Un Cuaderno de Campo con lo que observo en el jardín de casa, en excursiones y viajes. El jardín está situado en la zona de Mataelpino, al sur de la Maliciosa en la madrileña Sierra de Guadarrama, a casi 1.100m sobre el nivel del mar. Sencillas observaciones dan lugar a explicar procesos biológicos que todos podemos descubrir en nuestro entrono más cercano.
Todos los textos, fotos y dibujos, salvo indicación expresa, son propios. Espero que se solicite permiso para utilizarlas.
No hace mucho un compañero científico del Museo, y seguidor de este blog, me aconsejó que no me preocupase tanto de hacer sesudas entradas llenas de datos y textos, que a él le gustaban más ligeras y con la frescura de un cuaderno de campo.
Con todo mi aprecio como persona y admiración como científico, que además sabe divulgar, le voy a hacer caso y espero que me salga una entrada refrescante, que falta nos hace.
Ya he comentado en otras ocasiones que en el jardín intento facilitar la vida a la fauna que pueda acercarse poniendo a su disposición plantas, a ser posible autóctonas, que les ofrezcan alimento y refugio. Árboles y arbustos que produzcan bayas en distintas épocas del año son fundamentales. Para los insectos, además, intento dejar algunas "malas hierbas", que suelen ser fuente de interesantes observaciones.
Es muy importante también tener algún lugar donde las aves puedan beber agua, tanto en invierno como en verano. Parece mentira, pero en invierno, cuando hay varios días seguidos de temperaturas bajo cero, el agua líquida es también necesaria y un agujero en el hielo del estanque es un punto de atracción.
Hay en el jardín un arbolillo desangelado como él solo, que cuando no tiene ni flores ni frutos pasa totalmente desapercibido, pero cuando florece es una auténtica maravilla para la vista y el olfato, se trata del serbal de los cazadores, Sorbus aucuparia.
La floración es primaveral y relativamente temprana, con lo que es todo un regalo para los abejorros, abejas, avispillas y dípteros de todo tipo que acuden a libar pagando el peaje de transportar su polen.
Y bien entrado el verano, sus abundantes frutos son un punto de atracción para muy diversas aves, entre las que en mi jardín destacan los mirlos, que alternan su búsqueda de lombrices, arrancándome alguna que otra planta de rocalla, con la dieta frugívora.
En estos días dos hembras de mirlo han alimentado ante la ventana de mi cocina a sus pollos, tanto con lombrices como con los frutos del serbal. Y me han permitido fotografiarlos.
Me hace mucha gracia que cuando el pollo está solo y sobre todo si mi perra o alguno de nosotros nos acercamos, queda quieto como una estatua.
También cómo la madre se deja ver en las cercanías durante un buen rato, aunque en silencio, sin acercarse a la cría.
Y cuando llega, la alimentación es rápida, alejándose inmediatamente.
A una de las dos madres la podía diferenciar por el "despeinado" del las plumas de la nuca.
Un día después de hacer estas fotos, vi que las dos hembras estaban mirando con mucha atención en el estanque. Perdonadme la humanización al interpretar su comportamiento, pero casi puede ver su preocupación y enseguida me di cuenta de lo que podía estar pasando. Corrí hacia el jardín, pero el pollo ya estaba ahogado.
Curiosamente las dos hembras de mirlo han seguido alimentando al único pollo superviviente. Y no solo eso, también defendiéndolo, porque durante toda una mañana un par de urracas han debido estar intentando cazarlo y esa parte del jardín fue todo un jaleo entre las dos mirlas y las dos urracas.
No puedo saber si las dos hembras de mirlo son dos madres con sus correspondientes hijos únicos o solo una de ellas es madre de los dos y la otra está contribuyendo a su cuidado. Lo que sí puedo asegurar es que al afortunado pollo superviviente no le ha faltado comida ¡qué manera de tragar!
En los estanques y variados recipientes de agua que tengo repartidos por el jardín, hay superficies escalonadas, abundantes nenúfares o malla de plástico en la orilla, como la que se ve en el lado izquierdo de esta última foto, para ofrecer superficies irregulares por las que trepar y evitar los ahogamientos, pero se ve que ese pollo no fue capaz de encontrar la manera de salir. Por cierto, el pájaro de la foto es un ruiseñor, muchas veces escuchado pero pocas veces visto.
