domingo, 30 de octubre de 2011

Las rayas de las cebras

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Quizás a algunas personas no muy puestas en zoología les sorprenda saber que las cebras no son todas iguales, sino que están repartidas en tres especies y nada menos que diez subespecies distintas. Espero que esa no sea la única sorpresa que os dé.

La nomenclatura científica de estos equinos ha sido bastante confusa, cada fuente de información nos da unos nombres diferentes. Sin embargo, con la publicación del tomo correspondiente del "Handbook of the Mammals of the World", que teóricamente cuenta con el beneplácito de la mayoría de los especialistas, espero que tengamos sus nombres estables por una buena temporada. Son los que utilizo a continuación.
Cebra de Burchell, en el Parque Kruger, Sudáfrica.
 

En los siguientes dibujos, a modo de cuaderno de campo, podemos diferenciar las tres especies. Solo hay que fijarse en estas tres cosas: el grosor de las rayas en las ancas, si forman un dibujo en forma de “Y” en ellas y si las rayas llegan hasta el vientre o por el contrario la panza es blanca.
Todas las cebras pertenecen al género Equus, como los caballos y los asnos. Las tres especies son:

- La cebra de montaña, Equus zebra, en la que distinguimos la subespecie nominal, zebra, y hartmannae (de Hartmann).

- La cebra de Grévy, Equus grevyi. Sin subespecies descritas.

- La cebra de Burchell, Equus quagga, que se divide en seis subespecies vivientes: burchelli, antiquorum (de Damara), boehmi (de Grant), chapmanni, crawshaii y selousi. A estas hay que añadir la curiosa subespecie quagga, que no tenía rayas en la mitad trasera de su cuerpo, pero que se extinguió por sobrecaza. Ahora hay un proyecto que intenta recuperar las características físicas de esta cebra a partir de ejemplares selectos de las otras subespecies (*).
¿Son las rayas un carácter adaptativo?


Se ha especulado mucho sobre la utilidad del diseño rayado de las cebras. Es innegable que tiene que tener una ventaja adaptativa, porque todos los équidos autóctonos de la mitad sur de África son rayadas, si bien es cierto que todas las cebras tienen un antepasado común distinto al de los demás equinos. Las rayas, en mayor o menor grado, aparecen en casi todas las especies de la familia, como comentaré más adelante.

Se dice que las rayas pueden confundir a los depredadores en el juego de luces y sombras de la vegetación, pero la verdad es que en las sabanas abiertas, su hábitat principal, no parece tener demasiado sentido. También se ha comentado que, con la manada en movimiento, crean confusión al entrecruzarse las rayas de distintos animales. Sin embargo, otros équidos tienen depredadores y viven en hábitats similares y no tienen rayas. A mí me gusta, aunque no por ello tiene que ser más cierta, la explicación, de que confunde la visión de las moscas tse-tse. Se ha experiemntado con distintos patrones impresos y se ha visto que las moscas tse-tse se posan menos sobre superficies rayadas en blanco y negro que sobre otros diseños. Las cebras conviven con estas moscas transmisoras de la tripanosomiasis, llamada enfermedad del sueño, y son resistentes a esa enfermedad. Por eso los colonos de Sudáfrica intentaron, sin mucho éxito, su domesticación para que sustituyese a los caballos y burros.

Las cebras son negras con rayas blancas.

Sí, ya sé que puede parecer lo contrario, y que es todo un clásico esta discusión. La verdad es que los fetos de las cebras empiezan siendo de color negro. O lo que es lo mismo, la vida de las cebras comienza teniendo melanina en todo su cuerpo. Lo que ocurre es que a medida que se desarrolla empieza a actuar un inhibidor de la melanina, que es responsable de las rayas blancas, y para cuando la cebra nace ya es rayada. Es como si fuesen morenas y encaneciesen antes de nacer. O, como dice mi hija, como si las hubiesen pintado con tippex sobre la tinta negra.
Cebra de Grévy en el Parque de Cabárceno, Cantabria.
 
Eso no nos debería sorprender demasiado si nos fijamos en sus cercanos parientes los caballos. Muchos caballos, de capa clara cuando son adultos como los de raza española y los lizzipanos, nacen siendo negros y según van creciendo les aparecen manchas blanquecinas, es la llamada capa torda, que se va aclarando hasta llegar al blanco pasados los años, aunque algunos quedan tordos para siempre.



Las rayas un rasgo ancestral

Cuando un carácter aparece en casi todas las especies de una familia, tiene todas las papeletas para que proceda de sus antepasados comunes. Quizás los dibujos de los primitivos caballitos de tres o de cinco pezuñas que nos muestran los libros paleontología deberían tener rayas.


Caballo de Przewalski en el Parque Faunístico de los Pirineos.

 
Aparecen rayas en las patas del caballo salvaje de impronunciable nombre, Equus przewalskii, como puede verse en esta fotografía de detalle. Y también, a veces, en las patas de caballos domésticos al cruzar ejemplares de diferentes razas.



Las rayas están en las patas del caballo de Przewalski, aunque sean difíciles de apreciar.
 
