martes, 26 de marzo de 2013

Aves del embalse de Santillana (2ª parte)

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Continúo con las especies de aves que he podido fotografiar más o menos dignamente en el embalse de Santillana a lo largo de estos últimos años, aunque soy muy consciente de que afortunadamente hay muchas más especies de las que aquí pongo. Por cierto, que en la entrada anterior he añadido una imagen de ánades frisos, que tenía olvidados y ahora me he recordado de ellos al poner la foto del cormorán.
Una mañana de invierno pude seguir las evoluciones del andarríos chico, que tan pronto metía todo el pico dentro del agua como picoteaba algún bichillo de la orilla o que pasase flotando. La verdad es que no sé muy bien qué podría encontrar, porque hacía mucho frío e incluso en algunos lugares, donde no había movimiento de agua, el hielo cubría las orillas. No sé cómo soportan el frío en las patas.
Andarríos chico, Tringa hypoleucos 
En cambio, los chorlitejos procuran no mojarse y se mantienen justo al borde del agua con sus rápidas carreras, que parece que tengan ruedas o como esos personajes de dibujos animados que giran las piernas sin mover el cuerpo. Y de vez en cuando, un corto vuelo, para alejarse de ese intruso con cámara de fotos.


Chorlitejos chicos, Charadrius dubius 


En el otro extremo del embalse, lo más alejadas posible de las personas que pasean por las orillas los fines de semana, cerca de donde en la entrada anterior fotografié los cientos de gaviotas sombrías, es el lugar donde se reúnen las cigüeñas. Es curioso, solo unos cientos de metros más allá están sus nidos donde parmanecen separadas por parejas, pero aquí, a la orilla del embalse se reúnen. Muchas de ellas sabemos que acuden a comer, también junto a las gaviotas, al cercano vertedero de Colmenar Viejo. Aquí más bien descansan o quizás charlen sobre sus asuntos:
- "Este año parece que viene bien de agua y vamos a poder comer ranas y sapos"
- "Y yo que venía del nogte de Fgansia buscando un poco de sol"
- "Otgo año me voy a Afgica"
- "No te creas, aquí tienes la comida asegurada en el vertedero y no hay que volar tanto"
Grupo de cigüeñas, Ciconia ciconia.
Y también allí, cuando las gaviotas levantan el vuelo, quedan al descubierto las garzas reales, más flemáticas y menos asustadizas.

Garzas reales, Ardea cinerea.
El embalse de Santillana fue el lugar donde por primera vez vi los cormoranes. Por aquel entonces en medio del agua, frente al castillo, se asomaban unas ramas de árboles, posiblemente fresnos, que hace mucho que desaparecieron. Entonces era mucho menos frecuente verlos en las aguas del interior peninsular. Ahora no están esos árboles, pero siguen fieles a su costumbre de posarse en lugares rodeados de agua, como esas rocas, donde extienden sus alas para secarse.

Cormorán,  Phalacrocorax carbo y un ánade friso que se asoma
por detrás y nos da una idea de su respetable tamaño.
Parece que es más propio de bosques de ribera la visita, aunque sea invernal, de los martines pescadores, pero también aquí se dejan ver de cuando en cuando, tanto en los árboles cercanos al agua como en las rocas y palos de la orilla desde donde pueden otear en busca de pececillos.

Martín pescador, Alcedo atthis.

Naturalmente hay muchas otras especies de aves no estrictamente acuáticas o ligadas al agua que pueden observarse en el entorno del embalse, como la lavandera blanca, haciendo honor a su nombre en la orilla del agua, moviendo la cola como dicen que hacían las mujeres que iban a lavar al río con sus palas para golpear y estrujar la ropa. 

Lavandera blanca, Motacilla alba.
O este carbonero que parece invitarnos a leer los carteles informativos sobre los peces del embalse, puestos hace no muchos años, pero que ya dan muestras de deterioro. La mayoría de estos peces son especies introducidas y seguro que con ellos llegaron las almejas chinas invasoras.
Carbonero común, Parus major.





