Un Cuaderno de Campo con lo que observo en el jardín de casa, en excursiones y viajes. El jardín está situado en la zona de Mataelpino, al sur de la Maliciosa en la madrileña Sierra de Guadarrama, a casi 1.100m sobre el nivel del mar. Sencillas observaciones dan lugar a explicar procesos biológicos que todos podemos descubrir en nuestro entrono más cercano. Todos los textos, fotos y dibujos, salvo indicación expresa, son propios. Espero que se solicite permiso para utilizarlas.
sábado, 5 de diciembre de 2009
El lirio despistado. Cumpleaños del blog.
martes, 1 de diciembre de 2009
La cultura de los animales
Cambiando de especie, los macacos japoneses de la isla de Koshima, que fueron muy intensamente estudiados, aprendieron por sí solos a lavar los boniatos en el río para quitarles la arena y ese descubrimiento se transmitió en toda la población y después de madres a hijos. Más tarde se dieron cuenta de que les gustaba más el sabor si los lavaban en agua de mar. Igualmente, un día descubrieron que los granos de trigo que los científicos les dejaban en la playa, se podían coger a puñados y luego echarlos al agua para que flotasen y así separarlos de la arena con facilidad en lugar de tener que tomarlos uno a uno para poderlos comer.
Como me gusta decir en este blog, cuando no podemos viajar a la selva tenemos que conformarnos con otras observaciones mucho más sencillas, pero también interesantes.
Los palitos de semillas con miel, que venden en las pajarerías, no interesaron en absoluto a los gorriones de mi jardín durante un par de meses de verano. Sin embargo, cuando llegaron los carboneros invernantes y empezaron a picotearlos, los gorriones no tardaron en darse cuenta de que aquello se podía comer.
La de la foto (perdón, es muy mala) de abajo es nueva de este año, creo que hija de otra gorriona con manchas blancas que ya apareció por aquí.
Por cierto, ya puestos con el tema de los pájaros y sus alimentos prohibidos, hace unas semanas os comentaba que no se comían los frutos del acebo. Pues bien, los que arranqué, puse en el suelo bajo el matorral o dispersé por los alrededores, sí que los consumen. Primero tardaron unos días, pero la última vez han desaparecido en solo 24 horas. Aún no os puedo decir quién es el culpable, si aves o roedores, pero está claro que lo que les echa para atrás a los comensales son las hojas espinosas.
jueves, 19 de noviembre de 2009
En el Amazonas peruano

días inmersos en la selva amazónica.
Interior de la cabaña sobre la laguna
El sábado hablaré de ello en el programa, por si me queréis escuchar. El punto del dial es el 94.8 y el enlace de internet: http://gestionaradio.com/radio.php
Si consigo grabar la entrevista la pondré aquí, pero tengo algunos problemas para captar la señal, no prometo nada. También me gustaría poneros más fotos, pero las tengo en diapositiva y tardaré en digitalizarlas, me temo.
Edito para añadir este vídeo que en realidad incluye el audio de la entrevista con algunas de las fotos anteriores.
domingo, 15 de noviembre de 2009
Póquer de frutos en el jardín
Ya me ocurre con otros frutos del jardín, mientras que unos son devorados antes de madurar, como las nueces, otros pueden quedar en el árbol o arbusto sin que nadie les haga caso, como las almendras.
martes, 10 de noviembre de 2009
El Monte de El Pardo, desde el tren
Pasar todos los días a la misma horas me hace ser muy consciente de los cambios estacionales y del fotoperiodo, especialmente al ver como los amaneceres rojos tras las siluetas de los edificios madrileños se van adelantando en el otoño, con gran tristeza por mi parte porque termino pasando por él completamente a oscuras y sin posibilidad de ver nada. Esto me ocurre en plena berrea del ciervo, con lo que tengo la sensación de que me pierdo lo más interesante. Luego viene el retraso oficial de hora y me da un poco de cancha otras dos o tres semanas hasta que se impone el invierno y tengo que esperar a la primavera para volver a disfrutar de sus amaneceres y de la fauna. A veces tengo un poco la sensación de que veo siempre el mismo trozo del mismo documental, pero siempre hay gratas sorpresas.
No hay muchos que puedan presumir de haber visto casi a diario un nido de águila imperial, a la pareja y, a veces, al pollo volantón. Pues yo, y los viajeros avispados, lo hemos disfrutado durante siete años al menos. El nido estaba en este poste que pongo en la fotografía inferior, en uno de los travesaños. Ya lleva tres temporadas sin ocuparse y esta última han terminado por caer los últimos palos que lo componían. Espero que hallan encontrado un sitio mejor, aunque yo no lo pueda ver. Es fácil de identificar el poste en concreto, porque coincide con esa especie de tubería absurda que se mantiene sobre el terreno sin ningún motivo aparente. De todas maneras, las águilas se siguen viendo de vez en cuando posadas en este o en los postes de alrededor. Muy rara vez en las encinas. O tal vez es que allí no las consigo ver al paso veloz del tren. Para los que usen el tren diré que está en el lado derecho según se viene de Madrid en dirección Villalba.
