miércoles, 19 de marzo de 2014

¡NO ME TOQUES LOS HERPETOS!

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Este es un tema que lleva tiempo preocupándome, especialmente en estos tiempos en que miles de personas se lanzan al campo a observar animales y hacer fotos. Todos tenemos asumido desde hace mucho tiempo que no hay que fotografiar aves en sus nidos, de la misma manera que no se deben coger con las manos los pájaros y solo los que poseen un reconocido carnet de anillador para el que se exigen determinados conocimientos, pueden manipularlos para tomar los datos científicos necesarios. Sin embrago ¿Por qué si a los anfibios y los reptiles?

Rana común, Pelophylax perezi, cantando en pleno día. Fotografía realizada con teleobjetivo.

La respuesta es sencilla, porque son fáciles de capturar y manejar, aparentemente sin causarles daño. Pero no es así. Por supuesto, la captura y manipulación les produce estrés, puede afectar a sus defensas e incluso a su supervivencia.
Sapo corredor, Bufo (Epidalea) calamita, bajo una piedra. Los sapos mantienen la humedad en los terrenos secos enterrándose, Si les provocamos la expulsión de orina estamos contribuyendo a su deshidratación. Tampoco es buena idea mover demasiadas piedras en una misma zona.

Comenzando por los anfibios, su piel es muy permeable y, aunque tienen sus medios de defensa químicos, podemos decir que es delicada. Ellos viven en un medio húmedo cargado de bacterias, protozoos, hongos y otros parásitos. Una buena muestra de ello es el hongo que les afecta en casi cualquier lugar del mundo por el cual los herpetólogos que manejan a estos animales se ven obligados a desinfectar sus equipos e incluso a tener equipos diferentes para cada lugar de trabajo. ¿Podemos entonces los naturalistas de a pie ir por ahí manipulándolos? Evidentemente podemos, pero no debemos.
Sapo corredor, Bufo (Epidalea) calamitamacho en una charca cantando y esperando la llegada de las hembras. Ellos se colocan en la charca expulsando a los vecinos con intentos de amplexus. Capturarlos sin justificación altera su comportamiento. Por cierto, por la noche es mejor observarlos con luz roja en la linterna para que no se asusten tanto.
Una típica respuesta de un anfibio a la manipulación es soltar un chorro de orina con mucha agua. Agua, un elemento muy necesario para un anfibio al que renuncia como medio de defensa, pero que en un entorno seco, como en el que se encuentran algunas especies de sapos, les puede resultar imprescindible.
De la misma manera los productos químicos con los que nos impregnan les resultan necesarios para defenderse de las infecciones y de los posibles depredadores, es una pena que se malgaste en nuestras manos y una incongruencia que los que más amamos a estos seres les causemos un perjuicio.

Bufo spinosus, nuevo nombre para los sapos comunes de la Península ibérica y la mitad su de Francia. B. bufo queda más al norte y al oeste.

Con los reptiles ocurre algo muy parecido, ellos también se defienden soltando orina y excrementos, que muchas veces, si no los hubiésemos manipulado los habrían utilizado para marcar el territorio e incluso para informar a los demás ejemplares de la especie su estado de salud, celo, etc. ¿Les causaríamos ese perjuicio intencionadamente?

Salamanquesa común, Tarentola mauritanica, con la cola regenerada. Es muy común que las salamanquesas hayan perdido la cola por sus peleas territoriales, cortejos y defendiéndose de sus mayores depredadores: los gatos.

Pero el daño más fuerte que les podemos causar es la pérdida de la cola a los saurios. ¡Que levante la mano quien no lo haya provocado nunca! Regenerar la cola implica una gran perdida de energía y es fundamental en los cortejos y luchas por el territorio. Perder la cola es el  último recurso para defenderse de un depredador. Si la pierde en nuestras manos, ¿como se defenderá cuando sea atacado? 
Culebra viperina jóven, Natrix maura, en actitud defensiva, poniendo la cabeza triangular para imitar a las víboras. Estas serpientes sueltan un líquido pestilente junto con sus excrementos cuando las manipulamos, pero seguro que son más felices cuando tienen "el depósito lleno"

Se me podrá decir que la manipulación es necesaria para poder saber la especie. Rotundamente no. Con la fotografía actual eso no es cierto. Alguien que tiene conocimientos sobre las especies de una zona concreta es capaz de diferenciarlas sin manipularlas y si no tiene esos conocimientos no debe manipularlas tampoco. Lo siento, quizás hay algún lugar muy concreto donde sea necesario fijarse en determinados caracteres, pero entonces hay que dejárselo a los especialistas, no a los aficionados. Una buena fotografía puede solventar esos problemas y cuando se sabe lo que hay que mirar, se sabe lo que hay que fotografiar.