Igualmente los ubicuos y simpáticos petirrojos alegran los árboles de ribera con sus movimientos casi espasmódicos.
Petirrojo, Erithacus rubecula.
Y, de cuando en cuando, alguna que otra especie más, que acude a beber.
Pardillos comunes, Acanthis cannabina.

martes, 19 de marzo de 2013

Aves del embalse de Santillana (1ª parte)

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En el mes de octubre del año pasado, tras la gran sequía que arrastramos desde el verano, como ya mostré en la entrada sobre la almeja invasora, la cola del embalse tenía este aspecto:


Ahora, después de las abundantes lluvias invernales, desde aproximadamente el mismo lugar, el aspecto del embalse es este:


Con el nivel bajo era más fácil ver aves en el embalse y su entorno, entre otras cosas porque era más sencillo caminar por sus orillas. Ayer mismo apenas vimos alguna gaviota solitaria y unas pocas fochas nadando en medio del agua, pero difíciles de ver con las olas que provocaba el intenso viento.

Focha, Fulica atra.

No nos fue posible ver a los tarros canelos, ni tan siquiera a los abundantes ánades reales, ni a los menos abundantes patos cuchara que otras veces sí he podido ver, aunque siempre bastante alejados para mi equipo fotográfico.
Tarro canelo, Tadorna ferruginea.
Ánade real, Anas platyrhynchos. 
Anade friso Anas strepera


Incluso parece que han desaparecido las abundantes gaviotas, no sabemos si porque muchas de ellas ya han viajado al lejano Norte, donde regresan a criar, o porque el mal tiempo las hace refugiarse en otro lugar ya que sus posaderos habituales del invierno están ahora bajo el agua.


Gaviotas sombrías, Larus fuscus y gaviotas reidoras,
ahora llamadas Chroirocephalus ridibundus.

Las gaviotas que yo he visto son por orden de abundancia sombrías, reidoras y alguna patiamarilla.

Gaviotas reidoras, Chroirocephalus ridibundus, con coloración invernal 
Gaviota reidora, Chroirocephalus ridibundus,
dejándome claro lo que opina de mi y mis fotos.


Una de las especies que casi siempre encuentro en el embalse, y que más me gusta, es el pequeño zampullín cuellinegro. Es curioso pero a veces me da la sensación de que me acompaña en mi paseo por la orilla del embalse, siempre a la misma distancia, poniéndose delante, dejándose adelantar y volviendo a estar en paralelo a mi posición después de sumergirse durante unos minutos. 

Zampullín cuellinegro, Podiceps nigricollis, 
junto al ejemplar de gaviota de la foto anterior, antes de salir volando.


Eso me ha permitido, sin apenas esfuerzo, fotografiar la siguiente secuencia:
Zampullín cuellinegro, Podiceps nigricollis.



Un comportamiento muy parecido es el de sus hermanos mayores, los somormujos lavancos, que ya estarán dejando el plumaje invernal que tenían cuando los fotografié. Estoy deseando verlos en celo con sus espectaculares danzas.

Somormujo lavanco, Podiceps cristatus, en plumaje invernal.


La semana que viene unas cuantas fotos y especies más.

martes, 5 de marzo de 2013

Estrategias reproductoras de sapos y ranas

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Es el momento, está siendo un invierno cargado de nieves, aunque no demasiado frío, y pasado por agua, muy pasado por agua. Ahora que deja de haber heladas en mi zona, es el momento en que a los anfibios anuros (sapos y ranas) les entra la locura de la reproducción.
Pero no todos cantan y crían a la vez ni en las mismas masas de agua ni en las mismas zonas dentro de las charcas y lagunas. Posiblemente ni siquiera todas las especies se comportan exactamente igual en todos los ecosistemas de nuestra Península Ibérica pues en nuestro cambiante clima mediterráneo se han tenido que adaptar al oportunismo. Por eso me voy a centrar solamente en el entorno de la Sierra de Madrid por donde yo me suelo mover.



Son muchas las variables que pueden influir en que una u otra especie se decidan a criar en un entorno concreto, por ejemplo:
 
    - Época del año.
    - Permanencia del agua frente a temporalidad.
    - Corriente frente a estancada.
    - Profunda frente a superficial.