Ya en otras ocasiones he comentado los buenos momentos que me han reportado las "malas hierbas" que crecen en mi jardín y que, en determinados lugares, las dejo crecer libremente. Es cierto que posiblemente podría ver los mismos acontecimientos en el campo, pero resulta mucho más difícil coincidir con ellos en el momento preciso.
Esta vez se trata de observaciones en torno a una planta de colza, Brassica napi,que el año pasado apareció en el jardín y que este año ha vuelto a crecer.
Flor de colza, Brassica napi.
Me gusta esta planta, es bonita y sus flores atraen a las mariposas. El año pasado creció muchísimo y dio flores durante bastante tiempo, pero este año su desarrollo se paró debido al ataque de unas hermosas orugas de una de las plagas típicas de estas plantas, la mariposa de la col, Pieris brassicae.
Larva de Pieris brassicae sobre la planta de colza de mi jardín.
Los nombres comunes y científicos de algunas mariposas de la col dejan pocas dudas respecto a sobre qué plantas de desarrollan sus larvas. Por ejemplo, la de las larvas de mi planta: Pieris brassicae.
Mariposa adulta Pieris brassicae.
O la llamada blanca verdinervada, Pieris napi.
Mariposa adulta, Pieris napi.
Un buen día todas las larvas desaparecieron de la planta, no sé si será porque se fueron a pupar a otro lugar, aunque no las encontré por mucho que las he buscado, o porque algún pájaro de los que pululan por el jardín las ha descubierto y se ha dado un banquete. Parece que estas larvas tienen pelos urticantes y mal olor y sabor, pero hay depredadores capaces de todo.
La verdad es que ya se habían comido casi todas las hojas excepto algunas más viejas de la roseta basal. También se comieron la mayoría de las flores y solo algunos capullos quedaron, cuando una nueva plaga vino a sumarse a la anterior: los pulgones, concretamente una especie muy específica de estas crucíferas, colza, coles, repollos, nabos y similares: Brevicorine brassicae. Nuevamente su nombre científico nos da pistas sobre sus plantas nutricias.
Los pulgones cubrieron por completo en pocos días los restos de la planta y con sus picos bien hundidos en el tallo, sorbían la sabia que aún producía.
Pulgones, Brevicoryne brassicae, sobre los tallos de colza.
Estos pulgones se caracterizan porque en la fase áptera (sin alas) son verdosos y con esa especie de polvillo blanco que se ve en las fotos. Las hembras ápteras pasan el invierno protegidas en los resquicios de las plantas y en primavera comienzan a "parir" hijas sin necesidad de macho que las fecunde (partenogénesis) y sin poner huevos. Entre estas crías aparecen también ejemplares alados que vuelan en busca de nuevas plantas donde desarrollaran sus nuevas hijas. Y se ponen a ello con gran éxito, ocasionando daños a los cultivos de los huertos. En otoño otros individuos alados vuelven a volar en busca de otras plantas donde volver a criar y pasar el invierno.
Puede que a los seguidores de este blog ya les suene el aspecto de los pulgones hinchados y amarillentos de la siguiente fotografía. es lo que los especialistas llaman "momias", pues ya los vimos en una entrada cuyo enlace pongo al final del artìculo.
Momias de pulgón, Brevicoryne brassicae, junto algunos ejemplares alados. los restos blanquecinos a su alrededor son las pieles de la muda, llamadas exuvias.
Bien, pues esas momias son pulgones que han sido parasitados por una minúscula avispilla que también pude ver entre ellos. Posiblemente una especie muy concreta que los ataca: Diaeretiella rapae.
Avispilla Diaeretiella rapae sobre el tallo de colza.
No tuve que esperar mucho para ver a la avispa parásita en plena acción de poner su huevo por debajo de un pulgón estirando su abdomen hacia delante.
Avispilla Diaeretiella rapae en el momento de poner el huevo bajo el pulgón.
Aquí se puede ver en un corto vídeo:
Pero a base de fijarme en ellas también descubrí otras avispas con el abdomen más redondeado. A diferencia de las anteriores, estas avispas no pululaban entre los pulgones vivos, sino sobre las momias.
Avispilla hiperparásita, posiblemente del género Pachyneuron sobre una momia de pulgón, dispuesta a poner su huevo.