Para mostrarlo voy a poner un par de ejemplos muy clásicos, las lagartijas de género Podarcis y las culebras lisas, del género Coronella, ambas de la Sierra de Guadarrma, donde las dos pares de especies conviven y se discriminan por altitud e insolación, pero con un cierto solapamiento.

Podarcis hispanica (lagartija ibérica) y Podarcis muralis (lagartija roquera). 
Las lagartijas de este género son complicadas, hasta el extremo de que los herpetólogos que las diferencian bien en su zona de campeo habitual, no lo tienen tan claro cuando visitan otros parajes.
Aquí, en mi tierra, la Sierra de Guadarrama, se aprecia muy bien la línea vertebral oscura que suelen tener en su dorso P. muralis estando ausente en P. hispanica. Pero como los diseños, especialmente de las ibéricas, pueden ser muy variados, el carácter más diferenciador es la garganta de los machos, que las ibéricas tienen con puntos y las roqueras con manchas irregulares.

Cabeza de lagartija ibérica, Podarcis hispanica, asomándose entre las grietas del muro donde se había escondido. Apenas tardan unos minutos en mirar para ver si seguimos allí y, si nos movemos poco y les hacemos fotos desde cierta distancia, enseguida se acostumbran a nuestra presencia y salen del todo. Se ve perfectamente la garganta punteada.
Quizás haya que permanecer un buen rato y hasta tumbarse en el suelo esperando a que las lagartijas se asomen de su escondrijo, pero no es difícil pillar su parte inferior en la foto. Y además es divertido observar su comportamiento y la curiosidad con que nos miran. También es bastante seguro ver la zona lateral entre el ojo y el oído, que suele ser más negro en las roqueras.
Estas dos fotografías están hechas en el mismo día con pocos minutos de diferencia, hispanica a 1500 metros de altitud y muralis a 1520 m.
Cabeza de lagartija roquera, Podarcis muralis, también asomada en la grieta de las rocas, casi tan curiosa conmigo como yo con ella. Igualmente se aprecia la distintiva garganta con manchas en retículo. El rojizo puede presentarse en las dos especies y es distintivo del celo, pero aquí, quizás, es más común y permanente en la roquera.

Coronella austriaca (culebra lisa europea) y Coronella girondica (culebra lisa meridional)
Estas dos especies se diferencian perfectamente si  podemos ver el diseño de las escamas ventrales, que son grisáceas y uniformes en C. austriaca y con manchas bien definidas en C. girondica, pero todos sabemos que es muy complicado ver el vientre de una serpiente sin cogerla con la mano. Sin embargo, hay otros caracteres en los que nos podemos fijar, fundamentalmente en las escamas supralabiales, que en las europeas coinciden bajo el ojo la tercera y la cuarta escama mientras que en las meridionales coinciden la cuarta y la quinta. 

Culebra lisa europea, Coronella austriaca.
Las siguientes fotos las tenía desde hace tiempo en el ordenador y al hacerlas no tenía intención de mostrar esas escamas, pero se ven. 
Detalle de la cabeza de Culebra lisa europea, Coronella austriaca, indicando las escamas supralabiales. También se aprecia la escama rostral, en el morro, picuda hacia atrás.
Igualmente se observa que en C. austriaca la escama rostral termina en pico hacia atrás entre las internasales, mientras que en C. girondica esa parte trasera de esa escama es plana.