Elegir una u otra conlleva diferentes estrategias reproductivas. Así, en aguas profundas y permanentes los renacuajos pueden tardar más tiempo en desarrollarse y crecen más, mientras que en aguas superficiales y temporales deberán llegar a la metamorfosis con menor tamaño y más rápidamente.
Con la densidad, relativamente baja, de las poblaciones de sapos y ranas europeas, así como con las pocas especies que coinciden en una misma masa de agua comparadas con las de selvas tropicales, quizás sea exagerado hablar de competencia, pero el hecho real es que los requerimientos de una y otra especie son sutilmente diferentes y se solapan muy poco en sus ciclos vitales.
Tampoco quiero decir que los biotopos de cada especie sean únicos y exclusivos para cada una de ellas. De hecho, en diferentes lugares los animales aprovechan lo que tienen a su disposición. Por ejemplo: los sapos de espuelas de manera idealizada podríamos decir que ponen sus huevos en charcas permanentes de orillas arenosas y fondo de limo. Sin embargo, también pueden aprovechar remansos de ríos o arroyos con suficiente profundidad de agua, aunque a finales de verano lleguen a secarse.

Sapo de espuelas, Pelobates cultripes.

Suelen ser de las primeras especies en entrar en celo, incluso en febrero, si ha llovido, con tan solo 3ºC ya se ven activos. Cantan y hacen la puesta estando debajo del agua. Es la especie cuyos renacuajos alcanzan mayor tamaño. Tardan mucho en desarrollarse por lo que necesitan aguas profundas y lo más permanentes posible, aunque hacen la metamorfosis y salen del agua en el mismo año. En zonas más cálidas entran en celo en otoño. Sin embargo, también ponen en lagunas o remansos de río que pueden quedarse sin agua en los años secos y los renacuajos llegan a perecer deshidratados antes de la metamorfosis.

Sapo común, Bufo bufo.

Es quizás la más versátil de las especies de sapos, también es de los primeros en hacer la puesta, casi a la vez que los sapos de espuelas. Pueden poner en lagunas extensas y frescas, como las de montaña y también en arroyos. Cuando coincide con el sapo corredor esta especie se coloca en zonas con más corriente y el corredor en aguas más quietas. No se suele sumergir para hacer la puesta, sino que se coloca en aguas superficiales. En lagunas, cerca de las orillas, no como los sapos de espuelas que entran más al centro de la charca y a más profundidad. Los renacuajos son muy pequeños y llegan a la metamorfosis rápido, aunque no tengan que temer que se seque su charca.

Sapo corredor, Bufo calamita.

Es el estratega de la temporalidad. Puede decidirse a poner en épocas tempranas como los dos anteriores, pero como lo hace en aguas muy superficiales y temporales, las puestas tienen muchas posibilidades de secarse o congelarse. Por eso es frecuente que si más avanzada la primavera caen lluvias abundantes, hasta en el mes de mayo, hagan nuevas puestas. Los renacuajos son muy pequeños y se desarrollan muy rápido, especialmente si la charca empieza a secarse. Son capaces de metamorfosear con un tamaño mínimo.

Rana de  San Antón, Hyla arborea.



Es un poco más tardía que las especies ya vistas. En marzo pueden verse cantando, pero la mayor parte de las puestas se realizan en el mes de mayo. Ponen en aguas temporales y/o permanentes, siempre con vegetación marginal. Los renacuajos llegan a un tamaño mediano y salen del agua entre julio y agosto.

Rana común, Pelophylax perezi.

Inicia sus puestas bastante tarde casi independientemente de las lluvias, ya que vive siempre cerca del agua, generalmente permanente. Tampoco se concentran las puestas en unos pocos días sino que se prolongan bastante en el tiempo. A veces usa charcas temporales, pero cerca de ríos o lagunas permanentes. Esto es especialmente frecuente cuando la masa de agua permanente contiene peces. He visto como en jardines con estanques con peces las ranas ponen en las cubetas de los filtros, donde los peces no llegan, aunque luego las ranas canten y vivan sin problemas en el entorno del estanque. De alguna manera, detectan la presencia de depredadores. Los renacuajos se hacen muy grandes y algunos no hacen la metamorfosis hasta el año siguiente. Así, en una misma charca hay renacuajos del año, más pequeños, y del año anterior.