Los burros tienen con frecuencia una raya oscura y única en el lomo, a la altura de la cruz, aunque si la capa es oscura apenas se distingue. En los de color gris claro sí suele ser patente. También tiene rayas en las patas el asno salvaje africano, Equus africanus, antecesor de los burros.



(*) Si tienes interés en conocer el proyecto para la recuperación de la quagga, puedes verlo pinchando AQUÍ.

jueves, 20 de octubre de 2011

Planeta de ácaros

El biólogo especialista en genética J.B.S. Haldane, que vivió entre los siglos XIX y XX, dijo en una ocasión a un teólogo con el que conversaba que, observando la obra de Dios, éste debía tener una desmedida afición por los escarabajos. Y es que se calcula que existen unos 5 millones de insectos de los que solo se han descubierto un millón. De ellos, 1.100.000 serían escarabajos, de los que hay descritas y nombradas unas 400.000 especies. Si tenemos en cuenta que se ha calculado que habrá unos once millones de seres vivos, incluyendo animales, plantas, hongos y otros pequeños grupos, llegamos a la conclusión de que la décima parte de las especies que habitan el planeta Tierra son escarabajos.
Los siguientes seres en la lista son los arácnidos, de los que se calcula que habrá unas 600.000 especies, de las cuales se han descrito casi 103.000, de ellas casi 50.000 corresponden a ácaros. Pero aquí está el asunto de esta entrada, los científicos creen que todas las especies de ácaros deben oscilar entre los 100.000 y el medio millón de especies.


Medio millón de unos seres verdaderamente horrorosos, de los que podríamos decir que "no les gustan ni a dios". De hecho, el número de especies por descubrir nos indica que hay pocos especialistas dedicados a investigar este grupo animal, a pesar de que tienen mucho interés, no solo científico, sino sanitario e incluso económico.


Podríamos decir que hay ácaros sobre casi todo lo que nos rodea. Los ácaros son los responsables de la mayoría de las alergias al polvo doméstico, incluso de las alergias a animales. En una pequeña porción de suelo hay miles de ácaros, nuestras sábanas tienen ácaros que se alimentan de las descamaciones de nuestra piel y sobre nosotros mismos también habitan, por más que nos mantengamos limpios. Algunos son responsables de determinado tipo de espinillas.


La mayoría de los ácaros son inocuos, pero los hay depredadores, que se alimentan de otros pequeños animalillos y muchos son parásitos, que viven chupando la sangre de sus huéspedes (como las garrapatas) o metiéndose dentro de la piel (como la sarna). Atacan a toda clase de animales, de hecho hay ácaros que matan colmenas enteras de abejas al parasitar su aparato respiratorio. Invaden los almacenes de harina y muchos otros alimentos, los encontraremos con seguridad en la superficie de los quesos, embutidos y jamones. Tampoco se libran de su parasitismo las plantas y pueden suponer plagas en los cultivos. Habitan tanto en el agua dulce como en tierra firme, a gran profundidad en el suelo y en aguas subterráneas. ¡Hasta flotando en el aire!



Con frecuencia podemos observar ácaros parásitos, parecidos a bolitas rojas, sobre grandes insectos, como chicharras, saltamontes y escarabajos, tanto acuáticos como terrestres. También en los oídos de las lagartijas y entre los dedos de las salamanquesas.


La mayoría de los ácaros son de tamaño microscópico y muchos pueden verse solo con una lupa, como los que he grabado, sacado de la piel de un topillo muerto o dentro de una flor de cyclamen


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Pero los ácaros más odiados son sin duda las garrapatas que atacan al ganado, a los perros y a nosotros mismos si nos descuidamos.

En la siguientes fotos podemos ver una garrapata, que creo que es del género Hyalomma, que estaba en unos prados cercanos a casa donde este año se han hecho tan numerosas que no salgo a ellos con mi perra.

Las garrapatas nos detectan por el olor y por el calor que desprendemos, no por la vista porque no tienen ojos. En algunos lugares, donde son abundantes, si te quedas un rato quieto, más si estás sentado, como por ejemplo al hacer una foto, las puedes ver acercarse desde los alrededores para subírsete encima.
Pero más curioso es este otro comportamiento. La garrapata permanece en aparente descanso en la rama de una hierba junto a un camino...


... pero al más mínimo roce se pone en actitud de alerta, y con el siguiente roce se engancha al animal que ha pasado por su lado.


El primer roce se puede corresponder al paso de la pata anterior de un perro o cualquier otro animal y el segundo con su pata trasera, a la cual se subirán. Tanto cuando andan hacia ti como cuando están al acecho en lo alto de la hierba, las garrapatas mueven las patas delanteras como si fuesen antenas. Esto es debido a que en ese primer par de patas tienen el sentido del olfato.

