lunes, 19 de abril de 2010

Los gorriones siguen aprendiendo.

Dejo las aves africanas por unos días para volver a nuestros cercanos gorriones y carboneros.
Este invierno coloqué un nuevo comedero comercial, que ha hecho las delicias de los gorriones del barrio, tanto que tengo que dejarles algunos días sin comida para que no se acostumbren a comer solo de aquí y se busquen un poco la vida por su cuenta. Además, son muy posesivos e impiden a otras especies acudir a comer. La cantidad de semillas que se ve en la foto la vacían en un solo día, desperdiciando muchas semillas que caen al suelo, donde poco a poco van siendo consumidas. Tengo comprobado que no todos se atreven a subir, o los más dominantes no les dejan, y por eso se conforman con rebuscar en la tierra las semillas caídas o desperdiciadas.

Unas veces les pongo una mezcla de semillas y otras solo pipas. Me gusta particularmente ver como los carboneros comunes se llevan las semillas a una rama para comérselas tranquilamente.

Pero la especialidad de los carboneros es la ristra de cacahuetes donde, hasta ahora, no tenían que disputar la comida con los gorriones. Por cierto, que las ristras de cacahuetes las he ido acercando cada vez más a la ventana de mi cocina y ahora, estos descarados pajarillos se alimentan a unos escasos 75 cm de mí. Estas dos fotos están realizadas con el objetivo de 50 mm. Eso sí, al otro lado del cristal.

Si recordáis, en otra entrada hablaba de cómo los gorriones habían aprendido a comer pipas de un girasol tras meses de haberlo ignorado, cuando vieron que un carbonero lo hacía. Bien, pues su último aprendizaje es hacer piruetas para comerse también las semillas de cacahuetes.
Aún no saben abrir las cáscaras con tan perfectos agujeros como hace el párido y no paran de aletear mientras se cuelgan, por eso la foto es tan mala. Están atentos al carbonero y en cuanto ven que ha abierto una cáscara, acuden para ver si queda algo en su interior.

miércoles, 14 de abril de 2010

Aves africanas (3). En torno al agua

Continuo con las aves africanas. Las masas de agua son un premio seguro y en un entorno árido aún más, pues en las orillas de ríos y lagunas se reunen gran cantidad de animales, especialmente aves-. Empiezo con esta curiosa cigüeña de pico ensillado, parecida a las nuestras cigüeñas negras, aunque no sean parientes demasiados cercanos.
Ephippiorhynchus senegalensis

No muy lejos de la cigüeña, en un río del Parque Kruger, sorprendí a este alcaraván, ave de estepa que sin duda se acercó al agua a beber. Creo que se trata de un alcaraván senegalés.
Burhinus senegalensis
Pero estas orillas no son precisamente seguras ya que están plagadas de cocodrilos del Nilo, Crocodylus niloticus, como ya mostré en otra entrada. Las garzas que andan alrededor de las orillas se acercan a los cocodrilos cuando se agitan asustando a los peces para pesacrlos. A río revuelto... consiguen pillar algún que otro pez que salta aterrorizado, de las fauces del reptil al pico de las ardeídas.

En la foto se ven tres especies de garzas, de las mismas especies que las que tenemos en nuestra península ibérica. La mayor de las dos blancas es una garceta grande, Egretta alba.

La gris es, por supuesto, una garza real, Ardea cinerea. Y la blanca más pequeña es una garceta común, Egretta garcetta.

Nos dió una sensación muy familiar encontrarnos a estas aves a miles de kilómetros de donde estamos acostumbrados a verlas, aunque la fauna acompañante sea bien distinta.

En la siguientes fotos, realizadas en Mozambique, esta vez en la orilla del mar, vemos otra garceta común que nos muestra que no necesita la ayuda de los cocodrilos para pescar

En esta segunda foto se ve el amarillento de sus pies, característica propia de la especie.También pudimos ver cormoranes de cola larga, Phalacrocorax africanus, con sus peculiares ojos rojos, tanto en el río sudafricano, este ejemplar adulto, ...... como este joven en la orilla del mar en Mozambique. Continuará ... (y me guardo las más bonitas para el final)

martes, 6 de abril de 2010

Primavera, venenos y ponzoñas

Los ranúnculos acuáticos tienen doble razón para estar contentos: ya ha llegado la primavera y los prados están repletos de arroyos y zonas encharcadas que rápidamente serán cubiertas por sus florecillas blancas. El último domingo de marzo, ya en primavera florida, nos paseamos por la cañada real que pasando por el Manzanares, junto al puente Medieval, se dirige hacia Colmenar Viejo. Fueron apenas tres horas de paseo, pero pudimos disfrutar de un tiempo fantástico, fresco y soleado.

