domingo, 22 de julio de 2012

Planarias, refrescando la memoria

Seguro que muchos de los paseantes de este fin de semana en el valle de la Barranca, en Navacerrada, han buscado, como yo, la sombra de los pinos y refrescarse en la fuente de Mingo. Especialmente si íban de paso, a la ida o a la vuelta, de ascensiones más ambiciosas, como hacia la Bola del Mundo o La Maliciosa.
Solo algunos se habrán dado cuenta de que en el fondo de la pequeña pileta viven una especie de pequeños gusanos negros de poco más de un centímetro de longitud. Y unos pocos, al ver su aspecto, pensarán que están en presencia de sanguijuelas, pues su aspecto es realmente parecido. También se podrán encontrar, aunque no tan fácilmente, en los arroyos del entorno del valle.
Planarias bajo una piedra en el fondo de la pileta de la Fuente de Mingo. La Barranca, Navacerrada.

Pero no son sanguijuelas, las sanguijuelas tienen la parte de la cabeza afilada y en la cola una ventosa. Estamos en presencia de planarias. Sin estar seguro al cien por cien, creo que de la especie Polycelis felina (si me equivoco avisadme, por favor, no soy un experto ni mucho menos).
Las planarias son gusanos planos (filo Platelmintos) de la clase de los turbelarios, que son de vida libre y no parásitos como otros gusanos del mismo filo. Los hay marinos, de agua dulce y habitantes del suelo húmedo y se alimenten de otros animalillos de su entorno. Así, si para refrescarnos metemos las manos o los pies en el agua de un arroyo con planarias, no debemos temer que éstas nos chupen la sangre, como lo harían las sanguijuelas.

Planarias en el fondo de la pileta de la Fuente de Mingo. La Barranca, Navacerrada.

Pero además de refrescarme la boca y la cara en la fuente, la presencia de estas planarias me refrescó la memoria de algunas de las cosas que aprendí en el colegio y la universidad cuando estudié los turbelarios. Una de las cosas curiosas que se estudiaba por aquel entonces es que las planarias se podían cortar en trozos y de cada trozo se regeneraba una nueva planaria. Conociendo a otros animales que regeneran parte de su cuerpo eso no nos sorprende, pero ¿como es que se regenera una nueva planaria de un trozo que ni siquiera tiene cabeza? Porque en la cabeza estos animales tienen  un pequeño, pero funcional, cerebro.
Los científicos del siglo XIX, con una creatividad un tanto sádica, incluso dieron a las planarias cortes incompletos que, al intentar regenerarse, desarrollaron cabezas suplementarias en un mismo individuo. Es más ¿cómo es que se puede cortar una planaria en más de 200 trozos y que de cada uno de ellos se desarrolle un animal completo?
La respuesta es que en las planarias se conservan gran número de células madre, neoblastos, repartidos por todo el cuerpo. Esas células madre son capaces de regenerar cualquier otro tipo de célula especializada del organismo y así volver a completar un nuevo animal.
Zona ventral de planaria. Se distinguen claramente las expansiones laterales de la cabeza, 
eso las diferencia a simple vista de pequeñas sanguijuelas. La Barranca,
 Regajo del Cancho Negro, ladera de la Maliciosa

Este asunto ya es de por sí impresionante, pero más curiosa aún es la historia del estudio de la memoria en las planarias. Diseñar un experimento con el que demostrar que las planarias tienen capacidad de aprendizaje tiene su intríngulis, pero en 1955 R. Thompson y James McConnell lo hicieron de una manera muy simple: sometieron a las planarias a un fuerte destello de luz y a continuación a un calambre. Después de unas cuantas sesiones las pobres planarias se encogían solo con la luz, a la espera del calambrazo, aunque este no llegase. Pero la investigación fue más allá, cortaron a las planarias "sabias" en dos trozos y tanto la mitad con cabeza como la mitad sin ella, después de regenerarse, recordaban que tras la luz venía el calambre. Esto sugería que la memoria no se encontraba en el cerebro de las planarias, sino repartida por todo el cuerpo. Supusieron, y estaban en lo cierto, que la memoria tenía una base química. Es decir, que se había acumulado en moléculas de ARN.
Zona ventral de planarias que se desplazan adherida a la superficie del agua.
 Regajo del Cancho Negro, ladera de la Maliciosa