Rana patilarga, Rana iberica.

No la hay en mi zona, sino a bastante más altitud. Su periodo de celo pasa bastante desapercibido y se inicia con el deshielo en abril y mayo. Prefiere arroyos de montaña. Los renacuajos son más pequeños que los de ranas comunes y no pasan el invierno en el agua. Metamorfosean a finales de verano e inicio de otoño. 
 
Sapillo pintojo, Discoglossus galganoi.

Se reproduce con la primavera bien avanzada en pequeñas charcas, manantiales, fuentes y arroyos temporales, generalmente con hierba y vegetación en su entorno. Los huevos no forman masas gelatinosas compactas, quedan sueltos y se pueden dispersar entre la vegetación pasando más desapercibidos. No se reproducen todos a la vez, sino que hacen varias puestas durante un par de meses. Los renacuajos  son pequeños pero no tanto como los Bufo. Sufren la metamorfosis un par de meses después de la puesta. No los tengo localizados en mi entorno inmediato, aunque entra dentro de su zona de distribución y hay sitios adecuados para ellos.

 

Sapo partero común, Alytes obstetricans y 
sapo partero ibérico, Alytes cisternasii.

Mi zona se encuentra en la frontera que separa la distribución de las dos especies y no hay ninguna de las dos, pero tampoco me resisto a ponerlo aquí por la curiosidad de su estrategia reproductiva. Hacen sus puestas estando en tierra y los machos cargan con ellas hasta que los huevos están a punto de eclosionar, momento en que los llevan al agua.  Los huevos no tienen la cubierta gelatinosa típica de otras especies, son grandes y con una gran cantidad de alimento para el embrión (vitelo) por lo que, en el momento de la eclosión, salen los renacuajos grandes y muy desarrollados, sin la típica fase larvaria estática y con branquias externas. Dejan las larvas en aguas generalmente permanentes. Los renacuajos llegan a hacerse muy grandes.  A. obstetricans se encuentra en la Sierra en zonas muy altas, lagunas de montaña, y sus larvas pueden pasar el invierno en las charcas, bajo el hielo y la nieve. Aunque en algunos lugares tienen claros periodos de reproducción, el sapo partero ibérico pone en casi todas las épocas excepto en las de más calor y sequía. En cambio, el sapo partero común está restringido por el frío invernal y pone en primavera.

En resumen es muy interesante ver cómo los sapos parteros, que cuidan de su descendencia más que otras especies, ponen un número bajo de huevos, aunque el esfuerzo reproductivo de las hembras sea grande para poderlos dotar de mucho vitelo. Y también los machos aportan energía en su cuidado. Sin embargo, en el otro extremo, otras especies sin cuidados parentales y alto riesgo de muerte de larvas y metamórficos, como ocurre con los Bufo, hacen puestas de miles de huevos. Los sapos de espuelas ponen también miles de huevos y los renacuajos crecen mucho antes de la metamorfosis, pero las condiciones meteorológicas cambiantes pueden llevar al desastre toda la generación anual si hay una gran sequía. En otros tiempos, como señalaba Valverde, los Pelobates tenían poblaciones explosivas que llegaban a atascar acequias y canalizaciones rurales, pero otros años, si no llueve a tiempo, ni siquiera hacen las puestas, como ocurrió el año pasado en este rincón de la sierra madrileña.
 
Los dibujos anteriores son adaptaciones de los que puse en el libro "Los anfibios y reptiles de Madrid" de M. G. Paris, C. Martin, J. Dorda y M. Esteban. (1989).

Otras entradas del blog sobre reproducción de anuros:









lunes, 11 de febrero de 2013

Cómos y porqués de los nombres científicos

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En el mes de octubre publiqué una entrada sobre el molusco Sinanodonta woodiana, especie invasora en la Península Ibérica que había aparecido en Madrid. Esa entrada puede verse en ESTE ENLACE. Asimismo se publicó un resumen en el número 323 de la revista Quercus, correspondiente al mes de enero de este año. 
Yo llamé a ese molusco mejillón chino de laguna, que es la traducción literal de su nombre en inglés, chinese pond mussel, pues hasta entonces no se había publicado nada en castellano sobre esa especie. El único artículo existente sobre su presencia en España, pese haber aparecido en la revista española Graellsia, estaba escrito en inglés.
A raíz de la reseña de Quercus me escribió el secretario de la Sociedad Española de Malacología aconsejándome que en adelante no usase ese nombre común, sino el de almeja china del cieno. Con toda la razón, me explicaba que en español se llamaba mejillones a otro tipo de bivalvos, de forma más alargada y evolutivamente alejados de esta especie, mientras que Sinanodonta, tiene forma muy redondeada. Ese nuevo nombre común en castellano, además, se está usando ya en la ficha del Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras. 
Como lo que me pedía es muy razonable, no he tenido ningún inconveniente en modificar aquella entrada y cambiar el nombre.

Tras este largo preámbulo lo que quiero poner de manifiesto es que los nombres comunes no sirven al cien por cien para que todos nos entendamos a la hora de referirnos a una especie de animal o planta, porque, como hemos visto, lo que para un inglés es mussel, mejillón, no lo es para nosotros. Y no hace falta irse tan lejos, sin salir de España, por poner un ejemplo, lo que para uno es un escuerzo, para otros es un sapo común, y eso sin acudir a las otras lenguas que se hablan en nuestro territorio. Pero de lo que no hay duda es de que Bufo bufo lo es aquí y en China.

Muchos son los nombres comunes que se pueden dar al sapo común en las distintas regiones
en que se encuentra este animal, pero solo un de esos nombres es reconocido en todo el mundo:
su nombre científico: Bufo bufo (Linnaeus 1758).
Linneo lo bautizó como Rana bufo y por eso, por haber cambiado el nombre del género,
el nombre del autor se escribe entre paréntesis
Actualmente está en discusión el nombre científico del sapo corredor. Laurenti  en 1768 fue el primero en darle nombre: Bufo calamita, pero posteriormente, Cope en 1864 le denominó Epidalea calamita.
Al descubrirse que evolutivamente puede que sea necesario separarlo del género Bufo,
se ha planteado utilizar ese antiguo nombre, pero las cosas no están claras
y la Asociación Herpetológica Española recomienda, por el momento, dejarlo como
Bufo calamita Laurenti, 1768

Está clara la utilidad de los nombres científicos, aunque solo sea porque ha conseguido poner de acuerdo a todos los científicos del mundo para usar una misma nomenclatura, es decir, una misma forma de llamar a las especies. Para eso se creó la Comisión Internacional de Nomenclatura Zoológica. También la hay botánica, pero hoy me centraré en los animales.

Un poco de historia.

La actual forma de llamar a los animales se la debemos a Carlos Linneo, que él mismo latinizaba su nombre y lo escribía Carolus Linnaeus. En el siglo XVIII era profesor de Medicina en la Universidad de Upsala (Suecia) y se dedicaba especialmente a la Botánica. Dicen sus biógrafos que tenía un fuerte carácter y que era capaz de imponer su criterio a los que le rodeaban. Desde luego, con los nombres científicos, lo consiguió. En su afán por ordenar los diferentes grupos de seres vivos, a él debemos las cuatro categorías sistemáticas llamadas Clase, Orden, Género y Especie.
Antes de Linneo los científicos identificaban a las especies mediante una larga frase descriptiva en latín, que además no siempre era igual. El gran logro de Linneo fue simplificar el sistema en solo dos palabras, siempre las mismas para cada especie, por eso se llama nomenclatura binomial. Así, con la primera palabra agrupa con el mismo sustantivo a las especies próximas en lo que llamó género, y luego el nombre específico que diferencia unas especies de otras.
Esa segunda palabra, la que identifica la especie, puede ser descriptiva de algún carácter, indicativa del lugar donde se encontró la especie o dedicada a alguna persona, entidad, pueblo, etc. 

Cabra montés ibérica, Capra pyrenaica Schinz, 1838. Aunque ahora se haya extinguido la especie
en los Pirineos el nombre pyrenaica viene del lugar de procedencia de los ejemplares
usados para describir y dar nombre a la especie
Así, por ejemplo, los patos los agrupó en el género Anas, que es como se escribe pato en latín, y luego los diferenció por distintas características que nos permite separar unos de otros.

