella se han obtenido una gran variedad de formas y colores por hibridación.
Los nuestros son bastante modestos comparados con las variedades que tienen los jardineros expertos, pero cada primavera me encanta verlos florecer en todo su esplendor y sin apenas cuidados, soportando las heladas invernales y el achicharrador calor estival. También me valen para observar que si bien otras plantas, como los almendros y los prunus tienen en mi zona un retraso en la floración de poco más de una semana respecto a la floración en Madrid, los lirios superan el mes de diferencia.
Generalmente me gustan más las flores pequeñas que las muy grandes, pero con los lirios es diferente. Su intrincado interior parece invitar a los insectos polinizadores y me  anima a hacer lo propio con el objetivo de la cámara. Así es como se me ha ocurrido hacer esta entrada. Aunque, todo hay que decirlo, no he conseguido ver ni una sola abeja, abejorro o mosca que entre en ellos, aunque el aire de su entorno esté plagado de sus zumbidos alrededor de las madreselvas, tarayes y jazmines de leche. ¡Qué mas hubiese querido que fotografiar a un gordo abejorro visitando una de estas flores!
Iris germanica. Azul


Iris germanica, Amarillo.

Iris germanica, Rojo.


Por último, gracias a Javier Barbadillo he sabido que mis lirios blancos eran Iris albicans, aunque llevan un par de años sin florecer y me temo que los amarillos los han desplazado totalmente. Una pena, porque es una especie interesante que se extiende de manera natural en Arabia y Yemen, siendo el lirio (del género Iris) cultivado más antiguo, se dice que desde hace 3.400 años. Más tarde fue utilizado en los cementerios musulmanes y que así llegó a otros países del Mediterráneo.
Iris albicans.
Hoy la entrada no va de explicar asuntos de la naturaleza, solo del mero disfrute con la contemplación, llamadlo delirios de abejorro, si queréis, o más bien, de zángano veraniego.