El no va más del experimento fue en 1962 cuando McConnell publicó que cuando a nuevas planarias, que no habían sido enseñadas, se les dio de comer planarias "sabias" trituradas, las caníbales aprendieron a esperar el calambrazo con muchas menos sesiones que las primeras. De esto el científico dedujo que la memoria se podía transmitir por la alimentación, al comerse del ARN producido por las planarias entrenadas. Pero no era así, experimentos posteriores demostraron que cualquier planaria alimentada con triturados de sus congéneres tenia más facilidad de aprendizaje que las que comían otros alimentos, independientemente de que las víctimas hubieran sido enseñadas o no. 
Ese controvertido artículo inspiró tanto a científicos como a autores de ciencia ficción, que elucubraron con la posibilidad de que los humanos pudiesen aprender a base de pastillas una vez sintetizados los productos necesarios.
El científico James McConnell fue un curioso personaje que editaba su propia revista y en ella mezclaba artículos de broma y artículos serios. Recomiendo encarecidamente buscar en la Wikipedia el artículo que le dedican. McConnell, además, fue víctima de un paquete bomba, que le dejó sordo, enviada por un famoso asesino múltiple, al que se apodó Unabomber, cuya historia también puede encontrarse en la Wikipedia

miércoles, 4 de julio de 2012

Bañarse con golondrinas

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Entre la publicidad de viajes de vacaciones empiezan a aparecer con relativa frecuencia anuncios que ofrecen bañarse con delfines, tiburones ballena, tortugas o mantas raya, pero no he visto ninguno que de la posibilidad de bañarse con golondrinas. Y eso es lo que he hecho, aunque no estuviese en el programa, la semana pasada en una casa rural de la Serranía de Ronda.


En una piscina, casi literalmente colgada en la ladera de una montaña, cuando por las tardes nos refrescábamos del agobiante calor sufrido durante el paseo diario, las golondrinas venían a bañarse con nosotros con todo el descaro del mundo.
Como decía el gran Félix, dejo hablar a las imágenes
Son las de las fotos anteriores golondrinas comunes, Hirundo rustica, pero también las dáuricas, Hirundo daurica, nos regalaron la vista con sus baños y tomas de agua en pleno vuelo.

Igualmente aviones comunes y roqueros nos sobrevolaron, además de abejarucos y vencejos, pero no se atrevían a bajar estando nosotros cerca.
La que tampoco se quiso perder nuestro baño fue la lavandera blanca, Motacilla alba, bastante despeluchada ella...

... y numerosos verdecillos, Serinus serinus, que se alimentaban en las espigas del entorno y acudían tímidamente a beber agua en algún charquito que encontrasen.

jueves, 21 de junio de 2012

Piezas de Museo: Fauna en peligro


"El Aye-aye no es una exclamación de dolor, sino el nombre de un extraño y pequeño mamífero de Madagascar ..."
Así comenzaba un artículo que apareció, cuando yo era un niño, en unos carteles de ADENA firmados por Félix Rodríguez de la Fuente. Trataba sobre la grave situación de amenaza que sufría esta rara especie y los proyectos para su recuperación.
A mí, hasta hace bien poco, sí se me escapaba una exclamación de dolor y rabia y recordaba esa frase cada vez que veía al ejemplar de aye-aye, que se mantenía en las pésimas condiciones de unos almacenes del Museo de Ciencias fuera de Madrid. Afortunadamente, para esta pieza en concreto, la vitrina lo protegió del polvo y las humedades, no todas pudieron decir lo mismo.  