Culebra lisa meridional, Coronella girondica.
Las serpientes tienen dos maneras de responder a nuestra presencia, una es huir y lo mejor que podemos hacer es dejarlas en paz y otra replegarse e incluso tomar alguna postura amenazante, especialmente las especies que tienen cierta semejanza en el diseño con las víboras. Entonces no es difícil verlas bien e incluso hacer las fotografías necesarias.
Detalle de la cabeza de Culebra lisa meridional, Coronella girondica. También se ve que la escama rostral no es picuda hacia atrás y por tanto no se mete entre las internasales como en la europea.

Por último no quiero dejar de dar un dato importante: La mayor parte de las personas mordidas por víbora en nuestro país son varones adolescentes. ¿Por qué? pues porque son los que haciéndose los "machitos" intentan manipularlas.
¿Donde quiero llegar con todo esto? Pues a rogar que no se manipulen los animales y muy especialmente que no se publiquen fotografías con animales en las manos. 
Creo que la mayor parte de los naturalistas aborrecemos el comportamiento de cierto personaje televisivo que agarra todo bicho viviente para mostrarlo a la cámara, incomodándolos y dando un mensaje contrario al que promovemos los defensores de la naturaleza. Entonces ¿por qué no evitar las fotos de herpetos en la mano? Tampoco creo que deban sujetarse para mostrarlo en visitas guiadas y actividades en la naturaleza con monitor. Precisamente esos son los momentos más importantes para dar el mensaje de respeto a los que por primera vez se acercan a estos indefensos animales.
Puede que hace años, cuando éramos cuatro gatos los locos por los anfibios y los reptiles, cuando apenas había información y éramos casi autodidactas (además de adoradores de la única guía existente, la de Alfredo Salvador), quizás entonces podíamos tener alguna justificación, pero ahora que "afortunadamente" somos miles los que nos gustan, es el momento cambiar nuestra actitud si queremos de verdad conservarlos y podamos decir que sí, que ese "afortunadamente" es cierto y real.
Lagartijo roquero, Podarcis muralis. Como no le manipulé, creo que quedamos como amigos y no tuvo inconveniente en posar para la sesión fotográfica, aunque no me quitaba la vista de encima.

Para las fotos, por cierto, recomiendo el equipo que yo uso, un objetivo macro de 100 mm que permite hacer las fotos del animal completo a más de un metro de distancia y los detalles como la cabeza de una lagartija llenando la pantalla desde más de 30 cm. Tampoco son tan malos los teles, que no solo valen para sacar pájaros, algunas de mis mejores fotos de mariposas están hechas con él.
Tomando fotos con un zoom de 200 mm

Las fotos deben ser un medio, no un fin y molestar a los animales no está justificado ni por la mejor foto del mundo.





lunes, 3 de marzo de 2014

Comportamiento de las aves en el comedero




De izquierda a derecha, herrerillo común, carbonero común y pico picapinos, compartiendo espacio en el comedero.
Observando a los pájaros que acuden a comer cacahuetes en El Ventorrillo, me atrevo a sacar algunas conclusiones sobre su comportamiento. No son resultados que pudiéramos llamar científicos, pues no he cuantificado y clasificado las pautas de comportamiento ni he seguido ningún método estadístico para compararlas, pero espero que mis lectores, la mayoría naturalistas como yo, den a mis comentarios su justo valor, que no pretende llegar a revistas de impacto ni excelencia investigadora. Además, estoy seguro de que estas cosas han sido ya estudiadas por ornitólogos y existe bibliografía que no he consultado. Estas observaciones son un mero divertimento y no tienen más pretensiones.

Carbonero común en posición de amenaza con las alas abiertas ante otro ejemplar que se acerca al comedero.
He utilizado dos tipos comederos iguales, cargados de cacahuetes y a escasos metros el uno del otro. Uno de ellos pegado al tronco de un árbol y el otro colgado de una de sus ramas. Todas las especies han visitado uno y otro en alguna ocasión, aunque con claras preferencias. Igualmente algunos comparten el espacio con otros ejemplares y especies, pero otros son intolerantes con la compañía. 

Dos ejemplares de carbonero común perfectamente distinguibles por el estado de su plumaje. El de la izquierda fácilmente reconocible, es un visitante habitual del comedero. La postura en horizontal, es característica de la especie.