En efecto, lo que estaban haciendo era poner su huevo en ellas, pues esta especie no parasita al pulgón, sino a la larva de Diaeretiella que se está desarrollando en su interior. Es el fenómeno conocido como hiperparasitismo. Quizás esta nueva avispa pertenezca al género Pachyneuron, pero es muy difícil de determinar, sobre todo a partir de una foto de tan mediana calidad. Para que el desarrollo de la hiperparásita sea posible es importante que la larva que se está desarrollando dentro de la momia siga viva y que no tenga ya otra larva alimentándose de ella, posiblemente por eso es por lo que la avispa madre se toma su tiempo y va revisando las momias a su alcance ante de decidirse a poner el huevo en una de ellas.
Avispilla hiperparásita, posiblemente del género Pachyneuron sobre una momia de pulgón, dispuesta a poner su huevo.
Pero en la planta de colza aún hay otros habitantes, uno de ellos es una joven araña Napoleón, Synema globossum, que está ejerciendo de superdepredador en este miniecosistema. Para interpretar y recordar el por qué de ese nombre común no hay más que echarle algo de imaginación al mirar la mancha de su abdomen, aunque si el nombre no fuese tan antiguo estoy seguro que la habrían llamado araña Darth Vader. Estas arañas son típicas de las flores y tienen un veneno que paraliza con gran rapidez a las abejas, avispas, moscas e incluso mariposas que acuden a libar en ellas. Sin duda el lado oscuro de la fuerza les acompaña, pero éste ejemplar es tan pequeño que, por el momento, parece que se conforma con llevarse a la boca los numerosos pulgones que hay a su alcance.
Joven araña Napoleón. Synema globossum.
También en la planta aparecieron unos gusanos verdosos que se encontraban justo en el límite superior de las colonias de pulgones. Tienen todo el aspecto de larvas de moscas (dípteros)...
Larva de díptero sírfido en el borde de la colonia de pulgones Brevicoryne brassicae.
Estos gusanos son larvas de sírfidos, esas moscas que suelen visitar las flores para libar el néctar y que tienen un diseño amarillo y negro imitando a las avispas. Enseguida comprendí por qué estaban en el borde de la colonia, porque por donde ellas pasaban no quedaba un pulgón vivo. Si la historia de las avispas parásitas e hiperparásitas parece de ciencia ficción tipo Alien y la araña nos recuerda a la Guerra de las Galaxias, estos gusanos son como una película de terror a la antigua usanza, de aquellas en blanco y negro, con bichos que se van comiendo todo lo que encuentran a su paso y nunca dejan de tener hambre. Os aseguro que al patalear de los pulgones mientras se los están comiendo vivos solo les faltaban los gritos de pánico... o quizás griten y yo no los pueda oír.
Larva de sírfido en el momento de depredar sobre un pulgón, Brevicoryne brassicae. Estaría por asegurar que lo que tiene abajo el pulgón es un huevo de avispa parásita.
De toda esta entrada se deduce que me gusta la fantasía y la ciencia ficción, pero también que hay numerosos animales que contribuyen al equilibrio biológico y que antes de proceder a rociar con insecticidas los huertos y los jardines deberíamos estudiar otras opciones e incluso dejar a la naturaleza actuar. Y, por supuesto, un rincón salvaje en un jardín o en una terraza es una excelente oportunidad de descubrir cosas interesantes, no te las pierdas.
Otras entradas de la serie "El jardín de los destinos cruzados" con otros protagonistas en:
El frío y las nieves de febrero nos han hecho olvidar muy rápidamente que hemos tenido un mes de enero casi primaveral. Con el título de esta entrada en Biodiversidad Virtual han retado a sus colaboradores a conseguir fotografiar, entre todos, al menos 2015 especies diferentes durante ese primer mes del año. Es una típica queja de los naturalistas que en pleno invierno hay poco que ver y hay que reconocer que en ciertas zonas es complicado ver insectos o flores. Sin embargo, este mes de enero se ha portado como para ayudarnos a lograr ese reto con tiempo cálido e incluso seco.
Issoria lathonia.