Por eso, a la más mínima oportunidad que me dieron, el aye-aye fue uno de los animales rescatados del olvido para ser colocado en una de las exposiciones permanentes del Museo Nacional de Ciencias Naturales titulada "BIODIVERSIDAD"
El aye-aye ha pasado a ser un ejemplo, como en aquel artículo que leí de niño, de qué y cómo debemos conservar. Es un ejemplo de singularidad evolutiva: la única especie en su género y en su familia perteneciente a un grupo, los lemures, de por sí particulares y que, además, habita en una isla y en un ecosistema seriamente amenazado.

Igual suerte habían corrido otras piezas, como el esqueleto de canguro que hasta fue protagonista gráfico de un artículo del diario El País, titulado "El museo de los horrores".

Ahora, limpio y restaurado es una de las piezas protagonistas de la nueva exposición en una vitrina dedicada a mostrar la anatomía comparada a través de los esqueletos de aves y mamíferos. Poco a poco vamos sacando a la luz estas piezas de museo. Piezas en peligro de extinción. 

Nunca está de más recordar que la mayoría de estas piezas, animales taxidermizados y esqueletos, tienen entre 150 y 80 años de antigüedad, alguno aún más y muy pocos menos, que proceden de algún zoológico que los ha donado a su muerte. Ahora no se mata ningún animal con esta finalidad, y servir a la educación de las generaciones presentes y futuras es el fin más noble que pueden tener sus restos.
A primeros de abril se inauguró esta exposición en la sala principal de la sección de Zoología del Museo y a mi me tocó colaborar en su realización. 

La exposición se divide en tres secciones. En la primera se explica qué es la Biodiversidad, cómo se manifiesta y distribuye. La segunda trata sobre la evolución, mecanismos evolutivos, selección natural y artificial. Y la tercera y ultima parte, sobre la extinción y la conservación de la Biodiversidad.

Mi trabajo consiste en distribuir los contenidos, desarrollados por científicos especialistas, intentar si es preciso, adecuar los textos al nivel del público del museo, y seleccionar las piezas y el modo de colocarlas para que puedan ayudar a explicar esos conceptos. También propongo y desarrollo temas concretos, como este de los cuernos, entre la diversidad de formas, ... 

... o el ecosistema en el entorno y el interior de un búfalo africano, como ejemplo de que también es Biodiversidad la forma en que se interrelacionan los organismos entre sí y con su entorno.

Como doy a entender más arriba, mi empeño personal es poder sacar el mayor número posible de piezas a la exposición. Y entre ellas hay algunas de especial importancia, como el elefante africano, que está próximo a cumplir los 100 años de edad,....
... y la jirafa, que por ciertos maltratos que tuvo en tiempos pasados ahora se ha quedado como muestra de las esculturas que hay bajo las pieles de los animales taxidermizados por los hermanos Benedito.
También se expone una muestra de especies extintas, entre otras: el alca gigante, unas réplicas de cabeza y huesos de dodo y nuestro espectacular lobo marsupial.

Desde que se inauguró la exposición algunos de los especialistas que participaron en su desarrollo han ofrecido conferencias y visitas guiadas explicando sus contenidos científicos. Ahora, el 3 de julio a las 7 de la tarde, me toca a mi hablar. Pero no voy a centrarme en los contenidos conceptuales, sino en muchas otras cosas que las piezas nos pueden contar. Estáis todos invitados. La entrada es gratuita.

lunes, 4 de junio de 2012

Comportamiento territorial en ranas comunes



Ya que estamos en racha anfibia, voy a continuar con las otras ruidosas protagonistas del estanque de mi jardín, las ranas comunes, Pelophylax perezi. Esta vez trataré sobre las peleas de machos, algo sobre lo que ya escribí, muy someramente, el año pasado, en la entrada dedicada a las puestas y el desarrollo embrionario, que puede verse pinchando AQUÍ.
La cuestión es que los machos de esta especie de rana no solo utilizan el canto como reclamo reproductivo, sino también como forma de defender el territorio frente a otras ranas. Lo he observado en muchísimas ocasiones, no solo en el estanque de mi jardín, sino especialmente en el río Guadarrama a su paso por Villalba, hace un montón de años, antes de que decidiesen cementar su cauce para que dejase de ser un río y se convirtiese en una cloaca a cielo abierto.