Ánade rabudo, Anas acuta Linnaeus, 1758.
El nombre de la especie hace referencia a la cola larga y afilada.

Linneo se dedicó a dar nombre a cuanto animal y planta se conocía por entonces y la publicación más antigua que se ha usado como referencia para los nombres científicos es su Systema Naturae publicado en 1758. Por eso, muchos nombres científicos que han llegado sin cambios hasta nuestros días, llevan detrás su nombre y esa fecha. Por ejemplo Anas platyrhynchos Linnaeus, 1758. El nombre de Linneo se suele repetir tanto que es admisible que solo se ponga la inicial "L., 1758" igual que algunos otros nombres de científicos, como Cuvier y Valenciennes, que describieron tantas especies de peces juntos que en los libros de Ictiología se suele simplificar como "C&V".

Al lince boreal, en ediciones anteriores del Systema Naturae de Linneo de 1758, se le llamaba ni más ni menos que Felis caudata abreviata, apice atra, auriculis apice barbatis. 
Pensándolo bien, no es mucho pedir que ahora nos aprendamos Linx linx Linnaeus, 1758.

¿Cómo se escriben los nombres científicos?

Dedicándome a escribir para exposiciones y otras publicaciones me encuentro muy a menudo con que mis textos son revisados por personas que no saben Biología y, mucho menos, Nomenclatura zoológica. Así, casi no hay vez, si me dejan, que no me toque volver a corregir la forma de poner los nombres científicos.
- En primer lugar, los nombres científicos están escritos en latín o con palabras debidamente latinizadas (muchas veces procedentes del griego), es decir que es un idioma diferente al del resto del texto y, por lo tanto, se debe señalar escribiéndolo en cursiva o subrayado, igual que si en medio de un texto en castellano ponemos una palabra en inglés. 
- La segunda, y más común  fuente de problemas, es que el género se escribe con la inicial en mayúscula y la especie siempre con minúscula. En los numerosos artículos periodísticos en que se habla de la evolución humana se empeñan en poner Homo Sapiens, que es tan erróneo como homo sapiens. Lo correcto es  escribir Homo sapiens.
- La tercera, suele ser el nombre del autor y los malditos paréntesis. Como expliqué más arriba, a los nombres de las especies que denominó Linneo en su Systema Naturae se les añade "Linnaeus, 1758". De la misma manera deberíamos hacerlo, añadiendo el nombre del autor (o autores) que describieron las especies, seguidos del año de la publicación de esa descripción. separados por una coma. El lío suele venir cuando el nombre de la especie ha cambiado porque se ha considerado que no pertenece al género al que se le asignó en un principio. Entonces, el nombre del autor y el año se ponen entre paréntesis. Aquí es cuando el espabilado corrector o maquetista de textos suele ver que unos nombres científicos tienen paréntesis y otros no y dice: "¡Mira que fallo más tonto! voy a poner los paréntesis siempre o los voy a quitar todos. Si no estuviese yo para arreglar estas cosas..." ¡Erroooooor! Los paréntesis tienen su razón de ser y aportan información.

Veamos un ejemplo para salir de dudas: 
- El ánade real no ha cambiado de nombre desde que Linneo le bautizó, luego su nombre completo es Anas platyrhynchos Linnaeus, 1758.


Ánade real, Anas platyrhynchos Linnaeus, 1758. Dos siglos y medio sin cambiar de nombre.
- Pero el tarro blanco fue bautizado por Linneo como Anas tadorna y luego se vio que era lo suficientemente diferente del resto de los patos como para asignarle un género distinto que se llamó Tadorna. Su nombre completo es entonces Tadorna tadorna (Linnaeus, 1758).