La semana pasada no fue una imperial lo que ví sino un despistado buitre leonado posado en la punta de uno de esos postes. También he visto buitre negro, pues es uno de sus lugares de cría, y en una ocasión lo ví enfrentado a las águilas en pleno vuelo.
Muchas más aves se ven desde mi medio de transporte, aunque no tan notables como las anteriormente citadas y no siempre tan fáciles de identificar.
Esa misma zona del poste, donde hay arbolado más denso, es en la que con más frecuencia se ven los ciervos.
En cambio, el lado contrario, en las cercanías del río hay zonas más abiertas, con fresnos y prados donde son más abundantes los gamos.
Los jabalíes pueden verse casi por cualquier parte, pero son más abundantes en la parte de matorral denso, casi al final del recorrido, cuando se llega a la siguiente estación: El Tejar.
He visto varios jabalíes albinos e incluso una jabalina con sus crías dos de color blanco, tres castañas y otros dos de coloración normal. Hace tiempo que no se ve ninguno, supongo que habrán sido cazados o retirados del coto.
lunes, 2 de noviembre de 2009
La chicharra montañera
Nos llamó la atención porque ya eran días frescos. Pero más nos sorprendió que algunas hembras estuviesen poniendo huevos ¿Donde? ¡En medio del asfalto! Era impresionante ver a estos ortópteros con su largo ovopositor intentando clavarlo entre las grietas del asfalto de una pista degradada que hay en la zona. No me pude explicar el asunto más que como una torpeza de los animales tanto por la dificultad por perforar tan duro suelo como por pararse en el medio del camino donde podían ser pisados o comidos por pájaros.
Ahora, en fechas parecidas, el 20 de septiembre de este año, hicimos una escapada con Barbadillo y esposa hasta los Siete Picos, también en la Sierra del Guadarrama. Un día similar, soleado pero fresco, y de nuevo nos encontramos con las mismas protagonistas.Aunque hay especies próximas repartidas por toda la península, incluso al nivel del mar, ésta concretamente es propia de montaña, muy interesante desde el punto de vista taxonómico y biogeográfico. Igual que ocurre con otros animales y plantas con distribución restringida a las grandes altitudes. Ese mismo día vimos dos típicas especies montanas: los restos ya resecos de gencianas amarillas (Gentiana lutea) y lagartijas carpetanas (Iberolacerta cyreni) que tomaban el sol, dos especies con los mismos requerimientos ecológicos que acompañan a los montañeros en sus excursiones.

Para los más despistados señalaré que esta lagartija carpetana es la que antes conocíamos como lagartija serrana, Lacerta monticola, que ahora se ha dividido en varias especies distintas, habitantes de diferentes macizos montañosos, y se han agrupado en el género Iberolacerta.viernes, 30 de octubre de 2009
HOMENAJE AL PROFESOR JOSÉ ANTONIO VALVERDE (3)
En él Valverde desarrolló magistralmente los cambios ecológicos y anatómicos que tuvieron que seguir nuestros antepasados para pasar de ser simios de selva a habitantes de la sabana y espacios abiertos, sufriendo transformaciones que afectaron a la postura erguida, posición del cráneo, mandíbulas, garganta y, por supuesto, la dentición necesaria para consumir el nuevo recurso tenían ante ellos: los cereales. Como decía Valverde, incluso en la actualidad éstos son el primer recurso alimenticio de la humanidad.
Mandríl (Mandrillus sphinx), en el que se puede observar el gran desarrollo de los caninos en estos monos cinocéfalos (cabeza de perro), así como lo alargado de la cara.
Mono colobo negro (Colobus satanas), que muestra el aún respetable tamaño de los colmillos pero con una cara más achatada guardando la proporción.
Réplica de cráneo reconstruido de Australopithecus afarensis, de Sudáfrica. Se aprecia la ausencia de colmillos grandes y la cara más corta, pero no tanto como en el siguiente ...
Como explica Juan Luis Arsuaga la teoría del origen granívoro de la Humanidad tenía que venir de un naturalista generalista, que estudiase el asunto no con la visión de un antropólogo sino con la capacidad de síntesis del que se interesa y relaciona muy diferentes campos de la biología.
Una de las veces que coincidí con Valverde y me contó, a mi y a unos cuantos más, su teoría, no comenzó, como nosotros esperábamos con esquemas anatómicos de la mandíbula y los dientes sino con los datos de la alimentación humana actual dados por la FAO. En efecto, en todos los continentes el alimento básico mayoritario es una gramínea. Si a eso le sumamos las legumbres el resultado es aplastante.