Creo que el vídeo es suficientemente aclaratorio, pero insisto en varias cuestiones:
  •  Los machos ocupan, por largas temporadas, siempre el mismo lugar en el estanque. Puede haber algunas pequeñas variaciones en función del crecimiento de las hojas de los nenúfares, pero a grandes rasgos ocupan un territorio de entre medio metro y un metro cuadrado. Los reconozco por su color y diseño.
  • Entre medias puede haber pequeños ejemplares a los que no suelen hacer ningún caso, si se quedan quietos y callados. No he observado canibalismo, aunque es posible, y por tamaño, desde luego, son perfectamente capaces.
  •  Los machos cantan mirando a uno de los vecinos y si este les responde se establece un "diálogo" que suele terminar con empujones, saltos encima e incluso intentos de abrazo. 
  • Los "abrazos" no son igual que los amplexus que realizan con fines reproductivos. Cuando están muy encelados los realizan incluso sobre otros animales, como sapos o gallipatos y son muy persistentes. Estos abrazos de pelea se sueltan rápidamente, incluso antes de que haya un sonido de queja por parte de receptor.   
  • Una vez resuelta la "discusión" cada cual vuelve a su territorio y a su "posadero". Supongo que habrá casos con un vencedor muy claro, pero yo no los he visto, posiblemente opten por una discreta huida.
  • Los ejemplares menores y las hembras ocupan espacios periféricos, en orillas, piedras y en zonas encharcadas con plantas, laterales al estanque.


En el vídeo se puede ver y escuchar, un poco antes de segundo 30, un canto suave que suelen emitir a la vez que mueven las patas traseras, a veces lo emiten también cuando se alarman. Creo que tienen otra forma de comunicarse a través de las ondas que producen en el agua y muchas veces coincide con ese sonido que no se produce hinchando los sacos vocales.


Aún me queda mucho por entender y por interpretar el sentido de los distintos tipos de canto. Supongo que el comportamiento de estas ranas es más complejo de lo que se ha supuesto hasta ahora. No es tan simple como lo que tradicionalmente se ha dicho: Si es más grande es un enemigo, si es más pequeño me lo como y si es de mi tamaño lo monto.
Creo que no me voy a aburrir sentado en el banco frente al estanque a la sombra del olmo.

domingo, 27 de mayo de 2012

Ranas de San Antón cantando en mi jardín

En mayo del 2009 me llevé una gran alegría cuando escuché por primera vez ranitas de San Antón, Hyla arborea, en el estanque de mi jardín. Un mes más tarde por fin vi un ejemplar. También el año pasado noté su presencia.
Nota: cuando se editó esta entrada su nombre científico era Hyla arborea, pero en la actualidad su nombre correcto es Hyla molleri.

Pero lo de este año ha sido apoteósico, en el jardín puedo oír un buen número de ejemplares y además se escuchan algunos más en los alrededores. No sé de donde han venido pero la ocupación es un hecho. Quizás sean los descendientes del macho que cantó hace tres años, que ya son adultos. Eso me dice que lo que hago para favorecer la vida de los anfibios en casa está teniendo éxito.
Es curioso como se han adaptado estas ranitas a las raras condiciones climáticas de este año. El año pasado, relativamente cerca de aquí, junto al río Manzanares, las vi enceladas y cantando en el mes de febrero, con un frío pelón. Fue en la misma zona donde vi reproducirse a los sapos corredores, como lo comenté en la entrada que puede verse pinchando AQUÍ. Es cuando hice las fotos de esta entrada. Sin embargo, este año no han comenzado su celo hasta bien entrado el mes de mayo, coincidiendo con las subidas de las temperaturas después de unos cuantos días de lluvia.
El siguiente vídeo está grabado el viernes pasado y ya hay puestas en el estanque, aunque no he podido ver ningún aplexus. A la vez que las Hyla se puede oír a las ranas comunes, Pelophylax perezi, con su gran variedad de sonidos, que ahora cantan sin parar, tanto de noche como de día.