Tarro blanco,Tadorna tadorna (Linnaeus, 1758).
En los artículos de divulgación apenas se usa el nombre de los autores, especialmente si se trata de aves y mamíferos, pero lo correcto es ponerlos, al menos en los trabajos más científicos. Lo que ocurre es que cuando se citan muchas especies a lo largo de un texto, no solo es complicado saberse toda la lista de nombres de autores, sino que la lectura llega a hacerse muy engorrosa. Para muestra, esta misma parrafada. Así, en mi entrada sobre la almeja china del cieno quizás debería haber puesto Sinanodonta woodiana (Lea, 1834), al menos la primera vez que aparece el nombre en el texto. El hecho de que el nombre del autor esté entre paréntesis nos da la pista de que se trata de la misma especie que antes se llamó Anodonta woodiana y fue descrita por Lea en 1834, aunque ahora la veamos con el nombre del género cambiado. En aves y mamíferos estos detalles no son tan vitales para aclararnos con la especie que estamos tratando, pero con insectos y otros invertebrados, hay grupos tan caóticos en su nomenclatura y clasificación, que sin estas pistas estaríamos perdidos.

¿Y por qué se cambian los nombres científicos de algunas especies?

En el párrafo anterior, con el ejemplo de los patos, tenemos una de las principales razones. Cuando se va sabiendo más de las especies, se descubre que algunas que en un principio se tenían por parientes muy cercanos, como los tarros y los ánades, en realidad no están tan emparentados como se pensaba. O también puede pasar al revés, que se describan como dentro de un género diferente y en realidad pertenezca a otro ya existente. 
También puede ocurrir que lo que antes se consideraba una subespecie, ahora se tengan razones para asignarle como especie independiente. Ese es el caso de las gaviotas que veremos más adelante
Hoy en día se pretende que las clasificaciones taxonómicas reflejen, en la medida de lo posible, la evolución de los diferentes grupos y que las especies incluidas en un grupo animal (taxón) tengan un antepasado común lo más cercano posible. Así, lo lógico sería que todos los Anas tuviesen el mismo tatarabuelo y los Tadorna el suyo, aunque a su vez unos y otros tengan también un antepasado común más lejano y por eso ambos pertenecen a la familia Anatidae y así podríamos ir subiendo de categoría a la vez que se va bajando por las ramas del árbol genealógico con antepasados situados en los nudos, de donde salen las ramificaciones.

Pato colorado, Netta rufina (Pallas, 1773).
Su nombre específico hace referencia al color, igual que su nombre común. 

Nombres comunes y nombres científicos.

El cambio del nombre científico de una especie no debería afectar al nombre común por el que los no científicos la identificamos, pero distintas asociaciones científicas recomiendan listas patrón de nombres comunes para que sea más fácil ser recordadas por los profanos y, especialmente, para que se apliquen de una manera más eficiente las normas de protección de las especies en peligro. Buen ejemplo de ello son las almejas con que empezaba el artículo. También es el caso de las gaviotas argénteas ibéricas, Larus argentatus Pontopidan 1763, pertenecientes a la subespecie Larus argentatus michahellis Naumann, 1840. Su estudio puso de manifiesto que eran lo suficientemente distintas de su parientes del norte de Europa como para ser consideradas diferente especie llamándose entonces Larus michahellis Naumann, 1840, con el nombre común actual de gaviota patiamarilla.
El cambiar nombres comunes tienen su razón de ser porque en las costas atlánticas ibéricas también se pueden ver verdaderas gaviotas argénteas y hay que poder diferenciarlas de las patiamarillas. No pasaría lo mismo en el ejemplo de  los sapos corredores Bufo calamita que veíamos antes, porque todos ellos pertenecen a la misma especie, no es que se haya desdoblado en dos y se puedan confundir unos con otros.
Gaviota patiamarilla, Larus michahellis Nauman, 1840.
Para mi gusto no tienen tanta importancia otros cambios, como dejar de llamar ratoneros a los busardos ratoneros o pollas de agua a las gallinetas, máxime cuando no han cambiado sus categorías taxonómicas. ¿Es que queda feo el nombre de polla de agua? ¿Y entonces por que no cambiar nombres como chochín o pito real? ¿Y las mismísimas almejas? Si empezamos con lo políticamente correcto no vamos a terminar nunca y los nombres vernáculos, que son el origen de los nombres comunes, no serán muy políticamente correctos, pero sí sonoros y hasta divertidos.

Por cierto, que los nombres comunes se tienen que escribir siempre con minúscula porque ¿acaso no escribimos así perro, gato y ratón? ¿por qué, entonces, íbamos a escribir Ánade real?