La zona donde vivo no es la más adecuada porque el clima es bastante extremo, así que no puedo presumir de haber contribuido mucho a conseguir el reto de BV, pues no he llegado a las 60 especies y la mayoría son repetidas con las que han visto otros compañeros. Si embargo sí he hecho el esfuerzo de fijarme más y darle uso a la cámara del teléfono que siempre llevo encima, aunque solo fuese en mis paseos mañaneros de fin de semana para ir a comprar el pan o rebuscando en el jardín, y hasta me he llevado alguna que otra sorpresa y desde luego, he aprendido algunas cosas.
Lycaena phlaeas.
Ver mariposas en enero no es lo más normal, sin embargo, en varios paseos he podido encontrarme con estas dos especies Issoria lathonia y Lycaena phlaeas. Me he dado cuenta que los ejemplares de I. lathonia son mucho más pequeños que los que he fotografiado en otras ocasiones, en primavera o en pleno verano. Volaban incluso a bastante altitud, las he visto a casi 1.400 metros en la madrileña Sierra de los Porrones, la continuación de la Pedriza hacia la Maliciosa. Pero más impresionante que ver mariposas ha sido encontrarme en ese mismo lugar con una jara pringosa, Cystus ladanifer, florecida, nada más y nada menos que el 8 de enero, muchos meses antes de lo que le corresponde.
Jara pringosa, Cystus ladanifer.
Y muy cerca de ella, también en plena montaña, una caléndula.
Calendula arvensis
Una de las flores en las que libaban las mariposas era el romero, que igualmente estaba florecido en la cañada que discurre entre Cerceda y Colmenar Viejo. Allí también estaban buscando su comida las abejas de la miel.
Romero, Rosmarinus officinalis.
He encontrado otras flores, pero me han extrañado menos porque sé que son más oportunistas, que aprovechan el momento para reproducirse y por ello las encontramos en las cunetas de las carreteras, en cualquier rincón con tierra de pueblos y ciudades y claro, en mi propio jardín. A este grupo pertenecen los dientes de león, los geranios silvestres y las malvas, entre otras.
Erodium cicutarium.
Malva sylvestris.
Diente de león, Taraxacum sp.
Veronica sp.
Y volando entre ellas, como no, alguna es esas moscas que tan bien saben imitar a las avispas.
Sírfido o mosca de las flores, Eupeodes sp.
Típico de los días soleados de invierno es encontrar pequeños reptiles que habitan en los roquedos. Las rocas y los muros de las casas se calientan mucho más que el aire y suelo circundante y eso les permite activar su metabolismo y espabilarse lo suficiente como para salir a cazar los insectos que se encuentran en sus mismas circunstancias. Así, en los muros de mi casa he podido ver a las lagartijas ibéricas, que ahora me tengo que acostumbrar a llamar Podarcis guadarramae (antes P. hispanica).
Y bajo las piedras del campo, un ejemplar activo de culebrilla ciega, Blanus cinereus.
... A la que acompañan lombrices, litobios, escarabajos, arañas, hormigas y otros invertebrados que en lugar de profundizar su enterramiento en el suelo para alejarse del frío, se acercan a la superficie bajo las soleadas piedras para calentarse.
Tenebriónido Scaurus puncatatus, que tiene la costumbre de agruparse en sus refugios bajo troncos y rocas.
Y también las buenas madres de las tijeretas, a las que encontré en sus nidos bajo piedras con sus puestas y con las ninfas ya bastante crecidas.
Hembra de tijereta, Forficula auricularia, en su nido con dos tamaños de ninfas, posiblemente fruto de dos puestas, a los que cuida.
Pero las que nunca fallan son las moscas, cuyos ciclos no tienen tanto que ver con periodos del año concretos sino con la disponibilidad de alimento. Por muy malas que sean las condiciones, siempre saben encontrar el rincón adecuado, dentro o fuera de nuestras casas.
Calliphora vicina, una de las especies necrófagas más utilizadas por los entomólogos forenses para determinar el tiempo de la muerte de un cadáver.
También se me antoja que he visto muy temprano a las cigüeñas preparando sus nidos, pues estaban crotoreando ya las parejas y acarreando palos a su gran construcción en los pueblos de El Boalo y Cerceda.
Cigüeñas blancas, Ciconia ciconia, crotoreando en el nido mientras otro ejemplar las estaba sobrevolando. Al hacerlo muestran las manchas negras de la parte inferior de su pico. Tejados del pueblo de El Boalo, 8 de enero.