Sin duda las ranitas de San Antón son las preferidas de la mayor parte de la gente, su vivo colorido, la manera de trepar y su aspecto de Rana Gustavo, es irresistible. El canto es un tanto estridente pero, afortunadamente para la relación con mis vecinos, solo cantan una corta temporada, durante la reproducción. En pleno verano, cuando se duerme con las ventanas abiertas, quizás haya a quien no les resulten tan simpáticas, por mucho que me gusten a mi.


Esta especie es un ejemplo clásico de cómo se escucha diferente el canto de un ejemplar aislado y cuando se juntan en un coro. Los componentes del coro entran a cantar en momentos precisos para formar una melodía particular para la especie. Los coros se pueden oír desde más lejos y ayudan a atraer a las hembras hacia las charcas. Afortunadamente en esta especie no parece tan fiel a su lugar de nacimiento como otros anfibios porque la colonización de mi jardín, que ha sido totalmente natural, no podría haber sido posible. También es cierto que han tardado más de diez años en asentarse.



martes, 8 de mayo de 2012

Colémbolos, saltadores con pértiga incorporada.

Hace más de 350 millones de años, en el periodo geológico llamado Devónico, en un húmedo ambiente, iniciaron su vida terrestre unos diminutos artrópodos: los colémbolos. A la vez, los más primitivos anfibios empezaban a salir del agua. Y en el mismo periodo se diferenciaba un grupo de plantas,  Progimnospermas, de las que luego evolucionarían, entre otras, las cycas, los ginkos y los pinos.

La semana pasada, finales de abril, con un tiempo húmedo característico de la primavera, en la Sierra de Gredos, dos representantes de una especie apenas recién llegada a este planeta, paseamos aprovechando los pocos rayos de sol que se filtran entre las ramas de los pinos, Pinus sylvestris. Hace unos minutos que hemos disfrutado viendo en un pilón las evoluciones de dos larvas de salamandra, nacidas el año pasado, muy grandes pero con la cola aplanada y las branquias aún bien desarrolladas, aunque su cuerpo ya está cubierto por las pequeñas manchas amarillas características de la subespecie Salamandra salamandra almanzoris. Un poco más adelante, en medio del camino, llaman nuestra atención unas manchas negras flotando en un charco. De lejos parecen de aceite, pero al acercarnos vemos que se trata de agregaciones de oscuros colémbolos, de la especie Podura aquatica.
Es decir, que mi mujer y yo nos movimos entre los descendientes de tres estirpes que se remontan a 350 millones de años de antigüedad.

 
Hasta hace poco se creía que los colémbolos eran los más primitivos insectos, pero ahora se considera que, si bien son hexápodos, pues tienen tres pares de patas torácicas, están separados de la clase Insecta, formando la clase Entognatha, junto a proturos y dipluros, otros curiosos y primitivos grupos que me encantan y espero que alguna vez puedan protagonizar una entrada en el blog.


Se dice que los colémbolos pueden ser los artrópodos terrestres más abundantes del planeta, no por número de especies, que no está nada mal con más 6.000, sino por el número de individuos que puede superar los 60.000 por metro cuadrado. Habitan en todos los continentes y ecosistemas, la única limitación que tienen es la necesidad de humedad ambiental, pues no tienen la cutícula igual de desarrollada que los insectos. Pero además de vivir en el suelo, en la hojarasca, entre los musgos y cortezas, incluso sobre el agua como el protagonista de hoy, también viven en capas profundas del suelo, en el medio intersticial, y en cuevas. A veces se ven sobre la nieve y, de hecho, viven también en la Antártida.
Los colémbolos son tan sencillos que ni siquiera tienen órganos sexuales para realizar la cópula, el macho deja un paquete de esperma sobre el sustrato y la hembra lo recoge. Algunas especies, eso sí, tienen un cortejo para animarlas. También es simple el aparato excretor, sus productos de excreción se quedan en la parte final del tubo digestivo y se eliminan con la piel de la muda.
Se alimentan de todo tipo de sustancias orgánicas y pequeños organismos que encuentran en su entorno, como algas, bacterias, otros animales y especialmente hongos. Algunos son capaces de roer plantas superiores y pueden llegar a ser plagas en los cultivos.  