Es diferente la manera de acudir y de colocarse en los comederos y hay variaciones según la especie, pero también según el individuo, como he comprobado cuando he sido capaz de diferenciarlos. Para reconocer a los ejemplares individualmente, que es una de las cosas más interesantes de las observaciones del comportamiento animal, me he fijado en algunas características físicas propias de animales concretos y, por supuesto, en que algunos ejemplares tienen anillas de colores, pues fueron anillados por científicos para sus proyectos de investigación.

Herrerillo común en postura vertical, mucho más frecuente en ésta que en otras especies de páridos.

A lo largo de las observaciones he podido ver que han acudido a los comederos al menos los siguientes ejemplares de cada especie:

- Hasta 8 ejemplares de carbonero común, vistos todos a la vez, ninguno es portador de anillas. 
- 4 de herrerillo común, vistos 3 a la vez sin anillas y uno con una anilla verde. 
- 3 de carbonero garrapinos, por separado, uno con anilla azul, otro con dos rojas y alguno sin ellas.
- 2 de herrerillo capuchino, vistos por separado, uno con anilla amarilla. 
- 2 de trepador azul vistos por separado, uno con anilla azul. 
- 3 Pico picapinos, dos hembras con diferente colorido de pecho y un macho.
- 3 arrendajos vistos los tres a la vez.
- Y un macho de pinzón común, que no come en el comedero pero sí los restos que caen al suelo.

Evidentemente son números mínimos, pues no puedo saber si los no anillados son siempre los mismos individuos, pero creo que no me desvío mucho en cuanto a abundancia de cada una de las especies observadas.

Herrerillo común colgado en la parte inferior del comedero en otra de sus clásicas posturas y carbonero común en la suya.

Aunque hay variaciones según la especie, en general, y como era de esperar, los primeros ejemplares que acuden al comedero, no entran directamente, sino que se posan en alguna rama del entorno y tardan más en empezar a comer. Cuando ya hay pájaros comiendo, ejemplares de algunas especies entran directamente, pero otras nunca lo hacen así. Por ejemplo, los picapinos que he observado siempre se posan antes en el tronco del árbol, la mayor parte de las veces por la parte de detrás y dan la vuelta al tronco asomándose con bastante precaución. 

Herrerillo y carboneros compartiendo comedero. Los dos carboneros de la parte inferior son macho, a la izquierda, y hembra, a la derecha. Se diferencian por la anchura de la mancha negra que recorre el pecho y vientre.

Los carboneros comunes dominan por tamaño y por número a los demás páridos, pero son bastante tolerantes, aunque a medida que nos acercamos a la primavera hay algunos ejemplares algo más agresivos amenazan abriendo las alas al llegar al comedero, y tampoco dudan en empujar a otros ejemplares de su especie o de otra, aunque una vez puestos a comer se les suele olvidar el asunto. Quizás en primavera, con territorios y crías, sea otra cuestión, pero entonces no tendré los comederos puestos.

Herrerillo capuchino posado en el tronco del árbol, controlando el entorno antes de entrar en el comedero.
Tanto los herrerillos capuchinos como los carboneros garrapinos, son los que menos veces acuden al comedero y siempre lo hacen en solitario. Los capuchinos prefieren comer en el suelo si hay algún cacahuete caído, o rebuscando los trocitos que siempre se les escapan a los demás. Las dos especies prefieren entrar en el comedero cuando está vacío y sus visitas son muy rápidas, quizás por no sentirse seguros sin ejemplares de su misma especie alrededor.

Herrerillo capuchino. Mismo ejemplar de la foto anterior ya concentrado en la comida.
Aunque todos los páridos son verdaderos acróbatas y se posan en casi cualquier postura imaginable para ponerse a comer, la frecuencia con que se colocan  en una u otra postura es diferente según la especie. Por ejemplo, los carboneros comunes suelen colocarse en posición horizontal, de lado, con una pata mucho más alta que la otra. Sin embargo, los herrerillos comunes, aunque a veces hacen lo mismo, con mucha frecuencia se ponen en posición vertical con las dos patas en paralelo casi a la misma altura. También es más frecuente que los herrerillos comunes y carboneros garrapinos se coloquen colgados en la parte inferior. Podría pensarse que es la manera de esquivar a los carboneros comunes que dominan en número y tamaño, y así es, pero también lo hacen cuando están en solitario. Además, en la parte de abajo del comedero quedan trozos pequeños de cacahuete y les resultan más fáciles de sacar.