Otras plantas y animales cumplen sus ciclos con más normalidad, como por ejemplo los enebros que estaban dispersando su polen...
Enebro de la miera, Juniperus oxycedrus, en el momento de dispersar polen por una racha de viento.
... mientras que en las ramas de los ejemplares hembra los frutos del año anterior maduran ...
Frutos maduros de enebro de la miera, Juniperus oxycedrus.
... tanto el enebro de la miera como el común...
Enebro común, Juniperus communis.
... y ofrecen alimento invernal a aves y mamíferos, entre ellos al señor raposo, que deja así sus restos.
Mientras, en un rincón soleado, junto a una charca creada en una cantera abandonada, se abren los frutos del problemático estramonio, que hace unos años provocó unas cuantas intoxicaciones a los que jugaba a aprendices de bruja.
Cápsula de semillas de estramonio, Datura stramonium.
Las chinches, como otros insectos voladores, se esconden en grietas de los troncos de los árboles y maderas de construcciones, así como bajo tejas y entre ladrillos pero se dejan ver los días soleados.
Rhaphigaster nebulosa.
Y así encontré a la chinche de los piñones, Leptoglossus occidentalis, en una doble ventana de El Ventorrillo, como el año pasado, cuando lo conté en el blog AQUÍ. Igual que esta otra especie que tiene la misma costumbre de acercarse al calor de las casas metiéndose en la zona de las persianas o en las grietas de los marcos de las puertas.
Rhyparochromus pini.
En cuanto a las aves, en el jardín llegan los carboneros, que en cuanto hace frío se acuerdan de que aquí hay comida, y un solitario petirrojo, menudos son ellos como para compartir espacio con sus congéneres, acompañando a los habituales gorriones, tórtolas y urracas.
Petirrojo, Erithacus rubecula, siempre alerta, sobre uno de los comederos del jardín.
Por último, como siempre, agradecer a los expertos de Biodiversidad Virtual su ayuda en la determinación de las especies de plantas e invertebrados a las que no llegaban mis conocimientos.
A principios de diciembre de 2008 me inicié en esto de tener un blog con la idea de ir dando salida a las observaciones que hacía tanto en mis salidas campestres como en mi propio jardín. Siempre he sido de la opinión de que un cuaderno de campo es inútil si no se dan a conocer los datos de alguna u otra manera. La primera entrada fue esta: Días de pájaros hambrientos. y no tuvo muchas visitas porque solo los muy amigos se enteraron de que extistía, pero curiosamente me han hecho comentarios en ella hace apenas unos días (gracias Chelo).
Con el tiempo y las circunstancias algunas de las entradas se transformaron en artículos de divulgación científica, aunque siempre aprovechando observaciones propias mostradas con mis fotografías y algún que otro dibujo. Esta restricción me ha supuesto no poder escribir sobre algunos temas de los que no tenía imágenes, pero considero que el objetivo de mi blog no es sólo escribir artículos, sino aprovechar experiencias personales que animen a mis posibles lectores hacerlo por sí mismos y de ellas extraer algún que otro conocimiento. También algunas bonitas fotos se quedaron en el disco duro sin ser mostradas por no tener nada interesante que contar de ellas... pero todo se andará.
Artículos y libros con mucha información hay por todas partes, pero más aún hay naturaleza esperando a ser observada y, en la medida de lo posible interpretada. Y eso, para que sea útil de verdad, debe ser una experiencia personal. Mi intención es ayudar a que cada cual tenga esa experiencia tan agradable que supone el ver algo y decir: ¡Ah! así es eso que yo leí y tal libro o artículo.... o en el blog de Jesús.
Moscas de la lluvia tanteando para succionar sangre de un escarabajo mascaflor mesetario, Enlace.
El número y origen de mis visitantes solo están disponibles desde 2010 en las estadísticas de Blogger y abril de 2011 en Google analytics, y además son algo diferentes en una y otra fuente, pero puedo calcular que he tenido más de 350.000 visitas y más de 100.000 usuarios. Entre ellas y sólo desde 2011 ha habido 1.415 personas que han visitado el blog más de 200 veces y otros 733 más de 100 veces.
¡Muchas gracias a todos!
