lunes, 30 de septiembre de 2013

El vuelo de la libélula azul

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Una nueva entrada sobre insectos, no lo puedo evitar, el tiempo cálido es su momento y hay que aprovecharlo, que el otoño no solo astronómico, sino también climático ya está aquí. Este domingo apenas salió el sol salí un rato al jardín y, dando vueltas al estanque, había un precioso macho de libélula de la especie Aeshna mixta. Me faltó poco para correr a por la cámara provista de objetivo zoom para poderla captar en vuelo. Nunca antes había visto esta especie en el jardín, Generalmente el estanque está dominado por una especie parecida pero que es aún de mayor tamaño: Anax imperator, de la que he hablado varias veces en este blog (1 y 2). Además, han visitado y criado en mi jardín algunas otras libélulas (Anisopteros) de menor tamaño (Sympetrum striolatum y Libellula depressa), que yo haya podido identificar, y al menos cuatro especies de caballitos del diablo (Zigópteros) (3), a los que este año tengo que sumar otra del género Lestes, que lamentablemente no he podido fotografiar ni determinar la especie.
Libélula Aeshna mixta, posición alas delanteras abajo, alas traseras arriba. 

A pesar de que la luz del sol iba y venía a capricho y que la libélula no paraba quieta, en alguno de los momentos en que se cernía sobre el agua del estanque conseguí hacerle algunas fotos que se vieran medianamente bien. Para poderle "parar" las alas y que saliesen enfocadas, la velocidad ha tenido que ser 1/1.600 segundos, con lo que el diafragma se queda tan abierto como un 5,6 y es fácil cometer errores. Porque forzosamente el enfoque tiene que ser manual, el automático se va a enfocar el fondo y no al bicho que no para de moverse. 

Libélula Aeshna mixta, posición alas delanteras arriba, alas traseras abajo
Así, viendo las fotos mejores o peores, algunas de las cuales no he puesto aquí, he podido darme cuenta de la forma de volar de este maravilloso insecto. Lo más llamativo es que el par de alas delanteras y traseras no se mueven a la vez, sino que se alternan, cuando suben unas bajan las otras. O al menos, eso es lo que hacen cuando están paradas en vuelo estacionario.  
Libélula Aeshna mixta, posición alas delanteras arriba, alas traseras abajo
También me llama la atención que en el momento de cruzarse, los dos pares de alas están en posición vertical, minimizando las posibilidades de que se tropiecen y, supongo, en una posición que ofrezca poca resistencia al aire cuando de lo que se trata es de mantenerse suspendida en el aire. Quizás cuando estén en movimiento eso no ocurra de la misma manera.
Libélula Aeshna mixta, posición  de cruce de las alas. Los dos pares en vertical
Podríamos deducir que existen dos posiciones extremas de las alas, una con el par delantero arriba y el par trasero abajo y otra a la inversa. Además hay dos posiciones intermedias cuando se cruzan, una cuando las alas delanteras están bajando y las traseras subiendo y otra justo al revés.
Considerando solo la punta de cada una de las alas podemos ver que hacen una especie de 8 (88 si contamos los dos pares) en su recorrido y según quiera la libélula volar hacia delante o hacia atrás, subir o bajar, esos ochos serán más alargados o más chatos, o con más desarrollo en la parte inferior o superior. Además el 8 formado por la trayectoria de las puntas de las alas anteriores no tiene porqué coincidir en forma con el de las posteriores, ya que seguramente cada par tenga una función distinta en el vuelo y por eso las alas traseras son, en su base, más anchas que las delanteras.
Y como no solo vuelan en línea recta, sino que hacen curvas y zigzag continuamente, las alas izquierdas y derechas tienen que hacer también diferentes recorridos.
Si un piloto humano a bordo de un avión o helicóptero tuviese que tener en cuenta todas esas variables, el accidente sería seguro. Afortunadamente las libélulas nacen con todo eso aprendido e instintivo y son capaces de pasar de funcionar como un submarino en su fase de ninfa a un avión caza de despegue vertical en su fase adulta. 