Observando otros animales que se alimentan de grano encontramos que existen dos componentes principales en su manera de alimentarse: la pinza de precisión para agarrar las semillas y el molino para triturarlas. En las aves granívoras, por ejemplo, la pinza es el pico y el molino la molleja. En un roedor, en cambio, la pinza son los incisivos y el molino los molares. Valverde explica otros aspectos relacionados con los músculos de la mandíbula y la palanca que permite ganar fuerza para triturar las semillas y como se separan una y otra por una zona sin dientes llamada diastema, pero ahora creo que basta para comprender el conjunto saber que los molares deben estar lo más retrasados posible, cercanos a la articulación (cóndilo). Así ocurrió en los prehumanos con mayor facilidad al liberarse los incisivos de la tarea de pinza de precisión y entrar en juego un nuevo elemento: la mano.
Con una elocuente comparación "Las cabras pueden subirse a los árboles pero las vacas no" Valverde nos explica que con el aumento del tamaño corporal, los grandes monos (gorilas, chimpancés y orangutanes) han renunciado a la agilidad para desplazarse por los árboles. Sin embargo siguieron siendo parcialmente arborícolas solo que en lugar de correr por las ramas como los pequeños primates, se cuelgan de ellas con un movimiento de brazos que se llama braquiación. La braquiación, por cierto, necesita de una articulación del hombro como la que nosotros tenemos y posiblemente es un paso previo a la postura erecta y bípeda.
Para agarrarse a las ramas, las manos de los póngidos son largas y tienen el dedo pulgar muy separado del resto de los dedos. Así, si un chimpancé o gorila intentase manipular una pequeña semilla no podría hacerlo con facilidad, porque no tiene esa pinza de precisión que tenemos los humanos. Ellos, en lugar de enfrentar la punta del pulgar con las yemas de los dedos índice y corazón, la enfrentan contra los laterales de los otros dedos plegados como en una especie de puño medio abierto. En la historia del hombre, al separase evolutivamente de los otros grandes monos y alejarse de la selva, su mano cambió.
Los prehumanos, aunque no de tan gran tamaño como los grandes monos (antes llamados póngidos) se hicieron terrestres y afrontaron la vida en campo abierto defendiéndose de los depredadores gracias a su inteligencia.
Hubo otros primates que también tomaron el mismo camino que los prehumanos saliendo de la selva y abriéndose camino en la sabana (alimentándose de gramíneas, legumbres y bulbos), son los papiones y monos cinocéfalos en general. Pero estos, además de valerse de una organización social, que posiblemente también tuviesen los prehumanos, tienen unos formidables caninos, especialmente los machos, que les hace temibles incluso para un leopardo. ¿Que ocurre con las manos de los cinocéfalos? Pues que al ser apropiadas para manipular las pequeñas semillas son muy parecidas a las nuestras en una evidente convergencia adaptativa.
Para poder morder y defenderse con unos colmillos del tamaño del mandril la boca tiene que abrirse muchísimo y eso solo es posible si la cara y la mandíbula es larga. Quizás el mandril de la foto no sea la especie más adecuada para poner de ejemplo, porque es una especie de selva, pero es un ejemplo magnífico para comparar el cráneo de un cinocéfalo y el de un humano. Es además el que aparece en la portada del libro ¡Y es el que teníamos en la colección!
En la evolución los humanos toman el camino de retraer la cara hacia atrás renunciando a los grandes colmillos en pro de una eficiencia masticadora, que también viene acompañada de modificaciones en los molares. La nueva disposición craneal también permite un mayor desarrollo del cerebro al crecer el neurocráneo. Además, ese retraimiento junto con la postura erguida de la espalda, permite que la laringe tome una posición más anterior, pudiendo emitir una mayor variedad de sonidos. Eso hace posible el lenguaje hablado. ¿Sabéis cual es el cinocéfalo que puede emitir más riqueza de sonidos? El gelada (Theropithecus gelada), que es el que tiene la cara más corta y la garganta más vertical.
La liberación de la mano del trabajo de la locomoción con la postura erguida y el aumento de su habilidad adaptada a la manipulación del alimento, fue un paso evolutivo muy importante en el posterior desarrollo de las habilidades que dieron lugar a la manipulación de utensilios... y a la transformación del mundo.
Nota: He llamado todo el rato prehumanos y no prehomínidos a nuestros antepasados ya separados del linaje de los grandes monos, porque desde hace un tiempo los que llamábamos póngidos se consideran también de la familia Hominidae. Seguramente con gran decepción por parte de Valverde, los criterios genéticos han prevalecido sobre los morfológicos y funcionales. Por el momento.
Los documentos que el 20 de octubre del 2009, Luc Hoffmann y los herederos de José Antonio Valverde entregan al Archivo de este Museo son la muestra su trabajo en este campo de la ciencia, su originalidad y momento en que fue dado a conocer.

