
Si quieres saber cómo crecieron los renacuajos de estos sapos mira la siguiente entrada pinchando AQUÍ
Un Cuaderno de Campo con lo que observo en el jardín de casa, en excursiones y viajes. El jardín está situado en la zona de Mataelpino, al sur de la Maliciosa en la madrileña Sierra de Guadarrama, a casi 1.100m sobre el nivel del mar. Sencillas observaciones dan lugar a explicar procesos biológicos que todos podemos descubrir en nuestro entrono más cercano. Todos los textos, fotos y dibujos, salvo indicación expresa, son propios. Espero que se solicite permiso para utilizarlas.

Como ya conté en la entrada dedicada a mis mastines, "Adiós, mastines, adiós", Pizca llegó a casa para superar pérdidas, de anteriores perros, tanto para nosotros como para nuestra mastina, Bola. También hablé de ella y puse un minivídeo en una entrada llamada "Fin de semana blanco".
Queríamos tener un perro que pudiese estar la mayor parte del tiempo dentro de casa, no como los mastines, y que fuese rústico para disfrutar de nuestras caminatas campestres. Pizca nos da todo eso y mucho más, con ella el aburrimiento no existe.
Panza arriba, con el cuello bien estirado y las patas abiertas nos dejan ver su vientre, que los cachorros tienen además sin pelo. En casos extremos de nerviosismo incluso dejan caer unas gotas de orina sobre su barriga. Es una señal de sumisión total que permite al perro (o humano) dominante asegurarse de que se trata de un cachorro con su olor característico y que no supone ninguna amenaza. De conducta de cahorrro ese acto ha pasado a ser un comportamiento de individuo dominado ante su superior.
La domesticación del lobo para dar lugar al perro se realizó a base de seleccionar artificialmente caracteres infantiles. Esto es muy evidente en algunas de las razas por su pequeño tamaño, sus grandes ojos y la cabeza chata y redondeada, pero más aún por su comportamiento respecto a nosotros, los humanos, a los que durante toda la vida consideran (o deben considerar) como líderes de la manada y procuradores de alimento.
Fragata o carabela portuguesa, Phisalia phisalis,
Una anémona es claramente un individuo aislado, que cuando crece mucho llega a dividirse y produce dos nuevos ejemplares, que se separan y hacen vida independiente. Pero una rama de gorgonia o de coral, que van produciendo por gemación nuevos pólipos que quedan unidos de por vida a una base común, ¿siguen siendo individuos aunque nunca estén aislados? La ciencia nos dice que sí. Entre otras cosas porque todos ellos realizan la misma función en la colonia. Con esto hemos llegado al concepto de animal colonial, que en algunos casos todos los miembros de la colonia son iguales, mientras que en otros hay especializaciones y unos se dedican a la captura de alimento, otros a su digestión y, por ejemplo, otros solo a la reproducción. En una de esas colonias un individuo aislado no puede vivir si no cuenta con la colaboración de los otros especialistas. ¿Que tiene entonces de individuo?

Al menos nos ha permitido llegar a una conclusión. Cuando hay una carroña disponible a última hora de la tarde y a los buitres se les echa la noche encima en plena cena, no se vuelven a las buitreras a dormir, aunque estén cerca como en este caso, sino que se suben a algún árbol cercano esperando el amanecer.
En realidad los ojos compuestos de los insectos están formados por un acumulo de piezas de forma de tubos hexagonales, más bien cónicas, llamados omatidios, y cada uno de ellos capta una porción de la imagen que tiene enfrente. Es comparable a un montón de esas tuberías que aparecen apiladas en las obras. A medida que andamos delante de ellas vamos viendo la luz del fondo, pero no es que la luz nos siga, sino que nosotros vamos viendo sucesivamente el fondo de unas u otras. En este caso no es que el ojo nos siga a nosotros, sino que vamos viendo el fondo de cada uno de esos omatidios.
Este ejemplar fue el más hermoso de la escasa cesta que se recogió.
Nunca es suficiente la insistencia en decir que las setas se cortan con una navaja, nunca deben arrancarse, pues al tirar de ellas se daña al micelio que está bajo tierra y es el que posibilita que sigan creciendo más setas y que cumplan su función biológica.
Seta que no has de comer, déjala crecer. Es importante dejar las setas que parezcan pasadas, estropeadas o atacadas por insectos, es decir las que es seguro que no nos vamos a comer, pues ellas sí pueden terminar de soltar las esporas que aseguren la próxima generación. Y, desde luego, no tocar las setas que no son comestibles o que no sabemos diferenciar.
Tampoco sería deseable que se colectaran todas las setas de un mismo lugar, pero es complicado que esto se cumpla en lugares donde son muchas personas aficionadas a la micología.