Enlaces a otras entradas sobre libélulas y caballitos del diablo:

(1) La gran libélula, Anax imperator.
(2) Las ninfas de libélula Anax imperator
(3) Mi cuadra de caballitos del diablo.

lunes, 16 de septiembre de 2013

Una "mala hierba", sus pulgones y su vida interior

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EL JARDÍN DE LOS DESTINOS CRUZADOS (2)
Lo complejo de la vida de los insectos nos espera en cualquier rincón del campo o del jardín a poco interés que mostremos, si somos capaces de acercarnos lo suficiente. En esta ocasión son los pulgones de una de las llamadas "malas hierbas" que creció en el jardín, los que me abrieron una minúscula ventana a su mundo, incluso a su mundo interior, y nunca mejor dicho.
Dos ejemplares, hembras adultas de pulgón, Uroleucon sonchi. La de la izquierda tiene detrás un buen número de crías que posiblemente hace poco que fueron "paridas" por ella, pues estos insectos traen al mundo a sus hijos totalmente desarrollados. Además, durante una fase de su ciclo solo nacen hembras que se reproducen sin necesidad de fecundación.

Esta entrada podía llevar el mismo título que la anterior, el jardín de los destinos cruzados, porque también muestra las interrelaciones entre diversas especies que viven en el jardín, pero esta vez el nivel de complejidad es mucho mayor y también, debo admitir, mi grado de desconocimiento de lo que allí se fragua. 

Empecemos por el principio, la planta sobre la que todo esto ocurre es una cerraja, de nombre científico Sonchus oleraceus, que creció espontáneamente en mi jardín y como era en un lugar donde no molestaba a nadie, allí la dejé. Es una compuesta, de escaso porte y puede ser considerada una mala hierba en un jardín, pero los agricultores con verdaderos conocimientos sobre los ciclos vitales, la tienen por aliada y la dejan crecer incluso dentro de los invernaderos. ¿Por qué? alucinad, porque esta planta con mucha frecuencia es atacada por una plaga de pulgones. Más adelante explico como una "mala hierba" es buena porque tiene una plaga...

Pulgones Uroleucon sonchi en plena fase de invasión de la planta de cerraja, Sonchus oleraceus. El ejemplar del centro del tallo acaba de alumbrar a una cría, reconocible por el color más claro. 


El pulgón en cuestión es Uroleucon sonchi. Su nombre bien claro lo dice, es bastante específico de las plantas del género Sonchus, solo de vez en cuando puede verse sobre otras plantas compuestas (Asteraceae) emparentadas, como las lechugas, aunque en ellas apenas si producen daño. Por lo que yo he visto, a las cerrajas tampoco les impide crecer y multiplicarse. 
Este pulgón, como casi todos ellos, tiene un ciclo biológico complejo y pasa una fase de reproducción asexual en el que las hembras se reproducen sin necesidad de ser fecundadas y, además, no ponen huevos, sino que paren a sus hijas ya desarrolladas. Lo podemos ver en el ejemplar situado en el centro del tallo en la fotografía anterior, que tiene a una de las hijas recién parida y distinguible por su diferente color. De esta manera se reproducen con gran rapidez y aprovechan al máximo las posibilidades que ofrece el corto tiempo de vida primaveral de la planta, antes de que se seque con el estío.
¿Pero por qué son buenas estas plantas y los pulgones en un cultivo? Pues porque, como he comentado, estos pulgones son muy específicos y apenas hacen daño a las plantas cultivadas, pero sin embargo, atraen a numerosos parásitos que también atacan a otros pulgones que sí dañan los cultivos. De esa manera las cerrajas con sus pulgones son el lugar donde crían gran número de parásitos que van a atacar también a los pulgones enemigos de las plantas cultivadas.
En la foto siguiente se aprecian dos pulgones de la misma especie atacados por dos de esos enemigos. El de la derecha está hinchado porque en su interior tiene las larvas de una avispilla parásita que se la están comiendo viva, y viva la mantienen hasta el último momento, como si se tratasen de unos alien de película. Los entomólogos llaman a estos pulgones momias, aunque a mi más bien me parecen verdaderos zombis, muertos en vida que siguen alimentándose de la planta para, a su vez, ofrecer parte de su cuerpo a los parásitos. Debajo del pulgón de la izquierda vemos una especie de gusanillo, es una larva de díptero que se alimenta de pulgones. Más adelante volveremos con ella.