Las hembras de garrapata que se suben a un animal, buscan, a veces durante horas, un lugar adecuado para agarrarse definitivamente, alejado de los dientes y las zonas donde el animal se pueda rascar. Cuando entierren su pico en la piel para succionar sangre se hincharán extraordinariamente, desapareciendo las arrugas de su cuerpo y estirando su superficie al máximo. Cuando los huevos que lleva en su interior estén maduros se dejará caer al suelo. Si tiene suerte, eso ocurrirá otra vez en el campo y podrá cumplir con su ciclo biológico. Cuando hace la puesta, transporta varios miles de huevos sobre sus espaldas. Luego, la sacrificada madre, se consume hasta morir y los hijos comienzan su vida libre.

Las garrapatas recién nacidas solo tienen seis patas y en sus primeras fases de vida parasitan a pequeños animales que viven en el suelo, reptiles, aves o pequeños mamíferos. Cuando llegan a adultas es cuando buscan presas más grandes.

Muchas garrapatas nunca encuentran un huésped al que parasitar, afortunadamente dadas las miles de crías que nacen. Pero no mueren fácilmente, pueden pasar incluso años sin comer ningún alimento, esperando pacientemente a sus víctimas.

Las garrapatas pueden trasmitir a las personas diversas enfermedades que llegan a ser graves. Entre ellas está la enfermedad de Lyme, producida por bacterias del género Borrelia, de la que últimamente están aumentando el número de casos.

En mi estancia en la selva amazónica peruana, de la que hable en ESTA ENTRADA, al andar por la selva, tuve la mala experiencia de resultar infectado por unos ácaros que allí llaman isangos y en otros sitios coloradillas. Su nombre científico es Trombicula autumnalis. Penetran y crían en los poros de la piel, normalmente en las piernas, produciendo un muy intenso picor. Pinchando AQUÍ se encuentra un artículo que habla de ellos. Afortunadamente una vez en un clima fresco y seco como el de Madrid, mueren y se termina el problema. Los acaricidas también ayudan, y por si acaso, toda la ropa de mi viaje pasó unos días en un arcón congelador.



Los datos de número de especies del principio de esta entrada están tomadas de: Numbers of Living Species in Australia and the World. Arthur D. Chapman. Australian Biodiversity Information Services, Toowoomba, Australia. Report for the Australian Biological Resources Study Canberra, Australia. September 2009

martes, 4 de octubre de 2011

El otoño está aquí, aunque no lo hayamos notado.

Ya se han ido la mayoría de las aves migradoras que criaron en nuestro territorio, en su lugar llegan otros que saben buscarse la vida a pesar del frío invernal. Para mi, ver en el jardín los petirrojos, Erithacus rubecula, acostumbrados a acudir a los comederos es la señal del cambio de estación, casi más que un vistazo al calendario.

Las temperaturas altas y la sequía nos tienen engañados y parece que, ya empezado octubre, aún seguimos en verano. El ratonero, Buteo buteo, (no me acostumbro a llamarle busardo) sobrevuela esta zona de la Sierra de Guadarrama, donde las dehesas de encinas, fresnedas en las zonas de suelo más húmedo, aparecen resecas, tanto en el estrato herbáceo como los propios fresnos, que han perdido sus hojas más por la sequía que por el frío y el viento otoñales que es lo que le correspondería.

Tiempo de moscas molestas que se nos meten en casa y mosquitos y otros insectos que hacen sus últimos enjambres para poner sus huevos antes de que llegue el invierno.

Y tras las moscas, estratégicamente situados en las ramas laterales de los árboles, los papamoscas cerrojillos, Ficedula hypoleuca. Desde sus posaderos hacen acrobacias para capturar a los insectos en pleno vuelo. Luego vuelven a la misma rama o a otra cercana con la que van alternando la posición mientras miran hacia un lado y otro en busca de la siguiente presa. Es impresionante la cantidad de papamoscas que pueden recorrer toda la Península Ibérica camino de África, en todo tipo de ecosistemas naturales, en parques y jardines, incluso urbanos. Solo por su comportamiento casi podemos distinguir la especie, aunque no siempre se diferencia tan fácilmente como este macho con su típica coloración...
... la mayoría de ellos son ejemplares jóvenes que se confunden con el diseño de las hembras.

También hemos visto este fin de semana algún que otro papamoscas gris, Ficedula striatus, con idéntico comportamiento, que se diferencia por el diseño listado del pecho.

Día tras día podemos ver papamoscas en los mismos posaderos, pero no son los mismos ejemplares, son una sucesión de aves que se van sustituyendo en su viaje hacia el sur, que encuentran las mismas ramas, idóneas para la caza de los pequeños insectos, de la misma manera que las moscas en casa tienen querencia por posarse en la misma esquina del mueble de la cocina, ejemplar tras ejemplar, año tras año.

Vimos también un numeroso grupo de golondrinas dáuricas, Hirundo daurica, camino hacia el sur a la vez que las sombras de la propia sierra van trepando por las laderas de la Pedriza teñidas de rojo, y parecen sortear el campanario del pueblo de Cerceda. Nos recuerda que los largos días de verano se han terminado y que desde el reciente equinoccio se va poniendo cada día más temprano y nos deja menos luz para los paseos. Pocos insectos fotografiaré ya, me tendré que dedicar a animales que se vean menos afectados por el frío.