La primeras protagonistas de hoy van a ser las que van a encabezar el blog esta primavera. Las flores del ranúnculo y la abeja de la miel, Apis mellifera. Curiosamente la abeja es quizás la más peligrosa de la selección de animales venenosos que fotografié este día, pero seguro que es la que más simpatías despierta. Será, sin duda, por lo dulce de su miel y lo nutritivo y vitaminado del polen que recogen.
La picadura de la abeja puede ser solo molesta, pero también mortal, especialmente cuando muchas de ellas atacan a una persona. Si una abeja se altera y pica en la proximidad de una colmena hay muchas posibilidades de que otras más ataquen. Las abejas emiten un olor "a miedo" que atrae a las demás para defender a la reina y su colonia. Más de diez picotazos a la vez pueden tener consecuencias fatales, incluso para personas no especialmente sensibles. Cuando están atareadas en las flores no suponen ninguna amenaza.

Menos simpáticas nos resultan las orugas procesionarias, pero ojo, no se trata de procesionarias del pino, cuyo nombre científico es Thaumetopoea pinivora, las que hemos visto y fotografiado, sino procesionarias del suelo, o de plantas bajas, que tienen por nombre Thaumetopoea herculeana. Hay una tercera especie ibérica de procesionaria, la del roble, T. procesionea, que puede atacar a diversas especies de árboles planifolios.
Como las del pino, estas orugas tienen pelos defensivos que si se tocan pueden causar molestas urticarias. Y no solo si se tocan, solo con rozar la piel por el lugar por donde han pasado estos insectos, es suficiente para que nos dé reacción. Incluso apoyando el brazo en la hierba mientras las fotografiamos, os lo aseguro.
Un perro que tenga la mala idea de morder una pelota de orugas o muerda un palo por donde están pasando, puede verse en serios problemas y hay que llevarlo urgentemente al veterinario. Por supuesto, cuando hagamos un descanso en un prado debemos mirar bien antes, especialmene si vamos acompañados de niños pequeños que no son conscientes del peligro.

No voy a hablar de medicamentos, pero hay una recomendación bastante inocua en el caso de recibir el roce de uno de estos animales: no rascarse, en su lugar ponerse un esparadrapo o cinta adhesiva y despegarlo haciendo una especie de depilación a la cera. Así arrancamos los pelillos urticantes que se habrán quedado en nuestra piel. Por cierto, que lo mismo se aconseja en casos de cactus de finas espinas como algunas opuntias.

Seguro que la tercera protagonista de día es aún más odiada. La escolopendra, Scolopendra cingulata, la más grande de los miriápodos ibéricos, superando los 20 cm con facilidad. Son animales depredadores de gusanos y otros artrópodos. El último par de patas tiene un aspecto bastante terrible, pero las glándulas de veneno están en la cabeza, en las gruesas piezas a los lados de la boca, llamadas forcípulas. Una de ellas, con la punta negra, puede verse en la foto inferior. También se pueden ver los curiosos ocelos, que recuerdan a los ojos de las arañas.Por su manera de andar, sujetándose firmemente con todas sus uñas, las escolopendras son capaces de dejar un rastro de pinchazos en la piel si se nos sube por un brazo o una pierna, lo que puede irritarla. Pero no inocula veneno con las patas y es rarísimo que llegue a picar si no es porque está siendo retenida o manejada intencionadamente. Además, viven bajo piedras, troncos putrefactos y hojarasca, con lo que no es fácil encontrarse con ellas.

Antes decía que, como no soy médico, no voy a hablar de medicinas, en su lugar voy a dejar un enlace a un buen libro sobre animales venenosos, de Arturo Valledor de Lozoya , que sí lo es y explica perfectamente que hacer en cada caso. Es un libro para tener en la biblioteca y sus indicaciones le vendrían bien a más de un médico de urgencias.

P.D. Si alguien se quedó con la preocupación sobre qué me pasó en el brazo con las orugas, gracias, dos horas después se me pasó la pequeña urticaria que me produjeron. Sin más consecuencias.