Dos pulgones de la misma especie, Uroleucon sonchi, atacados por diferentes enemigos, a la derecha por un parásito interno, posiblemente una avispa parsítica Braconidae y el otro siendo depredado por una larva de díptero, posiblemente un sírfido.

Como más adelante iré mostrando es complicado saber quien es responsable de cada una de las cosas que ocurren dentro y fuera de los pulgones y de la planta en cuestión. Una de las avispas parásitas que suele atacar a los pulgones Uroleucon es de la familia Braconidae, que es muy parecido a la que se ve en la hoja de la parte inferior de la foto siguiente, aunque no estoy seguro de que lo sea.

Uroleucon sobre Sonchus. En la parte inferior a la derecha una avispa parásita.

Intentando que la veáis mejor he puesto un recorte de otra imagen. No se aprecia muy bien, pero debajo de la avispa hay un pequeño pulgón y esta tiene el abdomen hacia delante con el ovopositor (esa especie de estilete con el que pinchan a su presa y ponen los huevos dentro) hacia delante, como es característico en ellas.

Detalle en la que se aprecia la avispa parásita en el momento de poner un huevo dentro de un pulgón que apenas si se aprecia en la fotografía. Si se ve que tiene el abdomen hacia delante como es característico de algunas de estas avispas al hacer la puesta.

La mayor parte de las momias de pulgón, ya muertas, que aparecieron en la cerraja, tienen una especie de masa algodonosa bajo ellos. Es el sitio donde se colocan las pupas de las avispas cuando han completado el desarrollo larvario, una de las características típicas de los bracónidos, como el género Praon, aunque ya digo que puede ser otro.
Otros pulgones parasitados del jardín, que muestro en la fotografía siguiente, no tienen esas masas algodonosas, sino que las pupas de avispa quedan en el interior y al salir hacen un orificio en su dorso. Pero ocurre que los parásitos primarios cuando salen, suelen hacer un agujero circular y con los bordes limpios. Sin embargo, algunos de estos tienen los bordes muy irregulares. Así es como los dejan otras avispas que parasitan a su vez a los parásitos primariosPues sí, por si no era suficientemente complicado, dentro el minúsculo pulgón no solo pueden vivir las larvas de un parásito, sino los parásitos de estas. 
Cuando yo hice las fotos que ilustran esta entrada, a principios de julio, sin embargo, las avispillas mas abundantes sobre la planta fueron estas otras de brillante tono verde metálico y apenas un par de milímetros de longitud. Me dicen que son de la familia Torymidae y que son parásitas de diversos insectos que forman agallas en las plantas, que quizás en la cerraja haya agallas que yo no he visto porque están en el interior, y que estas avispas con su largo ovopositor lleguen hasta ellas.
Avispa Torymidae, tal vez Torymoides, parasitoide de insectos de las agallas.
Hace tiempo que expliqué lo que son las agallas y mostré el interior de una agalla del peciolo de las hojas de los chopos que tenían otro tipo de pulgones en su interior, por lo que no voy a extenderme aquí. Puede verse en este enlace.

Igual ocurre con esta otra avispa, un poco más grande, unos tres milímetros, que es también de la familia Braconidae y que fotografié en el momento de introducir su ovopositor en el capítulo floral aún cerrado de la cerraja. Se llama capítulo a las agrupaciones de flores de las compuestas, que a nosotros nos parece que es una sola flor (como la margarita) pero es una agrupación de muchísimas florecillas. 
Avispa Braconidae. En la foto inferior está poniendo huevos en el interior del capítulo floral de Sonchus.
Estas avispas son también parásitas de los productores de agallas o, volviendo a rizar el rizo, de los parásitos que parasitan a los formadores de agallas. Tras abrir uno de los capullos de la cerraja pude descubrir que en su interior había unas pupas de díptero Tephritidae, posiblemente Tephritis formosa, que está citada en las flores de Sonchus. Son esas cápsulas negras.
Interior del capítulo floral de Sonchos oleraceus con pupas de una mosca, posiblemente Tephritis formosa, y un parasitoide, una larva de Eurytoma.