Este verano publiqué una entrada sobre las observaciones del comportamiento de la avispa Tropidodynerus flavus que llamé "La importancia de tener un nombre". De alguna manera estas explicaciones van por el mismo camino que las reflexiones que me hacía al inicio de ese texto.

lunes, 28 de enero de 2013

¿Qué hace un bicho como tú en un lugar como este?

Unas aves desubicadas y un par de bromas.

En marzo del 2011, en un paseo familiar por Aranjuez, Madrid, vimos junto a otras aves acuáticas en el Río Tajo, al lado de los Jardines de la Isla, esta preciosa hembra de pato joyuyo, Aix sponsa.

Hembra de pato joyuyo, Aix sponsa, en el río Tajo a su paso por Aranjuez.
Esta especie, procedente de Norteamérica, es muy común en colecciones privadas y en determinados parques por su indudable belleza. Cada vez se están encontrando más ejemplares fuera de los parques, que si bien siguen dependiendo en cierto grado del suministro de alimento que le proporcionan los humanos, es posible que se lleguen a asilvestrar. Pueden verse fotos de un ejemplar macho y más información, en el blog de Enrique Sampedro, La Ría de Ribadeo, pinchando AQUÍ.
En su hábitat original este pato cría en huecos de árboles, lo que tienen difícil de hacer en nuestros humedales por falta de árboles con suficiente porte y con agujeros del tamaño adecuado.


Un caso parecido es del el  tarro canelo, Tadorna ferruginea, que también es muy común en parques y zoos, de donde se han escapado. Claro que el tarro canelo es una especie autóctona de África y el sur de Europa, que simplemente ha visto favorecida su expansión hacia en norte por la mano del hombre. Aunque, quién sabe si algunas de las poblaciones que se van descubriendo no son expansiones naturales, como ocurre con otros muchos animales, quizás favorecidos por elevación de temperaturas invernales.

Tarro canelo, Tadorna ferruginea, en el embalse de Santillana, Manzanares el Real, Madrid.

Estos los pude fotografiar en el embalse de Santillana, en Manzanares el Real, Madrid, en el mes de octubre del año pasado, aunque los he visto y escuchado, porque son muy ruidosos y llaman fácilmente la atención, en más ocasiones.


¿Pero qué es esto que anda entre las encinas de las dehesas cercanas a la localidad madrileña de Villalba? ¿Estoy ante un avestruz? No se trata una granja de estos animales, sino un único ejemplar que ya lleva mucho tiempo en esta finca, acompañada de vacas, según me explicó el amigo Barbadillo con quien compartí excursión ese día.

Avestruz, Struthio camelus, en Villaba, Madrid.
Se ve que está acostumbrado a la presencia de paseantes porque vive cerca de zonas urbanizadas y cuando nos vio desde lejos se fue acercando. Quizás hasta haya quien le lleve alguna golosina. Es evidente que se trata de un ejemplar doméstico y cautivo, aunque al disponer de tanto espacio, es un placer observarle andar entre encinas y jaras, picoteando la hierba y comiendo bellotas.

Y por último, este fin de semana nos fuimos al Parque Regional del Sureste de la Comunidad de Madrid, en la localidad de Rivas Vaciamadrid, a dar una vuelta alrededor de la Laguna del Campillo. Allí, cerca del Centro de Educación Ambiental, descubrimos esta inquietante presencia:




¿Elefantes? Sí, aunque un tanto extraños y estáticos. Es broma, se trata de una estupenda escultura que representa a una hembra y su cría de elefante fósil, Elephas antiquus, como los que vivieron en esta zona y se han encontrado en diversos yacimientos paleontológicos.




Llevan ya bastante tiempo estos elefantes, los recuerdo de cuando hice la exposición, que hay en dicho Centro de educación ambiental, pero lamentablemente habían sido dañados por vándalos y han tenido que ser restaurados recientemente. La verdad es que han quedado perfectos y muy realistas. Sé que los críos se lo pasan fenomenal con ellos cuando realizan las actividades educativas del centro. Los excelentes y vocacionales monitores ambientales, saben encandilar a los peques incluso haciéndoles seguir huellas para descubrir entre la vegetación semejantes animales. Son uno más de los muchos atractivos de este parque al que hasta en metro se puede llegar.