Carbonero garrapinos. Se aprecia la anilla azul de su pata izquierda.

Los trepadores azules, como es típico en ellos, se colocan verticalmente y cabeza abajo. Si en el comedero está vacío se acercan desplazándose por el tronco, pero si hay otros pájaros comiendo, su entrada es directa y atacando.

Trepador azul.

Los demás pájaros pequeños huyen ante la llegada del trepador azul con su actitud agresiva, así que siempre termina comiendo él solo. Además a esta especie también le gusta comer en el suelo si hay alimento disponible.

Mientras algunas aves están entretenidas comiendo, lo más normal es que en las ramas de alrededor haya unas cuantas esperando para entrar o vigilando. Cuando alguien se acerca al comedero, aunque aún no haya doblado la esquina de la casa y esté fuera de su vista, los pájaros se asustan, porque se escuchan los pitidos de alarma que son fácilmente interpretados por los bandos mixtos de páridos y trepador.

Trepador azul en el momento de entrar en el comedero, atacando a un carbonero común que se encontraba en él. También se distingue su anilla azul.

Los picapinos, además de su curiosa y desconfiada manera de acercarse al comedero, que comento más arriba, tienen otra curiosa peculiaridad: cuando recogen un trozo de cacahuete mínimamente grande parece que no son capaces de tragarlo, se lo llevan a un lado, lo encajan en una grieta de la corteza y allí se supone que lo parten y lo tragan. En el vídeo, más adelante, se puede ver ese detalle y con atención también cómo se valen de la lengua para sacar los fragmentos.

Pico picapinos distinguible por la coloración particularmente rojiza de su pecho y garganta.

En el vídeo se diferencian dos de los ejemplares de pico picapinos que acuden habitualmente al comedero, las dos hembras. Al macho no le he podido grabar. Los dos ejemplares tienen actitudes bien diferentes, la de pecho más blanco se muestra confiada y es muy hábil sujetando el comedero con una pata mientras con la otra se agarra al tronco. En cambio, la de color más rojizo, que es la de la foto anterior, es muy torpe y miedosa, no es capaz de sujetar el comedero y a base de picotazos saca poca comida. Además está siempre pendiente, me temo que no solo de posibles depredadores sino de la otra hembra, que debe debe ser más dominante. Nunca he visto dos picapinos comiendo a la vez, pero si junto a otras especies. Los picapinos prefieren el comedero pegado al tronco, pero también los he visto en el colgante en alguna ocasión.

Arrendajo que se dedica a observar al humano fotógrafo.

Por último hay unos llamativos visitantes que son muy torpes en los comederos, pero no desperdician ninguna oportunidad de acudir a la comida que pueda haber en el suelo: los arrendajos. Bajan tres ejemplares, dos de ellos siempre a la gresca, aunque en los árboles he visto alguno más. Ante su presencia todos los demás huyen. Con ellos tengo la sensación de que me observan a mi tanto como yo a ellos.

Arrendajo cansado de no sacar comida y de aguantar al fotógrafo.

En los siguientes vídeos se pueden ver algunas de las cosas que comento. En primer lugar los páridos y el trepador azul.




A continuación los picapinos.



Los más pajareros, que hayan llegado hasta aquí en su lectura, seguro que están sobradamente informados de la actual nomenclatura de los páridos, pero debo confesar que a mi aún me cuesta acostumbrarme. Por eso y por los despistados, añado los nombres científicos de todas las especies tratadas:

Familia Picidae:
- Pico picapinos, Dendrocopos major.

Familia Paridae:
- Carbonero común, Parus major.
- Carbonero garrapinos, Periparus ater.
- Herrerillo común, Cyanistes caeruleus.
- Herrerillo capuchino, Lophophanes cristatus.

Familia Sittidae:
- Trepador azul, Sitta europaea.

Familia Corvidae:
- Arrendajo, Garrulus glandarius.

Familia Fringillidae:
- Pinzón común, Fringilla coelebs.