Mosca Tehritis formosa sobre la misma planta.
Pero entre las pupas se ve otra larva que puede ser de otra avispa diferente, más grande que las anteriores, tal vez Eurytoma (Chalcoidea, Eurytomidae). El bracónido de la foto puede estar parasitando a los dípteros o a sus parásitos, igual que ocurría en el interior de los pulgones. Una vez más unos parásitos dentro de otros como en un macabro juego de muñecas rusas. ¿Como se las apaña la madre avispa para saber que dentro de la flor se encuentra la especie objetivo? No tengo respuesta a eso.
Larva depredadora de pulgones, posiblemente de la mosca imitadora de avispas Sphaerophoria scripta.
Al principio de la entrada en la foto de los dos pulgones también mostré que unos de ellos estaba siendo atacado por una larva. En esta otra también se puede ver uno de esos "gusanos" en la misma planta, entre pulgones de otra especie que también estaban allí y que no he conseguido saber a qué especie pertenecen, aunque duraron poco. No puedo estar seguro, por la dificultad de determinar la especie a partir de tan mala foto, pero hay muchas posibilidades de que se trate de una larva de sírfido, esas moscas que imitan por su diseño a las avispas mientras liban en las flores. Sobre la cerraja y en otros lugares del jardín, he podido fotografiar Sphaerophoria scripta, de esa familia, una especie de mosca bien conocida por los agricultores bio-lógicos, porque en su fase larvaria se alimenta de pulgones. 
Adulto de la mosca Sphaerophoria scripta, fotografiada sobre la misma planta que las larvas anteriores.

De hecho, en este tipo de agricultura se recomienda situar junto a los cultivos plantas con flores que atraigan a los sírfidos. Os aseguro que en mi jardín el macizo de mentas está plagado de ellos, así como el seto de jazmin de leche (Trachelospermum jasminoides) y las diminutas y abundantes flores de los tarays (Tamarix sp.). Y no solo eso, sobre las mentas son abundantes también otros interesantes insectos, feroces depredadores, de pulgones, emparentados con las mariquitas y cuyas larvas son así de curiosas.


Larva del escarabajo coccinelido Scymus que acaba de depredar a un pulgón.

Al principio me asusté porque se parecen mucho a un tipo de áfidos llamados comúnmente cochinillas acanaladas, pero en Biodiversidad Virtual me sacaron de dudas, se trata de un coccinelido, posiblemente Scymus, cuyos adultos también se dejan ver por el jardín. El año pasado mostré una especie casi igual como uno de los pocos depredadores que se atrevían con los pulgones de los cardos celosamente protegidos por las hormigas (ver AQUÍ). Dicen que los "pelos" de las larvas les sirven para esquivar las mandíbulas de las hormigas, y yo he visto a los adultos pegarse con tal fuerza a la hoja y sin dejar resquicio que las hormigas desisten de morderlos.
Adulto de coccinélido Scymus fotografiado en otra planta del jardín.
Muchos "posiblemente", muchos "quizás" y muchas dudas con la determinación a nivel específico de los insectos que muestro en esta entrada. Es el precio que tengo que pagar por no matar ni uno solo de los animales, que solamente fotografío. Para que los especialistas pudieran determinarlos sin lugar a dudas, tendrían que ponerlos bajo una lupa o microscopio, pero no es esa mi intención, por el momento, a no ser que me lo pidan por ser especialmente importante para algún estudio serio. 
Bueno, no tendremos a los protagonistas con nombres y apellidos, pero vamos dilucidando de qué va la película. A pesar de todo, la mayor parte de los datos, hasta donde han podido llegar con el material que yo les facilito, se lo debo a los expertos colaboradores de Biodiversidad Virtual y a mi compañero y amigo del Museo José Luis Nieves, especialista en insectos formadores de agallas. Sin ellos seguro que esta entrada no habría sido posible.