También he tenido 2.209 comentarios, aunque muchos de ellos son míos en respuesta o agradecimiento a los recibidos.
Mapa de procedencia de las visitas al blog.
Por países, España es quien supera en visitantes a los demás, seguido de México, Argentina y Estados Unidos, aunque también varía según las estadísticas consultadas. Me hace especial ilusión tener visitantes asiduos en el otro extremo del mundo, por ejemplo Australia, aunque no los conozca. Han visitado el blog desde 113 países diferentes.
La gran mayoría de los visitantes solo pasaron una vez por aquí, supongo que muchos de ellos buscando imágenes o información muy concreta que quizás no consiguieron, si a alguno conseguí captarlo, me alegro. Sé a ciencia cierta que otros se llevaron un buen chasco, por ejemplo los que llegaron a una de las entradas sobre aves africanas que califiqué de "hermosas". 59 de los que llegaron e ellas buscaban "africanas hermosas" y se encontraron con pajarracos.
Algo parecido debió ocurrir a los que buscaron "orgía en el campo" y llegaron a mi entrada sobre la reproducción de las chicharras de montaña. Siento la decepción y pido perdón por usar la palabra orgía... ¡guarretes!
La entrada con más éxito es rotundamente "¿Arizónicas? No gracias", con casi 14.000 visitas y aunque sé que muchos venían buscando viveros o consejos de poda y cuidados, sé también, por los comentarios, que ha valido para que algunos desistan de usarlas en sus jardines ibéricos. Con esa entrada también he tenido el dudoso honor de ser insultado, supongo que por un vendedor de arizónicas, cuyo comentario, evidentemente, no he publicado. Que conste, que yo no tengo nada en contra de plantar arizónicas... en Arizona.
Y después, casi todas las que dedico a los anfibios y reptiles. Supongo que es debido a que entre mis seguidores y amigos hay unos cuantos herpetólogos e incluso algunos propietarios de blogs y seguidores de foros herpetológicos que ayudan a difundir esas entradas.
Pareja en celo de lagartija colilarga, de la que traté en una de las entradas herpetológicas.
También tuvo bastante repercusión la entrada que dediqué a las pelusas del chopo y a las alergias de primavera, para explicar que esas pelusas no son de polen sino de semillas y que las que producen alergia son las gramíneas que florecen en la misma época. Parte del éxito se debe a que todos los temas médicos tienen tirón y también a que César Javier Palacios me citó en una de las entradas de su blog en 20 minutos. Cómo no, hubo quien me dijo que realmente eran las pelusas las que le producían alergia... a ellos, puede ser.
Pero a mi me ha gustado especialmente hacer entradas sobre gorriones, porque esas observaciones las puede hacer cualquier persona, tanto habitante del campo como de ciudad. Sin embargo, el éxito ha sido bastante modesto, como ocurrió con la entrada que llamé gorrión de bellota, donde comentaba cómo había observado que los gorriones en Alpedrete esperaban a que pasasen los coches por una calle donde había bellotas caídas, para poder comerlas una vez atropelladas y abiertas. Ese sencillo comportamiento me pareció muy interesante como aprovechamiento de recursos de estos inteligentes pájaros.
Gorrión comiendo bellota previamente machacada por el paso de un coche.
Más interesante aún creo que son las que dediqué al cleptoparasitismo (robando comida) de gorriones sobre los carboneros comunes, incluyendo vídeos grabados en la ventana de casa.
Escaramuzas entre gorrión y carbonero en la ventana de la cocina.
Y para terminar esta entrada, citaré el caso se aquella que dediqué a los cocodrilos en el Parque Kruger en el año 2007, donde pude observar que varios de ellos cooperaban para poder pescar los peces arrinconándolos poco a poco contra la orilla. Los cocodrilos son más listos de lo que parecen, llamé a esa entrada y el año pasado, un investigador, Vladimir Dinets, de la Universidad de Tennessee, Knoxville, publicó un trabajo en el que precisamente comentaba el comportamiento cooperativo de los cocodrilos para cazar. Me puse en contacto con él y posteriormente, el departamento de comunicación de la universidad me pidió permiso para utilizar mis fotos en sus comunicados de prensa, pues el autor no tenía imágenes. La noticia en español puede leerse aquí:Noticia sobre cocodrilos