En un animal de anatomía tan simple como la del colémbolo, conseguir los saltos que pueden dar es todo un prodigio. En la parte final del abdomen tienen unas extremidades que forman la furca, esa es la pértiga a la que me refiero en el título de la entrada. En posición de reposo, y cuando van andando, que es su manera normal de desplazarse, ésta se encuentra plegada contra el vientre y trabada en su extremo por una expansión ventral a modo de gatillo. Cuando quiere saltar, el colémbolo presiona los fluidos de su cuerpo, como un pistón hidráulico, hacia la parte trasera, forzando a abrirse a la furca, que al ser soltada por el gatillo golpea el suelo y lanza al colémbolo por los aires.
Podura aquatica puede vivir en el suelo, pero es más fácil verlos sobre el agua, donde forma agrupaciones de cientos de individuos, flotando gracias a su escaso peso y a la tensión superficial. Además su furca es aplanada, lo que le permite saltar sobre la lámina de agua sin romperla. 


Los primeros recuerdos que podríamos llamar naturalistas de mi infancia son de observación de los colémbolos. Para un niño criado en la ciudad, y en aquellos tiempos, no era cosa sencilla el tener acceso al campo. Recuerdo perfectamente, que me quedaba extasiado viendo las evoluciones de unos minúsculos animalillos blancos que andaban sobre la tierra de las macetas de las plantas de interior de mi madre. Bizqueaba fijándome en esos bichitos que de vez en cuando, sobre todo si les molestaba con un palito, daban unos saltos impresionantes. A los nueve años descubrimos que si podía ver esos pequeños bichos era porque tenía bastante miopía, lo cual me permitía acercarme más de lo habitual. Tumbado en la hierba y mirando el suelo es casi imposible no ver colémbolos… si se tiene buena vista cercana, claro.

martes, 17 de abril de 2012

Cleptoparasitismo de gorrión sobre carbonero. Los vídeos

En una entrada anterior comenté que los gorriones de mi jardín "cleptoparasitan", curiosa palabreja, a los carboneros comunes. No repito más explicaciones porque puede verse pinchando AQUÍ.
Ahora puedo mostrar el vídeo donde se ve cómo el carbonero se molesta en abrir el agujero en la cáscara del cacahuete para que luego venga el gorrión a llevarse la semilla.

La ristra de cacahuetes está colgada justo delante de la ventana de mi cocina, con lo que no tengo más que ponerme con el trípode frente al fregadero, cómodamente sentado en una silla. Un curioso "hide" adecuado para los días fríos de viento y lluvia, como este pasado sábado.


Además, añado otro vídeo donde se muestran las interacciones entre las dos especies, según sean machos y hembras.
El macho de carbonero común se diferencia de la hembra porque tiene la línea negra ventral mucho más ancha y el color amarillo del cuerpo más fuerte. En su comportamiento se aprecia que hay una dominancia clara de los gorriones sobre la hembra de carbonero, la del principio del vídeo. Pero el macho de carbonero, especialmente ahora que empieza a estar encelado, discute la posesión de los cacahuetes a la hembra de gorrión. El macho de gorrión domina a todos los demás.
Es curioso, los carboneros tienen el pico más afilado que los gorriones y posiblemente serían más capaces de hacer daño que ellos, como bien saben los que anillan a estas aves y como demuestran al abrir los cacahuetes, sin embargo no se enfrentan verdaderamente y es todo muy ritualizado.